Disclaimer: los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es Lily Jill, yo solo traduzco con su permiso.


Disclaimer: This story is not mine, it belongs to Lily Jill translating with her permission. Thank you, Lily Jill! ❤️


Capítulo 7

Masen

¿Ustedes engañan a las personas?

Básicamente son la misma persona.

¡Incluso suenan iguales!

Las preguntas y los comentarios siempre fueron los mismos; por lo tanto, las respuestas permanecieron redundantes por lo que Masen puede recordar.

No, no engañamos a las personas. Mami no nos lo permite.

Sí nos parecemos—pero no somos idénticos.

¡NO sonamos igual!

Siempre fue en este punto que la madre de Masen intervenía, conociendo a sus hijos y cómo reaccionaban cuando los extraños o amigos nuevos descubrían que ellos eran gemelos.

A Emmett nunca le molestaron las preguntas, pero de nuevo, Emmett nunca había dejado que algo le molestara en los seis años que él había estado en la tierra hasta ahora. Emmett vivía su vida en un estado constante de felicidad, pasando de una idea, actividad, o pasatiempo a otra con facilidad. Nada jamás lo desconcertaba—no cuando cumplió tres y tuvo que entregar su chupón, no cuando tenía cuatro, y mami y papi lo pusieron en un cuarto separado de Masen, ni siquiera cuando tenía cinco, cuando él y su hermano fueron asignados en diferentes clases de jardín de infantes.

Mientras Emmett recibía su vida con los brazos abiertos y con sus altibajos, Masen, por el otro lado, odiaba el cambio y todo lo que venía con este. Lloró hasta quedarse dormido durante todo un mes después de entregar su querido chupón. Él prefería abrir su lonchera en la escuela y ver el mismo almuerzo todos los días—sándwich de mantequilla de maní y jalea cortado en triángulos perfectos junto a una caja de jugo Fruit Punch, y de uvas cortadas a la mitad, colocadas dentro de un contenedor amarillo que a él tanto le encantaba.

Masen progresaba mejor con rutina, estructura, y predictibilidad.

Por lo que cuando las personas le hacían aquellas preguntas estúpidas o comentaban sobre lo similares que ellos eran, realmente le molestaba. Emmett y Masen no podían haber sido más diferentes—y Masen sobrevivía con esas diferencias. Las diferencias entre él y su hermano eran algo que nunca cambiaban. Emmett nació con esta sensación innata de aceptación y unidad; Masen nació para permanecer vacilante y distante.

Él amaba a Emmett—él no estaba loco ni nada así, y era un niño feliz en general. Simplemente tenía un conjunto de particularidades que hacían a Masen en quien era. Él nunca era malo. Hacía amigos con facilidad y los mantenía.

Él era el epítome de un introvertido que fue emparejado con un extrovertido al extremo.

Más importante, a él simplemente no le gustaba ser un gemelo.

Él no pidió a alguien que sintiera sus sentimientos, que sea capaz de compartirlos de primera mano o que anticipara sus movimientos. Él prefería su propio espacio, su propia identidad, sus propios pensamientos.

Él no quería sonar igual a Emmett. No quería tener prendas a juego, ni siquiera para las fotografías familiares. Él no quería dormir en camas a juego, ni siquiera cuando papi los colocó en una litera y Emmett le dejó dormir arriba. Y sus padres sabían, a pesar de su joven edad, que la separación de Masen de su gemelo no solo merecía ser reconocido, sino que también era crucial para su propio desarrollo. Aquellos cercanos a él sabían estas cosas y las aceptaban, ya que era obvio que hacían feliz a Masen.

—Estarán bien —papi le aseguró a mami una vez que ellos le dieron las buenas noches y cerraron las puertas de sus cuartos tras ellos. La preocupación en el rostro de mami rompió el corazón de papi más que la idea de que sus niños estén en cuartos diferentes—. Masen necesita su espacio, y Emmett no sabe cómo sentir tristeza.

Ellos sonrieron ante esta revelación certera.

—Lo sé. —Esto hizo sonreír un poco a mami, aunque lo siguió un suspiro tembloroso en el pasillo oscuro—. Solo no me gusta que estén solos.

—Escucha. —Papi volteó a mami, así ella estaba más cerca de sus cuartos—. ¿Acaso suenan tristes al respecto?

