Hola!
Siento mucho el retraso con esta historia, aunque la escribía a ratos, tenía que regresar continuamente a las otras.
Además debo decir que sin querer, me di cuenta que esta historia está planeada con una especie de narrativa de anime, y hasta el capítulo pasado tuvimos la primer temporada, y por eso tuve una especie de "cierre".
Ya saben, se presentan a los personajes, algunas escenas interesantes, se plantean las relaciones y los dramas que cada prota y secundarios van a abarcar.
Así que ahora estamos empezando la segunda temporada de Quédate Conmigo. Yey! XD
Entonces, revisando el guión que ya tenía, lo puedo dividir en otras tres temporadas. Esta segunda temporada se dedicará a explotar e intensificar los dramas que ya vimos, así como a un manejo más profundo de otros personajes. Se resolverán algunas cosas y también se presentará uno de los arcos que más me sorprendió.
También será de 7 capítulos y trataré de subirlos cada tres o cuatro semanas, ya que mantendrán el promedio de 9k a 11k palabras.
Con el plan de trabajo presentado, les dejo por fin el capítulo 8 uwu
Capítulo 8
"La noche te trae sorpresas"
El baile había sido todo un éxito. La música fue espectacular y todo el mundo había gritado emocionado cuando vieron a la estricta profesora Bubblegum subir de unos cuántos saltos a la plataforma donde su esposa interpretaba y besarla con las mejillas ardientes.
Después de la media noche el recinto se fue desalojando poco a poco, y al final solamente estaban Asami, la nueva trieja, Kuvira, Korra con Catra y un pequeño grupo de monitores junior, revisando el lugar para que nadie se quedara dormido ni rezagado. El variopinto grupo de estudiantes estaba contando anécdotas y riendo un poco. De pronto, bromas que eran hilarantes para el grupo de huérfanos, no cobraban ningún sentido para Asami y Korra, o a veces eran tan cínicas o crueles, que se quedaban mirando. ¿Cuál podía ser la diversión en contar quién había aguantado más tiempo sin comer, por los castigos, pero no dejar de cumplir retos, para ameritar esos castigos? Catra se había declarado la ganadora después de recordar las tres semanas que había pasado sin comer el año pasado por los continuos reportes de su conducta en Luna Brillante.
─Pero aquí en la escuela... Siempre puedes ir por tu desayuno a los kioskos o a las cafeterías, al menos─ Apuntó Korra, ya que no sabía de estas cosas acerca de Catra.
─Pero eso sería trampa─ Señaló Lonnie.
─Rogelio tiene el mejor olfalto de todos, así que es el juez─ Ofreció Catra.
La plática siguió por derroteros similares. Al ser la mayoría de Etheria, Korra terminó emparejada de algún modo con Asami, ahora que Mako y Bolin ya se habían ido. Asami sentía un nudo en el estómago. Tenía que estar todavía presente para terminar de cerrar el evento junto a Kuvira y Adora se había ido con Glimmer, después de que fuera más que obvio que no podía seguir ahí después de ver el beso.
Kuvira estaba al lado de Lonnie, separada de Asami por la distancia de casi un brazo, y del otro lado estaba Asami, seguida de Korra, que estaba bastante relajada, fuera de la extrañeza de los tópicos, a su lado Catra, y se cerraba de nuevo con Kyle y Rogelio al lado de Lonnie.
Kuvira también ya estaba más tranquila. Tendría que ver el modo de hablar con Korra, esclarecer las cosas. Solo quedaban dos semanas más de clases y pronto tendría mucho más tiempo libre para entrenar, ya que el siguiente trimestre era cuando empezarían las clasificatorias para los torneos. Y pensaba aprovechar bastante esa excusa para pasar tiempo de calidad con Korra.
De pronto, Korra tomaba de la mano a Catra, compartían alguna mirada cómplice, o Catra la rozaba y sostenía con la cola y cada vez, Asami desviaba la mirada al no saber qué sentir. Pero cada vez que eran sorprendidas, Lonnie las abucheaba, al punto de que la morena tuvo que sostener a la gata del saco para poder detenerla de brincar sobre la mujer más oscura.
La fiesta terminó al fin y todos se detuvieron en el acceso peatonal del estacionamiento. Ahí al fondo se veían vehículos de algunos otros monitores. El resplandeciente satoVEM de Asami aún en la noche, la moto de aspecto pesado de Korra y el modesto modelo de Rogelio. Catra llevaba el saco prendido de un hombro con el broche de las flores, que aunque ya no lucían enteramente frescas, aún eran totalmente fragantes. Una suave brisa sopló y Korra inhaló profundo, cuando se dio cuenta estaba completamente transformada, y pues cómo no si era Luna Llena y estaba llena de instinto. Al fin satisfacería su celo con su compañera. Kuvira, que esperaba poder pasar la noche de nuevo con la maestra agua, se tuvo que contentar con sus amigos. Y no es que lo despreciara, pero había tenido otras espectativas.
─Vamos a seguir en el lugar de Kuvira, ¿No quieren venir?─ cuando voltearon a ver a Korra y Catra, se asombraron de tener a la loba presente.
Solo Asami sabía lo fácil que era para Korra dejarse transformar en Luna Llena. Bueno, se preguntaba si Catra también lo sabía porque no se mostraba nada sorprendida.
—Lo siento, chicos. Ya será para la próxima— Korra tomó de la mano a Catra y se alejaron a su moto.
Eso dejó un poco descolocados a los novios, Kuvira y Asami. Rogelio estaba un poco sonrojado. Su olfato decía mucho más de lo que iba a pasar. Mientras la pareja se preparaba rápidamente, Asami miró a Kuvira y sintió un escalofrío al percibir el fuego verde de su mirada. ¿Por qué estaba tan molesta?
—No se porque no se queda con ella, ya casi nunca para por Etheria—
—¿Cómo?—
—Bueno, ahora es claro. No teníamos idea de donde se la pasaba, pero Catra ya casi nunca viene a dormir. Incluso le quite su futón y ni siquiera se ha dado cuenta—
—Bien por ti entonces— Le sonrió Kuvira una vez se dio cuenta del escrutinio de Asami.
—¿Y entonces, Etoile… nos acompañas o una banda de Etherianos es demasiado para una niña bonita?— Rogelio y Kyle se sorprendieron demasiado de las palabras de Lonnie, y Asami le agradeció en silencio que le diera algo tan inesperado para distraerse.
—Si Kuvira no tiene problema, me encantaría— Respondió con una sonrisa de suficiencia.
Kuvira miró a Asami con cierta sorpresa, para recuperar el aplomo y corresponder su sonrisa también.
—Entonces prepárate para la verdadera diversión, Sato—
La Etoile, Kuvira y Lonnie se fueron en el descapotable de Asami, y Rogelio y Kyle las siguieron. La Etoile miró con gran curiosidad el edificio de apartamentos y el pequeño espacio de Kuvira, los muebles que no cuadraban entre sí y reconoció una vieja lámpara de pie que estaba junto al único sillón, y la mullida alfombra. Esas eran cosas de la casa de Korra. Todo estaba reluciente, por supuesto. Observar el entorno de la monitora en jefe era algo excitante en sí mismo. Rogelio bajó de su auto con una caja de cerveza y Kyle lo siguió con una botella de licor.
Asami se sonrojó un poco. ¿Se suponía que ella no debería saber tomar por ser hija de una familia renombrada, la Etoile, o al contrario, debería saber? Decidió que bebería con moderación, para no llamar la atención hacia ningún lado de la balanza. lo complicado, es que Asami ya no sabía qué era moderado.
Cuando Kyle cayó noqueado, todos se rieron de él. Rogelio lo acunó con cuidado en el sillón de Kuvira y lo cubrió con una manta. Asami era la más despierta de todos y todavía se sentaba correctamente sobre sus piernas dobladas, pero había accedido a quitarse las zapatillas. La madrugada había refrescado el ambiente lo suficiente como para que los vestidos de Lonnie y Asami ya no fueran suficiente para mantenerlas calientes, a pesar del alcohol circulando. Kuvira les había prestado una manta a cada una, y Asami la vestía como una especie de túnica y Lonnie solo se había cubierto las piernas y las tenía cruzadas.
Estaban jugando los cuatro Verdad o Reto, pero la versión de Etheria, con una de las botellas de cerveza vacías. No podías evadir el reto, y la verdad tenía que ser forzosamente algo humillante. Sino cumplías satisfactoriamente el reto, tenías que beber, si lo cumplías, el otro tenía que beber. Si la verdad no era vergonzosa a ojos de los demás, también tenías que beber.
