Disclaimer: los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es Lily Jill, yo solo traduzco con su permiso.


Disclaimer: This story is not mine, it belongs to Lily Jill translating with her permission. Thank you, Lily Jill! ❤️


Capítulo 6

Mary

—Todo será mejor ahora, cariño. —Las palabras eran un susurro, tembloroso, y no muy convincente a pesar de lo mucho que ella deseaba que lo fuera—. Me crees, ¿o no?

Mary tenía cuatro años la primera vez que escuchó a su madre decirle esas palabras, o una variación de ellas, pero no sería la última vez. Le llevó un poco de tiempo, pero eventualmente, Mary dejaría de creer en ellas.

Sin embargo, al principio, especialmente la primera vez, ella se aferró a esas palabras como si fueran la única cosa que tenía sentido en este mundo. Porque a veces se sentía de esa forma—a veces, se sentía que en esa pesadilla que era su vida, esas palabras eran la única cosa que la mantenía con los pies en la tierra, la mantenían aferrándose a algo mientras el resto de su vida traumática rugía a su alrededor, precipitándola en la oscuridad, agujeros negros e ira roja.

Mary quería creer en su madre; realmente que sí. Esa primera vez, sentada en el asiento del pasajero, sus piernas demasiado pequeñas y demasiado cortas como para tocar el suelo del coche, ella miraba por la ventana mientras su madre daba marcha atrás en la entrada.

Por qué mami iba demasiado rápido, ella no estaba segura, pero Mary sabía que debía colocarse el cinturón de seguridad. Mami no tenía una razón para ir demasiado rápido—papi estaba trabajando y no sería capaz de detenerlas esta vez. Todos sus vecinos eran lo suficientemente inteligentes como para contárselo después, horas después de que ellas se fueran de casa, que ellos no habían visto nada fuera de lo común ese día, a pesar de que ellos habían visto al pequeño coche desaparecer de la entrada, por la calle, fuera de sus vidas y hacia un lugar seguro.

Sus vecinos, por supuesto, habían visto desde sus ventanas en las últimas semanas, habían visto mientras su madre colocaba un pequeño bolso al día en el pequeño maletero. Era lo justo para que su padre no notara las cosas que gradualmente eran empacadas para su huida—una huida de la que Mary no sabía nada.

Lo único que ella sabía era que cuando ellas estaban en el coche, volando por la carretera en una dirección que ella nunca había viajado antes, jamás volverían.

Cada cierto tiempo, ella volteaba a ver por la ventana trasera, kilómetros, y kilómetros de separación entre su vieja vida y las promesas de una nueva avecinándose, y se preguntaba qué estaría haciendo él.

Papi tenía una rutina diaria que no le gustaba modificar, y no le gustaba ser molestado durante ella. Mary no sabía si Mami lo hacía a propósito, o si realmente no lo hacía deliberadamente, pero ella siempre molestaba a papi cuando él quería estar solo, y Mary aprendió cuando tenía tres años a salir por la puerta trasera y esperar en el porche trasero a que el sonido se detenga. Sonidos de cristales rompiéndose, voces gritando, puños fuertes y desgastados encontrándose con piel suave eran ocurrencias comunes en su casa, y si las paredes hablaran, ella susurrarían lo mismo.

Corre.

Por lo que lo hicieron.

—Tengo todo pensado, cielo. —La mano de su madre en el asiento delantero se estira hacia la pierna de Mary, dándole un apretón extra antes de regresar al volante con un agarre firme. Nudillos blancos y miradas constantes al espejo retrovisor para chequear la carretera detrás de ellas no convencían a Mary de relajarse aún—. Mami conoce a un tipo. Recuerdas a Jared, ¿sí?

Mary jamás recordaba a ninguna de las personas de las que hablaba su mami, pero ella no creía que fuera el asunto en ese momento. Por lo que no dijo nada, sus labios una línea recta mientras observaba a su madre junto a ella en el asiento delantero.

El coche era viejo y no tenía aire acondicionado, y Mary de cuatro años era lo suficientemente grande para preguntarse si su coche dejaría de funcionar antes de llegar adónde iban, y si tendrían que ser recogidos de la carretera de nuevo como la otra vez.

Pero esta vez se sentía diferente.

