Narutinachan (Naru-chan)

Jamás habría conocido el foro de no ser por ti, Naru-chan. Has sido una de las personas que más me han hecho reír y fangirlear estos últimos años y espero que esto dure muchos, muchos pero muchos años más.

Reflexión

Zeno paseó por el castillo mientras pudo. Estar aquí le dio una sensación terrible de esperanza y desconcierto. Una parte de Zeno siempre quiso volver a este lugar, que hace siglos consideró su hogar, pero ahora eso no parecía acertado. El castillo le provocaba extrañeza. Era como si este sitio no albergará la cálida calma y sensación de protección que hace siglos parecía rodear toda la estructura. Quizás fuera porque eran Hiryuu y los dragones originales quienes portaban con ellos la sensación de hogar y donde quiera que estuviera con ellos se sentiría como en casa. En eso se parecían a Kaya.

Cuando Zeno se convirtió en el sacerdote principal en aquella época, el castillo se le hizo frío y solitario, casi una prisión. Eran las personas que quedaban de una época más feliz las que hacían que ese sitio no perdiera del todo su luz.

Zeno había lamentado sobre todo no haber podido visitar el santuario ahora que estaba de regreso. No para rezarle a los dioses sino más bien por una sensación de nostalgia y anhelo… ¿y para que negarlo? Quizás también morbo. Ese lugar había sido imponente, pero Zeno mentiría si no admitiera que una parte de él se alegraba de que ese lugar hubiera ardido hasta los cimientos. Tenía demasiados malos recuerdos de ese lugar. Afortunadamente la tumba de Hiryuu había sido movida antes del incendio y todo lo que era de valor se protegió en el santuario interior del castillo. Pero aunque Zeno no lamentaba la pérdida de la imponente estructura, sí que lamentaba la pérdida de vidas humanas que ocurrieron dentro. Parecía un giro retorcido del destino, que todo aquello relacionado a los dioses estaba condenado a sufrir y perecer de la peor manera posible.

Los dioses los habían abandonado hace mucho, después de todo. Mientras Hiryuu no estuviera por ahí, deambulando por el mundo, poco les importaba a los dioses dragón lo que les ocurriera a todos los relacionados a ellos. Hiryuu había sido diferente y esa diferencia había tenido un coste, para él y para todos los involucrados.

Zeno esperaba que Kaya no estuviera molesta por su demora de siglos pero honestamente, cumplir promesas se hacía difícil cuando tenían a un par de deidades insensibles usando tu vida como su juguete personal. Casi desearía tenerla aquí para mostrarle todo esto. Los pasillos extraños que parecían familiares y las personas moviéndose de un lado a otro. Si Zeno cerraba sus ojos podía mentirse a sí mismo con tiempos mejores. Quizás si aceptara la propuesta del señor rey y llevara una pesada corona sobre la cabeza, Zeno podría reírse de los dioses dragones. Al menos tendría una divertida anécdota que contarle a Kaya. Zeno no pensó que tuviera muchas buenas anécdotas que contarle hasta que conoció a la señorita y los demás. Ahora Zeno estaba lleno de historias para compartir que esperaba poder contarle a sus preciados seres queridos en algún momento.

De hecho, Zeno podría aceptar la corona ya mismo solo para bromar con Guen sobre el peso de ella en su cabeza y confirmarle a Shu-teng que su yo idiota había dirigido y gobernado a cientos. Ah-bi seguro que no querría ni siquiera saber los detalles de la bizarra historia y Hiryuu y Kaya solo reirían.

Por no hablar de todo lo que se diría con respecto a la señorita y su grupo. Estaba seguro de que ellos querrían esas historias. Y si las sumaba a su loca idea de dirigir un reino y que lo habían considerado para el trono, bueno… en realidad de solo imaginarlo, le nacía una sonrisa.

Después de todo, si se desataba el caos por su culpa, solo podrían echarles la culpa a los dioses dragones sobre eso. Ellos le habían concedido la oportunidad de estar allí para variar.

Zeno estaba tentado a hacerlo. Enrostrarles eso en la cara a los dioses parecía una buena forma de pasar el rato cuando pereciera. Incluso le diría a Kaya que de alguna manera ella se había casado con un rey y que ella siempre sería su reina. Con eso en mente, Zeno camino al despacho del señor rey, tratando de recordar los consejos de liderazgo que le dio Guen.