Fanfiction escrito por mi persona, sin fines lúdicos, basado en la obra de Ichiei Ishibumi, las novelas ligeras HighSchool DxD.
- High School DxD –
[Draconic X Deus]
-Miko – Aquella que ama incondicionalmente-
CLINC
CLINC
-Anata- dijo Issei secamente. Con una mueca en el rostro, volviendo a revisar sus alrededores -¿Me habláis a mí?-
-Así es…- sonrió una de las mujeres divertida, mirando a su compañera.
Issei se recolocó, orientándose hacia las bellezas. Bellezas por decir algo. Las mujeres, gemelas sin duda alguna, eran tan hermosas que le costaba mirarlas. Incomodo optó por desviar la mirada. Una actitud que pareció divertirlas.
-Hacia mucho que no le veía tan cohibido…- dijo una de las chicas mirando a su gemela, sonriendo pícaramente.
-Es tan tímido… Resulta tan adorable…-
-Es tan conmovedor… Siempre nos miraba así hasta que…-
-¿Hasta que descubrió que le gustaba más mirar nuestros rostro bañados de blanco?-
Las mujeres rieron divertidas.
¿De blanco? El niño no lo entendía…
-Anata, un poco de té…- ofreció la miko sonriente dejando una taza frente a él.
Tragando saliva… Issei las miró detenidamente. Dos jóvenes que no alcanzaban la veintena. Delgadas, esbeltas, pero con unos muy generosos bustos. Rostros finos, elegantes, dulces y serenos. Largas cabelleras negras como la noche. Sus ojos, preciosos, adornaban unos gráciles labios. Sus elegantes movimientos acompañaban unos perfumes florales que entumecían su mente. Todo en las dos mujeres lo tentaba. Las mujeres cumplían cada uno de los requisitos que hacían de una mujer una atractiva para él.
Incluso llegaban al punto de hacerle descubrir algunos nuevos. Nunca le había pasado esto… Nunca antes se había encontrado con alguien que ejerciese una influencia tan poderosa en él. Era incapaz de mirarlas sin sonrojarse, sonreía automáticamente al escuchar sus voces. Ni siquiera Gabriel había logrado ese efecto… ¿Qué mujer podía ser más tentadora que la mayor obra del Dios Bíblico? Una mujer hecha para él…
-Obviamente, mujeres hechas por ti mismo- respondió una de ellas.
-¿?-
-Y no una, dos-
-¡!-
Su mente turbada, su sangre en llamas… El niño no entendía. Le costaba pensar, razonar. Su mente rememoraba eventos y pensamientos del pasado. Por primera vez desde que había despertado en ese campo nevado, con el coche en llamas, sentía que su yo se fragmentaba. Pensaba que ya lo tenía asimilado… Pero esas dos mujeres le hacían despertar cosas que pensaba tener dominadas, controladas… Quizás olvidadas.
Y el olvido parecía ser algo que no le estaba permitido tener.
Risitas y más risitas.
-Basta!- el chico intentando imponer autoridad -¿Quiénes sois y dónde estoy?-
Las mujeres rieron con más fuerza, elegantes, sensuales.
Cubriéndose los labios con sus manos… Unas manos que quería tocar, unos labios que quería besar. Chasqueando la lengua, ladeando la cabeza, intentando desesperadamente mantenerse firme.
-Es tímido, este no es anata- dijo la miko de ojos rojos.
-La verdad es que como dragón da bastante pena…-
La ceja del castaño empezó a temblar.
-¿Qué yo que?-
Las mujeres volvieron a reír.
-¿Hemos tocado la fibra sensible?-
-¿El orgullo del dragón?-
-Quizás hayamos herido su pueril masculinidad…-
-Como te lo explicamos…-
-Decimos que tener esos ojitos no te hacen más que un simple lagarto… Son tus acciones lo que te definen-
-Son tus deseos los que te mueven-
-Y tú no tienes deseos que motiven tus acciones-
-Eres una carcasa vacía-
-Un globo al viento-
La paciencia del castaño se fue a paseo. Volando por la ventana, literalmente… Ladeando la cabeza, exhaló con fuerza. Cansado… Se dejó llevar.
-Sois unas auténticas bellezas- dijo Issei gesticulando con las manos antes de entrelazar sus dedos –Las criaturas más hermosas que jamás haya visto… Lo suficiente como para quitarme la respiración y dejarme sin palabras… Nunca había visto a nadie provocar tanto con tan poco… Y conozco a algunas que podrían hacerlo… Si solo con vuestro físico y vuestras palabras… Bueno…-
-Ufufufu-
-Ara ara…-
-Lástima que toda esa belleza se vea desperdiciada por esa lengua venenosa que te gastas…- inclinándose levemente hacia adelante, mirando fijamente a la mujer de ojos rojos, sin una pizca de duda, indecisión o intimidación –Un consejo, córtate un poco. Cuando empiezas a escupir veneno pierdes todo tu encanto…-
La mujer se relamió los labios con sensualidad.
-Mi anata sabría que mi lengua es tan dulce… que se puede considerar una delicia…-
-No te engañes, tu anata es un capullo que se está callado para no tener que escucharte, pensando que si no responde no será una conversación, que si lo tuyo es un monologo tarde o temprano te callarás-
La otra mujer rio divertida.
No sabía que le había pasado… Había empezado a hablar… Y…
-Pero por suerte, la otra es un angelito, atenta y preciosa- sonrió Issei acercando su mano a la taza.
Divertida, la miko colocó un índice en el recipiente de cerámica, dejando pasar su poder.
ZIPZIPZIPZIP
Apretando los dientes, cerrando los ojos con fuerza, Issei chilló internamente, sintiendo como un centenar de calambres recorrían su cuerpo.
(Será cabrona!)
-Quizás… me haya dejado llevar… y esto está lleno de…- murmuró Issei intentando ocultar el temblor en su cuerpo.
-¿De serviciales y adorables miko?-
-Como me considero un caballero, mejor me callo. Ahora que sé que sois podemos pasar al punto de donde cuernos estoy-
-Me pica la curiosidad… ¿Qué somos?- ronroneó la ojivioleta, lamiéndose el dedo que había causado la electrocución.
-¿No os habéis presentado como miko?-
-Que caballeroso… Lo de cabrona se lo guarda para él- dijo la mujer mirando a su gemela.
-¡!-
-Ufufu. ¿Qué cómo lo sé?- preguntó mirándolo con picardía.
(De nuevo esos provocativos ojos…)
-Muchas gracias-
-¿Por qué?-
-Me gusta que mis ojos te provoquen… ¿Te parecen hermosos?-
-¡!-
-Sabemos lo que sabes. Sentimos lo que sientes. Pensamos lo que piensas- sonrió la ojivioleta.
El castaño las miró alerta. Volviendo su mirada a la estancia. Buscando una explicación.
No sentía magia. Pero tampoco podía diferenciar lo que le rodeaba. No podía confiar en sus sentidos. Si no sabía dónde estaba podía deberse a que todo en su conjunto era una manipulación. Una ilusión. O algo en esa estancia que jugaba con su percepción. Algo o alguien. Lo mismo iba por las mujeres.
Para empezar su cuerpo, no era el suyo propio. Si bien quizás no era un adulto si era un adolescente.
Esas dos malas pécoras estaban jugando con él. Desde el mismo instante en el que le habían convocado a la fuerza y sin preguntar había pasado a estar a su merced, simplemente no sabía cuál era el alcance del dominio de las bellezas sobre sus actuales circunstancias.
Porque más importante que donde estaba o quienes eran ellas… ¿Qué querían esos dos bombones?
Quizás…
Un momento…
¿Cómo había llegado hasta ahí?
Lo último que recordaba…
-Somos las más cercanas a ti. Somos tuyas- respondió la ojivioleta llevándose una mano al pecho –Creadas por ti y para ti-
-Somos un complemento, tu complemento-
-Sin ti estamos incompletas-
-Sin nosotras estas incompleto-
-Que somos… Somos miko-
-Somos tus mujeres… Tus sirvientas…-
-Tus objetos, a usarnos a placer…-
-Para tu placer… Tus esclavas…-
-Tus amantes, tus confidentes…-
-Tus amigas, tus compañeras-
-Puedes amarnos, atesorarnos-
-Odiarnos, pegarnos-
-Puedes abusar de nosotras, segar nuestra vida-
-Porque son tuyas, somos tuyas en todos los sentidos…-
-Lo aceptamos todo de ti, lo damos todo por ti-
-Porque todo esto… Porque esta devoción…- susurró Issei.
-Porque es nuestra razón de ser-
-Para eso existimos-
-¿Y qué pedís a cambio?-
-¿Pedir?- preguntó la sacerdotisa de ojos rojos.
-Todo el mundo quiere algo-
-Qué más podemos pedir…- dijeron, mirando entre ellas.
-Que nos dejes estar contigo…-
-Entonces habéis dicho que sois…-
-Sacerdotisas. Pero no unas cualquiera-
-Somos las Sacerdotisas del Dragón Autentico-
Dragón Autentico… ¿Qué es eso? ¿Quién es?
-Las Sacerdotisas de las Cadenas-
-Akeno-
-Suzaku-
-Y estamos aquí para servirte, como siempre hemos hecho, como siempre haremos- dijeron al unísono, realizando una reverencia que las dejó con la frente tocando el suelo.
Issei apoyó su mentón en el puño, mirando a una mujer, luego a la otra. Meditando sus palabras.