Parecía ser que su madre tenía un plan esta vez, a pesar que la expresión en su rostro alternaba entre tranquila y determinada; segura de la decisión para la que Mary era demasiado joven como para comprender, a llena de pánico y miedo del futuro desconocido frente a ellas. La ventana estaba baja, el cabello rubio de su madre torciéndose con el viento, el cigarrillo entre sus labios haciendo nada para sentir tranquila a Mary. El humo flotaba dentro y fuera del coche, el cigarrillo descansando contra el volante entre dos dedos temblorosos.

Su madre exhaló fuertemente antes de llevar el cigarrillo a su boca una vez más antes de tirarlo por la ventana, descartándolo con una sacudida de sus dedos como si fuera nada.

Un codo sobre la puerta del coche con la ventana completamente abierta, descansando su cabeza inclinada contra sus nudillos cerrados en un puño, mientras avanzaban. Ella no miró en dirección a Mary, pero le habló de todas formas.

—Bueno, como sea, Jared tiene una amiga, Leah, que le consiguió un trabajo a mami. Vamos a quedarnos con ellos por un tiempo. Al menos, hasta que pueda juntar un poco de dinero para nuestro propio departamento.

Aparte de que papi esté molesto todo el tiempo, a Mary nunca le molestó su casa, la que tuvieron que dejar atrás. De ninguna manera era grande, pero a Mary le encantaba jugar en el patio con sus juguetes favoritos y sus libros. Había una niña de su edad en su calle, y jugaba con ella cuando era posible.

A ellas les gustaba decorar las aceras con tiza, saltar bajo el rociador en el ardiente verano, alinear sus juguetes afuera e inventar mundos locos y mágicos donde Mary podía desaparecer. La vida era razonablemente más fácil para Mary, ya que su padre nunca le ponía una mano encima, pero eventualmente, la madre de la niña vio un moretón en el rostro de la madre de Mary y no dejó que su hija volviera a jugar con Mary.

Su madre intentó encontrar excusas por las cuales Jane no podía jugar más, pero Mary conocía la verdadera razón a pesar que su madre no lo había admitido.

Eso era lo que su madre hacía, al menos al principio. Ella intentaba ocultar la verdad a Mary y compensarlo de otras maneras, determinada a mantener una sonrisa en el rostro de su hija incluso si todo lo demás en sus vidas no valía la pena.

En el coche horas después, su madre sonrió a pesar que la herida en su ojo del encuentro de anoche sugería que la felicidad no podría estar más lejos de la verdad.

—Tenía que sacarnos de allí, cariño. —Ella volteó para mirar la carretera, manteniéndolas en marcha—. Antes que nos mate a las dos.

Mary sabía cosas que ningún niño de su edad debería saber, y cuando su madre pronunció esas palabras, ella vio la verdad en ellas. Su padre era un gigante y no uno gentil; sus humores vacilaban entre silencioso y amenazante, y fuerte y destructivo. No había un intermedio cuando se trataba de él, y Mary logró comprender sus detonantes así podía evitar su ira a toda costa.

¿Por qué mami no los veía? ¿Los evitaba?

A veces, Mary creía que a su madre le gustaba cuando papi le ponía las manos encima. Era como si él finalmente le daba un poco de atención, actuando como si hubiera otras personas en la casa además de él y sus propios pensamientos monstruosos.

Si su madre sí sabía lo que le inspiraba, lo que lo hacía enfurecer, no fue hasta ahora que estuvo dispuesta a hacer algo al respecto. Sus moretones y heridas se estaban volviéndose más difícil de esconder, y mami finalmente debe haberse hartado de todo.

Era agotador.

No solo la violencia. Toda la existencia de ellos.

Los músculos en la espalda de Mary cargaban el peso de sus preocupaciones, sus hombros en un estado de presión, esperando que el próximo golpe de la vida las vuelva a derribar. ¿Mary volverá a comer en la oscuridad cuando las luces dejen de funcionar? ¿Acaso comerá?

¿Qué sucederá en el nuevo lugar donde vivirán?

Tener una barriga vacía es un tipo de dolor diferente al de los puños cerrados contra la piel y los huesos.

—¿Me crees, cierto, cariño?

Ella quería creerle, y una pequeña parte de ella lo hacía. La esperanza amenazaba con expandir esa pequeña pizca en su corazón al triple de tamaño, pero ella ya sabía que no debería tener esperanzas. Así que, Mary hizo lo único que sus padres le habían enseñado.

Ella mintió.

—Sí, mami.

~TMITS~

Hacía frío.

La manta que ella compartía con su madre se había caído al suelo, atrapada entre el suelo y el peso del cuerpo de su madre. No importaba lo mucho que Mary jalara, ella no era lo suficientemente fuerte para traer la manta devuelta adónde se encontraba tiritando en el medio de la noche.

