Hola estoy de regreso con todos ustedes, para entregarles la quinta parte de esta historia, claro que quitando la prehistoria que puse. Así que comenzaremos con lo bueno y lo que nos encanta, todos los personajes del campamento media sangre.
Entrando en materia, perdón por tardar tanto, pero mi historia principal demanda mucho de mí. Y aunque tengo toda la historia de Percy casi pensada por completo e incluso con final, para desarrollarla como quiero tengo trabajo por delante. Pero si hay vida, hay tiempo, no desesperen mis semidioses, que aquí su caos les traerá más y más capítulos cada vez.
Lean, disfruten y comenten (eso me ayuda a saber por donde llevar la historia)
Xifos 5: Cálida bienvenida con heladas miradas
Las piernas aun me ardían, y el cuello me punzaba bastante, incluso el mover mi brazo derecho me costaba. Consejo, si quieren enfrentar a una masa de músculos con cuernos que viene directo a matarte, es mejor quitarte de su camino, a menos que quieras probar lo que es ser encornado. Grover desarmo la tienda de campaña en minutos, estaba tan feliz y hablaba de lo que haríamos en el campamento, y de que podría, tal vez, saber quién era mi padre. No quería sacarlo de su ensoñación, pues sabia que solo era un permiso temporal y si no encontraba nada, no habría otro verano para el campamento mestizo u otro verano.
Estaba sorprendido de solo ver a Grover colocarse la lona bajo el brazo y sostener con la otra una cesta con mi chaqueta e incluso los cuernos del Minotauro, pero el poder de los dioses, y tal vez influencia mágica, era tan loca que todos los muebles estaban adentro aún. Aun no comprendía si el espacio adentro permanecía igual mientras el de afuera se doblaba y distorsionaba, o si es que estos se volvían planos mientras la lona estuviera doblada. La verdad es que me dolía todo para pensar mucho en ello.
Caminamos por el sendero del bosque, subiendo la colina directo al árbol de Thalía.
Una vez en la cumbre el valle marchaba hacia el agua, la cual se miraba una milla más lejos. Observe por segunda vez aquel paisaje y por un instante esa fatídica noche regreso.
-Percy solo un poco más, un poco más y estas a salvo mi amor- dijo la dulce voz de mamá, aunque cansada y adolorida.
Temblaba como loco, mientras con mis manos me aferraba a su costado. Escuchaba aun a la lejanía los sonidos de chapoteos, los rugidos furiosos, como los truenos y el oleaje golpeaban la pequeña embarcación en la que hacia unos momentos estábamos. Mire en su dirección, viendo como el bote iluminaba el agua, pues el fuego crecía hasta casi la altura del bosque y comenzaba a hundirse.
- Una vez en la orilla corre, ve hacia los edificios y no mires atrás- dijo mamá con una mano en mi cintura, mientras que con la otra hacia fuerza monumental para nadar.
- ¿¡Mamá!? -pregunte asustado, mientras una mancha roja comenzaba a crecer desde su hombro y se perdía en la negrura del agua.
Me miro un momento y sonrió. -Estarás bien, Percy…-
Una luz me cegó y un estruendoso sonido recorrido mis oídos, al momento que Grover tiraba de mi sacándome del recuerdo.
-Percy vamos-
El lugar aun continuaba con esos edificios que se parecía a la arquitectura griega antigua; un pabellón al aire libre, un anfiteatro, una arena circular; excepto que todos ellos se veían nuevos, con columnas blancas de mármol que destellaban en el sol.
Me enfoque en mirar el lago, por donde estaba el Mangrove gigante y aquella playa, en aquel momento tenía arena blanca y un agua cristalina. Como si nada hubiera pasado.
- ¿Sucede algo malo Percy? -pregunto Grover.
-No, nada- murmure antes de notar tres figuras que nos esperaban justo al pie del árbol de Thalía.
