Hola a todos estoy aquí para... pues publicar un capitulo de esta historia, perdón por el tiempo de tardanza, pero la verdad es que esta historia no tiene tanto movimiento como mis otras historias y por lo tanto vamos poco a poco ¿Les parece?
Olvidando el tiempo, les tengo un cuestionamiento
-¿Quien quiere que sea la pareja de Percy?-
-¿Quieren que aparezcan personajes de las siguientes sagas antes o a su tiempo?-
Comenten o me tomo toda la historia a mi invento creativo.
Lean, comenten y Disfruten
4° Xifos: Las diosas me dan un nuevo campo
En mis sueños aparecieron animales de granja, la mayoría con cuernos, que mugían y llevaban sus calzones "calvin klein". Algunos de ellos querían matarme y otros me pedía que re regresaran sus cuernos, sobre los cuales estaba sentado. Uno de ellos incluso intento comerse mi zapatillas deportivas.
Mas desperté varias veces, observaba como la gente discutía a mi alrededor y no podía moverme. Tal vez tenia que ver que estaba amarrado y amordazado. Por lo que solo volví a dormirme. No tenia caso intentar liberarme, no cuando una centena de chicos tenían armas y miradas de odio a mi persona.
La siguiente vez que desperté, sentía algo diferente, estaba en una cama dura y rechinaba, alguien empujaba una cuchara de algo en mi garganta. Aquello sabia a nachos con carne y papas fritas, lo cual me hubiera encantado si no lo embutieran con fuerza hasta donde la cuchara topaba.
La chica que me lo daba, tenia el cabello rubio rizado cual princesa, pero aquellos ojos fríos, duros y grises me hicieron temblar. Eran ojos que parecían llenos de tormenta gris y que me hacían estremecer. Me daba de comer con tanta fuerza que pensé que me quería ahogar e intente tomar su brazo. Pero otro brazo apareció tomando el mio y antes de darme cuenta me dejo noqueado de un solo golpe. No me entere de nada, solo que tenia una cara de pocos amigos y una cicatriz en su rostro.
No supe cuando me desperté o casi del todo, solo que mi mejilla me dolía y que mi estomago estaba quejándose de hambre.
Estaba con la cara contra la almohada, como si me hubieran volteado apropósito. Hablaban en susurro, pero podía entender bien lo que decía y mas aun por que estaba encerrados en un lugar muy pequeño.
-¿Qué crees que ocurrirá en el solsticio de verano?- pregunto la voz de Thalia, la persona que menos quería ver.
-Nada, no pasara nada-dijo la voz del mismo chico que casi rebana mi garganta luego de pelear contra el minotauro.
Cosa que hizo que me quedara quieto y pendiente, aunque me costaba diez veces mas por el cansancio y aquel dolor en mi cuello y pierna que se incrementaba rápidamente.
-No creo ni comprendo, por que Zeus, Poseidón y Hades pelearían por nada- comento la tercera chica, su voz era linda y suave, pero algo me hizo sentirme incomodo.
Pero la verdad estaba equivocada, me mordí la lengua intentando no soltar un "ja" y decir que esos tipos se peleaban incluso por el juguete de la cajita feliz. Cosa que de verdad había sucedido.
Entre abrir los ojos, una lona vieja y desgastada apareció, también parecía estar encima de un montón de mantas viejas y con olor húmedo. Pero observaba las sombras proyectarse en la lona.
-Los dioses no son mas que un montón de niños jugando con nosotros- gruño el chico.
Tenia razón. No por nada tenían, incluso, una colección de figurillas de aquellas apuestas que realizaron en el trascurso de la historia. Pero eso era secreto olímpico.
-Pero algo paso ese día, algo robaron y nos quedan solo unas semanas para evitar una guerra- volvió a repetir la mas cuerda, aquella que tenia algo familiar en la voz.