Asami se encontró a sí misma riendo como no hacía en años. Lonnie había demostrado que no se intimidaba ante su porte y su dinero, y ya la trataba como a cualquier otra persona y Asami se sentía muy cómoda con eso. Kuvira, que ya se le empezaban a notar los tragos encima, se veía relajada y con una risa fácil. Ya no había rastros de la intimidante joven que usualmente era tan seca. Kuvira se había quitado las botas y estaba recargada en la pared con sus calcetines grises, bebiendo directamente de la botella que compartía con Rogelio.
—Etoile, jamás pensé que podrías beber más que KuvirAss— Dijo dándole un golpazo en el hombro a Kuvira.
—Compórtate, Lonnie! Acá la señorita Sato merece tus mejores modales—
—Jajaja, no, por favor, no te cortes por mi. Hace mucho que no me divertía tanto—
—Eso es porque te juntas con puros nerds, Etoile—
—¡Lonnie!—
—¡Eso te incluye a ti también, Kuvi! Eres una matada de lo peor desde que eres monitora jefe— Le dio un buen trago a su cerveza —¿Sabías que a poco de ser monitora junior ya tenía toda una campaña contra el profesor Trevor para que lo corrieran?—
La cara de Kuvira era un poema, prometía una venganza terrible pero Asami solo se rio.
—Sólo de alguien tan tenaz podría venir eso. ¡Me diste mucho trabajo!— La risa de Asami era melodiosa, resonante y franca.
Siguieron platicando ya sin seguir el juego. Lonnie y Kuvira se quemaban entre ellas para hacer las delicias de Asami, quien se reía hasta las lágrimas, Rogelio ya acompañaba a Kyle en el sillón roncando suavemente. La verdad es que Asami estaba pasando una noche maravillosa, por el momento, no se acordaba de nada desagradable. Kuvira también había dejado de lado su mal talante después de sus planes frustrados. El alcohol las hizo amenizar y soltarse.
Cerca de las cuatro de la madrugada, el sueño venció a Lonnie, que se quedó dormida en la mullida alfombra de pelecho de bisonte volador, Kuvira la arropó y regresó a sentarse al lado de Asami, que estaba recargada en el muro que dividía la estancia de la habitación de la anfitriona con la manta sobre los hombros todavía. Compartían la última cerveza de la noche. La maestra metal se quitó el broche con forma de gota del cabello y se pasó los dedos para deshacer el peinado, moviendo la cabeza de un modo que capturó la atención de la Etoile.
—¿Sabes? Creo que me gustó más esta fiesta que el baile—
—El baile fue magnífico gracias a toda tu planeación—
—Todos hicieron un gran trabajo— Le quitó la cerveza, que ya iba a la mitad, para darle un buen trago y Kuvira apreció su técnica —En especial tú, me ayudaste mucho. No hubiera podido tener todo listo. Eres increíble—
—Para nada, solo cumplía con mi trabajo—
—¡De eso hablo! Tienes tu trabajo, ya tienes tu propio lugar, eres de las mejores de tu curso y además tienes tiempo de entrenar— Asami hablaba haciendo mucha gesticulación.
Las dos ya estaban en ese estado más allá de la embriaguez, propia de la mezcla del alcohol, el cansancio, el sueño y un ambiente que redunda en una plática abierta y amena, donde la mente no se cuestiona tanto las cosas y solo deja fluir las ideas sin ser incoherente.
—Si lo dices así, suena demasiado—
—Pero es cierto, Kuvira. ¡Además, me sorprendiste tanto cuando me saludaste que no te lo dije, te ves hermosa! No creí que fueras una chica de maquillaje… Te sienta muy bien—
—Gracias, Sato… Es lo que suelo ocupar en el trabajo—
Asami se había acercado mucho a Kuvira, para verla mejor, con una mano apoyada en el muslo de la monitora, quien retrocedió sorprendida y descolocada. La Etoile levantó una mano y acarició levemente el lunar de Kuvira, quien se sentía un tanto acorralada.
—Siempre me había preguntado si tú lo maquillabas—
—No, no… Siempre lo he tenido ¿Etoile?—
La Etoile dejó de acosar a Kuvira, se alejó un poco, pero no quito su mano de su muslo. Puso la otra mano sobre el pecho contrario, en la solapa izquierda de su túnica, disfrutando del tacto suave y cálido de la seda.
—Es una seda increíble… —
—¿En verdad? Me la prestó una compañera del trabajo— La borrachera que se le estaba quitando a Kuvira parecía estarle subiendo a Asami.
La del vestido rojo se dejó caer sobre el regazo de la monitora, sin reparar en su desconcierto.
—¿Qué haces en tu trabajo?—
—Eh… solo soy capitana de meseros en el Cuatro Naciones—
—¡Ese hotel es el más lujoso de Ciudad Avatar! Y su cocina está a la altura del anillo interior de Ba Sing Se. No seas modesta, se que no cualquiera puede trabajar ahí y menos ser capitana, debes ser la más joven en 50 años—
Asami descansaba tranquilamente sobre el regazo de las piernas cruzadas de Kuvira, que una vez se había alejado de su cara, estaba más relajada. Siguieron platicando, Asami preguntaba y preguntaba cosas sobre el trabajo de Kuvira, sobre sus entrenamientos y como había aprendido metal control. Kuvira se encontró respondiendo a todas las preguntas, haciendo algunas de regreso, en especial cosas que involucraban a Korra, y así fue como se enteró de que Korra se había alejado de Asami cuando ésta empezó a salir con Mako y la Etoile se quedó dormida después de casi dos horas de plática, acostada sobre el regazo de Kuvira después de llorar un poco, diciendo que extraña mucho a Korra.
—Tú me recuerdas un poco a ella...—
—¿A Korra, Asami? ¿Asami?... ¿Sato?—
Pero Asami ya era presa del sueño. Kuvira se quedó sola en el silencio. Apreció lo tranquila que se veía su compañera dormida a pesar aún de las brillantes lágrimas atrapadas en sus espesas pestañas.
Después de unos minutos, logró dejar a Asami en el suelo y levantarse y estirar las piernas, que apenas las sentía. No sabía que hacer con la Etoile. La cargó hasta su futón, y se ocupó de todos. Kuvira se sentía responsable de su descanso, solo por sus años siendo la encargada en Etheria. Le quitó el vestido y el bra a Lonnie y le puso una larga camiseta y unos shorts, quien solo le respondió con un ronquido cuando la volteó.
A Kyle lo arropó con asombrosa facilidad sobre Rogelio, que era una bola en el sillón, con él no podía hacer mucho, porque pesaba una barbaridad y sus pinchos complicaban quitarle el traje, que ya era un desastre de arrugas. Se quedó parada al lado de Asami sin saber qué hacer. Terminó quitándole el vestido y trago duro al ver las curvas de alabastro resguardadas por la ropa interior más fina, elegante y sensual que había visto en su vida. A ella no se atrevió a quitarle el bra y solo le puso una larga camiseta desgastada y volvió a taparla. Ella misma al fin se quito la faja y la túnica, se quedó en pantalón y la blusa blanca de cuello. Se acostó sobre la alfombra al lado de Lonnie con su última manta disponible.
La noche no había ido para nada como lo había planeado, pero al final resultó no ser tan malo como pintaba terminando el baile. Con toda la información que Asami le había dado sin querer, tenía mucho que pensar y el sueño no llegaba a su mente inquieta. Después de ver el lento avance del amanecer por su balcón, se levantó un par de horas después, no muy cansada y con mucha hambre. Todos los demás dormían el sueño de los borrachos y los inocentes.
Decidió ir a comprar algo para desayunar para todos, debatiéndose en la mesita auxiliar por las llaves de Asami o las de Rogelio. ¿Cuándo iba a poder conducir un satomovil de última generación? Se sujetó el cabello en una trenza, y salió decidida con las llaves de Asami en la mano. Más valía pedir perdón que permiso ¿verdad? Juntarse con Lonnie y Korra no era buena idea.
Fue a la segunda tienda más lejana solo por el placer de conducir un vehículo de tal calibre. No era una descuidada tampoco, fue y regresó sin incidentes. Lonnie era la única que estaba despierta, mirando un zapato. Parecía que estaba indecisa sobre si regresar a la cama o seguir mirando el vacío. Ya eran casi las nueve de la mañana.
Estacionó el satomovil frente a su balcón, ocupando parte del siguiente espacio. Estaba claro que los arquitectos de este edificio no esperaban que sus ocupantes pudieran costear un satomovil de lujo, sino los modelos más pequeños y funcionales, pero la monitora no tenía vecinos a los lados de momento, así que no importaba. No es que Asami fuera a visitarla cada semana. Kuvira sonrió ante el desastre del cabello de la morena mientras entraba con las bolsas de sus compras y empezó a acomodar todo en la barra para tomar el desayuno.