Estaban un frente al otro sentados en una mesa de naipes, el primero era un hombre sentado en la silla de ruedas, o mejor conocido como Quirón. Aun tenia su chaqueta de tweed y la barba desaseada. Sonreía y arreglaba un viejo arco que se posaba sobre una vieja manta sobre sus rodillas o para mejor referencia lo que parecían sus rodillas.
A su costado estaba Thalía, con su usual estilo de botas, pulsera con pinchos y una mirada de pocas pulgas. Al verme torció los labios y una mueca de asco muy pronunciada se hizo evidente.
Nos acercamos a mi paso, medio cojeando, medio indeciso, pues aquel era el límite del campamento.
Al llegar note a la chica rubia que estaba sentada en el nacimiento del árbol, con libros que parecían de arquitectura, una mochila descolorida y total concentración.
Mas llegue frente a la mesa, al hombre que le hacía par a Quirón en la mesa, era algo gordo y tenia una pinta de hippie impresionante. Él tenía una nariz roja, ojos llorosos grandes, y un cabello crespo tan negro que era casi púrpura. No presto atención por sus naipes en la mano, pero de inmediato, y ahogando un quejido, lleve mi rodilla al suelo y baje la mirada; arrodillado frente al hombre parecido a un querubín de edad madura sentía que me caería de lado como un boliche.
-Muy buenos días mi señor, me presento ante usted, diga y obedezco- dije como siempre frente a uno de los dioses.
Si, ese gordito borracho y desarreglado era un dios.
-Vamos no seas un lamebotas- dijo Thalía apretando sus nudillos y haciéndolos sonar -Nadie se cree tus teatritos-
No conteste, esperaba y pude notar la mirada de la rubia, que por un segundo mire. Era la misma que me dio de comer cuando estaba inconsciente, solo que ahora pude ver sus ojos, grises tormenta y una mirada seria. Tan seria y perecida a su madre que me dio un escalofrío y me quede de piedra.
-Bien, bien, levántate pedro- dijo el hombre suspirando. -Aquí solo dime señor D. Todos lo hacen y supongo que ya conoces a Quirón-
Quirón saludo, él era mas viejo de lo que podía imaginarme. Se decía que había entrenado a múltiples héroes de la historia griega, que era un maestro innato y que no había arma que no pudiera ocupar y que cualquier alumno que tuviera lo haría un héroe. Claro que hasta ahora solo sabía que entreno en persona a Thalía y que esta me odiaba.
Me levante con la ayuda de Grover que estaba bastante nervioso ante el señor D.
-Ahora que estas aquí, tenemos cuatro jugadores- dijo Quirón, mientras suspiraba -Ella es Annabeth Chase, líder de su cabaña y también es una campista, pero ella ha estado aquí más tiempo que casi cualquiera. Y tú ya conoces a Thalía... "
-Si, lamentablemente, conozco a este ladrón- gruño Thalía, sentándose de sopetón en uno de los lugares y cruzándose de brazos. -Comencemos esto… tengo que reunirme con Luke en su cabaña-
Quirón y el señor D estiraron la mano a la silla derecha, Thalía me miraba con ojos furiosos e inyectados en sangre, y dio un largo suspiro. ¿Cuánto me odiaba? No tenía ni idea.
Pero me quede parado, por las antiguas leyes de los dioses, si cruzaba la barrera, podría acabar echo polvo o peor.
-Oh, supongo que tengo que darte pase- dijo el señor D girando los ojos- Bienvenido al Campamento Media sangre. Así basta, ahora, no esperes que yo esté contento de verte aquí. -
Espere un momento suspirando, luego dio un paso más, era como atravesar una cortina gruesa y pesada, pero invisible. Mi cuerpo por un momento se sintió pesado y perdí el equilibrio. Annabeth y Thalía me miraron al dar un quejido, pues mi cuello ardió un segundo ante de calmarse. Pero por fin estaba dentro del campamento y por primera vez sentí, que ningún monstruo podría alcanzarme, que estaba a salvo.
Que equivocado estaba.
