Fanfiction escrito por mi persona, sin fines lúdicos, basado en la obra de Ichiei Ishibumi, las novelas ligeras HighSchool DxD.


- High School DxD –

[Draconic X Deus]


-1999-


-Un año después-


-Terrenos Gremory-

Las llamas inundaron los terrenos Gremory.

Escupiendo un mar de llamas, Surtr Second sonrió al ver al japonés correr por los terrenos, saltando de roca en roca.

Retirándose el pesado abrigo, el antiguo gigante de fuego envolvió su brazo en fuego, hundiendo su puño en el suelo, resquebrajándolo todo a su alrededor.

Sin inmutarse, el japonés saltó en el aire, esgrimiendo su espada, lanzando varias estocadas, arrojando múltiples haces de energía.

-No me jodas! Oki!- gruñó el gigante apartando el ataque con sus manos desnudas.

-Lento…- siseó Okita en su espalda.

Sonriendo perversamente, Surtr liberó una ola de fuego, envolviendo por completo su cuerpo.

Chasqueando la lengua retrocedió unos pasos, lanzando una estocada que cortó el gigante en dos.

Deshaciéndose en lava, Shouji se vió alzando en el aire, cogido del cuello de la camisa.

Surtr abrió los ojos, el cuerpo del demonio se descompuso, liberando una horda de demonios menores que empezaron a recorrer sus brazos, mordiendo su piel…

Mientras, el joven castaño los observaba en la distancia, en silencio.

-El Peón Definitivo… Y uno de los mayores espadachines que puedes encontrar en el Inframundo… ¿Lo has visto?- preguntó Grayfia.

Issei no respondió.

Okita era un diablo, rápido y preciso. Más allá de los demonios que poseía… Por no hablar del gigante de fuego. Poderoso, seguro… ¿Eso era una muestra real de lo que un demonio del más alto nivel era capaz?

-Este duelo no es casual…- murmuró Grayfia colocando sus manos en los hombros del niño –Observa como hace uso Surtr de sus habilidades de fuego… Los movimientos de Okita… Como se buscan, como se defienden…-

-Son monstruos…-

-Este es un nivel que deberías de alcanzar en no más de diez años…-

El castaño se giró, incrédulo.

-¡Eso es imposible!-

-Ya conoces el arte de la espada, has aprendido de Okita…-

-Pero nada llamativo, las técnicas se las guarda…-

La mujer se colocó frente a él, hincando una rodilla en el suelo.

-Issei… Esos ojos que lo entienden todo… Un cuerpo joven y saludable con un poder inmenso… Una herramienta única… Unos profesores excepcionales… Lo tienes todo para perseguirles… Excepto algo-

-¿Qué me falta?-

-La voluntad, Issei. La voluntad-

-¿?-

-Matters te ha dado los conocimientos…- tocando con su índice su sien –Okita como mover el cuerpo… repleto de poder- tocando su pecho –Un arma que tu mano puede sostener- tocando su mano izquierda –Pero no tienes la confianza necesaria…-

-…-

-Y sabes porque debes luchar… Solo tienes que mentalizarte- deslizando su dedo hasta su pecho, señalando su corazón –Encuentra la fuerza en ti…-

-Grayfia-okami-sama… Tú eres fuerte…-

-¿Por qué lo dices?-

-¿No tienes miedo?-

-¿Miedo de que?-

-De cambiar-

La demonio acarició su cabello.

-Más miedo tengo de perder algo que me importa por no tener ese poder…-

-…-

-Más miedo tengo de perder a mis seres queridos por ser débil, eso me da fuerza frente a ese poder, Issei-

Issei se miró las manos, serio.

-Creo… que lo entiendo-


-Residencia Gremory – Fukuoka-

Issei se llevó una mano a la boca, ocultando su sonrisa. La visión que tenía ante él era… cuanto menos curiosa.

Esto no era algo que Rias tuviese que saber a la fuerza, pero las compañías que solía frecuentar se le hacían algo pesadas… Sona, Latia, Seegvaira… Chicas refinadas, educadas, con elegancia y buen gusto… Demasiado preparadas, artificiales. No las encontraba interesantes. Eran niñas, niñas simulando ser adultas. Usando construcciones gramaticales complejas, palabras extraídas de las páginas más olvidadas del diccionario. ¿Qué había mejor que una niña despeinada, con su camisón a medio caer, arrastrando su osito de peluche por el suelo?

Somnolienta, Irina alcanzó a su amigo de la infancia, bostezando con fuerza, apoyando su frente contra su pecho.

-I-kun… Peinameeeeee…-

-Irina… Ya eres una chica mayor…-

Inflando los mofletes, Irina se abrazó al niño.

-Ya eres una chica de escuela primaria… Hay ciertas cosas que…-

Abrazándolo con más fuerza empezó a negar con la cabeza. Issei suspiró resignado.

-Te has levantado muy justa de tiempo…-

-Hoy es sábado… No tenemos clases…-

-Yo no. Pero tú tienes prácticas de club… ¿Recuerdas?-

Parpadeando perpleja, Irina posó su mirada en el reloj de la pared… Antes de chillar con fuerza.

-LLEGO TARDEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEE!-

Corriendo, Irina abandonó la casa, bordeando el muro para entrar en la suya, irritándose aún más al ver el sonriente rostro de su madre…

-DxD-

-¿No te importa?- pregunto Karen Shidou secándose las manos, ofreciéndole una taza de té al niño antes de sentarse con él.

-Tengo la mañana libre, no es molestia alguna-

-Touji está en una misión y yo aún tengo que ir a comprar… Si dejo que Irina vuelva sola…- murmuró Karen llevándose la mano al rostro, fingiendo estar preocupada –Si solo hubiese un buen chico que quisiese cuidar de mí descuidada hija…-

-Estoy seguro de que tarde o temprano lo encontrará… Mientras tanto puedo cuidar de ella. Como medida temporal- enfatizó el niño divertido.

-Veamos si sigues opinando lo mismo cuando mi niña crezca y sea una joven preciosidad…-

-¿Y todos los chicos revoloteen cerca de ella?-

-Ahí! Ahí! Entonces y solo entonces lamentarás no haber aceptado mi propuesta!- rio la mujer divertida.

Issei tomó su mochila, acariciando el rostro de la gata antes de ponérsela a la espalda.

-Irina-chan es muy varonil… No sabría que decir-

-¡Uffff! Como puedes decir eso de mi hija! Eres imposible, Issei-kun!- protestó la mujer con una sonrisa en el rostro –Ten cuidado, Issei-kun-

-Voy a por la princesa, Karen-okaa-sama-

-Hasta ahora…- se despidió la mujer observando, relajada, una foto familiar…

-DxD-

-Nyaaaaa…-

-No te quejes, Kuro… tampoco es que vayamos a estar mucho tiempo fuera… Y si no te mueves te pondrás gordaaaaaaaa-

ZAS

Haciendo un amago de propinar un zarpazo, la gata se mantuvo apoyada en su hombro, observando el paisaje desde su cómoda posición.

-Me pregunto a donde irás cada vez que te escapas… Aunque… ¿Seria escapar?- se preguntó el niño pensativo –Eres una gata salvaje… ¿No?-

-¡Nya!-

-Una brillante y preciosa gata salvaje!- dijo acariciando su cabeza con la otra mano –Entonces irás a algún lado… Quizás me haya equivocado de planteamiento y ahora mismo te estés escapando… ¿Te escapas de casa viniendo a verme? Eso no estaría bien…-

La gata no hizo nada que pudiese entenderse como dar una respuesta…

Sin darle mucha importancia, el niño continuó con su más que conocida travesía, hasta detenerse en seco.

Alzando las cejas se quedó quieto, en silencio.

Kuro la miró extrañada antes de fijar su vista en el frente. Pasando a gruñir molesta.

Frente a ellos, detenida en un poste de señalización urbana había una chica. Una joven, unos pocos años mayor que él, vestida con lo que parecía ser un vestido negro que cubría prácticamente todas sus extremidades. Pero lo más destacable no era su vestimenta, ni el pesado bolso para alguien tan esbelto, lo más destacable era su larga cabellera rubia. Del color del sol mañanero, brillante y sedoso, le alcanzaba la espalda baja… Moviendo la cintura de lado a lado, con un dedo en el mentón, la joven parecía confundida.

Aunque para excentricidad la muñeca que estaba de pie junto a la visitante.

Una muñeca de apenas unos treinta centímetros de alto, blanca absoluta, con seis brazos y media cara cubierta de espinas, con tres ojos en el lado opuesto… Que juraría que estaban fijos en él.

Kuro extendió una de sus patas para golpear su mejilla. La gata quería continuar.

-Espera, espera… Ese cabello no es natural de aquí…-

Escuchando sus palabras, la chica se giró sobre su talón, con elegancia y una radiante sonrisa, sus ojos azules se posaron sobre él.

Azules y rojos. Los dorados de la gata se entrecerraron molesta.

El rostro sereno y contenido de la joven se transformó con rapidez en una dulce sonrisa. Extrañamente contenta, la rubia avanzó hacia él dando unos saltitos.

Una reacción que conmocionó a otra turista, vestida igual, en el otro extremo de la plaza. Una joven de largo cabello rosado.

La extranjera dio varios pasos al frente, abandonando la cómoda sombra para exponerse del sol sin darse cuenta… ¿Esa niña… estaba sonriendo abiertamente? ¿Estaba siendo… amigable?

Walburga tenía pocas cosas claras, tan claras como que Lavinia era una autista de tomo y lomo. Le había costado varios años que le tuviese un mínimo de confianza!

