¡YAHOI! Bueno, pues... voy a tener MUCHO que explicar en este capítulo. Cuando leáis el prompt, sabréis por qué xD.

Disclaimer: Naruto y sus personajes no me pertenecen, son propiedad de Masashi Kishimoto.

Prompt de hoy: around the world.

Hora de publicación: 22:04. Hora peninsular española.

¡Espero que os guste!


15. Vive conmigo


Hinata echó a la cesta la última castaña y suspiró al fin, aliviada. Llevaba toda la tarde afanada en ello, junto a las demás mujeres de la aldea. Las mozas solteras ya estaban en sus casas, acicalándose para la fiesta de aquella noche. Hinata sonrió, recordando que, hasta el año pasado, ella misma formaba parte del grupo de solteras. Este año, de su familia tan solo su hermana Hanabi estaría presente. De hecho, la joven ya estaba con su madre en el interior, preparándose para el magosto de aquella noche.

Decidió que iría a ver cómo iba la cosa. Se levantó de la banqueta en la que había estado sentada toda la tarde y se arrebujó en su chal.

―Abrígate, sí, que hace un frío…

―Nada nuevo. Siempre hace frío en esta época del año.

―Frentona, se te está pegando lo amargado de Sasuke.

―Y a ti la desfachatez de Sai. ―Hinata rio, dejando a sus dos amigas de la infancia pelearse entre ellas como ya era costumbre mientras ella entraba en la casa paterna. Un ramalazo de añoranza la golpeó al traspasar el umbral. Ahí estaba la lareira, igual a cómo la recordaba, con sus bordes tiznados y la leña bien dispuesta. La mesa de madera de roble que las manos de su propio padre habían talado y construido. Incluso estaban las marcas de la navaja en la pared, que daban fe del crecimiento suyo y de Hanabi.

Caminando por el suelo lleno de serrín que tantas veces había pisoteado, sus zuecos de madera resonaron hasta llegar a la habitación de dónde salían los quejidos y protestas de su hermana pequeña.

―¡Mamá, me haces daño! ¡Ay!―Hinata se quedó en la puerta de la pequeña estancia, sonriendo ante las muecas de dolor de Hanabi.

―Deja de quejarte. ¿Acaso no quieres que algún buen mozo te saque a bailar esta noche? Bien sabe Dios que los solteros no abundan y menos ahora, que tu hermana y sus amigas se han quedado con los mejores…

―¡Mamá, que estás hablando de mi cuñado y sus amigos! ¡Puaj!

―¡Menos ínfulas, niña! ¡Que de dónde no hay, no se puede sacar!―Una risa reveló al fin la presencia de Hinata. Hanabi sonrió brillantemente al verla.

―¡Hinata!

―¡Quieta ahí, diablillo! ¡Que aún no he terminado de trenzarte el pelo!―Contra su voluntad, Hanabi permaneció quieta, dando un exagerado suspiro. Cuando las manos de Hana Hyūga dejaron al fin de dar pasadas por la larga melena castaña de su hija menor, esta se levantó y como un rayo se lanzó sobre su hermana―. ¡Cielos, Hanabi, con cuidado! ¡¿O acaso no sabes en qué estado está Hinata?!―Hanabi puso los ojos en blanco.

―¡Lo sé perfectamente! Pero… aún no se le nota y todavía me pregunto… ¿cómo ha llegado a haber un bebé ahí-

―¡Bien, basta, se acabó! ¡Ve a entretenerte con tus amigas! Estarán preparando las mesas, las flores y las hogueras. Ve a tontear un poco, a ver si consigues embrujar a algún chico para que se case contigo y me dejes vivir los años que me quedan en paz. ―Hanabi resopló.

―Los chicos son groseros y asquerosos.

―Sí, sí, lo que tú digas… Vete, venga. ―Cuando al fin Hanabi obedeció, Hana suspiró, dejándose caer en una silla pesadamente―. Esta niña me va a matar un día de un disgusto, te lo digo yo. ―Hinata se sentó frente a su madre, sonriendo.

