Una mirada de oro conecto con la plata antes de que una breve risa escapase de la mujer de ojos plata.

Pequeño. La sensación de su cuerpo fue como si fuese diminuto. Dos manos se alzaron ante sus ojos, manos regordetas que estaban moviéndose a duras penas frente a él.

―Ah, mi bebé…mi… ―la voz de la mujer que lo sujetó en brazos se cortó cuando iba a decir el nombre, fue espontaneo como paso de la voz dulce a ese tono distorsionado.

Archer miró a la mujer frente a él, cabello rojo con ojos plata. Era raro para él ¿No había sido llamado por Alaya una vez más?

¿Por qué esa mujer lo miraba con tanta felicidad y esa sonrisa enorme? La mujer estaba feliz, tanto que Archer no comprendió, no, no era que no comprendiese, era que no había logrado entender su situación actual.

Estaba en el cuerpo de un niño, un niño que la mujer llamaba con tanto cariño, con tana felicidad. El sonido de la puerta de la habitación se abrió. Emiya quiso girar el cuello, no pudo. Los pasos siguieron hasta estar frente a él. Una risa jovial, un olor a perfume caro inundó su nariz.

Una mano enorme se acercó al cuerpo de Emiya, cuando el hombre cargó al bebé vio el rostro. Una expresión tranquila, inocente y con confusión, la baba colgando ligeramente de la comisura de la boca del pequeño, ojos dorados y el cabello castaño rojizo fueron examinados bajo una luz de ojos azules. El hombre se rio antes de abrazar al pequeño con cuidado.

Internamente Emiya estaba indiferente ¿Qué era aquello? ¿Por qué estaba en esta situación? ¿Por qué lo abrazaba con tanto afecto? Emiya lo sabía, no había hecho nada para que aquellas dos personas le sonrieran tan abiertamente y le mostraran tal cariño.

Probablemente esperaban algo de él. Le tomó unos instantes a Emiya procesar que estaba en aquel cuerpo, era raro, todo era demasiado raro, los "adultos" a su alrededor solo eran niños a sus ojos, tontos que estaban feliz sujetando a un ser frágil que podría morir en cualquier momento, aquello para que al final, solo quedara odio y tristeza.

Algo tan inútil fue dado hacia su persona. Emiya sabía, que si su cuerpo pudiera responder como quisiera, hubiera suspirado y la mirada que iba a estar dando iba a ser distinta a la que estaban viendo los dos adultos sonrientes.

Charlas amenas y palabras dulces solo ensuciaron sus oídos antes de que el sueño llamase a su cuerpo, limitado en el sentido de que era un niño, pero no importaba, cuando despierte probablemente Alya iba a estar sobre él, tomando alguna forma antes de intentar lo máximo estar junto a él para que no se fuera.

Una sonrisa se extendió en los labios del bebé, los padres fueron felices, pero la razón de las sonrisas fue todo ajeno a lo que se referían los dos adultos que miraban al pequeño con alegría. Emiya se reía por el hecho de que había veces que no podía tomar a algo que todos catalogaban como "inconsciente" a Alaya. Una entidad rara y amena cuando quería.

Pero a lo que sería un ángel para muchos, solo era el demonio que lo atormentaba por el resto de toda existencia.

Dos años, esa era la cantidad de tiempo que Emiya había estado presente frente a esa pareja que le sonreía con tanta felicidad, descubrió que tenía una hermana mayor.

No le interesaba.

―¡…! ―la voz de su "madre sonó con alegría mientras que iba a donde estaba el pequeño pelirrojo, los ojos dorados de Emiya se movieron viendo el rostro de su madre, la mujer no dudó y abrazó con fuerza al pequeño y le dio un beso en la frente. Emiya no reaccionó, no dijo nada, solo se quedó quieto y cuando la mujer lo bajó una vez más el pelirrojo llevó una mano a donde estaba su frente.

―¡Hermano! ¡Vamos a jugar! ¡Mamá! ¡Mamá! ¡¿…Puede jugar conmigo?! ―Emiya miró una vez más a su hermana, tenía alrededor de siete años, estaba feliz de su hermano a su lado.

Le molestaba que no podía escuchar su nombre, nunca pudo escucharlo.

Una cosa que se dio cuenta era el hecho de que no vivía en japón, vivía en Europa, Emiya también notó como su "Padre" tenía potencial mágico, pero solo eso, era obvio que el hombre no era parte del mundo iluminado por la luna.

