Fanfiction escrito por mi persona, sin fines lúdicos, basado en la obra de Ichiei Ishibumi, las novelas ligeras HighSchool DxD.


- High School DxD –

[Draconic X Deus]


-Los deseos inocentes de una niña-


-Esa misma noche-

Conforme había pasado la tarde, el sol se había dejado caer, llegando a anochecer sin darse cuenta. Shuri, pura amabilidad y sentimiento, le había ofrecido al niño a quedarse, no queriendo que este se trasladase sin luz hasta la isla principal. Issei no protestó en exceso y presente una inexistente resistencia a su ofrecimiento. Tras cenar y darse una ducha, el joven demonio se vió estirado en su futon, observando el cielo estrellado por la ventana de la habitación. Lejos de las luces de la ciudad, desde lo alto de la montaña, los astros luminosos se veían con claridad. Volviendo su mirada a la puerta, esperó pacientemente a que se abriese lentamente. Sonriendo quedamente al ver a Akeno al otro lado.

No necesitaban las palabras. Ella sabía que él sabía que ella estaba allí. Tampoco necesitaba pedirle permiso para entrar. Ella sentía como la quería a su lado. Vestida con su pijama corrió hasta el futon, arrodillándose y abrazando al ojirrojo con fuerza.

-¿Puedo dormir contigo?-

-¿Puedo pedírtelo yo?- respondió Issei.

Sonriendo contenta se coló bajo las sabanas, estirándose junto al niño, cerrando los ojos, colocando su cabeza sobre su pecho, ronroneando al sentir su mano acariciar su cabello.

Estaba incómodo.

Relajado sobre el futon con Akeno a un lado… Y se sentía incómodo. Incompleto. Le faltaba algo. Si se ladeaba y quedaba cara a cara con la morena se giraba instintivamente hacia atrás. No podía quedarse así mucho tiempo. Si se mantenía estirado, boca arriba miraba hacia su lado vacío.

Y sabía que pasaba… Le faltaba Suzaku.

A raíz de tener ese sueño lo tenía muy claro… Pensaba que lejos de ser personas separadas, quizás Akeno y Suzaku eran algo así como almas gemelas… Y que de faltarle alguna de las dos ese sentimiento incomodo lo invadía. Si Akeno había percibido algo lo ignoraba, ni lo había comentado ni lo había reflejado. Respecto a la joven… Había una Suzaku Himejima… Pero estaba bajo la estricta vigilancia y protección del Clan Himejima. Siendo un niño y con ese apellido, sería políticamente incorrecto acercarse a ella. Aunque pensaba que eventualmente se acercaría de algún modo.

Sin pensar más en ello se giró para abrazar a la niña, besando su cabello… Quedando plácidamente dormido…

-DxD-

TAPTAPTAP

RASH

-¿Issei-kun?-

Molesto, cierto castaño abrió los ojos lentamente.

-Ke pasa…-

-¿Akeno está aquí? ¿Está contigo?-

Parpadeando adormilado, el niño revisó sus alrededores.

-Pues… No- incorporándose -¿Qué pasa?-

-No… Nada. Duerme, lamento despertarte… Descansa, Issei-kun-

-Anda que eso va a funcionar ahora…- gruñó el niño bostezando con fuerza, revisando sus alrededores se centró en la ventana.

Llovía con fuerza…

TRUMMM

Con fuerza y con relámpagos… Issei endureció la mirada…

Akeno estaba afuera.

-DxD-

La lluvia arreciaba. Entrados ya en la noche, el niño apenas podía ver nada. La luz de las pocas farolas en las escalinatas no alcanzaba ni mucho menos a iluminar su camino. Vestido con su ropa negra, el niño se internó en el bosque, siguiendo la estela de la morena…

TRAP

CHAF

Tropeando con alguna rama, el niño cayó en plancha al suelo, enterrando su rostro en un charco de barro.

-Me cago en todo lo que se menea!-

-DxD-

Odiaba la lluvia.

Recordaba que de pequeña era lo contrario… Recordaba largas tardes en el jardín de su casa bailando bajo la lluvia, descalza, metiendo sus piececitos en el barro. Riendo alegre al sentir el agua recorrer su piel. Recordaba jugar con su madre bajo la lluvia. El paso de los años, las experiencias vividas la habían llevado a odiar con una furia primal, pura e intensa, ese efecto climatológico.

La noche, la lluvia, los truenos…

La noche en la que los exorcistas de su familia habían atacado. La lluvia que habían usado como camuflaje para ocultar sus movimientos. Los truenos que sirvieron para ocultar sus ataques. El padre de su prima los esperaba en los terrenos de la familia, terrenos que servían para jugar a la pelota en familia, para recibir a todos los visitantes del templo. Terrenos neutrales, alegres y pacíficos.

La lucha entre Baraqiel y los exorcistas enviados por su abuelo habían marcado con fuerza la débil mente de la niña, marcando ese evento con fuego en sus recuerdos, derivando en un trauma. Llevándola a defenderse a nivel subconsciente…

Desde que habían llegado los emisarios de la familia a la isla los espíritus habían estado inquietos. Sospechaba que se lo habían comunicado. Pero de ahí a moverse…

Lo sabía… Sabia de su presencia en la distancia. Los espíritus se lo habían dicho. Múltiples espíritus, globos blancos envolviendo hojas secas, flotaban a su alrededor.

Descalza, la morena alcanzó la carretera principal.

Envuelta en poder mágico, una aura negra. Esta empezó a acumularse frente a la niña, creciendo y creciendo hasta tomar la forma de un musculoso y enorme oni.

La niña había dejado el cobijo del templo para alcanzarlos, convocando a ese ogro que aparecía nada más y nada menos para aplastar esos mismos miedos. Llámese exorcistas… Gente que hablaba a sus espaldas, ciudadanos que discutían con su madre…

Todos eran ajusticiados por la infantil e inocente mente de una niña que se sacudía de miedo ante los truenos de una tormenta.

-DxD-

Mirando a través de la ventana de su habitación, una pequeña habitación en un rincón de la aldea portuaria… Cortesía de una amable familia que entendía y compartía sus inquietudes y preocupaciones.

Era bien conocido el poder fatal que la menor de los Himejima poseía, pero la bondad y el amor de la sacerdotisa del templo se había ganado el afecto y fidelidad de los residentes locales. Lejos de solicitar ayuda a la familia encargada de cuidar de los intereses de la isla, habían accedido a que un pequeño contingente se ocupase del asunto en silencio y con discreción.

Las noches de tormenta el alcalde avisaba a un contacto en concreto en la familia principal… Y la tsuguko acudía sin falta. La tsuguko de Suou Himejima, la aprendiz del actual líder, la llama destinada a suceder al gran patriarca. Un talento que solo nace cada cientos de años… Y la prima de causante de todos los males de la isla.

Abriendo su maleta, Suzaku acarició las telas del uniforme debidamente recogido y plegado. El uniforme de exorcista de la familia Himejima. Tejido usando la piel de animales sobrenaturales y plumas de aves de fuego… No existía mejor protección en esas tierras. Contenía, potenciaba sus artes mágicas, impedía que otros influenciasen las suyas. La protegía de daño físico y mágico… Con su uniforme puesto, pocos seres podían detenerla en sus dominios, pero había mucho que no habitaba allí, seres que procedían de otros lares, peligros extranjeros que si podían alcanzar su carne.

Sus artes mágicas protegidas por el manto de su familia… Deberían de ser suficientes para aplacar la furia de su prima. Aunque dichas artes estuviesen incompletas y fuesen inmaduras. Inferiores a las de Akeno. La afinidad de Akeno para con los oni… Un don… Una maldición. Un don que si bien era muy inferior a las artes que Suou le había inculcado, el resultado final se veía claramente descompensado por la afinidad de su poder con el de él.

Porque lo había visto.

Su prima no tenía el poder necesario para convocar a esos seres. Esos seres y los exorcistas fallecidos tenían un factor determinador común, un evento que se daba desde cierta fecha y que lo explicaba todo. Un ser con un poder sin fin que emanaba cual radiación y que la niña aceptaba sin saberlo. Un poder que la niña usaba para satisfacer sus inconscientes ansias de justicia. Su particular venganza. Había visto como ese oni tomaba su poder, como se alimentaba y crecía exponencialmente. Había visto como ese oni aprendía de ÉL.

¿QUIEN ERA ÉL? ¿CÓMO ES QUE ESE MALNACIDO TENIA TANTA AFINIDAD CON ELLA?

Vestida con sus ropas tradicionales, protegida del frio y del agua… Suzaku esperó en las afueras del poblado. De pie, a las puertas del bosque.

Porque allí estaba… El oni, esperando paciente entre los árboles, observando en silencio, sin importarle la lluvia. El ogro no reaccionaba, no atacaba. Como siempre, como todas las otras veces.

Ese oni despertaba muchas cosas en ella. Furia, confusión. Su cuerpo reaccionaba al poder que lo había convocado y alimentado. Al poder de Akeno y al de él.

Ese chico… Su corazón se alteraba con solo recordarlo… Haberse despertado sobre su pecho, su cuerpo caliente… Recordaba haberse quedado quieta, tumbada a su lado, acariciando su rostro, delineándolo con sus dedos.

Como Tsuguko de Suou Himejima siempre había estado rodeada de pretendientes. Ambiciosos, ricos, atractivos, inteligentes pretendientes que buscaban su belleza, su cuerpo y su posición social…

Repugnante.

Vomitivo.

Odiaba el género masculino más allá de su familia. Respetaba a sus compañeros de profesión, a los demás varones del resto de familia… El resto podían arder en el infierno más profundo y duro de todos… Y pese a todo… allí había estado. Besando los labios de ese desconocido.

Ese maldito… ¡ESE MALDITO!

Lo extrañaba tanto que no sabía cómo liberar toda esa frustración de su cuerpo, frustración que se convertía en furia, ira…

Abandonando su posición, la tsuguko lanzó un sello al aire, cogiéndolo al aire con sus dedos cruzados, empezando a recitar un salmo.

"La hija de Shuri es una mancha intolerable para la familia!"

-Si solo el anciano no hubiese dicho eso…- murmuro la chica liberando algunas lágrimas.

Llorando sin saber por qué. Sorprendiéndose por no saber ni porque lloraba. La emoción la invadía. Su visión se nublaba con el agua en sus ojos.

Dudosa… Lanzó su hechizo.

PAM

-¡!-

Sin sorprenderse vió como el ogro destruyó el ataque con un golpe de porra, rugiendo violentamente antes de saltar con fuerza y agilidad. Llegando hasta su posición, inclinándose frente a ella. Se había vuelto más fuerte, más rápido, más resistente… De nuevo. Pero eso no importaba… Porque esa era su manera de liberar toda su tensión. Ese oni iba a morir… de forma violenta y cruel.

-DxD-

Agachado, oculto entre la maleza, el hijo menor de los Gremory miró la escena en silencio.

