Capítulo 14: Esto que siento no es malo
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Sasuke entró a la habitación 209 de aquél hospital. Dio un par de pasos más y cuando su madre volteó a mirar de quien se trataba, retrocedió de la impresión y su respiración se agitó, logró controlarse mientras llevaba una mano al pecho con los ojos llorosos.
Sasuke la observaba impasible, los años habían hecho mella en ella. Ahora tenía un rostro cansado y con notorias arrugas, sus ojos se miraban agotados y opacos.
De aquella mujer con expresión dura y juzgadora no quedaba nada, pro parecía que la mujer amorosa que fue hasta que cumplió los diez años y tuvo que apegarse a los estándares de su padre de un niño perfecto, estaba ahí de nuevo. Pensó que aquello era obra de la culpa por no haber sido una madre que protegía de todo a sus hijos.
—¿Sasuke…? —dijo mediante un sollozo.
—Hola mamá —dijo con seriedad.
La mujer no esperó más y caminó hasta él a grandes zancadas para encerrado en sus brazos. Sin embargo, Sasuke no pudo corresponder aquel abrazo.
Ella se separó y colocó sus manos en sus mejillas y luego por su cuerpo, como corroborando que fuera él —Eres tú… —sus manos temblaban.
—¿Cómo has estado? —preguntó él.
Ella sonrió débilmente —Estoy mejor ahora que sé que estás vivo…
—Solo me fui a vivir al extranjero…
Ella asintió mientras tomaba sus manos y lo invitaba a sentarse con ella.
—Perdóname hijo… no fui la madre que esperaba… yo… debí enfrentar a tu padre, no ejarme manipular por sus opiniones ni…
—Eso ya no importa…
—Perdóname hijo —insistió ella.
Sasuke negó —Ya te he perdonado Mikoto.
Ella le miró con culpa aún —¿Qué ha sido de tu vida? ¿Eres feliz?
—Si, lo soy, tengo una esposa… se podría decir que llevo una vida normal —Ni él mismo se creía aquello.
Ella sonrió finalmente —Oh, que gran noticia hijo….
Sasuke asintió, por las últimas dos horas, decidió quedarse a escuchar a su madre. Probablemente no tendría más tiempo más adelante para visitar a su madre y al verla en ese estado, decidió dejar ese resentimiento atrás.
Su madre no estaba loca, pero sabía por el reporte médico que había adquirido ciertas crisis de histeria desde que él desapareció y Fugaku comenzó a atormentarla por ser un fracaso de madre y esposa.
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Naruto y Hinata habían hablado un largo rato sobre lo sucedido con el hijo de Itachi, y aunque la reacción principal de ella había sido el eliminarlo antes de que despertara, Naruto la convenció de que había algo diferente con él.
Al final, ella decidió confiar en su esposo.
Ambos caminaban por unos túneles subterráneos que conectaban con distintas razas que estaban bajo el cuidado de las reinas súcubo. Ambos irían a ver a una bruja muy antigua que hasta el momento se mantenía con vida.
Hinata llevaba puesto un vestido largo que dejaba ver su abultado vientre de cinco meses, el vestido estaba cubierto por una armadura que la cubría de los pechos y los hombros. A su lado, Naruto la guiaba con una mano en su espalda. Sobre protegiéndola de cerca.
—Amor, ¿Qué te dije de estos cuidados? —dijo mirándole de reojo con un tono divertido.
Él la miró igual —No puedo evitarlo, ya te lo dije.
Ella volvió su vista al frente —Ya llevas mi espada contigo, no me dejas cargar ni mi arma.
—No pienso obedecerte en esto, no está a discusión.
Ella negó con diversión.
—Voy a tener que castigarte, lo sabes ¿Verdad?
—Aceptaré las consecuencias.
Ambos se detuvieron finalmente en una de las puertas y pronto se les cedió el paso. Una vez adentró, la gran bruja los invitó a sentarse.
—Vamos muchacho, muéstramelo.
Naruto asintió, no le sorprendía que aquella bruja milenaria hubiera adivinado el motivo de su visita. Sacó un pedazo de tela y le mostró el símbolo.
—Ah… ya veo…. Los seres humanos nacen, crecen y entonces forman su propia familia, luego esta va creciendo con el tiempo y cuando al principio los integrantes están fuertemente unidos y conectados, con el tiempo no solo la relación se deteriora, el detonante siempre serán las diferencias de opiniones, una familia no sería una si no hay una "Oveja descarriada" —ella los miró —Este símbolo marca la diferencia, es la oveja negra de los Noé. Todos de acuerdo con las acciones de quien los lidera como familia pero sin embargo uno de ellos que no comparte la idea, el único que ve diferente aquello… y que se resiste a ello, y si esta vez toma las decisiones correctas, puede llevar a cabo lo que siempre creyó correcto.