Penoso.

―Acaba de despertarse ¿Por qué no esperas un poco más? ―la mujer le volvió a sonreír a Emiya, el hombre quiso mover su cara y mostrar el desagrado, pero no lo hizo, solo inclinó la cabeza y miró a la mujer.

La mujer solo vio dos ojos dorados inocentes que la miraban en busca de una respuesta. Caminó y le revolvió el cabello al niño. Vio como su hijo cerró unos de sus ojos y la miró como si esperase una respuesta.

Agachándose, el largo cabello de la mujer tocó el suelo cuando se puso en cuclillas, tenía una falda larga simple color marrón y una blusa beige.

―Que te parece si después de que desayunes y juegues un poco vamos por un helado para que me ayudes un poco en la cocina ―le guiño un ojo al niño antes de ver como el rostro de confusión que mostró fue remplazado por un pequeño brillo en sus ojos. Era la primera vez que lo veía tan emocionado.

Emiya no esperó mucho, dos años de interactuar con su "Familia" le hizo conocer algunas cosas. Su padre trabajaba, pero siempre estaba de tarde en casa, su madre tenía un trabajo a distancia, por lo cual solo trabaja desde casa de tarde, su hermana era molesta y al parecer mala académicamente.

Era demasiado normal, tan normal que no entendió nada, la situación era tan burda que parecía que solo estaba soñando.

¿Por qué eran tan amables con él?

Al pasar el día cuando la palabra "cocina" llegó a sus oídos, se emocionó, pero al final, solo terminó en la silla de la cocina son una manzana en su mano, ni siquiera se iba a usar en primer lugar, solo era su "madre" cocinando y tarareando frente a él.

Pasaron los minutos, minutos que casi llegó a una hora. Fue raro, Emiya solo miró a la mujer cocinando, tal fue su concentración que no se dio cuenta cuando el plato fue puesto delante suyo. La mujer le sonrió y se sentó a su lado al instante, su "hermana" también estaba en la mesa.

―Vamos, abre la boca.

Emiya quiso rechazar, tirar la cuchara por algo tan ofensivo, pero no lo hizo, se dejó y abrió la boca y comió.

Fue raro, hasta ahora no había comido la comida cacera de su "madre" por lo cual, le fue raro el sabor, no sabía a nada, tampoco fue bueno, no cuando él podía hacerlo mejor. Emiya miró el plato con la cuchara.

No escuchó cuando la mujer le llamó con preocupación o la pregunta de si se había quemado. ¿Por qué le habían preguntado algo tan inútil?

Oh. Emiya vio algo caer en su regazo, su cara no cambió de expresión, pero sus ojos estaban lloraros, de hecho, las lágrimas caían de los ojos de Emiya antes de que supiera por qué. ¿Era por la edad de su cuerpo que reaccionó ante algo tan estúpido? Internamente Emiya no podía comprender porque su cuerpo reaccionaba así.

La mujer le tomó la mejilla al chico, la mirada de preocupación que le dio confundió a Emiya ante el tacto y la forma en la que mostró su preocupación.

¿Por qué? ¿Por qué siempre le miraba así cuando algo le pasaba? ¿Por qué se preocupaba tanto por él? Emiya no entendió porque aquella comida tan mundana, una sopa de patatas, fue lo más delicioso que había comida en toda su existencia.

Un año más.

Los aplausos junto con la emoción de los presentes hicieron a Emiya sentirse incomodo.

Estaban festejando su cumpleaños.

La felicidad en la cara de sus padres, la alegría y energía de hermana que lo abrazaba con tanta felicidad. Todo eso fue algo tan ajeno que se sintió fuera de lugar. Solo podía disimular y sonreír, inventar palabras simples de agradecimiento y sonrisas que confortaban a todos. La emoción de todos por algo como la fecha en la que nació fue algo que nunca pensó en que importase.

No era como si hubiera conocido su fecha de cumpleaños de todos modos.

La música infantil sonó mientras que Emiya vio a las personas a su alrededor, la mayoría eran invitados adultos, pero podía ver a los niños del jardín de infantes en el cual iba. Las risas y aplausos, los llantos de los bebés al tropezarse y la risa alegre de estos le hicieron empezar a sentirse mal.

Tanta alegría, tanta felicidad, todo por algo tan insignificante.