Lonnie decidió que el olor de jugo de naranja fresco, pan y fideos eran más interesantes que seguir mirando el zapato de Kyle y fue a sentarse a la barra con un fuerte dolor de cabeza, en una de las cuatro desiguales sillas altas que tenía Kuvira.
Rogelio se estiró e hizo rodar a Kyle, quien se quejo en el suelo y los Etherianos se rieron bastante. La monitora le tendió un vaso de jugo a Lonnie con una pastilla para el dolor de cabeza, que apenas cinco minutos después ya había hecho maravillas.
Asami se despertó al escuchar las risas y una conversación creciente, además de los rugidos de Rogelio. Estaba muy desorientada. Le dolía la cabeza, tenía la garganta totalmente seca y al principio no reconoció el lugar. Después recordó que se había quedado con Kuvira y los otros chicos. Cuando se incorporó en el mismo futon donde hacía apenas unas semanas Kuvira había tomado a Korra, miró su vestido extendido sobre una silla frente a un modesto escritorio y se observó, en la desgastada playera verde que la cubría, apenas cubriendo sus muslos sobre las bragas rojas.
Se llevó las manos a la cara, intentando pensar a través de la bruma matinal, el alcohol y el dolor de cabeza. Recordó que se estaban riendo de todo, que se había quedado a solas con Kuvira, que estuvieron platicando sin recordar de qué, cómo se le había acercado a la cara y después nada. ¿Acaso había besado a la monitora? ¿Habían dormido juntas? No recordaba nada. Kuvira no le era indiferente, por Raava, pero tenía a Mako. Además de que no la veía nada más allá de una amiga, y más después de la excelente noche que habían pasado al final. Tenía que dejar de beber. Después de tantos tragos, su labial había desaparecido y su rubor se había ido con las horas también, lo único que quedaba de su usual maquillaje eran las sombras y sus pestañas para hacer huracanes, su cabello era un sexy desastre y cuando salió a la estancia, muchas más preocupada por encontrar respuestas que por reparar en su aspecto, todos se quedaron embobados.
—¡Etoile! ¡Bienvenida a la tierra de los vivos! No volveré a decir que los niños ricos no aguantan nada— La voz de Lonnie era agradable usualmente y ahora estallaba en los oídos de Asami —Parece que necesita tu remedio especial, Kuv—
Kuvira, sonrojada como estaba, tomó uno de los vasos con jugo y otra píldora mágica para acercarse a Asami y llevarla de nuevo a la habitación.
—Kyle, más vale que quites esa sonrisa idiota de tu pálida cara— El chico solo se río nerviosamente. Rogelio tampoco lo vio con buena cara.
—Sato, no sabía si dejarte dormir. ¿Tienes algo que hacer?— Asami se había vuelto a sentar en el futon.
—¿Qué… hora es?—
—Casi las diez… Ten, bebe esto y estarás mucho mejor pronto—
—Gracias— Se bebió el jugo y la pastilla mientras —…No tengo que hacer nada de momento—
—¿Quieres desayunar algo? Compre unos fideos… no son la gran cosa, pero son buenos para la resaca— La actitud relajada de la monitora le ayudaba a Asami a estar más tranquila.
—Kuvira— Siempre que la Etoile la llamaba por su nombre, era algo importante —¿Nosotras… Nosotras… algo pasó?— Dijo señalando su aspecto, la habitación, su vestido.
—Oh, Etoile… Yo paso de la necrofilia y las niñas con novio— Le dijo Kuvira tan seria que Asami no alcanzó a comprender al principio la implicación de sus palabras, la monitora pudo ver en su expresión como las palabras iban calando y Asami se ponía colorada.
—¡Oh, lo siento, de verdad! No puedo creer que bebiera tanto—
—Nosotros no podíamos creer que bebieras tanto, pero tranquila. Ahora Lonnie es tu fan— Kuvira se encontró disfrutando de pinchar a la perfecta Asami Sato —Siento mucho lo de la playera, pensé que no quisieras que tu vestido se maltratara— Asami se miró a sí misma y jaló la playera a sus muslos desnudos.
Korra había hecho el camino hasta su casa disfrutando del fresco aire nocturno. Catra le prodigaba el calor que necesitaba. Su pelaje también ayudaba. En su forma espiritual era capaz de soportar mucho más frío, de escuchar la respiración de la gata y de oler su esencia nítidamente. Catra estaba tan necesitada como ella misma. Pasar el rato con Kuvira era agradable, era increíble, pero la cercanía y la confianza que tenía con Catra era otro nivel. Como compañeras de Celo, era algo que alguien fuera de los Doobutsu no podría terminar de entender por mucho que dijeran que sí.
Korra necesitaría una conexión muy importante con otra persona para cambiar lo que tenía ahora con Catra. La gata era toda pasión en la cama, en la justa correspondencia con el hambre de Korra.
Llegaron con prisa a la mansión del Lobo Blanco y la felina tomó dirección hacia la ventana de la loba.
—¿A dónde crees que vas?—
—Déjate de juegos, idiota— Catra no podría seguir esperando mucho tiempo. Estaba tratando de no ponerse intensa.
—Tranquila, Gatita— La profunda voz de Korra retumbó desde su estómago —Esto te va a encantar—
Catra se derritió ante su voz y sus caricias en la base de las orejas, muy a su pesar empezó a ronronear, el calor en su vientre estaba creciendo, no era como la primera vez pero se acercaba. Necesitaba que de verdad las palabras de Korra fueran ciertas. Y le creía. Se mojó ante la expectativa y la loba la olió.
La tomó de la mano y la llevó por fuera de la mansión hasta una de las ventanas en el lado opuesto del ala donde estaban los dormitorios principales. De este lado había algunas oficinas y unas habitaciones que solo se ocupaban cuando había una gran fiesta en la casa que demandaba que algunos invitados de muy lejos tuvieran que pasar la noche. Como justo ahora era el Festival de los Portales, había algunos invitados en la Mansión, pero Korra sabía que todos estaban fuera en la propia fiesta del evento en el Ayuntamiento.
Entraron al edificio por una ventana que Korra había dejado abierta desde antes de salir y guió a la gata hasta la segunda planta y lo más al fondo. Ninguna prevención estaba de más, después de todo. En medio del silencio, Korra creía ser capaz de escuchar el rápido latir del corazón de la gata. Una cama del triple de grande que la de Korra las aguardaba al abrir la habitación.
Korra no pudo seguir esperando, tomó a Catra entre sus brazos y la gata se enredó en su cintura y en su cuello. Catra necesitaba marcarla, así que empezó a frotar sus mejillas contra las de Korra, era puro instinto. Su pelaje frotando contra el pelaje azul. Catra la marcaría como suya las veces que hiciera falta, así fuera cada vez que regresara de estar con la Monitora. Lo único que quería era sentirla ya sobre ella. La animalidad de Korra transmutada era más grande y deliciosa para la gata. No era la primera vez que lo hacían con Korra transformada.
La loba gruñó de placer, el ronco gruñido creciendo en su pecho como una contra nota al ronroneo de Catra. Con la gata encaramada en el torso de Korra, por fin fueron a parar a la cama. La loba pasó su larga lengua por el cuello de Catra, quien empezaba a jadear de gusto.
Cuando empezaron a intercambiar besos más ardientes, Korra volvió a levantar a la gata, para quitarle el saco, y está vez terminar de romper la blusa roja. La gata le quitaba con hambre la túnica y en un último pensamiento coherente de Korra la detuvo al temer por la ropa tan querida para Senna, se desvistió rápidamente y regresó a los brazos hambrientos de Catra, quien frotó todo su rostro en la curva del cuello azul.
La loba la empujó a la cama y de un solo movimiento le sacó los pantalones, ayudada por Catra al levantar sus caderas y sostenerse con las manos, las dos ya bien coordinadas después de varios encuentros por el estilo. Aquí no había dulzura, no cuando las dos estaban tan necesitadas con sus celos llenando sus fosas nasales.
Korra se arrodilló a los pies de la cama gigante, pasó sus manos con garras por debajo de los muslos durazno y las afianzó en las caderas, levantó la mitad de inferior de Catra hasta su hocico, para no inclinarse y no enterrarle por accidente los cuernos, la gata tenía las orejas pegadas a la cabeza, en clara expectación, se sostuvo sobre sus hombros y codos y los ojos bicolores y azules se encontraron, para al fin sentir el tan ansiado alivio. Catra echó la cabeza contra la cama y empezó a retorcer las sábanas de inmediato, Korra hundió su lengua larga y húmeda en su entrada caliente y necesitada.
