Fanfiction escrito por mi persona, sin fines lúdicos, basado en la obra de Ichiei Ishibumi, las novelas ligeras HighSchool DxD.


- High School DxD –

[Draconic X Deus]


-Hermandad-


-Terrenos Gremory-

Issei Hyodo no sabía que pensar, que hacer o que decir.

Un niño, humano, en presencia de uno de los seres más importantes del Inframundo. Un hombre poderoso en lo físico y político. Alguien que podía hacerle desaparecer con un chasquido de dedos. Alguien que podía y quizás se sentía ofendido por su simple existencia. A fin de cuentas él había invadido su casa, su hogar. ¿Le reconocería como a un familiar? ¿Cómo al hermano que Zeoticus y Venelana decían que era? ¿Qué opinaría de su relación para con Rias?

-¿Qué embarazoso es esto, verdad?- preguntó el pelirrojo rascándose la nuca. Sonriente, con una voz jovial y despreocupada.

El tono y la gesticulación sorprendieron al niño.

-Soy Sirzechs… Puedes llamarme Sirzechs-onii o… Es muy complicado… ¿Lo decís así? ¿O Sir-onii-sama? O… O…-

-¿Quizás solo hermano?- propuso Issei sintiendo que la tensión se desvanecía.

-¿Solo eso? Podemos usar algún formalismo propio de tu cultura…-

-Padre y madre se han encargado de que me siente integrado… Añadirle un honorifico de mi tierra solo motiva a Rias…- encogiéndose de hombros.

-Ria-tan-

-¿Qué?-

-Entre los varones de la familia la llamamos Ria-tan-

El menor parpadeó confundido.

Sirzechs sonrió absolutamente extasiado, agachándose frente al niño.

-Siempre había querido un hermano pequeño…-

-Tanto como hermano…- murmuró el niño moviendo sus manos –Es solo… ¿Sirzechs Lucifer?-

-El mismo-

-He oído y leído mucho de ti-

-Me lo puedo imaginar-

-He estudiado mucho sobre ti-

-Jajajaja. Me lo imagino-

-El prodigio que solo nace cada mil años… Tal era tu talento que siendo un recién nacido ya podías hacer uso del Poder de la Destrucción. Destruyendo mobiliario… Herramientas… Ni siquiera los médicos podían acercarse a ti…-

-Jajaja. Eso es cierto… Solo madre podía tocarme, tomarme en brazos…-

-Tienes un historial impecable, lleno de proezas y…-

-Issei… ¿Puedo llamarte hermanito?-

-Pues… Hombre… Yo…-

-Hermanito entonces!-

-N-nos estamos yendo…-

-Padre y madre me han dicho que tu vínculo con Ria-tan es intenso… ¿Supone un problema ser mi hermano?-

-¡¿Q-que?!-

-Tanto tu como Ria-tan…-

-Rias no… Creo que Ria-tan está muy orgullosa de ser tu hermana… Y quiere seguir tus pasos-

-Me lo temía… ¿Es demasiada la presión?-

-No… Ria-tan es consciente de sus limitaciones, pero sabe que tu camino indica lo que realmente es posible…-

-¿?-

-Es una chica inteligente… No creo que debas preocuparte… Aunque personalmente encuentro que eso hace de ti un buen hermano…- dijo Issei colocando una mano en su hombro.

Sirzechs sonrió con fuerza.

-Chysis tenía razón…-

-¿Quién?-

Sirzechs negó con la cabeza, levantándose.

-¿Un talento cada mil años?- rio el hombre divertido -¿Quién dice eso?-

-Todos los libros de historia-

-Jajajaja. No, no… Mis registros académicos no son destacables, ni siquiera el militar… Ajuka es mucho más listo que yo, Serafall mejora mis dotes comunicativas y Fabium es un estratega brillante… No, hermanito. Realmente no soy más que un demonio con una cantidad antinatural de poder demoniaco… Lo único realmente excepcional en mi es mi sublime afinidad con el Poder de la Destrucción, lo que hace de mi un ser cuya mayor virtud es la destrucción…-

-¿Por eso tomaste el rol de Maou que se encarga de los asuntos cotidianos?-

-Excelente! Eso es, hermanito… Quería hacer todo lo opuesto a mi participación en la gran guerra… Durante la Gran Guerra solo destruí y destruí… Cuando acabó me propuse hacer lo opuesto, construir, restaurar lazos…-

Issei asintió con la cabeza.

-Tú y Ria-tan ya me habéis adelantado a nivel académico… Y he visto vuestros entrenamientos… Mis chicos me hablan de lo rápido que aprendéis… ¿Quieres caminar un poco?-

El niño solo asintió.

-Tú serás mucho mejor que yo, hermanito-

-Que dices…-

-Tienes un poder inmenso, como yo, en tu interior. Una anomalía en la naturaleza… Pero tu segundo don no es la destrucción-

-Te juro que no sé de qué me hablas-

-¿No te lo han dicho?-

-Yo no tengo nada destacable, Sir-tan-

El pelirrojo sonrió afablemente al escuchar el apodo.

-Esos ojos… ¿No entienden y aprenden al instante lo que ven?-

-¡!-

El castaño se llevó las manos al rostro.

-Ahora que lo dices… Unas sacerdotisas dijeron una vez algo parecido…-

-Estos ojos solo han visto el pasado… Los tuyos verán el futuro… Tú y tu hermana seréis mejores que yo… Personalmente me encargaré de eso…-

-Yo no lo tengo tan claro… Pero si tú lo dices…- mirándolo fijamente.

-¿Ves algo raro?-

-No, no! Es solo que…-

-Habla sin miedo, Ise-tan-

-Te ves como… ¿Un Ria-tan en versión marimacho?-

-¿Cómo? Jajajajajaja!-

-Que sí, que sí. Fijo! Clavadito a ella pero con músculos y estas cosas!-

-Jajajaja. ¿En serio?-

-Pero eso no importa… Entre tú y yo… Eres el hermano más guay que existe!-

-¿Lo dices en serio?-

-Alto, guapo, fuerte… ¡¿Qué más se puede pedir?!-

-Jajajaja. Me alegra mucho escuchar que me tienes en tan buena estima…-

-Aunque hay algo que necesito saber- deteniéndose en seco.

-¿Algo de mí? Dispara!- agachándose frente al niño.

-Esto es muy serio! Necesito que me respondas con sinceridad-

-Nunca le mentiría a mi hermanito pequeño…-

-Vale… Aquí va-

Sirzechs lo miró expectante.

-¿CÓMO TE LO HAS HECHO PARA DESPOSAR A SEMEJANTE PIBÓN?-

-¿P-pibon?-

-Grayfia-okami! La diosa de cabello plateado! ¿Cómo? ¿Cómo lo hiciste?- exclamó Issei agarrando al pelirrojo de los hombros.

-P-pues… ¿Por qué tanto… interés?-

-¿No es obvio? ¡Tengo que aprender para lograr conquistar a una belleza como…-

-¿Cómo?- preguntó una gélida voz tras ellos.

Issei, girándose, vio la figura de su hermana mayor. Tan hermosa como siempre, cruzada de brazos y con una siniestra aura elevando su cabello.

Una aura negra, negra como la noche.

-Ria-tan, sabes que me encanta verte. Pero ahora mismo Sir-tan y yo estamos teniendo una conversación de vital importancia para la familia y…-

-¿En serio? ¿Ah, sí? Por favor… No me gustaría interrumpir…- siseó peligrosamente, acercándose a ellos a paso lento.

-Ise-tan… Creo que… Ria-tan…-

-Déjala, déjala. Me estabas diciendo como conquistar a una belleza de categoría diosa-

-¿Categoría diosa dices?- preguntó Rias aumentando la furia a su alrededor.

-Sí, Ria-tan… Que es… Metro setenta… ¿Y tiene unas 100-60-90?-

Sirzechs se separó unos pasos.

-No he tenido la ocasión de verla en ropas ligeras, pero aun con ese incordio de ropa de sirvienta se atisba un…-

-¿Se atisba que?- susurró Rias a su lado.

-Pues… Un circuito de alta competición… ¿Rias?-

-¿Si, adorable hermanito menor?- ronroneó la pelirroja sonriendo encantadoramente.

-¿Todo bien?-

-Todo va de maravilla. Sigue, por favor-

-Pues…-

-¿Pues?-

El castaño aparcó completamente su idea de continuar hablando de la albina…

-Te veo algo extraña…-

-Estabas hablando sobre las curvas de Grayfia-onee-sama-

-¿Onee-sama?... Oh… ¿La admiras o algo así?-

-Eso no importa…-

-¿Segura?-

-Lo importante… ¿Tienes algún interés en las curvas de onee-sama?-

-En ella no, por supuesto. Es de la familia pero…-

-¿Pero?-

-Estoy interesado…-

-¿Estas interesado?-

-La verdad es que tengo algunas dudas…-

-Mi adorable hermanito menor… ¿No quieres confesar tus pecados ante tu adorable hermanita?-

-¿Qué pecados? ¿Los demonios tienen que confesarse? Me parece un poco extraño…-

El castaño se giró buscando a Sirzechs.

El pelirrojo estaba a varios metros de distancia, aumentando rápidamente… Marcha atrás.