Como lo era él.

Su nombre fue gritado de fondo, Archer miró a su izquierda, su madre venía caminando. La mujer portaba un vestido simple de color blanco atado en la cintura por un cinturón de tela negro. Cuando la mujer estuvo frente a Archer, extendió sus manos y le mostró una pequeña caja.

Archer inclinó la cabeza y la tomó.

Lápices de colores.

El niño alzó una ceja. Había muchos regalos que le dieron que eran mucho más caros, entonces. ¿Por qué algo tan tonto como esto fue dado? Quizá la marca fuese cara, pero no era importante.

―Te vi la última vez viéndolos fijamente, nunca pides nada a pesar de ser un niño, me alegra que al menos vieras esto ―Archer miró la cubierta de la caja.

Una espada dorada siendo pintada por los lápices, la única razón por la cual miró aquella imagen era porque le recordó a la espada de la victoria. No había ningún apego, no había ningún significado extra.

Nada, era algo tan insignificante aquella muestra de "afecto" por un regalo tan mediocre…pero igual sonrió con felicidad y miró a la mujer que le dio la caja.

Una cortina de mentira.

Un pequeño latido fue dado dentro de su pecho cuando tomó y "abrazó" la caja. La sonrisa de la mujer frente a él fue enorme antes de agacharse y abrazar a Archer. Archer inclinó la cabeza hacia un lado intentando sabre porque tuvo esa reacción.

Feliz. La mujer estuvo feliz de ver como su hijo reaccionaba a un regalo tan simple. La alegría de poder haber encontrado algo que le gustase hizo que la mujer abrazara con fuerza al niño. Ella lo sintió, como al principió intentó revolverse o salir de su agarre. Pero al final decidió quedarse y darle el abrazo de vuelta.

Un niño tan raro, pero ella lo amaba con todo su ser, con todo lo que podía darle, ella amaba a su precioso hijo.

Los años pasaban. Archer se había acostumbrado por completo a su nueva vida. Padres atentos y amorosos, una hermana molesta pero que le recordaba siempre cuando le quería, una familia unida, una vida sana en la escuela la cual empezó asistir.

Había descubierto que había parte de descendencia japonesa también en él, curioso la verdad, sus abuelos eran parte de eso, pero habían venido a vivir en Europa.

Archer pudo decirlo cuando se vio en el espejo en cada mañana en este último año.

Había estado sonriendo con felicidad y un sentimiento de alegría tal que pareciese que no era verdadero. Archer pensó que todo era un sueño, que en cualquier momento iba a despertar, que estaría en la colina de espadas una vez más, muriendo solo y matando solo. Era por eso que no se molestó en tomar como verdadera la sensación que podría llegar a tener. Todo iba a terminar en algún momento, la vida tranquila, la hermana molesta, la familia que lo quería.

No había porque sentirse diferente, después de todo iba a estar solo.

Hasta el final de los tiempos.

El niño de cabello rojo vio a su alrededor, una fotografía familiar grande estaba colgada en el centro de la sala, todo parecía irreal, que no podía ser de verdad, pero ahí estaba al final.

Gozando con una familia que lo…quería…

La palabra fue difícil de digerir para la mente de Archer, el querer implicaba el tener que sacrificar algo, el que algo debía ser puesto de por medio para que ese "querer" se cumpla. Más solo vio la felicidad en el rostro de sus padres cada día, cada momento cada segundo que pasaba con su "familia"

Se sentía como un verdadero niño. Mirando una ultima vez la fotografía, Archer vio la sonrisa enorme en el rostro de su madre.

Sonrisa…

Las piernas de Archer flaquearon cuando el recuerdo de todo lo que vivió como "Shirou Emiya" llegó a su mente. Casi un grito ahogado salió de su boca, las piernas le temblaron y cayó al suelo poco después. La respiración del niño se volvió frenética mientras que vislumbró una única cosa en su mente.

La enorme sonrisa de Kiritsugu cuando le sacó de aquel infierno. Las llamas bailando alrededor del hombre que le tendió la mano entre aquel infierno.

No, no, no…

Archer caminó tropezándose con los alrededores, chocó contra una mesa y tiró un florero al suelo. La cerámica se rompió y dejó que el agua que contenía se esparza, más no le importó a Archer.

El no era Emiya, el no era Shirou, él no era nada de aquel ser aberrante que solo estaba maldito con un único propósito.

