Shingeki No Kyojin no me pertenece. Créditos a su respectivo autor

[Long fic EreHisu]

[Lenguaje Soez] [18]


Bastardo Suicida


Twenty


Hay un campo, un extenso campo de animales y vegetación y junto al campo hay una granja; hay una niña, una pequeña figura menuda qué se hace espacio entre el pastizaje, bajo el radiante sol y el hermoso cielo azul, tan azul como su mirada, como sus sueños y sus esperanzas.

A ella le arrojan rocas, latas de ordeño y sacos de gallinaza.

Pero siempre tiene una sonrisa para cada nuevo día.

Y ahí ve, junto al árbol, a la figura de su madre...

—¡Historia!—exclama, con júbilo, dispuesta a entregarle el amor qué nunca le dio—¡Historia!—Pero la voz agoniza y se transforma y no es alegría de la madre de la petisa, ni siquiera se trata de ella.

Eren apareció en el momento justo en que el color de la palidez éterea de Historia se convertía en tonos azules y morados, en que ya no había consciencia alguna en ella y mucho menos aire en sus pulmones. Las manos del tipo la afianzaban con fuerza, un hombre alto de gabardina buscaba arrebatarle la vida a su reina.

Y eso bajo ningún precepto lo concibiría.

Errático se abalanzó sobre aquel hombre logrando que alejara sus malditas manos del frágil cuello de la rubia y se volvió una bestia frenética dispuesto a acabar con lo que hubiera en su camino; estaba dispuesto a moler a golpes al bandido extraño, quería dejarlo destrozado ahí mismo por su osadía, pero no había caso. El tipo con gran habilidad evadía los golpes de Eren y se burlaba en su cara.

—¡Oi, oi, reserva esas energías, muchacho!—rió el hombre con sorna, sin ser tocado ni mínimamente por el poderío de Eren, pero otro par de pasos y Eren en un giro repentino en su ceguera iracunda atinó un puño en una mejilla del sujeto, levantando el sombrero qué portaba y por ende viéndole una cara repugnante, más dientes qué en una pelea de perros y una extraña familiaridad que no distinguía de donde provenía—Parece que me descuidé contigo, escoria.

El extraño se repuso y en un par de movimientos con una patada bien encestada derribó al chico Jaeger en su sitio, se sacudió las malos y posó su fría mirada en una inconsciente Historia. Aún recuperándose del golpe, Eren se arrastró hasta la chica y le echó una feroz mirada al sujeto.

Sobre su cadáver dañaría a Hisu.

El peligroso desconocido metió una mano en su saco de gabardina y de allí sacó lentamente una daga cuyó filo brillante hizo que Eren afianzara a la rubia más contra él.

Las risas de un puñado de adolescentes acercándose evitaron las claras intenciones del tipo, qué se perdió entre el bosquecillo de los terrenos Feulner.

Connie, Sasha, Mina y Thomas que iban riéndose de chistes tontos habían ido allí para fumar algunos cigarillos y entonces se encontraron con la apabullante escena.

—¡Hisu!—gritó escandalizada Sasha al captar a su desmayada amiga.

—¿Eren? ¿Qué ocurrió?—aludió Connie levantando al muchacho con ayuda de Thomas; solo presentaba algunas heridas de grado menor en el rostro, con una ceja y labio rotos.

Eren explicó la situación y pronto arribaron una patrulla y una ambulancia. Afortunadamente los paramédicos aclararon que Historia solo estaba inconsciente y los policías supuestamente harían un seguimiento del caso.

Bajo miradas inquisitivas y curiosas Eren subió a la ambulancia junto a la rubia; en su pequeño cuello estaban bien impresas las manos del infeliz qué la había dañado de esa manera. Él no olvidaría ese desgraciado rostro, no.

Cuando Historia despertó por la mañana se encontró a si misma en una cama de hospital y distinguió la voz de su hermana Frieda entre gritos a diestra y siniestra.

—¡Largo! ¡Fuera, no quiero verte aquí un minuto más!—gritaba enardecida la mayor de los Reiss desde la puerta de la habitación.

—¿Frieda?

—¡Historia!—exclamó al ver a su hermana abrir los ojos un tanto confundida. La alegría titiló en su cara—¿estás bien? ¿Cómo te sientes?

—Estoy bien... No recuerdo bien lo que pasó, pero...—murmuró quedamente y reparó en una cosa—¿Donde está Eren? ¿A quien le estabas gritando?

—Él fue a la cafetería, no se ha movido de acá—respondió claramente la mayor peinando con cariño mechones rebeldes de su hermanita—me dijeron que él te salvó del agresor.

"¿Fue Eren?"

Claro qué fue él, ¿Qué otra persona sería capaz de salvarla?