-¿Por qué tanto interés en alguien con las curvas de onee-sama, adorable hermanito?- siseó Rias sin perder su sonrisa.

-Para…-

-¿Para?-

Tragando saliva, se mantuvo en silencio.

Cual escorpión atacando con sus pinzas, Rias atrapó la mejilla del castaño con fuerza.

-Mi adorable hermanito solo tiene que preocuparse por MIS curvas-

-¿Q-que dices?-

-Y si mis curvas no son como las de onee-sama se tendrá que conformar!-

-N-no te entiendo!-

GRAB

La otra mano tomó la otra mejilla… levantando el cuerpo del chico de sus mejillas.

-¿Lo has entendido, pequeño pervertido?-

Sirzechs pudo vislumbrar de primera mano la cercanía entre sus hermanos…

Issei tardaría algunos años en volver a pronunciar la palabra "curvas". Tampoco volvió a dar signos de interés en el cuerpo femenino… cerca de Rias.


-Isla Ikki-

Issei estaba de mal humor.

Heinrich le había liberado de sus clases. Irina estaba castigada por sus malas notas y eso significaba que tenía tiempo libre… Quizás no el tiempo necesario para ir a visitar a la mejor hermana del mundo pero si para ir a visitar a su sacerdotisa favorita… Ya que ha Venelana no le hacía gracia que Issei viajase en barco cada vez que se escapaba a ver a la Himejima y recurrir a las habilidades de una Arcángel no era lo más correcto… los Gremory adquirieron una propiedad en la localidad costera, un sencillo inmueble interconectado con el domicilio del castaño en Fukuoka.

Una puerta que conectaba un piso con la casa. Practico, seguro, sencillo.

Idiota de él, la costumbre de encontrar a la pareja de sacerdotisas en el templo le había llevado a pensar erróneamente que las mujeres no tenían nada mejor que hacer fuera del templo… Error. Esa tarde, ignoraba el motivo, no estaban en el templo. Quizás el padre de la niña tenía algo que ver. Fuese cual fuese el caso allí no había nadie, llovía a cantaros… Su humor estaba en niveles lamentables.

Abriendo el paraguas… Issei abandonó el templo. No era correcto que él estuviese allí sin el propietario. Puede que a Shuri no le importase dada la cercanía pero… Más rápido que lento, el niño se afanó en llegar pronto al pueblo, una vez que llegase al piso podría volver a casa, darse un buen baño…

-¿?-

El joven Hyodo se detuvo en seco.

Con las puertas del poblado al alcance de su vista, el niño se giró. Sentía algo, en lo alto de la montaña. Una presencia. Una presencia que conocía… Esa presencia… ¿Akeno había regreso a casa?

Ah… Por fin algo de buena suerte…

-¡Tenshiiiiiiiiiiiiiiiiiii! Preciosaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!-

De nuevo se encontraba caminando entre la niebla. Un pasaje no reconocido, sin nada en particular que pudiese relacionar con nada. No había sol, no había luces, no había nada excepto asfalto y niebla. No importaba cuanto caminaba nunca alcanzaba a tocar nada, podía correr y correr sin llegar nunca a tener nada que tocar con sus dedos.

Chillaba y chillaba… Nadie parecía escucharla. No, nadie acudía en su auxilio porque estaba completamente sola. Pero siempre sabia adónde ir, pese a la nula visibilidad siempre sabia adónde ir. Caminando en alguna dirección durante un tiempo indeterminado… Siempre alcanzaba una hoguera.

Madera ardiendo dentro de un muro de piedras, un fuego controlado por las manos de un individuo sentado sobre un tocón. Una figura masculina, de espaldas anchas y brazos trabajados. Un rostro oculto por una conveniente sombra… que solo dejaba entrever una sonrisa burlona.

Una sonrisa que despertaba al instante una inmensa alegría en ella, borrando por arte de magia toda preocupación. Temblorosa se sentó junto a él, apoyando su cabeza en su hombro.

Relajándose… quedando en paz.

Nunca hablaban… Él solo sonreía, nunca hablaba… No importaba lo mucho que lo intentase.

Pero la peor parte no era esa… Cuando su corazón se había calmado, cuando ya estaba en paz y harmonía el hombre desaparecía… Y a ella se le rompía el corazón.

Llevando sus manos al rostro, lloraba y lloraba… hasta despertarse.

Sudando en su cama, el rostro cubierto de lágrimas y un vacío en su corazón, en su pecho…

-Terrenos Himejima-

Vestida con su uniforme escolar bajó a la planta principal, recorriendo el pasillo exterior que tocaba con el patio. Un jardín modesto con un hermoso estanque. En el salón principal la esperaba el servicio con el desayuno sobre la mesa. Las sirvientas, en silencio, esperaban pacientes en las esquinas, con la espalda contra la pared y las manos cruzadas sobre su vientre. Ni rastro del anciano, ni rastro del patriarca de la casa. Ni rastro de niños, de compañeros… Ni rastro de nadie con quien hablar. Tras un desayuno silencioso tomaba su mochila y abandonando el recinto para tomar el vehículo que la llevaría a su selecto centro escolar siempre se giraba.

Su mirada se solía posaba en el norte… Sentía, como un faro en la distancia, que algo la llamaba… Aunque últimamente la sensación de hacía más débil y cambiaba su posición… Era extraño. Aunque no era algo que pudiese comprobar o investigar. Los Himejima siempre habían formado a sus miembros en casa, todo quedaba en casa. En el mismo recinto en el que eran adiestrados en las artes místicas recibían educación exterior. Con el tiempo los medios familiares quedaron demasiado desfasados, el mundo se movía demasiado deprisa para asimilar ese cambio. Tampoco tenían intención de hacerlo, por lo que permitieron que los más jóvenes recibiesen esa formación siempre bajo una estricta vigilancia y tutela.

A lo largo de las últimas lunas, una duda había ido creciendo en su mente, un pensamiento turbio había ganado en intensidad. La presencia del norte. Siempre había pensado que se trataba de su prima. Pero ella no se movería tanto, aparecía y desaparecería así… ¿Pero que podía haber si no era su prima?

Negando con la cabeza, se detuvo frente a la berlina que la llevaría al complejo Himejima…

-Volveré con mis propios medios- dijo seria mirando al mayordomo inclinando junto a la puerta abierta del vehículo.

-¿Esta segura, señorita?-

La morena no respondió, simplemente empezó a alejarse a paso rápido. La ruta la conocía a la perfección, tomando un autobús con el que atravesar la isla, llevándola al extremo norte, donde pasearía descalza por la playa hasta dar con una cala escondida… subiendo por la ladera, alcanzando un barranco.

Entrelazando sus dedos, lanzando un sello al aire, convocando una enorme ave blanca con el cuerpo repleto de grabados en tinta. Lanzándose al vacío… cayendo sobre el lomo del pájaro… La morena recorrió el espacio entre las islas sintiendo como la brisa del mar mecía su cabello, alzando los brazos, cerrando los ojos…

Volando hacia la libertad.

-DxD-

Ageha Himejima solía decir que el vínculo entre ella y su prima era extremadamente intenso. Podía confiar en sus sabias palabras, Ageha pasaría a la historia como una de las más poderosas exorcistas de la familia. Desplazada y apartada por motivos personales, nunca profesionales. Ella era una de las elegidas, como se las solía conocer en la familia. Descendientes directas de la Gran Fundadora. Mujeres con un físico sorprendentemente parecido con otra peculiaridad, solo había una por generación.

Algo que se rompió en la anterior generación.

El liderazgo de Suou Himejima seria registrado y recordado como el más polémico de toda la historia de la familia. Pero su dureza no estaba carente de explicación. Dos sucesos marcaron su mandato. La primera fue el encuentro maldito entre la "elegida" de la generación y su caída en desgracia.

Shuri Himejima conocería a su futuro esposo de la manera más fortuita posible, y por amor, se rebelaría a la familia. Suou, un hombre especialmente conservador, renunció a la "elegida" para no manchar la línea de sangre. Una decisión que no fue bien recibida en las otras Principales Familias, que, por consenso, decidieron sentenciar a muerte a la mujer. No se podían permitir el lujo que semejante prodigio mágico, milagroso, cayese en manos impuras. Una sentencia que no pudo ser ejecutada dada la influencia del marido. Las Cinco Principales Familias no querían una guerra abierta con Grigory, la única organización oficial conformada por Ángeles Caídos. Y no caídos cualquiera, los grandes héroes de la Gran Guerra estaba ahí… Shuri fue expulsada, desheredada, repudiada… Pero seguía con vida.

El segundo incidente sucedió poco después. Otro duro golpe para Suou que provocó que su corazón se endureciese aún más. La línea de sangre se había contaminado. Un nieto lejano, alejado de la línea principal, había nacido con un poder extranjero, un poderoso poder extranjero. Una aberración, un hibrido de poder divino shinto y cristiano. Suou Himejima ardió de rabia, de furia… Y de dolor. La nueva orden de ejecución fue redactada en vano. Su hermana, el mayor talento de su generación, lejos de ejecutar al niño lo tomó en adopción, selló dicho poder y se marchó para criarlo como a un nieto propio… Su querida hermana, Ageha, la había traicionado. Pese a ser quien era y como era, no había tenido el valor de sentencia a muerte al ser más amado por él. Suou Himejima no pudo mandar matar a su amada hermana. En su lugar se encerró en sus pensamientos. En sí mismo. En su despecho. Ahogando su dolor en sus creencias, en sus obligaciones… Y cuando creyó que todo empezaba a funcionar, que su liderazgo pronto daría frutos… Nació ella. La nueva Suzaku, la elegida de la generación… Hasta el nacimiento de su prima. La ultima broma del destino. El último ataque de la ironía. La cruel respuesta de los dioses a sus plegarias.