No se suponía que duraría todo este tiempo—dos semanas, como mucho, le había prometido su madre. Dos semanas se transformaron en otra semana, y entonces esa semana se transformó en otra, lo cual eventualmente trajo a Mary dónde se encontraba. Casi dos meses después, tiritando a las tres de la mañana en el sofá de alguien sin una manta.

Al menos, ella no estaba sola.

Su madre había cumplido su promesa y las había llevado a la casa de Jared—a dos mil kilómetros del lugar que Mary llamaba casa. Mami seguía diciendo que su prima había conocido a Jared, pero Mary nunca recordaba a mami hablando sobre alguna de estas personas en absoluto antes de esta visita. Sin embargo, Mary no podía quejarse; Jared y su amiga, Leah, habían sido buenos con ella desde que llegaron. Ellos se aseguraban que ella tuviera su cereal favorito, le habían comprado un par de libros para colorear divertidos, y Leah cocinaba una cena realmente deliciosa todos los domingos por la noche ya que era la única noche que ninguno de ellos tenía que trabajar en el restaurante.

—Este es el comienzo de una nueva vida para nosotras —susurró su mamá contra su cabello esa primera noche mientras se acomodaban en su cama improvisada en el sofá de la sala—. Puedo sentirlo, cariño.

La única cosa que Mary podía sentir era una barra en su espalda proveniente de abajo del colchón en el sofá y una corriente de aire de la ventana detrás de ellas.

Sin embargo, por primera vez en su corta vida, Mary le creyó.

No solo le creyó, sino que vio a su madre transformarse frente a sus ojos.

Lejos estaba la mujer que se acobardaba en el rincón y le suplicaba a Dios cada noche mientras observaba al coche de papi estacionarse en la entrada. Los moretones pasaron de un violeta irritado a un amarillo enfermizo y eventualmente desaparecieron—y su madre aprovechó su nueva libertad y existencia libre de dolor.

Mami tenía razón, y Leah le había conseguido un trabajo para ella. Todos trabajaban en el restaurante en el centro, diferentes turnos, así siempre había alguien en casa con Mary mientras los demás trabajaban. Mary era capaz de colorear en paz y jugar con algunos de los juguetes que ellos le habían comprado.

Una tarde, cuando su madre estaba trabajando el turno del almuerzo en el bar, y Leah estaba en casa para cuidarla, Mary accidentalmente había pintado la mesa mientras coloreaba su libro. Era un marcador verde, y estaba coloreando un duende verde gigante con unas joyas violetas en su vientre cuando el papel se había atascado contra su marcador. Su mano, concentrándose demasiado en permanecer dentro de las líneas, se resbaló, y el marcador siguió de largo—dibujando una larga línea verde en el centro de la mesa.

—Puede salir —Leah le había susurrado a Mary cuando la había encontrado en el rincón del cuarto de lavado hecha una bola—. Cambiémoste primero, ¿sí?

Si Leah estaba molesta de que Mary se haya hecho encima por temor a estar en problemas por pintar la mesa, ella nunca lo demostró. En cambio, jaló a Mary hacia ella una vez que le buscó un cambio de prendas y puso su ropa sucia en la lavadora. Ella abrazó a la niña contra su pecho, sabiendo que la reacción de Mary al marcador lavable fue un poco extrema, pero sin saber qué hacer con esa información.

La única cosa que Leah sabía hacer era mostrarle que no importaba; que la mancha del marcador en la mesa se fue en un instante.

Abrazó a Mary y no la soltó hasta que Mary fue la primera en zafarse del abrazo.

Mary sintió calor por dentro.

Pero aquí en el sofá, ella estaba congelada.

En los dos meses desde que habían llegado a lo de Jared y Leah, Mary deseaba todos los días tener más espacio para dormir. Era más fácil dormir aquí sabiendo que papi ya no estaba allí para gritarle a alguien, pero ella ansiaba la cama que tenía en casa, donde ella podía estirar sus piernas sin tocar a nadie o algo. El espacio que ella compartía aquí con mami era mucho más pequeño que su vieja cama, y ella tenía incluso menos lugar durante las noches como estas cuando mami se quedaba dormida junto a ella y no se despertaba con tanta facilidad como antes.

Mary sabía que su madre estaba cansada. A ella le habían pasado tantas cosas malas que necesitaba dormir—por lo que Leah tomaba a Mary al principio cuando su madre necesitaba descansar.