-Donde estoy-
-En tu mente. Algo parecido al Palacio al que poco a poco estas empezando a visitar…-
-Es más sencillo decir que estas soñando…-
-¿Os podré recordar cuando despierte?-
-Lo que creamos conveniente…-
-¿Qué? ¿Por qué? ¿No es mi mente? ¿No es mi sueño?-
-Oh sí, todo eso es cierto… Pero…-
-¿Pero?-
-Tenemos autorización tuya-
-¿Qué qué?-
Las mujeres se llevaron la mano a la boca, tapando sus labios.
No iban a responder.
-Akeno… Y Suzaku… ¿Cierto?-
-¿Te dicen algo esos nombres?-
Las sacerdotisas lo miraron expectantes.
Issei negó con la cabeza.
-No conozco a nadie con esos nombres, lo siento-
Las miko bajaron la mirada.
-Quizas es pronto…-
-Oh… Esperad…-
-¿?-
-Hace… Había una…- pasando a mirar detenidamente a las sacerdotisas –Una chica… Una niña de mi edad… Una preciosidad… Clavada a vosotras… De ojos… Violeta!
-¡Sí!- Akeno se irguió poderosa, emocionada.
Suzaku bajó la cabeza, consternada.
-Ufufu. Mis sentimientos le han alcanzado primero, lo siento, Suzaku-chan-
-No gastes tu saliva pronunciando estupideces, querida Akeno. Por una circunstancia completamente casual has dejado verte antes, solo es eso-
-Ufufufu. ¿Son celos lo que siento? ¿Envidia?-
Los ojos rojos de la morena se posaron sobre la otra mujer. Intensos, peligrosos.
-Akeno. Siempre tan impetuosa… Cuantas veces te tendré que decir que te tomes el tiempo con calma-
-No, no. Tenía que verle cuanto antes mejor!-
-Por ese mismo motivo has perdido-
-¿De qué hablas? Ya me ha encontrado-
-Has hablado de una niña, cariño- dijo Suzaku volviendo la mirada al dragón.
-Ni cariño, ni cariñas. Pibonazo- tomando esta vez el té para bien. La mujer que respondía a Akeno tenía una sonrisa risueña, con las manos en el rostro –Hace… No mucho…- masajeándose la sien –La sacerdotisa que ofició el entierro de mis padres tenía una hija, una preciosa niña de mi edad, diría. Nunca he sido bueno con las edades…-
-¿De tu edad?- el rostro de la ojivioleta se encendió como un árbol de navidad.
-Y por eso has perdido…-
-Sinsentidos!-
Suzaku sonrió divertida, tomando su propia taza, sorbiendo el líquido lentamente.
-Si tienes su edad eres una niña…-
-¿Insinúas que eres mayor?-
-Siempre he sido mayor-
-Eres una vieja entonces…-
-Siempre con tus tácticas infantiles…- volviéndose a mirarla –Seré la primera en servirle-
-¡!-
Sus exquisitos labios se tornaron en una sonrisa provocativa.
(Tengo que saborear esos…)
-Mis labios serán los primeros que saboree-
-¡!-
-Vale, vale… Suzaku-chan… Akeno-chan… Entiendo más o menos que sois… No porque os crea sino porque veo lo que sois y solo veo perfección. ¿Qué podría desear de querer a dos sacerdotisas? Claramente a vosotras-
Las mujeres sonrieron.
-El pasado que se niega a marcharse… Y el futuro parece estar escrito…-
-Que nada de lo que haces parece ser una decisión tuya-
El chico abrió los ojos sorprendido.
-Que todos tus pasos están decididos por otros-
-Más eso no es cierto…-
-Somos las decisiones del pasado-
-Pero los futuros son incontables-
-Esta es tu segunda oportunidad-
-Las herramientas están en tus manos-
-Aunque hablamos del tiempo, una materia que nunca despertó tu interés-
-Habláis mucho del pasado… Y por lo que decís… ¿Realmente habláis conmigo? Soy un niño… Quizás os estéis confundiendo-
Las morenas negaron con la cabeza.
-Si estamos todos aquí es que no nos estamos equivocando-
-Nosotras solo podemos formar vínculos contigo…-
-Hablamos contigo. De ti-
-La confusión es normal-
-Tu terreno es el espacio. Lo físico. Lo material. Tus ojos ven y controlan todo lo que se puede ver-
-Otros tomaron interés en campos inexplorados, haciéndose amo y señor de otros conceptos esenciales…-
-¿Algo como que, el Señor del Tiempo?- bromeó el castaño, desviando la mirada.
Akeno y Suzaku rieron levemente, tapándose la boca.
-Por favor… ¿Tiene ojos que le permiten ver en el tiempo?-
-Los ojos ven, nada más, nada menos. Él ve lo que él ve… Solo que él ve otras cosas…-
Issei se cruzó de brazos, negacionista.
-¿Omnipresencia? Eso no existe…- mirando a las chicas con atención.
-Hay muchos seres con poderes increíbles… por ejemplo…-
-Se dice que cierto dragón viaja entre sueños…-
-¿Cómo puede ser eso posible?-
-Las magas podrían darte una mejor explicación…- murmuro Akeno llevándose una mano a la mejilla –Las expertas son ellas…-
-O la erudita…-
-La semidiosa debería… No. Estará demasiado lejos…-
-El Dios Jefe de su cultura habrá percibido la presencia de la Niña Diosa…-
Issei negó con la cabeza. Masajeándose la sien.
-Un momento… Mis ojos son normales-
Las morenas volvieron a reír.
-Os reis de mi… Estos ojos solo exteriorizan lo que hay dentro, el espejo del alma…-
-Son mucho más. Y te llevas beneficiando de ello durante algún tiempo, solo que no te has dado cuenta-
-Venga va! Si pudiese ver 360 grados o convocar llamas negras eternas lo sabría… ¿Puedo?-
-Por supuesto que no!-
-¿Qué clase de ojos quieres tener?-
-¿Ni siquiera unos con los que pueda convocar una armadura fantasmal que me proteja?-
-No-
-Anata, no eres tan listo como pareces-
-Muy bien, ahora soy idiota-
-Anata, baka-
Las mujeres volvieron a reír.
-¿Por qué entiendes lo que ves pero no lo que escuchas?-
-¿Qué? No sé de qué me hablas…- respondió el niño.
Las miko decidieron dar el tema por zanjado.
-Te hemos dicho lo que necesitas saber-
-Falso. No me habéis dicho que queréis- dijo Issei mirando a Akeno serio.
-Sigue tus instintos más primarios y sabrás que queremos-
-Nuestro vínculo es una calle de dos sentidos-
-¿?-
Cruzándose de brazos…Decidió probarlo.
Mirando fijamente a las mujeres… No sintió ni escuchó nada.
Las morenas empezaron a reir. Se estaban riendo de él.
-Tu cuerpo y tu mente están demasiado lejos de donde deben, anata-
-Venimos a recordarte que tu lugar esta…-
-Al grano- la interrumpió el chico mirando a Akeno –Basta de parafernalia…-
-¿Quieres que seamos directas?-
-Si, por favor!-
-Ven a buscarnos de una maldita vez!- chilló la ojivioleta.
El niño se echó para tras el grito a traición de la morena.
-Simple y directo. Me gusta- dijo la ojirroja –Y estoy de acuerdo-
-Bueno… No es como si no lo estuviese haciendo a propósito o algo…- murmuró con timidez, desviando la mirada a cualquier lado menos las bellezas.
-Pues no tardes!- exclamó Akeno cruzándose de brazos, molesta.
Suzaku extendió su mano hasta posarse sobre las de su gemela.
-Roma no es el futuro, anata- empezó suavemente –Irina Shidou volverá-
-¡!-
-Himejima es el presente-
-Gremory el futuro- continuó Akeno.
Issei gesticuló con las manos, negando.
-No, no, no! Demasiada información…-
Incomodo, se levantó, caminando hasta el jardín, recibiendo la luz del sol.
Una luz que no lo calentaba lo más mínimo. Luz artificial.
El castaño pensó para volver a pensar en todo lo escuchado.
(Esto me sobrepasa… No puedo con todo… No puedo con todo yo…)
-No estás solo… Nunca lo has estado-
-¿?-
-¿Aun no te has dado cuenta?-
-Busca a la mujer más hermosa del Cielo…-
-¿Para preguntarle qué?-
-Pregúntale por los Pechos Celestiales-
-¿Quiénes?-
-Por todas nosotras, quienes te acompañaremos el resto de nuestras vidas-
-¡!-
Las sacerdotisas tomaron cada una una mano, alzándola al nivel de sus labios, besando los dedos con afecto.
El castaño las miró detenidamente. Cejo fruncido, labios torsionados. Desconfiado.
-Roma no es el futuro… Y los Himejima- susurró a regañadientes –Sigue a los demonios… Busca el Templo Himejima, anata-
-Un Templo-
-Así es, anata-
-Veré… Que puedo hacer-
Felices, las mujeres se pegaron a su pecho.
-No podemos desear más…- respondió Akeno, a su derecha.
Suzaku, a su izquierda, acercó su rostro a su oído.
-Quizás quieras ser un poco más imaginativo y querer algo más que besarlos…-
-¿Algo más como que?-
Las jóvenes rieron divertidas.
-Si eres un niño-
CLINC CLINC
-Casa de los Shidou-
-1998-
-Tres años más tarde-
Karen Shidou era una mujer de mediana edad, japonesa, de largo cabello castaño claro, algo inusual en esas tierras. De estatura media, delgada, atlética. Trabajaba en unas oficinas en jornada parcial. No necesitaba el dinero, le gustaba mantenerse ocupada. Su hija, Irina, ya era mayor y la casa se le hacía muy grande.