Dos elegidas, idénticas, con idéntico físico, idéntico poder, idéntico talento… Una pura, la otra impura. Suou Himejima cambió para siempre. Para mal. Y Suzaku vivía constantemente con el miedo que su ira estallase, estallase con su amada prima, la niña a la que quería como a su propia hermana.

El final de su camino… Las escaleras que daban al templo… En lo alto de la ladera la esperaba una llanura cubierta por piedras blancas. Múltiples edificios, algunos altares y un pequeño huerto. Las lágrimas caían por sus mejillas. ¿Estaría a tiempo de proteger a Akeno siendo "Suzaku"? ¿Siendo "Suzaku" podría protegerla?

-En cuanto él de con la manera de burlar a Grigory la matará…- sollozó bajando la mirada.

Llovía a cantaros. Pero no le importaba. Estaba hundida. Desesperada. Apretando los puños con todas sus fuerzas… Ladeando la cabeza imperceptiblemente. Algo llamó su atención. Una presencia que nunca antes había percibido… Dulce, fuerte, suave e intensa. Intoxicante y relajante. Esa sensación… No era Akeno. Akeno debía de estar en el templo…

BADUM

BADUM

Su corazón bombeaba con fuerza y no sabía porque… Y esa sensación se hacía más y más fuerte. Como nunca antes. La lluvia se detuvo. No podía respirar. Girando levemente la cabeza vió una silueta de un niño junto a ella sosteniendo un paraguas. No podía respirar. Su aura, embriagadora, nublaba su mente y sus sentidos. Esa persona, fuese quien fuese, desprendía una energía que la intoxicaba.

La excitaba.

Suzaku Himejima no sabía que pensar. Toda la preocupación que sentía por la persona más importante para ella había desaparecido. Todo rastro de tristeza se había desvanecido. En su lugar solo había dicha. Alegría. Y sentía una profunda vergüenza por ello… ¿Cómo podía estar alegre cuando su prima estaba en semejante peligro por su incompetencia?

-DxD-

Allí estaba… A las puertas del primer torii, en la falda de la montaña había una figura. La presencia que se camuflaba como la de Tenshi. La baliza, la señal que el reconocía como Akeno Himejima…

Femenina, aunque su cabello mojado tapaba su rostro. Un cuerpo femenino cubierto por un uniforme de marinera, escolar, camisa blanca bajo una chaquetilla y una falda plegada que le llegaba a las rodillas. Un generoso cuerpo perfectamente desarrollado. Aunque no creía que el ombligo al aire, mostrado por llevar una camisa demasiado corta, fuese algo protocolario. Su cabello, negro como la noche, cubría su rostro, cayendo por sus hombros. Húmedo. Mojado sin misericordia por el agua de la lluvia. La joven permanecía bajo la lluvia sin refugio alguno, cubierta o paraguas. Fuese quien fuese habia algo que estaba claro…

No era Akeno.

Akeno era una niña de su edad… Aquella criatura era una adolescente. Una absoluta y preciosa… Había llegado a la conclusión de que no era a quien buscaba, pero dado que la sensación era la misma se veía obligado a comprobar porque era así. O simplemente era la mentira con la que pretendía justificar su presencia y estancia. Lo cierto era que solo percibía tristeza y desolación en la chica y por alguna extraña circunstancia… Tenía que hacer al respecto.

Acercándose hasta romper la barrera del espacio vital de la estudiante de secundaria, el joven alzó el brazo para protegerlos a ambos de la lluvia con su paraguas. A fin de cuentas la chica le sacaba unos treinta centímetros. Sin decir nada, sin mediar palabra. Tampoco hacían falta.

Cerrando sus ojos, Issei sintió como sus emociones y sentimientos se entremezclaban. El término técnico podría ser el de empatía… Una profunda y absoluta empatía. Esa era la conclusión a la que había llegado a raíz de estar con tenshi… Aunque las mujeres de su sueño parecían tener mayores capacidades, ignoraba si estas eran aplicables al mundo real, si era un potencial a descubrir o quizás algo que solo ellas podían hacer. Cabía destacar que Akeno no había demostrado tener semejantes habilidades… hasta la fecha.

Respecto a quien era la jovencita… Estaba seguro en un 90% que esa joven era Suzaku. Su Suzaku… O eso creía.

¿Dónde estaba… Donde había estado? ¿No era una Himejima? Era la primera vez que la veía en la isla… Le hubiese gustado conocerla en otras circunstancias porque estaba empapado. Llovía a cantaros, tanto que el que llevase o no un paraguas en la mano era algo puramente anecdótico. Zapatos y pantalones empapados, podía dar gracias que los calzoncillos aún estaban secos… ¿O no?

Tras unos minutos en silencio… El castaño sonrió quedamente. Tristeza, ansiedad, impotencia… Ideas, pensamientos y un nombre. Suou Himejima.

Era ella… Estaba seguro en un 95%...

Harto de esperar alguna respuesta, Issei se giró, mirando a la joven fijamente. Descaradamente. Sus ojos rojos estaban fijos en su pecho. ¿Qué adolescente tenia semejante arsenal de misiles intercontinentales? Joder, pagaría por pasar el resto de su vida con su cara enterrada entre…

Su sonrisa se volvió maquiavélica. Su mirada se alzó para mirarla a la cara.

La joven se había tapado los pechos, desviando la mirada, negándole el contacto.

Había percibido sus pensamientos

Y lo sentía… Asco, repulsión con una pizca de halago? La joven estaba acomplejada por su físico. Odiaba a los hombres. Sabía que la estaba desnudando y por ello, le tenía autentico asco. Pero había confusión en sus emociones. Le asqueaba su mirada por ser un hombre, pero le excitaba por ser él.

Más confusión al coctel.

Cerrando sus ojos, lo sentía… Sentía las cadenas ceder, las cadenas que envolvían su cuerpo… Ella era otra de las sacerdotisas. Y algo, algo en su interior rugía, ansiaba salir. Y su sangre… ardía. Un sentimiento voraz buscaba una salida. Y si servía de indicativo… Ese sentimiento estaba absolutamente extasiado con la madurez de esa adolescente. A diferencia de la otra sacerdotisa ella estaba preparada.

Eso iba a ser divertido.

-Veo que te gusta el agua de la lluvia…- empezó Issei volviendo la mirada al frente, a las escalinatas del templo.

-Tú…-

Su voz era suave, melodiosa, una delicia al oído. Se le antojaba exquisita. Tanto como la de su tenshi…

-Déjame sola, niño…-

-Deja que me lo piense…- respondió Issei inspeccionando a la joven de arriba abajo -Ah, no, no… No pienso dejar a una chica preciosa, descalza, llorando sola en mitad de una tormenta… Mi padre siempre dice que hay que cuidar el patrimonio nacional-

Una autentica belleza oriental con el rostro bañado por el agua… y lágrimas. La chica compartía su extraña tonalidad de iris. Aunque a diferencia de los suyos, los femeninos estaban sumergidos en desesperación y eso, por algún motivo, le rompía el corazón.

-¿De qué patrimonio nacional hablas?-

-¿Hace falta que lo mencione?- respondió el niño inspeccionando su cuerpo con una sonrisa pícara.

La chica no lo entendió, tampoco vió el brillo en sus ojos. Aun no se había molestado en mirarlo.

-Ahora que te he encontrado no voy a irme así como así… Y menos estando tú así… Aunque eso… Ya lo sabias-

-Cómo voy a saber eso…-

-…-

-…-

-¿Y bien?-

-¿Y bien qué?-

-¿Te ha dejado tu novio?- preguntó Issei con curiosidad.

-¿… Novio…?- uniendo su mirada a la del dragón.

Un error… Perdiendo el aliento, Suzaku se quedó quieta, sin respiración, observando los dos rubíes que la miraban con fiereza.

La lluvia dejó de importar. Su abuelo dejó de importar. Akeno… dejó de importar. Solo importaba el descarado pervertido que tenía a su lado.

-Una chavala tan guapa… Mmm… No… Me preguntaba… ¿Cuál es el motivo por el que nos estamos mojando bajo la lluvia?-

Ninguno de los dos podía separar la mirada.

"No tengo novio, nadie me ha dejado…"

"Lo tienes, siempre lo has tenido. Uno que nunca te va a dejar"

La morena alzó las cejas. Ninguno de los dos había pronunciado una sola palabra pero…

-Si te preocupa Akeno-chan… Está de viaje con sus padres, una salida familiar, volverán en unos días…-

La mirada fulminante que le dedicó la joven podría asustar a cualquiera.

-Ah, no, no. No me mires así que pinocho se despierta… Esas miradas despiertan erecciones involuntarias-

-Un niño como tú no debería decir esas cosas…-

-Precisamente porque soy un niño puedo decirlas! Soy un joven tan inocente…-

Su rostro y estatura decían una cosa… Sus ojos otra.