-Gracias- dije tocando a Grover para que me pasara la chaqueta, donde metí mi mano y antes de que preguntaran saque una pequeña botella negra y con corcho -Un regalo señor-
El señor D, era muy fácil de manejar, por decirlo de una forma. Ya que él tenía una única cosa que pensaba desde hacía años y, por lo tanto, solo necesitabas un poco de ello para convencerlo o por lo menos que no te hiciera un injerto de uva. El alcohol era lo único por lo que no termine varias veces plantado en la tierra o escuchando sus largas disertaciones de vinos.
Pues el era el dios del vino, Dionicio.
- ¿Percy? - pregunto Quirón alzando las cejas. - ¿Qué es…? -
-Eso no importa, mientras sea lo mismo de siempre. - dijo el señor D mirándome de reojo.
-Por supuesto- declare haciendo una leve reverencia.
-Annabeth- llamo el señor D, para luego señalar el frasco -Toma el regalo y llévalo a la casa grande; tu sátiro, acompáñala y deja eso en la playa-
-Seguro- Dijo Annabeth recogiendo sus cosas.
Thalía esperaba mirándose las uñas, como si fueran mas entretenida de lo que pasaba. Y por un instante mire a amabas sonreírle a Grove al pasar a su lado.
Mientras Thalía era ya casi mayor de edad, Annabeth debía tener mi edad, era mas alta y lucia atlética. Con su bronceado profundo y su cabello rubio rizado, supe que era una chica de California, pero sus ojos me hacían temblar. Eran alarmantemente grises, como nubes de tormenta; Intimidantes, como si analizara la mejor forma para torturarme.
No me dirigió la palabra, solo fue con Grover, ambos pareciendo viejos amigos.
-Toma asiento Percy- dijo Quirón una vez más.
Temeroso lo hice. El señor D repartió las cartas y miro su mano, mientras las mía aun reposaba en la mesa.
-Debo decir, Percy- murmuro Quirón -Me da mucho gusto de verte vivo. -
-Si, una lastima la verdad- dijo Thalía mirando las suyas.
-No es tan fácil matarlo- intervino el señor D con una mueca de hastió hacia sus cartas- Varios lo hemos intentado-
-Si, bueno… por poco lo logro señor, esa vez con las vides venenosas- dije mientras recogía las cartas -Buena manera de ocuparlas-
-Que raro… lamebotas- dijo Thalía rodando los ojos - Siquiera ¿Sabes jugar a los naipes? -
-Cuidado Dalia, aun si no sabe… la suerte del novato puede ser bastante buena- Intervino el sr D -Es como con los gladiadores, pueden ser sedientos de sangre, o Pac-man… simplemente tener suerte. De cualquier forma, ambos estupendos juegos-
-Señor- dije- ¿La misión? ¿Debo de investigar y-
Sr. D resopló. -Yo lo se… pero aún tenemos tiempo para unas partidas ¿no? -
-Él tiene razón- dijo Quirón sin mirar al señor D, que le lanzo una mirada – Debe estar atento y por ello necesitamos a Thalía-
-Ya he dicho que aquí no hay ninguna pista- gruño Thalía el enojo en su voz era evidente. -He investigado a todos en el campamento, he estado al pendiente… nadie aquí tiene nada… y confió en cada uno de ellos. Este estúpido es el que no sabe buscar afuera-
-Jovencita, yo tendría mas cuidado- dijo el señor D con tranquilidad, lanzando una mirada de advertencia en su dirección -Recordemos que no es el único, y algunos de esos "estúpidos" son muy quisquillosos en cómo se les trata-
-Lo lamento, era hacia ese renacuajo- dijo Thalía señalándome.
-Si crees que no hice bien mi trabajo, hazlo tu- dije bajando las cartas y ocultándolas - Estuve en todos lados y con todos mis contactos fue una negativa-
-Si me dieran permiso, yo los traería de regreso- salto Thalía lanzándome una mirada de esas que matan. -Saldré de inmediato junto con Luke y Annabeth…-
-Típico - Dijo el señor D. -Así es cómo resultan muertos usualmente. Joven, ¿Vas a pujar o no? -
Puje y el señor D también.