-Sea lo que sea, ellos se lo buscaron- dijo el chico. -No han echo nada por nosotros y nos han quitado mucho...-
-... pero esto nos dañara mas a nosotros...Luke... lo que te paso no fue por su culpa...-
-BASTA ANNABETH- dijo el chico con fuerza y luego se escucho como aplastaban hojas y se alejaba.
Un momento de silencio se escucho, hasta que hablo Thalia- ¿Tenias que decirlo Annabeth? - Se escucho pasos y como murmuraba – deja le calmo y luego hablamos-
Por un rato solo sentí como estaba acompañado, pero no había ruido ni sonido alguno, apenas y su respirar se escuchaba a mi espalda.
- Que idiota soy- dijo en una leve risa- Cuidando a este... JA... cuando Luke me necesita mas ¿Que vas ha hacer Annabeth?-
Un momento después salio, escuche algo como un cierre y luego termine desvaneciendome de nuevo.
Esperaba volver a despertar acompañado, pero abrí los ojos sintiéndolos diez veces mas pesados, con un hueco enorme en el estomago. Me alce un poco observando una tienda de lona, a mi alrededor solo estaba una destartalada mesita con sillas y donde estaba acostado.
Intente levantarme, pero la pierna dolía, al igual que de mi hombro a mi mandíbula. Mire mi cuerpo, estaba sin una playera, solo vendas algo ensangrentada cubrían mi torso y en mi pierna un bulto que señalaba que también estaba vendado. Mi boca se sentía como si hubieran intentado pasar un cuchillo a través de ella, o me intentaran meter una cuchara completa, y mi lengua estaba seca y sucia, ademas de cada uno de mis dientes dolía.
Vi en la mesa y solo estaba un par de platos con residuos de comida. Y a lado una pequeña cantimplora, que la boquilla tenia liquido dorado reseco. Mas nada que comer y mi estomago incluso dolía.
Por un momento quise acostarme y volver a dormir hasta que regresara alguien. Pero, yo había escuchado y visto suficiente.
Tome el plato y vacié el resto de contenido de cada plato en uno y antes de que me preguntara ¿Cuánto tiempo estuvo a la intemperie? Lo ingerí esperando que no tocara mi lengua, y puede que en algún punto supiera estupendo, pero en ese momento solo me dieron arcadas.
Gire mi mirada por todos lados y sin detenerme, por el dolor de mi pierna o mi cuello, eche todo lo que pude a la manta en que me recostaron y lo amarre bien. Agradecía que mis cosas estuvieran arrumbadas en la esquina, y que si revisaron no supieran que era lo que portaba en aquella caja dentro de mi chaqueta. Y también que mi placa militar siguiera en aquel collar en mi cuello, aunque ahora tenia plasmado un 10 en la base.
Me puse mi vieja chaqueta, con un corte de lado a lado en el costado y con sangre rojo oscuro pegado a ella. Maldije al Minotauro, era mi favorita. Me acomode y salí fuera de la tienda de campaña. El clima era frio y lúgubre, parecía que el sol ese día estaba descansando. Y puede que fuera a causa de uno de mis jefes.
Comencé a caminar lo mas rápido que odia, mi pierna punzaba con cada paso y me mordía la lengua cada que un gemido de dolor me llegaba del cuello.
Estaba caminando por el lindero del campamento, pasando los arboles e intentando alejarme lo mas posible de aquella tentación. Por un momento pare, contemplando las colinas verdes a lo lejos y el lago verde azul deslumbrante y con un enorme mangrove saliendo de en medio. La brisa olía a fresas y el viento era refrescante. La fina cobertura de la brisa de la mañana y el sonido de las criaturas del bosque encajaban perfectamente con el entorno. Todo eso era genial, jamás podría pertenecer.
-¿A donde vas?-
Gire cojeando, mirando como Grover estaba con una cesta llena de fresas y con una cantimplora nueva. Me observo con esos ojos nerviosos y le tembló la voz. Lucia como que no había dormido en una semana. A su espalda, llevaba algo envuelto algo alargado, y atado por sus hombros, se notaba mucho que era algo peligroso.
