Disclaimer: los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es Lily Jill, yo solo traduzco con su permiso.
Disclaimer: This story is not mine, it belongs to Lily Jill translating with her permission. Thank you, Lily Jill! ❤️
Capítulo 9
Bella
Me encuentro de pie detrás del escritorio de circulación, tan quieta como una estatua, hasta que Edward ya no está a la vista. Él vino aquí durante su almuerzo, y ahora que se fue de regreso al trabajo, también me dejó en un completo estado de shock.
Lo hice. No puedo creer que realmente lo hice.
Le he dado mi número de teléfono a muchos chicos antes, pero nunca de la manera en que me ha dejado sintiendo así. Me siento completamente vulnerable, como si estoy sirviendo mi corazón en una bandeja frente a un estómago hambriento. He conocido al tipo por ¿qué? Un día. ¿Y ya estoy dándole mi número?
Estoy absolutamente bien con ello.
A pesar que va en contra de todas las reglas sobre hacerse la difícil o permanecer distante cuando conoces a alguien nuevo, siento que no puedo ignorar esta sensación cada vez que él está cerca de mí. Es más que solo la manera en que luce—es la manera en que me hace sentir con solo una mirada. Él escucha mis palabras para oír lo que tengo que decir, no solo para responder. Él sonríe de verdad, haciéndome pensar que es posible que lo que sea que siento por él, él siente algo también.
Es emocionante, esto que está pasando aquí. Las personas siempre me dicen que soy una de esas personas que nunca se preocupan por nada, que tomo la vida un día a la vez y me encojo de hombros ante cualquier problema que aparece en mi camino. No me preocupo por lo que no puedo cambiar pero aprovecho todo lo que es lanzado en mi dirección. Siempre despierto feliz y lista para comenzar el día, pero fui a la cama anoche y desperté esta mañana sintiéndome al borde de algo enorme.
Mi vida está a punto de cambiar.
No puedo evitar preguntarme si esta repentina revelación tiene algo que ver con la aparición de Edward en mi vida.
—¿Se lo diste?
Jess se acerca por detrás de mí y susurra las palabras en mi oído, aunque se escuchan más alto de lo que ella cree que hacen. Volteo para ver que ella se ha movido a mi derecha, parándose en puntitas de pie para ver si puede echar un vistazo a Edward retirándose.
Debo haber estado demasiado metida en mis pensamientos que ella fue capaz de escabullirse detrás de mí completamente desapercibida.
Mirándola, le doy un suave asentimiento, acompañado por ojos bien abiertos y una inhalación larga.
—Sí, atrás de la tarjeta de negocios de Newton's. —Pienso en ello por un segundo, lanzando una mirada extraña en dirección a Jess—. ¿Eso fue raro?
Todos vivimos en nuestros teléfonos estos días—¿no hubiera sido más fácil que él simplemente lo guarde en su teléfono una vez que le di las direcciones? Él podía encontrarme en línea en cuestión de minutos si tenía la información correcta.
—Toda esta situación grita "raro" —Jess se ríe y se pone cómoda en una de las sillas que tenemos detrás del escritorio—, pero de una buena manera.
—¿Qué quieres decir?
Ella gira en la silla así estamos cara a cara, aunque permanezco de pie para ayudar a quien lo necesite, y se explica más.
—Sería una cosa si uno de los dos estuviera siendo "raro", pero quiero decir, él deja una nota para ti en el reverso de un papel usado en una biblioteca, y tú dejas las tuyas en el reverso de una tarjeta de negocios de un chico diferente. Ambos están siendo raros juntos. —Jess se ríe y gira en la otra dirección, sacudiendo la cabeza mientras piensa—. Algo adorable, de hecho.
—¿Cierto? —admito, palabras y pensamientos que quiero mantener escondidos se escapan de mi boca sin dudarlo—. Tan adorable.
Él realmente lo es. Tanto que duele. Él es adorable cuando sonríe, y su cabeza se inclina a un costado, y es jodidamente atractivo cuando sus ojos se mueven a otro lado cuando piensa que no estoy mirando.