―Mamá, no deberías ser tan dura con ella. Hanabi solo…

―Solo es más espabilada de lo que le conviene. A veces, desearía que fuese más como tú. Eras una niña tan obediente y tranquila… Nunca nos diste un mal rato a tu padre o a mí ni tampoco diste tres cuartos al pregonero. No como tu prima. Pobre hermana mía… Por mucho que diga la arpía que tienes por prima, fue su estupidez de juventud lo que la llevó a la tumba. ―A Hinata se le ensombreció el rostro al pensar en Shion.

―No pienses en ello, mamá. Shion ya obtuvo lo que se merecía.

―Bien lo sabe Dios, hija. Mira que intentar robarte a tu prometido… Menos mal que Konohamaru estaba de nuestra parte… Y hablando de Konohamaru. ¿Crees que sacará a bailar a Hanabi?―Hinata soltó una risita.

―Me apuesto todo lo que tengo a que sí. No le puede quitar los ojos de encima a Hanabi desde que floreció. ―Hana sintió un gran alivio recorrerla.

―Bien, bien, ya pensaba que iba a tener que pedirle a Naruto que tuviera una charla con él. Es el único al que hace caso. ―Hinata sonrió―. Pasemos a otras cosas. ¿Cómo estás? ¿Todo bien? ¿Seguro que deberías estar participando en la fiesta?―Hinata suspiró.

―Me encuentro bien… No he sangrado ni he sentido molestia alguna.

―Aún es pronto para cantar victoria. Pero bueno, en Konoha somos mujeres fuertes y llenas de vitalidad. Yo trabajé hasta el mismo día en que te di a luz a ti. Los campos no se recogen solos y al rebaño hay que sacarlo igual. ¿Cómo lo lleva Naruto? ¿Necesita ayuda con la labranza?―Hinata negó.

―Shikamaru y Sasuke nos están ayudando, porque él insiste en tenerme en casa, encerrada, cosiendo o bordando o cocinando. Cualquier cosa que no requiera mucho esfuerzo. ―Hana asintió, con aprobación.

―Bien, bien ese es mi yerno. No pudiste haber escogido mejor, hija. Y demos gracias a que yo estaba aquí, para decirle a tu padre que diera su consentimiento. Si no, aún seguirías soltera. Imagínate, una hija mía soltera a tus años… Me habría muerto del disgusto. ―Hinata soltó una risita.

―No te habrías muerto, mamá. Eres demasiado terca como para eso. ―Hana suspiró.

―Seguramente tengas razón. A tu padre aún le quedan unos cuántos años de oírme rezongar. Anda, vamos a terminar de adecentarnos un poco. Que ya veo que los hombres vuelven del bosque. ¿Las castañas…

―Preparadas. Todas. ―Hana asintió.

―Bien, bien. Venga, pasa. Voy a peinarte un poco. Ay, ojalá tu primer hijo sea niño, pero recemos para que el segundo sea una niña. Dile a Naruto que se afane en la tarea… ―A Hinata se le subieron los colores.

―¡Mamá!―Hana rio y empezó a deshacer el cabello trenzado de su pequeña para peinárselo y luego volvérselo a trenzar para finalmente atarle el pañuelo en la cabeza. No era bien visto que una mujer decente y casada fuera por ahí con el cabello suelto, como otra soltera cualquiera.

―Ea, vía que hay trole. ¿Tienes el traje preparado?

―Sí.

―Pues ale, a ponértelo. No puedes llegar tarde. Todo el mundo tiene que ver lo preciosas que están mis niñas. ―Hinata sonrió y le dio un abrazo a su madre, antes de salir para dirigirse a su propio hogar.

Solo pensar en su traje ya limpio y planchado, preparado sobre su cama, la hizo sonrojarse.

Esperaba que su esposo la encontrase tan guapa como el año anterior, cuándo al fin, al alcanzar la madurez, la había cortejado y preguntado a su padre, en un día como aquel de principios de otoño, si le concedía la mano de su hija como esposa.