-Curioso… Es la primera vez que veo uno de esos…-

-¿Qué es Sera?- preguntó Issei mirando a su hombro derecho, la demonio, apenas vestida con una camisa, se mantenía abrazada con fuerza, mirando el escenario con sus siempre vivos ojos violeta.

-Un oni… Una especie de monstruo local fruto de las emociones negativas de los seres humanos…-

-Un ser especialmente dotado… Ese es…- susurró Gabriel apoyado en su otro hombro.

-Lo ha creado esa niña… Usando tú poder-

-Pues para ser hijo mío… Es feo con ganas…-

Las mujeres lo miraron incrédulas.

-Pero es un exorcista competente… O eso creo… ¿Por qué es uno, no?-

-Shinto… Familia…- murmuró Serafall acariciándose la barbilla –Una de las Grandes Casas…-

-Debería de ser un Himejima… Estamos en sus terrenos-

-Ah! Zeoticus y Touji me hablaron de esto… Me lo dijeron claramente, nada de exorcistas shinto-

-¿Y la madre de la niña a la que tanto cariño le tienes que?-

-Ella no forma parte de la familia…-

-Ah… Ya estamos con tu doble moral- gruñó Serafall.

-¿Qué significa eso?-

-Serafall dice que cambias de parecer a conveniencia-

-¿Qué? Eso no es cierto-

-Lo es- afirmó Gabriel.

Los ojos rojos de Issei se posaron sobre una mujer, luego sobre la otra.

-¿Me estáis llamando cínico?-

-Más bien oportunista…-

-No es que seas un mercenario sí que vuelas hacia donde sobre el viento…-

-Tú tienes tu posición y vas aprovechándote de los demás…-

-¡Yo no hago eso!-

-Eso ahora no importa…- dijo Gabriel volviendo la vista al frente -¿Qué vamos a hacer con el oni?-

-El exorcista se encargará, que trabaje- respondió Serafall.

-¿Pero y si matando al oni… le pasa algo a la niña?-

El silencio se impuso entre ellos.

-¿Qué propones angelucho?-

-Podríamos…-

-Ise-kun! Deberías de ser un hombre y ayudarla!- exclamó Serafall interrumpiendo a la rubia.

Obviamente no lo hacía a propósito…

-Claro, tienes razón. Dentro de diez años como mínimo, cuando sea un hombre, lo intentaré. ¿Pero qué hacemos ahora?-

Las mujeres no respondieron.

-No esperareis que YO haga algo-

-¿Quién sino?-

-Eres el único hombre en los alrededores…-

-Eh! Eh! Soy un niño! Y vosotras una arcángel y una Maou! ¿Por qué soy yo el que se las vea con ese bicharraco?-

La rubia y la morena se miraron fijamente.

-Yo no estoy aquí. Si mis compañeros se enteran…- respondió Serafall.

-Si el Concilio Blanco sabe que estoy aquí abajo…- respondió Gabriel.

-Que par de idiotas más irresponsables…-

-¿Q-que me has llamado?-

-Yo no soy irresponsableeeee… ¿Lo soy?- pregunto Gabriel llorosa.

-Te juro que muy a menudo pienso que realmente eres una idiota-

-Chicas… No empezamos…-

-¿Por qué me llamas idiota? Idiota!-

-¡Tú eres más idiota!-

-¡Tú lo eres más!-

PAM PAM

Dándoles una palmada con la mano abierta en sus traseros, el castaño llamó su atención… a las malas.

-Basta de discutir! ¿Cuál de las dos la ayuda?-

Ninguna respondió.

-¿Entonces la dejamos así?-

-No puedes hacer eso, no sería muy caballeroso-

-¿Y qué cuernos quieres que haga yo?-

-Eres un Gremory… Échale huevos-

-Serafall, te recuerdo que ni tengo poder demoniaco ni aptitudes que me…

Gabriel miró fijamente al exorcista, sus ojos azules brillando pícaramente, volviendo su mirada a la morena… sonriendo divertida.

-Hay una opción… Una opción que puede satisfacer todas las necesidades!- exclamó la arcángel juntando sus manos contenta.

-Ohhhhh! Intelecto angelical! ¿Qué gran idea ha ingeniado la gran arcángel Gabriel?-

Sin perder la sonrisa, Gabriel insertó su mano en el pecho del niño. Retirando algo sin dudarlo mucho…

-DxD-

El monstruo era pura fuerza, la destrucción personificada. Una fuerza imparable que no sentía, no temía, no se detenía ante nada… No servían sus hechizos. Los shinigami ni siquiera llamaban su atención. El ogro aprendía con cada ataque, las trampas empezaban a no funcionar.

Cansada, agotada… Mermada físicamente… La exorcista se quedó de pie en medio de la nada. Habiendo dejado atrás en el bosque en algún momento, Suzaku se encontró sobre pavimento, una plaza o una calle ancha… En ningún momento había querido involucrar a los residentes locales… No sabía bien donde estaba, solo podía ver el enorme oni frente a ella.

Sus lágrimas caían por sus mejillas.

-¿Por qué, Akeno? ¿Por qué deseas mi muerte?-

Negando con la cabeza, la chica juntó sus manos, reuniendo todos los sellos de la zona, impactando en una poderosa explosión. Sin molestarse en protegerle de la onda expansiva, se vio rodando por el suelo. No hizo falta que mirase hacia atrás, sabía que el ogro seguía vivo.

Escuchaba sus pasos…

Sintió como la giraba, colocando su garrote sobre ella, sin llegar a aplastarla.

ZUMMMMMMMMMMMM

En la distancia se alzó una columna de energía, llamando poderosamente la atención del oni, que se giró, gruñendo con fuerza.

La exorcista apenas tenía fuerzas para comprender lo que estaba pasando, pero reconocía ese poder… Era él.

-Pensaba que querías matarlo…- susurró una voz junto a ellos.

Ladeando sus miradas, exorcista y oni vieron a un niño de cuclillas junto al exorcista, una mano en su mejilla, ojos rojos llenos de aburrimiento.

-Ah… Entiendo…- mirando al oni fijamente –No eres solo el producto de las pesadillas de tenshi… Tienes mi energía, tienes mis deseos…-

-¿?-

-¿Pero porque perseguir a este tipo?- volviendo su atención al exorcista. Más alto que él, vestido por completo con ropas ceremoniales, sombrero incluido.

Las ropas bloqueaban cualquier rastro, lo ocultaban todo, aura, olor…

Suzaku miró incrédula al niño. ¡¿No la había reconocido?!

-Este ogro es…-

-Su invocadora no os tiene mucho cariño… No se lo tengas en cuenta…- dijo Issei mirando al oni detenidamente, que había pasado a mirarlo, dejando a la chica en paz –Aunque quizás sea cosa mía… Aunque yo tampoco tengo nada contra vosotros… Creo-

-Ella… Este ogro sigue sus…-

-¿Sus instintos? No creo… Creo que este bicho tiene mucho de mí…-

-¿?-

El ogro apartó el garrote del exorcista, inclinándose para mirar al niño.

-¿Sabes qué pasará si matas a alguien de su familia en esta isla? ¿Si vinculan su muerte a mi Akeno?-

-Grrrrrr-

-Ahora vas a ser buen chico y te vas a disculpar. Si no lo haces tendré que obligarte a hacerlo. Si no sabes tendré que educarte. En cualquier otra circunstancia lo haría de buena gana pero… Debido a ciertas circunstancias no estoy de especial buen humor…-

-¿Q-que vas a hacer?- preguntó el exorcista agotado.

-Es muy sencillo. Quien altera el orden en las vidas de mis chicas atenta contra ellas mismas. Y a mis chicas no las toca nadie. NADIE!-

-¿?-

-¿Lo entiendes?- mirando al oni.

-GRRRRRRRRR-

-Me la trae al viento quien seas, no hay excepción posible…-

-No… No te pases de listo!- exclamo el sacerdote levantándose lentamente. El traje parcialmente roto, antojándose algo del material en su interior. La capucha cayendo al suelo, dejando libre su cabellera negra.

-Un momento… ¿Eres un pibon?-

-MUJER, soy una MUJER-

-No, eres un pibon… Ahora lo entiendo… ¡Serás cabrón!- mirando al oni con una sonrisa en el rostro –Así que persiguiendo pibones… Estoy tan orgulloso de ti!- exclamó el niño palmeando la pierna del oni.

-Eres un miserable engreído… Y no tienes derecho alguno a acabar con este demonio, es mi responsabilidad… Tanto por ella… como por mí-

Furioso, el ogro se giró, volviendo hacia la chica con su garrote alzado.

-Eh! Por bien que me caigas ya te lo he dicho, nadie pone en peligro…-

PAM

De un golpe con su antebrazo envió al niño volando, perdiéndose entre los arbustos de la ladera. Alarmada, Suzaku sintió su sangre hervir de rabia. La sacerdotisa concentró fuego en sus manos, liberando un hechizo en el rostro del ogro.

El oni chilló furioso. Apagando el fuego en su rostro con sus manos, rugiendo con furia, extendiendo su mano hacia la sacerdotisa. Juntando sus manos, la morena cantó su mantra, entremezclando sus dedos haciendo una extraña forma con ellos. Un pilar de fuego se alzó del suelo, quemando la mano del oni.

-Vas a pagar… por eso!- realizando más sellos, el pilar se dobló en el aire, impactando en su pecho.

La chica no se detuvo, decenas de sellos sobrevolaron al youkai, pegándose al suelo. Del mismo surgieron múltiples cadenas, atando al monstruo. La belleza morena saltó con otro sello en la mano, colocándolo en su pecho.

El monstruo se revolvió pero no se disolvió.

Sorprendida la chica se vio en mano del youkai, liberando su brazo, arrojándola a un lado con fuerza. La chica rodó y rodó antes de recuperar el equilibrio. Su brazo roto, sangrando por la boca, furiosa.

-¡No te dejaré ir! Lo juro por las vidas de todos los inocentes de los que te has alimentado! Por todos los pecados que has cometido en su nombre!- convocando un aro de fuego bajo sus pies, levantando una barrera frente a ella, incapaz de detener el golpe de garrote –No dejaré que tus acciones entristezcan su rostro! Y pagarás! Pagarás por haberle puesto… LA MANO ENCIMA!-

-DxD-

Chasqueando la lengua, Issei miró al cielo. La oscuridad de la noche no le dejaba ver las gotas de agua de caían sobre su rostro.

Una pequeña esfera brillante apareció su rostro, permitiéndole ver dos figuras junto a él. La posición de la luz impedía ver el contenido desde abajo… pero ya habría otras ocasiones para ver lo que escondían esas faldas…

-¿Soy la única que siente una mirada llena de lascivia sobre mis piernas?-

-He dejado que parte de su esencia se materialice, así que su auténtica forma de ser ha aflorado… Temporalmente…-

-¿Entonces Ise-tan es un pervertido?-

-El mayor de los pervertidos- respondió Gabriel.