—¿Estamos hablando de tu encuentro adorable o de tu chico?
—¿Ambos? —Mi cerebro no puede decidirse por uno ahora mismo ya que ambas son muy entretenidas. ¿Qué no habría de gustar sobre la combinación de mis dos cosas favoritas en el mundo: chicos atractivos que leen? Sacudo la cabeza e intento traerme sacarme de este sueño del que parece que no puedo alejarme—. Lo siento.
Si estoy siendo honesta, sí me gusta la historia de cómo nos conocimos—nuestro encuentro adorable, como las personas lo llaman. Pienso en ayer, Edward llegando como si se hubiera sumergido en el océano vestido antes de venir aquí, y no puedo esconder la sonrisa que se asoma por las esquinas de mis labios.
—¿Qué habría que lamentar? Verte así —responde Jess, señalándome con un dedo y moviéndolo de arriba abajo para estudiar el estado de embelesamiento en el que he estado desde ayer por la tarde—, es jodidamente divertido. —Ambos nos reímos porque es verdad, pero añade—. Parece que le gustas.
Puede que así sea, pero también hay una pizca de duda en mis pensamientos.
—Él es nuevo en el pueblo, y soy la primera chica que vio.
Jess sacude la cabeza en desacuerdo.
—Técnicamente, yo soy la primera chica que él vio —responde y agita una mano hacia los estantes del otro lado de las mesas frente a nosotras—. Tú estabas escondiéndote en los estantes.
Él sí vio a Jessica primero ayer, ya que ella estaba sentada en recepción, en contacto directo con la entrada.
Ella continúa antes de que pueda analizarlo aún más.
—Entonces, eso quiere decir que él está eligiendo hablar contigo. Él está obligado a hablarme cuando soy la única en el escritorio para retirar sus libros.
Asiento, mi rostro contrayéndose cuando recuerdo los eventos de ayer y hoy en mi mente de nuevo, esperando que mi teléfono en mi bolsillo vibre con un mensaje de él ya, a pesar de que acaba de irse de la biblioteca.
—¿Esto es una locura? ¿Estoy loca?
Es una cosa conocer a un chico—es algo completamente diferente combinar trabajo y placer en el mismo día que conoces a dicho chico.
Si fuera alguien más, me sentiría incómoda al conocer a un tipo que conoce dónde trabajo desde el principio. Algo me dice que no tengo nada de que preocuparme cuando se trata de Edward, tan loco como suene. Me recuerdo que solo lo he conocido por quizás veinticuatro horas—un poco demasiado temprano para sentir una conexión como esta, ¿cierto?
—Estarías loca si no ves adónde te lleva esto —Jess interrumpe mis pensamientos—. ¿Qué tan a menudo alguien que luce así entra a nuestras vidas?
El recuerdo de él en sus jeans oscuros me convence de que ella no podría tener más razón.
—Es verdad.
Ella se encoje de hombros y me da una mirada obvia ante lo loca que cree que estoy por cuestionar las cosas entre Edward y yo.
—¿Qué es lo peor que podría pasar, un par de meses de sexo? —Pone los ojos en blanco y suelta un silbido bajo—. Estaría sobre él tan rápido.
—Lo sabemos, Jess. Creo que toda la biblioteca lo sabe —dice Mike mientras se nos une, sonriéndole al cliente que camina cerca del escritorio para mostrarnos lo cerca que estamos de que las personas nos escuchen. Su llegada sugiere que deberíamos continuar esta conversación en otro lugar.
Jess decide que hablar en voz más baja es una opción alternativa a abandonar la conversación por completo.
—¿Realmente crees que un tipo volvería a la biblioteca bajo la lluvia en busca de unos estúpidos libros de golf? —Explota la goma de mascar en su boca mientras escanea un libro del cesto de Libros Devueltos, echándome un vistazo—. Vamos.