—¿Y... por qué estabas gritando?—ante la repetición de la pregunta la azabache suspiró.

—Papá trajo a Alma a verte—explicó e Historia elevó ambas cejas al oírlo, con la Boca semi abierta—empezaron a conversar de cosas que no venían al caso y no aguanté un segundo más con ellos aquí.

—Ya—entendió la rubia y emuló una media sonrisa de complacencia para su hermana —gracias, Fri—agradeció sinceramente porque su hermana le evitó una visita desagradable, dejando de su displicencia social y el magnánimo respeto que demostraba a Rod. Era ciertamente inesperado.

—Tori—oyeron entonces una nueva presencia en la habitación y el corazón de Historia se llenó de emoción—despertaste, ¿estás bien? ¿Te duele algo?

—No—negó inmediatamente, pero el cuello le dolía a horrores—estoy bien, Eren.

—Iré por una enfermera—añadio Frieda, quien sentía sobrar en ese espacio por un momento y aprovechó la oportunidad para dejar solos a ambos jóvenes.

El muchacho caminó hasta acercarse a la cama y se sentó en un borde de esta, buscando con una de sus amplias manos los deditos de una mano de su petisa adorada. Hipeó, reparando en que estuvo a punto de perder lo más qué existía en su vida además de Carla Jaeger.

Habría enloquecido de no poder evitarlo.

—¿Tú estás bien?—preguntó ella ladeando el rostro.

—Lo estoy, Tori. Me has visto en peores condiciones.—ella sonrió y enredó sus manos con las de él.

—Gracias por salvarme.

Eren la miró fijamente a los ojos y silenciosamente le gritó que lo haría una y mil veces de ser necesario. Llevó la pequeña mano de su reina hasta la altura de sus propios labios y plantó en el dorso de la mano un beso dedicado.

Al terminar el contacto en donde Historia acabó hipnotizada por la mirada del chico, una enfermera que pasó a chequearla irrumpió en la habitación acompañada de su hermana.

Todo estaba aparentemente bien con ella; vendaron su magullado cuello y el médico de turno le autorizó el alta minutos más tarde.

—Bien, los llevaré al penthouse—agregó Frieda y en el estacionamiento los esperaban el Porsh de la azabache y una camioneta en que se movilizaban sus guardaespaldas.

Subieron en la parte trasera del auto y en el trayecto Frieda comenzó a hacerle preguntas a Eren, qué llevaba una mano sosteniendo una de Historia.

—¿Dices qué viste al hombre que le hizo esto a Hisu?

—Si—respondió el muchacho—les describí un retrato hablado de él a la policía. Usaba un abrigo grande, largo y un sobrero. Tenía una barba corta, se reía y era muy alto y viejo.

Frieda se perdió en la descripción uniendo cada cosa qué Eren decía sobre el desconocido; cada cosa encajaba más y más con alguien en particular...

—¡Frieda, cuidado!

Y a segundos de un fatídico accidente Historia evitó tener qué volver al hospital al gritarle a la azabache al volante, quien maniobró para evadir el auto qué venía hacia ellos en sentido contrario, logrando con ello qué ambos jóvenes se golpearan contra las puertas; Eren más, puesto qué tomó a la rubia a su lado para evitar que se golpeara.

—Lo siento chicos—dijo un poco avergonzada la mujer, pero más pensativa qué nada—¿Se encuentran bien?

—Si—contestó una solemne Historia mirándola con severidad desde su puesto—digo, casi nos matas, pero todo está perfecto.

Y minutos más tarde que arribaron al edificio, ascendieron hasta el penthouse en una calma y tensión inquietantes. Tanto que cierta chica rubia no sabía si preocuparse por el hecho de que su hermana y Eren estaban en un mismo espacio, respirando el mismo aire y a pocos metros; de reojo, pudo darse cuenta de las miradas disimuladas que el chico Jaeger daba de vez en cuando a su hermana mayor.

Un tanto inseguro de hacerlo Eren ingresó con las Reiss en el lujoso lugar, ese donde había hecho el amor con Historia en cada rincón.

Frieda conversó con las empleadas y estuvo unos minutos observando a su hermana menor con minuciosidad preguntándole como se sentía, hasta que atendió una llamada entrante en su teléfono móvil y al terminarla se dirigió a los chicos.

—Me tengo que ir.

—¿Tan pronto?

—Tengo qué asistir con papá a un juzgado y necesito reunirme con un abogado—respondió la azabache sin apartar sus ojos celestes y emotivos de los de su adorada hermana—Contacté unos guardaespaldas para ti.

Historia emuló un gesto de fastidio.

—Frieda...

—No habrá replica qué valga—declaró la mayor—quisieron matarte, no hay manera de que actúe como si nada hubiera pasado, Hisu.

La rubia tuvo que resignarse a tan irrefutables elecciones.