-Quien lo iba a decir…- murmuró Serafall inclinándose –Pero aunque tenga gasolina de alto octanaje… No hay nada que alimentar-

-Eh! Sin insultar!- exclamó el niño levantándose de un salto.

-¿Me equivoco?-

-No llevo varios años aguantando palizas en el dojo y en las bibliotecas para que ahora venga una loli tetuda a decirme que soy un blando!-

-Yo no he dicho… ¿Loli tetuda?-

-Bien! Bien! Ese es el espíritu, Ise!- lo animó Gabriel -¿Entonces porque no vas y le hinchas a ostias?-

-¿Eso es un reto?-

Serafall los miró confundida.

-Sujétame el cubata!-

-¿Qué cubata? ¿Qué es eso?-

Arremangándose las mangas de la chaqueta, Issei lanzó varios puñetazos al aire…

-Aunque no sé cómo…-

ZUMMMMMMMMM

Alzando una ceja, ladeando la cabeza… Un objeto había aparecido justo frente a él.

¿Qué hacía eso… ahí?

-DxD-

Derrotada, hundida, agotada, adolorida. La sacerdotisa escupió la sangre acumulada. Maldiciendo al oni, negándose a mostrarle una sola lagrima, debilidad.

Alzada en el suelo, sostenida por la enorme mano del demonio.

Apretando los dientes al ver como el monstruo la levantaba, abriendo su asquerosa boca.

¿Iba a morir? ¿Iba a morir allí? ¿De esa manera?... Sola…

-Yo… Lamento haberos… Haberos decepcionado…- alzando la mirada.

-No se… Me pregunto… ¿Te vas a rendir así? ¿Tan rápido?-

-¡!-

Mirando a un lado, vio de nuevo al niño.

Esos ojos rojos que tanto… amaba. Su estúpida sonrisa… Y una katana en mano.

ZAS

-¡ARGHHHHHHHH!-

Temblorosa la chica se vió aterrizando en el suelo.

Soltándose con dificultad de la mano cercenada. Llena de dolor bajó la mirada, el niño se había colocado entre él y la sacerdotisa.

-Muévete medio milímetro y te reviento- advirtió el Hyodo alzando a Yamato.

El monstruo, irracional rugió con fuerza, blandiendo su porra.

-¿Puedes moverte?- preguntó el ojirrojo mirando hacia atrás.

-N-no… Lo siento-

-Muy bien… Preciosa… Estamos tú y yo. Solitos para darle de ostias a este irrespetuoso sinvergüenza… ¿Bailamos un poco?- siseó el niño retrocediendo una pierna, ladeando el cuerpo, tomando la espada desde atrás, horizontal, paralela a su hombro.

Mirándose a los ojos, el oni perdió la batalla de la paciencia, avanzando furioso con su porra en alto. El chico no tenía mucho margen de maniobra, no con la chica detrás. Entregándole su poder a la espada, Issei empezó a correr lanzando varias estocadas a las piernas antes de saltar, dando dos cortes más… Antes de que la porra tocase el suelo. Asestando cuatro golpes antes que el oni, detuvo por completo su avance, quedando en el aire… Lanzó otro corte, alcanzando de lleno el rostro del demonio. Aullando, lo golpeó con su brazo. Frunciendo el cejo colocó la espada en una pose defensiva.

FLASH

-¡!-

Parpadeando sorprendido, el niño se vió desplazado, sustituido en el aire por un shikigami, recibiendo este el ataque, Issei no perdió el tiempo. Con tocar el suelo se movió veloz buscando los tobillos del oni.

Movilidad y cortes precisos.

La sacerdotisa, intentando recomponerse, vio como el niño bailaba con el oni. Moviéndose con rapidez usando su estatura y reducido peso, el oni era incapaz de golpearlo. La espada, desconocida para ella, brillaba con las luces de las farolas, humedecida con la sangre del oni, el agua de la lluvia… cortaba la carne de la criatura como un bisturí cortaría una hoja de papel.

Desconocía esa hoja. Esa hoja que parecía una espada sobrenatural, cercenando la gruesa y maldita carne con la menor de las dificultades. Pero las capacidades sobrenaturales regenerativas superaban las capacidades ofensivas del niño. En la batalla de desgaste, el niño tenía las de perder.

Lanzando varios golpes, el niño empezó a retroceder, dejando que le oni destrozase el pavimento. El demonio era tan lento que no podría alcanzarlo. El niño no se podía permitir ser el único que se cansase…

Tragando saliva se distanció, dándole algo de descanso al demonio, que lo miró con fiereza.

Concentrándose, el niño envainó la katana. Gesticulando con la mano… La sacerdotisa abrió los ojos incrédula. Un círculo mágico se había formado a sus pies, el emblema carmesí de los Gremory.

Asustado, el oni avanzó lentamente, arrastrando su pesado cuerpo, ganando velocidad con rapidez.

-Arte Gremory… Antigravedad… Burbuja!- susurró Issei lanzando el ataque.

Extendiendo su mano libre, una pequeña esfera surgió del dedo índice, moviéndose con velocidad hacia el oni. Aparentemente inofensiva, la esfera se expandió violentamente hasta expandió varios metros de diámetro, empujando al oni sin piedad.

Suzaku observó atónita como el monstruo era desplazado sin dificultad.

Sin dejar respirar al oni, Issei tomó su espada, avanzando con rapidez, lanzando una estocada contra el cuello del derribado oni. Colocando la porra entre el niño y su rostro, Issei chasqueó la lengua al ver como su espada se hundía levemente en la madera. Gruñendo, el oni apartó el garrote, moviendo los apenas veinte kilos del niño sin dificultad.

Levantándose, Issei se relamió los labios.

Otro cara a cara… Envainó la katana. Concentrando los últimos vestigios de poder en el hechizo…

El oni empezó a correr de nuevo, preparando el garrote… Lo usó defensivamente cuando vió la esfera volar hacia él, ignorando la perversa sonrisa del Hyodo.

-Artes Gremory… Gravedad… Burbuja!-

Una onda expansiva sacudió el agua de la lluvia… antes de empezar a atraerlo hacia la esfera. Un agujero de atracción que empezó a engullir toda la materia a su alrededor. Sorprendido, el oni se vió de rodillas, intentando liberarse de la atracción de la esfera.

TAP

Deteniéndose en seco, el oni sintió un peso en su espalda. El niño estaba sobre él.

-Fuerte y resistente… ¿Entiendes cuál ha sido tu error?-

-Grrrrrrr-

-Si algún día regresas a este mundo… Recuerda a quien sirves, para que has venido… No para hacer daño… Sino para proteger…- susurró Issei desenvainando la espada una última vez.

La cabeza del oni aterrizó con fuerza en el suelo. Su cuerpo empezó a desvanecerse después. El niño tocó el suelo al instante. Con curiosidad vio como la espada se desvaneció igualmente, ya no quedaba poder en él del que alimentarse. Curiosa, igualmente, su presencia. ¿Había respondido a ese poder o la habían enviado? Si la habían enviado… ¿Quién había sido? ¿Habían enviado el arma pero no refuerzos? Llevándose una mano a la frente, Issei gruñó con fuerza.

-Los oni liberan toda su maldad cuando pierden su forma corpórea… Estar cerca de esa aura puede producir efectos nocivos como jaqueca…- dijo la exorcista avanzando hacia él.

El niño interrumpió su marcha alzando una mano, pidiéndole distancia, el cese de movimiento.

-Es mi estado no es conveniente que nadie se acerque…-

-¿Estas herido?-

-Te he dicho que te detengas!- exclamó el niño hincando una rodilla al suelo.

La exorcista tragó saliva, incapaz de mantener la distancia con el niño.

-Tu… Tu eres una exorcista… ¿Verdad?-

-S-sí, pertenezco a la casa…-

-Eso me da igual… Tengo un problema y creo que puedes ayudarme…-

-¿Qué necesitas? Así te agradeceré… La ayuda…-

-Yo… Necesito un… Una especie de exorcismo-

-¿Cómo? ¿El poder del oni ha entrado en tu cuerpo?-

-No… Es… Es algo que tengo dentro… Usar mi poder tiene consecuencias… Ahora necesito purgar este residuo fuera de mi cuerpo antes de que…-

-¿Ante de que hagas daño a alguien por ejemplo?-

-Algo así…-

-Hay técnicas… Primero tendría que analizar ese poder del que hablas y…-

-Te he dicho que te no te acerques!- exclamó el niño incorporándose, apartándose rápidamente.

-¿Por qué?-

-Porque eres una mujer…-

-¿?-

¿Cómo la había reconocido? El uniforme era unisex, camuflaba perfectamente sus curvas y cubría todo su cuerpo… ¿La había reconocido por la voz quizás?

-¿Y eso que tiene que…?-

-En este estado soy peligroso para cualquier mujer… Créeme…-

-Eres un… Como vas a ser…-

-¿Si no te acercas no puedes ayudarme?-

-Pues…- desviando la mirada –Estas de suerte…-

-¿Por qué?-

-¿Sabías que a esta montaña se la conoce como la montaña del dragón?-

El joven Hyodo la miró extrañado.

Ciertamente… Shuri había mencionado algo al respecto…

-DxD-

Rascándose la nuca, el niño miró a la exorcista con incredulidad.

-¿Esto?-

-Estas termas son únicas. Se nutren del poder natural de la montaña…-

-Termas al aire libre… ¿Por qué Shuri no me habló de ellas?-

-Son sagradas… Purificarán tu poder-

-¿Qué?-

Eso no le hacía gracia. ¿Y si afectaba a la espada? O peor… A la pieza demoniaca en su interior…

-Estas termas las usan las sacerdotisas antes de iniciar sus prácticas… y después-

-¿Por qué?-

-…-

-¿Por eso Shuri no dijo nada? ¿Qué pasa con ellas?-

-En el Shinto… Las sacerdotisas toman esa energía y aura en su cuerpo…-

-¿Qué?-

-Purifican sus cuerpos antes y después de absorber ese poder…-

-Ah… Entiendo… ¿Y cómo lo hacen?-

-Eso es un secreto… ¿Cómo tienes la poca vergüenza de preguntar eso?-

¿Había dicho algo raro?

La exorcista había reaccionado con agresividad… Algo extraño dada la aparente buena actitud hasta el momento…

-¿Y qué… Que tengo que hacer?-

-Bañarte, el agua hará lo que tenga que hacer-

-Con ropa o…-

-Estas son aguas sagradas! Bastante ofensa es que alguien como tú las toque! Si te bañas con ropa pongo a…-

-Vale, vale… Me ha quedado claro… Te aviso, soy un niño. Si te pilla la policía con un niño desnudo en un baño público te va a caer una buena…-

Ruborizada, la exorcista se dio la vuelta, sentándose en el suelo.

-¿No te vas?-

-E-estas aguas son sagradas! No puedo… No puedo dejarlas a su suerte, a saber que harás en ellas!-

El niño alzó las manos levemente.