Esto es lo que había esperado por dos largas semanas. Necesitaba a Korra toda para ella, se lo merecía después de los excelentes resultados que había obtenido. La loba se concentró en llenarla con su lengua con un ritmo constante y sediento, la lengua canina se contraía y expandía dentro de la gata. Korra tanto la llenaba como salía rápidamente para masajear su clítoris y torturarla deliciosamente. Sus dedos apretaban con fuerza su carne y las garras atravesaban levemente el pelaje durazno como para que Catra las sintiera contra su piel directamente para un poco de dolor, exquisito y punzante. Korra bebía de ella, de su húmedad dulce y abundante, con el calor del momento, necesitaba escuchar a Catra gemir y gritar cuando llegara, para lo cual faltaba tan poco, podía sentir sus paredes reclamando su lengua cada vez más urgentemente y los muslos de Catra apretaban contra su cabeza con más fuerza cada vez. La gata no sabía dónde poner las manos, tanto estaban al lado de su cabeza apretando las sábanas o a la altura de su estómago, con su torso retorciéndose en el aire, presa de la fuerza de Korra, con su cola dando bandazos entre los cuerpos calientes o enredándose en los bíceps de Korra.
Cuando la loba sintió que Catra ya estaba llegando, dejó de arremeter su interior para concentrar todas sus energías en el botón, inflamado y erecto orgullosamente ante sus embates.
—¡Korra… Korra, sí! ¡ahí, no pares!— Sí, sí, justo ahí era el punto exacto. Las orejas de Korra estaban dirigidas totalmente al frente, para escuchar los dulces gemidos.
Catra se corrió duro contra su lengua y la sonrisa lobuna era insoportable para la gata. Korra la dejó yacer en la cama mientras se concentraba y respiraba profundo para perder la fase.
—Mi hermosa y dulce gatita, te corriste tan rico en mi lengua, Catra, que ahora sólo quiero follarte tan duro que vuelvas a correrte— La gata totalmente sonrojada se mojó más ante tan deliciosas palabras.
Ahora con su apariencia y estatura normal, Korra trepó a la cama a la altura de Catra, la volteó boca abajo y se puso entre sus piernas, a modo que si doblaba enteramente las piernas, su centro se rozaba con el muslo de Catra, casi en su trasero. Pero de momento, solamente estaba ahí sobre ella. Sabía lo mal que Catra se podía poner de solo sentir su peso sobre ella, sintiéndose resguardada, y la restricción de movimiento, que normalmente odiaba, aquí la calentaba tanto. Le acarició los muslos, el trasero y la espalda baja lentamente, con un sentimiento cálido en el pecho que no quería explorar.
Pasada la necesidad brutal del inicio, ahora quedaba espacio para más que solo el deseo. Satisfacer necesidades más complejas. Catra levantaba sus caderas para sentir como su trasero rozaba contra el vientre bajo de la loba y su cola se enredaba en su muslo derecho, Korra le correspondía aplastandola suavemente con su cuerpo, moviendo sus propias caderas, disfrutando del delicioso y corto pelaje, tan sedoso, apoyando su peso superior en sus manos, abiertas y apoyadas a los lados de Catra, que restregaba la cara contra las mantas para saciar su ansia de marcar a su compañera, su mano derecha sosteniendo el antebrazo moreno. Korra le besaba los hombros, le mordía suavemente la espalda, volaba por su cuello, dejando más besos, cayendo más pronto que tarde en su propia trampa, no muy segura de querer caer o no, pero dejándose llevar, tanto por la situación como por la ternura que envolvía ahora la pasión de las dos.
Esa ternura que se dejaba asomar cuando después de cada beso, Korra acariciaba con la punta de la nariz a la gata, disfrutando de su aroma, para besar dulcemente de nuevo.
Korra ralentizó y profundizó el movimiento de sus caderas, bajando un poco más a modo de que su muslo rozaba desde atrás toda la entrada de Catra, apoyó su peso sobre su antebrazo izquierdo para caer más enteramente sobre la gata, y al tener libre la mano derecha, acarició con cariño lo más que pudo del cuerpo bajo ella. Catra estaba perdida en las sensaciones, sintiéndose excitada y cuidada a partes iguales. Los dedos de Korra, ahora sin garras, viajaron por todo el costillar, sintiendo el suave pelaje, apretando su cadera y magreando el grandioso trasero, ya que al estar ligeramente inclinada sobre su lado izquierdo, quedaba el delicioso gluteo para tocar, apretar y golpear. La mano dejó el trasero con promesas de volver pronto y subió hasta el hombro para masajearlo, ante los continuos besos y mordidas de esos labios inquietos. Catra ya había dejado la cabeza quieta, volteada a la derecha y Korra podía ver la mitad de sus divinas facciones, como sus labios se abrían ante los gemidos y jadeos continuos, como tenía los ojos cerrados por la pasión, esos colmillos que le marcaban con hambre la piel y la suave oreja encogida por el placer contra su cabeza. Parecía que cada parte del cuerpo de Catra estaba contraída.
El puño derecho se Catra se apretaba a la altura de su boca y nariz, envolviendo las sábanas oscuras, Korra estiró su mano, acarició el dorso de la mano de Catra y antes de que pudiera pensarlo dos veces, sus dedos se habían enredado en los contrarios. Korra con la mano vuelta hacia arriba tenía sostenida fuertemente la mano de su amiga, y hundió su cara en la curva del cuello felino, oliendo su aroma a durazno, a cedro, a necesidad y canela, marcandola con su olor también. Sus manos juntas eran un punto de calor casi tan intenso como sus centros unidos.
Dejó crecer el momento y la sensación, las dos escurriendo, moviendo las caderas para encontrarse a medio camino, entre la ternura y la decadencia, entre el cariño y el placer, hasta que se volvió insostenible. Catra gemía el nombre de Korra sin sentido, y ella la premiaba con palabras de grosero elogio, prometiendo dolor y placer para una noche eterna. El calor de sus cuerpos juntos era insuperable, el placer crecía y crecía sin culminar. Korra no podía más, su brazo izquierdo se estaba cansando, pero Catra se retorcía contra ella como si la vida le fuera en ello…. solo, solo necesitaba escucharla admitiendo, y le daría todo.
—Por favor, Korra… más, más, necesito… más… —
—Sí, sí… Así, Gatita, solo tenías que pedirlo— También gimió la morena.
Sin dejar de moverse en largos movimientos de cadera, se apoyó ahora en su codo derecho, sin soltar la mano contraria todavía, para poder desacalambrar su brazo izquierdo después de tan deliciosos minutos. Apoyó su mano izquierda sobre la espalda de Catra y al fin deteniéndose un poco, también le soltó la mano, extrañandola de inmediato, se incorporó y con sus piernas abrió un poco más a Catra y la gata con el trasero bien levantado, apoyándose en sus muslos, se dejó hacer. Korra la penetró sin cuidado desde atrás, con el dedo medio y anular de la mano derecha hacia abajo, torciendolos a momentos.
Korra se incorporó completamente sobre sus rodillas, se acomodó bien entre los muslos durazno y apoyó la mano izquierda pesadamente justo sobre el nacimiento de la cola parda, que se enredó en todo su antebrazo, y así equilibrada, empezó a bombear en Catra y mover sus caderas para su propio placer. La ardiente ternura de hace unos momentos seguía ahí, el pulgar izquierdo de Korra acariciaba con cuidado a la gata y ella no dejaba de moverse, sabiendo que con cada vaivén no sólo ella misma se clavaba en los dedos morenos, sino que ayudaba a construir el orgasmo de Korra, que se correría sobre ella, y ardía por complacerla, para al fin sentir sus palmas contra su trasero, contra sus senos y sus muslos, con el ardiente placer del dolor que la llevaba a un espacio mental donde sólo existía su piel y todo lo que Korra la hiciera sentir.
Korra podía sentir su propia humedad manchando sobre el pelaje de Catra y sus movimientos cada vez eran más cortos y rápidos según su botón golpeaba en donde muslo se convertía en glúteo. Con cuidado, dejó de apoyarse con la mano izquierda y sostuvo en su puño la cola, algo ligeramente doloroso que ayudó a Catra al fin a perderse entre los dedos de su compañera. Un gemido ahogado fue la recompensa de Korra, que gruñó y gimió complacida cuando unos momentos después ella también se corrió y se dejó caer de lado junto a Catra, que reptó hasta ella para besarla después de mirarla por un momento inconmensurable a los ojos. En cada par de orbes afloraban el deseo y la llama de un sentimiento sin nombre.