—Quizás —ofrezco, lista para pausar la conversación por ahora así puedo diseccionarlo en mi cabeza un poco más a mi propio ritmo.
¿Analizar chicos? ¿Escribir mi número de teléfono en un pedazo de papel como un peregrino? No es algo que acostumbro a hacer.
—Dale una hora para que te envíe un mensaje. Para el final de la noche como mucho.
A diferencia de mí, parece que Jess no está lista para terminar la conversación aún.
—¿Una hora? —susurro mientras dos clientes se acercan al escritorio—. ¿Acaso no hay reglas estos días sobre el tiempo que debe pasar antes de enviarle un mensaje de texto a alguien que acabas de conocer?
—¿Acaso no fuiste tú la que me dijo que es más divertido romper las reglas a veces?
—Sí, a veces —digo las palabras por debajo de mi aliento junto con una sonrisa forzada para las personas frente a mí, listas para registrar sus libros—. No cuando se trata de avergonzarme a mí misma.
—Confía en mí —dice Jess antes de ponerse de pie para realmente comenzar a trabajar—. Una hora.
~TMITS~
Tengo mi teléfono boca abajo sobre la encimera en mi cocina con esperanza de que evite que lo chequee por millonésima vez desde esta tarde. Observar a una pantalla invariable durante las últimas horas se ha vuelto increíblemente frustrante, no porque piense que Edward me esté esquivando sino por lo mucho que anticipo escuchar de él.
Es solo poco pasadas las seis de la tarde, y la parte racional de mí sabe que él pasó el resto del día ocupado en el trabajo y no ignorándome. Pero la parte ansiosa de mí está ganando actualmente la batalla, y las ganas de voltear mi teléfono para chequear los mensajes o las llamadas perdidas de él me ruegan a que lo haga.
Me inclino contra la encimera, tamborileando mis dedos contra el mármol frío, contemplando qué puedo hacer para sacar de mi mente el hecho que lo único en lo que puedo pensar es en Edward. Siento un sonido fantasma proveniente de mi estómago, recordándome que, de hecho, es buen momento para comer algo. Decido que cocinar es una buena forma de ocupar mi mente, al menos por un rato. Viendo que tengo poca comida en la casa y una escapada a la tienda es necesaria tan pronto como sea posible, decido cocinar algo con lo poco que tengo. Decido un sándwich tostado de queso y sopa de tomate, simple y fácil pero suficiente para satisfacer mi estómago y mi mente.
Mientras busco en la alacena y el refrigerador lo que necesito para hacer mi cena, sonrío para mí misma y me pregunto si mi mamá está haciendo lo mismo a horas de distancia, cerca de Raleigh. La distancia entre nosotras es casi perfecta—lo suficientemente cerca para ir hacia la otra en un tiempo relativamente corto cuando queremos visitar, y el espacio suficiente en el medio para sentirme independiente.
A pesar que considero a mi mamá una de mis mejores amigas y nuestra separación inicialmente fue difícil, disfruto de este pueblo y las libertades que vienen con este. Después de graduarme de la secundaria no muy lejos de aquí, me enamoré del océano y la brisa y el aire fresco y no pude verme mudando en el interior con mis padres. Mamá y papá comprendieron ya que fueron jóvenes una vez también, y en vez de presionarme para que me quede en casa, ellos me ayudaron a encontrar mi camino a Willow Creek.
Fue por pura suerte que había aceptado la posición en la biblioteca al mismo tiempo que el departamento de mis sueños estuvo disponible para rentar. Entonces, saber que se encontraban cerca fue la cereza de la torta. Vivo con simpleza, pero vivo feliz, y eso es lo que me impulsa todos los días.
El sonido de mi teléfono vibrar sobre la encimera a mi lado mientras doy vuelta el sándwich en la sartén me hace pensar que mi vida está a punto de volverse exponencialmente más fácil.