En tanto Eren permanecía de pie cercano a Historia pero con un pie detrás en dirección a la puerta de salida. Frieda se disponía a abandonar el penthouse, sin dirigirse a él de ninguna manera y e ignorar su presencia, pero el joven no dejaría las cosas de tal forma cuando se consideraba invitado indeseado.

—Sé que no me quieres acá, Frieda...

La aludida detuvo su andar e Historia se mantuvo rígida en su sitio maldiciendo el que Eren dañara con ese exabrupto la permisividad de Frieda.

La azabache se giró hacia el muchacho y meditó sus palabras.

—Tienes razón, Eren Jaeger—y pasó sus ojos oníricos de su hermana al chico un par de veces—pero salvaste la vida de Historia, así que puedo decir que estoy en deuda contigo.

De momento eso era la traducción directa a un "quédate por el tiempo qué quieras". Historia casi se quedó boquiabierta, no lo podía creer. Y tras decir eso Frieda se retiró.

Eren estuvo más tranquilo luego de ello y se quedó absorto en el espacio y sorprendido de encontrarse recibido de inusual manera. Su reina se aproximó y lo apretujó entre sus brazos que apenas lo encerraban.

"Esto es bueno, Eren"

Él tomó de la mano a la rubia y subieron escaleras arriba. Querían descansar. O al menos, él pretendía que ella lo hiciera.

Había llamado anteriormente al taller avisando lo sucedido y Reeves fue comprensivo concediéndole el día libre y deseándole una pronta mejoría. Su mente estaba perdida rememorando la noche anterior, volviendo a recordar al agresor una y otra vez. Apretó los puños cuando Historia se quitó los vendajes del cuello.

Iba a hacer que le pagara por lo que le hizo.

¿Pero quien? Se preguntó

"¿Quién dañaría a Tori?"

"¿Por qué alguien querría matarla?"

Solo un psicópata, se dijo a si mismo y el sospechoso más obvio se materializó en su cabeza: Reiner Braun.

Teorizó que había pagado a algún matón para hacer el trabajo sucio por él. Solo alguien tan obsesionado con Historia como él podría ser el culpable.

—Eren—ella se vio en la extrañeza de verlo perdido en pensamientos que a todas luces a juzgar por la cara de él no era precisamente positivos—¿Qué ocurre? ¿Qué piensas?

—... En que me alegra haber llegado a tiempo, Tori.

Conmovida por la respuesta, ella se acercó y tomándolo de la muñeca lo instó a meterse bajo las frazadas de su cama grande y cómoda junto con ella.

Sus cuerpos se juntaron e Historia plasmó un corto y ligero beso en la comisura de los labios de él.

—Solo descansemos un poco.

Él sin contestar a ello, la atrajo contra su propio cuerpo, cobijándola sin querer soltarla... Y es que estuvo a punto de perderla. Eso era inconcebible, una total locura.

Así que las cosas no quedarían así.

Después de que Historia se hubo dormido, él dejó el sitio y se fue directo con destino a donde vivía Reiner, a minutos de allí. La madre de Reiner abrió y llamó a su hijo y Eren no podía esperar a verlo. Solo con asomarse Reiner recibió un puñetazo bien asentado en la quijada que lo hizo trastabillar.

—¿Por qué sigues queriendo dañar a Historia?

Reiner no entendía nada. Se sobaba la quijada en una confusión total.

—Joder, maldito seas Eren ¿De qué estás hablando?

—No finjas hijo de puta—agregó con otro par de puñetazos y patadas que mandaron al suelo a un magullado Reiner qué no mostraba ninguna resistencia—Tienes algo qué ver con el cabrón qué intentó matarla.

—¡No estoy mintiendo, Eren! ¡No... sé... De qué hablas!—exclamó entre golpe y golpe el más curpulento cubriéndose la cara de la criatura feroz que era el otro.

Eren logró propinarle muchos golpes antes de que la madre del agredido chico apareciera con escoba en mano para defender a su hijo.

—¡Oiga, animal! ¡Déjelo en paz! —chilló furibunda la mujer—¡Deténgase!

Y cegado por su rabia Eren no se percató de la escoba con la qué Karina se dispuso a defender a Reiner, propinando al castaño un golpe en la cabeza que lo dejó atontado.

—¡Lárguese, antes de que llame a la policía, o no respondo!

Para evitar más escándalo el Jaeger accedió a regañadientes alejándose poco a poco de los Braun.

No obstante, no estaba dispuesto a dar su brazo a torcer y estaba ansioso por llegar al fondo de todo.

Pero tenía mucho trabajo pendiente con el cuál cumplir, obviando qué además estaba la escuela; su investigación sería un poco complicada.