El sonido de sus humidificadores y canciones de cuna suaves dentro de sus cuartos era todo lo que ella escuchó.

—Ahora mismo, no. Pero, ¿qué pasa si se despiertan en el medio de la noche buscándose?

Papi parpadeó una vez, su manera de mostrarle que su preocupación no tenía sentido.

—Ellos han estado escapándose de sus cunas desde que tenían quince meses... Se encontrarán de nuevo, no te preocupes.

A pesar de la pared que los separaba, Masen sentía la presencia de Emmett todo el tiempo. Era algo que ninguno de ellos podía expresar con palabras, pero siempre estaba allí. Masen sabía cuando Emmett entraba a un cuarto o lo abandonaba. Masen sabía cuando Emmett no se sentía bien. Él lo sentía—de la misma manera que Emmett sentía todo sobre Masen. Una cuerda que los conectaba, uniéndolos en una fraternidad de la que nunca podían escapar de sus restricciones.

Y ninguno de los dos quería hacerlo.

A pesar de su amor por el otro, se volvió complicado una vez que Masen fue lo suficientemente grande para expresar los problemas que tenía con un lazo como el suyo. Él sentía como si todos sus secretos, los pequeños secretos que todos tienen sobre sí mismos que las personas prefieren guardarse para sí mismo, estaban expuestos simplemente por la manera en que él y Emmett eran capaces de leerse al otro como un libro favorito.

¿Acaso algunas cosas no debían mantenerse sagradas?

Los cambios comenzaron siendo pequeños—mami vistiendo a los niños en prendas de diferentes colores cada día cuando eran lo suficientemente jóvenes para elegir las suyas, papi asegurándose de dividir su tiempo al entrenar a los niños en diferentes deportes. Los niños nunca estaban en el mismo equipo para nada—Masen prefería básquetbol mientras que Emmett luchaba con otros niños en la colchoneta.

—Quizás él debería hablar con alguien —dijo su madre unos años después cuando los niños tenían diez y crecían en pequeñas versiones de sus futuros sí mismos. Papá apartó su vista a regañadientes de su periódico para mirarlos desde su lugar en su silla favorita en el rincón de la sala. Los niños estaban afuera en el patio, celebrando el final de la primaria con un grupo de amigos mutuos en una pequeña fiesta casual de graduación del quinto grado. Emmett se lanzaba al agua con algunos niños en la parte poco honda de la piscina, Masen observaba con una sonrisa silenciosa en su rostro mientras flotaba en la parte profunda sobre un tubo inflable a una distancia que él prefería.

—¿Sobre qué? —El tono de papá claramente anunciaba que una vez más, su esposa estaba exagerando, creando algo de nada. Él señaló a Masen—. ¿Que no es tan franco como su hermano?

Había más que eso; mamá simplemente no podía deducirlo con exactitud. Ella observaba a Masen, su segundo hijo, incluso si tan solo tres minutos después de su primero. Ella suspiró al observarlo, sus ojos moviéndose entre los dos pero finalmente aterrizando sobre Masen.

Ella siempre lo estaba observando.

Incluso cuando ellos viajaban por el estado para un encuentro de lucha libre de Emmett, ella siempre mantenía un ojo en Masen. Él era tan predecible que le preocupaba demasiado—¿acaso criar a dos niños, gemelos ni más ni menos, no debería estar lleno con más alboroto o caos? Masen siempre había seguido a su familia, feliz de estar allí pero raramente ofreciendo cualquier opinión sincera sobre cómo se estaba sintiendo. La sonrisa en su rostro en la piscina era la misma sonrisa que tenía a los tres—y hacía que el corazón de ella se contrajera con terror. Ella se apartó de la ventana con un suspiro y volvió a mirar a su esposo.

—No puede doler.

—Él está bien —respondió él, llevando su atención devuelta al periódico frente a él mientras ella volvía a mirar por la ventana a sus dos hijos.

¿Realmente él estaba bien?

Ella lamentaba no darle la ayuda necesaria cuando ella había querido.

Esas dos palabras, estoy bien, se volvieron dos palabras que él repitió por años al crecer. Cuando Emmett trajo a casa a su primera novia uno años antes que Masen lo hiciera, él estaba bien. Cuando Emmett recibió su primera carta de aceptación a la universidad antes que Masen lo hiciera, él también estaba bien.