Él llevaba puesto jeans azules, Convers altos y una camiseta naranjada brillante que decía CAMPAMENTO MEDIA SANGRE.
-No me dejaran, ellos me... -dije con voz rara y baja, tome un momento de aire ya que sentí un mareo -... solo esto... esto no es mas que un sueño Grover-
-Tu salvaste mi vida.- Dijo Grover en voz muy baja
-Tu hiciste lo mismo por mi-
-Tu derrotaste al... hijo de Pasífae, me contaron todo- dijo Grover bajando la cesta y dejando que la tela se deslizara de su espalda a su pecho. - Nadie... nadie podría haber echo lo que tu...-
-Solo soy uno de muchos...-
-NO. Tu no eres uno de muchos... esto..- Digo Grover - Yo... bueno, lo mínimo podía hacer... es entregarlos a su dueño... aun si eso significa tomarlos prestados. Yo pensé que tu los merecias.-
Me tendió la tela, descubriendo los cuernos del Minotauro, con la punta negra y afilada, con todo el cuerpo blanco. La base era irregularmente por estar rotas, una de las punta estaba salpicada con sangre seca. No era del Minotauro, el solo se había vuelto polvo y regresado al pútrido lugar de donde salió. Aquella sangre era mía, eso me era claro.
-¿Crees que los extrañe el Minotauro?-
-urg... Percy, no es una buena idea -
-Sabes que no me da miedo- dije a Grover extendiendo la mano y tocando la superficie, era rosa y pulida en otros puntos donde desprendió la carne.
-Los nombres tienen poder- dijo Grover mirando alrededor, como si el Minotauro fuera a aparecer.
-Solo si le das ese poder y yo ya he dado mucho poder, sobre todo al que da toques- murmure un enorme trueno surgió de algún lado. Mientras yo ignoraba sus caprichosos, Grover salto y por un momento casi deja caer los cuernos. Fue un momento el que baje y subí la vista, provocando que las piernas se sintieran cual gelatina y el mareo aumentando.
-Lo siento.- dijo Grover que se sorbió la nariz. -Soy un fracaso. Soy... soy el peor sátiro en el mundo.-
-Lo dudo- dije riendo intentando darle animo, pero mi visión comenzó a tener puntos amarillos.
-¡OH, por el rio Estigia!- Él murmuró al tiempo que me atrapaba de caer y aunque no me gustara parecer débil, agradecía el no besar el barro de nuevo. -¡Aun estas mal Percy, debes descansar!-
-Solo necesito un momento-dije apartándome.
Me alzo como un saco y antes de que pudiera quejarme comenzó a llevarme a rastras de nuevo a la casa de acampar. Grover era un sátiro y aunque fuera nervioso, sus piernas poseían una fuerza sin igual. Aun no tenia idea de cuando le crecerían los cuernos, pero con tanto cabello rizado, me apostaba lo que fuera a que si afeitara su pelo café rizado, encontraría cuernos diminutos en su cabeza.
Me dejo en el mismo sitio que me levante, ayudándome a quitar la chamarra y dejando mis cosas y los cuernos a un lado. Antes de que regresara por la cesta de fresas y se adentrara mirando el lugar.
-Esto es un asco- dijo Grover olfateando.
-Supongo que es para que encaje conmigo-dije riéndome un poco y sentándome con la espalda contra la lona.
-Malditos, idiotas ¿Quién carajos te dio esta vieja tienda? Ya las habíamos tirado- se quejo Grover mirando los platos sucios y enojándose un poco mas, lo lanzo a su espalda y antes de que tocara al suelo le dio con la pezuña lanzando lo a afuera.
-Creí que odiabas contaminar-murmure al mirar que repitió la misma acción varias veces con lo demas.