¿Qué… estaba pasando ahí?

-¿Es tu gato?- preguntó la joven caminando hacia él, colocando las manos tras su cintura, inclinándose coqueta.

-Gata, esta preciosidad es una dulce gatita…- corrigió el niño mirando al animal de reojo.

-Que monada…- murmuró la extranjera -¿Puedo acariciarla?-

-Es… ¿Le dejas Kuro-chan?-

Gruñendo molesta, la gata le enseñó los dientes a la joven.

-Es una gata con personalidad… ¿Cómo su dueño?- tanteó la chica pasando a mirarlo a él.

-No, no… No es mi gata. Es un espíritu libre como el viento…- acariciando su cabeza, sonriendo al ver como esta protestaba molesta.

La joven rio divertida antes de extender su índice hacia Issei, tocando su mejilla.

Riendo más fuerte, se llevó la mano a la boca, ocultando su risa al ver la reacción del niño.

-¿Qué haces?- exclamó sorprendido.

-Quería tocar algo, como no podía tocar a tu adorable gata he tocado lo más adorable que había cerca…-

Parpadeando repetidamente, el chico intentó mantener el sonrojo que se había formado en su rostro.

La joven en la plaza dejó caer su piruleta, incrédula por lo que estaba viendo. ¿Su compañera estaba siendo… coqueta? ¿Estaba ligando con un NIÑO?

-No eres de aquí… ¿Verdad?-

-¿Cómo lo has sabido?- preguntó divertida -¿Mi precioso pelo?- acariciándose la cabellera.

-Eso también, pero básicamente porque eres muy… extrovertida. Por aquí nadie tocaría a un desconocido… No, no, no. Eso no es nada japonés- negando con sus manos.

-¿Por adorable que sea?-

-Por adorable que sea… Y vaya autoestima…-

La joven frunció los labios aparentemente decepcionada.

-¿Puedo preguntarte que haces aquí? Te veo… ¿Perdida quizás?- ladeando su cuerpo, mirando el mapa. Bajando la mirada para mirar a la muñeca.

Que rara…

-Eres un chico adorable y además inteligente…- acariciando su cabello.

-¿Qué te he dicho de tocar?- exclamó Issei retrocediendo dos pasos.

-Jajajajaja. Perdóname, perdóname… Es que eres tan mono…-

-Si no te puedo ayudar en nada, mejor me marcho!- asegurándose la mochila, girándose lo suficiente como para continuar su camino.

-Espera, espera…- exclamó la rubia tomándolo de la mano -¿Vas a dejar a una chica tan kawaii como yo aquí sola? ¿Perdida? Podría pasarme algo malo…-

Kuro gruñó con fuerza.

La amiga cayó de rodillas. Pellizcándose la mejilla con fuerza. Creía estar en un sueño. Estaba alucinando. Mirando la piruleta… ¿Le habían puesto LCD a la piruleta? ¿Estaba bajo el efecto de algún encantamiento?

-¿Qué necesitas?- preguntó Issei cruzándose de brazos.

-Un guía adorable que…-

-A dónde quieres ir- la interrumpió con firmeza.

-Necesito que me lleven en brazos a…-

-Último intento. O me dices a dónde vas o me voy… Tengo prisa- para bien o para mal el niño estaba acostumbrado a tratar con chicas guapas… y caprichosas.

-¿Vas a ver a tu novia por casualidad?-

Alzando sus cejas… Se acabó su paciencia. El castaño empezó a caminar.

-¡Perdóname! Perdóname!- repitió la joven interponiéndose en su camino –Me portaré bien… Soy buena chica, pero es que no he podido aguantarme…-

-…-

-Mi amiga y yo estamos de visita…- señalando a otra joven de negro, cabello de color llamativo… Sentada en el suelo.

-¿Mmm…?- mirando el mapa local -¿Y ya sabes que buscas?-

-Información sobre unos… Unos… Unos compañeros!-

-¿Estudiantes?-

-Algo así… Sabes algo… ¿Algo de los kitsune-tsukai?-

El niño abrió los ojos sorprendido. Alzando una ceja, las miró a ella y a su compañera, inquiridoramente.

-Los favores de los kitsune son… peligrosos. Se dice que si cuidas y alimentas regularmente a un zorro mágico puedes obtener sus servicios… Son hábiles en ilusiones, poseyendo a otros o cambiando de forma… ¿Por qué os interesa algo tan… raro?-

La rubia pasó a mirarse los pies nerviosa. Algo harto complicado por la presencia de dos generosos montículos para una chica tan joven… Issei abrió la boca, perplejo… Hasta el momento no se había dado cuenta… De la espectacular delantera de la niña… Acentuando por la correa del bolso colocado entre los dos montículos de exquisita belleza… Porque era una niña… ¿Qué tendría… 12 o 13 años?

-Igualmente eso son solo cuentos…- masajeándose la sien –No encontrarás nada de eso en la gran ciudad, debes moverte por el campo o…-

-¿O?-

-Visitar algún templo…-

-¿Podrias enseñarme alguno?-

El niño la miró fijamente.

-Negativo. Tienes que buscar en las montañas, a las afueras…- señalando a algún punto sin concretar.

Sus ojos estaban fijos en el pecho de la rubia.

-¿Hacia… allí?-

-Yo… Me tengo que ir!- exclamó el niño empezando a correr en dirección contraria.

-Eyyyyyyy!- chilló la joven dando saltitos, moviendo su mano sin éxito.

El adorable niño se había ido. Riendo satisfecha unos segundos… Antes de que su ánimo decayese por completo.

-Esos son los ojos fríos que yo conozco… Buena actuación, princesa de hielo…- dijo la otra joven, de largo cabello violeta, vestida de negro, lamiendo otra piruleta –Me tenías preocupada…-

-¿Por qué?-

-Ese monstruo… El aura que emite te había envuelto…-

-¿El aura?-

¿Había sido lo que había provocado ese…?

-Que pedazo de asco… ¿Estas bien?-

-Es un niño…-

-¿Niño? Las ancianas tenían razón, estas tierras están llenas de monstruos… ¿Hay más gente con ese aura? Argh… Buag!-

-Pero… Es muy joven…-

Curiosa, la rubia se miró el dedo índice.

-¿Qué pasa? ¿Te has manchado?-

-No… Es… Estaba caliente…-

-Llevas un guante, estamos en verano… ¿Cómo no vas a estar caliente? Me da calor solo verte!-

Su amiga mantuvo la mirada en la distancia, pensando detenidamente…

-Pero en serio, dime, Lavinia… ¿Te gustan tan jóvenes?-

-DxD-

"Instituto Medio Kuoh"

Su destino, su obligación matinal del sábado, no era otro que el instituto local.

Jadeante, se dejó caer en el banco más cercano.

Kuro seguía golpeando su mejilla con sus patas, estaba claramente enfadada.

-Qué cosa más extraña… ¿Quién era esa chica… has visto que… que…- llevándose las manos al pecho, simulando coger algo.

Kuro arañó su cara enfadada, saltando de la mochila, aterrizando en el suelo.

-¡Kuro!-

-Nyaaaaa!-

Empezando a trotar, la gata se alejó a paso rápido hasta desaparecer en la distancia.

La inesperada soledad le dio tranquilidad al joven Hyodo que optó por analizar lo vivido, acariciándose el rostro.

Su dedo… Estaba frio y esa aura…

Sus ojos rojos habían visto un aura intensa a su alrededor… Con una figura más nítida tras ella.

Ahora que lo pensaba… Si… Había algo a sus pies, al otro lado de la maleta… Algo blanco… ¿Un muñeco?

No tuvo que esperar mucho para empezar a ver colegialas abandonar el recinto. Algo que lo liberó de su trance y alegró su vista… y su corazón. Irina estudiaba en un centro solo para chicas, un regalo para la vista. Los chicos estaban en un edificio aparte. Algo jóvenes para su gusto… Pero eso mejor que nada.

-¡Nooooo! Papa! ¿Se ha olvidado otra vezzzzzz?- protestó cierta castaña alzando los puños.

-Irina-chan. ¿Touji-san no ha venido?- preguntó una mujer, alguna de las madres de sus compañeras.

-Si quieres podemos acompañarte…-

-No es una buena idea… Irina se parará en todas las pastelerías poniendo su cara de cachorrito y…- dijo una voz burlona tras las mujeres.

Irina se giró molesta antes de dar un chillido de alegría.

-¡Issei-kun! Eso no es cierto! Solo me paré en una y… ¡Issei-kun!- exclamó sorprendida, saltando a los brazos del joven.

-Buenas tardes preciosa…- sonrió el chico acariciando el cabello húmedo de la Shidou.

-¿Le conoces, Irina-chan?-

-Me llamo Issei Hyodo. Vivo con los Shidou… Touji Shidou-san me ha enviado para buscar a Irina-chan-

La mujer lo miró sorprendida, observando como Irina mantenía agarrado de la mano al recién llegado.

-Bye, bye! Nos vemos mañana!- se despidió la castaña emocionada antes de mirar con devoción al chico -¿Cómo es que has venido tú?-

-¿No puedo venir?-

-¡No… si! Papa seguro que se ha olvidado!-

-Yo con ganas de verte y tu queriéndome bien lejos…- desviando la mirada.

-¡Issei-kun! No te burles!- protestó la Shidou.

-Touji tiene sus misiones… El trabajo de un eclesiástico no conoce el fin…-

- Tendrías que haber venido antes! Te has perdido un combate apasionante! Las senpai han entrenado entre ellas! Ha sido increíble!-

-¿Senpai? ¿Qué edad tienen?-

La Shidou se detuvo.