Naruto se secó el sudor de la frente mientras iba de camino de regreso a la aldea junto con los demás hombres, algunos sus mejores amigos. Se volvió a colocar la gorra y tropezó cuando Sai le dio un codazo.

―¡Sai, me cagho en diola! ¡¿Quieres descoyuntarme o qué?!―El aludido se limitó a sonreír con ese gesto suyo que daba escalofríos.

―Parecías perdido en tus pensamientos. ¿Tal vez imaginándote a cierta moza?

―Sai, no lo molestes. Hace un año que es un hombre decente y casado. Déjalo ser feliz por el momento. ―Naruto frunció el ceño, sacudiéndose el chaleco de lana.

―Que vosotros tengáis mujeres insoportables no es mi culpa'ttebayo. Me quedé con la mejor. Os aguantáis. ―El resto resoplaron.

―Solo porque ella no tenía ojos para nadie más. Si llega a estar enamorada de Sasuke, por ejemplo-

―¡Hinata no tiene tan mal gusto! ¡Enamorada de Sasuke! ¡Lo que hay que oír!

―Te habría costado bastante superarme. Admítelo. ―Naruto miró de mala manera en dirección a su mejor amigo.

―Espera a que se lo cuente a Sakura. Te va a poner los puntos sobre las íes. ―Sasuke le lanzó una penetrante mirada y Naruto sonrió, triunfante.

―Anda, dejad de pelearos. Que aún tenemos que ayudar a las mujeres a preparar las hogueras. Todo sea por comer las castañas calentitas… ―Ante el comentario de Shikamaru todos suspiraron, imaginándose ya el calor de aquel fruto tras un par de pasadas sobre un buen fuego.

Al llegar a la aldea se pusieron manos a la obra. Los troncos y las ramas ya habían sido cortados y apilados, gracias al trabajo colaborativo de todos los hombres y mujeres. Allí arrimaban todos el hombro, por igual, sin distinciones. Los hombres de Konoha se sentían tremendamente orgullosos de sus tradiciones, usos y costumbres, así como de sus mujeres. Y no perdían ocasión de demostrarlo.

Tras dos una hora de arduo trabajo, todo estuvo listo para la celebración de aquella noche. Cada uno de los cuatro amigos se despidió hasta más tarde, para irse a acicalarse para el evento. Naruto se internó en su casa y al punto buscó algún signo de su esposa. Suspiró al no encontrarlo. Seguramente Hinata habría terminado de prepararse y habría ido a reunirse con su madre y con su hermana, quién hacía poco había entrado en el mercado de posibles jóvenes casaderas. Sonrió al pensar en cierto muchacho de cabello castaño que no le quitaba ojo de encima a pesar de que hacía tan solo unos meses todavía le tiraba de las trenzas del pelo y le ponía ranas en el pupitre para asustarla.

Pensar en ello trajo una sonrisa a sus labios. Porque él había hecho exactamente lo mismo cuando, de niños, le ponía toda suerte de bichos y asquerosidades a Hinata en su pupitre, al darse cuenta de que la joven nunca chillaba ni protestaba. Se limitaba a abrir sus bonitos ojos perlas como platos y, con las manos y el labio temblorosos, pero sin emitir queja ni lloro alguno, limpiaba lo que él previamente había ensuciado, a veces sola y a veces con la ayuda de Sakura o Ino.

Le costó tiempo comprender que esa extraña fascinación era un principio de lo que más tarde, en plena madurez, sentiría hacia ella. Apenas una ínfima parte, porque ahora la amaba más que a nada ni nadie en el mundo.

Sonriendo como el bobo enamorado que seguía siendo, se despojó de sus ropas de trabajo y se lavó en el barreño. El agua estaba fría, pero no le importó. No quería perder más tiempo. Se secó con un trapo y se vistió con ropas limpias. Sonrió al darse cuenta de que cada prenda―desde los calzones hasta las polainas―habían sido planchados. Hinata siempre pensaba en todo.