Korra se impulsó hasta la cabecera de la cama, donde apoyó unas almohadas para reclinarse y sentó de rodillas sobre ella a Catra, que solo portaba el collar con la piedra azul, la cual rebotaba sobre su pecho cada que bajaba sobre los dedos de Korra, quien la sostenía en su lugar con la mano izquierda sobre su cadera derecha.
Catra no dejaba de lubricar, y con esta posición no solamente podía clavarse sobre los dedos de su loba, sino que Korra a voluntad también podía salir y jugar con su botón, haciéndola saltar y suspirar. Y lo mejor de todo, al fin podía besarla a gusto, juntar sus lenguas, envueltas en húmeda danza, o restregar su rostro contra el contrario para seguirla marcando, y sí la mano de Korra no descansaba posesivamente contra su cadera, jugaba con sus pezones y sus senos.
Catra dejó que sus brazos se enredaran sobre los hombros morenos y ahora le besaba el cuello a Korra, asegurándose de dejar marca. Korra la había reclamado frente a todos en el baile y ahora ella haría lo mismo.
Korra la dejó jugar contra su cuello un rato, pero después también ella la abrazó y volvió a besarla en los labios mientras sacaba los dedos de su interior apretado para reacomodar su mano, penetrarla con el indice, el medio y el anular para poder frotar el suave e inflamado botón. Catra era un desastre decadente colgada de su cuello, besando y lamiendo en medio de gemidos necesitados. Ya no saltaba para cabalgar los dedos, sino que ahora solamente movía las caderas para que su botón rozara más contra el dedo pulgar de Korra, que también le besaba el cuello, marcandola y reclamandola.
Catra no tardó mucho en volver a correrse, pero Korra no le dio descanso, con ternura la tomó contra ella de nuevo, y todavía con el orgasmo en su cuerpo, siguió penetrandola con un ritmo constante y duro, profundo. Ahora quería otro tipo de orgasmo. Catra tenía su frente descansando contra la clavícula de su compañera, todo su mundo el cuerpo que la sostenía. Con los dedos dentro de ella llevándola al extremo y los suaves labios murmurando contra su oído y repartiendo besos como alas de mariposa por sus hombros, sus garras se clavaron en la espalda morena, fuerte, firme, constante, hasta hacerla sangrar y ahora su único punto de apoyo mientras su interior volvía a explotar.
Esta tortura era dulce y terrible, una de las favoritas de Korra, llevarla hasta el límite de su sensibilidad y después solo subir y subir, hasta que su cuerpo literalmente se derrumbara.
Así que esta noche, el placer sería el dolor en sí mismo, hasta que no pudiera tomar más, hasta ser solo un decadente cúmulo de nervios hipersensibles en medio de la voluntad de su compañera. Hasta que su mente se desprendiera de su cuerpo en medio de la niebla del placer y algún otro sentimiento cálido sin nombre, y así, revoloteando entre dedos, besos y placer, llegaron los recuerdos que llevaron a que Korra fuera su compañera.
Korra había recorrido la escuela con cautela. Había un olor espeso por debajo de todos los demás olores. Korra estaba buscando al responsable de esto, porque era algo rarisimo. Lo había descubierto al seguir transmutada después de un entrenamiento, y ahora al ya tener identificado el olor, le era más sencillo perseguirlo. Fue a parar hasta uno de los parques más frondosos de los terrenos del colegio, del otro lado del estacionamiento principal. Hogar no solo de uno de los más grandes árboles espirituales originales de la ciudad, sino también de muchos espíritus, y ruinas antiquísimas de lo que en otros tiempos fuera el centro de Ciudad República. Los alumnos lo evitaban y solamente en los mejores días se podía ver a algunos paseando en la parte más exterior, con sus pastos bajos, ocasionales árboles y exóticas flores espirituales. Lo llamaban Los Bosques Susurrantes. No tuvo que adentrarse mucho y toda la piel se le erizó, y un poderoso instinto que no pudo desobedecer la llenó, provocando que le creciera toda la pelambrera sin llegar a transmutarse por completo.
Ahora su nariz la guiaba con mayor facilidad. Recordaba como hacía dos años ella había pasado por lo mismo por dos tormentosos días, el calor, el deseo, el mal humor, pelearse a golpes con un estúpido transhumano medio oso solo porque la había mirada de mala manera, según ella, la pelea con su padre que llegó a los gruñidos por parte de los dos, porque los padres no reconocen el estro de sus propios hijos. Fue su madre la que se dio cuenta, por los síntomas y la repentina locura de su hija. Fue entonces cuando pudo tomar los supresores y sentirse cómo ella misma de nuevo. Fue una de las pocas veces que su padre fue hasta su habitación a disculparse. Y se enteró de cosas que a lo mejor no hubiera querido saber sobre la adolescencia del mismo, pero empatizo. Su padre de verdad se veía decaído por haberla amenazado en medio de gruñidos y con las garras desnudas. Ahora cada dos meses tomaba la poderosa píldora morada y negra que suprimía lo peor de su lado transmutado.
Cuando llegó al lugar, se encontró con la chica gato, recostada sobre una de las ramas más gruesas de un árbol, inquieta, retorciéndose de un lado para otro, agitando las caderas vergonzosamente de vez en vez, con la cola moviéndose en espasmos, la respiración agitada y soltando algún sollozo o gemido ocasional. Debía estar en lo peor del ciclo, seguramente el primero.
─¿Sabías que solo necesitas una tonta pastilla?─ Le gruñó desde lo bajo sin querer. Nunca había entrado a este tonto bosque y no le agradó comprobar que algunos de los rumores eran ciertos. La parte espíritu de algún modo cobraba mayor fuerza y para personas como ella, que eran de la clase Doobutsu, significaba mayor instinto.
─¿Qué rayos haces aquí?─ Le contestó la gata desde su rama, sosteniéndose el vientre fuertemente y mirándola con recelo. Toda la cara sonrojada. Korra saltó hasta la rama sin problemas. Por una parte sí disfrutaba estar transformada.
─En la enfermería las puedes conseguir sin mucho problema...─ El olor... el olor era delicioso. Tenía que controlarse. Por mucho que sus pelajes, sus orejas e incluso las colas de las dos lo demostrará, no eran simples animales sucumbiendo al instinto. A Korra solo le faltaban los cuernos y el hocico.
─¿De qué estás hablando?─ Catra no dejaba de retorcerse. Apenas podía hablar. La sorpresa distrajo a Korra. ¿Era en serio?
─¿Estás bromeando, verdad?─ Catra le lanzó la mejor mirada de odio que pudo en sus condiciones.
─¿Ves qué esté en condiciones de bromear, maldita sea?─
─¿Y si te sientes tan mal porque no vas a la enfermería?─ La gata intentó sentarse, reclinarse en el tronco. No estar tan vulnerable. Solo le dio una mirada elocuente a Korra.
─Ah... tú fuiste la que se peleó con la rubia, ¿No? Creo que a la escuela no le importaría atenderte a ti también─ En las duchas del gimnasio Korra había escuchado rumores de una pelea que involucraba a la hermana de la Etoile.
─¿Quién rayos eres y por qué estás aquí?─ El aroma... hasta el aliento de Catra era una invitación. Por Raava y todos los Profanos, esto tenía que ser un chiste.
─Tenía curiosidad, la verdad... ¿quién en su sano juicio va por ahí con su celo en pleno apogeo, alertando a todo semental disponible?─ Los ojos de Catra se abrieron con sorpresa. ¿Celo?
─Yo no...─
─Por eso es malo saltarse las clases. Déjame adivinar ¿tampoco fuiste al modulo especial a inicios de año?─ Korra se estaba divirtiendo de lo lindo.
Por supuesto que Catra sabía lo que era el celo. Y no había identificado los cambios. Es que ella siempre estaba enojada, así que el aumento de la agresividad no le servía mucho como síntoma previsorio. Aunque la verdad es que sí había estado mucho más irritable de lo normal las últimas semanas. Y después... tenía tantas ganas de que Adora la tocara, simplemente tener contacto con ella ya era algo placentero, y algunos compañeros se habían pasado de acomedidos con ella últimamente. Todo era culpa de su maldito olor, que volvía dóciles a los tontos machos disponibles. Y por lo visto no solo a los machos.
─Lárgate. Déjame sola─
─Oye, tranquila, tigresa─ Korra no la dejaría ahí retorciéndose de dolor y excitación y calor.
─Me llamo Catra, idiota─
─Ya veo que a ti te dio fuerte el mal humor─ Bueno, ¿es que nada disuadía a esta chica de largarse? Todos huían ante su mal humor e insultos.
─¿Qué más te da?─
─Es que me encanta ver gente retorciéndose de dolor. Yo soy Korra, por cierto─ ¿La peleadora estrella de primer año de la preparatoria? Korra se había acercado más a ella. El olor era irresistible. Quizás por eso es que estaba pasando de largo los insultos de la gata.