-¿Qué importa la edad?-

-La edad importa-

-No, no importa. Lo que importa es lo buenas que son!-

-Lo buenas que están!-

-Lo buenas que son con la espada!-

-Semántica!-

-Humph!-

Soltando al chico, empezó a caminar dirección a casa.

-Irinaaaaa-

-Humph!-

-¡Irinaaaaaaa!-

El castaño tomó la mano de la niña.

-¿Han luchado bien?-

-¿Ahora te interesa?-

-Tu si, ellas no… Habla, habla-

-…-

-Irinaaaaaaa-

-El duelo…-

-¿Si?-

-Issei-kun! ¡El duelo ha sido la ostia!-

-¿Lo crees? -

-¡Primero hizo bumm, y luego bumm y luego bam! ¡Y lo dejó K.O! -exclamó la chica gesticulando con una espada de madera imaginaria –¡Motoko-senpai es increíble! -

-… -

-¡Yo también quiero aprender a luchar así! -rugió alzando un puño con estrellas en sus ojos antes de girarse para mirar al Hyodo –Seguro que la podrías ganar en un duelo…-

-¿Por qué dices eso?-

-Tú te estas formando para eso y más!-

-Eso dicen…-

-¡Entrenaré duro! Y necesito que me ayudes!-

-Ya hemos hablado de eso…-

-¡Quiero hacer que mis padres estén orgullosos! -exclamó la chica con una sonrisa en su rostro.

-… -

-Y como no soy buena en clase… No soy buena en los estudios, pero si en los deportes, por lo que… ¡Lo haré con la espada! -alzando los puños al aire -¡Seré la mejor del muuuuundoooooo! -gritaba mientras daba saltos de alegría.

-¿Entonces quieres ser exorcista o deportista profesional?-

Irina le devolvió la mirada avergonzada.

-Para eso necesitas entrenar mucho… Y levantarte temprano -murmuró el chico con media sonrisa.

-Hay… ¡¿Hay que levantarse temprano?! -exclamó aterrorizada la castaña.

-MUY temprano -cruzándose de brazos, fingiendo seriedad.

-¡! -retrocediendo unos pasos -¡No es cierto! ¡No es ciertoooooo! ¡Odio levantarme tempranoooooooo! -exclamó corriendo.

Alejándose a toda velocidad, llorando a lágrima viva.

-Hacer… Que tus padres estén orgullosos… -susurró mirando al cielo.

-DxD-

Secándose las manos con un trapo, Karen Shidou vio cómo su hija irrumpía en casa, subiendo a toda velocidad por las escaleras.

-Ver a Irina tan alterada…- dejando el trapo en la cocina se desplazó al recibidor, esperando unos minutos.

Al poco una sonrisa adornó su rostro al ver la puerta abrirse. Una sonrisa provocada por unos traviesos ojos rojos acompañando una mordaz sonrisa.

-¡Issei-kun! ¿Ya has llegado? ¿Cómo ha ido el día cariño? -preguntó Shidou Karen observando al castaño entrar al hogar, riendo levemente al sentir los brazos de su ahijado envolver su cintura –Me alegra tanto tenerte en casa-

-Ya estoy en casa- abrazando a la mujer con afecto –Me han dejado libre de la cárcel antes de tiempo-

-¿Y has sido buen en esa cárcel?-

-No creo que se queje mucho…-

Karen sonrió cálidamente mirando el rostro del Hyodo, acariciando su cabello.

-Irina ha llegado llorando hace unos minutos… ¿Sabes algo?-

-No sé qué ha podido pasar… -desviando la mirada.

-Decía algo sobre levantarse temprano -murmuró curiosa con un dedo en sus labios.

-… -

-¿Seguro que no sabes nada? -mirando al chico divertida.

-Nup... -

-¿Y no tienes nada que decirme? -preguntó con una sonrisa cariñosa en su rostro.

-No, nada… -respondió el menor.

-Solo hay una persona por la que se alteraría tanto…-

-¿Su preciosa madre?-

-Bueno. Dejando eso de lado… Qué alegría tenerte en casa tan pronto…- susurró la mujer acariciando su rostro -¡Hoy haremos una cena especial!-

-En eso puedo ayudar!-

La mujer lo miró sorprendida.

-¿Quieres ayudar?-

-Quiero pensar que mis habilidades son algo mejores! Quiero probar algunos trucos nuevos!-

La mujer se levantó contenta.

-Será un placer tener a un ayudante tan dulce y colaborador!- sabiendo perfectamente que Irina los observaba ya con su pijama integral de coneja desde la puerta –Al contrario que alguien que yo me sé-

-¡Humph!-

Molesta, la joven Shidou se marchó corriendo.

Apenas tardaría unos minutos en volver, enganchándose al dragón Hyodo, curiosa por ver que cocinaban.

-DxD-

"Tráenos el alma del hijo del diablo"

Lavinia Reni nunca se había tenido por una chica trendy. No era cool ni podía decir que fuese amante de las revistas de moda. Sus gustos eran sencillos y más bien clásicos… Vivía con una mujer que si bien no aparentaba ser una anciana, sus años los tenía…

Y tampoco estaba muy segura, pero juraría… Que Walburga cada vez tenía más lazos atados en su pelo. Su cabeza, con ese largo cabello violeta parecía un árbol de navidad. Cada vez tenía más adornos… ¿Le podía colocar una estrella en la coronilla?

-¿Me escuchas?-

Una estrella… Una estrella en su coronilla.

-Lavinia!-

-D-dime!-

-Las ancianas están enfadadas-

-Suelen estarlo…-

-Sí, pero no estamos discutiendo su perpetuo estado de estreñimiento!-

-Walburga…-

-Yo lo hice hace años, es fácil. Bajas, buscas al demonio, lo matas y capturas su alma con el hechizo. Lo llevamos al Aquelarre y listo, una bruja con todas las de la ley!-

-Pero quitar una vida inocente…-

-Que inocente ni que rana babosa! Demonio. Malvado. Hijo del diablo! Es malo! Le estás haciendo un favor al mundo! ¿No es eso lo que te interesa? ¿El bien común?-

-Pero…-

-Mira, haz lo que quieras… Ya sabes lo que tienes que hacer!- exclamó Walburga antes de sacar su varita de la túnica, convocando un círculo mágico sobre ella. Cruzándolo, desapareció de la vista de su compañera. Dejándola sola en territorio oriental.

La vida de un demonio… Ese era el precio que el aquelarre al que pertenecía Glenda, liderada por la anciana y poderosa Augusta, exigía por su entrada. Vaciar un cuerpo. Imponer un círculo mágico en un ser vivo para robarle su energía vital, el alma, con el que alimentar el poder del aquelarre… Un sacrificio para hacer más poderosa a la orden. Matar para integrarse… Un ritual que había pospuesto todo lo posible. Pero la fecha límite se acercaba… Y por mucho que le doliese tener que quitar una vida… ¿Primaba más el bien común que el individual?

Sobrevolando los cielos primaverales de Japón, cierta joven recorría el firmamento sentada cómodamente sobre su escoba.

Una triste sonrisa en su rostro, una mano en el rostro, atrapando algunos menos rebeldes de largo cabello rubio que cubrían su rostro.

-Uyuyuyyyyy… Que no me equivoque de nuevo…- murmuró la chica, no mayor de 13 años, vestida de negro, traje largo con zapatos de tacón, larga capa y sombrero picudo.

Una bruja.

La joven se llevó una de las manos cubiertas por gruesos guantes al rostro, tocándose el mentón con el índice. Su cejo de frunció, sus labios se contrajeron y su mirada se llenó de incertidumbre. Sus ojos azules revisaban cada una de las casas a su alcance, no encontraba diferencia alguna entre ellas. Tampoco percibía marca alguna en ninguna de ellas.

-La dirección debería de ser correcta… ¿Dónde vive el nuevo hijo del diablooooooo? ¿Dónde te escondesssssss?-

Haciendo un puchero adorable con los labios la joven bruja miró a lado y lado antes de ladear la cabeza, centrando su mirada en un punto en concreto.

Ordenándole a su escoba que descendiese, se inclinó levemente para mirar un animal. Un gato negro, de intenso pelaje oscuro y unos llamativos ojos dorados. Unos ojos dorados que estaban fijos en ella. Unos ojos que no deberían de poder verla. Una gata que exhalaba un aura especial… Una criatura sobrenatural. Unos ojos que juraría haber visto antes…

-Estoy buscando a un niño algo más joven que yo… De cabello color madera… Ojos rojosssss como la sangre y quizás alas de demonio… ¿Vive aquí?-

Nadie respondió.

-Adorable youkai… Soy una visitante de otras tierras que quiere conocer al…-

-Aléjate de aquí. Vete, vete y no vuelvas-

-Qué alegría! Puedes entenderme!- exclamó la rubia juntando sus manos alegremente -¿El hijo del diablo vive aquí?-

-Aquí no hay ningún diablo-

-¿Quizás el Dragón de los Gremory te sea más familiar?-

-No te acerques a mi cachorro. Si lo haces… Atente a las consecuencias…- gruñó el gato antes de alejarse caminando, perdiéndose entre los matorrales.

Acariciándose la barbilla… La niña dibujó un símbolo mágico en el aire. Tras marcar la casa se alzó en el aire. No le gustaban las conversaciones pesadas… Pero tenía que informar…

Dibujando unas runas con sus dedos, la figura holográfica de la líder de su aquelarre se formó frente a ella.