Una vez ataviado, cogió la montera y ahora sí, ya salió de su casa en dirección a la plaza, dónde tendría lugar la fiesta que celebraban desde hacía siglos para despedir al verano y dar la bienvenida al otoño.

Ya todo el mundo estaba reunido alrededor de la hoguera central, dónde el tixolo yacía, a la espera de que alguien prendiera el fuego a los troncos amontonados debajo. Alrededor había dispuestas hogueras más pequeñas, algunas para que los niños pudieran divertirse y otras para que las castañas no se acabaran nunca. Aquel año había sido especialmente abundante. Tenían una buena cosecha. Las que sobraran, se repartirían equitativamente entre las diferentes familias. Se le hizo la boca agua al pensar en el delicioso guiso de castañas o en la sopa que Hinata preparaba.

La buscó con la mirada y la encontró al otro lado, junto a su madre y su hermana. No perdió tiempo y fue rápido a su encuentro, pasándole el brazo por la cintura y dándole un beso en la mejilla. Ella rio y se apoyó en él.

―¿Cómo te encuentras?

―Estoy bien. Mira, Kakashi ya va a hablar. ―Todos callaron al punto al ver al jefe de la aldea dar un paso adelante.

―Queridos amigos y vecinos: un año más, despedimos la estación cálida para abrazar tiempos más fríos. Como sabéis, este año no habrá hambruna. Las cosechas han sido abundantes y el ganado ha dado un buen número de crías. Así pues, divirtámonos. ¡Qué comience la fiesta!―Los aldeanos prorrumpieron en vítores y las hogueras fueron prendidas. Varios hombres y mujeres se apresuraron a sujetar los tixolos y a empezar a asar las castañas, con la habilidad de quién lleva años de práctica.

Las gaitas, las panderetas y las castañuelas sonaron y las faldas de las mujeres empezaron a girar, entre risas y aplausos. El vino nuevo corrió de mano en mano y los cucuruchos de castañas pronto empezaron a ser repartidos.

Hinata reía y daba palmas al ritmo de la música, disfrutando de la habilidad de los bailarines. Debido a su estado, no quería arriesgarse demasiado, por eso se había quedado sentada en un rincón. Su esposo había querido acompañarla, pero ella había rehusado.

―Anda, ve a divertirte. Me gustaría verte bailar. ―Esas palabras fueron suficiente aliciente. Hinata sabía que a su esposo le encantaba presumir ante ella de todas sus facetas y no iba a ser menos con la de bailarín.

Mientras pelaba y comía castañas calentitas, vio con una sonrisa a sus padres, un poco más allá, riendo y disfrutando asimismo de la fiesta. Hanabi bailaba con sus amigas y, de vez en cuando, se juntaba así, como quién no quería la cosa, a Konohamaru, que no paraba de esforzarse porque los orbes perlas de su hermana lo miraran.

Mientras terminaba de degustar una deliciosa castaña asada, Naruto se acercó a ella y le tendió una mano, con sus ojos azules brillando. El corazón le dio un vuelco, rememorando cuando, un año atrás, él había hecho lo mismo, con determinación, pronunciando las mismas palabras que dijo ahora:

―Vive conmigo, Hinata. ―No se lo pensó. Le dio la mano y él la acercó hacia su cuerpo, para besarla como llevaba deseando hacer toda la noche. Algunos les silbaron y les vitorearon, pero a ellos no les importó.

Y mientras Hinata era guiada hacia la hoguera más grande por su marido y saltaba por encima del fuego, firmemente agarrada de la mano masculina, pensó que no podía ser más feliz.

Naruto pensaba exactamente lo mismo con los ojos llenos de admiración hacia la que era su mujer. Y pensó que, por ver esa sonrisa en su rostro todos los días, saltaría mil hogueras cada día hasta el fin de su vida.

Porque amaba a su Hinata.

Era la única mujer para él.

Siempre lo había sido.