Dejando la espátula en la encimera, me estiro hacia mi teléfono y lo volteo, esperando ver un número de teléfono desconocido observándome. En cambio, la imagen familiar de mamá y yo en la playa se encuentra con mi molesta mirada, e intento quitar la decepción de mi voz cuando veo que aún no es Edward quien intenta contactarme.
—Hola, mamá. —Llevo el teléfono a mi oreja y vuelvo a mi sándwich de queso. Puedo escuchar la música de mi mamá sonando de fondo, lo que confirma mis sospechas de que ella, también, está cocinando como yo. Ella siempre pone música mientras cocina; la combinación de ella bailando y cantando mientras cocinaba siempre me hacía reír cuando era una niña.
Sonrío ante el sonido de su voz.
—Hola, tú. ¿Qué pasa?
¿Cómo hace eso?
—"¿Qué pasa?" ¿Qué quieres decir? —pregunto. Puedo ver sus ojos ponerse en blanco a través del teléfono.
—Soy tu madre; sé cuando algo anda mal.
Suspiro, apartándome de la estufa para inclinarme sobre mis codos en la encimera mientras mi cena se cocina detrás de mí.
—Nada anda mal. —Suspiro, no preparada para admitir mis problemas aún, porque sé que estoy exagerando a absolutamente nada. ¡Solo quiero que él me llame!—. Lo prometo. Solo estoy cocinando la cena con los casi cero ingredientes que tengo.
—¿Qué terminaste haciendo?
—Eh, sándwich tostado de queso.
—¿Sopa de tomate?
—No puedes comer sándwich tostado de queso sin sopa de tomate. —Bufo por que siquiera cuestione mi lógica al tener sándwich tostado de queso sin sopa de tomate en la cual sumergirlo—. Vamos.
—Tienes razón. Tu padre te enseñó bien —bromea mamá, y ya me hace sentir mejor.
—No puede salir mal.
—Sabes que el helado es mi elección cuando me siento mal —ofrece mamá, y estoy muy distraída para evitar la trampa que ella ha colocado, por lo que, desafortunadamente, caigo en ella.
—Obviamente, los carbohidratos es la mía —digo, pensando en la cena que estoy cocinando en la estufa—. Mierda.
—Te atrapé —dice mamá, exitosa en su esfuerzo por lograr que me abra ahora mismo—. ¿Quieres decirme qué está pasando?
—¿Tengo que hacerlo? —me quejo.
—No, por supuesto que no. —La voz de mamá se suaviza—. Pero deberías. Quizás pueda ofrecerte mi sabio consejo y salvarte de todo este melodrama.
—¿Realmente estoy siendo tan melodramática?
—No lo creo. —Mamá se ríe antes de quedarse en silencio—. Solo sonabas preocupada, eso es todo.
—¿Obtuviste eso cuando dije «Hola, mamá»?
—Solo de la manera en que lo dijiste —explica—. Lo sabrás cuando seas madre.
—Pero estoy bien. —Salgo de mi posición encorvada y me enderezo—. En serio. Solo estaba atrapada en mis pensamientos, supongo.
—Eso no suena a ti —mamá cuestiona antes que el silencio se vuelva la tercera persona en la llamada—. Hay un chico, ¿o no?
—Vaya. Estoy impresionada, mamá. —Me río pero cedo ante sus demandas—. Supongo que puedes decir eso, sí.
—Cuéntame, Bella. Todo.
Lo hago, y no me guardo nada. Le cuento cómo nos conocimos, cómo entró inesperadamente a la biblioteca el día anterior, y cómo hubo esta conexión inmediata, diferente a lo que jamás he sentido con alguien más. Le cuento cómo parece estar moviéndose rápido—tan rápido que no puedo seguir el ritmo de mis propios pensamientos de cómo o qué debería estar sintiendo. ¿Debería estar preocupada de sentir tanto demasiado pronto? ¿Debería estar preocupada de no estar preocupada?
¿Debería estar preocupada de que un extraño haya logrado dar vuelta mi mundo casi por completo en menos de un día?
Probablemente deba preocuparme un poco.