"Reni… ¿Has logrado el objetivo? Ha pasado poco tiempo…"

-Lady Augusta, no, me temo que no… No he encontrado al niño pero he marcado la casa… ¿Qué debo hacer ahora? ¿Debería de retirarme?-

"Negativo"

-Pero no creo que vaya a lograr mucho más así…-

"Tienes razón. Solo con controlar su residencia no será suficiente. La interacción ha de ser mayor"

-¿Cómo hago eso?-

"Esta es tu prueba de acceso, Lavinia. Los medios y las formas dependen de ti, se te evaluará en función de cómo lo hagas, en cuanto tiempo y el evidente resultado final"

-Oh… Cierto-

Sin decir nada más la bruja deshizo el encantamiento. Dejando a la niña triste y ligeramente deprimida. La bruja se elevó en lo más alto del cielo, observando la ciudad bajo sus pies.

-Entonces habrá que hacer vida… ¿Cómo puedo observar al chiquitín esteeeee?-

Moviendo la cabeza a lado y lado, divertida… Sonrió con picardía.

-Ya lo seeeeee-

Aterrizando frente a la casa marcada, la joven llamó al timbre.

En cuanto la propietaria abrió la puerta, la rubia tocó su frente con su bastón mágico.

-Esta casa es mía… Hasta que me marche os iréis con algún familiar…-

La mujer asintió sin apenas fuerza de voluntad.

¿Si mantenía las distancias la youkai no se enfadaría… verdad? Y tampoco creía que estuviese permanente junto a él…

¿Dónde podía encontrarse con cierta regularidad con niño sin levantar sospechas?


-Ciudad de Lilith – Inframundo-

Apoyándose contra el mostrador, sus mejillas contra el cristal… Cierta pelirroja miraba con detenimiento una docena de productos con el cejo fruncido.

-Chicas… ¿Cuál es mejor?-

Las herederas se miraron entre ellas, confundidas.

-Cuando nos has dicho que querías ir de compras… ¿Querías comprar un juguete?-

-Seegvaira, las piedras de poder son más que un juguete- corrigió la rubia volviéndose a la peliverde.

-¿Qué utilidad tienen? Cualquiera puede usar poder demoniaco, solo las necesitan gente que consume mucho o los niños… Son demasiado débiles para construcciones mágicas importantes… Y bueno, creo que se usan en ámbito militar…- mirando a cierta morena.

-¿Por qué me miras a mí?-

-Eres la más…-

-La más que-

-Las piedras de poder se usan a menudo en muchos campos de investigación. Simplemente se necesita una firma mágica neutral y ya tienes una utilidad-

-Perdona, señorita científica… En mi casa solo lo usan los niños… Rias, para que las quieres?-

-Las quiere para su hermano- dijo Sona seria.

Las otras dos jóvenes se giraron sorprendidas.

-¿Sigue sin poder generar NADA de poder demoniaco?- preguntó Latia interesada –Eso no es común…-

-Quizás el poder de los Bael se cobra sus víctimas… Un par de usuarios extremadamente talentosos… Compensados con dos usuarios absolutamente… ¿incapaces?- tanteó Seegvaira mirando a la pelirroja de reojo.

Decidida, la rubia dio un paso al frente.

-Lo importante no son las piedras, es el estuche. Si juntas un mayor número de piedras que tengan menos poder pero más durabilidad, Issei-dono podrá disponer de ellas por más tiempo sin tener que reponer su poder-

-Ah… Entiendo… ¿Entonces ese es mejor?- señalando uno en concreto.

-Te será más útil-

-Muchas gracias… Se estas cosas no entiendo mucho… Chicas, el té y el pastel corre de mi cuenta!- exclamó divertida extendiendo la tarjeta financiera al dependiente.

-¿Lo quiere para regalo, señorita?-

-Por favor- sonrió la pelirroja volviéndose a sus amigas.

-Tiene que ser duro para el niño… El pelo de la madre y sin su poder…- murmuró la descendiente Agares cruzándose de brazos.

-Está bien, padre está contento… Dice que así Issei recibirá una formación más tradicional-

-Si él lo dice…-

-Eso explicaría la obsesión de Sairaorg…-

-¿Qué pasa con él?-

-He oído que se comunica a menudo con tu hermano… Está motivado. Le envía material de culturista…-

-¿Tu hermano se está poniendo cachas, Rias?-

-¿Sairaorg le está enviando que?-

-Sí, sí. Me lo dijo el otro día desayunando… Dietas, pautas de entrenamiento…- rio la peliverde.

-Eso es ridículo…- murmuró Sona desviando la mirada.

-Un poco de respeto, hablamos del hermano culturista de Rias!-

-No es culturista, es un niño, como si tú fueses una modelo o algo- gruñó Sona abandonando el local.

-¿Y qué pasa? Soy preciosa, podría serlo-

-¿De ropa de adulto?-

-Podría!-

-Solo le alegrarías el día a los pederastas, idiota-

-¡No soy tan infantil… y tengo mejor cuerpo que tú, emperatriz maderera!-

-¿Cómo me has llamado?-

Cerrando a su paso, las chicas salieron fuera, dejando a Rias y Latia en el interior.

-Latia…-

-¿Si?-

-¿Issei-dono?-

-¿Qué?-

-¿Estas interesada en la musculación de mi hermano?-

-Rias… Era una broma…-

-¿Lo es?-

-Por supuesto que…- respondió la rubia mirando a su amiga, perdiendo toda sonrisa al ver la intensa mirada de la heredera Gremory.

Fría, desalmada. Cruel.

-Aléjate de mi hermano-

-¿Ni siquiera un poquito?-

-Acércate a mi hermano… y no respondo…-

Un sudor frio recorrió la espalda de la joven Astaroth. No tenía la menor duda, su amiga la estaba amenazando de muerte… completamente en serio.

-Ahora vayamos a por esos pasteles! Pago yo! Es lo menos que puedo hacer por vuestra ayuda!-

-DxD-

-¡Isseeeiiiiii!-

-Rias… Estoy leyendo!- respondió el niño relajado en el sofá, pantalón y camisa corta, libro en mano. Alzando la mirada para mirar a la preciosa pelirroja.

Posando para él, la heredera Gremory se recolocó unas gafas de pasta negras. El cabello recogido en un moño. Llevaba un vestido blanco de tirantes que le llegaba a las rodillas.

-Que- gruñó el ojirrojo con seriedad.

-¿Qué te parece?-

-¿El vestido?-

-¡Noooo! El vestido lo compramos la semana pasada! ¿Recuerdas?-

-Ehhhhh. No-

-¡Issei! Mira más detenidamente!-

El Hyodo cerró el libro, centrando su atención en la pelirroja.

-Te has cortado el pelo. Una lástima. Me encantaba-

-¡Lo llevo recogido!-

-Ah… Perdón…-

-¿Y bien?-

-Has engordado-

Ladeando la cabeza, el chico esquivó una esfera de poder mágico.

-No, no?... Pues no se…-

Molesta se sentó a horcajadas sobre el castaño.

-¿No ves nada raro?-

-No se… Te veo cada día, te observo cada día… No veo ningún cambio…-

-Eres un insensible!- protestó la pelirroja molesta –Pero te perdono por la atención que me das…-

Issei le retiró las gafas antes de ponérselas él.

-¿Me veo más inteligente?-

La pelirroja se sonrojó al verse cazada.

-¡No lo hago para verme más lista!-

-¿Segura?-

-Devuélvemelas!- dijo divertida, acariciando el rostro del chico antes de quitarle las gafas, colocándoselas, recostándose sobre él de espaldas -¿Qué lees?-

-¿Por qué quieres usar gafas?-

-¿Qué lees?-

-Porque las gafas…-

-¿No me vas a decir que lees?-

-Princesa, o empiezas a cantar…-

-¡Obedece a la princesa! Responde!-

Dejando el libro a un lado, trasladó sus manos a los costados de la pelirroja, haciéndole cosquillas a la niña.

-Jajajajajaja! Vale! Va… jajajajaja! Ha-hablaré!-

Jadeante, Rias alzó la mirada, mirando al castaño desde su posición.

-Solo quiero mantener tu curiosidad…-

-Siempre te miro y siempre te miraré…- besando su cabello antes de tomar el libro, dejándolo sobre el vientre femenino.

-Este libro… Oh! Lo leí hace mucho…-

-¿Hace mucho? ¿Cuándo?-

-Hace unos años… ¿Por qué lo lees? Es material elemental…-

-¿Tienes algún problema con que haya empezado a estudiar ahora… y que lea materiales de principiante?-

-Para nada… La plebe es especial… Hay que cuidar… Jajajajajaja! Isse… jajajajajajaja!-

-Aquí la plebe podría enseñarte unas cuantas cosas, princesa-

-¿El pequeño niño se ha enfadado?-

-Una niña sin desarrollar a mí no me da lecciones-

-Yo creceré pero… habrás leído lo suficiente para cuando haya crecido?-

Divertido volvió a besar su cabello.

-Cierta princesa se lo tiene muy creído…-

-Y con razón-

-Yo creo que no-

Contenta, tomó la bolsa de plástico que estaba junto a ellos, ofreciéndosela al niño.

-¿Qué es esto?-

-Mi compensación por el vestido!-

-No quiero nada… Verte con la ropa que me gusta es suficiente regalo…-

-Ábrelo, ábrelo!-

Contagiado por el entusiasmo de la pelirroja, Issei tomó la bolsa, dejándola en el suelo, abriéndola para mirar en su interior.

Un paquete envuelto en papel de regalo.