-Es el turno de los de la cabaña de Ares limpiar el bosque-dijo Grover como si nada, antes poner las fresas sobre la mesa, sacar un cuchillo y comenzaras a cortar-¿Hambre?-
Hacia años que nadie me preguntaba eso, era un huérfano sin hogar que ocupaban como mandadero y muy pocos o nadie se preocupaba por si comía. Pero por alguna razón, siempre me negaba a aceptarlo y me alimentaba por mis propios medios. Aunque recibía una mesada en dólares y dracmas de parte de mis empleadores. La verdad una porquería a comparación de cierto empleado del dios de los muertos y cierta princesa hija de papi rayo.
-La verdad no- dije aunque me dolía ya el estomago.
No me hizo caso, solo continuo cortando las fresas, para luego echarlas en un cuenco de barro que estaba en la cesta y pasármelas.
-Están deliciosas- dijo Grover para luego sacar la cantimplora y pasármela -Toma un poco, te ayudara-
-Lo dudo- dije llevando un pedazo de fresa a mis labios y por compulsión tragándola de inmediato. Quería tirarme sobre el cuenco y pasarme todo en menos de un minuto, pero algo de orgullo en mi me decía que no frente a Grover.
-Nos dimos cuenta hermano- dijo Grover con voz vacilante – Te dimos mas de un galón de ambrosía... y tu no mejoraste... casi te enciendes en llamas-
Tome de la cantimplora para humedecer mis garganta y boca. Sabia a galletas, pero había cierto toque quemado y crudo en ellas.
-La ambrosía debería curar a los semidioses y en ti...- comenzó como si no supiera como abordar el tema.
Le mire y por un momento solo comí las fresas con gran interés, y antes de que volviera a abrir la boca, alce mi brazo y quitando las vendas descubrí mi piel. Ahí donde debía estar mi tatuaje de servicio a los dioses, solo quedaba piel, pero lleve la cantimplora a la piel y moje mi piel con el liquido dorado. El color ámbar comenzó a formar el tatuaje y antes de que este terminara se torno negro y comenzó a evaporar.
-... no me cura- dije viendo como la marca desaparecía bajo mi piel. -No hace nada por mi, solo es... un liquido mas, una de las grandiosas cosas de mi. No soy un dios, no soy un mortal, pero... mientras dioses no me... -La piel me ardió ahí en el tatuaje y por un momento sentí que la ambrosía realizo el efecto secundario, era como ácido en mi cuerpo. Los hechizos de Hecate los odiaba -... solo... no es para mi-
-¿Que significa la marca?-pregunto Grover con la boca medio abierta.
-Nada...-
-Percy...-
-No preguntes, por favor -le pedí regresando al tazón, pero sin darme cuenta ya me las había terminado.
-No te presiones.- Dijo Grover. -¿Sabe bien por lo menos?- preguntó.
-Al principio- dije volviendo a tomar otro trago, y el mismo sabor embargo mi boca- Ahora... no se-
-¿Como te sientes?-suspiro.
-Como que tengo ganas de hacer, carne picada a Minotauro de nuevo-
Se estremeció, pero intento dar una sonrisa. Paso un momento para luego mover su cabeza, de igual forma que una cabra oyendo algo a la distancia, para luego verle.- Tengo que irme, regresare pronto con noticias. No te vayas, yo regresare, no hagas nada estúpido, te quiero ver aquí y...-
-Ya entendí -dije sintiéndome un poco mejor. Tal vez esta vez si podría escapar.
Sin mas salió y se fue trotando, espere un momento por si regresaba, mientras comencé a juntar mis cosas y a prepararme a irme.
Un viento cálido surgió, al tiempo que el preticor llegaba a mi nariz y notaba algo muy diferente en mi entorno. Mire por la abertura de la tienda, observando como las hojas de todos los arboles se enverdecían y, que del suelo, comenzaban a brotar pasto que se retorcía como en cámara rápida.