─Qué divertida eres, muero de risa─
─En serio, escogiste el peor lugar para esconderte ¿No sabes lo que dicen sobre este lugar tampoco?─
─Solo me interesaba no tener que ver la tonta cara de nadie─
─¿Por haberte peleado con tu amiga o porque te sientes como una patada en el trasero?─
─Ella no... ah...─ Catra se sonrojó más y en un espasmo, estaba a punto de caer, Korra la sostuvo por el brazo, y Catra sintió que se quemaba, y al mismo tiempo detestaba el contacto físico, intentó safar el brazo y ocasionó que las dos se precipitaran. Korra reaccionó rápido, en medio del aire, giró sobre sí misma abrazando a la gata que ante el vértigo y todas sus hormonas, aceptó el abrazo cerrando fuertemente los ojos, esperando el impacto. Pero Korra no era la mejor contendiente por nada. Cayó ágilmente dando una maroma para amortiguar la caída y terminó con una rodilla en el piso, con Catra jadeando entre sus brazos. Ambas tenían las pupilas sumamente dilatadas, se miraron un segundo más y Korra bajó más la cabeza, sin dejar de mirar a los ojos a la gata. Catra la tomó por la chaqueta, nerviosa. Korra no era una bruta. Se quedo a unos centímetros de sus labios. Catra, que había cerrado los ojos, los abrió y se encontró con esos ojos de mar, casi negros de lo dilatados que estaban, mirándola suavemente, miró sus labios y sin pensárselo más, la besó para gemir de alivio entre sus brazos.
El calor dejó de ser doloroso para pasar a ser una fuerza que arrasaba. El beso que empezó lento se transformó rápidamente en una lucha de poder y deseo. El olor de Catra en la nariz de Korra la instaba a complacerla. Si la gata quería más, le daría todo. La abrazó para acercarla más a su cuerpo y Catra respondió subiendo sus manos para abrazarla y enredar sus garras entre el espeso cabello que se había tornado azul, cómo el resto del pelaje de Korra. Ahora Korra estaba sentada en el piso, con Catra sobre ella, restregando su vientre contra el abdomen azul. Korra la apretaba más contra ella, con un brazo alrededor de sus hombros y el otro sobre su trasero, ocasionalmente acariciando la larga y parda cola, enredada en su brazo. Pelaje cobalto contra pelaje durazno. Se comían a besos y Korra ya estaba intentando sacarse la ropa. Y de pronto, recordó algo. Nada tenía que ver con el momento. Quizás... solo un poco.
Estaba con Asami. En su habitación, las dos estaban platicando, hace dos o tres años. Haciendo tarea juntas o algo. Cuando todavía eran amigas. Estaban hablando de la reciente relación de Asami con su amigo Mako. Korra no estaba muy emocionada y terminaron hablando de sexo, pues Asami estaba segura que en algún momento lo iba a hacer con Mako. Recordó que Asami le confesó le gustaría que Mako fuera atento, tierno, detallista. Las cosas de las que hablan las mejores amigas. Y después Kuvira, que era un año mayor que ellas, le platicó de su primera vez con un alumno que ya no estaba en Luna Brillante, pues había entrado a la Universidad Republicana, el chico había sido un completo pelele, pero por lo menos en la cama se había dado a la tarea de darle a Kuvira una noche memorable. A Korra no le interesaban esas cosas, y su primera vez la había tenido precisamente con Kuvira, ahora hace un año, porque por una vez había olvidado tomar sus supresores y simplemente se había lanzado sobre su amiga, que sobrepasada, le correspondió. ¿Pero y si a Catra le importaban esas cosas? Korra conocía a Kuvira, era su mejor amiga después de Asami. Y después de lo ocurrido y una platica vergonzosa, lo acontecido solo acrecentó la amistad. La confianza entre ellas.
Pero ella ni siquiera era amiga de Catra. Las circunstancias se habían dado y ya no había nada más que hacer. Si se detenía ahora, el dolor para Catra sería insoportable por horas. La felina estaba necesitada en una forma literal. Pero podía hacerlo mejor que en el piso de los Bosques Susurrantes.
─Catra, Catra, espera─ Le dijo en medio de jadeos. La gata no dejaba de restregarse contra ella. Sus colmillos en su cuello. ─ Ah... ─
─¿Qué pasa?─
─¿No... No quieres ir a otro lugar?─ Le dijo en el segundo que le dio, señalando el lugar. Catra no tenía otro lugar a dónde ir. En Etheria no tenía ningún privilegio y no quería tener nada que explicar. Además solamente estaban en esto por el tonto celo. Necesitaba a Korra dentro de ella ya. Le daba igual donde estuvieran... las manos de la chica se sentían tan bien sobre su piel, acariciándola.
─Me da igual... No pares...─ Fue lo único que pudo decir. Pero algo en su mirada le dijo a Korra que no era verdad, que sí le importaba. Quizás las hormonas la estaban poniendo cursi. Sus ojos desiguales eran hermosos.
─Vayamos a mi casa─ Ella las levantó sin problemas.
─Solo quiero... terminar con esto─ Jadeó Catra junto a su oreja.
─Lo terminaremos ahí. Estarás mucho más cómoda─ No había nada que la gata pudiera hacer, separarse de su pareja ahora le generaría un gran dolor físico y una llamada más fuerte, que quien sabe a quién atraería. A lo mejor no era tan mala idea alejarse de la escuela, al fin... Nadie la quería cerca.
Korra la siguió besando mientras la llevaba hasta su moto. No se encontraron con nadie en el camino que les hiciera mucho caso, en cuanto salieron de las inmediaciones del bosque, Korra automáticamente recuperó su apariencia normal, lo que sorprendió por un momento a Catra. La piel morena se sentía mucho más suave y caliente que el delgado pelaje azul que tenía hacía unos momentos. Se sentó tras ella en la moto, mientras le seguía besando y lamiendo hambrientamente los hombros descubiertos. Llegaron pronto a la gran mansión blanca que era la casa de Korra, estacionó la motoVEM y en medio de más besos, caminaron hasta la habitación de la morena, esquivando a la poca servidumbre y disfrutando que de nuevo sus padres estaban fuera en algún evento público. Seguramente su padre la reñiría después por no llegar a tiempo.
─Ahora... podemos divertirnos en serio─
─Deja ya las tonterías y terminemos con esto─ Korra sonrió por su mal humor, y volvió a comérsela a besos. Sabía delicioso, realmente como a durazno... Algo fresco y suave entre sus labios.
La gata no tardó en apegarse a ella. Toda instinto, Korra se sacó la ropa y se la quito a ella también. No había espacio para la vergüenza. Además, su cuerpo era de las pocas cosas de las que Catra podía estar orgullosa y solamente envidió los senos grandes de la morena, pero no cuando se los metió en la boca con desesperación. La maestra agua la llevó hasta la cama y ahí desnudas las dos, se siguieron besando con hambre. Korra se puso bajo ella y Catra ronroneó de placer cuando pudo moverse al fin piel con piel sobre su vientre. Fue un alivio tremendo para su cuerpo. Su aroma era tan dulce en la nariz de Korra. Con sus manos, envolvió la cara de Catra, que no se resistió, bajó hasta ella y la besó largamente. Cuando Korra se aseguró que la gata no se quitaría de su boca, con la mano derecha bajó hasta su entrada, y por fin sintió toda la humedad con ella.
─Estás empapada...─ Catra enrojeció brutalmente y por un segundo se detuvo y su cuerpo se alejó del de Korra.
Korra estaba tan confundida. El deseo, el instinto y el olor la instaban a complacer a su compañera. ¿Acaso no necesitaba que la poseyera ya? Recordó como ella misma sintió la necesidad ferviente de sentir los dedos de Kuvira dentro de ella cuando empezaron a besarse. Se sorprendía de que la gata no se lo hubiera pedido ya. Korra se lo había prácticamente suplicado a Kuvira en pocos minutos. Suavemente, con una mano en la cintura de la gata, la atrajo de nuevo hacia sí misma.
─¿Qué pasa? ¿Quieres que me detenga, hice algo mal?─ No sabía si los felinos tenían necesidades distintas a los caninos en realidad.