-¿Qué quieres que haga en ellas?- rascándose la barbilla -¿Orinarme?-

-H-haz eso y te juro que te mato!-

-Bueno bueno… No te pongas así… Pedobear-

-¿Qué me has llamado?- exclamó la exorcista girándose… Quedándose sin palabras.

El niño, desnudo, se mostró ante ella con las manos en la cintura y una sonrisa triunfal.

-Si te gusta lo que ves es para llamar a la policía-

Tomando uno de los cubos de madera… La exorcista realizó un brillante ejercicio olímpico de arrojado de objeto rígido en cara de gilipollas.

-DxD-

Aclarándose el jabón de la cabeza, el niño revisó sus alrededores.

-Ya me he lavado… ¿Ya debería de estar no? Digo… Creo que es lo básico en cualquier baño japonés… ¿Hay que hacer algo más en una terma sagrada?- alzando la mirada, mirando a un costado… La sacerdotisa, de espaldas, no reaccionaba.

Encogiéndose de hombros el niño entró en las termas, caminando lentamente hasta alcanzar el centro.

Curioso vió como el agua empezó a burbujear al tocar su piel, liberando vapores blancos.

-Curioso…- susurró el niño metiendo una mano en el agua, produciendo igual efecto.

Sentía como sus emociones se iban reduciendo, muy ligeramente, pero funcionaba.

-¿Cuánto tiempo debo estar? Me preocupa dejar seca la terma…-

-No nos ofendas. El poder del agua procede de la montaña, no se acabará porque te des un baño-

-Mmm… Bueno saberlo-

Estudiando el agua, a simple vista no veía que fuese un peligro inmediato. No sentía dolores ni aviso alguno en su cuerpo… Decidido se dejó caer, expectante. Si notaba algo raro con la espada o con la Pieza saldría corriendo de ahí…

Lejos de cualquier dolor, una deliciosa sensación recorrió su cuerpo. El agua caliente masajeaba sus cansados músculos…

-Que gustazo…- ronroneó Issei sonriente.

La exorcista lo miraba de reojo, incrédula al ver la cantidad de vapor que surgía de las termas. El poder a purificar era inmenso. Nunca había visto una reacción tan fuerte. Volviendo la vista al frente, la chica se levantó de un salto.

-¿Pasa algo?-

-Viene alguien…-

-¿Qué? No me jodas!- exclamó Issei levantándose de golpe, buscando su ropa con la mirada.

Perplejos, los dos combatientes vieron como una figura se acercó a ellos entre las sombras de la noche, deteniéndose al alcanzar las piedras que formaban los límites de las termas.

A Issei se le cayeron los huevos al suelo. Frente a él estaba la hija de Shuri, completamente mojada, con los ojos vacíos, carentes de toda voluntad pero extrañamente fijos en él. Llevándose las manos a la cabeza, Issei lloró internamente.

Se había olvidado completamente de la niña! ¿Cómo había podido pasar eso? Por algún motivo se había centrado en la exorcista desconocida, centrándose en el oni olvidando que la niña era a quien buscaba!

-Tenshi! ¿Estás bien?- exclamó Issei caminando hacia la niña.

Ladeando la cabeza, Akeno empezó a desvestirse.

-Esto… Akeno?-

Completamente desnuda, la morena alzó sus brazos, el niño entendió que quería un abrazo. Acercándose con lentitud… La Himejima se lanzó a sus brazos, derribándolo por sorpresa. Cayendo dentro del agua, el niño intentó incorporarse con dificultad, retrocediendo hasta alcanzar la piedra central, jadeando pesadamente, tomando aire, mirando a la aprendiz de miko sorprendido.

En una especie de trance, Akeno lo tomó del rostro antes de besarlo con fuerza, posesivamente. El Hyodo abrió los ojos, la niña le estaba metiendo la lengua hasta la garganta!

-MmmMmmMMMM!-

Subiéndose sobre su cuerpo, Akeno mantenía su ataque posesivo sobre el niño.

-Akeno-chan!- exclamó una tercera voz.

Separándose levemente del niño, la morena giró la cabeza, mirando sin reaccionar como una mano se colocaba en su frente.

Al instante cayó desplomada.

El niño no sabía que pensar, mirando primero a la niña luego pasó a mirar al recién llegado… Alzando una ceja al instante.

Una absoluta belleza con su cuerpo apenas cubierto por una toalla.

-¿Qué haces tú aquí?-

-¿Disculpa? Más bien que haces tú con MI PRIMA besándoos como locos en una TERMA SAGRADA!-

-Ehhhh! Controla tu envidia!-

-¿Mi envi… ¡Suelta a Akeno! Pervertido!- tomando a Akeno en brazos, sin importarle que su toalla acabase en el agua.

Inspeccionando su rostro, la dejó en un rincón.

Apenas había reacción en el agua para ella. Las termas habían purgado sus emociones…

-¿Qué le ha pasado? Nunca la había visto tan…-

-Pasa que eres una pésima influencia!- exclamó Suzaku mirando al chico enfadada.

-¿Qué? ¿Qué he hecho yo?-

-Si Akeno-chan esta así es por tu culpa!-

-¡Que dices!-

-La pobre lleva demasiado tiempo absorbiendo tu porquería de esencia!-

-Eh! Sin insultar!-

-¿Cómo puede un niño como tu ser tan degenerado?-

-Eh! Tetas respingonas! Más respeto!-

-Encima malhablado e irrespetuoso… ¿Qué más se podría esperar de alguien como tú? No sé cómo Shuri-dono te deja estar cerca de ella!-

-Me deja porque es una madre amorosa que tiene buenos ojos para con los demás. Que me tiene en buena estima y en general, piensa mejor que tú de los demás!-

-Mírala y dime que miento!-

-Ahora que sé que estas termas tienen este efecto… ¿Akeno se estaba comportando así por…?- mirándose las manos.

-Esta pobre niña es especialmente sensible a tu poder… Y hablando de él… ¿En serio, cuanta degeneración tienes en tu interior?-

-Infinita. Inagotable. ¿Estas interesada?-

La ceja de la morena empezó a temblar.

-Que haces aquí, escandaloso pibon-

-Mi nombre es Suzaku, degenerado-

-No me has respondido, escandaloso pibon-

-Shuri-dono me ha llamado. Estaba preocupada por Akeno-chan!-

-¿Te ha llamado?- alzando una ceja.

Sabía que la morena mentía… Pero no sabía en qué.

-Me ha llamado-

-Y estabas en la isla-

-Por eso me ha llamado!-

El niño no se creía nada.

-Ya…- volviendo su mirada a los alrededores. La exorcista se había marchado…

-¿A quién buscas?-

-Otra pregunta… ¿Esos melones, me los ofreces? Porque así expuestos… Es lo que parece!-

Sonrojada, Suzaku no vio motivo alguno para taparse, mirándolo con fiereza inspeccionó al niño antes de llevarse una mano al rostro.

Se sentía como aquella vez en…

Bajando la mirada, la joven se sonrojó aún más.

-Mira… Puede que te suene un poco extraño… Pero no estoy aquí por casualidad…- pasando la mano por la superficie del agua –Necesito quedarme un rato más, lo mejor sería que tomases a tenshi, la llevases a su casa…-

La morena la miró pero no dijo nada.

-Tienes sangre youkai…- siseó la morena seria.

-¿Youkai? Si y no… No es youkai… Y no es mi sangre precisamente… rascándose la frente.

-Estas termas son solo… Son un tratamiento auxiliar-

El niño alzó los brazos levemente, gesticulando sorpresa.

-Pero la…- desviando la mirada –Me ha dicho que estas termas sirven para purificar cuerpos!-

-Los de las exorcistas, si. No los originarios-

-¡!-

-Purifica nuestros cuerpos, no los vuestros, de ser así sería mucho más sencillo enviaros aquí, no crees?-

-…-

-Entonces…- suspirando pesadamente.

-Yo… Yo soy una Himejima!-

El niño no la escuchaba.

-Iré a dejar a Akeno… Quizás no sea una exorcista en funciones… Pero podría…- jugando con algunos mechones de cabello, nerviosa –E-enseguida vuelvo!-

Girándose, la adolescente tomó a su prima en brazos, saliendo de las termas… Alejándose a paso rápido.

Issei no la había escuchado. Ensimismado en sus pensamientos se quedó mirando el agua.

Tenía un problema.

Un problema logístico. Tenía el poder, pero este poseía un severo inconveniente. Un efecto colateral tan ridículo como inverosímil. Algo que potencialmente podría avergonzar a los Gremory, algo que los religiosos Shidou no deberían de ser saber nunca.

Sintiendo la excitación recorrer su cuerpo nunca diría que era algo malo, ni se avergonzaba ni pretendía buscarle una cura.

Gabriel… Grayfia… Todos le estaban diciendo que en lugar de rechazarlo… Tenía que aprender a convivir con ello.

Y estas termas… No tenía del todo claro…

Por la reacción de Akeno… De Suzaku… Estas termas no estaban aligerando su carga, la estaban extrayendo de su cuerpo, vaporizandola… Todo ese vapor era un afrodisiaco enorme!

Tenía que irse antes de que la morena volviese! Volvería a casa, buscaría a Gabriel y… Y…

Su semental había vuelto a las tierras de los sacerdotes… Era una visita recurrente.

Su cachorro había desarrollado cierta empatía con la infante, una receptáculo especialmente sensible a su energía. Un hecho incluso perturbador si se contemplaba la existencia de la otra Himejima. Idéntica en aspecto, igualmente sensible a su presencia, voz, autoridad y poder.

Como youkai era capaz de percibir mucho, como nekoshou sus habilidades iban más allá, dejando en ridículo las sospechas de los demonios, sabiendo claramente, que eran certezas.

Ese niño era un prodigio de la naturaleza.

Y ese prodigio era el que tenía que poseer, someter y hacer que se estableciese, con ella, en su aldea…

Sentada en una de las ramas de los árboles que decoraban las termas, la joven morena observaba, como siempre, a su presa.

El delicioso bocado a sus ojos. Joven, tierno y maleable, pero duro y dominante… Su simple existencia suponía un problema para su salud mental.

Una gata que intentaba dar caza a un dragón.

El orden natural dictaminaba que la gata debería estar bajo su servicio, sirviéndole como fuese menester… Pero ella era un espíritu libre, se negaba a estar a su disposición.

No… Kuroka iba a capturar a ese semental y lo iba a entregar como varón a su aldea, así podría cumplir con su obligación y facilitar una fuerte descendencia para su casi extinto pueblo.

Para ello debía mantenerse constantemente alerta… Exponerse demasiado a su aura nublaría su mente, alteraría su química cerebral… La haría irremediablemente receptora a todo su ser.

Por eso tenía que…

Tenía que…

Su cola empezó a moverse, sus pupilas se dilataron, su respiración se aceleró.