-Mmm… Veamos, veamos…- canturreó el niño tomando el paquete.

Rias sonreía y sonreía, contenta.

-¿Puedo abrirlo?-

-¡Por supuesto! Ábrelo ya!-

-Voy, voy…- rasgando el papel… Sacando el objeto de entre el papel.

Un cinturón… con compartimientos.

-Es… Muy bonito…-

-Eso no es lo importante! Los compartimentos son especiales!- señalando el punto.

Abriéndolos Issei vio que realmente estaban forrados por dentro, con algunos extraños dibujos.

-¿Qué tengo que guardar aquí?-

Extendiendo sus manos, Rias mostró un tarro de cristal con piedras dentro.

-¿Caramelos?-

-¡Esto no se come!-

-¿Alguna colección privada? ¿Coleccionas piedras?-

-Son piedras mágicas, Issei-

-¿Por qué son de colores?- inclinándose levemente, rascándose la barbilla.

-Son piedras extraídas de los terrenos Astaroth… La procedencia no importa. Estas piedras pueden almacenar cantidades limitadas de poder demoniaco-

-¿Las puede usar cualquiera?-

-Cualquiera… Issei, con esto podrás convocar conjuros-

-Ohhhhhh!- tomando el tarro con sus manos.

-No soy muy potentes, y dependiendo del encantamiento de un solo uso… Pero por ejemplo…-

Abriendo el tarro sacó una piedra. Levantándose la lanzó al aire, inspeccionándola con curiosidad.

Tomándola al vuelo sintió su poder, absorbiéndolo en su mano…

-Siguiendo las indicaciones estudiadas… Convocó el círculo mágico… Sonriendo enormemente al ver como el emblema de los Gremory aparecía bajo sus pies.

-Funciona! Funciona!- exclamó Rias levantándose de un salto –Ya podrás usar magia!-

-Je jeje jejeje…- jugando con la piedra entre sus dedos -¿Te haces unas prácticas?-

-¿Qué? ¿Ahora?-

-Ahora, ahora pero que ya-

-Podrías ser un poco atento, delicado, considerado y amoroso con tu preciosa hermana que ha tenido un impresionante detalle contigo!-

-Si ganas… Lote completo. Dormir, bañarse, comida-

-Eso ya lo tengo cada día! No me vas a convencer!-

-Si ganas… Masajes-

-¿Masajes?-

-Nuevo curso por correspondencia. Aceite balsámico, manitas celestiales…-

-Desnuda-

-Si se usa aceite se recomienda solo con ropa interior, es lo ma…-

-Desnuda, integral-

-¿Qué?-

-Y más cosas que iré añadiendo-

-¿Qué? ¿Más?-

-Más-

-Es excesivo-

-¿Quieres tus prácticas o no?-

El castaño ladeó la cabeza, sopesando sus opciones.

-DxD-

-¿Por qué tengo que usar a Yamato?- preguntó Issei con curiosidad, observando la delicada obra de artesanía en sus manos.

-No seas tontito! No hay hoja mejor con la que practicar- respondió Rias recogiéndose el pelo en una coleta. Se había cambiado de ropa, pasando de su vestido a mallas negras, ajustadas.

Issei miró a la resplandeciente y brillante hoja con incredulidad.

-Esa hoja está vinculada a nuestra sangre, no puede cortarme. Contra los Gremory no es más que un palo, no importa cuánto poder tenga!-

-Si tú lo dices…- tomando la espada con fuerza.

Los ojos rojos de Issei se toparon con los azules de Rias.

La demonio, la primera en moverse, concentró pequeñas dosis del poder de la destrucción en sus manos, desplazándolas hasta sus dedos. Múltiples balas de Poder de la Destrucción volaron hacia el castaño. Sereno, las desvió con la vaina, la espada aun envainada.

-¿En serio?-

Sonriendo traviesa, Rias extendió sus alas, propulsándose hacia adelante.

El castaño colocó su espada contra su cintura, ladeando el cuerpo. Agarrando el mango de la espada… Lanzó un golpe ascendente cuando la chica se colocó en rango. Deteniéndose y echándose hacia atrás, Rias dejó pasar la hoja frente a su rostro, extendiendo sus manos liberó dos balas más.

Agachándose, el chico lanzó una estocada lateral… Empezando a perseguir a la pelirroja que, sin alejarse demasiado, evitaba que el castaño entrase en su espacio vital. El vuelo de la demonio era más rápido que el caminar del castaño. Bien conocida la hoja, Rias siempre se mantenía a la distancia justa. Chasqueando la lengua se llevó la mano al cinturón.

Acariciando las piedras… Issei sonreía maquiavélicamente.

Rias lo miró sorprendida antes de concentrarse.

-Solo tienes dos opciones… Elige bien-

-Es un 50%, cara o cruz… ¿Qué eliges, preciosa?-

La demonio miró a los ojos al castaño. ¿Repulsión o atracción?

Conociendo a su hermano menor… ¡Atracción!

Concentrando poder entre sus manos, Rias liberó la esfera antes de echarse hacia atrás.

Sonriendo perversamente el castaño convocó el círculo mágico bajo sus pies, señalando con el dedo… El espacio sobre la pelirroja.

Calculando la distancia… La intensidad… Y…

-¡Burbuja! ¡Rechazo!-

Horrorizada, Rias vio como sobre su cabeza, a unos metros, se contraía la materia para formar una pequeña esfera… que explotó con violencia, desplazando todo a su entorno, golpeándola con fuerza, estrellándola contra el suelo.

Molesta vio como el chico evadía su esfera de Poder de la Destrucción, alcanzándola con espada en mano.

Indefensa, aturdida y adolorida, Rias se encontraba a cuatro patas cuando…

PAM

La espada impactó contra su trasero. Fuerte.

Rias chilló adolorida. Girándose para mirarlo con lagrimillas en los ojos.

-Este culito es mío…-

-¡Pervertido!-

-Venga, venga!- exclamó Issei separándose de la pelirroja.

-Mooooo! Espera! Sé más delicado!- protestó la demonio jadeante.

-Estoooo… ¡No!- exclamó Issei avanzando de un paso, atacando con la vaina de la espada.

Rias convocó un círculo mágico con su mano, deteniendo el ataque.

-Llevas demasiado viviendo entre algodones- envainando la espada, tomando a la chica en brazos. Acariciando su rostro, quitando algunas hojas de su cabellera -¿Estas bien?-

-Humph!-

-Como estas bien podemos continuar!-

-¡Issei! Eres demasiado estricto! Podrías ser más atento conmigo!-

-Cuando acabemos seré todo lo atento que quieras, es más, tengo una sorpresa que te gustará!-

-Que sorpresa…-

Caminando con agilidad, Issei sacó un bote de plástico de su mochila.

-¿Qué es?-

-Gel para masajes-

-¡!-

-Un ungüento floral nutritivo para pieles hermosas y delicadas que las hará más suaves… Lo podemos empezar ahora… ¿Te interesa?-

El rostro de Rias parecía un sol en lo alto del cielo.

-Muy bien, amada onee-sama. Eres más fuerte, rápida, ágil, poderosa e inteligente que yo. Tienes mejores reflejos y reservas mágicas importantes. Demuéstramelo-

-Sé que sabes algo de defensa personal. Dependes demasiado de las artes mágicas, de que haya espacio entre nosotros… Veamos qué sabes-

Rias saltó hacia adelante con su puño por delante. Issei apenas pudo esquivarlo, agachándose para no recibir una patada alta. Frustrada ladeó su cuerpo, lanzando varios puñetazos, siguiendo con un rodillazo. Issei detuvo la rodilla, agarrando su brazo se giró y echándose la pelirroja a la espalda la levantó con fuerza.

Rias, sorprendida, extendió sus alas, recuperándose en el aire.

-Oh… Me gustan estas mallas…-

-¡!-

Concentrando poder mágico, lo arrojó con fuerza.

-Atacar solo con poder es perder energía, onee-san!- exclamó Issei convocando la espada, desviando las esferas con la vaina.

Susurrando unas palabras, con otra piedra en su mano, convocó otra esfera de repulsión sobre la pelirroja. La explosión la tomó por sorpresa, enviándola contra el suelo… Para acabar siendo recogida al vuelo por Issei.

-Verde, verde. Estas muy verde-

-Conozco a mi rival… No podría resistirse a tocarme- ronroneó Rias.

-¿?-

Envolviendo su cuerpo con poder mágico, liberando una explosión que barrió al chico.

Recuperándose rodando por el suelo, convocando la espada, desenvainando y mirando al frente. De un corte rápido cercenó una esfera de fuego.

Alzando su mano, usó su espada para bloquear otro ataque, cayendo al suelo de espaldas.

No podía más que sonreír contento. Rias estaba jugando con él. Observándole desde la distancia. Estudiándolo.

-Esto me gusta más…- viendo como la chica corría hacia él.

Incorporándose de un salto. Ladeando su cuerpo desvió el primer golpe, atacando con su espada el círculo. No estaba usando el poder mágico de la hoja, pero esta vez no se había roto… El círculo mágico dejó de ser un hechizo para pasar a envolver la hoja.

-¿Un látigo?- exclamó Issei sorprendido.

Rápida, Rias entrelazó sus dedos con la otra mano, sonriendo convencida.

-Jaque mate-

-¿Por qué dices eso?-

Con su mano libre convocó otro círculo, liberando, sin contemplaciones, un ataque sobre el pecho del castaño.

Issei rodó por el suelo con fuerza. Su cuerpo rebosando humo. Le pitaban los oídos… Estaba fuera de servicio.