Chasqueando la lengua decidió ignorar su comentario… Con una media sonrisa en sus labios rojos. La morena volvió la mirada al frente.

-¿Entonces no has venido por el angelito que tiene Shuri por hija?-

-…-

-Alerta de spoiler… Ya has recibido tus dones, los dioses dicen que no molestes más-

-¿Ya he recibido mis dones?-

-¿Quieres que te los nombre?- mirando descaradamente su pecho.

-Pervertido…- susurró sin fuerzas.

-¿Puedo hacerte una pregunta?-

La morena lo miró con una ceja alzada.

-Suzaku-chan… ¿Por qué estamos parados en medio de la calle con una lluvia del carajo?-

-…-

-Creo poder decir que Shuri-dono no tendrá inconveniente en que entremos… Te des una ducha caliente, ponerte algo de ropa seca y así poder contarme lo que sea que te preocupe con una buena taza de té caliente… Al menos es lo que quiero hacer yo…-

No sabría decir que se le pasó por la cabeza o que le movió a actuar… Pero sin darse cuenta su mano se había levantado. Su brazo se había alzado. Sus dedos se habían extendido. Sus yemas se posaron con toda la suavidad posible sobre la mejilla de la morena. Una placentera sensación recorrió su cuerpo.

Suzaku suspiró sorprendida. No sabía cómo sabia su nombre. No le conocía… Pero amaba el sentimiento de sus dedos sobre su piel.

-¿Puedo darme un baño con esta preciosa onee-sama?-

-Si lo haces te aseguro que dejarás de tener esas erecciones involuntarias…-

-Mensaje… recibido-

-…-

-...-

-¿De qué conoces a las sacerdotisas?-

-Soy un devoto creyente…- ironizó el niño.

La joven no hizo nada por retirar su mano, todo lo contrario, inclinó su rostro, cerrando los ojos.

-No te creo…-

Issei apartó la mano para colocarla en la frente de la morena.

-Estas ardiendo, sube, te tomarás ese baño y ese té. Yo hablaré con Shuri-dono-

-Pero…-

-¿Puedes coger el paraguas?-

Suzaku asintió. Obedeciendo. No podía negarse a sus órdenes…

-¡Aúpa!- exclamó Issei tomando a la morena en brazos, al estilo princesa. En instantes como esos le daba mil gracias a su condición de demonio y esa superfuerza… para ser un niño.

-¡¿Q-que te crees que estás haciendo?!-

-El paraguas, el paraguas… Que nos vamos a mojar!-

-Suéltame… Su-eltame…- susurró sin apenas fuerzas, apoyándose contra su hombro.

Absolutamente relajada, Suzaku se desmayó en brazos del desconocido.

Issei chasqueó la lengua molesto al ver el paraguas caer, preocupándose al ver a la morena inconsciente en sus brazos.

Acariciando su rostro, comprobando la temperatura de su frente… El niño bajó la mano, sobándole una teta.

-Material de calidad plus ultra…-

Riendo perversamente se echó a la adolescente sobre el hombro antes de empezar a correr hacia el templo con cierta dificultad.

-DxD-

Cómoda, caliente, reconfortada, la joven empezó a abrir los ojos. Acurrucándose bajo la manta, buscando el calor del fuego. Un fuego tradicional en el centro de la estancia shintoista del templo Himejima.

Una oleada de pensamientos confortables recorrieron su mente. Dulces, intensos, atrevidos y hasta eróticos. Se sentía deseada, amada y protegida. Se sentía… en casa. Un concepto que tomaba cuerpo, forma. Algo nuevo y tan necesario que entendía como había aguantado tanto tiempo viviendo afuera.

Abriendo los ojos por completo se centró en el fuego.

Aquel sueño… No había sido solo un sueño.

Al mirar al fuego vio al joven desconocido, sentado frente al fuego, mirando las llamas con calma. Cubriendo su rostro con la manta, lo analizó detenidamente.

Llevaba tanto tiempo buscándolo que no podía contenerse. Su primer pensamiento fue decepcionante… Era un niño. Pero por alguna razón aquello no era importante.

Sentado a su lado, con un brazo sobre su rodilla, el pelo mojado peinado hacia atrás. Sus ojos se iluminaban con el fuego. Resonando en harmonía.

El castaño se percató de su presencia, sintiendo sus pensamientos, sentimientos, mirándola con una sonrisa. Sintiendo su rostro arder, la morena optó por ocultarse por completo bajo la manta.

-Parece que hoy no es tu día… Las sacerdotisas no están… Así que si como yo venias a verlas… Se siente…- inclinándose para tomar una tetera sobre el brasero. Sirviendo el agua caliente en dos tazas de cerámica –Una lástima si habías venido a verlas expresamente…-

-Yo no… No había venido buscando…-

-¿Entonces querías visitar el templo?-

-Quería verlas pero…-

-¿Alguna visita familiar?-

-¿Cómo sabes que…-

-Sois clavaditas… Tú y Shuri os parecéis una barbaridad…-

-No, No venia para eso… Yo solo… No quería consejo-

El niño la miró sorprendido.

-¿No? ¿Entonces que quiere una estudiante de un templo? ¿Ayuda divina para tus exámenes? Puedo enseñarte algún truco para hacer trampas… 100% fiables- extendiendo el pulgar.

-Soy una buena estudiante… Y tampoco hago esas cosas…-

-Entonces obviamente vienes buscando consejos amorosos… Dime… Que hace que una chavala tan guapa con esos misiles intercontinentales necesite consejo…-

-Deja de llamarlos así- siseó la morena con dureza.

-¿Tienen nombre? ¿Cómo las llamo?-

-Ni las llames ni pienses en ellas!-

-Mmm… Que lastima…- murmuró el niño volviendo la vista al fuego.

-¿Qué buscas tú?- preguntó la joven tras unos minutos de silencio.

Issei no despegó la mirada del fuego.

-Yo vengo obviamente por las sacerdotisas!-

La morena lo miró furiosa. Issei la miró esgrimiendo una sonrisa cargada de sarcasmo.

-Dime… ¿Estas celosa o son tus sentimientos fraternales para con Akeno?- preguntó antes de volver la mirada al fuego –Mis motivos son estrictamente sentimentales, emocionales… Me siento vinculado a estas tierras. Shuri-dono ofició el entierro de mis padres… Ese día conocí a tenshi, desde entonces cada vez que estoy por la zona vengo a verlas-

La sonrisa había desaparecido. Suzaku sabía que no mentía.

-No lo sabía… Perdona… Mis condolencias…-

-Naaaaada, nada-

-Y desde entonces…-

-Familia adoptiva- respondió el niño.

-Yo… No quería ser insensible, lo siento mucho…-

-Lo sé. No hace falta que te disculpes por nada…-

-¿Ya te encuentras mejor?-

La joven sujetó con fuerza la manta.

-Sí, muchas gracias… ¿Me has traído tú?-

-Solo una palabra- dijo el castaño sonriendo mordazmente –Pesas-

-¿Q-que?-

-Un montón-

-¿Cómo te atreves?-

-No te enfades, lo entiendo…-

-No tienes que entender nada!-

-Quiero decir, esos melones deben pesar lo suyo…-

-¡Eres un maldito maleducado!- chilló la morena cubriéndose con la manta -¿Cómo te atreves a hablarme así? ¿Cómo te han educado?-

-Que sepas que he recibido una educación particular y exquisita… Es solo que en privado… Bueno… ¿Muestro autenticidad?-

-¡Cerdo! ¡Cochino! ¡Degenerado! Hentaiiiiiiiiiiiiiiiiiiii!- mirando a su alrededor, buscando algo que arrojarle.

-Vamos, vamos… Te he traído y ahora estas calentita, que importa qué te haya sobado un poco en compensación…-

-Ya podrías haberte mantenido como ese niño atento y dejar al pervertido en la calle para que muriese de una pulmo… Un momento… ¿Qué has hecho que?-

-¿Hacer que?-

-¿Qué has dicho que has hecho?-

-Traerte-

-Después de eso-

-No te entiendo…- dijo el niño con total inocencia -¿Qué podría hacer un niño inocente como yo?-

La morena lo miró con desconfianza.

"Grandes. Suavecitos. Elásticos. Ni con las dos manos podía tomar uno de ellos"

Suzaku abrió los ojos incrédula.

"Espero que no note mi saliva en…"

Abochornada, se cubrió aún más con la manta. El joven demonio la miró con curiosidad. Sus pensamientos eran un caos, algo demasiado complejo como para poder comprenderlo.

El silencio se impuso entre ellos. Ambos estaban pendientes del fuego.

-¿Quién es tenshi?- preguntó Suzaku con un deje de voz.

-Akeno, por supuesto-

-¡!-

-La llamo así obviamente, por sus alas de ángel caído-

-¿Lo sabes?-

-Por supuesto que si…- sacando la tetera del fuego, vertiendo el contenido en una taza -Tómatelo mientras esta caliente…- dijo el chico ofreciendo una taza de té. La morena se incorporó… Sentándose junto al niño, apoyándose en su hombro.

-Muchas gracias…-

-No es nada… Espero que te guste el té…-

-¿No tienes frio? Podríamos compartir…-

-No es necesario… Ni me resfrío ni paso frio- sonrió el castaño –Mi temperatura corporal siempre ha sido alta… Eso sí, no me pidas que este de buen humor en verano- riendo levemente.