Demasiado tarde, entendió que se había expuesto al vapor…

-¿Tienes prisa?-

-¿?-

Girándose, Issei vio a una joven morena relajada en el agua. Ojos dorados, rostro fino y hermoso. Orejas de gato negras…

¡Youkai!

-Nyaaaaa-

-Disculpa, no sabía que estabas aquí…- girándose, dándole la espalda.

-Yo si… Siempre procuro mantener la distancia… tu aura es demasiado intensa… Y yo demasiado sensible… Nya-

-¿?-

-Pero este vapor me ha atrapado… No podía irme…-

Intrigado, el niño se volvió a girar. La chica no estaba.

Moviendo a lado y lado.

-Hace algunos años que debería de haber entrado en celo… Pero nunca lo he tenido…-

Abriendo y cerrando los puños, Issei se mantuvo alerta. Esto se estaba poniendo peligroso…

-Siempre que estoy cerca de ti mucho tiempo… Lo había mantenido a raya, nya…-

-¿Quién eres? ¿Qué quieres?-

-Las nekomata solo pueden tener a un varón en sus vidas… ¿Eres tu ese varón?-

-Mira, no sé quién eres… Pero te estas…-

-Muéstrame que sabes hacer- siseó la voz, tras él, acariciando su espalda.

-¡!-

Desplazando su dedo índice al cuello, la nekomata liberó una pequeña carga de ki.

El niño empezó a jadear pesadamente, arrodillándose.

-He liberado tu mente de sus ataduras…- ronroneó la morena rodeando a paso lento su cuerpo hasta colocarse al frente, acariciando su rostro –Mi cachorro… Mi semental… Antes de ser mío para siempre, antes de llevarte a la aldea debes demostrarme que eres quien quiero que seas… Nyaaaaa- lamiendo su mejilla lentamente.

Desafiante, Issei alzó su mirada.

Relamiéndose los labios, la nekomata se inclinó, besándolo dulcemente.

-Llama a Gabriel… Abusa de ella… Todo lo que le hagas a ella… Te dejaré hacérmelo a mí… Nya-

Separándose del niño, la morena se marchó como llegó, en silencio y sin dejar rastro.

Jadeando pesadamente, el niño se llevó una mano al pecho, alzando la mirada.

-G-Gabriel-

Al instante la rubia apareció sobre él, expectante, complaciente.

-Una vez me dijiste que me servirías…-

-Y lo haré-

-Entonces… Cumple tu palabra-

Sonriendo hermosamente, Gabriel se deshizo de toda prenda de ropa antes de entrar lentamente en el agua.

Sin dudarlo se acercó al niño, envolviéndolo con sus brazos… Mientras cierta gata los observaba desde la base de una rama.

Para cuando Suzaku volvió a las termas, no quedaba nadie.

Frustrada empezó a golpear repetidamente el suelo con sus pies.


-Casa Gremory – Fukuoka-

-Hemos hablado de las responsabilidades y del poder político. También hemos hablado de las Piezas Demoniacas y sus características…- empezó Heinrich apoyado en su mesa, mirando al joven estudiante con atención –He considerado importante empezar con ellos dada la importancia que tienen para un demonio de alta cuna. Si recuerda, hemos hablado constantemente de términos absolutos. Y pese a que en esta casa, por ejemplo, tenemos cientos de miles de esclavos que han de obedecer sus palabras, cuántos de ellos lo son de corazón?-

-Apenas unos pocos-

-A lo largo de estos meses hemos aprendido el valor de los diferentes contratos, de cómo estos condicionan la mente, el cuerpo y hasta el alma según la perspectiva… ¿Pero eso garantiza fidelidad?-

El niño suspiró pesadamente.

-Entiendo que las Piezas son el contrato absoluto y que solo los siervos directos son dignos de la absoluta confianza-

-Correcto, parcialmente. Las Piezas son, muy posiblemente, la decisión más importante que debe tomar un demonio de clase alta. Son quince presencias, como máximo, que te acompañaran toda la vida. Las modificaciones son absolutas, no hay vuelta atrás. El demonio de alta cuna ha de planificar a cientos o miles de años vista, con criterio y sangre fría, puesto que ellos serán su equipo personal, sus confidentes, sus amantes. A quienes pondrá su vida a disposición-

-¿Por qué amantes? Lo de socios y camaradas lo entiendo… Quiero decir, sé que al ser un contrato absoluto se sobreentiende que implica la fusión de contrato laboral y sexual pero… ¿Por qué ha dicho que era parcialmente correcto?-

-Porque lo es. El contrato social más importante del Inframundo no son las Piezas Demoniacas. Lo son el Contrato Regio, el Bafomet y el Geis-

El niño anotó los tres conceptos en su libreta.

-El Contrato Regio se aplica a los barones, nobles herederos. Un hechizo imbuido en la Pieza del Rey que sella todo deseo de apareamiento y afecto indistintamente por el sexo masculino o masculino-

Issei alzó una ceja, no le había gustado lo que había oído.

-El Bafomet es un objeto físico en el que se sellan lo mismo pero en las doncellas de la familia, quien posea ese objeto posee a la doncella-

-¡!-

-El Geis son sencillos contratos entre dos partes, sencillo pero absoluto. Contratos válidos para una única acción que se sobrepone a cualquier contrato mercantil o sexual entre demonios-

-¿Sobrepone al contrato de las Piezas?-

-No. Pero es usado, normalmente, para cometer actos de traición o espionaje entre demonios con cierta influencia. Serviría, por ejemplo, para hacer que cualquier doncella de servicio del castillo informase de forma regular a los enemigos de la familia-

-¿Es indetectable?-

-Los contratos influyen de forma subjetiva en el demonio. Él mismo no es consciente de lo que hace hasta que lo hace, tampoco recuerda por qué ni el cómo. La peor parte, moralmente hablando, es que suelen ser firmados mediante presiones o extorsiones-

-…-

-Ahora bien…- caminando hasta la mesa auxiliar, preparándose un té con calma -…-

-Cuando cumpla doce años padre y madre sellarán mis sentimientos… No podré desarrollar relaciones nuevas… ¿Es eso lo que quieres decir?-

-Podrás, pero no excederán lo que comprendemos como amistad, lealtad… fraternidad quizás. De lo contrario, tu hermano por ejemplo, no podría quererte como hermano-

El niño lo miró con seriedad.

-Y eso… Quiero decir…-

-Hay un número máximo. Treinta. Treinta son las posibilidades de un demonio de alta cuna de romper las barreras sociales. Quince voluntarias, quince que dependen de la familia en cuestión. Quince pueden exceder la camaradería, las piezas, son fundamentales para establecer relaciones de auténtica lealtad… Las relaciones que dependen de la familia son de otra índole. Son estrictamente sentimentales y sirven para forjar alianzas, alianzas matrimoniales. Esas son las alianzas que más poder tienen en nuestra sociedad… Son un intercambio, una de las joyas del varón… con el Bafomet de la hembra- sorbiendo más infusión –El Bafomet, a diferencia del Regio, es único. Un solo objeto, a elección de la familia, que contiene los derechos naturales, políticos y biológicos de la doncella. Quien posea ese Bafomet tendrá poderes absolutos sobre ella. Podrá tratarla como desee, matarla incluso… Un ritual de lo más perverso… Todo junto es una de las cosas que más me costó de comprender… Un choque cultural sin duda…-

-Un momento, un momento! Me estás diciendo que con doce años sellarán los sentimientos de mi hermana y que a partir de entonces cualquier descerebrado podrá ganarse el derecho a poseerla pudiendo hacer con ella lo que quiera?- siseó el castaño peligrosamente.

-Así es. Para su uso y disfrute. Desde ser su esposa a ser su esclava. Cuidarla o maltratarla. Y usted, como miembro de la familia, lo respetará-

-Y UNA PUTA MIERDA!-

El demonio escondió su sonrisa tras una máscara de indiferencia.

-Mucho me temo que su opinión no es relevante, señorito-

El niño se levantó de su silla, envuelto en un aura como nunca antes.

Heinrich sonrió al ver como Ascalon no era capaz de contener su poder… La furia le indicaba hasta qué punto el señorito estaba vinculado emocionalmente con la señorita… Algo que Zeoticus agradecería escuchar.

-Me alegra saber que se preocupa por el bienestar de la señorita… Pero no sé si entiende el alcance de sus palabras… Y de sus acciones-

-Ria-tan es mía, de nadie más-

-Suya eh…- sonriendo perversamente, algo extraño y aterrador en él –Cuando la señorita cumpla doce años el señor elegirá un objeto. Aquel que demuestre más valor podrá ganárselo en combate…-

-Con doce años no esperarás que luche…-

-Ella lo esperará, su familia lo esperará… Los demás nobles lo esperaran-

-…-

-Aunque la señorita tuviese la bondad de ofrecértelo… ¿Cómo lo retendrías?-

-¿Perdona? ¿Retener?-

-El Bafomet es un objeto físico… No puede ser robado. Pero si puede cambiar de manos, de dueño-

-¿A qué viene esa sonrisa?-

-¿Le pasa algo a mi sonrisa?-

-Tú no sonríes. Eres un friki de los conocimientos. Sonríes por algo-

-Soy tu profesor particular y ante mi acaba de surgir una posibilidad única e interesante-

-¿De qué me hablas?-

-No, no. Esa no es la pregunta. La pregunta que tienes que hacerte y responder es… ¿Qué estás dispuesto a hacer para mantener ese Bafomet entre tus manos?-

-Habla claro. Profesor-

-¿Quieres que hable claro? Hablaré claro- separándose de la mesa, caminando hacia el niño –Tienes dos años para prepararte, física y mentalmente. Aprender todo lo que puedas aprender. Pulir todo lo que haya que pulir. Desarrollar todas las habilidades que te sean enseñadas y suplicar por más tiempo, más poder, más conocimientos… Y formar un equipo-

-Espera. ¿Un equipo?-

-Evidentemente. No puedes pelear solo… ¿Quieres proteger a la señorita? Entonces debes de hacer todo lo dicho-

-Pero eso es imposible! Haz números! Ria-tan es mayor que yo! Para cuando yo reciba mis piezas ella puede que ya haya tenido que combatir!-

-Una vez dijiste que tu hermano mayor era insuperable… Que no había manera de superarle…-

-No te entiendo-

-A los doce años recibirás tus piezas. No he dicho que no puedas hacerlo antes-

-Haberlo dicho antes!- exclamó molesto, dándose la vuelta -¿Qué hay que hacer?-

-Hablar con tus padres y convencerlos… ¿Pero estas seguro?-

-¿De salvar a Ria-tan? Por supuesto-

-Si estás seguro de pagar el precio-

-…-

Si pides tomar las piezas ahora… Despídete de formar nuevos vínculos, jovencito-

-…-

-Si tomas las piezas, despídete de formar ese harén con el que tanto sueñas-

El niño empezó a sudar frio.

-N-no sé de qué hablas-

-Eres un hombre. Por niño que seas… Eres muy fácil de leer… Dragón de la Lujuria-

Issei rodó los ojos nervioso.