-He ganado, señor sabelotodo- ronroneó Rias sentándose sobre su cintura. Inclinándose contra su pecho.

-Por lo sigo sin tener nada que hacer contra mi preciosa y dotada hermana…- extendiendo las manos en el césped.

-No deberías de llevarle la contraria a tu hermana…-

-Es cierto… Lección aprendida… Y ahora lo prometido!- llevando las manos a la cintura de la pelirroja.

-¿?-

-Muy bien Rias… Toda la ropa fuera y túmbate!-

-¡¿Q-que?!-

-Ah… Todo no… Puedes dejarte la ropa interior… de abajo… ¿No habías dicho integral?-

Con los labios temblorosos, el rostro de Rias alcanzó el tono de su cabello.

-DxD-

Escondiendo su rostro entre sus manos, Rias permanecía boca abajo.

Aplicándose loción en las manos, Issei empezó a atacar el joven cuerpo de la demonio.

Grabando cada centímetro de piel en su mente. Estudiando e inspeccionando todos los rincones.

Chillando nerviosa, la pelirroja se estremeció nerviosa, avergonzada.

El castaño, contento, esparció el líquido gelatinoso por todo el cuerpo de la Gremory.

Ahogando un torrente de gemidos, optó por ahogar los gemidos tapando su boca con su mano.

-Pues esto es más divertido de lo que pensaba…- siseó Issei contento -¿Cómo lo hago, te gusta?-

Rias lo miró llorosa. Roja.

-Pues… Esto me sobra!- exclamó el chico apartando las braguitas, soltando un chorro de loción sobre el suave trasero de la pelirroja -¡Ale ale! Masaje en el culete!-

-¡ISSEI!-


-Terrenos Gremory – Inframundo-

De pie, al final de una colina verdosa, una hilera de piedras negras con forma rectangular formaban un extraño pasillo.

Al final había una piedra más negra y pesada. Decorada con el relieve de los Gremory, se podían visualizar grabados de un animal.

-A tu bisabuelo le fascinaban los toros…- dijo una voz tras él.

Su mano cubierta por un guante, Issei acarició la tumba antes de alzar la mirada, la brisa húmeda del inmenso lago, tan artificial como hermoso.

-Visitó una vez el mundo humano… Se quedó prendado, fascinado por el poderío de esta criatura… La trajo al Inframundo y la mejoró… Toros…-

-Pensaba que el camello era el animal de la familia-

-Y lo es…- rió Sirzechs divertido, caminando hacia el joven –Hay quien dice que su capacidad defensiva se debía a que solía entrenar luchando con sus manos desnudas contra esas bestias…-

-¿Son ciertas?-

-Eso solo lo puede responder padre…- alcanzando el límite de la colina, mirando el lago en la distancia.

-La Casa Gremory es importante. Poderosa. Más de cien mil vidas dependen de ti. Posees ciudades, industrias, hospitales y escuelas. Diez mil almas conforman el ejército, que atacará sin cuestionar a quien tu órdenes. Deberás formar pactos políticos y defender los intereses de todos los lobos que conforman la aristocracia demoniaca…- alzando su mano, acariciando el horizonte –Los Gremory hemos dominado la energía del aire y de la tierra. La industria es rica. La tierra es fértil. Los siervos han sido educados y tratados con respeto, te serán fieles. Surtr y Beowulf han formado personalmente a las legiones de la familia. Matters y Heinrich les han instruido en las artes mágicas… Pocas familias poseen un ejército tan bien engrasado. Tenemos a las mejores tropas del Inframundo, muy pocas familias pueden decir lo mismo-

-El ejército del Gobierno se nutre de las tropas de las 72 casas pero… ¿Ventajas de que un Maou sea familiar?-

-Los siervos pueden obrar a su gusto en su tiempo libre- sonrió el demonio guiñándole el ojo.

-Nunca te lo he preguntado… ¿Huiste?-

-¿De las obligaciones de la familia?-

-Si-

-No… No… Quizás responder que los tiempos eran otros… Cuando yo era joven, cuando yo tenía tu edad no había esta paz… Esta calma… Era un mundo en guerra, un mundo envuelto en oscuridad, miedo, incertidumbre…-

-Ha pasado mucho tiempo desde entonces… Gracias a vosotros y vuestro esfuerzo los niños como yo ya no tenemos que tener que hacer esos sacrificios…- colocándose a su lado.

-Mucho me temo que en ese aspecto hemos fracasado… Issei-

El niño de cabello castaño claro y ojos rojos rio levemente, divertido por las ingeniosas palabras de su hermanastro.

¿No lo decía en broma?

-¿Qué te preocupa? ¿A qué viene este discurso?-

Sirzechs Lucifer se giró lo suficiente como para poder observar al niño.

Alto para su edad, su cabello castaño claro caía como una cascada por sus mejillas, recogido en una coleta baja en su espalda. El cabello largo era una característica de los Gremory. Si bien no tenía el cabello de la familia, el rojo estaba presente con intensidad en sus ojos. Dos rubíes ardientes que analizaban y aprendían de todo lo que estaba al alcance de su vista. Quizás no era un Gremory de sangre, pero esa capacidad para aprender y asimilar conocimiento le hacían actuar como uno.

Vestido de negro, prendas negras de tela recia con el bordado de los Gremory, en rojo intenso. Ropas cosidas a medida, le ensalzaban y le hacían destacar.

Había hablado de Surtr, Matters… El niño no había sido una excepción. Quizás más intensamente, lo mismo no… Pero la condición física del niño era un fiel reflejo de lo que había vivido.

Los Gremory lo habían criado en la soledad. Alejado de sus padres, alejado de la familia en su rutina diaria. No por crueldad, el niño sabía bien del afecto que le procesaban los demonios. Amado como un hijo, amado como un hermano… Inteligente, pronto había entendido que su entrada, el ingreso de un ser como él en una familia como esa tenía un precio.

El precio era su infancia.

El vivir solo, la excesiva formación, la dureza de su día a día solo tenía un propósito, una maduración precoz. Los Gremory habían creado la atmosfera más inhóspita posible para el niño dentro de unas limitaciones… Y parecía haber funcionado.

Sirzechs pensaba que la presión habría podido con él, que su mente inmadura no aguantaría… Su padre, Zeoticus apeló a la sangre del dragón que recorría su cuerpo, parecía ser cierto. Aunque recordando las palabras de Gabriel… Sospechaba que en el equilibrio interno del niño había algo menos caballeroso que el deber…

-Quería disculparme, Issei-

El castaño rio divertido.

-¿De qué hablas?-

-Si hubiese sido mejor líder los niños no estarían expuestos a este peligro…-

-¿De qué peligro hablas? Estamos en harmonía con todo cristo, Sirzechs…-

-Hablo del peligro político, Issei-

El menor de los Gremory rio despreocupado.

-El gobierno ha recibido la documentación reglamentaria para darte oficialmente a conocer como Gremory, Issei-

-¿?-

-En cuanto lo autentifiquemos serás legítimamente un Gremory…-

Issei suspiró pesadamente, pero no dijo nada.

-Y no solo eso…-

Esa información extra si llamó su atención.

-Padre ha pedido… Que se te conceda el derecho a la ceremonia del Rey, Issei-

El niño lo miró confundido.

Por Ceremonia del Rey entendía que pensaban darle las Piezas… Eso era ridículo, era demasiado joven. El Gobierno de los Dai-Maou lo denegaría de inmediato…

-Ah… Eso… Como si eso fuese a ocurrir pronto- sonrió el niño pasando a mirar al horizonte.

-¿Entonces me perdonas?- susurró el demonio.

-No hay nada que perdonar- respondió Issei.

-DxD-

Viendo como su hijo menor abandonaba los terrenos en un destello de luz, Venelana bajó la mano con la que lo había despedido.

El frio del castillo la abrumó… Se sentía algo sola cuando su hijo se marchaba…

Volviendo sobre sus pasos. Venelana regresó al Gran Salón, sentándose en su asiento.

Una de las sirvientas sirvió una taza de té caliente. Eso siempre la reconfortaba.

Alzando la mirada… Sus ojos se posaron sobre la espada familia, sostenida por una base de madera negra. Sobre ella, el retrato familiar.

Quería cambiarlo…

RAMTAMTAM

PAM!

Las puertas se habían abierto de par en par.

Una niña de uniforme escolar, cabello rojo y respiración agitada la miraba entusiasmada.

-¿He llegado tarde?- exclamó revisando la estancia rozando la histeria.

-Así es… No hace ni cinco minutos-

-¡No puede ser!- protestó molesta -¡¿Por qué se ha ido sin esperarme?!-

-Porque si te espera se marcha tarde porque no le dejas irse, querida hija mía-

-Pero es que no tiene que irse!-

Venelana rodó los ojos, ya se conocía el discurso. Gesticulando con la mano, la sirvienta avanzó a paso ligero, dejando otra taza de té junto a la silla contigua.

-¿Acaso no soy adorable? Tiene a la mejor hermana del mundo, porque se marcha?-

La mujer no respondió, solo esperó a que su hija se sentase, se calmase.

-Sabes que tu hermano te quiere…-

Rias se levantó molesta.

-Madre, me gustaría retirarme a mis aposentos-

La castaña no dudó.

-Puedes irte, cariño…-

Rias no tardó, de unos pasos dejó atrás el salón para recorrer los fríos pasillos de mármol.

Los sirvientes hacían profundas reverencias al verla llegar, esperando a que pasase para incorporarse.