Estos días, casi dos meses desde que habían abandonado sus viejas vidas por esta, la madre de Mary no se pasaba el día durmiendo.

Algunos días y algunas noches, ella nunca iba a dormir en absoluto.

Pero cuando eventualmente lo hacía, Mary nunca podía despertarla, sin importar lo mucho que lo intentaba. Ella solo se acurrucaba tan cerca como podía al cuerpo de su madre en busca de cualquier calor que ella pudiera juntar hasta que escuchaba la puerta del cuarto de Leah y Jared abrirse al final del pasillo, escabulléndose de su lugar en el sofá para buscar el desayuno que llene su barriga y caliente su cuerpo.

Fue lo más feliz que Mary había visto a su madre.

Pero mientras la sonrisa de su madre crecía, el ceño de Leah y de Jared se fruncían cada vez más.

—Han pasado dos meses —Jared le siseó una noche a su madre, tratando de mantener su voz en un susurro cuando pensaban que Mary dormía—. Necesito algo de ti.

Su madre lo desestimó agitando una mano y un soplido de humo en su dirección.

—Te dije que necesitaba un poco de tiempo, Jared. Vinimos aquí con nada. Apenas unas monedas.

Jared siempre fue comprensivo, incluso estando molesto.

—Eso lo entiendo. Y sé que estás trabajando, trabajamos juntos, ¿recuerdas? Por eso no entiendo por qué no puedes pagarnos.

—Lo sé. —La voz de su madre se suavizó—. Intento ahorrar para un departamento, eso es todo.

—Nos encanta tenerlas aquí. Funciona para todos, si también hacen su parte.

Su madre resopló y se frotó la nariz con la mano.

—Dame hasta el fin de semana. Tendré tu dinero.

Mami debió haberle dado un poco de dinero a Jared porque esa fue la última vez que Mary escuchó ese tipo de charlas por un tiempo.

Hasta que él llegó no mucho después de esa conversación.

La llegada del nuevo hombre en la vida de mami cambió la trayectoria del mundo de Mary por completo.

Y entonces, un mes después de eso, Jared se paró en la entrada sacudiendo la cabeza mientras su madre cargaba lo poco que tenían en la parte trasera de su coche. Él estaba sentado en el asiento del conductor, esperando para llevarlas a un nuevo lugar para vivir.

Mary no se atrevió a mirar a Leah hasta que se encontraba sentada en el asiento trasero, y una vez más, retrocediendo de una entrada hacia el nuevo camino de su madre. Esta vez, ella no se sintió bien al irse. Esta vez, fue difícil contener las lágrimas, especialmente cuando podía ver a Leah llorando detrás de Jared en la entrada.

Fue entonces que Mary aprendió a hacer lo que su madre hacía cuando la vida se volvía loca.

Se durmió.

—¿Es por eso que hiciste eso? —Charlie Swan pregunta mientras observa a la mujer frente a él en la cama de hospital respirar profundo y tranquila—. ¿Qué te trajo aquí, Mary?

Siempre hay uno.

Un caso que atormenta a un oficial por el resto de su carrera—el que lo sigue adónde sea que vaya, cuando sea que su vida le permite un momento de tranquilidad, siempre lo trae devuelta.

En la vida de Charlie Swan, este es el caso. Siempre sería su caso.

A decir verdad, no había un caso en absoluto. Nadie ha sido asesinado. No hay un misterio por resolver.

Esta vez, el crimen no es tan preocupante para el joven oficial. Es el hecho que Mary ha estado recostada en una cama de hospital por más de dos semanas, y nadie ha venido a visitarla. Nadie parece notar que ha estado desaparecida del mundo. Es el hecho que él sentía que sabía que este era uno de los pensamientos de Mary mientras dormía—que ella estaba sola y no era amada.

Él odiaba que al parecer ella tenía razón.

Odiaba que él no pudo encontrar una última dirección conocida para ella.

Odiaba la idea de que ella haya ido al acantilado esa noche sin que nadie se diera cuenta que había desaparecido.

Nadie la extrañaba. Fue allí sin nada —e intentó abandonar este mundo de la misma manera— como nada.

Pero ella no era nada—no para él.

Pero por ahora, él mira sus signos vitales una vez más, y sale de su cuarto por la noche.

Por ahora, ella duerme.


Mary no la tuvo fácil, ya leeremos más de ella. En el próximo, Masen :)

¡Gracias por leer y tengan buen día!