Si bien su familia era creyente, su marido era exorcista. Una profesión desvirtuada y pasada de moda para sus vecinos… Personas ajenas a la realidad del mundo. Que el mundo era mucho más grande y rico en vida de lo que podrían llegar a imaginar nunca.
Pese a su afiliación religiosa, Karen no tenía mayores inconvenientes más allá de las doctrinas y ciertas costumbres que debían respetar. Tampoco tenía prejuicios para con el trabajo de su marido. Lejos de tener algún problema, lo admiraba. En mayor o menor medida hacia el bien… Ayudaba a los demás frente a numerosos peligros.
Aunque eso era algo que estaba cambiando con el tiempo. Tras un desafortunado incidente hacia algunos años, sin quererlo ni desearlo, su conocimiento sobre los demonios se había visto increíblemente… enriquecido.
O quizás solo era que los Gremory eran una excepción… O quizás era una elaborada maniobra…
Hacía tiempo que había dejado de preocuparse por esas cosas. Su marido insistía en que de haber pasado algo ya se habría dado, que su familia no estaba en peligro… Pero el niño era otro cantar.
Sus instintos maternales salían a flote cuando se hablaba del niño. Siempre lo veía en peligro. Sabía que estaba en constante peligro. El hijo de Miki y Gorou había nacido con excepcionales dones… O una suerte lamentable, según el criterio del observador.
Lejos de cesar su sufrimiento, tras el fallecimiento de sus padres el pequeño no podía garantizar que este había acabado. Los talentos con los que dios lo había dotado no hacían más que llamar la atención de todos aquellos que le rodeaban. Gente poderosa… y peligrosa.
Una salud excepcional, una mente privilegiada… Un caramelo para cualquier facción.
Tenía la misma edad que su hija, pero eran tan diferentes. Irina cursaba los primeros años de la educación básica, Issei estaba por acabarla. Habiendo quemado años y años de educación en apenas unos meses, compartía clases con adolescentes que le doblaban la edad.
Sus extraños ojos rojos parecían memorizarlo todo, lo grababan todo, nada escapaba a ellos… Incluso a veces lograban intimidarla.
Pero estaba tranquila, muy tranquila. Pese a la influencia de los demonios, pese a las constantes visitas al Reino del Demonio, pese a tener la capacidad que tenía… El hijo de Miki seguía siendo el mismo.
Miki debía de estar tan orgullosa de su hijo…
Admitía, sin remilgos… Le preocupaba que los demonios ejerciesen una influencia negativa en él… Pero cada vez que le miraba, esos ojos rojos, vivos… La sonrisa mordaz y las manos en la cintura… Sabía que el hijo de los Hyodo seguía ahí.
Imperturbable. Indomable. También tranquilo y relajado. Absolutamente carente de ambición.
El niño era una roca enclavada en medio de un rio con una importante afluencia, que sin importar la estación o el caudal se mantenía firme, contracorriente, estático… Aguantaba y aguantaba sin cambiar lo más mínimo.
Issei no tenía ambición… Odiaba que la prensa perturbase su paz. Odiaba llamar la atención. No quería méritos, no quería reconocimientos… Quería una vida sencilla, sin grandes complicaciones.
No era un vago, solo trabajaba y se esforzaba lo mínimo para contentar a quienes lo rodeaban. Porque ante todo no quería decepcionar a nadie.
Inteligente, sabía que querían de él y se esmeraba en cumplir con esas expectativas.
Pero podía ser mucho más…
Issei podía ser mucho más…
O eso pensaba Karen, trasladando la colada a la parte trasera de su casa. Sosteniendo las prendas de ropa entre sus dedos… Alzando la mirada. Bajando los brazos derrotada.
Un palo se extendía desde la ventana del piso superior, abriendo la ventana colocada en el edificio contiguo.
Retirándose el palo, posiblemente una escoba… Una figura saltó de golpe. Una figura menuda, de cabello castaño, una figura que se agarró a duras penas a la ventana de la casa en la que vivía el joven Hyodo.
-¡Irina!- chilló Karen enfadada.
El bramido inspiró a la joven Irina a subirse por la ventana, entrando en la casa.
Karen negó con la cabeza.
No era como lo recordaba… Pero el niño estaba empezando a desarrollar su personalidad. Quizás demasiada personalidad… Al contrario que su hija.
Irina Shidou era una niña tranquila, tímida e introvertida… Hasta que aparecía su sol. Siempre que Issei no estuviese presente. Era entonces cuando la tímida niña desaparecía, dejaba su osito de peluche favorito a un lado para agarrar al niño de la camisa.
La niña era absolutamente dependiente, rasgo conductual que esperaba que remitiese con el paso de los años… Y que, dada su cercanía y tiempo juntos, hiciese que su hija recibiese algo del arrojo y determinación del Hyodo. Y asimismo esperaba que la cautela de Irina y su buen hacer le entrasen en la cabeza al niño…
Aunque no tenía muchas esperanzas.
-DxD-
Entrando en el dormitorio, Irina se movió rápido, en silencio.
Desplazándose hasta el dormitorio principal, se acercó a la cama, levantando las sabanas lo justo como para colarse debajo.
Acurrucándose junto al ocupante, Irina sonrió agradecida antes de volver a conciliar el sueño junto a su amigo de la infancia.
El castaño, plenamente consciente, abrazó a la niña con fuerza. Cerrando los ojos para volver a dormir.
-DxD-
PIIII PIIIII PIIIIII
Gruñendo molesto, cierto niño castaño extendió su mano derecha, tanteando en la mesa colocada junto a su cama. Pequeña, de madera color castaño claro. El despertador volvió a dormir tras darle a la tecla correcta…
Issei Hyodo se incorporó sin prisa, sin calma. Parpadeando múltiples veces… Bostezó con fuerza.
Apartando a Irina con lentitud, sin despertarla. De un salto se puso en pie, retirando su pijama, tomó parte de ropa de deporte y marchó al baño.
Tras una ducha rápida y lavarse los dientes bajó al salón principal.
Un salón carente de vida.
Los Gremory le habían proporcionado una vivienda unifamiliar, doble planta, más pequeña que grande pero que atendía perfectamente sus limitadas necesidades. Una vivienda, blanca, sin apenas decoración. Sin vida. El único elemento distintivo era un sencillo ramo de flores depositadas en el centro del salón en un frasco de cristal con agua. Un obsequio de Karen Shidou.
Negando con la cabeza volvió a su habitación, ignorando las demás habitaciones. Estaban vacías. Nadie más, salvo él, vivía allí.
Issei Hyodo, su persona, era un proyecto, humano, en vida. Una idea, un deseo, una ambición. Un receptáculo, un envase, un objeto. Un jugoso filete tirado en medio del desierto, bajo la atenta mirada de decenas de hambrientos buitres revoloteando en círculo, a la espera, a la espera del inminente bocado.
Una masa de cerámica creada con los más exóticos materiales, una combinación única e irrepetible con un fin no comunicado pero previsible. Un montón de húmeda masa colocada sobre un torno de moldear entregado a una eminencia de la ciencia para darle forma, una forma muy concreta, una forma no revelada.
Esa masa de cerámica húmeda y exótica, una masa con un enorme letrero en su base… Niño prodigio.
La Fruta del Conocimiento le había otorgado una capacidad ilimitada de absorción y comprensión de conocimiento. No necesitaba que le repitiesen nada dos veces para poder replicarlo y repetirlo con completa eficiencia. Ese talento artificial y otorgado, en manos de una eminencia de la sabiduría como Heinrich Cornelius Agrippa se había convertido en lo que los medios llamaban… Niño prodigio.
A sus ocho años el niño había roto todos los records de precocidad de la nación. Rivalizando de cerca con otras joyas a nivel mundial. A sus casi nueve años estaba a las puertas de acabar la formación básica, estaba por graduarse, les sacaba 8 años de ventaja a sus compañeros… Ocho años de edad menos que sus compañeros de clase… Se decía que en Estados Unidos había un niño que con 9 se iba a licenciar… Pero no tenía interés alguno en ello. Solo quería aprender para contentar a su instructor. No quería fama, no quería poder… No quería nada salvo su compañía.
Si no daba la talla los Gremory romperían el acuerdo con los Shidou, probablemente, Irina se podría ir lejos…
Si no daba la talla le privarían de ver a Rias… Eso era algo que no podía permitir… Y para ello tenía que seguirle el juego a Heinrich, ese demonio carente de emociones y sentimientos, el obseso del conocimiento, el erudito psicótico.
Ignoraba cual era el propósito de vida. Que esperaban de él, para que le estaban formando… Pero algo tenía que haber…
Heinrich era un instructor eficiente, un sargento que creía firmemente en las normas y en la disciplina, y eso era su vida.
Desde que se levantaba a que se acostaba, a grandes rasgos, su día a día estaba perfectamente planificado.
Los programas de estudio, las tablas de ejercicio… Hasta su comida. Una dieta milimétricamente planificada envasada en tuppers con pegatinas que indicaban cuando debían ser consumidos.
Aquello no era vida… O eso pensaba.
Cerrando al salir, Issei empezó su entrenamiento matutino…
-DxD-
Llevando su mano a la cara, tapando sus labios con una mano, sentado en una de las sillas del comedor.
Irina había bajado… Con el cabello revuelto, su osito rosa en brazos, su pijama de fresas descolocado.
-Isheee… Nos días…- murmuró Irina bostezando con fuerza –Onde está el yuno…-
-No me preguntes a mí…-
-¿Mmm?-
-Pregúntale a ella…- ladeando la cabeza, Irina siguió la dirección… Hasta encontrar a su madre, sonriente, de pie en un rincón del salón.