-Me temo que hay poco tiempo- Quirón dijo -Es mejor un par de segundos ojos y oídos aquí, mientras el resto busca fuera. Temo que tendremos que esperar a …-
-Silencio Quirón- dijo el señor D sonriendo un poco por sus cartas.
Thalía y yo quedamos expectantes.
-Eso es información olímpica… no metan sus manos mortales en esto- dijo el señor D para luego saltar y gritar -¡OH, un matrimonio real! ¡Truco! ¡Truco! - Él cacareó llevando la cuenta de sus puntos con felicidad.
-Entonces… esperan algo mas que solo una segunda búsqueda en el campamento- indague para mi mismo en voz alta.
-Joven- Dijo el señor D con voz cantarina-Realmente sería menos fastidioso no tenerte aquí… pero igual aun no hay resultados. Y debemos tener alguno para el solsticio-
-Exacto- dijo Quirón mirando el cielo -Este permiso temporal es suficiente para poner tención en todos, tú debes hacerlo rápido y sin levantar sospechas en nadie-
Mi corazón golpeaba con fuerza contra mi pecho. Él estaba tratando de enojarme por alguna razón, pero yo no se lo iba a permitir.
-Bien, si quieren esto rápido necesito…-
- ¿Necesitas? -pregunto el señor D mirándome y bajando su carta -Solo serás un campista más, abre los ojos, escucha todo y no molestes a nadie. Si sospechas algo, Thalía será la que se encargará. -
La mire, sonrió con malicia detrás de sus cartas. Ahora entendía, detrás de todo ello estaba la mano de su papá inmortal. Me quitarían el crédito por la información seguramente e incluso si la recuperaba Thalía se llevaría el premio gordo.
-Entiendo, pero quiero dejar claro algo- dije mientras jugaba mi carta - Yo le pasare la información, pero si ella lo arruina… no me hare responsable de nada-
-No te creas tan importante Jackson- dijo Thalía moviendo su mano hacia mí, sonaba a electricidad y chispazos. Por un segundo me vi lanzado de espaldas chamuscado.
El señor D sostuvo la mano de Thalía a tiempo y le miro, mientras con la otra agitaba y una copa apareció sobre la mesa, como si la luz del sol se hubiera doblado, momentáneamente, y tejido en el aire se transformó en un vaso. La copa se llenó con vino tinto.
-Señor D- Le advirtió - Sus restricciones -
El señor D soltó a Thalía, que pálida le miraba, el señor D abrió la boca sin saber que decir, miró el vino y fingió sorpresa.
-OH- Él miró al cielo y gritó. - ¡Viejos hábitos! ¡Lo siento! -
Más truenos.
El señor D agitó su mano otra vez, y la copa se transformó en una lata fresca de Coca de dieta. Él suspiró infelizmente, abriendo la parte superior de la lata de soda, y regresó a su juego de cartas.
Era de conocimiento publico que el señor D ofendió a su padre hacia un tiempo, y que persiguió a una Ninfa prohibida en los bosques, y desde entonces le negaron el vino o cualquier sustancia alcohólica. Cosa mala para el señor del vino.
-Padre se pone más dramático con cada día- confeso el señor D -A nuestro padre le gusta castigarme. La primera vez ¡Absolutamente diez horrorosos años! La segunda vez… ella en realidad era bonita, y no pude mantenerme lejos, él me envió aquí. La Colina de Media Sangre. Campamento de verano para pequeños diablillos como ustedes. "Sea una mejor influencia" me dijo. "Trabaje con jóvenes en vez de enterrarlos". Absolutamente injusto o ¿No Thalía? -
-Si señor- dijo Thalía un poco asustada por su anterior intervención.
-Deberías visitarlo más seguido, padre seguro se pondrá alegre al verte Thalía-murmuro el señor D y miro al cielo -De paso dile que hago un buen trabajo y que soy un buen hermano- sonó como un hermano cómplice que incita a otro ha hacer algo malo.