Resulta ser que lo único de lo que debería preocuparme es que mi alarma de humo se active cuando la conversación sobre Edward hace que mi madre y yo nos olvidemos que estoy cocinando.
—¡Mantenme al tanto! —grita mamá mientras termino la conversación, lanzando mi teléfono a la encimera mientras la alarma de humo retumba en el pequeño pasillo que separa la cocina de la sala. Abriendo una ventana mientras me dirijo hacia el detector de humo, tomo lo primero que veo para agitar el humo lejos de la alarma, sabiendo que en cualquier minuto, escucharé el sonido del departamento de bomberos a la distancia.
La Sra. Cope.
Mi vecina de abajo de ochenta y cinco años llama al departamento de bomberos por mí cada vez que mi alarma de humo se activa. Ha pasado lo suficiente que el departamento de bomberos me conoce por mi nombre ya, saben que simplemente me encontrarán en mi departamento con una comida quemada como la culpable, y eventualmente se irán después de reiterarle a la Sra. Cope que, de nuevo, no había fuego.
Le envío a los bomberos una bandeja de galletas caseras navideñas todos los años, por lo que está bien.
Todos están bien.
Y luego, cuando los bomberos se han ido de mis departamento para luchar con verdaderos fuegos aquí en Willow Creek, me convierto en uno cuando un número que no reconozco ilumina la pantalla de mi teléfono.
Las direcciones fueron geniales. Encontré un juego de palos que son perfectos para golpear a mi jefe.
Sé que es él al segundo que su mensaje aparece en mi teléfono, y guardo su número tan rápido como le contesto.
Estoy segura que tu jefe estará emocionado. Qué bueno que pude ayudar.
Él responde rápido, y no me molesta para nada. No has hecho nada más que ayudarme en los últimos dos días.
Estaremos seguros de eso el viernes en tu salida. ¿A qué hora comienzas?
Creo que debemos comenzar para las 11:02 o algo así.
Justo a tiempo para Happy Hour. Tienen un pequeño lugar perfecto para beber justo en el club para cuando termines.
¿Has ido?
Sí, pero no en un tiempo. Preferimos Demetri's. Nuestro bar favorito justo en la playa con vista al océano. Hemos estado yendo allí por años, y nos tratan como amigos en vez de simples clientes.
¿Preferimos?
Mis amigos de la biblioteca. Todos los viernes por la noche. Platillos a mitad de precio que son ridículamente buenos.
Ya suena mejor que cualquier club de campo.
Veo mi oportunidad y voy a por ella con una respiración profunda. Lo es. Deberías encontrarnos cuando termines.
No siento vacilo de su parte cuando responde enseguida. Tú tienes el don para las direcciones. ¿Dónde debería encontrarlo?
~TMITS~
Los dos días siguientes son una tortura y son divertidos; una seguidilla de mensajes de Edward ayuda a pasar el tiempo entre ahora y el Happy Hour del viernes por la noche. Cada mensaje trae una sonrisa, un calor que nunca se va, un fuego del que las personas solo pueden soñar. Voy a trabajar como una zombi, habiéndome quedado despierta por horas en la noche hablando con él, pero cada momento perdido de sueño valió la pena cuando él entra a Demetri's pasadas las seis el viernes por la noche.
Él luce completamente fuera de lugar con una camiseta azul cielo con cuello de Nike junto con shorts negros de golf, pero la manera en que me siento cuando lo veo me dice que él está exactamente dónde pertenece.
—Lo encontraste —le llamo una vez que me ha encontrado al otro extremo del bar abarrotado. Estamos sentados afuera frente a una mesa alta con vista a la playa, el sol poniente volviendo todo a nuestro alrededor naranja mientras pedimos tragos y aperitivos. Él sonríe y asiente su cabeza en nuestra dirección una vez que nos ha visto, dirigiéndose a nuestra mesa.
Hacemos lugar para él en la mesa, y él nos agradece por guardarle un asiento a pesar de la gran cantidad de personas.