Nacer y morir como un héroe. Archer empezó a negar con la cabeza de manera frenética, él no era eso, el no era Shirou, no, ni siquiera Shirou era su nombre, no tenía nada que ver con aquel suicida. Archer miró sus manos, manos blancas sin rasguños o signos de entrenamiento.

Estaba mejor así, estaba mucho mejor sin aquellas marcas que solo resaltarían más adelante su fracaso.

Por que a pesar de saber lo hermosa que era aquella sonrisa, no le interesó aquello, no era algo lo cual importase para su persona. No debía ser algo que perseguir o pensar.

Mucho menos imitar.

Una cena más.

El octavo cumpleaños llegó para Archer, la música volvió a repetirse, las risas, los mismos rostros, las mismas miradas, todo fue lo mismo que siempre, lo mismo que conocía desde el momento en que abrió los ojos en aquel mundo. El tiempo en que pudo empezar a disfrutar de la vida.

Confianza, algo como eso no era algo lo cual Archer pudiera dar, no, no es que no pudiera darla, es simplemente que ya no la tenía, incluso cuando estaba frente a su "familia". Un sentimiento le llenó el pecho al niño, llevando una mano a su pecho el joven sintió como algo le llenaba su interior para luego una sonrisa se extendiese en su rostro.

Algo tan mundano como una familia le hizo sonreír de verdad. Amigos que en un principio trató como molestias, no solo por el hecho de que eran niños, ahora eran personas que podía decir que eran de verdad algo lo cual podía aceptar cerca suyo.

Acostumbrarse. Lo que fue un niño solitario sentado en una esquina, ahora era un joven que podía sonreír y hablar con los otros niños.

Felicidad, Archer sabía que en cualquier momento todo aquello iba a terminar, que algún día Alaya iba a tomar su mano y a llevarlo a su lado.

Donde siempre iba a pertenecer.

Pero no importaba ahora, Archer intentó aprender y mostrar alegría, pudo decir con sus propias palabras que estaba siendo feliz de verdad, o al menos Archer sabía que estaba cumpliendo la definición que las personas ponían como felicidad, no había gente que le buscase para algo, no había asesinos, no había gente mala a su alrededor. Una vida utópica para un niño. Amor, cuidado y una vida con comodidades, todo era algo lo cual no pudo comprender.

Cuando comía no comía solo, cuando dormía, su hermana a veces aún pasaba y dormía a su lado, su familia lo quería.

Alguien lo quería a él, alguien consideró su vida, sus sentimientos, cada emoción, cada acción que realizaba no debía darse para un fin.

Solo debía disfrutar de la vida misma con tanta felicidad como pudiera.

Una mano se posó en la mejilla de Archer, los ojos del niño se iluminaron. La mujer que había estado llamado madre estaba acariciando su mejilla con cuidado mientras que le sonría con tanto afecto como podía demostrar. Los ojos dorados de lo que fue en su momento Shirou Emiya brillaron ante la vista casi divina de la mujer que le sonreía con tanta felicidad.

¿No era esa una sonrisa mucho más fácil de conseguir? Una sonrisa dedicada a los seres queridos, una sonrisa igual de bella que la que le mostró aquel hombre roto cuando le sacó de aquel fango de muerte.

―¿Ah? Nuestro querido niño está llorando, que raro ―la madre movió un dedo y le limpió la pequeña lágrima que cayó de la mejilla del niño. Archer no lo creyó.

¿Llorar? ¿Él? No, solo fue algo que debió pasar de momento. Los brazos de la mujer envolvieron su cuerpo haciendo que esta la arrulle y le susurre que todo estaba bien. Archer quería decir algo, que nada estaba bien, que las cosas no estaban bien, que nada debía estar bien ahora. Lágrimas empezaron a salir con más frecuencia.

¿Era porque su cuerpo era el de un niño? Archer no reconoció su voz llorosa o su llanto que trajo la atención de todos.

Solo se concentró en las palabras de consuelo que le daban, que le hacina saber que todo estaba bien, que todo estaba bien ahora.

Que no estaba solo.

Pero lloraba porque sabía que no era así.