Fin Vive conmigo


A verrr, por dónde empiezo... Bueno, como habréis deducido (o eso espero) el prompt de este día trataba de escribir algo sobre una tradición de cualquier cultura o parte del mundo. Cómo no quería repetirme (porque vikingos, celtas y demás estaréis cansados de leer) decidí, finalmente, escribir sobre una tradición de mi tierra: el magosto. Y ahora vienen las aclaraciones:

*Magosto: fiesta tradicional del norte de la Península Ibérica (porque en el norte de Portugal también se celebra) MUY arraigada que viene ya de los celtas y pervivió hasta nuestros días. Se trata de una celebración en la que se asan castañas sobre hogueras, con música, baile y demás. Se llevaba la vestimenta tradicional y se saltaban las hogueras como muestra de valentía. Se celebraba entre el última día de septiembre y el 11 de octubre (hoy en día San Martín, más conocido por ser el día en el que se da matarile a los cerdos; aquí tenemos un dicho: a todo porquiño chégalle seu San Martiño - A todo cerdito le llega su San Martín; es decir: que a toda persona algún día el karma le golpeará en toda la cara y no sabrá ni por dónde la ha venido el golpe. Pero como antiguamente el karma no existía, pues eso, más sencillo).

**Lareira: es lo que sería una cocina tradicional gallega, por así decirlo. Podía estar en una esquina, contra una pared o en una estancia aparte. Consta de tres partes: lousa o pedra do lar (imprescindible; sitio en el que se hacía el fuego), esteo (transmite las cargas de la estructura al suelo) y la cambota (que sería algo así como una campana moderna, que guía el humo generado hacia la chimenea). También tenía un horno de piedra en su interior y a su alrededor lo que se conoce como escano, un banco de madera pegado a la lareira dónde la gente se reunía para comer al calor del fuego del hogar. Y sí, las chimeneas modernas vienen de este invento nuestro.

***Vía que hay trole: expresión sinónima de arreando que es gerundio. Algo así como "mueve el culo de una puñetera vez" pero dicho más finamente xD.

****Me cagho en diola: me cago en Dios pero dicho a la gallega. La gh es un fenómeno que se da en Galicia conocido como gheada. Se pronuncia como una especie de jota pero mucho más pronunciada.

*****Descoyuntar: imagina que llevas una figura de Lego en la mano que te ha llevado horas y horas y de repente, por lo que sea, se te cae al suelo y las piezas salen volando. Ahí decimos que "se te ha descoyuntado el Lego". No es romper exactamente porque descoyuntar implica algo que se puede arreglar.

******Moza: chica joven.

*******Montera: el gorro que llevan los toreros. Los muy desgraciaos nos lo robaron en el siglo XIX para incorporarlo a su estúpido traje de luces (sí, no soy amiga del toreo; me parece una práctica aberrante, tortura animal pura y dura). Pero originalmente formaba parte de nuestro traje tradicional. Más tarde se sustituyó por un sombrero normalito (repito: malditos toreros, robándonos nuestras cosas...).

********Tixolo: una sartén hecha de barro (o, más modernamente, hierro o aluminio) con agujeros en la base que se usa para asar las castañas. Antes de echarlas, se les hace un cortecito con un cuchillo para que, literalmente, no exploten al ponerlas sobre el fuego. La x en gallego no es una ks ni una ch. Es una xe y se pronuncia como la sh inglesa. De hecho, los gallegos somos los únicos capaces de pronunciar la sh del inglés, gracias a que ambos sonidos, uno mamado casi desde la cuna, son prácticamente iguales. Ah, y un tixolo también puede ser un ladrillo. Así, economizando el lenguaje xDDD.

Creo que ya está todo. Si me he dejado algún término o expresión, por favor, dejádmelo en los comentarios y en el capítulo siguiente (que ni yo misma sé cuándo será) os lo aclararé con mucho gusto xD.

¿Me dejáis un review? Porque, ya sabéis:

Un review equivale a una sonrisa.

*A favor de la campaña con voz y voto. Porque dar a favoritos y follow y no dejar review es como manosearme una teta y salir corriendo.

Lectores, sí.

Acosadores, no.

Gracias.

¡Nos leemos!

Ja ne.

bruxi.