Su madre nunca olvidaría el sonido de su voz cuando él las dijo de nuevo en el hospital seis años después, cuando los gemelos tenían veinticuatro y después que Emmett haya sido diagnosticado con el cáncer que eventualmente lo mataría.

—Estoy bien.

—¿Cómo? —Su madre chilló entre lágrimas, observándolo desde su lugar en una silla en el cuarto familiar privado pero ahora vacío en el hospital. Luchando por ponerse de pie, ella buscó su mano—. ¿Cómo puedes estar bien?

Traído al hospital por dolores estomacales fuertes, la familia acababa de ser informada de los resultados de los estudios de Emmett. Masen, sin emoción como siempre, nunca dejó que su mirada se apartara de la ventana mientras observaba al pequeño cuerpo de agua decorando el paisaje del hospital. Su rostro permaneció apacible mientras procesaba las noticias.

Él se concentraba en los latidos de su propio corazón; en la manera que casi podía escuchar los latidos de su propio hermano al final del pasillo haciendo eco en sus oídos. Es de Emmett de quien estaban hablando. Emmett. Si él estuviera realmente enfermo como decían que lo estaban, Masen lo hubiera sentido dentro de sus huesos. Él hubiera sentido los tumores invadiendo su propio cuerpo de la misma manera en que lo hacían en el de Emmett.

—Porque lo estoy. —Masen volteó hacia su madre y le ofreció un abrazo para tratar de consolar su corazón que se rompía, sabiendo que no había manera de pudiera quitarle el miedo y la tristeza de madre—. Él vencerá esto.

Él estaba seguro de eso.

—¿Cómo lo sabes?

Era la primera vez que su padre había hablado desde que había atrapado a su esposa antes de que cayera al suelo, colapsando en sus brazos como si el mundo de repente hubiera cedido debajo de ella.

Se sentía como si lo hubiera hecho, y de alguna manera, lo hizo.

Su voz, siempre tan segura en su familia, tenía un tono de duda entre cada dificultosa respiración.

—Porque siempre sé cuando se trata de Emmett. Somos gemelos, ¿recuerdan? —Masen aflojó su agarre en su madre, llevándola a los brazos expectantes de su padre. Él inhaló profundo, conteniéndolo por unos segundos mientras reflexionaba cómo poner sus pensamientos en palabras, antes de exhalar sus problemas—. Él estará bien. Puedo sentirlo.

Él sentía todo.

Cada pinchazo en la piel de Emmett, Masen sentía un pinchazo en la suya. Cada noche sin dormir, cada convulsión del estómago de Emmett, cada ronda fallida del tratamiento que él atravesaba, Masen lo sentía todo también.

Una semana antes de morir, cuando Emmett perdía y recuperaba la consciencia en su cama junto a la ventana en la casa que compartía con Rosalie, Masen sintió la primera de esas cuerdas invisibles romperse. Él estaba completamente fuera de su elemento. Él estaba tenso—no podía comer, no podía dormir, no podía quedarse en un lugar cuando estaba con Emmett durante sus últimos días. Cada día, mientras Emmett se alejaba cada vez más de todos ellos, los pies de Masen se alejaban cada vez más de la tierra. Eventualmente, esas cuerdas se rompieron por completo de todo y todos—incluyendo la realidad.

Razón por la cual, horas después que Emmett fue enterrado, Masen quedó a la deriva sin su hermano para traerlo devuelta y volver a unir sus pedazos. También es la razón por la que, más tarde esa noche, él se había puesto irresponsablemente detrás del volante de su coche. Sí, él había odiado ser un gemelo, había odiado compartir una identidad y tener sus pensamientos invadidos, pero amaba a Emmett. Él amaba tenerlo como hermano. Aunque más reservado y tranquilo que Emmett, Masen deseaba que le hubiera dicho a Emmett más a menudo que lo hacía; que le hubiera demostrado lo mucho que lo amaba.

Habían aspectos de la vida de Masen que su madre nunca sabría. Nunca comprendería. No porque ella no quería hacerlo—diablos, ella haría lo que fuera para ser capaz de escuchar el funcionamiento interno de su mente aunque sea solo por un minuto o dos.