Un par de meses después Archer escuchó como iban a hacer un viaje, eran vacaciones, por lo cual no había problemas para el horario de nadie. La curiosidad del Archer comenzó cuando escuchó que iban a japón de todos los lugares, fue raro, que unas vacaciones fueran a parar allí. Pero no preguntó nada, solo quería estar con aquellas personas…más tiempo…o al menos el tanto que sea posible. Si bien habían aprendido algo de japones por hablar con sus abuelos, no era algo cual su hermana se sentía orgullosa, pero por su lado no había problema.

Ojos inocentes miraron alrededor en búsqueda de algo, pero no hubo nada. El viaje fue tranquilo, tanto que le resultó hasta cierto punto reconfortante, Archer se había burlado de su hermana por como no había soportado el viaje. Le fue divertido como la niña no podía estar en su asiento sin tener delirios por el aburrimiento.

El vuelo le hizo sentirse bien, el poder viajar y ver por la ventana algo como un cielo tan limpio desde tan cerca. Hizo que la nostalgia le invadiera antelo que iba a ser su vida desde aquel punto. La paz era algo lo cual no podía evitar apreciar, en cada momento que podía Archer solo se sentaba y miraba a su alrededor, tal cantidad de personas que funcionaban tan bien, en el sentido de que podían vivir entre otras. Hizo que el corazón del niño palpite.

La humanidad no era solo una mancha que debía ser borrada.

Debía ser salvada.

Archer parpadeó cuando aquel pensamiento llegó a su mente, al instante el chico negó para sí mismo con la cabeza y se recostó en su asiento de espera. Hubo un ligero temblor en el cuerpo de Archer una vez que proceso el significado de aquellas palabras.

Ella estaba llamándolo.

―¡Mira! ―la mano de Archer fue jalada mientras que él y su hermana estaba paseando por un parque. No sabía nada de las vacaciones, pero se estaba divirtiendo de verdad con cosas que solo un niño disfrutaría.

―Apuntar está mal ―la voz de Archer sonó tranquila mientras que miraba su hermana.

―¡Cállate! Mira ese letrero, ese helado como está escrito ¿Shi? ¿Shir? ¿Shirou? ¡Es como tú! Rojo ―Archer alzó una ceja, pero ignoró aquel nombre dado por su hermana a un cartel de helados. Archer solo quería estar tranquilo y feliz, seguir como estaba y disfrutar como niño.

Además, el rojo no tenía nada que ver con Shirou, a lo mucho podía decir que era blanco, pero no entendía de donde sacó su hermana aquello.

Fue molesto como ella empezó a llamarlo como "Eres un Shirou". Archer lo dejó pasar, solo se dedicó a ser como un niño, de hecho, lo era en cuerpo.

¿Era por eso que pudo estar tan tranquilo jugando con su hermana?

―¡No se alejan mucho! ―la voz de la madre habló haciendo que los dos jóvenes asintieran. Los cuatro, como familia fueron a un parque de diversiones, todo fue casi como sacado de otro mundo, aquel pensamiento hizo que Archer se riera para sí mismo. Para él, que algo sea de otro mundo era frecuente, pero no era ese el sentimiento que le llegaba.

Las luces iluminando los juegos, los cantos, bailes, la música sonando de fondo, las personas riendo y corriendo.

Algo hizo que Archer se sintiera asqueado de la nada, el pensamiento de ¿Qué el había terminado con todo eso? Vino a su mente cuando vio a todos felices.

La vida de muchos por la supervivencia de muchos más.

Escenas de sangre y viseras llegaron a su cabeza haciendo que se quede quieto unos instantes.

Sangre por todos lados. Los puestos ya no estaban finamente cuidados, las personas ya no estaban riendo, todo estaba cubierto de sangre, personas llorando por sus seres queridos muertos. Aquello para terminar muriendo instantes después.

Su nombre fue llamado con fuerza. Los ojos de Archer recorriendo por todos lados en miedo. Todo estaba bien, gente riendo y los puestos bien puestos. Archer miró a su hermana que miraba con confusión su reacción.

Antes de que pudiera decir algo más el sonido de algo golpear las ramas a su lado sonó con fuerza. Ambos jóvenes caminaron hasta el banco que estaba al lado de sus padres, al parecer le ruido no fue lo suficientemente fuerte para que los demás pudieran escuchar.

Archer y su hermana caminaron hasta mirar detrás de los arbustos.

Los ojos de Archer se abrieron en horror y sudó frio al instante. El miedo llamó a su mente cuando vio aquella figura dorada en el suelo.