Sus ojos se abrieron de par en par.
-Irina-channnn… ¿Qué te tengo dicho de entrar por la ventana?- murmuró Karen crujiéndose los nudillos.
Irina arrancó a correr.
Karen la siguió a igual velocidad.
-KYAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA-
-DxD-
-¡Irina! Acábate el desayuno! Se te va a hacer tarde!- exclamo Karen molesta.
La niña la miró con un deje de desafío, centrándose en su tostada.
-Touji, deja el periódico y acábate el café-
-Mmm-
El hombre respondió pero no dejó de leer.
-Issei-kun, perdona el desastre de familia que tengo-
-No hay nada que perdonar, Karen-okaa-sama…- dijo Issei con una taza de café en mano.
-Q-que… Que desastre de casa!- exclamo la mujer exasperada.
-¡Eh! Esa tostada era mía!- protestó Irina.
-No te la estabas comiendo- se defendió Issei.
-¡Era mía!-
-Si quieres formar parte de la Iglesia ya puedes ir renunciando a los bienes materiales… No valoran las posesiones materiales y son altruistas!-
-¡Era mi tostada!- exclamo la chica llorosa… antes de quitarle la que Issei tenía en el plato.
-Adelante, es de Touji-
-¡Irina! ¿No te has comido tu desayuno?- preguntó Karen molesta.
-¡Issei! Chivato!- exclamó la niña -¡Mama! Issei está tomando café!-
-Shhhh! Irina!-
-¡Issei! Te tengo dicho que nada de café!-
Karen le quitó el periódico a Touji, el café a Issei, dejó otra tostada en los platos de Irina y Touji, cruzándose de brazos autoritaria.
-Vais a hacer lo que yo diga, AHORA!-
-DxD-
-Ya podrías haber escogido mejor, Touji- gruñó Issei abandonando la casa.
-Soy yo quien lleva más de diez años casado, que me vas a contar- respondió el hombre cargando con su abrigo y maleta.
-Mama es una gruñona…-
-La pequeña Irina debe de haber salido a su padre- murmuro Issei divertido.
-Repite eso!-
-¡IROS YA! TODOS!- exclamó Karen cerrando la puerta de la casa.
-Borde- dijeron todos al unísono.
-¿Alguien ha dicho algo?- pregunto Karen abriendo la puerta, asomando la cabeza lo justo.
-No, nada-
-Eso pensaba…- cerrando definitivamente.
-¿Acompañarás a Irina al colegio?- preguntó el hombre inclinándose frente a su hija, besando su frente –Se buena, pequeña mía-
-Claro. Su instituto está al lado… Muy bien Irina… Hora de ir a la cárcel para niños!-
-¡No es una cárcel… ¿y porque no tienes que ir tú?-
-Porque no le interesan las niñas- respondió Touji divertido.
-Así es-
-¿C-cómo?-
-Si la escuela estuviese llena de… estas- tomándose los pechos –Issei iría cada día-
-Como lo sabes!- rió Issei.
-¡Issei… BAKA!- chilló Irina antes de salir corriendo.
-Irina, Issei va a cursos de mayores, solo es eso-
-¿Dice la verdad?- preguntó Irina mirando al castaño, llorosa.
-La verdad de la buena-
-Entonces vale…-
-DxD-
Por pura necesidad se habían marchado de Kuoh. Siempre había querido ver su ciudad natal, donde nació y creció hasta el desafortunado incidente.
Pero Kuoh no era una ciudad donde él pudiese recibir la formación necesaria. No era la ciudad que Irina requería para su educación.
Por lo que los Shidou se mudaron a la gran ciudad. Desplazándose decenas de kilómetros llegaron a la ciudad de Fukuoka, la ciudad costera, la gran capital más cercana a Kuoh.
En esa ciudad, el puerto más importante al sur de Japón, en la región de Kyushu, se encontraba el mayor templo levantado por la cristiandad en la tercera isla más grande de la nación. El templo de Nuestra Señora de la Victoria. El mayor centro de formación salvando al erigido en la misma capital.
En ese centro fue formado Touji, en ese centro seria formada Irina en su debido momento, hasta la fecha solo atendía para asistir a las misas y para prepararse para el santo sacramento de la Comunión.
Cada tarde Irina acudía a catequesis…
La ciudad en si tenía todo lo que podía necesitar, tanto a nivel cultural como social, incluido el centro de alto rendimiento al que atendían, cortesía de los Gremory.
Los demonios habían sobornado a los Shidou ofreciendo la mejor educación que su hija podría haber deseado… Aunque ella no opinase igual.
Demasiado exigente para su gusto.
Cada mañana caminaban en silencio por las frías calles de Fukuoka desde sus casas hasta el centro educativo. Un trayecto que no alcanzaba a la media hora a pie.
Un trayecto de descenso que le brindaba la postal que era la vista de la bahía de Hakata. Siempre a rebosar de embarcaciones.
En la distancia, a unos kilómetros, lo suficiente como para no poderse visualizar a simple vista, se encontraba la isla de Ikki. La superficie insular más grande en la periferia.
Ikki… Recordaba sobre ella. Y no era algo fácilmente que se pudiese relacionar con él, el recordar cosas de cuando era niño, cuanto más intentaba recordar de su niñez más borrosa la visión, incluidos los eventos cercanos a lo que él llamaba… el despertar.
Pero recordaba vivamente un evento. Un rostro. Una belleza, una niña de cabello negro y ojos violeta…
Llevándose una mano al pecho, acariciando un colgante bajo su camisa, un colgante con una flor disecada plastificada, que colgaba de su pecho.
Una flor que le dio el día del entierro de sus padres.
No había vuelto… Quizás debería de ir.
El medio estaba frente a él, frente a sus narices. Desde la bahía de Hakata, desde el segundo puerto más grande del país podía desplazarse con extrema facilidad de la isla de Ikki para así poder visitar la tumba de sus padres.
Ver a aquella preciosa sacerdotisa… Porque quería verla. Ansiaba verla.
Era algo que no podía explicar.
-Cada día lo mismo…- gruñó Irina cogida de la mano del castaño –Siempre te quedas mirando el mar… ¿Tanto te gusta?-
-¿No te parece bonito?-
Aun somnolienta, se pegó a su pecho.
-Vamos… ¿Aun dormida?-
-¿Por qué tenemos que ir al colegio tan prontoooooo?-
-Vamos, dormilona…- empezando a caminar –O llegaremos tarde-
-¿Al estudiante modelo le preocupa llegar tarde?-
-Me preocupa que llegues tarde-
-Preferiría volver a casa… Quiero dormir…-
-De eso nada!- arrastrando a la niña calle abajo.
-Iseeeeeeeeeeeeeee-kunnnnnnnnnnnnnnn-
-DxD-
Al llegar al colegio, la castaña se agarró con fuerza a su brazo. Como cada mañana.
-Irina… Tú tienes que ir a…-
-No quiero!-
-Irina!-
-Que enternecedor…- exclamó un grupo de chicas caminando hacia ellos –Tienes que ser más considerado con tu chica, pequeñín-
-Dejadme en paz… Mejor ayudadme a convencerla…-
-Ni hablar… Pobre Irina-chan… No quiere separarse de ti…- rio la otra.
-Me quieres dejar para irte con estas chicas…- murmuró Irina llorosa.
-Son mis compañeras de clase…-
Irina revisó los uniformes de las adolescentes, frunciendo el cejo al ver sus curvas.
-¡No quiero!-
Negando con la cabeza.
-Irina… Te recogeré en cuanto acaben las clases…- acariciando su rostro con su otra mano, la única libre.
-Nosotros cuidaremos del pequeñín…- exclamaron las estudiantes tomando al niño en brazos.
-¡Él no es vuestro! Es mío!- chilló Irina molesta, tomando su mochila antes de salir corriendo.
-No, no, nooooo… No lo hagáis…- murmuró Issei enfadado.
Las chicas empezaron a reír divertidas.
-La novia de Issei-chan se ha puesto celosaaaaaaaaa!-
-Dejadme en paz!- protestó el niño entrando en el instituto.
-DxD-
Sentado en su asiento, esperó paciente su turno.
Uno a uno, los estudiantes de la clase eran llamados para una tutoría individual. El tutor mantenía una charla, evaluaba sus notas, ofrecía consejos y les animaba o reprendía.
-Tío… Esta vez sí que me van a crujir…-
-Mucha consola, poco estudio… Apechuga-
-No todos somos unos cerebritos…-
-Además… Que va a saber un niño de lo que hacemos…- exclamó otro joven acariciando el cabello del niño.
-Soy un niño, no un idiota… Se lo que hacéis en los baños y de las fiestas prohibidas… Pero yo voy a ellas tanto como tú!-
-¿Qué dices? Tú no has pisado ninguna!-
-Y tú tampoco, si eres más feo que pegarle a un padre con una escobilla de wáter sucia!- gruñó Issei.
Los adolescentes empezaron a reír divertidos. El joven calló mirando hacia otro lado.
-Tú escúchame… Los pechos son temporales, la libertad es eterna…-
-¡Deja los videojuegos y búscate una vida! Friki!-
-¡Cállate!-
-Las únicas tetas que has visto son las de las muñecas que te compras! Friki!-
-¡Ella al menos no me engaña con mis amigos!-
-Como si mi novia me engañase… ¿No lo hace no?-
Las risas volvieron al pasillo.