Molesto se dejó caer en su asiento.

Gabriel… Serafall… Irina… Akeno… Con eso tendría que bastar… Para toda la eternidad?

-Ria-tan me proporcionará a las mejores mujeres-

El demonio lo miró sorprendido.

-Su precio por la libertad, así que… ¿Contigo será suficiente?-

-No. Si quieres alcanzar esa meta… Deberás de aprender de alguien más-

-Venga, que venga, Aquí le espero-

-No. Serás tú quien vaya a verla-

-¿Verla? ¿A quién?-

-A quien le debes la vida-

-¿?-

-DxD-

Mirando a lado y lado… Issei se rascó la nuca. Heinrich lo había enviado a un castillo, pero cual era… Los había a cientos. Los cientos de miles de kilómetros cuadrados de territorio hacia poco menos que imposible distinguirlos con facilidad.

El castillo, a simple vista, era antiguo, muy antiguo. Pese a que contaba con reformas visibles, las pesadas piedras de las paredes habían visto muchas lunas…

-Señorito… Buenos días! ¿Al fin ha venido a visitarnos?- preguntó una de las sirvientas sonriente, cargando con un carro lleno de artículos varios.

-Buenas tardes, onee-sama!- exclamo el niño corriendo a trote hasta la mujer, abrazándola con fuerza.

Divertida, la sirvienta acarició su cabello.

El niño siempre había sido así de afectuoso con todas las sirvientas. Atento y considerado, siempre educado y amable, el servicio entero lo servía con devoción.

Para los siervos Gremory, ese niño era un señor más. El siguiente líder si los rumores de prensa rosa eran ciertos…

-Mucho me temo que Heinrich me la ha jugado…-

-Jejeje. Lo dudo mucho, señorito. Esta donde debe estar-

-¿Por qué lo dices?-

-Nadie llega aquí por casualidad, señorito-

-¿Dónde me ha llevado ese cabrito?-

-Señorito. Ahora mismo se encuentra en el Primer Castillo-

-¿Lo cualo?-

-Jejeje. Se encuentra en la Montaña Solitaria, señorito-

-¿El… que?-

-Sígame, por favor- indicó la sirvienta empezando a caminar por los pasillos, abandonando la sala de transporte.

Confundido, el niño lo siguió a medio trote hasta alcanzarla.

-Como bien sabrá, muchas de las fronteras de los terrenos de la familia tocan con propiedades de familias extintas… Esas familias antaño existían y contábamos con relaciones comerciales con ellos. A diferencia de ahora que toda estructura se construye encarando al norte, a la gran capital, la familia empezó edificando en el sur-

-¿Estamos al sur entonces?-

-Hace miles de años, el señor Runeas consideró que esta montaña sería un buen lugar para levantar su fortaleza… Al ser la única montaña en decenas de kilómetros a la redonda ofrecía unas excelentes vistas… Se pasó cientos y cientos de años cavando y ampliando las dependencias-

-¿Todo esto… es roca cavada?-

-Jejejeje. Los terrenos Gremory están llenos de cuevas y construcciones subterráneas… A los señores siempre les ha gustado perforar y crear auténticas obras de arte en forma de exteeeeensas galerías-

-Me parece increíble…- murmuró el niño acercándose a una de las ventanas. Frente a él se extendía el basto horizonte.

-Antes había ciudades cerca… Pero eventualmente se trasladó toda edificación al norte… los señores querían descanso-

-¿Runeas?-

-Ah, no, no… Él… Eso es algo que una sirvienta no debería de decirte, no es de mi incumbencia-

-Pero vosotras lo sabéis todo… Vamos, dime, dime!-

-No, no. Señorito. Para eso se le ha traído aquí!-

-Vamossss…- abrazando a la sirvienta.

-Todo recto, señorito! Y dese prisa!-

-¿Qué pasa? ¿Para qué he venido?-

-Todo recto, señorito!-

-Buuuuuu-

Dejando a la sirvienta atrás, el castaño recorrió el pasillo hasta dar con las puertas. De madera, inmensas y decoradas con gravados dorados.

Tomando los pomos… Issei tiró con fuerza, abriendo las puertas lentamente.

El crujir de la madera resonó por toda la sala que se abría a su paso. Una inmensa sala maravilló su vista.

Múltiples mesas, sillones y lámparas de cristales colgando del techo sobre decenas de moquetas de delicada seda.

Una de las paredes eran cristaleras, integras. Abiertas de par en par, la suave brisa recorría la sala.

No había nadie…

Desviando la mirada, el niño se encaminó a la terraza, como no, enorme.

Una sencilla mesa redonda con dos sillas. Una mesa auxiliar con té y pastas. Una mujer sentada con una sirvienta esperando pacientemente de pie a su lado.

-Puedes dejarnos- dijo la mujer, de largo cabello rojo, vistiendo un largo traje blanco, de espaldas al niño.

-A sus órdenes- confirmó la mujer con una reverencia, alejándose a paso rápido, pasando por el lado del Hyodo con una sonrisa.

A esa sirvienta no la conocía.

Volviendo su atención a la demonio, el niño suspiró pensativo.

La mujer era poderosa, y anciana… Una Gremory… Pero Zeoticus nunca le había mencionado…

-Te has tomado tu tiempo para venir… ¿Por qué no te acercas y saludas a tu abuela?-

-¿?-

La anciana se giró, sonriendo alegremente.

Anciana por edad, mas no por apariencia. Si bien no compartía el rostro joven de Venelana, el rostro libre de arrugas y marcas de edad denotaba que joven ya no era.

Su porte, recto, denotaba dignidad y orgullo. Perfectamente podría pasar por la madre de Rias… Una Rias madura…

-B-buenos días… Yo…-

La mujer se llevó una mano al rostro, cubriendo sus labios con su manga.

-¿Desde cuando eres tan vergonzoso?-

Ligeramente irritado avanzó hasta colocarse a una distancia prudente pero dentro del ángulo de visión de la mujer.

-¿Lord… Lady Runeas Gremory…?-

Incapaz de contener la risa, la demonio rio con fuerza, inclinándose con fuerza.

El niño rodó los ojos, ofendido.

¿Qué era tan gracioso?

-¿Pero qué demonios te ha enseñado mi hijo?-

-¿Su hijo?-

-No cariño, no soy mi padre… Mi nombre es Chysis… Chysis Gremory. Hija de Runeas Gremory, madre de Zeoticus Gremory… Tu abuela-

-¡!-

-Acércate, déjame verte-

Dubitativo, el niño se acercó a la demonio. La mujer, visiblemente emocionada, tomó su rostro, inspeccionándolo con detenimiento.

-Serás un joven apuesto… Las frutas están haciendo de ti un ejemplar magnifico… Mi nieta estará contenta… Y mira que ojos… A saber que maravillas son capaces de ver, que verán con el paso del tiempo… Y tu aura… Oh, chico, tienes que poner un poco de orden en tu interior…-

-¿?-

-Tu poder natural es una delicia… Gran trabajo el de la niña diosa… Pero las prisas no son buenas… Zekram siempre ha sido un hombre de poca paciencia, no tenía que haberte dado la Pieza del Rey tan pronto… Eso provocó que tu amante te diese a Ascalon. Eso contiene tu poder, pero no te deja crecer… Tendrás que ponerle remedio pronto. Mucho más pronto de lo que piensas…-

-… Parece que sabes mucho de mí… No es justo. No sé nada de ti-

-Jijiji. Cuando vives tanto… Incluso tus hijos se olvidan de ti…-

-No tengo a Zeoticus por mal hijo… Diría-

-Y no lo es. Son cosas de seres con longevidad extensa, querido…- tomando sus manos entre las suyas –Me alegro mucho de haberte conocido al fin…-

-¿Al fin?-

-Mi padre me contó muchas historias de ti… De cuando os conocisteis…-

Issei alzó una ceja, sus oídos le debían de estar pasando una mala jugada.

-Pero no hablemos de eso… Es enrevesado y no viene a cuento… Mejor siéntate, por favor-

Haciendo lo dicho, el niño tomó una taza de té directamente de sus manos, volviendo la vista al frente.

Frente a él se extendía el inmenso campo verdoso de los terrenos de su familia.

-Llevo esperando por ti mucho tiempo. Te he estado vigilando desde que naciste… Lamento mucho no poder hacer nada por la muerte de Gorou y Miki… Quiero que sepas que están en mis pensamientos…-

-¿Sabías del accidente?-

-Sabía que habría un catalizador. Se necesitaba un cambio brusco en tu vida… Lamento que haya sido su pérdida…-

-Entonces… ¿La llegada de Venelana no fue casual?-

-No mires a tu madre… Es con mi nieta con quien tienes el mayor de los vínculos… Tú la llamaste, ella acudió a ti…-

-Yo no lo llamé-

-Lo hiciste, solo que no sabes que lo hiciste…-

-…-

-Pero si le pedí a mi hijo que no te mantuviese lejos, no por mi pequeña y dulce nieta, sino porque sabía que más pronto que tarde vería en ti al hijo que Sirzechs no pudo ser… Hasta considerarte, de pleno sentimiento, como a su propio hijo…-

-Entonces todo ha sido cosa tuya…-

-Es lo que me pidieron que hiciese, y admito abiertamente que lejos de ser una carga, ha sido un gozo-

-Que fraude… Entonces todo ha sido un fraude…-

-Mi padre, hace miles de años me dijo que un día llegaría un niño a las puertas de nuestra casa… un dragón de ojos rojos… Y que su presencia sería un regalo del destino. Un regalo de la vida para nuestra descendencia. Una presencia de la que no podíamos privarla… Porque ni tu, ni yo ni mi nieta sabemos completamente todo lo que podéis llegar a alcanzar…-

-¿Para la familia?-

-Para vosotros… La familia bien se puede quedar en manos de mi bisnieto…-

-…-

-Pese a mis palabras no quiero que te quedes con la impresión de que eres alguien ajeno a mi familia… Soy tu abuela a fin de cuentas, quiero que me trates como tal… Y si puede ser, que me quieras como a una-

-…-

-Y me siento muy orgullosa de ti… La vida me ha premiado con unos magníficos nietos…-

-Magnifico magnifico…-

-Sirzechs no mataba demonios orientales con nueve años…-

-¿Cómo sabes eso?-

-¿No te he dicho que llevo cuidando de ti desde que eras un bebe?- sonrió la demonio alzando una mano.

Un destello de luz dio paso a un objeto conocido.

Issei abrió los ojos sorprendido.

-Yamato… ¿La enviaste tú?-

-Ella quiso ir…- tomando la espada por su funda, acariciando la vaina, dejándola en la mesa.