La sonrisa se contagió a la Himejima.

La morena podía corroborarlo… El calor de su hombro proporcionaba mayor calidez que su manta… Era… Tan… Hogareño.

-Volviendo a mí querida tenshi…-

-¿Querida?-

-Querida… A ti te puedo llamar amada si quieres…- reafirmó el niño -Estos ojos ven mucho…- señalándose uno de sus ojos –El aura de Akeno es especial… El resto fueron deducciones- pasando a mirarla a ella –Tu no… Curioso- volviendo a mirar al fuego.

-…-

-Y por no hablar de quien no está presente… ¿Quieres hablar de porque estaba cierto bombón descalzo bajo la lluvia frente al templo?-

La belleza empezó a bufar el té, disfrutando del calor que emanaba la taza.

-Entiendo…- volviendo su vista al fuego –Estas enferma, la fiebre te ha bajado algo… Shuri-san tenía algunas medicinas, puedes tomar alguna… Y darte un baño caliente, lo he dejado todo preparado-

-… No tenías por qué hacerlo-

-En realidad creo que no tenía muchas alternativas…-

-¿Cómo que no tenías…?-

-Me han educado así… No me des las gracias- sonrió el castaño –La mía es la cultura del caballero…-

Los ojos rojos la miraron con escepticismo.

"Por fin podré sacarle partido a esos agujeros que me ha costado tanto tiempo hacer…"

-Has preparado las termas. Quieres espiarme mientras me baño-

El niño tosió con fuerza.

-N-no sé de qué me hablas!-

Sin creerse una sola palabra, Suzaku continuó bufando su infusión.

-Perdón, perdón…- rió el joven arrodillándose frente a la Himejima, tomando su taza con cuidado –Es solo que siento una inexplicable atracción hacia ti…-

-Aprovecha que eres un niño… En cuanto te salga barba te detendrán por acoso sexual a menores…-

-Ah! Pero para entonces ya no serás una estudiante!-

Suzaku rio divertida.

-Más importante…- volviendo a su posición original antes de mirar su reloj de muñeca -¿Tienes como volver a casa?-

-…-

-¿Te llamo a un taxi?-

-No vivo en la isla…-

-¿Qué no vives dónde…?- girándose para mirar por la ventana –Pues a estas horas dudo que haya ferris… Puedes quedarte aquí. Dudo que Shuri diga nada si se lo explicamos… Que más… Tu ropa se está secando…-

-¿M-mi ropa?-

-Obviamente. Estabas empapada. No podía dejarte dormir con eso puesto…-

Los labios de la adolescente empezaron a temblar descontroladamente. Bajando su mirada, viendo un suave camisón de seda cubriendo sus curvas.

Tampoco sentía nada debajo.

El niño sonreía estúpidamente.

-Te diría que una mujer te ha desvestido y vestido… Pero no hay otra mujer aquí que no seas tú…- encogiéndose de hombros –Y chica déjame decirte algo-

-Q-q-q-que…-

-El hombre que escojas como novio… Será uno MUY afortunado!-

Sonrojada, furiosa, se levantó rápida como un rayo, golpeando con todas sus fuerzas el mentón del desconocido. El niño se elevó unos metros del suelo antes de caer desplomado al suelo. Inconsciente.

Jadeante, se cerró la manta sobre su cuerpo. Claramente incomoda corrió en búsqueda de su ropa, cambiándose todo lo rápido que pudo, poniéndose las prendas parcialmente húmedas. Furiosa buscó y buscó sus braguitas, no las encontró. Y sabia, SABIA, que el desconocido tenía algo que ver.

De pie frente a su cuerpo inconsciente lo analizó detenidamente.

Boca arriba, este descansaba en silencio… Arrodillándose, acarició su rostro, sintiendo como un extraño calor calentaba su piel. Sin saber porque empezó a retirar los botones de la camisa, separando la tela… Su mano empezó a recorrer su torso.

-Tú me has visto desnuda… Es una compensación…- murmuró la joven jadeante –S-solo es un pago-

Acalorada, mordiéndose el labio inferior. Dejando todo su torso completamente expuesto. Su mano recorría libremente, sin miedo, su piel. La punta del dedo de la exorcista tocó su pecho, liberando una deliciosa descarga eléctrica que recorrió su cuerpo. Tampoco pudo evitar que un ligero gemido abandonase sus labios. Deseosa se inclinó, besando su pecho.

-¿Tú me has tocado igual…?- ronroneó la morena pasando una mano bajo su falda, acariciándose suavemente, gimiendo con fuerza al sentir sus dedos acariciar su sexo. Alarmándose al recordar la falta de prenda interior, reaccionando al ver su posición. ¿Arrodillada frente a un desconocido, besando su cuerpo mientras se masturbaba? Escandalizada se apartó con brusquedad.

Ella, una joven asexual, acosando a un inconsciente desconocido. A un niño… ¡Niño!

Esa no era ella…

Suzaku Himejima era una joven recta. Diligente y racional. Una sacerdotisa que era conocida por carecer de emociones, pasiones y devociones carnales. Ni vínculos ni deseos.

La miko perfecta por antonomasia. Una doncella sagrada que vivía por y para servir a los dioses. Su cuerpo, alma y corazón pertenecía al panteón shinto. Al ave carmesí!

Eso le habían enseñado desde pequeña… Eso había creído toda su vida… Tras años y años de búsqueda, solo había podido despertar un sentimiento afectivo por su prima, respetaba a Shuri-sama, a su bisabuelo… A todos los Himejima e incluso a compañeros de clase y amigos… Pero eran gente que poco nada significaban para ella. De no haber sido sacerdotisa y pensar que su vida era una dedicada a los dioses habría caído en la más profunda de las desesperaciones.

Y tras una década buscando algo que despertase el fuego en su corazón… Se encontraba allí, en el templo de su tía Shuri… En una noche de tormenta, habiéndose escapado de casa, a solas con un completo desconocido.

Un desconocido que había conocido en sueños… Un desconocido que decía mantener una relación cercana con la única persona que significaba algo para ella…

Peligro!

Ese niño era un completo y absoluto peligro! Un absolutamente delicioso, tentador, caliente… y embriagante peligro…

Siendo una sacerdotisa, estaba entrenada en las artes de lo sobrenatural, siendo capaz de percibir auras, energías y demás variedades… Por esto desde el primer momento en el que lo había visto en la calle no podía negar que sabía del aura que liberaba. Pero que podía decir… ¿Cómo podía negarse a algo tan dulce y exquisito?

Retirando su ropa por completo, Suzaku se relamió los labios, retirando la suya propia, colocándose a gatas sobre el chico, besando su torso, subiendo por su cuello…

-¿Q-que estoy haciendo?- exclamó la joven volviendo a dudar… Antes de dejar caer sus labios sobre los del niño, recorriendo su cuerpo con sus manos.

Recorriendo TODO su cuerpo.

-Dime pervertido… Que has tocado… ¿Mis pechos… quizás más abajo?- susurró la chica lamiendo su oreja, acariciando la entrepierna del niño, pasando a jugar con su sexo inmediatamente, tumbándose junto al niño, tomando su mano, lamiendo sus dedos masturbándose furiosamente.

Levantándose excitada, se colocó sobre el niño, usando sus dos manos para darse placer, siguió y siguió, mirando fijamente el rostro dormido del castaño hasta alcanzar el clímax como nunca antes.

Aullando de placer, la Himejima liberó sus líquidos sobre el rostro del menor, dejándose caer a su lado, agotada.

Haciendo uso de sus últimas fuerzas tomó la manta para cubrirse ambos, pegándose al cuerpo del niño antes de caer profundamente dormida… Absolutamente relajada, deliciosamente relajada… Se acurrucó contra Issei, disfrutando de su presencia.

Suzaku, sonriente, se sentía viva por primera vez en su vida.

-DxD-

El sol golpeaba su rostro, incordiando como siempre, rompiendo su agradable sueño.

Extrañado abrió los ojos… Le dolía la espalda, la superficie era demasiado rígida… Y el mentón le dolía lo que no estaba escrito. Acariciándose la barbilla juraría que olía algo raro… Mirando hacia su pecho vió un brazo, un brazo ajeno, largo esbelto y de piel clara.

Alarmado se separó al instante. Gateando por el salón, confundido.

Desprovista de apoyo, su acompañante se colocó boca arriba, mostrando sin saberlo, los pechos al mundo. Semejante visión destrozó la mente del niño. Su sangre empezó a hervir. Su visión se nubló… Y su raciocinio se marchó volando por la ventana.

Tambaleándose, el niño se llevó las manos a la cabeza.

[Tenía que ser una de las sacerdotisas… Compañero… Compañero… ¿Puedes escuchar mi voz?]

Furioso el niño empezó a golpearse el pecho, gruñendo, histérico.

Forzando la salida de su poder un círculo mágico surgió bajo sus pies, un círculo sagrado.

Sonriendo perversamente vio como el mango de una espada surgió de su pecho.

[Ah, no… No toques eso… Compañero, no toques eso!]

Ignorando la voz, su mano agarró el mango… Arrancando un delgado estoque de su pecho, arrojándolo a un lado.

ZUMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMM

Liberando una ola de poder, el niño empezó a reír con fuerza.

De su sien surgieron un par de cuernos blancos, su cabello creció y se enredó, extendiéndose más de un metro de largo, tomando la forma de una cola de metal, una cola entre dos alas de dragón.

[Pronto, pronto y más pronto. Aún es demasiado pronto para ti. Estas harto de escucharlo… ¿Quieres que te lo vuelva a repetir?]

Con una mueca, el niño se miró la mano izquierda, observando detenidamente un punto brillante en su reverso. De un destello de luz, un par de guanteletes y perneras envolvieron sus extremidades, conteniendo severamente su poder. El metal, de un intenso rojo, aguantó los intentos del niño por arrancárselo.

Chasqueando la lengua, molesto, el niño se desplazó con velocidad hacia la morena, deteniéndose en seco, alzando la mirada preocupado por algo. Saltando hacia un lado, el dragón humanoide esquivó algo que parecía ser una lanza de luz. Desviando con sus manos otra, extendiendo sus alas, dispuesto a elevarse… acabó en el suelo con un golpe seco.

Los pies descalzos de una mujer sobre su cuerpo, uno en su pecho, el otro en su mejilla.

El dragón gruñó molesto, intentando liberarse sin éxito.

La mujer, de diez alas a la espalda y con una hermosa cabellera rubia alzó su mano. Ascalon respondió a su llamada, volando hacia ella.

-GRRRRRRRRRRR!-

Sin titubear la arcángel hundió la espada en el pecho del niño.

-Aún no ha llegado tu momento… Tú eres más que esto…- susurró la mujer observando como los cuernos remitían, las alas desaparecían… y las piezas de armadura se desvanecían. El poder ingresó en su cuerpo, eliminando cualquier rastro de actividad inusual.

Elevándose en el aire, Gabriel no tuvo que esperar mucho a que el niño recobrase la conciencia.

Incorporándose somnoliento, sus ojos se posaron sobre ella. Después miraron a su alrededor para proceder a liberar un fuerte bostezo.

-Gabiiiiii-

-Muy buenos días, amor mío… ¿Has dormido bien?-

-No… He tenido un sueño muy raro…- liberando otro bostezo -¿Dónde estoy?-

-El templo shintoista en la isla Ikki-

-Y que… Ah… La tormenta…- murmuró el niño levantándose, mirándose las manos extrañado.

-¿Pasa algo, Issei?-

-Me siento… Extraño… Como emocionado… y… Ah! Que cojones es esto?!-

Caminando de lado a lado, Issei miró a Gabriel lloroso.

-¿Qué es qué?-

-ESTO!- dijo señalándose la entrepierna.

Gabriel lo miró con curiosidad. Simplemente a veces le fascinaba lo que sabía y lo que no… Y cuan infantil podía llegar a ser.

-Ese es tu aparto reproductor masculino, Issei-

-P-pero… ¿Qué le pasaaaaaa?- moviéndose de lado a lado, viendo como reaccionaba al movimiento –Esta grande y largo y… ¿Estoy enfermo?-

La arcángel ladeó la cabeza.

-Algunos dirían que si-

-¡¿Si?! ¡¿Es grave?!-

-No soy especialista una fisionomía que no sea angelical…- acariciándose la barbilla –Pero creo que si-

El niño empezó a acumular lágrimas en los ojos. Alzando una ceja al ver la media sonrisa de la arcángel.

-Te estas burlando de mi…-

-Perdóname, amor mío… No he podido evitarlo…-

Echando la cabeza hacia atrás, el castaño suspiró con fuerza.

-¿Qué me está pasando?-

-Has liberado una pequeña porción de tu poder… Lo he vuelto a sellar, pero quedan residuos… Es tu naturaleza, eso no puedo quitártelo-

-¿Por qué estoy tan… emocionado?-

-Excitado, sexualmente. Tu poder es el de la lujuria, ahora estas lujurioso. Hasta que no purgues esa energía no volverás a la normalidad-

-¿Se pasará?-

-No… A cualquier otro ser vivo se le pasaría distrayendo la mente, que haría que el cuerpo regulase sus hormonas de forma natural… El Dragón de la Lujuria no puede… Debes purgar el poder en tu interior-

Issei se rascó una ceja, nervioso.

-Me dijiste que este cuerpo no estaba maduro-

-Ya lo está-

El niño empalmado extendió levemente los brazos, gesticulando su incredulidad.

-Tu cuerpo está preparado, era tu mente la que no lo estaba… Si tu mente no puede procesar esos pensamientos tu cuerpo no puede responder a esa necesidad-

Otro suspiro.

-Serafall te pidió relaciones sexuales, te has sentido atraído por otras mujeres, pero como tus emociones y tu mente no estaban coordinados tu cuerpo no sabía responder. Ahora si-

El niño se quedó en silencio unos instantes.

-Mi altura… Este cuerpo… Dime que la Fruta no… ¿Mi precocidad es para esto?-

-Para lo que realmente necesitas… ¿Qué te pensabas?-

-Qué motivo más cochino…-

-El Dragón de la Lujuria, el Emperador de los Pechos… ¿Qué esperabas? No lo entiendo- dijo la arcángel ladeando la cabeza.

-Vale, vale… M-me voy a vestir… V-volveré a casa y encontraré una manera de… de arreglar esto-

-¿Por qué esperar a casa? Todo lo que necesitas está aquí…-

-Más o menos entiendo de que va esto… Tú, preciosa, eres un ángel. Un paso en falso y viva las plumas negras. Si hago caer al arcángel Gabriel no habrá sitio en este mundo en el que pueda esconderme… Y ella- señalando a Suzaku –Está dormida… Y joder si está dormida… Por lo que entiendo que hay una manera de hacerlo yo solo… Recuerdo… ¿Masturbación?-

-¡El Dragón de la Lujuria tiene prohibido hacer eso!- exclamó Gabriel asustando al niño.

Era la primera vez que la veía alzar la voz.

-Somos muchas y es tanto un derecho como un placer atenderte! Tienes prohibido hacer eso!- flotando hacia el niño, haciéndole retroceder.

-G-Gabriel… No tengo muy claro de que estas hablando…-

Tomándolo del rostro, la belleza lo besó dulcemente, separando sus labios con su lengua. Issei gimió suavemente al sentir la lengua de la arcángel en su boca.

Ahogando un chillido, el niño se estremeció al sentir la suave mano de la rubia en su miembro.

-¿Q-que haces?- exclamó alarmado.

-Shhhh… Relájate…- susurró Gabriel volviendo a besarlo, masturbándolo lentamente.

-P-pero… Tú eres…-

-¿Recuerdas nuestra conversación?-

-M-más o menos…-

-Soy una ángel creada para ti…- susurró la arcángel en su oído –Ya has tomado todas mis virginidades…-

-¡¿Q-que d-dices?!-

-Has usado este cuerpo miles de veces para tus deseos lujuriosos-

-Y-yo no he hecho eso!-

-Me enseñaste lo que tenía que hacer… Y me toca enseñarte lo aprendido…-

Ocultando sus alas, Gabriel tocó el suelo con sus pies descalzos. De inmediato, se puso de rodillas, acomodándose el cabello tras la oreja.

-¿Qué haces, Gabi?-

-Tú solo relájate y disfruta-

-¿Disfrutar de q… Jo-der!-

Perdiendo la fuerza en sus piernas, el niño miró incrédulo como la ángel más hermosa del cielo lamia lentamente su miembro inflamado.

-G-Gabriel… Q-que… Que… Ohhhhh!-

Incapaz de parar de temblar, de procesar todo lo que estaba pasando, Issei apenas podía mirar a la rubia.

Pasando sus manos por su delgada cintura, Gabriel empezó a bombear su cabeza.

-G-Gabriel… Algo…-

Soltando al chico, Gabriel se separó, incorporándose sin soltar su miembro.

-G-Gabi… Eso ha sido… No tengo palabras…-

-Esto es solo el principio… Siéntate sobre la sacerdotisa-

-¿Q-Que?-

-Siéntate sobre su vientre…- murmuró la rubia tomándolo en brazos, levantándolo sin apenas esfuerzo.

Tragando saliva, el niño se vió sentado sobre el vientre de Suzaku.

-Te fascinan, verdad?- ronroneó Gabriel en el oído del chico –Los has estado mirando… ¿Por qué no disfrutar de ellos?-

-E-eso no estaría bien…-

-¿Por qué no? Son tuyos… Los suyos y los míos… Y los de Serafall… Y los de Irina-chan… Y los de tu hermana…-

GLUP

-¿Qué te dice el corazón? Sigue tu instinto…-

-G-Gabi! E-enséñame!-

Gabriel sonrió contenta.

Inclinándose, pegando sus pechos a la espalda del niño, tomó los grandes pechos de Suzaku entre sus manos.

-Ponlo entre ellos-

-¿Q-que?-

-Pon tu cosa entre sus pechos, Issei-

Tragando saliva hizo lo mandado, viendo como su miembro quedaba enterrado entre los dos grandes senos de la sacerdotisa Himejima.

-Ahora mueve la cintura…-

-¿Cómo?-

-Hacia adelante… hacia atrás… Tienes que encontrar el ángulo y el ritmo que más placer te de… Yo los sujetaré…-

GLUP

Excitado, el chico empezó a mover su cintura, gimiendo con fuerza.