Así era, Thalía y el señor D venían del mismo dios, Zeus, el señor de los dramas, los truenos y el señor "Bájate de mí nube o te arrojo mi rayo". Aunque claro que no compartían parentesco sanguíneo. Los dioses pueden procrear semidioses, como Thalía o yo, o dioses directos, como el señor D, pero ninguno comparte relación sanguínea. Es como si el ADN no existiera o solo fuera una forma para continuar procreando sin problema alguno.
Me dijeron que lo entendería de grande y aun tengo muchos problemas con ello.
-Mejor no- deje salir sin darme cuenta -Tal vez provoque que se pierdan mas cosas-
-¡CIERRA LA BOCA IMBECIL!- Salto Thalía arrojando las cartas de todos por la mesa.
El señor D dio dos palmadas a la mesa que sonaron a una explosión, al momento se levantó y nos miró a ambos. Un tipo de fuego purpúreo estaba en sus ojos, un indicio que este hombre regordete sólo mostraba el pedacito más diminuto de su verdadera naturaleza. Aparecieron visiones de vides ahogando incrédulos hasta morir, guerreros borrachos dementes con deseos de batalla, marineros gritar mientras sus manos se volvían aletas, sus caras expandiendo en hocicos de delfín. Supe que si se enojaba plantaría una enfermedad en mi cerebro que me dejaría llevando una camisa de fuerza en un cuarto de hule para el resto de mi vida.
-Ustedes niños, siempre peleando por cosas, siempre pensando en ustedes- dijo el señor D, cosa que le quedaba mas a el que a nosotros - ¿Les gustaría probarme? - murmuro quedamente, el fuego murió un poco. Se devolvió a su juego de cartas y con un solo movimiento arreglo todo -Creo que gano. -
-No del todo, señor D - Dijo Quirón, bajando una mano bastante buena- llevo 30 puntos y gano… o tienen algo mejor chicos-
-Nada- soltó Thalía, dejándose caer en su asiento mirándome como si fuera su peor enemigo.
Bajé una corrida, la cuenta que llevaba era de cuarenta y ganaba el juego, pero no dije nada.
-Sorprendente Percy- dijo Quirón sonriendo. - Me has ganado-
Al señor D y Thalía se les movió un parpado, al tiempo que apretaron las mandíbulas. Pensé señor D se enojaría, pero él simplemente suspiró a través de su nariz, como si él estuviera acostumbrado a ser derrotado en cartas. Se levantó, y Thalía se levantó, también.
-Iré a descansar. Amelia a tus actividades, Pedro…-El Señor D se giró hacia mí. - Ninguna cabaña te ha dado asilo, la cabaña once donde solemos poner a los viajeros y recién ingresados ha declinado, así que te colocaremos en la playa. Tendrás acceso a todo, pero… Percy Jackson cuida tus modales."
Basto un momento en que los tres apartamos la vista y en un destello de oro desapareció. Thalía por otro lado ya bajaba la colina echando pestes de mí, que a distancia se escuchaba.
Mire a Quirón -Yo no empujare tu silla-
Quirón sonrió. Y en ese entonces él se levantó de su silla de ruedas, su manta cayó de sus piernas, pero las piernas no se movieron. Su cintura seguía alargándose, alzándose sobre su cinturón; era el frente de un animal, músculo y tendón debajo de pelaje blanco grueso. Y la silla de ruedas no era una silla. Era una especie de envase, una enorme caja sobre ruedas, y debía de ser mágica, porque no hay forma de que pudiera almacenarlo por completo a él. Una pierna salió afuera, larga y de rodilla nudoso, con una enorme pezuña pulida. Luego otra pierna delantera, luego cuartos traseros, y entonces la caja quedó vacía, nada excepto una concha de metal con un par de falsas piernas humanas pegadas.
Clavé los ojos al caballo que acababa de salir de la silla de ruedas: Un enorme semental blanco, pero dónde su cuello debería estar estaba el cuerpo superior de mi profesor de latín, suavemente unido al tronco de caballo.