-Zeoticus le tiene mucho cariño… Aunque…-

-¿La ves diferente?-

-Si… Es… ¿Más brillante?-

-Sabía que tenías buenos ojos… El ejemplar que tiene mi hijo en su salón es una elaborada copia, pero una copia- mirando la espada con dedicación –Yamato es una hoja única, y tiene una historia curiosa… Mi padre me dijo hace mucho que fue un obsequio de sacerdotisa de otro mundo… El mango y los adornos han sido repuestos con el paso de los siglos… ¿Me creerías si te dijese que en más dos mil años de intenso uso nunca ha sido afilada?-

-¿Tantooooo?- mirando la hoja con curiosidad -¿Y de que planeta? ¿De Asgard?-

-No, querido Issei. No proviene de ningún Reino sostenido por el Yggdrassil… Estas sacerdotisas venían de otro lugar, muy lejos, en algún punto de la inmensidad de la Grieta Dimensional… Y fue un regalo. Un regalo para alguien que aún no ha aparecido… Un dragón-

El niño lo miró sin mucha fe.

-Los dragones son animales, aunque sean algunos antropomórficos no usan armas… Y menos una tan canija, para su tamaño-

-O grande, es una espada muy grande para la niña diosa-

-Puede… ¿Sabes Sirezchs que la suya es…-

-¿Una trabajada imitación? Por supuesto que lo sabe…- volviendo la mirada al niño –Yamato siempre ha sido una dama muy caprichosa… Padre me contó que les fue entregada como presente a una civilización ya extinta… El Dios de la Biblia la obtuvo de alguna manera… Siendo robada por Lucifer pensando que era un arma que cambiaría el rumbo de la guerra, que le permitiría ganar en su particular rebelión… Esta niña mimada ha ignorado sistemáticamente a todos aquellos que la han sostenido hasta que de joven reaccionó de alguna manera a mi… ha sido mi fiel compañera más de mil años… Hasta que vi como reaccionaba a ti…- dejando la espada frente al niño.

-Los archivos del castillo dicen que esta espada era el regalo de Lucifer…-

La anciana empezó a reír divertida.

-¿No es cierto?-

-Por supuesto que no es cierto! Como te lo resumo… Hace miles de años, Lucifer abandonó el Cielo y encontró en un ser que vivía en el inframundo una manera de escapar al control de su padre y ser un ser nuevo… Usando ese conocimiento empezó a experimentar. Tomó el control sobre las tribus primitivas y aisladas que poblaban estas tierras y a los más devotos, les confirió poderes-

-Pero los Gremory… Zinnerguza…-

-Mi marido era un acomplejado! Incluso se tiñó el pelo… Compromisos políticos, eran otros tiempos… Desde entonces he procurado que todos mis descendientes no cometan mi error… me alegré tanto por Sirzechs y Grayfia… Una excelente joven…-

-Entonces…-

-Me constan muchas de las salvajadas que dijo mi esposo… Y que mi hijo se ha creído para su propia conveniencia… Como que esta espada es la herencia de mi padre…-

-¿Qué otra cosa podría compensar ese poderes que tienen los demás?-

-¿Qué significa eso?- exclamó la mujer algo ofendida -¿Acaso el inmenso poder demoniaco y la precisión de cirujano para su control te parecen algo menor?-

-Bueno… Mmm… Lo que se dice… Esto…-

-Que sepas, jovencito, que tu hermano mayor es quien es no por recibir el poder de los Bael, sino por recibir el poder de los Bael con nuestro potencial!- exclamo Chysis cruzándose de brazos.

El niño se quedó quieto en su silla, incapaz de moverse o decir nada.

-Y precisamente por eso encajarás tan bien aquí…- levantándose, caminando hasta la barandilla –Solo me lamento de no haber podido traerte antes…-

-Abuelita… Soy un niño!- exclamó el castaño saltando de su asiento –Aún queda mucho!-

La demonio la miró en silencio, con media sonrisa.

-¿No crees?-

Sin responder la demonio volvió su vista al horizonte.

-Quizás debería de ser padre quien te dijese esto…- alzando la mano, convocando la espada, ofreciéndosela al niño –Valor, responsabilidad… Una gran carga. Dolor y sufrimiento, pocas en comparación a las alegrías que podrás recibir… Es lo que te espera si tomas la espada de la familia, si tomas el apellido Gremory-

-…-

-No te pido que respondas ahora. Solo te informo que deberás tener una respuesta a su debido momento-

-¿Cuándo será eso?-

-Mucho más pronto de lo que crees-

-… ¿Qué tendré que escoger?-

-Deberás elegir entre ser un Hyodo con las relaciones que tienes ahora… O ser un Gremory-

-¿No puedo elegir ambas?-

-Si la vida fuese tan sencilla seria aburrida. ¿No crees?- mirando a su nieto con afecto –Las decisiones hacen que nuestra vida sea realmente nuestra, Issei-

-Creo que lo entiendo… Entonces debo decidir… ¿Si soy un Gremory… No podré volver a ver a Irina?-

-Estoy segura de que has pensado esto antes… Con toda la información que has reunido tu qué crees?-

El niño permaneció unos segundos en silencio.

-Creo que… Las dos familias han cuidado bien de mí…-

-¿Si?-

-Pero con los Gremory puedo dar lo mejor de mí… Issei Gremory puede cuidar de Rias y de Irina… Eso es lo que creo-

-Pero esa joven, Irina, pertenece a una familia religiosa, Issei-

-Eso solo le añade picante a la trama- canturreó el niño.

-No te falta razón, Issei. Issei Gremory puede relacionarse de alguna manera con Irina Shidou, pero un Issei Hyodo con Rias Gremory…-

-Pero si escojo… Irina-chan…-

-Las elecciones causan dolor, es inevitable. Pero son los auténticos hombres los que mitigan y hacen sanar los corazones de las damas, Issei- acariciando el cabello del niño –Mi padre creía en ti, mi hijo cree en ti, mi nieta cree en ti… Yamato cree en ti… ¿Tú crees en ti?-

-…-

-Venelana puede decirle al mundo que eres Issei Gremory. Yamato puede elegirte. Mi nieta puede amarte como tal. Yo puedo decirte muchas cosas… Pero este es tu camino, tu sendero, tu encrucijada y tu decisión-

-…-

-El resto depende de ti… Vuelve a casa, dile a tu hermana que venga a verme y recuérdale a tu padre que tiene madre…-

El niño alzó una ceja.

-Ah… Y dile a tu hermano mayor que te lo presente ya-

-¿A quién?-

-Tú díselo…-

-Eso… haré-

-Vuelve pronto a verme, querido-

Suspirando pesadamente, Issei empezó el camino de regreso a casa.

Tenía mucho en que pensar…


- Casa de los Shidou-

Mirándose al espejo, el pequeño Issei observaba curioso como la señora Shidou le peinaba adecuadamente… Ropa de domingo lo llamaban… un traje azul marino con pantalones cortos y zapatos de estilo mocasín… Iba hecho un pincel… La mujer no era menos, un elegante y sencillo vestido negro adornado con un bolso de mano y unos zapatos con poco tacón.

-¿Adónde vamos?-

-A la Iglesia…-

-El centro de culto de los borregos faltos de autoestima…-

La mujer sonrió divertida.

-Ese comentario se queda aquí, Issei-kun, en casa. No se lo puedes decir a nadie, y menos a algún creyente o miembro de la Iglesia-

-Pero tú también lo piensas- alzando la mirada.

-Cuida esa boquita, Issei-kun… Y espero que esta vez la pajarita aguante hasta el coche…-

-Eso es esperar mucho… ¿A qué vamos?-

-Hoy es domingo, vamos a misa-

-Misa… El acto más elevado de toda la Iglesia Católica y otras denominaciones cristianas… El sacramento de la Eucaristía-

-¿Lo has buscado en algún libro?-

-He estudiado las religiones monoteístas… Son absurdas-

La mujer rio con más fuerza.

-Son herramientas de control de masas… Aunque sospecho que pueda haber algún fin más lucrativo…-

-Lees demasiado-

-Mmm…-

-Nosotros somos creyentes, Issei-kun. Y la misa es un evento especial en el que todos los creyentes nos reunimos para expresar nuestros sentimientos, emociones, nuestra fe-

-Ya sabes que lo respeto… Mama-

La mujer rio de nuevo.

-Solo me llamas mama cuando me quieres dar la razón descaradamente-

Ahora fue el turno de reír del chico.

-Pero lo siento y lo sabes-

-Largo, adulador- golpeando levemente los hombros del chico –Has quedado encantador-

-Parezco un mono de feria-

-Mama! ¿Dónde están mis lazos rosas?- exclamó Irina irrumpiendo en la habitación.

-¡Irina! ¿Qué te tengo dicho de los modales?-

-Ah… Me olvidé…-

-¿Qué tienes que hacer?-

-No correr por la casa…-

-¿Qué más?-

-No chillar…-

-¿Y qué más?-

-Preguntar por favor…-

-¿Y qué más?- preguntó el castaño.

-¿Tengo que hacer algo más?- preguntó la castaña intrigada.

-Ponerte una falda más cort…aaaaa- Karen Shidou tiró de su mejilla.

-Muy bien… Están en la mesita, te las he arreglado-

-¡Yay!- exclamó la energética niña arrancando a correr de nuevo –Ne! Ne! Ise-kun! Ayúdame!-

Ya le estaba esperando, señalando su regazo la chica se sentó al instante.

-Que quiere la princesa-

La alegre chica se había sentado de espaldas al joven, dejando las cintas sobre sus piernas, esperando pacientemente… bastante impacientemente.

-Q-que… ¿Recomiendas?-

-No tienes el pelo muy largo así que…-

-¿Te gustan las chicas de pelo largo?-

-Lo encuentro muy femenino… Pero es complicado de cuidar y molesto de convivir…-

-Entonces me lo dejaré largo!-

-¿Me estas escuchando?- divertido mirando las telas sobre sus muslos, tomando una pequeña.

Una cinta rosa.

-Una doble coleta…- alzando levemente su cabello –Creo que eso favorecerá esa carita preciosa-

-U-una doble coleta…-

-Por ahora pondremos esta cinta aquí…-

-¿Irina? Primero quieres un vestido… ahora cintas para el pelo…- la tentó su madre separándose de los chicos.

-¡E-esto es solo para ir a misa! La iglesia e-es un lugar muy importante… al que… al que ir arreglado! Ise-kun! Date prisa!-

Tomando la cinta de tela lentamente, el chico hizo una coleta con el corto cabello de la niña, ajustándola lo mejor posible.

-¿Te gusta?- preguntó el chico mirándola por el reflejo del espejo.

-¿Te gusta a ti?-

-¿A mí?... Si, te quedan muy bien-

-¿Irina…?- preguntó su madre divertida.

-¡Ise-kun tiene buen gusto!- exclamó la niña antes de salir disparada de la habitación.

-¡Irina! ¿No te olvidas de algo?-

A los pocos segundos, la cabeza de la niña se asomó por la puerta.

-¡Muchas gracias, Ise-kun!- respondió la castaña.

-Esta niña…- suspiró pesadamente la madre –Bien Issei-kun, ya estás listo…- sonriendo.