Me retire hacia atrás, y mi espalda choco contra algo suave y que me hizo rebotar hacia adelante. Gire la mirada y las vi, ambas diosas estaban paradas en medio del lugar y me miraban a mi. Me arrodille rápido y deje caer mi mirada al suelo, al tiempo de que me tensaba, provocando que el dolor subiera de mi pierna hasta mi cuello.
-Mis señoras- dije con voz llena de dolor, mientras sentía como algo caliente bajaba por mi clavícula.- ¿Qué les ha echo venir a este desgraciado servidor?-
Presentaciones echas por los dioses, por mi un "hey" bastaría para preguntar ¿Qué necesitan ahora?
Ambas lucían entre sus 20 y 30 años, aunque tenían muchos mas años que jamás dirían. Y no me pregunten cuantos. La vez que lo pregunte, tuve solo cereal para comer, desayunar y cenar, sin contar con las flores en la cabeza todo un mes. Y eso que ambas diosas eran cercanas a mi, después de todo sus misiones eran relativamente fáciles y en el campo, lo que me alegraba de estar lejos de tantas personas.
Deméter era la diosa de la agricultura y la tierra nutritiva, y se demostraba con su apariencia. Su vestido largo veraniego cubría sus pies, su cabello del dorado del trigo y que bajaba por su espalda hasta volverse café en las puntas, sus manos eran pequeñas pero fuertes y sus ojos color azul cristalino podía demostrar toda la vida que guardaba en su interior.
Su hija, Perséfone, era un poco diferente a su madre. Su estatura denotaba ser mas baja que su madre, menos musculada, pero tenia un rostro lleno de bondad y unos ojo café sonrientes. Incluso aquella cabellera negra, con mechones verdes, y su piel morena le quedan perfectas, aun recordaba la primera vez que la conocí y aun no comprendía como se fue a fijar en mi tío. Es tan dulce que no dudaba que mi tío utilizo toda la suerte que tenia. Vestía casi identifica a su madre solo que con un vestido que mostraba mucha mas piel en su escote y una pierna.
-Hola Perceo- dijo Perséfone sonriendo y acariciando mi cabeza en señal de que podría dejar la reverencia. Mas me quede esperando, después de todo no era la única diosa en esa pequeña y sucia tienda de cabaña.
-Vamos niño, eso te va dar mas- dijo Deméter, moviendo la mano y de alguna forma ayudando a levantarme. -¿Como has estado chico?-
Alce las manos señalándome -No del todo bien mi señora-
-Siempre tan propio cielo, ven recuéstate, esas heridas se ven mortales- dijo Perséfone con un tono preocupado de verdad, aunque tal vez tenia algo de gracia, ya que era cierto, las heridas estaban rojas, y solo un mortal sangraba rojo.
Sus ojos posaron sobre el pequeño lugar con mantas, luego sobre la cabaña y al mismo tiempo y de la misma forma pusieron una mueca de asco. Y no eran para menos. Aquello era solo una tela mohosa que evitaba que estuviera a la intemperie.
-Estos mocosos- dijo Perséfone con un tono algo oscuro, cosa que no le quedaba.
-No entienden nada, y ... ya verán tus hermanos- dijo Deméter, desprendiendo un poco de aura verde oscuro.
-Tranquilas mi señora, perdonen el estado de la tienda, es que por el momento no hay otras- dije inclinándome y volviendo a ver el suelo.
-No, no, no, cariño, tu no tienes nada que ver con esto- dijo Deméter volviendo a utilizar su mano para levantarme y mirarme algo fuerte -El idiota de mi hermano...- un trueno sonó a la redonda, pero los tres estábamos bastantes acostumbrados-... pero bueno. Venimos por otra cosa-
-Aun no entiendo por que ustedes...- comenzó Perséfone alzando ambas manos, moviendo la tienda y haciendo que todo adentro pareciera gelatina.