Satisfecha, Gabriel tomó los labios del niño, contenta al ver como disfrutaba del cuerpo somnoliento de Suzaku Himejima.

Tembloroso, el niño empezó a temblar, intentando separarse de la rubia. Gabriel soltó los pechos de Suzaku para tomar el miembro del niño, masturbándolo con velocidad.

-G-Gabi!- chilló el castaño cerrando los ojos, gimiendo con fuerza.

Una ola de placer invadió su cuerpo, sintiendo que algo abandonaba su cuerpo, Issei soltó un chillido de placer.

Jadeante abrió los ojos, quedándose sorprendido al ver el rostro de la adolescente y los pechos goteados por un líquido blanquecino.

-¿Q-que es…-

-Semen, Issei… ¿Has disfrutado?-

-Ha… Ha sido impresionante…-

La rubia se separó, volviendo a extender sus alas, flotando en el aire.

-Eso es solo una muestra… Una prueba-

-¿Solo una muestra? ¿De qué?-

-De algo mucho mejor esperándote…-

GLUP

-¿Verdad que te sientes mejor?-

-Parcialmente… Pero sigue igual- mirando su entrepierna.

-Nadie ha dicho que una vez bastaría…-

Issei se quedó callado unos instantes.

-Gabriel, tengo miedo-

-¿Miedo? ¿De qué?-

-De dejarme llevar… Todo esto…-

La risa de la arcángel resonó en la estancia. Grácil y suave.

-Amado mío… Tú eres ese deseo… Y esa cautela… Eres eso y más. No puedes privarte de ello-

-… ¿Estas segura?-

-Llevas mucho tiempo buscándonos… ¿Para qué te piensas que era?-

-¿Para esto?- mirando a la morena dubitativo.

-¿Y si te digo que esto es una manera íntima y personal de mostrar amor?-

-¡!-

-La última y más especial forma de mostrar amor, Issei… Devoción y pasión. Dar y recibir placer de forma exclusiva y altruista…-

-Tú también… ¿Puedes sentirte bien? ¿Cómo yo ahora?-

-Por supuesto, Issei… Te lo he dicho, esto es solo el principio-

-¿Por eso os busco?-

-Nos buscas porque nos amas… Porque te amamos y queremos estar contigo… Esta es una manera de celebrar nuestra reunión… Y disfrutar de nuestra presencia…-

El chico seguía pensando.

-Piensa en todo lo que has estudiado… ¿Los contratos de placer de los demonios?-

-Si…-

-¿Ellos han perdido el control?-

-Se han librado muchas guerras… Ha muerto gente por eso…-

-Porque ellos son débiles…-

-Yo no creo que sea más fuerte que nadie-

-Tú eres el Dragón movido por el pecado de la Lujuria. Si niegas esos sentimientos te estas negando a ti mismo…-

-…-

-Issei-

-¿?-

-¿Quieres despertar tu poder? ¿Poder emplear magia? ¿Poder ser lo que quieres ser?-

-…-

-Ser tú. Proteger a tus seres queridos… Irina… Rias… Satisfacer los deseos de Serafall… Proteger a Akeno…-

GLUP

-Déjame enseñarte-

Gabriel Angelum, la arcángel de la Biblia, la hija favorita de Dios. ¿Qué intenciones malvadas podía tener esa mujer? Ninguna… ¿Era digna de su confianza? Como la que más.

¿Qué podía salir mal?

-Muy bien… Enséñame, Gabriel. Por favor-

-Será un placer para mí, amor mío…- sonrió Gabriel extendiendo su mano –Iremos a casa a…-

-¿Nos vamos? ¿La dejamos así?-

-Los Himejima deberían de estar por regresar… Estará bien-

Nervioso, la tapó con su manta, vistiéndose a toda prisa, recogiendo la ropa de la adolescente y dejándola ordenada y plegada a su lado.

De un destello de luz la pareja desapareció.

-DxD-

Horas más tarde la joven belleza abrió los ojos, ronroneando perezosamente sobre el tatami del salón auxiliar del templo.

Incorporándose levemente, apoyándose en uno de sus codos, escondió su bostezo tras su mano, mirando a su alrededor somnolienta.

Parpadeando repetidas veces, la sacerdotisa se cubrió el pecho con la manta. Ruborizada, recorrió sus alrededores con los ojos… buscando a cierta persona.

No estaba… El niño no estaba…

Suzaku alzó la mirada, llevándose las manos al rostro. Estaba llorando.

Mirando sus manos temblorosas, las lágrimas en sus dedos… Se sentía triste, desolada… Como si una gran pérdida inundase su corazón.

El salón estaba vacío. El desconocido no estaba. El mundo se le cayó encima.

-¿Le he vuelto… a perder?-

Cayendo de rodillas, sin saber porque, Suzaku Himejima lloró desconsoladamente.


-Reino de Oz-

Nonestica. El continente imaginario. El continente que no existe… Un Reino de magia y fantasía.

Frente a ella había un enorme trozo de papiro. De múltiples metros de largo por algunos de alto. Colgado en la pared, se necesitaba de una escalera con ruedas para poder apreciar de cerca todos los pulidos apuntes escritos con una curvada letra en tinta negra.

-Glenda… ¿Dónde estamos?- preguntó una joven de largo cabello rubio observando maravillada el papiro, contrastando con el libro de texto que tenía en su mano –No coincide con nada de lo que tengo…-

-Ni lo vas a encontrar, querida-

-¿Por qué no?-

-No estamos en el mundo de la mujer corriente, querida…- respondió la mujer mirándola desde su asiento, tejiendo sin prisa una larga bufanda -Hace muchos siglos atrás… En el Mundo No-Mágico estalló una gran guerra. La muerte, el fuego y la destrucción cubrieron la tierra. Cientos de especies se vieron amenazadas, sin refugio y sin nadie a quien acudir huyeron. Entre esos involuntarios emigrantes estábamos nosotras, las brujas… Huimos donde nadie nos buscaría. Donde no se puede vivir. Una tierra que no le interesa a nadie. Una tierra sin disputa-

-¿A dónde?-

-Huimos a la Grieta Dimensional-

-No lo entiendo-

-La Grieta Dimensional es el espacio que hay entre todas las cosas. Un espacio vacío que lo une todo… Un espacio donde la vida no puede darse. El hada Lurline dio su vida para crear este espacio. Encantó este continente y lo envió a la Grieta Dimensional siguiendo el ejemplo de otras Hadas como Titania-

-¿Quién es Titania?-

-El Hada que creó y guarda Avalon…-

-¿Otro Reino mágico?-

-Así es querida… ¿Has visto las esferas de cristal con casitas con nieve en su interior? Suelen verse en tiendas de regalos…-

-S-si-

-Este reino es lo mismo… Vivimos en una burbuja. El continente de Nonestica está rodeado por el mar de Nonestica…-

-Entonces…- alzando la mirada.

-Es lo mismo que en el mundo medio… Si ellos tienen el espacio afuera, nosotros tenemos la Grieta Dimensional-

-…-

-Lurline ideó un mundo fantástico. En este continente tenemos criaturas de todos los tipos… Gnomos, enanos, gigantes, hadas, duendes y algunas criaturas que han nacido aquí…- levantándose, caminando hacia el mapa –Hay decenas de reinos con decenas de personajes a los que podríamos estudiar. Pero es demasiado pronto… Podría hablarte del Maravilloso Valle de Mo donde todos sus habitantes son eternamente jóvenes o La Isla de Yew repleta de tunantes y ladrones… Nosotras estamos en mi Palacio, al sur del Reino de Oz, al límite con el Desierto Mortal, dentro del País de Quadling-

-¿Al sur de la Ciudad Esmeralda?- señalando el mapa.

-Así es, la Ciudad Esmeralda, donde vive Oz, es el centro del continente, el centro de todo- cruzándose de brazos –Algún día la visitaremos-

-Glenda… ¿Qué es el Desierto Mortal?-

-Un inmenso desierto encantado que rodea el Reino de Oz, diseñado y creado para matar a quien quiera entrar en el Reino sin permiso…-

-¡!-

-Pese a la buena voluntad de Lurline hemos sufrido muchos episodios de guerras… Demasiadas veces hemos manchado estas tierras de sangre como para llamar a este Reino el Más Maravilloso de Todos…-

-Hay… Hay cuatro brujas… Una en cada punto cardinal… ¿Por qué?-

-Somos las guardianas… Las guardianas encargadas de mediar con quienquiera que logre atravesar el Desierto Mortal sin autorización-

-Hablas de…-

-¿Matar?... Sí. Por media hablamos de matar. Aunque eso depende de las órdenes del Rey Oz. El Rey de Oz es el mago más poderoso de Nonestica. Él lo gobierna todo-

La joven miraba detenidamente el mapa, buscando algo con sus ojos azules claros.

Tomando la libreta que la joven había traído con ella, empezó a revisar sus deberes con calma, tomando su té con la otra mano. Sus expertos ojos revisaron con detenimiento los esbozos y garabatos de la niña.