-Pues vamos a blasfemar un poco!-

-¡Te he escuchado, Ise!- exclamó Touji desde el pasillo.

-He dicho solo un poco…-

La joven Shidou volvió a aparecer por la puerta. Tomando la mano del castaño, arrastrándolo por el pasillo hasta bajar al salón principal. Se plantó frente al espejo del recibidor, sonriendo contenta ante su nuevo aspecto. Dejándola estar con su felicidad, Issei, desvió la mirada hacia el llamativo objeto de decoración del salón.

Una espada plateada de pomo dorado colgada verticalmente en la pared.

Hauteclere.

La espada, sapiente, le ignoraba completamente. Aunque la tocase, pasaba de él. Pensaba que teniendo un relativa combatividad con Ascalon quizás le prestase algo de atención… Aparentemente solo reaccionaba a la presencia de Irina. La portadora natural de espada sagrada… Una potencial portadora.

-Issei-kun…- murmuró la mujer acercándose a él, colocando sus manos sobre sus hombros.

El chico pasó la mirada hacia la madre de Irina.

-Es un recuerdo de Touji… Una reliquia familiar que ha pasado de generación en generación- mirando la espada preocupada –Nunca reaccionó a él… Hace generaciones que la familia Shidou la tiene, pero no se recuerda cual fue la última vez que reaccionó a nadie. Con el tiempo incluso se llegó a dudar que fuese autentica…-

-He leído de esto en los libros de Touji… ¿Los Shidou descienden de Oliver?-

La mujer rio divertida.

-Lo dudo mucho… Si es auténtica me imagino que en algún momento llegaría a nuestra familia… Y me gustaría que pasase de largo la próxima generación…-

El rostro de Karen se llenó de pesar.

-Madre, ¿sabes que…?-

La mujer apretó con más fuerza. El chico entendió el mensaje.

-Padre quiere que se la quede Irina… Pero no quieres que lo haga- auguró el niño, serio.

-Siempre has sido un chico inteligente…- inclinándose hacia el chico, acariciando sus mejillas.

-Issei-kun…-

-¿Si?-

-Ella cambió mucho tras tu accidente… Le afectó tanto…-

-¿?-

-Cambió tanto que los primeros días apenas reconocía a mi querida hija… Pero dejé de preocuparme al ver que su corazón seguía siendo igual de bondadoso… Y se tranquilizó tanto contigo…-

-…-

-¿Dónde estará aquella chica que no se preocupaba más que por juegos y pelotas de futbol?- sonriendo divertida –Ahora siempre lleva ese anillo viejo y solo tiene ojos para ti-

El niño ladeó la cabeza confundido. No sabía nada de un anillo.

-No será para tanto-

-Issei… Como madre… ¿Puedo pedirte que cuides de ella?- dejando las manos sobre su hombro –Por favor-

Issei miró la espada… Bendita para la Iglesia, maldita para Karen Shidou.

-Mama… Si un día decido… Si un día decido ser un demonio… Quiero que sepas que no es porque no os quiera ni…-

-Issei… Te quiero como a mi propio hijo, hagas lo que hagas eso no va a cambiar. Y sé que si algún día decides ser un demonio, serás el mejor demonio que existe…-

-¿No te enfadarás?-

-Mi querido Issei… Seas lo que decidas ser siempre serás lo que quise que seas-

-¿El qué?-

-Mi hijo del que estoy tan orgullosa…-

-Mama… Yo…- susurró Issei bajando la mirada.

-Siempre has sido un libro abierto para mí… Te preocupa Irina…-

-…-

-A mí también me preocupa Irina, Issei- agachándose frente al niño, acariciando su rostro -Mi corazón no podría soportar… Si Irina acude al campo de batalla… No podría aguantar que venga un sacerdote a decirnos que le ha pasado algo…-

El chico alzó la mirada, mirando la espada.

-Esa espada me aterroriza, Issei. Y la Iglesia… Conozco a la Iglesia… Me da mucho miedo lo que le puedan llegar a hacer… En que la pueden convertir…-

El niño volvió a bajar la mirada.

-Yo…-

-Quiero que me prometas algo, Issei-

-¿El qué?-

-Tomes la decisión que tomes… Cuida de Irina-

-Pero…-

-Irina te seguirá a donde vayas… Si le muestras el camino…-

-Karen-okaa-sama… Yo había pensado…-

-Tomes la decisión que tomes la aceptaré, pero recuerda, Issei… Prométeme que cuidarás de Irina…-

-En cuanto reciba las…-

-¿De qué habláis?- preguntó Irina agarrándose al brazo del chico, mirándolos ilusionada.

-De tus deberes- sonrió Issei con malicia.

-Argh… Yo… Voy… Adelantándome!- chilló la chica saliendo a toda prisa del inmueble.

Karen Shidou se quedó atrás, viendo como la pareja interaccionaba con la mayor de las energías posible. O al menos el chico intentaba seguirle el ritmo a su energética hija.

-DXD-

Cientos de personas se habían congregado en ese religioso evento.

Aparcando sin prisa, el evento había llenado los verdes jardines del terreno que rodeaba la enorme estructura de piedra grisácea adornada con un gran reloj y una campana en lo más alto… Desde lo alto de la escalinata de acceso al edificio múltiples figuras ataviadas con hábitos cuidadosamente elaborados observaban orgullosos la cantidad de creyentes congregada.

-Semana a semana aumentamos el número de feligreses… El Cardenal estará orgulloso, no es fácil enraizar en un país como este-

-¿Crees que es sabio crecer tanto en número?-

-¿De nuevo con tus miedos?- saludando con la mano a la masa.

-Sabes tan bien como yo que estos terrenos están gobernados por los exorcistas… La infame casa Himejima se nos puede echar encima en cualquier momento…Y si seguimos creciendo los Belial…-

-Los Belial no nos pondrán un dedo encima, no temas tanto por nada, Touji. La demonio regente es una niñata sin poder alguno-

-Pero Masaomi… La inquietud me carcome…-

-Tú confía en mí, los demonios, en esta ciudad, no son una amenaza. Los exorcistas son agua pasada, seres sin poder que ven como sus creyentes menguan con el paso de los años… Además, ¿has leído la nueva circular?-

-Aún no he tenido tiempo, ¿Que nuevas nos traen desde la Santa Sede?-

-Una Paladín, jefe. Hoy mismo nos llegará un paladín que inspeccionará la situación- exclamó el japonés animado.

-¿Un Paladín?- exclamó Touji Shidou sorprendido -¿Un portador?-

-Así es, por fin nuestras plegarias serán escuchadas… ¡El portador de Galatine ha sido asignado a estas tierras para afianzar nuestra posición como credo mayoritario!- exclamó uno de los cardenales caminando hacia ellos.

-¡!-

Temeroso… Su mirada pasó a posarse sobre el pequeño Issei… Mirando a su hija junto a él.

-¿Cómo está tu familia? Tu mujer esta tan hermosa como recordaba… Y tu hija… Crece bien-

-…-

Touji apretó los puños asustado, mirando al cardenal con pavor.

El clérigo lo miró con frialdad, intencionalidad.

Touji Shidou sabía muy bien que quería ese hombre…

¿Cómo podía proteger a su familia de semejantes monstruos?

¿Por qué la Iglesia del señor daba cobijo a semejantes degenerados?

-DxD-

Caminando con celeridad Touji se abrió paso entre la multitud, con dificultad. Intentando desesperadamente mantener la calma, apartar a la gente con firmeza pero sin excederse, sin dejar que la preocupación sacase lo peor de él.

Ante todo se presuponía que su rango reflejaba su capacidad de mantener el temple, la mente fría, las formas…

Su objetivo estaba claro, tenía que alcanzar a su esposa cuanto antes… Tardando más de lo esperado se reunió con su esposa, tomándola del brazo, apartándola.

-¿Cariño?- preguntó la mujer sorprendida.

Su marido sudaba, estaba nervioso, la tenia del brazo con una fuerza inusual en él.

-Coge a Irina y llévatela de aquí-

La orden la sorprendió, Touji siempre había sido un hombre amable…

-¿De qué hablas?-

-Hay un exorcista… Con toda seguridad habrá un fragmento de Excalibur… Harán la prueba de forma masiva… Tienes que llevarte a Irina… ¡!- temiéndose lo peor al ver a un encapuchado cargando con un pesado paquete a su espalda caminar entre los invitados –Tarde… Tengo que…!-

En su mano había otro, pequeño, con una campana colgando.

CLINC

La campana del paquete sonó imperceptiblemente.

El hombre se detuvo en seco. Mirando a su alrededor, revisando al público. El paquete temblaba en las manos del exorcista. Bajando la mirada al paquete, alzándolo sin dificultad, moviéndose apuntando con el paquete a las personas que le rodeaban. Sonriendo con fuerza al ver como el aura sagrada emanaba con fuerza del paquete al quedar frente a una niña.

Irina alzó la mirada temblorosa. Confundida, asustada.

Karen Shidou dio un paso al frente, Touji la detuvo. Horrorizada miró a Issei, que la estaba mirando. Issei reconoció el miedo en sus ojos.

El exorcista se acercó a la castaña. Irina protestó preocupada. Un chico se había colocado en medio, alzando un brazo entre ellos.

La luz abandonó a la castaña pero la campana no dejó de sonar… Girando levemente hasta el chico… la luz nunca fue tan intensa antes…

Alzando su mano, el hombre empezó a recitar un salmo.

Issei abrió los ojos lleno de dolor, llevándose la mano al pecho, cayó de rodillas.

El mango de Ascalon surgió de su pecho.

El exorcista sonrió con fuerza, bajando el brazo, marchándose. La espada desapareció, con ella el dolor.

Irina se agarró al castaño por detrás, apoyando su frente en su espalda.

-¿Q-que quería ese hombre? ¿Qué era eso? ¿Estás bien, te duele?-

-Seguramente hablar con una chica guapa…- respondió el chico girándose, tomando a la chica por los antebrazos –Pensaba que estarías más contenta de ver a un exorcista de primera mano…-

-N-no… Daba miedo-

-Era muy feo-

-¡E-eso no tiene nada que ver!-

A los pocos segundos llegó Karen, abrazando a Irina, sorprendiendo a su hija.

Touji llegó después, colocando una mano sobre su hombro.

-No tenías que haber hecho esto…-

-¿Vamos ya?- preguntó el chico intentando darle un toque de humor a la situación.

-Issei…-

-No creo que sea necesario decir nada…- dijo el chico serio, alzando una mano, deteniendo al hombre -Era la mejor opción-

Irina ladeó la cabeza al ver como los hombres se alejaban con pesadez en sus hombros.

La fuerza con la que su madre la abrazaba tampoco era buena señal.

La Iglesia Ortodoxa se congratuló, horas más tarde, de poder anunciar que la espada sagrada Ascalon había sido hallada.


-Continuará en el próximo capítulo-

- La voluntad de Dios -