―¡Ah! ¡Qué bonito! ¡Mamá! ¡Papá! ¡Vengan vean esto! ―Archer se acercó casi en trance cuando tocó el metal de aquella vaina que estaba en el suelo.

No.

No…

No, no, no, no, no, no, no, no, no.

Archer miró la vaina para darse la vuelta viendo a su familia caminar hacia él, pero en aquel momento.

El mundo que estaba bañado por la luz de la luna en una noche hermosa.

Se iluminó de rojo cuando un halo se mostró en lo alto de la plaza.

Todos se giraron a verlo. Archer cayó de rodillas.

Si hubiera entrenado, si hubiera prestado atención…

Lo hubiera sentido.

Rojo tiñó el mundo cuando un mar de llamas llamó a la ciudad. La explosión mandó a volar cientos o miles de litros de algo parecido al fango. La fuerza de la explosión hizo que Archer volara hacia atrás y se golpeara contra un árbol. Intentó ponerse de pie y aterrizar en el aire.

Pero su cuerpo falló y solo golpeó un árbol antes de romperse el brazo.

Calor, fuego, un estallido de llamas cubrió todo lo que alcanzaba la vista borrosa de Archer. Gritos cambiaron a la música y suplicas con lamentos salieron de las anteriores canciones. Archer no se pudo mover hasta que pasó unos minutos. Su cuerpo empezó a curarse.

Era obvio que aquello pasaría.

Avalon estaba en su ser ahora.

Una risa hueca salió del niño antes de caminar hacia el frente, avanzando en búsqueda de su familia.

El fango negro parecía cubrir y quemar todo, pero lo dejaba pasar como si fuese tierra sólida. Aquella iluminación antes del infierno solo duró un par de segundos antes de que una porción del averno cayera frente a él. Archer una vez se acercó hacia donde estaban las atracciones y el parque.

Vio el halo rojo brillando en lo alto soltando más de aquel fango, todo eso mientras que las personas que antes estaban cantando, bailando y festejando estaban en el suelo suplicando y llorando. Los edificios alrededor también fueron afectados, todo fue espontaneo, como la vida pasó y la muerte llegó a para todos.

Una mano se posó en el tobillo de Archer, aquello casi hizo que se cayera en el fango. El fango que corrompía la mente del hombre y que hacía que todo mal saliese.

Archer lo sabía, conocía este evento.

Pero solo deseó vivir feliz.

La mano de su madre sujetando su tobillo hizo que Archer girase y viese a la mujer. Estaba herida, cortaduras por todos lados, las piernas giradas en puntos imposibles y su otro brazo estaba a unos metros de su lado.

El corazón del niño se rompió ante la persona que lo cuidó con tanto afecto, con tanto cariño, con tanta devoción ahora-

―¡Sálvame basura! ―los ojos de Archer se abrieron en horror.

Él lo sabía, las palabras salieron así por el fango que contaminó todo el ser de la mujer. El dolor de todas las heridas mientras que su piel se quemaba también podían ayudar para que la mujer actuase así. La mujer estaba siendo corrompida, Archer lo sabía.

¿Por qué le dolía entonces? ¿Por qué consideró sus palabras?

―…―no hubo respuesta de Archer, él mismo lo sabía. No había vuelta atrás para la mujer, no cuando la maldición ya caló hasta el fondo, y más siendo que estaba expuesta a algo tan puro como esto.

―¡Te cuidé toda tu inútil vida! ―un paso atrás fue dado por Archer cuando aquellas palabras salieron de la mujer.

Afecto, cariño, devoción. Aquello fue lo que supo que la mujer le presentó, y también que poco a poco él también empezó a dar. Amaba a su familia.

Su nombre salió de los labios de la mujer. Incluso ahora, incluso en este instante.

No pudo escuchar como se llamaba al final.

La fuerza en su tobillo se detuvo cuando la mujer murió con la expresión de odio puro dada al niño. Archer miró a la mujer. Ojos dorados brillaron unos instantes antes de apagarse. Archer podía sentir en su ser que había vivido esto antes.

No era la primera que su madre lo maldecía por no salvarla.

Mi bebé.

¿Por qué dolía? ¿Por qué ella no sonrió así cuando vio que él estaba vivo? ¿Por qué no pudo mantenerse? ¿No lo amaba? ¿No lo quería?

Egoísmo.