-Silencio!- exclamo el profesor saliendo del aula –Solo hay un estudiante competente en esta clase y lo estáis contaminando con vuestras tonterías!-
-Perdónanos sensei… Habíamos olvidado que los prefieres jovencitos…-
-Una semana de castigo por hacer uso del bozal que tienes por boca!- rugió el profesor –Ahora Issei-kun, entra, aléjate de estos elementos…-
-Yogurinesssssssssss- sisearon los estudiantes a coro.
Issei negó con la cabeza, riendo divertido.
-Lamento que tengas que aguantar a estos jóvenes…-
-Mis compañeros son divertidos y cuidan de mí, sensei- tomando asiento.
-Ojala fuesen más como tu…-
-Jejeje…-
-Issei-kun. Sigo sin tener respuesta a mis intentos… ¿Tus padres siguen fuera del país? Pensaba que los Gremory habrían regresado ya…-
-Mucho me temo… Pero mi tutor puede acudir cuando quiera-
-Henrinch-san es una buena persona pero…-
-Volveré a insistir, sensei… Y mis notas…-
-Qué decir de tus notas, sobresaliente absoluto… Ni se te ocurra bajar el nivel!-
-Me esforzaré por estar a la expectativa…-
-Si sigues así propondré al Rectorado que se te permita acceder a los exámenes nacionales-
-¿Cree que estoy preparado?-
-Confía en mí. Podrás participar… Y serás el orgullo de la nación!-
El castaño sonrió forzadamente… Tomando su boletín con las notas, mirando el papel quedamente.
-DxD-
Intimidada por los chicos mayores, Irina se mantenía pegada a la puerta principal, escondida, mirando pasar a los jóvenes con recelo.
Mirando a las chicas con admiración.
Más altas que ella, delgadas y con uniformes bonitos. Algunas llevaban elegantes accesorios… ¿A Issei le gustaban las chicas así?
-¡Irina-channnnn!-
Alzando la mirada, Irina frunció el cejo molesta.
Un grupo de chicas traía a su Issei en brazos.
Caminando a trompicones, el Hyodo parecía más molesto que contento.
-Te traemos a Issei-kun!-
-¿Qué le habéis hecho?- protestó inflando los mofletes.
-Eres adorableeeee!- exclamaron las chicas rodeando a Irina, acariciando su cabello y mofletes.
-Dejadme! Dejad a Issei-kun!- protestó la niña soltándose como pudo, tomando la mano del niño, arrancando a correr.
Girándose tras unos metros, sacando su lengua antes de volver a correr, arrastrando a Issei.
Las estudiantes rieron divertidas.
-DxD-
-Irinaaaaaaa- gruñó Issei sin mucho afán, corriendo al trote arrastrado por la Shidou.
La castaña se giró molesta. Sus mofletes seguían inflados.
-Juegan contigo…- pasando a caminar a buen ritmo, sin soltar la mano de la castaña.
-Moooooo…- abrazándose a su brazo.
-¿Te han dado las notas?-
-¡No quiero hablar de eso!-
-No han ido bien…-
-¿Porque no puedo ser tan lista como tú?-
-¿Por qué no puedo ser tan guapa como tú?-
-¡Eres un chico!-
-Tú a veces también lo pareces…-
-¡Bufff! Eres un idiota!-
-¿Estas enfadada?-
-Por tu culpa!-
-Pues… Lo estarás aún más…-
-¿Por qué?-
Deteniéndose, Issei señaló con el pulgar el edificio junto a ellos.
Una enorme Iglesia.
-¡No!-
Issei asintió con la cabeza.
-Toca catequesis-
-¡Nooooooo!-
-Siiiiiii-
-¡¿Por qué tú no tienes que ir?-
-Dios no me quiere ahí dentro…-
-¡Dios es idiota!-
-Shhhhhh! Eso no puedes decirlo!-
-Pero…!-
-Son solo unas horas…- acariciando su rostro –Touji te recogerá…-
-Tengo deberes!- exclamó la niña alejándose a toda prisa -¡Me vas a ayudar con ellos!- ordenó antes de entrar en la Iglesia.
-Sí, si…- negando con la mano, girándose lentamente.
Alzando una ceja… Issei vió a unos hombres de negro pasearse por las calles, revisando detenidamente todos los rincones de la calle.
Hombres de negro, con gabardinas de grabados blancos. Reconocía el uniforme. Touji Shidou lo vestía a menudo.
Eran exorcistas.
Intrigado ladeó la cabeza.
-Myauuu…-
-¿?-
El niño vió a un pequeño gato, negro, delgaducho, asomarse por las puertas de la Iglesia.
Caminando con rapidez tomó al gato del lomo, alzándolo sin problemas.
-Myauuuuuuuuuuu!- protestó el gato intentando arañarlo.
-No me gustan los gatos… Pero si entras ahí te van a apalear con una escoba, bicho- soltándolo a unos metros de la puerta.
El gato lo miró furioso.
-No me mires así… Que te acabo de hacer un favor…-
-Myauuuuu!-
No sabía porque… Pero se sentía insultado.
-Y por eso prefiero a los perros…-
-Niño…-
Girándose, el pequeño alzó la mirada.
Los exorcistas estaban frente a él, intimidantes.
-¿Puedo ayudarles en algo?-
-La gata… Es tuya?-
-¿La que…?-
-Nyaaaaa-
El animal había empezado a restregarse contra su pierna.
Incrédulo, el niño apartó la pierna, pero el gato volvía.
-Se podría… decir… Que si-
-Espera… Te conozco… ¿Eres el niño del hermano Shidou?-
-Irina es su hija, pero Touji-san cuida de mí…-
-Entiendo…- dijo el exorcista mirando a su compañero.
-Escucha niño, hay extrañas criaturas rondando por aquí… No salgas solo a la calle de noche y no hables con extraños…-
-Y tú que eres, lelo?-
-Yo llevo uniforme!-
-No digas tonterías…- rio el compañero antes de alejarse a paso rápido.
Issei los miró detenidamente, uniforme negro, espadas envainadas y sospechaba que pistolas enfundadas bajo las capas.
Volviendo su atención al animal… Issei vio que ya no estaba.
-Terrenos Gremory-
Si algo tenía claro el joven Hyodo es que los Gremory se estaban tomando su formación en serio. No habían escatimado en gastos, medios o personal.
MacGregor Matters le enseñaba magia… Un proyecto rápidamente desestimado. El niño, si bien tenía inquietudes intelectuales la magia no era lo suyo.
Shouji Okita se encargaba de adiestrarlo en artes marciales, no solo con la espada, también posicionamiento y maniobras.
El niño recibía formación cultural, sobrenatural y física…
Pero Zeoticus no entendía lo que pasaba…
-Miro detenidamente todos los informes…- desviando la mirada, observando los documentos sobre la mesa -¿Me habéis mentido?-
-En absoluto…- dijo Heinrich con una rodilla en el suelo.
Okita y Matters lo estaban imitando, a cada uno de sus costados respectivamente.
-Entonces necesito de una explicación-
-Le pido disculpas, mi señor, puesto que he fracasado-
-A ver, a ver… Los informes son positivos, mucho. Como que has fracasado-
-Cómo explicarlo…-
-El niño no aprende- intervino Matters serio.
-¿Cómo que no aprende?-
-Es considerado, inteligente, cumplidor…-
El patriarca pelirrojo alzó una ceja, cruzándose de hombros.
-Me estáis enviando mensajes contradictorios-
-En absoluto, mi señor…-
-Hablad, con franqueza-
-El niño apenas está mejorando como debería, mi señor- empezó Okita.
-¿No has dicho que ha aprendido todo lo que le has enseñado?-
-El problema es ese. Podría ser mucho más-
-¿?-
-He fracasado porque me pidió un heredero, que puliese ese diamante… Y no lo he logrado-
-Matters- ordenó Zeoticus serio.
-El niño es un conformista como el que más. Carece de ambición. No posee iniciativa. No es mal estudiante, pero trabaja para complacer. Es inteligente, sabe que si no hace lo que le pedimos su imagen a tus ojos podría verse manchada…-
-…-
-Ha aprendido todo lo que le he enseñado, sí. Pero podría haber aprendido mucho más, haber progresado por su cuenta incluso-
-¡!-
-Si quisiese se podría haber graduado, mi señor- indicó Heinrich –Podría empezar a cursar estudios universitarios-
-¿Qué le detiene?-
-Dejar a Irina Shidou atrás-
-¿?-
-No me malinterprete… Tampoco quiere adelantar a la señorita-
-¡!-
-Tampoco quiere progresar en sus artes precisamente por eso…- continuó el mago.
El demonio se levantó, molesto, desplazándose hasta la ventana.
-¿Es por el incidente?-
-Mantenemos constantes controles… La Pieza del Rey apenas muestra signos de inestabilidad. Tampoco parece estar activa-
-Pero el niño es un demonio- intentó reafirmar el pelirrojo.
-Muy conveniente, pero sí. La pieza cumple con su función más elemental…-
-Si mi hijo es un demonio porque no tiene poder demoniaco-
-La pieza está diseñada para aumentar el poder, con el joven no tiene nada que aumentar-
-…-
-A efectos prácticos es un niño sin poder mágico…-
-Como el hijo menor de los Bael…-
-Así es…-
-¿Y su aura?-
-La energía que emana de su cuerpo es inofensiva, no tiene carga mágica… Es el resultado residual de un proceso que se da constantemente en su interior. Algo que aún estamos pendientes de evaluar-
-Podemos dar gracias que la pieza esté inactiva… Dar gracias de que ese delicado equilibrio no se haya roto-
-Por las palabras del joven señor algo absorbió la pieza, lo más probable es que buscase esa fuente de energía para romper ese equilibrio-
-¿Seguimos sin saber quién o qué?-
Los sirvientes asintieron con la cabeza.