-No todos nosotros- dijo Deméter de forma dura -Hacerle esto a un chiquillo... jamás olvidare esta inmundicia-
Hablaban como si no estuviera, y la verdad es que no me molestaba, era mejor así. La primera vez que intervenía a dos dioses hablando, estuve en un gran aprieto y por "aprieto" me refiero a mi metido de cabeza en una pequeña caja donde tuve que reflexionar por tres días. Termine adolorido, entumido y muy aburrido.
Mis piernas se sentían débiles por tanto movimiento, al intentar moverme me desestabilice y termine golpeando el rostro contra el costado de Deméter. Temí terminar echo un olivo junto a un conducto de desechos fecales. Mas solo sonrió y acaricio mi mejilla. No era usual, solo Hestia solía hacerlo y eso muy esporádica vez. Pero no me retire, despreciar a una diosa era algo que podría provocar que terminaras desapareciendo de la tierra.
-Vamos, terminemos esto que necesitas descansar- dijo Deméter y me paso su suave y cálido brazo por mi espalda. Era como el calor del medio día, suficiente para que tuviera sueño y esa suavidad de su cuerpo, no ayudaron nada.
Parpadee y la tienda se volvió mas grande, se alzo y se convirtió nueva, incluida una cama y una mesita para comer. No pregunten, los dioses tienen su propio suministros de muebles en un chasquido, aunque la mayoría son de IZEA (Inmortal Zeuz Electronicos y Anexos), repito, los dioses hacen lo que les da la gana.
No se muy bien, solo que me llevaron a la cama y me recostaron.
-Mis señoras, ¿Qué sucede?- pregunte al verlas sentarse a mi costado.
Me miraron y luego entre ellas, para soltar una leve risa y mirarme -Venimos de paso, ya sabes que se acerca el verano, tenemos trabajo que hacer- dijo Perséfone cruzando la pierna, dejando ver su porte que jamás perdía. -Nos envió el consejo-
-Yo no quería venir, Grover y el minotauro...- me intente levantar, pero Deméter tomo con una mano mi frente y sin siquiera poder poner fuerza me volvió a acostar.
-Eso es lo que menos te debe preocupar- dijo Deméter pasando la mano por el cuello, provocando que doliera y cerrara los ojos intentando aguantar. - Luchaste bien. Eres impulsivo y no contienes tus emociones... pero te las arreglaste bastante bien-
-Te dejara una cicatriz- Dijo Perséfone sacudiendo mi chaqueta y provocando que cayera la caja cuadrada que saque de mi cabaña. La levanto y miro con curiosidad, para luego mirarme y dejarla en una mesita junto a la cama. -Pero no estamos aquí para eso, o hubiera enviado a Apolo-
-Nos enviaron para comunicarte que puedes entrar en el campamento- dijo Deméter con una sonrisa amplia.
Por un momento me quede en shock, luego no supe si mirar a la diosa de la agricultura o la reina del inframundo. Solo supe que Perséfone tomo mi rostro entre sus manos, la hizo a la derecha, quitando el vendaje y colocando una pasta verdosa con olor a menta en la herida.
-Eso ayudara-
-Yo...¿De verdad puedo entrar?- pregunte con voz baja.
-Es un permiso temporal- dijo Deméter seria -Solo será para investigar sobre los símbolos robados.- sus ojos destello algo que reconocí como incertidumbre, como si dudara que yo pudiera encontrarlos – Sabemos que no has encontrado pistas o encontrado algún contacto que te indique un rumbo... tal vez en el campamento...-
-Es decir que todos los demás tampoco han encontrado nada- dije sin pensar, y al instante mire las miradas oscuras de ambas diosas.
Y no era de menos, Zeus envió a cada uno de sus buscadores en búsqueda y esa era mi única misión, cosa que incluso tenia a Hermes ocupado. Si el dios de lo veloz aun no encontraba una rastro de los signos ¿Qué esperaban de un simple niño?