Sin saber cómo, la niña alcanzó las estancias superiores…

Extrañada… Un sonido llamó su atención.

Siguiendo la estela del ruido dio con una de las salas auxiliares. Estaba en el mismo piso que la habitación de sus padres, pero algo alejada.

Intrigada abrió lentamente la puerta, abriendo los ojos sorprendida.

Una mujer, desnuda, se movía rítmicamente, moviendo sus caderas sobre la cama.

Sus labios, separados, emanaban un dulce canto.

-Zeoticussssss-

-¡!-

Confundida. Incrédula. Rias Gremory era incapaz de apartar la mirada.

Había varias mujeres más… Y su padre estaba con ellas. Su padre… Zeoticus… Había media docena de ellos.

Desnudo, besando y acariciando a las aparentemente alegres mujeres.

Las conocía, las había visto antes por el castillo.

Absorta en sus pensamientos no vió como una figura se acercaba a ella. Colocando su mano en su boca, silenciando el chillido que liberó la niña.

-Señorita… No deberías de estar aquí…- susurró la mujer.

Liberándola… Rias se alejó unos pasos. No conocía el nombre de la mujer, la tenía vista, pero no conocía el nombre.

Hermosa, de cabello rubio platino, apenas cubierta por un camisón rosado. De mirada cálida y sonrisa amable se inclinó para acariciar su mejilla y besar su frente.

-Se buena chica y vuelve con tu madre, cariño-

Sin esperar respuesta, la mujer entró en la habitación, asegurándose de cerrar bien al cruzar la puerta.

Rias, fascinada, aturdida y confusa, regresó a sus aposentos.

¿Qué había pasado?


- Templo Himejima -

-No voy a decírtelo…- rió Shuri divertida, preparando una taza de té, dejando que se enfriase lo suficiente para poder tomarse.

"Shuri… No seas cabezona…"

-Lamento profundamente que tu esposa sea una cabezona, Baraqiel-

"Shuri… No seas mala conmigo…" gruñó el hombre cabizbajo.

La mujer cesó su juego para dedicarle una sincera sonrisa.

-Es un buen chico, Baraqiel-

"¿C-como puedes decir eso?"

La morena la miró con escepticismo.

-El joven Issei lleva un año viniendo regularmente, yo estoy contenta, tu hija está contenta… Todos estamos contentos-

"Yo no estoy contento"

-Pero tú no estás aquí-

"No me digas eso… Sabes que me gustaría estar…"

-Issei-kun es un buen chico. Adora a tu hija, Akeno lo adora. Cuida y se preocupa por ella… Y gracias a él, tu hija ha cambiado-

"Maldito bastardo…"

-No digas palabrotas… Akeno está más viva que nunca, es más extrovertida y ha hecho amigos en el colegio…-

"¿Akeno ha hecho amigas? ¿En serio?"

-Han venido a tomar el té, esposo mío-

"¿Y-y yo no estaba?"

-Dijeron que querían volver…-

El hombre barbudo al otro lado del círculo mágico empezó a llorar.

"Mi niña al fin tiene amigos…"

-Y puede que algo más…- sonrió Shuri divertida.

"¿Qué significa algo más?"

-Hay cierto objeto que ha desaparecido de mi habitación…-

"¿Nos han robado?"

-Oh, no. Sé dónde está…- tomando un sorbo de té.

"¿Qué me estas ocultando? ¿Qué es ese objeto?"

La mujer lo miró con picardía.

-Hace unos días pensaba algo…- desviando la mirada –Este te que ha traído Issei-kun esta excelente… Es una hoja divina…-

"¿Ha traído te? ¿Eso pensabas?"

-Perdóname… Me he dejado llevar… Y como madre… Me reservaré mis pensamientos-

"Shuriiiii…"

La mujer Himejima sonrió contenta.

-¿De que hablábamos, cariño?-

(Sé que si Suou viene a buscarme, Akeno estará en buenas manos, Baraqiel)

-DxD-

Moviéndose sin hacer ruido. Reptando como un reptil por los troncos de los árboles.

Su lengua se movía sinuosa. Sus ojos rojos fijos en su presa.

Tatareando contenta, una joven de largo cabello negro se encontraba sentada en medio de un terreno lleno de flores.

Oculta entre los árboles, en algún rincón de la montaña, oculta de toda mirada indiscreta, la joven Miko preparaba un ramo de flores.

Sus fosas nasales percibieron el dulce aroma floral de la niña, desde el perfume en su cuello a su champú en el cabello.

Sus pupilas se dilataron antes de la exquisitez de su figura.

Sus dedos quemaban, ansiaban tocar su carne.

El dragón hacia mucho que había descendido por el sendero de la locura y la impaciencia. Necesitaba devorar a su presa… A su exquisita presa.

Veloz como un rayo, silencioso como la noche, invisible como el viento…

Saboreando el inminente bocado… Extendió sus manos para alcanzar los delicados hombros de la niña…

ZAS

Extendiendo sus alas negras, la niña dio un salto elegante en el aire.

Sorprendido, Issei derrapó por el césped, rodando como una peonza.

Chasqueando la lengua el niño levantó la mirada, con las manos y las rodillas en el suelo.

-Por favor… Procura no estropearme el pasterre…- murmuró la niña, mirándolo sostenida en el aire.

Sus dulces y picaros ojos violeta estaban fijos en él.

-Tenshiiiii…-

-¿Si, anata?-

-Ven aquiiiii-

-Déjame que lo piense… No!-

Grrrrrr.

Riendo divertida, se llevó una mano al rostro, recorriendo su mejilla, acariciando sus labios.

-Si quieres a tu miko… Tendrás que atraparla!- exclamó risueña, dejándose caer de espaldas, volando hacia los árboles.

Riendo y riendo, sentía la presencia del chico siguiéndola de cerca.

Extendiendo y recogiendo sus alas emplumadas, la niña se movió veloz por entre las ramas, optando por esconderse tras un grueso tronco.

Ocultando por completo sus alas, Akeno se apoyó contra la corteza. Sus ojos violeta se movieron agiles a lado y lado. Buscando sin cesar al chico.

Sus labios rosados se tornaron en una sonrisa. Sus mejillas se sonrojaron… Su corazón latía con fuerza.

Lo sentía. Viva y claramente.

Sentía su presencia. Sus pensamientos. Sus deseos… Los sentía como si fuesen propios. Tal era el vínculo que tenía con él.

Porque ella veía a través de él de una manera inexplicable, inimaginable. No había nada que pudiese ocultarle de ella. En todo momento sabía lo que sentía, si estaba triste, si estaba contento… A mayor cercanía, mayor la claridad.

Y lo sentía, un absoluto y visceral deseo por ella.

Brutal, voraz…

Mordiéndose el labio levemente, arrancó a correr antes de que el niño la tomase por la espalda. Extendiendo las alas saltó con fuerza, escondiéndose de nuevo entre los árboles.

Riendo levemente sintió su frustración. El deseo recorría su cuerpo. La extrañaba, la anhelaba.

La niña se estremeció con fuerza.

Sentirse tan absolutamente deseada…

Elevándose sobre los altos arboles del monte sagrado, Akeno Himejima extendió sus brazos, sintiendo el calor del sol en su rostro antes de recoger sus alas por completo.

Cerrando los ojos dejó que la gravedad hiciese su trabajo… Empezando a caer con los brazos extendidos…

GRAB

El niño la cogió en brazos al vuelo, elevándose con fuerza hasta detenerse a decenas de metros por encima de la montaña.

Girando suavemente sobre si mismo, mirando fijamente a la joven miko.

Un rostro dulce e inocente cuyo mayor rasgo distintivo eran dos piscinas de color violeta.

Manteniéndola agarrada de la cintura, Akeno lo abrazó del cuello.

-Akeno…- susurró Issei.

-Issei…- respondió la niña.

Juntando sus frentes, sonriendo feliz.

-Te he echado de menos…-

No necesitaban decirse nada… Uno sentía los pensamientos y los sentimientos del otro.

Desplazando su mano hasta su mejilla, acariciándola suavemente.

Akeno ronroneó, cerrando sus ojos.

-¿Por qué las escondes de nuevo?-

Los ojos violeta lo miraron recelosos.

-Vamos, vamos!-

Animada, contagiada por su buen humor extendió sus alas negras como la noche, contribuyendo a mantenerse en el aire, flotando sobre el niño, permitiendo que sus manos quedasen libres.

-Tus alas siguen siendo hermosas… -centrando su mirada en las alas de la chica, sonriendo, tocando la extraña textura suavemente con las yemas de sus dedos.

-¡No digas esas cosas! -sonrojándose con fuerza – Sn feas… Soy una niña pájaro… -agarrándose el kimono triste.

-Eres tu quien no tiene que decir esas cosas… Junto con tus ojos, son lo más bonito de ti-

-¿Lo dices en serio?-

-¿Cuándo te he mentido?-

-Nunca…-

-Además, ya sabes lo que pienso…- besando su mejilla.

La duda y la tristeza abandonaron su rostro.

-La verdad es que a menudo cuestiono tu buen gusto…-

-Mi buen gusto es mucho mejor que el tuyo!-

-No lo creo-

-¡Por supuesto que sí!-

-¿Entonces como explicas que tus preciosas alas negras sean más feas que las mías de lagarto?-

-…-

-Eres una hermosa chica Akeno, un bello ángel de elegantes alas negras… Un negro puro y hermoso… -la chica sonrojada le dio un suave e inocente beso, sonrojándose aún más - ¿Akeno? -

-Me gustas mucho Ise… -jugando con sus dedos, sonrojada, vulnerable.