Zeoticus se acarició la sien.
-Pero el resultado es parcialmente funcional… Rias… Irina… ¿Amistades o mujeres?-
-Mujeres- respondió Matters –El pecado de la lujuria-
-Lujuria. Me gusta. Un pecado controlable, no supondrá la ruina de la familia si se excede, quizás de unos cuantos dolores de cabeza. Habrá que cuidar la reputación y monitorizar sus acciones… Necesitaremos un buen consejero, un asesor, alguien versado en relaciones diplomaticasUn dragón de la lujuria… Con eso podemos trabajar… Y contener, un harén cerrado y bien trabajado lo llevará a lo más alto… Pero no habéis podido activar su sangre…-
-Así es, mi señor-
-¿Es una cuestión de madurez?- preguntó Zeoticus girándose hacia los demonios -¿En cuánto alcance la pubertad se activará su sangre?-
-No lo creemos, eso no explicaría el empuje que provocan la joven señorita y la hija de los Shidou-
-Entiendo… Podéis retiraros-
Los sirvientes asintieron antes de marcharse a paso rápido.
-Cornelius- anunció Venelana sentada en su asiento. El demonio se detuvo en seco, girándose hacia la matriarca –Es necesario que sepas que estamos muy satisfechos con tu trabajo-
-Pero…-
-Tus expectativas están por encima de lo solicitado. Como madre estoy muy orgullosa de tu trabajo con mi pequeño. Ahora nos toca a nosotros, como padres, acabar de enderezarlo-
-Mi señora…-
-Muchas gracias por tus servicios, Cornelius. Impecable, como siempre-
-Es un honor para mí, mi señora- dijo el polifacético erudito antes de marcharse, cerrando a su paso.
-El niño se resiste-
-El niño es un niño. Te has pasado años diciéndole que tenía que pensar por sí mismo y ahora cuestionas que sea independiente-
-Cuestiono que cuestiona a sus profesores-
-Lo que le has enseñado!-
-Yo no soy tan cabezón…- gruñó el pelirrojo sentándose en su butaca, junto a su esposa.
-No me hagas reír…-
-Mmm…-
-Issei es un buen niño… Cumplidor y eficiente que teme decepcionarnos-
-Pero tiene que ir más allá. No puede quedarse bajo nuestra sombra eternamente, ha de generar expectativas, algo tiene que hacerle ilusión-
-Oh, esposo mío. Eso lo tenemos. Lo sabemos muy bien-
-No es suficiente-
-Es suficiente… Pero tiene que haber algo más…- murmuró Venelana pensativa, apoyando la cabeza contra el respaldo.
-¿En qué piensas?-
-En darle sus piezas…- ladeando levemente la cabeza, lo justo como para mirar a su marido.
Zeoticus escupió el whisky en su boca.
-No puedes estar hablando en serio-
-Por supuesto que lo estoy-
-Pero Venelana…-
-Lo necesita. Necesita empezar su formación como aristócrata-
-No es buena idea…-
-Issei es nuestro hijo. Lo queremos como tal y ha sido educado para ello. Lo haremos algo formal. Legal. Diremos que ha estado estudiando en el mundo humano-
-¿Y el poder de la familia?-
-Precisamente. Rias y Sirzechs se parecen a ti, guapos y pelirrojos…-
-¿Mi esposa no es hermosa?-
-El niño ha heredado mi precioso cabello… Pero no mi poder-
-La oveja negra, lo hemos separado de la familia, haciendo que estudie lejos…-
-Hasta que ha llegado a la edad indicada para formarlo…-
-¿Formarlo?-
-Llevas siglos gruñendo que las aburridas artes familiares no tienen heredero…-
-Eso no es cierto. Tampoco son aburridas-
-¿Y porque le regalas espadas de madera al joven Milicas?-
-Las espadas son varoniles-
Venelana rio con fuerza, divertida.
-Llevas milenios buscando un sucesor, un hijo al que enseñarte todo lo que tu padre te transmitió… Esta es la mejor oportunidad que tendrás nunca…-
-…-
-Haremos esto… Haremos un comunicado… Haremos de Issei nuestro hijo. El heredero, protegerá a Rias… La prensa adorará otro niño prodigio, sustituiremos el poder de Sirzechs con el talento de Issei, si le damos las Piezas y empieza a reunir un equipo cubrirá las expectativas sociales por su carencia del poder de la destrucción y le servirá para formar una actitud más responsable.
-¿Por qué insistes en que Issei tenga esclavos?-
-Esclavas… Es un matiz importante…-
-¿Solo muje… ah… Eso habría que demostrarlo, cariño-
-Por mucho que lo he intentado Issei sigue siendo demasiado blando… Ni valora ni comprende el valor de su sangre, de su posición, de la familia. Si no lo valora no lo respeta, ni lo respeta no lo defenderá-
-Te considera su madre, esta es su casa-
-Lo sé, nos ama, y lo quiero como a un hijo propio… Pero no ama el castillo, las tierras o el emblema… Quiero que se integre más y más…-
El pelirrojo la miró fijamente.
-¿Ocurre algo?-
-Sigo pensando en porque tienes tanto interés en que Issei use sus piezas…-
-No hay más interés que el que una madre preocupada por su hijo pueda tener…-
Zeoticus no estaba convencido para nada.
-Issei tiene ocho años, es pronto para tener siervos-
-Pero si es pronto para recibir adiestramiento de combate- rebatió la mujer.
-El entrenamiento fortalece el cuerpo! Templa el carácter!-
-Y tener esclavas endurecerá el interior, amor mío-
-Primero adiestramiento-
-Le convendría tener algo que proteger, personalmente, para motivarlo a entrenar-
-Pero no podrá proteger si no sabe cómo hacerlo-
El matrimonio Gremory se miró fijamente, cara a cara.
-¿Qué te parece el hijo de mi hermano?-
Zeoticus se giró molesto.
-Se lo que quieres hacer-
-Zeoticus…- rio Venelana divertida.
-Tu hermanastro es una mala influencia. Me sabe muy mal por su esposa, sé que consideras a Misla como a una hermana, alguien de la familia y tiene las puertas abiertas a esta casa…-
-El joven Sairaorg es un repudiado, dudo mucho que haya heredado el supremacismo y tenga el orgullo radical de mi hermano…-
El demonio se revolvió inquieto en su asiento.
-Rias lo adora… Ama a su primo, Issei también lo hará-
-…-
-Se harán bien mutuamente… Son dos niños con carencias similares en un mundo duro… Podrían entrenar juntos, mejorar juntos…-
-…-
-Quiero ayudar al hijo de mi hermana, Zeoticus… Ya has visto como es. ¿Qué influencia negativa ha ejercido sobre Rias?-
Zeoticus lo meditó unos instantes antes de asentir con la cabeza.
-El niño es un buen chico, noble y respetuoso, ha heredado lo mejor de Misla… Muy bien, Venelana. Que venga… Lo coordinaremos con las visitas de mi hijo-
-Siempre tan duro… Pero eres un blandito…- ronroneó Venelana sentándose en el regazo de su marido.
-Que más quieres, Venelana-
-Sirzechs quiere un encuentro-
-¿?-
-Si va a ser nuestro hijo tendrá que conocer a su hermano y a su sobrino…-
-Es cierto…- rodando los ojos al ver como su esposa dejaba su regazo, ya le había sacado todo lo que quería de él.
-Ya puedes ir a enseñarle tus ancestrales artes a nuestro pequeño… Aunque…-
-¿Aunque?-
-Quizás quieras practicar algunas otras artes ancestrales con tu esposa antes de irte…- ronroneó Venelana dejando caer su vestido al suelo, acomodándose en el sofá.
-Creo que Issei… Puede esperar un poco…-
- Colegio de primaria de Fukuoka - Japón -
Frustrado. Molesto. Solo.
Confuso.
Sentía que le habían quitado algo… Recordaba el sueño… Recordaba haber hablado con esas dos arpías, pero vagamente… Habían seleccionado lo que podía recordar o algo parecido!
De entre la información que recordaba…
Esa chica… ¿Dónde estaba? ¿Quién era?
Era como Irina…
Fuego… Fuego… ¿Cómo podía apagar ese fuego?
Había sido despertarse, recordar a esas bellezas e invadirle ese oscuro sentimiento… Necesitaba ver a esas chicas… Tenía que ser una de ellas… No había otra explicación…
-Issei-kun... -
Tan buen punto despertó… Y el encuentro con las chicas de anoche…
¿Casualidad o destino? ¿Estaba destinado a encontrarlas pero no sabía a quién buscaba o a cuantas siquiera? Eso no le gustaba.
Él era quien dictaba las normas. Él era quien tenía el control de su vida…
Se negaba a tomar una parte pasiva en todo esto…
¿Y que eran esos sentimientos que lo recorrían? Se sentía incapaz de controlar su propio cuerpo. Sentía que en cualquier momento iba a hacer algo que su cabeza no iba a aprobar.
¿Iría a más?
Conocía los peligros que su ardiente necesidad podía provocar… Su ardiente llama, insaciable, que lo quemaba sin prisa, sin calma. No sabía quién podía apagar esa llama… o como.
¿Acaso todo tenía que ver con el incidente hacia unos días? ¿La pieza que le impusieron?
No…
Algo le decía que tenía que ver con el accidente de tráfico…
-¿Issei-kun...? -
Suspirando cansado ladeó el rostro, ojeando el paisaje que las ventanas del tercer piso del colegio de primaria Fukuoka ofrecían.