-Lavinia, querida… ¿Tus padres te hablaron alguna vez de magia?-

-N-no- volviéndose, cohibida. Nunca le había gustado que hablase de sus padres…

-¿Y has visto algún libro…-

-Hasta que te conocí no sabía que la magia existiese…-

-Entiendo…-

-¿Por qué lo preguntas?-

-Tu afinidad con la magia es impresionante… Lavinia, querida…- cerrando la libreta, dejándola a un lado -A lo largo de todos mis años como bruja he tomado algunas discípulas… Pero ninguna como tú- levantándose lentamente.

Caminando hasta la mesa, acariciando un considerable paquete con sus dedos.

-Ven, esto es para ti, cariño-

Curiosa, Lavinia se acercó a la bruja. La joven adolescente abrió el estuche lentamente, casi mirando más a la anciana que a la caja en sí. En el interior de la caja de madera había una larga vara blanca con un cristal azul en el extremo superior.

-Que es… ¿Qué es esto, Glenda?-

-Las brujas convocamos conjuros usando o varitas o bastones… Las varitas no te hacen justicia… Esta madera absorberá mejor tu poder. Este cristal lo canalizará de forma óptima… Esta es tu nueva herramienta, Lavinia. Tu bastón de bruja-

-¡!-

-Es mi regalo para ti por ser tan buena chica y tan buena estudiante-

-Glenda… Yo, yo no puedo aceptar esto!-

-¿Porque no?-

-Tu… Me has dado una casa… y… y…-

-Puede que sea un poco grande para ti… Pero crecerás…- acariciando su mejilla con afecto –Hay una cosa más que quiero decirte-

Los ojos azules de la bruja la miraron inquietos.

-Hasta ahora has sido una buena chica…-

-¿Pasa algo malo?-

-Lavinia, querida. Las brujas formamos un círculo cerrado, nos protegemos las unas a las otras…-

-El aquelarre, lo he leído… ¿No puedo formar parte?-

-Toda mujer con el suficiente talento tiene derecho a formar parte, no importa la edad o la procedencia…-

-¿Qué necesito hacer?-

-Lo que el colectivo crea conveniente…-

-¿Una especie de prueba de iniciación?-

-Algo así, sí. UN ritual de iniciación-

-¿Y qué tengo que hacer?-

Glenda la miró fijamente, endureciendo el rostro.


-Asgard-

Bella y seductora, la diosa vanir observaba en silencio como diez batallones de valquirias formaban en posición avanzando hacia el puente del arcoíris. Sentada en su carruaje mágico, los dos enormes gatos que tiraban de él permanecían en silencio, mirando a las doncellas guerras.

Vestida con su pesado abrigo de piel y su característico collar de oro, el Valshamr y el Brisingamen, frunció el cejo al ver a sus chicas cruzar la luz del puente…

-No debe protestar, milady-

-No estoy protestando-

-Su rostro denota molestia, milady. La diosa de la guerra no debería de protestar visiblemente frente a todas las tropas-

-Brynhildr… Esta guerra es estúpida…-

-Todas las guerras son estúpidas, milady- respondió la valquiria volando junto a ella.

Vestida con una malla negra bajo una armadura de placas dorada, a diferencia de las plateadas de sus compañeras.

- Brynhildr… El Reino de la Luz no es enemigo-

-Pero si los gigantes que habitan en él-

-Enviemos emisarios, Odín debería de entender que…-

-El Padre de Todos no ha regresado aun, milady-

La diosa suspiró pesadamente.

-Frey… Las órdenes vienen de Frey…-

-Así es…-

-Usa a mis chicas en sus inquietudes bélicas…-

-No tiene nada que temer, milady. Las doncellas están preparadas, entrenadas para sortear cualquier obstáculo que se nos presente!-

La diosa de la lujuria no parecía convencida por las palabras de la más poderosa de las doncellas de la guerra.

Descendiendo rápidamente, Brynhildr se desplazó a la vanguardia del batallón, liderando la marcha, tragando saliva… cruzó el portal del arcoíris.

Una fuerte lluvia golpeó su rostro, sorprendiéndola.

¿Un temporal en el Reino de la Luz?

-Maliciosas artes, capitana, maliciosas artes han sido convocadas en estas luminosas tierras!- exclamó otra valquiria visiblemente alterada.

-Firmeza, valquiria! Las valquirias de Asgard no tienen miedo!-

-Capitana…-

Alejándose de la soldado, la más poderosa de las valquirias se alejó unos pasos, caminando hasta otra mujer que tenía entre sus manos las correas que sujetaban a un imponente pegaso blanco.

Subiéndose a los lomos del animal con maestría, la mujer tiró de las correas provocando el relinche del animal.

Empezando a correr por el campo, el pegaso se elevó poderoso en el aire, ofreciéndole a la valquiria las vistas del campo de batalla.

Decenas de divisiones colocadas en formaciones cuadradas tras una barrera de círculos mágicos.

Infantería pesada, con escudos robustos al frente. Soldados con lanzas y equipamiento liviano detrás. Las más talentosas con las artes mágicas en la retaguardia.

Aterrizando en la parte posterior de la legión, la mujer acarició al animal antes de bajarse, caminando con presteza hacia sus compañeras.

Las valquirias se inclinaban, hincando una rodilla en el suelo a su paso, haciéndole un pasillo hasta la columna central.

Brynhildr asentía orgullosa, colocando las manos en algunos hombros antes de alcanzar a su compañera.

-Helmwinge… Las chicas realmente están nerviosas…-

-No las culpes, nadie se esperaba que los gigantes ocupasen este reino…- respondió su compañera, una valquiria equipada al completo, con algunos mechones de cabello verde asomándose bajo el yelmo.

-¿Sabemos algo?-

-Hemos enviado un einherjar, pero no ha vuelto-

-¿Cuánto hace de eso?-

-Un par de horas… Quizás más- respondió la valquiria volviendo la vista al otro extremo -¿Querrán luchar?-

-Si no quisiesen luchar no habrían venido-

-Pero… ¿Por qué hacerlo? No pueden ganar…-

Brynhildr negó con la cabeza. En la distancia divisaba un caballo negro galopando hacia ellos, sobre su lomo había un hombre descabezado.

-Que lastima… Si esas bestias no saben cuándo han sido conquistados… Que aprendan en el infierno de Hella!-

-Hermana… ¿Tú lo sabrías?-

Helwinge no sabía que responder.

Silbando con fuerza, la capitana convocó a su pegaso, subiéndose de un salto.

-A mi orden, ira y relámpagos- ordenó la valquiria observando a sus compañeras formando con diligencia.

Sus ojos se posaron sobre una en concreto, delgada y menuda, su temblor hacia chirriar las placas de la armadura.

Una niña.

La capitana reconoció el emblema grabado en la hombrera de metal.

-¿Eres la nieta de Gondul?-

Dando un respingo, la niña se inclinó con torpeza, mostrando respeto tardío.

La niña estaba temblando de miedo.

-No tienes que temer nada, doncella. Tus hermanas y sus einherjar en el frente eliminaran toda amenaza antes de que alcancen esta línea… ¿Cuál es tu función, doncella?-

-Artes defensivas, mantener el Aegis, c-capitana!-

-Eres una doncella con virtudes para las artes arcanas… Se fuerte, doncella. Se fuerte y quizás un día sirvas a mi lado junto a los Aesir!-

-¡S-será un honor, capitana!-

Satisfecha, la capitana arreó al pegaso, indicándole que empezase la marcha. Tomando vuelo, la generala recorrió varios kilómetros, bordeando el campo de batalla antes de alcanzar un batallón de caballería pesada.

Sonriente, Brynhildr alzó la espada. Otra de las valquirias activó una runa mágica…

La batalla había empezado.

-DxD-

La joven valquiria contuvo un chillido de miedo al ver como gigantescas esferas de fuego líquido volaban hacia ellas, estrellándose en un colosal muro de magia, una barrera de placas hexagonales.

El orgullo de los Asgardianos. El conjuro Aegis.

-¡Ira y relámpagos!- rugió Helwinge.

La niña vio como a la orden, cientos de círculos mágicos se levantaban sobre el mar de batallones esparcidos por la llanura.

Asustada vio como en la distancia, entre los inmensos árboles, empezaban a surgir los enemigos.

Seres de tres y cuatro metros de altura, corpulentos, de piel del color del fuego, portando imponentes y pesadas armas y escudos.

-¿Tenemos que luchar contra eso?- exclamó asustada.

-¡FUEGOOOOOOOOOOOOOOOOO!-

Rossweisse Andersen cerró los ojos con fuerza. Aterrorizada se agachó, cubriéndose el rostro con las manos…

Frente a ella, miles de valquirias acompañadas de sus más fieles einherjar, soldados humanos de todos los rincones del mundo humano, corrían hacia cientos de gigantes de fuego, disparando incontables salvas de relámpagos mágicos.

En el cielo aparecieron cientos de pegasos, valquirias portando sus más distinguidas armas, lideradas por la más poderosa de las valquirias.

Freya, la diosa de la lujuria, el amor y la guerra, seria informada horas más tarde que los gigantes habían sido erradicados.

Cientos de einherjar habían fallecido.

Decenas de sus hermanas habían perecido.

Miles de heridos permanecían en tiendas de campaña en el frio barro del campo de batalla.

Gloria, al Padre de Todos y al omnipotente ejercito de Asgard. El pueblo que ha traído la paz a los nueve reinos.


-Continuará en el próximo capítulo-

-1999-