Masen era notoriamente privado, lo que le permitía ser capaz de esconder sus indulgencias y sufrir en silencio durante todo este tiempo. Él se volvió un maestro en mantener a las personas apartadas para poder preservar cualquier parte de sí mismo que él no quería compartir con nadie más. Él compartía lo suficiente con Emmett—él no creía que pudiera ofrecer otra parte de sí mismo a otra sin sacrificarse a sí mismo por completo.

Por lo que vivía la vida que prefería con aquellos que quería: Jack, Johnny, Mary Jane, y demás.

Con la ayuda de estos amigos—amigos que realmente eran solo enemigos disfrazados, él envolvió su coche alrededor de un poste de teléfono en la mitad de la noche el mismo día que enterraron a su hermano.

Pero estaba bien, porque, para Masen, al menos, era la primera vez en años que no había sentido nada.

Su madre se sienta en una silla familiar junto a su cama de hospital; brazos estirados sobre las espinillas de él. Su cabeza descansa contra sus propios brazos; manos unidas en una plegaria con un sabor amargo en su boca.

Ella no tiene idea de por qué está rogándole a un Dios que le había quitado tanto.

—¿Por qué, Masen? —dice con voz ronca contra sus brazos, su frente rodando de un lado al otro sobre su brazo—. ¿Por qué?

Sus palabras son amortiguadas y roncas, su voz tan baja que apenas se registra como un sonido, especialmente cuando es ahogada por el constante pitido de las máquinas que actualmente mantienen a su único hijo vivo con vida.

Ella no espera una respuesta, y no recibe una. No está segura de que hubiera tenido una respuesta incluso si le preguntaba directamente cuando él no se encontraba en una cama de hospital aferrándose a la vida. Ella solo puede suponer que él cree que su vida ya no tiene sentido.

—¿Qué hice mal?

Otra ronda de sollozos nuevos irrumpe en su cuarto privado.

¿Acaso ese no es el primer pensamiento de una madre cuando se trata de ver los defectos de su hijo? Su primer pensamiento no es sobre qué ha hecho su hijo—la culpa es colocada completamente en sus manos como si se supone que debe estar allí. Ella siente como si ella hubiera colocado las drogas y el alcohol frente a él cada vez que Masen eligió aliviar sus preocupaciones a su manera.

En este mismo momento, no hay una voz de la razón para convencerla de lo contrario—no hay un ángel sobre su hombro para decirle que Masen se hizo esto así mismo después de años de esconder sus ansiedades.

Ella ha perdido un hijo y está peligrosamente cerca de perder otro—todo en cuestión de días.

—Tráelo de vuelta, Emmett. —Ella llora mientras siente las manos de su esposo sobre sus hombros, gentilmente apartándola de este hospital olvidado por Dios—. No puedo perderlos a los dos.

Ella se niega a irse. No ha dormido en semanas, de todas formas. No desde que Emmett decidió irse pacíficamente para evitar sentir dolor innecesario solo para luchar contra lo inevitable. Sus ojos, pesados por el cansancio, ardiendo, y rojos de derramar lágrimas que ella no sabía que tenía, se cierran mientras intenta regular su respiración.

Ella lo intenta, ruega a su mente comprender esto. Lucha por entender—una razón a por qué su vida anterior, tan maravillosa y bendecida, pudo haberla traída a este día.

—Déjalo dormir. —Su esposo intenta consolarla—. Él lo necesita.

—No puedo perderlo —llora de nuevo, aferrándose a la poca esperanza que amenaza con desmoronarse—. No puedo perderlo.

Ella sabe que ha estado perdiéndolo por más tiempo que solo esta noche. Ella repite las palabras una y otra vez.

—No puedo perderlo.

Cuando el agotamiento le pasa factura, y el cuarto está vacío y silencioso, él sigue durmiendo.


Quiero explicar un poco lo que está pasando aquí, ¿sí?

Les comenté que tendríamos cuatro puntos de vista, y con el tiempo se sabrá cuál es la conexión entre todos. Tenemos a Mary y Masen, sus capítulos abarcan las razones que los llevaron al capítulo 1 y 2, cómo su pasado los hizo quiénes son. Estos comienzan con un recuerdo y terminan "en el presente" se podría decir, con algún ser querido observándolos en el hospital, como ya hemos visto en este y el anterior capítulo. Y por otro lado, tenemos a Bella y Edward, sus caminos se han cruzado y están comenzando una relación. Eso es todo lo que debemos tener en cuenta al leer :)

¡Gracias por leer y buen fin de semana!