-Trotare- dijo el centauro -Había sido enjaulado allí dentro tanto tiempo, mis espolones se habían quedado dormidos. Ahora, Percy vamos a ver el lugar-
Descendimos la colina, fue agradable el clima, un aire veraniego agitaba las copas de los árboles, el pasto y arboles daban un verde muy vivo. Me mantenía en cabeza de Quirón, hacia mucho que aprendí que las patas traseras de los caballos son mas peligrosas que las delanteras; si un caballo se asunta de algo delante tiende a levantarse en las traseras y agitar las delanteras, al contrario de atrás que da una patada que terminas en el tiempo de Apolo con un brazo roto y comiendo papillas. Lo lamentaba por Quirón, pero yo no confiaba en su parte trasera ni, aunque me pagaran.
Pasamos por la cancha de Voleibol, donde varios campistas giraron su rostro a verme sin importarles el punto que anoto el equipo contrario. El paisaje era hermoso, pero las miradas de asombro y desprecio fueron grandes. El equipo que anoto ni lo celebro, solo se dieron un codazo y se dijeron "Ese es" mientras sus miradas emparejaban a sus adversarios.
La mayoría debía de tener entre 12 y 17 años, no veía alguno de 18, tal vez porque cumplidos la mayoría podían salir más al ser adultos. O yo que se, tal vez sus padres olímpicos les aseguraban un puesto seguro en el gobierno. Si, tengo pruebas y nada de dudas de que ha pasado.
Vi incluso sátiros, mucho mas grandes que Grover, todos ellos trotando con camisas naranjas y en letras oscuras "Campamento media sangre". Me sorprendí de que la mayoría no ocultara sus cuartos traseros, o sus cuernos que se enroscaban en su cabeza. Incluso uno que bien podría ser el primo débil del Minotauro, tenía músculos a lo bruto.
Tímido no soy, pero la forma en que sus miradas me miraban con desprecio, aquella actitud de quedarse quietos y desafiantes cuanto pasaba, era algo que me estaba sacando de quicio. Unos buenos golpes les quitarían esas caras de idiotas, y yo estaba dispuesto a hacerles el favor.
Mire un edificio de cuatro pisos de altura, pintado de azul y que parecía una granja, solo que el letrero decía "Casa grande". Me pregunte si Quirón, tendría una casa chica, con la vida de los dioses y seres míticos, hasta dos me dije en una leve risa. Estaba atento a una veleta, una guila de bronce que giraba con el viento, cuando una sombra paso por la ventana superior, moviendo la cortina y dando un destello verde.
- ¿Fantasmas en el ático? - pregunte a Quirón.
El miro a donde yo observaba y negó con una sonrisa baja. -No exactamente-
-Se exorcizar… por si lo necesitas, no cobro mucho- dije por pura inercia.
Si hay un trabajo que hacer, lo puedo hacer… pero cobra por ello. Ganancia son ganancias mis amigos, mas cuando estas atado a unos jefes que no pagan ni para una botanita.
El negó y continúo caminando, para no quedarme viendo su trasero avance a trote hasta volver a estar delante. Cosa que le pareció curiosa pero no el aclare porque, no deseaba mas enemigos en el campamento.
Caminamos a través de los campos de fresas, donde los campistas estaban recogiendo sacos de bayas, mientras que un sátiro interpretaba una melodía en una flauta de caña, observaba crecer una fresa desde la flor hasta que estaba madura en menos de dos minutos. El mismo sátiro cambio su tonada de flauta. Su música fue causando que líneas de bichos dejaran el campo de fresas en todas direcciones, como los refugiados que huyen de un incendio.
-La cosecha es muy importante, paga nuestros gastos- dijo Quirón mientras pasábamos de un costado. - Los exportamos a Nueva York y el Monte Olimpo, son exquisitos. Crecen y saben de lo mejor con el Sr. D aquí presente, tiene es efecto en plantas con frutos: ellas crecen como locos cuando él pasa cerca. Sería mejor con uvas, pero por su restricción el Sr. D se limitó al cultivo de fresas. –
-Haaa, ¿Tampoco les pagan a ustedes? - pregunte sin darme cuenta- Si que son codos-
Un trueno retumbo y todos alzaron la vista.
