Jaqui12323 (Jaqui)

Jaqui contigo en el foro siento que tengo un alma afín. Sigamos demostrando el maravilloso personaje que es Soo-won y enfrentándonos a los haters. Lo bueno es que en el foro tenemos una base segura en la que fangirlear a gusto.

Destino

Zeno lo había pensado. Realmente lo había reflexionado. ¿Cuántas veces en la vida se te presentó la oportunidad de dirigir una nación? De buenas a primera cualquier persona aceptaría. Por supuesto, aquellos que aceptaban rápido, eran los menos preparados para gobernar. No sabían todo lo que se ocultaba detrás de la bonita corona y el majestuoso palacio. Todas las decisiones difíciles y los detractores. Cuando se decía que la corona pesaba realmente no se referían al peso del oro y las joyas.

Zeno le había dicho a los demás y a la señorita que no había sido nada importante lo que hablo con el rey. Le había preguntado a este último si pensaba tener en cuenta a la señorita y no le había sorprendido escuchar que no. La señorita era buena persona y había demostrado ser fuerte y valiente, pero esos no eran todos los elementos que se necesitaban para gobernar. Zeno había visto lo que una corona podía hacerle a alguien. Había visto a cientos de reyes incompetentes cargarse el país (le avergonzaba admitir que no había hecho nada para detenerlo). Había visto a muchos reyes ser aplastados por su responsabilidad hasta consumirse. Había habido unos pocos que no estaban mal pero que se habían visto privados de tener una buena vida.

Zeno había visto a alguien que amaba cargar con esa corona, descender de los cielos para portarla y el no estaba seguro de decir que todo salió bien. Podía ser egoísta, pero prefería que lo condenaran antes que dejar que la señorita se viera aplastada por el peso de esa cosa. Era cruel pero el señor rey debía quedarse donde estaba. Su enfermedad y el peso de la corona lo consumía, pero parecía ser de esas personas abocadas al bien y servicio de los demás, no tenían ninguna duda de que el reino estaba en buenas manos… Pero esas manos cederían pronto por el peso de la enfermedad, la misma enfermedad que se comió al primer rey de este país. Zeno sentía que vivía en un ciclo constante. Vivió mucho tiempo solo para volver a esta situación.

El señor rey no era una mala persona, escogió hacer a un lado todo lo que conocía por el bien de un sin número de desconocidos. El único motivo por el que Zeno estaba molesto es porque apreciaba lo que él había desechado, pero siendo objetivo ¿realmente había otra opción?

En este momento, el rey de este país se estaba consumiendo por mantener este país funcionando. Mientras arreglaba los desastres provocados por el rey anterior, una enfermedad horrible le estaba no solo dificultando el trabajo, sino que lo estaba arrastrando a paso agigantados hacia la muerte. Por una vez, Zeno quería compensar sus errores y mirar a la señorita con orgullo y una conciencia limpia. Debió hacer algo por la descendencia de sus hermanos, debió hacer algo por la descendencia de su rey, debió hacer algo por su país.

Zeno era el escudo del rey, un cuerpo inmortal vagando por un mundo hecho trizas. Los dioses dragones lo condenaron y esa condena le dio siglos de conocimiento. ¿Era insensible de parte del señor rey decirlo? Sí, pero también era objetivo. La corona era un arma que mató a su portador y Zeno esta vez protegería a su reina, haría las cosas bien.

Golpeó con suavidad la puerta de la oficina. No tardó mucho en recibir la orden de entrar.

— ¿Podemos hablar?

El señor rey se veía cansado pero… le recordaba a ese tiempo donde aún la enfermedad no hacía estragos, sus ojos parecían más felices y tranquilos. Él sabía lo que iba a pasar. Realmente era descendiente de Hiryuu, su mirada era confiada pero amable, casi como si supiera que lo que le estaba ofreciendo era un arma envenenada y lo lamentaba por ello.

—Por supuesto.

—Respecto a tu propuesta… lo he pensado y, voy a aceptar.

El señor rey lo miraba derrotado, satisfecho pero derrotado.

— ¿Sabe en lo que se está metiendo?

—Sí —Zeno sabía que el señor rey captó todas las implicaciones de esa respuesta —. Pero he terminado de huir. Vemos si una corona puede matar un cuerpo inmortal.

Las ruedas del destino habían comenzado a girar.