El calor de nuevo embargó a Catra. ¿No estaba tan mal, verdad? Esta chica de algún modo, supo que era su primera vez, se preocupó de por lo menos no poseerla como el par de animales que se estaban portando en medio del bosque. La estaba tratando con pasión y dulzura, algo que apenas alcanzaba a reconocer. Las únicas caricias dulces que había tenido en su vida fueron hace muchos años, con Adora. Cuando todavía vivían juntas. No, no quería pensar en ella en estos momentos. Mucho menos en estos momentos. Ella quería que Adora estuviera con ella. Casi podía pensar que los ojos azules de Korra, aunque un poco más oscuros, eran los de Adora. Pero no cuando habló y le dijo, con su voz más grave y profunda por el deseo, que estaba empapada. ¿Qué se suponía que hiciera ante eso?
No había rechazo, ni asco, nada negativo en la voz de su pareja. Solamente un montón de deseo. Era un cumplido, ahora entendía... Se sentó sobre el vientre de Korra y pudo escuchar y sentir la humedad que ya había esparcido sobre su piel. Bajó las orejas y se detuvó ahí.
─¿Es tu primera vez, verdad?─ Catra dio un respingo. La voz de Korra era tan suave.
─No... Yo...─
─No pasa nada... A mí me paso lo mismo. Solo que con una amiga. Esto es normal, es nuestra naturaleza─ Korra se incorporó y salió de debajo del cuerpo de Catra y la besó con suavidad en el cuello y acarició una de sus orejas, apretada a su cráneo.
─No sé qué hacer ahora─ Se atrevió a decir la felina.
─¿Quieres continuar...? Tengo unos supresores. No sé si te ayudarían con el dolor, pero podemos intentar─
─No, quiero terminar con esto. No quiero sentir ese dolor de nuevo─ Además... sus besos no estaban nada mal.
─Entonces déjame ayudarte...─ Korra no sabía porque, pero sentía que Catra se sentiría más segura si seguía arriba, y no bajo su peso. Pero se equivocaba.
Se besaron de nuevo. Catra suspiró al sentir su lengua, y los suaves labios de Korra. Siguieron tocándose y besándose.
─Voy a tocarte ahora...─
─Solo hazlo y ya, idiota─ Korra sonrió. Catra ya no se alejó de ella, pero se quedo rígida. Expectante.
Korra la empezó a acariciar con suavidad en sus labios, esparciendo la humedad, y después entró lentamente con dos dedos y Catra se clavó a sí misma sobre ella, porque no podía esperar más. Por fin, todos sus instintos estaban siendo saciados, el calor en su vientre explotó más. El instinto mismo la llevó a jalar a la morena para que quedara sobre ella. Korra tuvo que salir de ella para re acomodarse. Las piernas de Catra rodeando su cintura con fuerza. Korra dejó que su cuerpo aplastara a la pobre gata, que se sintió resguardada. Le besó la barbilla y bajó hasta sus clavículas. Los dedos de Korra de nuevo dentro de ella. Pero cuando se concentró en su botón, ya no hubo vuelta atrás. ¿Cómo había podido vivir sin el sexo? Y Korra no dejaba de ser tan atenta y suave. La besaba, la acariciaba, la llevaba al extremo. Pero correspondía a sus arañazos inconscientes, a sus mordidas juguetonas. Y su sonrisa altanera y gentil la mataba. Era una amante apasionada y detallista.
Cuando Catra se corrió por segunda vez en los dedos de Korra, no pudo dejar de verla.
─Eres hermosa─ Y Catra gritó su orgasmo tan fuerte que sintió que se dañaba la garganta. ¿Hermosa? Eran solo las hormonas. El momento.
Después de besarse y tocarse durante unas horas más, al fin estaba exhausta. Totalmente relajada. Toda la ira y el mal humor se habían esfumado junto a sus orgasmos. Ahora solo tenía que irse de ahí... pero estaba tan cómoda. Hecha un ovillo junto a su amante. La chica estaba despierta, mirándola.
─Puedes quedarte, si quieres. No me molesta─ Catra se arrebujó más en las mantas y esa fue toda su respuesta ─Traeré algo de comer, Catra─
Esta completa extraña estaba siendo más amigable con Catra que nadie en toda su vida. Solamente una persona... Korra regresó con toda una ración de comida casi 30 minutos después. Catra ya estaba más dormida que despierta pero el aroma la despertó de inmediato.
─Disculpa la tardanza, no había visto la hora. El servicio ya está descansando. No sé que te gusta, así que he traído huevos, fruta, unas salchichas, un pedazo de pastel, helado. Y este es pay de ciruelas de mar, es mío, pero si te gusta, también te invito... ─ Se comieron todo. Catra en especial se centró en los huevos recién fritos y las salchichas hervidas con salsa de tomate, bebieron té frío y siguieron platicando. Catra traía una playera de Korra que le quedaba un tanto holgada.
─¿Entonces... por qué te peleaste con la rubita?─
─Por una tontería... Por culpa de esto. Exploté como una idiota─
─Ya... pero eso debería arreglarse fácil...─
─No lo creo. Era mi última oportunidad─
─¿Sobre qué?─
─La decana Izumi va a expulsarme─
─¿Y tú quieres seguir en Luna Brillante?─ Catra lo dudó unos segundos. ¿Cuándo fue la última vez que había pensando en lo que ella quería?
─Creo que sí... Es decir, sé que es la mejor escuela que hay...─
─¿Tus padres te obligan a estar ahí?─ ¿Es que esa chica no sabía nada de ella? Claro, por qué una chica de la preparatoria tendría que preocuparse de alguien de la secundaria, y más a una buscapleitos como Catra.
─ NO. Yo no tengo padres, Korra ─ Ahora Korra entendía un poco más. Los datos sueltos que tenía en la cabeza cuadraron por completo. Catra era la vieja amiga de Adora, la hermana adoptada de Asami. Adora y la loba habían tenido sus roces cuando la rubia llegó a la vida de Asami y Korra, y nunca se habían hecho amigas realmente. Pero conocía su historia a grandes rasgos gracias a Asami.
─ ¿Entonces perteneces al programa de Etheria? ─ El programa ya llevaba casi una década en funcionamiento. Kuvira era parte de ese mismo programa, solo lo mejor de lo mejor que tenía para ofrecer el orfanato. Entonces Catra debía de tener algo bueno.
─Sí. Si me expulsan, tendré que conseguir un trabajo─
─¿Y por qué es tu última oportunidad entonces?─ Catra estaba asombrada. ¿De verdad nunca había escuchado hablar de ella?
─No te incumbe─
─Está bien, Catra─ Korra terminó de escombrar de trastes la cama y se cambió sin tener cuidado frente a la gata, su pijama consistía en unos pantalones cortos negros y una tank top azul claro. Catra se bajó de la cama, nerviosa.
─Vamos, ¿a dónde vas? ¿Piensas que vas a dormir en el piso o algo así? ¿Después de lo que hicimos?─
─Cállate...─ Y regresó a la cama y se acomodó mientras Korra le sostenía las mantas.
Catra se volteó y quedó mirando la ventana, que daba a un patio bien cuidado con grandes árboles, y a lo lejos se podía ver la espiral del Portal Espiritual.
─Si te interesa de verdad... Puedo ayudarte─ Korra miraba hacia la ventana también, con las manos bajo la cabeza. Catra solo movió las orejas en respuesta ─Puedo hacer que te den otra oportunidad, pero tendrás que hacer las cosas mejor─ ¿Si Adora había tenido una oportunidad, porque Catra no?
─¿Y tú qué ganas con eso?─
─Dejar de aburrirme un rato. ¿Qué dices?─ La sonrisa de Korra desbalanceó a la felina. Lo único que había hecho todo el día era ayudarla. Ya se sentía lo suficientemente patética. Pero había aceptado.
Al otro día, Korra se presentó en la oficina de la decana Izumi. Había hablado con ella cerca de una hora, y cómo la decana se retiraba ese año y no quería ensombrecer su último año con una expulsión de una de las beneficiadas de uno de los mejores programas de Luna Brillante, se dejó convencer. Catra estaba escondida en un aula vacía. Esperando. Korra la alcanzó.
─Bien, Catra. Estás dentro─ Y le sonrió. Catra no tenía idea en ese momento lo raras que eran las sonrisas de Korra últimamente. Catra de verdad no lo creía. Saltó del gusto.
─¿En serio?─
─¿Acaso no sabes que yo siempre cumplo lo que prometo?─
─Gracias, Korra─
─Todavía no me des las gracias... No tenía idea que tú eras el desastre buscapleitos de secundaria. Izumi me mostró todo tu historial... Es increíble, debo admitir─ Catra se detuvo en seco. Así que sí sabía de ella, pero no sabía quién era ─Y creí que yo tenía problemas... en fin Catra, he apostado tu trasero y el mío a qué puedes mejorar lo suficiente para pasar de grado─
─¿Y qué significa eso exactamente?─ Cruzó los brazos y movía la cola furiosamente.