-La guerra esta cerca, si no encuentras un rastro en el campamento, no habrá lugar sobre la tierra, en el cielo o en el agua en que esconderse.- dijo Perséfone cambiando su mirada y mirándose las uñas, que estaban cambiando de color.
Me parecía curioso que hablara de "sobre la tierra", cuando a su esposo tenia dominio sobre "bajo la tierra" y lo hubiera comentado, si no temiera terminar hecho polvo.
-Entonces... esto solo es temporal y quieren que espié en el campamento- dije en voz baja, temiendo ganar la ira de ambas diosas.
-No es la opinión mas popular- dijo Deméter acariciando un mechón de mi cabellera, como si mi rebelde cabello le recordara algo.- Varios del consejo se opusieron-.
-Zeus, Poseidón, Atenea, Artemis, Dionicio, Ares-
-Calla niña, confidencial- dijo Deméter dando le una mirada dura.
-Era lógico, a ninguno le agrado- dije aunque curioso el por que Artemis y Dionicio votaran en mi contra. Aunque seguramente el dios del vino lo hizo por flojera o "un incordio de muchacho" que cree que soy. - Y supongo que Hera, Hermes, Afrodita, Hefesto, Ares y usted mi señora votaron a mi favor ¿Cómo desempataron los votos-
-No fue fácil- bufo Perséfone y cruzo los brazos por su pecho – Ni Zeus, Poseidón o Ares quiso terminar la reunión o rehacer votos.. así que buscamos el ultimo voto que decidiera-
-Mi hermanita siempre ha sido la mas cuerda- dijo Deméter y sonrió -Después de todo, dejo su puesto a Dionicio para no crear un conflicto-
-Mi señora Hestia- dije asombrado.
-Si, tía suele ser buena persona. Incluso sugirió que pasáramos ya que estábamos de camino- dijo Perséfone y luego miro su rostro. -Dionisio esta enterado, no tendrás problema alguno-
Ambas se miraron de un momento a otro y luego por la puerta.
-Pierde un poco el tiempo niño, diviértete y disfruta. Pero no olvides los signos- dijo Deméter antes de levantarse.
-Cuídate sobrino y cuídate de los ojos tormentosos-dijo Perséfone bajando a besar mi frente.
Si alguna vez te ha dado un beso la chica que te gusta, sea de la escuela, tu barrio o cualquier lugar, sabrás que de inmediato la cara se pone caliente, las manos te sudan y como que algo se mueve en el estomago. Con una diosa sucede todo eso, exponencial, sin importar la situación. Solo sabia que mi frente estaba ardiendo y sudando, que no me moví por miedo a volar en pedacitos, además de que si mi tío se enteraba, terminaría apaleando excremento de perro por la eternidad.
Se levantaron y me miraron, y Deméter giro el dedo pidiendo que me moviera. - No seas indiscreto- murmuro. Como si fuera a ver algo que no debía, y en parte tenían razón, si veía sus formas divinas tal vez me incineraría. Preferí no comprobarlo, solo gire mi cuerpo, una luz dorada surgió a mi espalda y al voltear note destellos de donde antes estuvieron.
Dejaron un regalo, un montón de cajas de cereales en la mesita que colocaron, grandioso detalle de parte de Deméter. Me quede mirando el techo, mientras pensaba en que vendría a continuación.
Escuche cascos y como alguien balaba sin control alguno, Grover entro con fuerza casi sin percatarse del cambio de la tienda. Me miro y con una gran sonrisa dijo.
-ESTAS DENTRO, TIENES PERMITIDO ESTAR EN EL CAMPAMENTO-
Se veía tan feliz, que sonreí lo mejor que pude y intente parecer igual de feliz, no quería decirle que solo era temporal. Además que en cuanto encontrara los signos, terminaría y de nuevo a la calle. Pero bueno, un momento adentro me parecían genial.