—Gracias a tus direcciones, una vez más —responde, reclinándose en su asiento como si estuviera feliz de finalmente sentarse después de estar de pie todo el día en el campo de golf.
—Willow Creek no es tan complicado —respondo con modestia, disfrutando la manera en que él me observa mientras me inclino hacia él para conversar.
—No como D.C., eso es seguro.
—Por supuesto que no. —Me río—. Te gustará con el tiempo.
Jess regresa de su escapada a la barra, un puñado de tragos en su mano, y me muevo más cerca de Edward, así ella tiene espacio para colocar todo en nuestra mesa. Mi pierna roza la de él, y lo veo bajar su mirada para asimilar la suave piel de mis piernas desnudas. Mi mirada lo espera, eventualmente encontrándose con la suya que imita el calor del sol poniente detrás nuestro.
—Creo que ya me gusta —admite, pasando una mano por su cabello e inhalando profundo para volverse a concentrar—. ¿Qué no te puede gustar?
—¿Por aquí? —Jess se inserta en nuestra conversación—. Nada.
—Traje un poco para nuestra mesa. —Escuchamos sobre nuestros hombros y vemos que es el turno de Mike de interrumpirnos ahora, cargando otra ronda de aperitivos en sus manos—. Edward, ¿cerveza?
—Sí, por supuesto.
Mike llama a nuestro camarero una vez que Edward le dice su elección de cerveza, y poco después, esta es traída a nuestra mesa. Somos clientes regulares aquí y recibimos servicio rápido y humores generosos.
—Entonces, ¿cómo fue hoy? —pregunto minutos después, una vez que nos hemos acomodado con nuestra comida y bebidas, todos arrasando con la ronda frente a nosotros con entusiasmo después de una larga de trabajo para todos. Lo miro de arriba abajo—. No pareces como un tipo que tuvo un día tan malo como pensó que sería.
—Correcto de nuevo —dice Edward con sus labios alrededor de una botella de cerveza—. Estaba preocupado por nada.
Sacudo la cabeza con tristeza.
—Debería haberte hecho una apuesta al respecto.
—Probablemente deberías haberlo hecho. —Asiente en acuerdo pero continúa—. De hecho, terminé posiblemente ganando un gran cliente; me reuniré con ellos la próxima semana para convencerlo de que soy yo el que necesitan para diseñar su página web. Es algo muy importante, siendo el tipo nuevo.
—Este día definitivamente no fue lo que esperabas, ¿o sí?
—En absoluto —responde, pero entonces inclina su cabeza de la manera en que no he podido dejar de pensar—. Algunas partes sabía qué esperar.
Estoy contenta que uno de los dos lo hace porque puedo sentir mi autocontrol esfumarse con cada minuto que pasa. La facilidad de nuestras conversaciones previas en la biblioteca continúa esta noche aquí en el bar. Charlamos por lo que parecen horas, llenando espacios sobre el otro que no hemos descubierto aún.
Quizás él tenga razón, de alguna manera. Quizás sí esperaba que verlo esta noche me dejara mareada de deseo. Quizás sabía, esperaba que nuestro encuentro esta noche fuera el catalizador de algo hermoso.
—¡Chupitos!
Nos obligamos a alejarnos de nuestras palabras, mirando a la ronda de vasos frente a nosotros en la mesa. Mike le tiende uno a Edward, y él lo toma sin cuestionar.
—Es una tradición, Edward. El nuevo hace el brindis.
Siempre quise un grupo de amigos como este, un grupo que recibiera a alguien como Edward como uno de ellos.
—Mmm, está bien. —Edward nos mira a todos, sus ojos aterrizando sobre mí por último. Levanta su vaso a la luz de la luna—. Por lo que se puede esperar.
Nadie sabe a lo que él se refiere, aparte de mí, pero no les impide chocar sus vasos y bajar el líquido de un trago.
Sé en ese minuto que esperado o no; este momento es algo diferente.