Su mirada se posó en el mar.
Desde la mañana anterior sentía una presencia. Potente. Conocida.
No eran las niñas. Era… Era una presencia que había percibido el día del accidente.
La sentía claramente, un punto en la distancia, en el firmamento. Lo llamaba, lo estaba llamando.
Volviendo su atención al mapa escolar sobre su pupitre, en esa dirección podía estar, más o menos, la Isla Ikki. Aunque por ángulo… Tsushima.
Ikki era pequeña, estaba cerca… Tsushima a más del doble de distancia, más del doble de grande… Que doble, entre seis u ocho veces más grande.
Pero él era un niño… No podía tomar un barco y viajar sin más…
-¿Me estas escuchando, Issei-kun? -
Pregunta. ¿Cómo podía hacer un niño de 8 años para recorrer decenas de kilómetros mar adentro para alcanzar una isla… O viajar el doble de distancia más adentro para ir a otra?
Respuesta. Abonarse al transporte sobrenatural.
La cuestión es… ¿A quién avisaba? ¿A su avión de luz o al avión de oscuridad?
¿A quién te tendría que dar menos explicaciones… O con quien le convenía mas?
Quizás sería mejor algo sigiloso… Como una especie de misión secreta como había visto en algunas películas…
Revisando el mapa de nuevo… Había un logotipo en uno de los extremos, una montaña, alejada de la localidad portuaria… Un templo. Un templo shinto.
Issei apretó los puños.
Una señal, una señal que le indicaba que había algo en esa isla. Un templo, un templo con algo que tenía que ver. Un templo con algo que ya había visto. Un templo con algo que ya había visto y tenía que volver a ver…
Recordaba haberlo visitado hacía años, cuando murieron sus padres...
El templo en cuestión respondía al nombre de Templo Himejima. El Templo Himejima era un gran reclamo turístico, así que todas las fiestas culturales y populares se celebraban en el hermoso Templo que representaba un patrimonio para la isla y la prefectura.
…
¿Por qué querían que fuese allí?
-¡Issei-kun...! -
Decidido.
Hoy visitaría el templo Himejima. Quería encontrar a la persona que podía calmar su angustioso corazón. Quería volver a ver a esa niña!
-¿Te encuentras bien? -
-¿Uh…? -centrando su atención en la mano que tocaba su hombro, topándose con los oscuros ojos de Misako, su tutora -¿Sensei? ¿Qué pasa? -
-Te estaba llamando Issei-kun… ¿Estás bien? -preguntó la mujer preocupada por el despiste de su alumno.
-Sí, ¿Porque? -
-La clase ha acabado, Issei-kun. Eres el último y hemos de cerrar el colegio -mirándolo preocupada.
-¿En serio? -observando su alrededor, un salón lleno de pupitres vacíos -Lo siento -levantándose deprisa.
-No pasa nada… -con una cálida sonrisa -Issei-kun… ¿Estás bien? ¿Necesitas ayuda? -
-No... ¿Por qué debería? -colocándose la mochila en su espalda.
-Han pasado ya varios años… ¿Estás bien con los Shidou, Ise-kun? -preguntó interesada por la opinión del niño.
-Por supuesto, son buena gente -devolviendo la sonrisa -¿Ocurre algo Misako-sensei? -
-No, nada -acariciando su cabello -¿Nos vemos mañana?-preguntó con una sonrisa.
-Eres la mejor sensei del mundo!- exclamó el chico abrazándose a la mujer, enterrando su rostro en el modesto pecho de la profesora.
Levemente cohibida, se había acostumbrado al afecto del chico… Del niño…
Un niño… Necesitado de afecto por la muerte de sus padres… ¿no?
-Je jeje jejeje-
-DxD-
Lo cierto era que para ser humana, Misako era una buena persona, un buen ejemplo de desarrollo personal y emocional satisfactorio.
Agarrando su mochila… Issei miró a lado y lado. No había nadie en el patio trasero de la escuela.
-¡Taxiiiiiii!- exclamó alzando una mano. Un destello de luz apareció sobre él.
Una belleza sonriente descendió hasta tomar su mano entre las suyas.
-¿Quieres ir a algún lado?-
-A la isla más cerca, grandota, más adentro-
-La conozco… ¿Quieres visitar la tumba de tus padres?-
-Ah… Es cierto. Ya la conoces… Si! Si, por favor!-
Tirando levemente de él… Gabriel se transportó, con el niño en su mano, a cientos de kilómetros de allí…
-DxD-
Estaba allí.
Un paisaje desconocido pero conocido.
Piedra caliza blanca a sus pies. Un sendero de piedras que cruzaban un frondoso bosque de interminables árboles que se alzaban en el cielo.
Pájaros cantando, la brisa meciendo su cabello.
Gabriel lo miraba sonriente, solo a él, como siempre. Sin pronunciar palabra. Sin preguntar. Sin cuestionar…
Alzando la mirada centró sus sentidos en su entorno… La señal había desaparecido. No la percibía… Quizás se había ido, quizás estaba en el ojo del huracán y todo lo que le envolvía era la señal…
El niño entendió que estaba donde debía estar.
A un lado el camino empezaba a descender. Al otro una enorme escalinata de piedra blanca, cientos de torii de madera roja formando un túnel…
Mirando a banda y banda, esgrimiendo una perversa sonrisa.
Nadie diría que Issei Hyodo no se atrevía a hacer algo, nadie, nunca jamás, lo tacharía de cobarde!
Agarrando su mochila empezó a cruzar arcos, subiendo escaleras a buen ritmo… Maravillándose con el paisaje. Verdoso, lleno de vida. Relajante…
Los templos Shinto eran una belleza si todos eran como este. Una comunión de naturaleza y civilización…
Se podían decir muchas cosas, pero era innegable que había algo espiritual en el lugar. Largas, inmensas escalinatas de blanca y cuidada piedra. Fuertes y altos árboles decoraban el paisaje. Amplios y hermosos terrenos.
Quien sabe cuánto trabajo debía de costar el mantenimiento. El esfuerzo y horas necesarias debía de ser… Solo alguien con pasión podría hacer semejante trabajo.
¿Quién sería el guapo que se desayunaba, comía, merendaba y cenaba semejante berenjenal? De repente se arrepentía de haber entrado. Ese templo era un paraíso… Protegido para mantener la paz y la harmonía de la naturaleza.
-No debería de estar aquí… Nadie debería… Esto ha sido un error- rascándose la nuca, sacando una caja de caramelos, llevándose uno a la boca.
-¿Por qué?-
-Mira todo esto… ¿No deberíamos de dejarlo tranquilo?-
-No entiendo porque… Padre creó el mundo para que hombre y naturaleza se entendiesen y viviesen en harmonía…-
El niño la miró con curiosidad.
-Si tú lo dices…-
-¡Hip!-
Alguien se había asustado.
PAM
-P-perdón... -susurró una voz tras él.
-¿?-
El castaño se giró lentamente… Había una escoba en el suelo.
-¿Uh...? -girándose vio a una chica, de su edad, vestida con un kimono tradicional del templo, de largo cabello negro recogido en una coleta alta.
Perplejo, frente a él había una hermosa mujer, su largo cabello meciéndose por el viento, una tierna sonrisa, unos ojos cálidos…
"Cariño… ¿Dónde estabas?"
-¿Q-que has dicho?- preguntó el chico acercándose a la niña.
-Disculpa… yo…- sonrojada –No se… Porque he dicho eso…-
La imagen de la mujer había desaparecido… dejando la silueta de una niña de largo cabello negro y ojos violeta. Más o menos más alta que él… Su cara, un tomate. Tartamudeando con fuerza, jugando con sus dedos índice.
-E-el templo… -susurró.
-¿Le ocurre algo al templo? –pasando su mano por su cabello, tranquilizándose.
-E-está cerrado... –
-¿Qué?-
-El templo… e-está cerrado a visitas!-
-Ah…Oh… Yo no…- mirando a lado y lado. Gabriel ya no estaba -Lamento mucho…- se disculpó el castaño acercándose a la chica, cogiendo la escoba, ofreciéndosela a la morena.
-¡!- cogiendo la escoba con fuerza, entre sus pequeñas manos -¿Q-que haces aquí?-
-He oído hablar mucho de este templo… Hoy no tenía… Hoy tenía tiempo libre y he venido a verlo… Yo vivo en la ciudad… Una ciudad… Por allí- señalando en la distancia –Y… Qué demonios! En clase hemos leído sobre el templo… Es mucho más hermoso de lo que pensaba… Es muy bonito-
-G-gracias-
Issei se movió ligeramente, encarando a la chica.
Una belleza… De la que se sentía hipnotizado. Algo parecido como con Irina o Rias… Sus hermosos ojos violetas no dejaban de mirarle.
Era ella, estaba seguro. Una de las chicas del sueño o visión o lo que fuese.
¿Cómo se describieron… Las sacerdotisas de las Cadenas? ¿Qué cadenas? Extraño nombre…
-¿Nos conocemos…? – preguntó el chico.
-N-no, yo... No suelo salir de aquí… -.
-¿Segura?- acercándose a ella -Soy Issei Hyodou… ¿Cómo te llamas?-
-¿Yo…? -retrocediendo unos pasos.
-Sí, ¿cómo se llama la guapa chica que tengo frente a mí? -
-¿G-guapa? -sonrojándose aún más ante las palabras del desconocido.
Alzando una mano hacia la chica, la morena la tomó al vuelo rápidamente, dejando caer la escoba. Llevándola a su rostro, sintiendo sus dedos sobre su mejilla. Tímida, no pronunció palabra alguna. La morena, tímida, sonreía sin perder un ápice de su sonrojo.