-Percy…-
-Él se pone así, aunque no diga nada- dije señalando el cielo sin miedo y mirando el campo de fresas.
Una chica se levanto de la nada a unos metros, era una chica cerca de mi edad, su cabello era café oscuro, sus ojos verdes, nariz pequeña, además de tener los labios rojos con marcas de haber comido alguna fresa. Lo que más me llamo la atención fue su overol y estaba cubierta de tierra.
-Hola Katie, el es Percy, es nuevo en el campamento- dijo Quirón, pero la chica no pareció impresionada ni sonrió. - Percy ella es Katie Gardner es la líder de la cabaña de Deméter. Espero puedas ayudar a Percy con cualquier duda o pregunta sobre el campamento-
Me miro como un bicho que amenazaba las fresas y luego giro a ver a Quirón.
-El campo necesita más protección, la cabaña de Ares una vez mas se comió gran parte de la cosecha de ayer- dijo Katie con un tono amigable para Quirón, mas se notaba incomoda hacia a mí.
-O si es un gusto conocerte también, me alegra que la hija de Deméter sea tan buena como su madre, por cierto… te manda saludos- dije pues aquello me parecía inaudito.
Quirón hizo de la vista gorda, y se puso a ver las fresas que Katie le entregaba en una cesta. Me observo otra vez, mas de cerca. ¿Por qué demonios no había estirado aun? Me pregunte al notar que sus ojos quedaban encima de los míos por muy poco.
-Sígueme y no te pierdas- murmuro con su voz hermosa y dulce, aunque su rostro y tono demostraba el coraje y repulsión que me tenía.
Mire a Quirón quien suspiro apartando la mirada y señalo -Adelante, ve con ella-
No estaba alegre por seguir a la chica, mas no me quedo de otra, la sigue caminando entre los campos de fresa, por un sendero que nos llevaba por el bosque. Conforme nos acercamos, me di cuenta de lo grande que era el bosque. Ocupaba al menos una cuarta parte del valle, con árboles tan altos y gruesos, podrías imaginar que nadie había estado allí desde los nativos americanos.
Katie sin voltear dijo -Los bosques están llenos, si es que quieres probar suerte adéntrate… solo avisa para hacer tu mortaja-
-Tuvieran tanta suerte- murmure con las manos en los bolsillos.
-¿Suerte? Fue la que tu tuviste frente a lo de ayer- dijo Katie apresurando el paso -Casi mueres-
-No seria la primera vez que me pasa- dije con naturalidad, era cierto.
Podía contar otras tres veces donde estuve al borde de la muerte, mas no los quiero aburrir, así que continuemos.
-Bueno, el viernes por la noche haremos una captura a la bandera… ahí puedes probar tu suerte de verdad- dijo Katie girando y dando una sonrisa, un poco maliciosa, pero sonrisa.
-Que linda, así si gustas- dije solo para molestarla, funciono giro su cara, pero veía sus orejas rojas.
-¿Tienes tu propia espada y escudo?- pregunto intentando disimular la voz.
-Denme un roble y un garrote- dije mirando hacia arriba interesado por la altura de aquellas majestuosidades- Se me defender hasta con sartén-
-Engreído, ve a visitar el arsenal mas tarde- gruño Katie apretando los puños.
-No menosprecies los sartenes, son armas mortales-
Aquello también era cierto, pues mas de una vez había encontrado con historias sobre algunos antiguos héroes acabando malos a sartenazos. Pero aquello no quedaba bien en una historia, "Desenvaino su sartén y dando un golpe mortal, atravesó su cráneo hasta dejarlo en miles de pedacitos". No, en definitiva, no.
Había muchas otras cosas que quería preguntarle, pero al notar que caminaba más rápido y no comento más supe que no era momento. Sabía de interrogatorios y esa chica estaba muy cerrada. Por lo que solo continuamos, vimos el campo de tiro con arco, el lago de canotaje, los establos (en los cuales Katie paso saludando a todos con amabilidad), el campo de tiro de jabalina, el anfiteatro de canto y el escenario donde se escuchaban golpes metálicos y gritos de batalla.