─Qué si tú fallas, las dos podemos despedirnos de Luna Brillante─
─Estás loca, de verdad. Todos esos golpes te han afectado el cráneo─
─No tenía idea que tú me conocías a mí... Y no, nadie me golpea el cráneo en ningún momento. Gracias por preocuparte─
─No creas que soy tu fan. Todos los chicos hablan de la "Magnífica arrasadora", es desagradable─
─Me alegra que no seas una lamebotas como todos esos chicos─ Korra no retrocedía ante ninguna de sus expresiones y le contestaba con la cabeza fría, era tan raro.
─¿Y cuáles son las demás condiciones?─
─¿De qué hablas?─
─Algo debes de querer a cambio de todo esto...─
─En realidad no. Pero no quiero que me expulsen, y comprometerme contigo fue el único método de que Izumi no te echara a patadas esta misma tarde─ Catra bajó las orejas, acorralada. ─Muy bien, Catra, escucha: Nada de peleas, desde ya. Si tienes energía extra, puedes ayudarme a entrenar; vas a entrar a todas tus clases a partir de mañana. También te agradecería que dejaras de fumar en los pasillos, pero eso no es tan urgente. Escucha, una sola queja tuya en la siguiente semana de quien sea, y las dos podemos despedirnos─ Era demasiado. Catra no podía hacer todo eso de un día a otro. ¿Todas las clases? Korra vio el descontento y la negación en la cara de la felina. ─Mira... ¿Quieres que hagamos un trato?─
─¿De qué hablas ahora? Mejor ve despidiéndote de Luna Brillante─
─No. No pienso hacerlo. Y tú tampoco. ¿Ayer te la pasaste bien conmigo?─ Catra se sonrojó. Por supuesto que se la había pasado bien. Todavía le dolían músculos que no sabía que tenía. Había dormido como en una nube y la cena también fue buena.
─Sí...─ Admitió a regañadientes ─Pero no te creas la gran cosa─
─No me la creo, lo soy─ La sonrisa arrogante de Korra era deslumbrante ─Pero dejando eso de lado... Podríamos repetir si te interesa─ Korra dejó que calara.
─¿Me estás ofreciendo sexo a cambio de que haga mis tareas?─
─Te estoy ofreciendo tardes agradables con una amiga si logras conservar tu trasero en las aulas─ Y entonces la morena fue al grano. Acorraló a Catra contra la pared, para poder dejar sus labios muy juntos de los de ella. Y Catra la besó de nuevo, hambrienta. Desde la mañana había querido besarla, cuando la vio saliendo de bañarse.
─¿Qué dices?─ Le dio pequeños besos más.
─Sí...─ Murmuró bajo.
─No te escuché─ Le dijo con una tonta sonrisa ladeada en la cara.
─Sí─ Entonces Korra la cargó y la llevó hasta una de las mesas, y ahí, la gata sentada, se dedicaron a besarse y tocarse el resto de la tarde. Catra quería tanto sentir sus dedos de nuevo.
─Oh, no. Eso no, Catra. Recuerda, una semana, ni una queja. Y tendrás tu premio al final─ Volvió a besarla y apretar su vientre entre sus piernas abiertas, tentándola.
─Eres imposible─
─Una semana─
─¡Bien!─
─Confío en ti─ Catra retrocedió. Nadie le había dicho eso. Korra no la dejó dudar ─Tal vez te estoy pidiendo mucho ¿Tú que quieres de mí? Lo que quieras─
─Quédate conmigo─ Korra parpadeó confundida.
─Aquí estoy─
─No... El siguiente año, quiero estar contigo si voy a seguir aquí otros tres años─
─¿Y te portarás bien?─
─Mejoraré─
─También tienes que entrar a un club... Parte de las condiciones de Izumi─
─Lo haré─
─Está bien... Me quedaré contigo. Lo prometo─
Y justo al escuchar esas palabras en su recuerdo, Catra se apretó todo lo que pudo contra el cuerpo contrario, arañando, mordiendo, aferrando su cuerpo, añorando más cercanía, más calor…
Más.
Adora había huido de la pista de baile en cuanto el beso se había consumado, no había marcha atrás. La tempestad en la mente de Adora explotó. No había más que un gran dolor en el pecho. Se perdió entre el alumnado y chocó contra Bonnibel que buscaba llegar hasta su esposa. Adora solo se disculpó sin reparar en su profesora y siguió avanzando hasta llegar instintivamente hasta los vestuarios del gimnasio.
Glimmer solo tuvo que seguir el rastro de gente golpeada y llegó hasta su amiga. Adora estaba acurrucada en una de las esquinas de los vestuarios, escondida entre los pasillos de lockers. Las lágrimas caían en silencio, en medio de silenciosos sollozos. Adora simplemente era incapaz de callar el vertice de pensamientos y sentimientos.
Estaba tan concentrada en sus obligaciones, tratando de mantener el mismo nivel que Asami, para que sus padres estuvieran orgullosos, para no sentirse insuficiente, para tratar de compensar el apellido Sato que se había añadido a su nombre. Por eso había escogido el club de voleibol, que era un desastre, para demostrar que ella podía aún en las peores condiciones, que Adora misma valía la pena.
Y en el medio había aparecido Catra cuando entró al programa de Etheria en Luna Brillante. Adora poco a poco y torpemente había rehecho su camino hasta el corazón de su vieja amiga, pero un superhumano no tenía que lidiar con los mismos problemas que un Doobutsu al crecer. Glimmer no supo qué más hacer que abrazar a su amiga.
Adora no podía respirar. Los pulmones se negaban a expanderse, o al menos eso sentía, su visión era oscura y borrosa en los bordes. Sus pensamientos rebotaban alocadamente dentro de su mente, de un lado a otro, sin coherencia, con imágenes y sensaciones inconexas. Ahí encogida, se veía y se sentía tan pequeña.
─¡Adora, Adora! Tranquila. Respira, respira conmigo─ Glimmer la sostuvo de las manos y la visión borrosa de Adora se concentró en el ligero brillo morado al frente de ella que era el cabello esponjoso de Glimmer ─Hondo. Anda, sostenlo, así─
Glimmer inspiró y Adora la imitó. Respiraron juntas un par de veces más y el ataque de pánico de Adora disminuyó al punto de que su visión mejoró y ya sentía normal los pulmones.
—Así, ¿Estás mejor?— Adora asintió suavemente y permitió que Glimmer la siguiera consintiendo —Nos voy a llevar a mi habitación— y desaparecieron en medio de chispas.
La sensación terminó de calmar a Adora, porque todavía tenía que hacer inventario cuando su amiga la teletransportaba sintiendo que el estómago y las tripas se quedaban atrás. Cayeron sentadas sobre la cama sin hacer de Glimmer y Adora apretó el suave edredón entre sus dedos.
—No puedo creer que estén juntas… — Al fin dijo Glimmer, a pesar de todo el chisme que habían llegado a mantener después de la plática en la cama de Adora acerca de la extraña pareja.
—Ni yo, jamás lo pensé de Arashi—
—¿Tú la conoces de antes, no?—
—Era la mejor amiga de Asami, la conozco desde que estoy con mi familia. Jugaba con nosotras… yo siempre pensé que… —
—¿Qué cosa?—
—Es que… Bueno, ella miraba de esa forma a Asami, siempre estaban juntas… —
—¿Hablas, cómo, romántico? ¿En serio, Adora?—
—Solo digo que Korra siempre veía diferente a Asami—
—Sí, pero Asami está con Mako—
—Lo sé… — Adora se dejo caer a la cama. La cabeza le estaba doliendo, siempre le pasaba después de llorar.
Asami ya se lo había dicho, Catra era destructiva, que tenía que alejarse de ella. Pero no hizo caso, porque ella sabía que Catra era ternura, fuerza, inventiva, diversión, consuelo, calor en las noches frías. Y alguien más se había dado cuenta de todo eso.
—Adora… —
—Solo quiero dormir, Glimmer—
—Está bien… pero cámbiate, ¿sí? Vamos—
La pelirosa bajo de la cama y abrió su closet buscando un pijama para Adora, quien tuvo que suspirar porque ese vestido era casi una obra de arte por su manufactura. Se lo quito y lo colgó en el gancho que le dio Glimmer.
Por lo menos, ahora podía descansar y mañana sería otro día.
N. A.
Me encantaría saber sus impresiones de la historia!
Yo estoy muy emocionada por todos los proyectos que tengo en la cabeza y se están desarrollando pese a las dificultades técnicas que he tenido estos días...
por cierto, a quien guste y le interese, me puede encontrar en Twitter como (arroba) MoonGrey13
Deseo que todos se encuentren muy bien, abracen a sus familias uwu
Carpe Diem