Su teléfono sonó con una notificación y entre los mensajes sin importancia se hallaba uno de su nuevo seguidor: Floch Foster, aquel que lo veía como a un mesías.

El tipo ciertamente le era un fastidio.

Pero podía disfrutar beneficios de ello... Si lo pensaba mejor.

Las marcas en el cuello de la petisa se veían de lo más brutales y tendría que salir durante semanas con alguna bufanda cubriendo su cuello o alguna mascada, si no quería escandalizar a las personas.

Era increíble pensar qué estuvo a punto de ser asesinada y desconocer el quien y el porqué.

Sabía qué Eren había visto la cara de su agresor y aunque una parte de ella quería atiborrarlo de preguntas otra mucho más intensa solo quería pasar la página y dejar tan ínfame evento en el pasado.

Quizás era mejor olvidar.

La presión de los ojos de los estudiantes en el instituto y el ser la comidilla de las conversaciones en los pasillos la sacaba de quicio, pero era una maestra en mantener la frente el alto y no demostrar debilidad alguna; porque no las tenía, no para ellos.

Por un instante Ymir recurrió a su cabeza y se imaginó el escándalo qué esta habría armado por todo lo ocurrido. En el pasado, ni siquiera habría supuesto que terminaría siendo rescatada por Eren Jaeger.

Mientras ella se esforzaba por seguir adelante, él estaba más empecinado en encontrar al culpable; conversar con él se estaba complicando, estaba distraído y comentaba estar buscando tipos altos mayores de cincuenta años. La nueva obsesión del chico agobiaba a la rubia; realmente solo deseaba que lo olvidara.

—Estoy harta de su incansable búsqueda—explicó a Sasha en un periodo libre que compartían juntas—Ahora solo piensa en encontrar a ese tipo.

—Quizás sea porque quiere limpiar su imagen—comentó la muchacha hartándose a si misma de patatas fritas—muchos están convencidos de que fue él quien te lastimó.

—¿Qué acaso las personas no se cansan de andar especulando? Eren jamás me ha hecho algo como eso.

—¿Seguro que no?

—Sasha...

—¿Qué? No me culpes, él actúa muy violento a veces—agregó la castaña librándose de culpas.

—Eren no es un monstruo—defendió con ímpetu Historia—es por él que sigo aquí.

—Si, si, si, tienes razón.

Y Eren no era el único interesado en dar con el agresor.

Pero la otra persona inmiscuida en el susodicho tema estaba mucho más cerca del origen del problema.

—Explícame porque demonios Kenny trató de matar a Historia.

Y precedió una silenciosa pausa.

—¿Kenny? ¿De que me hablas, Frieda querida?

—Estoy segura que Kenny no haría una cosa semejante sin que tengas algo qué ver con ello.

Uri enarcó las cejas aún enmarcado por una serena sonrisa sin importar las acusaciones bajo las que se hallaba.

—No gobierno sobre él—dijo con parsimonia aquel hombre mayor.

—En teoría lo haces—prosiguió sin dar su brazo a torcer la heredera principal de los Reiss—¿Quieres decirme que desconoces el hecho de que tu matón personal estuvo a punto de matar a mi hermana, TU sobrina?

—Así es—Y Uri, que simulaba ser una persona dócil para nada lo era—Me sorprende oír tal atrocidad y si no te molesta lo hablaré con él en cuanto lo vean.

—No—contestó Frieda, absoluta e impassible frente a su tío—Él no hace cosas como esas si no hay intereses de por medio. Yo llegaré al fondo de esto.

—Frieda—con sus siguientes palabras Uri la detuvo antes de abandonar la salilla personal de él—contéstame una cosa: ¿Por qué alguien y más encima Kenny querría matar a Historia?

Era una buena pregunta.

—Yo me hago la misma pregunta, tío Uri, ¿por qué alguien lo haría?

Desconfiando de su tío Frieda le dio una última mirada fría que jamás había dado a él, antes de dejarle solo en el desván. Los ojos violáceos de Uri pasearon por el sitio, quedándose prendados en la puerta tras la que había desaparecido su sobrina mayor, la nueva cabeza familiar, quien cargaba sobre sus hombros todo el legado de generaciones de los Reiss; él sabía mejor que nadie el peso qué aquello acarreaba y, de haber tenido su propio primogénito, ninguno de los hijos de su hermano tendría que siquiera imaginarse el llevar una herencia basada en antecedentes nada limpios y completamente ambiguos.

Como una corona pesada sobre la cabeza.

—Ay, Frieda... Pobre, pobre Frieda...


La nota anterior valió totalmente porque el internet está dlvrga así que f.

No quiero escribirla de nuevo.

Los tkm, espero y todos se encuentren muy bien.

Inspiración by Snowman-Sia because it's Christmas baby.

Se despide

MioSiriban