- ¿Combates de espada y lanza? - Le pregunté.
- Depende, los retos de la cabaña deciden las reglas, pero por lo general se escoge el que vaya mejor a fin de cada contendiente- explicó -OH, sí, y hay un comedor del cuartel, en aquella dirección-
Señaló un pabellón al aire libre enmarcado en columnas griegas blancas sobre una colina con vistas al mar. Había una docena de mesas de picnic de piedra. Sin techo. Sin paredes.
- ¿Aquí nunca llueve o solo levantan encantamientos? - Le pregunté.
- ¿Encantamientos? - pregunto girándose sorprendida y viéndome - ¿Sabes de ellos? -
- No soy un experto, pero conozco a una hija de Hécate- mencione alzando los hombros.
Su mirada ya no era de enojo, era más de curiosidad, abrió la boca y un momento después el cerro de nuevo. Para continuar caminando hasta llegar a las cabañas que se miraban desde la colina. Había doce de ellas, ubicadas en el bosque junto al lago. Estaban dispuestas en U, con dos en la base y cinco en una fila a cada lado. Cada una tenía un número grande de bronce por encima de la puerta (impares en el lado izquierdo, pares a la derecha), no se veían para nada iguales.
El número nueve tenía chimeneas, como una fábrica diminuta. - Hefesto- murmure.
El número cuatro tenía enredaderas de tomate en las paredes y un techo de césped real. – Es tu cabaña, Deméter- continue ella asintió con una leve sonrisa.
La siete parecía estar hecha de oro macizo, que brillaba tanto a la luz del sol que era casi imposible de ver. -Apolo sí que sabe cómo sacar provecho al oro-
-Esa cosa molesta mas de lo que sirve- gruño Katie para luego decir -Es mucha luz para nuestra cabaña-
Me percataba que se empezaba a abrir, y eso era mi misión buscar y saber si alguien dentro tenia pistas sobre el robo. Mas si presionaba el pequeño avance se iría a la basura y no era lo mejor.
Me enfoque mejor en el área común, del tamaño de un campo de fútbol, salpicada de estatuas griegas, fuentes, flores, y un par de aros de baloncesto.
En el centro del campo había una gran piedra revestida con una hoguera. A pesar de que se trataba de una tarde calurosa, ardía con fuerza y alzaba unos metros en alto. Una chica pelirroja estaba cuidando el fuego, jugueteando con las llamas, como si estas fueran sus amigas.
La reconocí de inmediato, mi sonrisa fue bastante para hacer que Katie me mirara con asombro. Estaba por preguntar algo, cuando me adelanté a ella, fui directo a la hoguera. La chica me vio y agito la mano y la cabeza. Pero yo no estaba dispuesto a despreciar una oportunidad.
- ¿Qué haces? ¿Estas chiflado o algo así? – pregunto Katie girando a todos lados.
Pero yo ya estaba inclinándome de inmediato, mi dolor en el cuello y mi pierna regresaron de golpe. Pero me quede con la mirada baja.
-Saludo a mi señora Hestia, y le agradezco sus bondades recibidas- dije mientras ella me acariciaba la mejilla.
-Levanta Percy, todos te ven- se rio haciendo que la hoguera chisporroteara más. -Sabes bien que conmigo nada de esto es necesario, ¿Cuánto más te lo diré? -
Se levanto dando un leve gemido y sosteniéndose la herida en el cuello, pero con una sonrisa.
-Hasta el día en que pague todo lo que le debo- dije sin atreverme a ver sus ojos, pues estaba seguro de que tenia esa mirada e reproche que no soportaba.
Tomo mi mejilla y alzo mi rostro.
-Ya no se puede hacer otra cosa, ya lo has hecho- dijo Hestia besando mi frente y sonriendo mucho -Percy aquí encontraras tu destino, aquí …- acaricio mi mejilla y sonrió -… esta tu hogar-