Los ojos de Shirou brillaron cuando entendió todo aquello. Miró al cielo y pudo ver al mundo reírse de él. No había nada, pero pudo escuchar una risa que le estaba dando el viento caliente del lugar.

Ahora todo tenía sentido, la emoción, la frustración, la sensación de pertenecer a un lugar, de sentir que era algo. Todo eso rodó en la única emoción que Archer, no, que Shirou Emiya había alcanzado a comprender en toda su existencia. El egoísmo humano.

Pasos fueron reanudados mientras que el niño comenzó a salir del lugar. Debía seguir caminando. Debía ignorar a todo aquel que le llamase, todo aquel que le pidiese algo. Nadie podía saberlo, pero no existía un humano que no fuese egoísta, la sonrisa más pura siempre era por la felicidad personal de algo.

Era por eso que no pudo catalogarse como humano nunca. Aquel que carece de aquello no puede serlo, pero aquel que lo tiene en exceso tampoco.

Y entonces los lamentos y quejidos de las personas pidiendo ayuda llegaron a los oídos de Archer mientras que seguía caminando hacia el frente. Debía seguir avanzando.

Ante el rastro de muertes detrás suyo solo podía murmurar como un mantra una palabra que nunca había usado con los humanos que mató para mantener todo en orden.

Un lo siento fue lo único que rompió todo el mar de lamentos y suplicas como si fuese algo lo cual no pudiese extenderse y solo se limitó a morir a un par de centímetros del niño.

Nadie sonrió cuando lo vio caminar vivo, nadie le dio la sonrisa que le motivaba a seguir. Solo un insulto de muchos fue el que lo dejó en aquel estado. Porque al final. La traición fue lo que llegó siempre a su vida. Ya sea con una muerte, palabras o acciones. Nunca tuvo a nadie en quien confiar al final.

El cuerpo de Archer colapsó cuando llegó a una piedra algo separada del fango. El único recuerdo que podía rescatar de todo esto fue de la última vez que vio a su hermana. "Eres Shirou" si Archer pudiera burlarse se burlaría.

Su nombre solo nació de una frase mal interpretada de un niño. Un pensamiento infantil al igual que lo era su existencia misma.

Pasos fueron escuchados mientras que el chico abrió uno de sus ojos con pesades.

Archer sabía quien era, sabía que significaba ver aquella sonrisa. Él no quería verla, no quería presenciarla, no quería que el hombre se acercara.

Lagrimas cayeron del rostro sin emoción del niño. Ojos sin vida fueron dados donde la poca luz que había vuelto ahora solo era más oscura que cuando comenzó todo.

El llanto del niño no fue por miedo, no fue dolor, no fue por ninguna emoción. Era porque no quería ver aquella sonrisa. La única sonrisa genuina que existía y existirá en su ser.

―Estás vivo…―un hombre con traje se acercó y le sacó de los escombros en los que estaba. Archer lo vio, la sonrisa de emoción y felicidad pura al verlo vivo. La única persona que estuvo feliz alguna vez de que él viviera. Incluso con la corrupción y la maldición, el hombre fue feliz por él.

No quería algo como eso, no quería vivir, no, no después de ver esa sonrisa, porque al final, siempre iba a estar solo, en esa colina esperando para matar.

―Estoy feliz…―los ojos de Shirou viajaron al rostro llenos de lagrimas de aquel hombre, la felicidad que fue plasmada en la sonrisa del hombre hizo que algo dentro del chico naciera después de haber matado la pequeña semilla que había caído en su ser.

Archer solo vio aquella sonrisa y entendió porque lo dio todo por aquel ideal. Tenía la esperanza de poder sonreír algún día así.

Una promesa y una sonrisa solo fueron un camino de un solo sentido a la ruina.

Y al ver aquella sonrisa tan perfecta.

Archer se subió a aquel camino, el camino que conocía bien.

Uno directo al infierno.

Saben, tuve esto en la cabeza varios días, me molesto que quisiera hacerlo, lo escribí con el fin de quitármelo de la cabeza ¿Quedó decente? No sabría decirlo, como sea, por fin me siento libre de esto. La idea cruzó mi mente y quería terminarla.

Eso hace sonar como si me gustara que Emiya sufriera…no importa, espero que al menos sea disfrutable esto, es un one shot más corto de lo usual así que no sé qué consistencia tendrá, fue rápido, sí, pude haber hecho más, también, lo sé.

Rey de picas fuera.