-Aun no me has dicho tu nombre… Si no me lo dices me lo tendré que inventar, preciosa-
-¿Pre-preciosa?-
-Eres muy guapa pero increíblemente reservada, eh?-
-¡!-
-Tenshi- exclamó el niño, decidido.
-¡!-
-Tenshi, ángel. Te llamaré así-
La palabra pareció alarmar a la niña que se abrazó a si misma protectoramente.
-¿C-como lo has sabido?-
-¿Saber qué?-
-…-
-Eres preciosa, eres un ángel y salvo que me digas tú nombre… Te quedas con ese nombre!-
-P-pero…-
-Tenshi… ¿Eres del templo? -
-S-si… -
-Que pregunta más estúpida… Y me imagino que… ¿Estás limpiando? -
-S-si... –
-Yo no quería…- mirando a su alrededor –Hace unos años… Enterraron a mis padres… Y…- suspirando pesadamente –Si el templo está cerrado… ¿Cómo no he pensado en eso? Y luego dicen que soy listo…-
-¡!-
-¿Puedo visitarlos? Iré rápido…-
-Mama es quien…- murmuró la morena girándose, mirando el templo en lo alto de las escaleras –N-no creo…-
-¿Puedo?-
-S-si…-
-Muchas gracias!- exclamó Issei besando su mejilla, riendo al ver como su sonrojo alcanzaba cotas inimaginables -¡Oh vamos! ¡Eres demasiado tímida! ¡Tienes que soltarte más!-
-¿S-soltarme? -mirándolo sonrojada.
-Eres una preciosa sacerdotisa del templo, no? Entonces tienes que ser más…- gesticulando con las manos –Ya sabes, ser más abierta… Comunicativa… Esas cosas-
-Yo… no soy preciosa- desviando la mirada, tapándose la cara.
-¿Qué no eres qué? ¿Te encuentras bien? -acercándose a la niña –Tienes que tener fiebre, te nubla la cabeza, porque si no te consideras un encanto… ¿No tienes espejos en casa?-
Tartamudeando con fuerza la chica recuperó la escoba y empezó a barrer a la desesperada.
Entendiendo que le estaba molestando… Issei empezó a hacer lo dicho.
La niña lo miró de reojo. Curiosa, extrañada, avergonzada… Pero sonriente… Hasta sentir unas gotas caer en su cabello.
Sorprendida alzó la mirada, una capa de nubes negras flotaba sobre ellos, empezando a descargar, lentamente, lluvia sobre ella.
Chillando levemente empezó a correr por el sendero, volviendo a toda prisa al templo.
-DxD-
BRUUMMMMMMMMM
Un fuerte trueno retumbó por toda la isla, sorprendiendo al niño, que se giró buscando testigos… Suspirando aliviado al ver que nadie había visto como se acojonaba…
Largas escalinatas de piedra, arcos torii cada ciertos metros. Largas extensiones de crisantemos… Y tras el campo, un cementerio, un inmenso cementerio, quizás parte de la montaña entera lo era, cada familia con su rincón... Hacía años que no estaba allí.
No lo recordaba bien… Pero ese día también llovía.
Dos figuras ornamentadas de piedra con sus nombres gravados… Las tumbas de sus padres.
Miki y Gorou Hyodo.
Touji y Karen de negro… Irina lloraba… Una hermosa sacerdotisa shinto oficiando el entierro… Los Shidou habían respetado la voluntad religiosa de sus padres, que lejos de compartir credo con ellos, sus orígenes parecían ser más tradicionales.
Recordaba las palabras de Touji… Miki Hyodo había nacido en los archipiélagos y su vínculo con el credo shinto si bien no había sido el más firme y constante… nunca se había cortado completamente. Por lo que el matrimonio fue despedido de este mundo bajo la protección del panteón Japonés.
El niño alzó la mirada… Observando el cielo gris. La lluvia mojando sus mejillas. Empapando su ropa.
CLAP
Un chasquido de dedos y el agua se apartó.
Junto a él su ángel de la guardia, abrazándolo del cuello por la espalda, acariciando su cabello.
-Lo siento por… haber tardado tanto- susurró el joven Hyodo, reconfortado por el calor de Gabriel –Han sido unos años… Complicados- rio el chico divertido -Yo… Los Shidou estando cuidado bien de mí… Y unos demonios… No os lo creeríais… Yo tampoco…- rascándose la nuca -Yo… No soy el mejor de los hijos… No recuerdo… Por las noches pienso en vosotros… Y lamento profundamente no poder recordar vuestras caras… Pero sigo recordando lo que me enseñasteis… Y por ello os pido ayuda… Sé que me estáis vigilando desde el más allá… ¿Podréis guiarme para que pueda ser el hijo que queríais que fuese?-
La lluvia continuaba cayendo, anegando el suelo. Ignorándolo.
-Tus padres te ven… Tus padres están orgullosos…- susurró Gabriel besando su cabello.
-Lo están… Tienen que estarlo…- murmuró una conocida voz frente a él.
Sentada sobre la tumba de sus padres estaba Serafall, mojándose sin preocupaciones, con sus alas extendidas
-Le veo más… Diferente. ¿Es cosa tuya angelucho?-
-¿Yo que?- abrazando con fuerza al niño –No… Yo no tengo ese poder… Pero lo noto… Las frutas creciendo en su interior…-
-¿De qué estáis hablando?- exclamó el niño –Un poco de por favor… Que esto es serio…-
-Pues díselo en persona… Que esa te envíe arriba a verlos…-
-No puedo hacer eso, Serafall!- separándose del chico, caminando hacia la demonio.
-Quizás sea el poder de la montaña… Esto rebosa energía espiritual…- murmuró la demonio moviendo el índice en círculos, bajándose de la piedra, encarándose a la ángel –O que tú mientes…-
-Bichos, largo- exclamó Issei –Momento íntimo. Mis padres…-
Serafall sonrió divertida.
-Si… Eso me gusta más…- ronroneó la morena.
-¿Y si no me voy que?-
Issei juntó sus manos… Antes de separarlas, golpeando al unísono los traseros de las mujeres.
-¿Me dejáis un momento con mis padres?-
Pese a las sonrisas en sus rostros, la rubia y la morena asintieron, una más intensamente que la otra… antes de desvanecerse en la nada.
ZUMMMMMMMMMMM
Issei agachó la cabeza, sintiendo el torrente de agua golpearlo de lleno.
-Gabriel… Habría sido un detalle…-
No sabía que le había entrado… Desde que había llegado a la montaña se sentía extraño… Desinhibido.
-Perdonadlas… Desde que os fuisteis… Han pasado muchas cosas…- mirándose las manos.
Sí que se sentía diferente… Incomodo, incomodo con su pequeño cuerpo, su debilidad…
-Algún día… Algún día nos volveremos a encontrar… Aún falta bastante… Pero un día os volveré a ver…- sentenció el niño sonriente, caminando hasta las tumbas, acariciando la piedra –He leído que se suele verter algo de sake… Pero siendo menor…-
RUSH RUSH
Sorprendido, Issei se giró para ver una figura tras él.
La niña de antes, la niña de ojos violeta vestida de sacerdotisa, estaba a medio esconder bajo un paraguas rojizo junto a un árbol.
Los ojos del castaño se abrieron por completo. Sabía que tenía que haber algo más… Mucho había pensado en este momento. Mucho había dudado en si realmente debía de acudir al templo… Y una indomable necesidad se había apoderado de él. Se imaginaba, no, deseaba que él no fuese el único.
Akeno y Suzaku… Las sacerdotisas. Las dos caras de la moneda que siempre estaría en su mano.
¿Realmente esa niña era…?
La lluvia caía incesante.
La niña, de su edad, lo miraba fijamente.
Sus ojos violeta pegados en su figura, inalterables.
-Tu…-
Issei no sabía que decir.
¿Sabes que he soñado que estaremos juntos toda la eternidad?
Hola preciosa, me dijiste que viniese a verte en sueños.
¿Por casualidad no conocerás a un pibón con tetas enormes llamada Suzaku? Ah, tu tendrás unos melones similares.
-Has… vuelto…-
-Yo…- volviendo hacia las tumbas antes de mirar a la niña –Me he… retrasado…-
Dejando caer el paraguas a un lado, la niña arrancó a correr hacia él, lanzándose a sus brazos.
Sorprendido, cubrió levemente el cuerpo de la niña con su chaqueta antes de desplazarse hasta recibir el cobijo del único árbol en la zona.
-Vas a mojarte!- dijo el castaño preocupado, acariciando el denso y negro cabello, recogido en una coleta baja por una tela de color blanco, a juego con su uniforme de miko.
-No sabía cuándo… Pero sabía que volvería a verte…- susurró la niña con una gigantesca sonrisa en su rostro.
La presencia de la niña había anulado al joven. Callado, apenas podía pensar en nada más que no fuese ese hermoso rostro. Sabiendo que no tenía la cercanía o el nivel de confianza… Acarició el rostro de la pequeña miko.
La sonrisa de la niña solo aumentó.
Si antes pensaba que las palabras de aquellas dos desconocidas eran una broma generada por alguna divina perversión… Ahora tenía del todo claro… Que la existencia de ellas no solo que era real sino que era igualmente certera. La niña entre sus brazos era algo imprescindible para él… Cuando ella misma ni siquiera se había presentado a él.
¿Cómo podía ser eso posible?
-Continuará en el próximo capítulo-
-La Primera Sacerdotisa-