Tomando sus manos entre las suyas, llevándolas a su pecho.

-Ya sabes lo que siento…-

Sonriendo hermosamente, la morena se lanzó a sus labios, besándolos dulcemente, como llevaban tiempo haciendo…

Descendiendo lentamente, el niño dejó a la niña en su parterre, mirando a lado y lado.

-Espero no haber… ¿Habías acabado el ramo?-

La niña negó con la cabeza.

-Entonces, hermosa sacerdotisa, me veo en la obligación de ayudarla!-

Akeno rió divertida sentándose en el césped, esperando a que el Hyodo la imitase para sentarse sobre su regazo.

Metiendo la mano en el bolsillo de la sacerdotisa, sacando un estuche negro.

-¿Y esto?-

-Lo he tomado de casa…-

-¿Y qué es?-

-E-espera!- chilló la niña soltando la corona de flores para tomar el estuche entre sus dedos.

-¿Qué pasa?-

Akeno miró la caja en silencio unos segundos antes de pasar a mirarlo fijamente.

Tímidamente le ofreció el estuche.

-Es algo que tiene valor para mama… Quería dármelo cuando fuese mayor…-

Issei abrió el estuche lentamente, con cuidado.

Abriendo los ojos sorprendido.

Un par de anillos… Anillos de compromiso. Sabía que eran.

-Un anciano del Templo… Me dijo que cuando un chico y una chica se gustan, se casan… ¿Ise, quieres casarte conmigo? –preguntó tímidamente.

El niño la miró sorprendido.

-Akeno… ¿Sabes qué significa esto?-

-Un juramento, creo… Estar siempre juntos, amarse siempre… Fidelidad y esas cosas – con voz cantarina.

-Si… Pero… ¿Lo entiendes? ¿Qué es fidelidad por ejemplo? -

-No engañar a tu esposa con otra mujer, según he escuchado-

-¿Engañar cómo?-

La niña lo miró con algo más de seriedad.

-Percibo tus pensamientos… Tus miedos…- acariciando su rostro –Y aun así si… Lo quiero-

Issei frunció levemente el cejo.

Akeno era una niña, dulce e inocente… Podría satisfacer este pequeño deseo infantil con un inocente juego, una tierno imitación. Una inofensiva actuación.

-¡Entonces acepto! ¡Me casaré contigo! ¿Hay que hacer algo? -viéndola triste, al acabar la frase la chica mostraba una radiante sonrisa.

-Otro beso en los labios… Y tenemos que tener unos anillos iguales, cada uno tendrá el del otro… Estos son los anillos de mis abuelos… ¡Tienes que ponérmelo en el dedo anular con una rodilla en el suelo y declarar tu compromiso a mí! –Sonriente, radiante –¡Luego levántate y te pondré el otro yo misma!-

-Pero si son de tus abuelos…- desviando la mirada, arrancando un par de flores, las trabajó unos segundos antes de incorporarse, hincando una rodilla frente a la sentada Himejima.

-Muy bien… Akeno Himejima, ¿aceptarías ser mi esposa? – tomando una de sus manos.

-Por supuesto -sonrojada y llorosa.

-Aquí tienes preciosa – colocando algo en el dedo de la morena.

Akeno alzó su mano, observándola con curiosidad. En su dedo había una flor enredada, formando un círculo con el capullo florecido en el exterior, simulando un anillo.

-Tiene el hechizo que me enseñaron para mantener la flor que me diste siempre florecida…-

-¡!-

-Creo que es mejor reservar los anillos del abuelo…- ofreciéndole otro –Si la señorita quiere…-

Recogiéndose algunas lágrimas del rostro, tomó la otra flor.

-Aquí tienes el tuyo, esposo mío… -mirando al suelo cohibida.

-Akeno… Mi hermosa esposa -levantando con suavidad su mentón, besándola dulcemente con inocencia…

La niña tomó impulso lanzándose a los brazos del desprevenido demonio, tirándolo al suelo.

(Me sabe muy mal por Shuri pero… Voy a llevarme a Akeno conmigo al Inframundo)

Akeno es mía y solo mía.

-DxD-

-No me gusta que vivas solo…-

-No vivo solo…-

-Vives solo-

-Tengo una gata-

-¡Eso no es compañía!-

-… ¿Mis vecinos me visitan con regularidad?-

Akeno infló los mofletes molesta, pasando a juntar sus dedos nerviosa.

-Papá y Mamá siempre… Cuando están a solas… Bueno… -balbuceando nerviosa.

-¿Qué quieres preciosa? -riendo levemente.

-¡Quiero que apoyes tu cabeza en mis piernas! –exclamó más roja que un tomate.

-¿Qué? –sorprendido.

-¡Así así! -cogiéndolo del rostro y colocándolo suavemente sobre sus muslos –A Papá le encanta… ¿A ti te gusta? –expectante de la reacción del castaño.

-Mmm… Se está muy cómodo, y la vista es inmejorable -mirándola a los ojos.

-Anata… -acariciando dulcemente su rostro.

-Un momento… ¿Tu padre?-

-¿Qué pasa con papa?-

-¿Tienes padre?-

-Por supuesto… ¿Qué pregunta es esa?-

-Pues… Bueno…-

-Lo que pasa es que papa no suele estar en casa…-

-Pues no sé qué motivo puede tener un padre para estar lejos de una hija tan guapa…-

El demonio decidió cambiar de tema tras ver la sonrisa apagada de la niña.

-¿Quieres descansar un poco? –le sugirió cariñosa.

-¿Puedo? -

-Duerme tranquilo… anata -en un susurro, elevando su sonrojo aún más.

-Akeno, ¿podrías cantarme la canción? -

-Por supuesto… Pero solo si me besas –sonriendo.

-¿Quieres un beso? –preguntó sonriente – Como podría negártelo… -acariciando su mejilla, viéndola sonrojarse.

-Ise… -la joven, con el rostro rojo, miraba con ojos llenos de afecto al castaño.

-¿Qué ocurre Akeno? -

-Nada… -sumamente alegre, juntando sus labios lentamente, separándose con una gran sonrisa en su rostro.

-DxD-

Descendiendo lentamente, el demonio aterrizó con suavidad, dejando a la niña en el suelo.

Contento arrancó a correr hacia la mujer, Shuri ya se había inclinado levemente, separando sus brazos para recibir al niño…

PAM

Issei recibió un brutal placaje, acabando rodando por el suelo. Al detenerse vio a Akeno sentada sobre él.

-Casi…- murmuró Issei.

-Ya deberías de saber que frente a mi hija no puedes tocar a ninguna otra señorita…-

-¿Señorita? ¿Quién es esa señorita?-

-¿Dices, Issei-kun?- murmuró Shuri con su voz angelical, destacando el aura violenta a sus espaldas.

Riendo asustado, el niño centró su atención en la niña sobre él.

Akeno lo miraba fijamente, en silencio.

Posesivamente.

-Es un placer volver a verla, Shuri-sama!- saludó el niño desde el suelo.

-Es un placer tenerte de vuelta Issei-kun. ¿Cómo estás?-

-No me quejo-

-¿Te apetece un poco de té?-

-Nunca le diría que no, Shuri-sama!-

-Ya sabes dónde está la cocina… ¿Puedes prepararlo tú? Me gustaría hablar con mi hija un momento…-

-… Sí, claro… ¿Tenshi ha hecho algo malo?-

-Solo tenemos que hablar un momento-

-… Entendido…-

-DxD-

Madre e hija se encontraban sentadas sobre el tatami del templo, cara a cara.

Shuri Himejima, seria, se mantenía firme, con los brazos cruzados.

Akeno Himejima miraba al suelo, asustada.

-¿Estás contenta Akeno? –

-Madre…- sorprendida.

-Akeno, si bien sois aún muy jóvenes, debes aprender que esto no está bien… ¿Fuiste tú quien cogió las alianzas de los abuelos? -

-Pero… -llorosa –Yo… -

-¿Por qué, Akeno? -

-No es justo… -

-¿El qué? -

-¡Le quiero Madre! ¿Acaso está mal? –con lágrimas en sus ojos.

-Akeno…-sorprendida -¿Te gusta Ise-kun? ¿De verdad? –

-Y el también…-

-¿Te lo ha dicho?-

-Lo se…-

-¿Cómo puedes saber eso? Akeno, sois…-

-Lo siento-

-¿?-

-Lo siento en su interior…-

-¿De qué hablas?-

-Puedo sentir… Puedo sentir lo que piensa… Y lo que siente…-

-¿?-

-Ahora…- desviando la mirada, mirando a la pared –Está contento, preparando alguna travesura… meditando si coge algunas galletas de las de chocolate-

-Es imposible, las he escondido-

-Sabe que están… En la repisa superior, en una caja blanca…-

Era cierto…

Esos dos compartían un vínculo sobrenatural que nunca dejaba de asombrarla. A menudo pensaba que era algún tipo de juego que se traían entre manos… Pero cuanto más los ponía a prueba más claro tenía que su hija y ese chico estaban unidos de maneras que no podían ser explicadas.

No sabía ni cómo ni por qué… Pero una cosa si la tenía clara.

Separar a ese niño de su hija la mataría emocionalmente.

-Hija mía…-abrazándola cariñosamente.

(¿Cómo podéis albergar semejantes sentimientos siendo tan... Niños?)

Soltando a su hija, la mujer se levantó, yendo hasta la cocina a paso rápido.

Sorprendiendo al niño con las manos en la masa.


-Continuará en el próximo capítulo-

-Los deseos inocentes de una niña-