Naruto, quien mantenía toda su atención en la anciana fue el primero en hablar —¿Dice que quien porta esta marca es un Noé pero es diferente a ellos?
—Si.
—Entonces, asumo que podría ser un gran aliado ¿O me equivoco? —preguntó Hinata.
—Podría ser una gran oportunidad.
—¿Qué pasará con la conciencia de la persona en la que despierte? —preguntó Naruto.
—No va a desparecer, porque se trata de un Noé diferente.
Naruto sonrió, aquello sería una buena noticia para Sasuke e Itachi.
La bruja agitó su mano frente a ellas y apareció un pergamino —Usen esto como barrera de defensa para cuando él vaya a despertar, con esto el Conde no se dará cuenta de su presencia y no vendrá por él.
La pareja asintió y Naruto tomó el pergamino despareciéndolo en el acto.
Ambos se levantaron y se inclinaron en señal de respeto, luego Hinata colocó un cofre con monedas sobre la mesa —Es el pago, le agradecemos su cooperación.
—Estoy a sus órdenes su majestad y gran segundo al mando. Naruto y Hinata.
Mientras se dirigían a la mansión Naruto le miró —¿No crees que las piezas comienzan a moverse a nuestro favor?
—Si, pero… eso solo significa que el momento está cada vez más cerca. Nuestro hijo debe hacer su parte.
—Si, pero no lo hará solo, estaremos con él.
La súcubo asintió con más ánimos.
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Dos semanas. Habían pasado dos semanas desde que ambos se habían visto, Sarada sentía una extraña necesidad por verlo pero la vergüenza aún hacía estragos en ella.
¿Qué debía hacer?
Además, él tampoco la había buscado, le sorprendió darse cuenta de que aquello le molestaba de sobremanera. Miró la tarjeta y observó una dirección, también un número.
—No puedo hacerlo… si de verdad le intereso vendrá a buscarme —se levantó de la cama.
Ese día era domingo, la tienda no abría y ella y su tía Karín descansarían. Tenían planeado un entrenamiento de lucha, desde muy pequeña su tía había insistido en que tomara clases de todo tipo de combate e incluso ella era quien la entrenaba ahora, siempre con la insistencia de que solo quería que no pasara por ciertos peligros con lo inseguras que eran las calles.
Sin embargo, antes de dirigirse al baño, la puerta se abrió estrepitosamente y Karín entró con apuro.
—¿Tia Karín?
—¡Sarada! ¿A que no sabes quién está allá abajo esperándote?
Ella le miró confundida —¿Quién?
—Es Boruto! —casi le gritó y Sarada abrió los ojos en demasía.
—¡¿Qué?! ¡¿A… Allá abajo?! —dijo alterada.
La pelirroja asintió —Él vino a verte!
—Pero… él dijo que esperaría a…
Karín le miró reprobatoriamente —Ya pasaron dos semanas ¿No crees que esperó demasiado? Recuerda que está interesado en ti.
Sarada boqueó pero no dijo nada más.
—Vamos hija!, ¿Qué esperas? Ve a vestirte.
Ella se levantó apresurada —Dile que me espere… yo… tomaré un baño rápido —dijo mientras corría al baño.
Karín suspiró —Le diré que se siente —se dijo así misma, sabía que Sarada tardaría un poco.
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Boruto observaba las fotografías que habían en el lugar, todas se encontraban bajo un encantamiento para que cualquiera que no fueran las que vivían ahí pudieran verlas, nadie más. sin embargo, él sí podía verlas. Sonrió al ver las fotografías de ella cuando era pequeña.
No podía evitarlo, esperó hasta que ella llamara pero sabía que su lado humano estaba tan avergonzado que probablemente no lo haría, esas dos semanas trató de concentrarse en el trabajo todo lo que pudo y vaya que logró avanzar, incluso había logrado recuperar la deuda en la que el estúpido que estaba a cago de la empresa la había llevado. Las finanzas habían aumentado, el capital era suficiente.
Pero no podía más, la necesitaba y después de pensar muy bien lo que haría, decidió tentarla. Si su lado humano oponía resistencia, sus instintos la llevarían al límite, tal vez aquello resultara tortuoso para él también pero poco a poco la convencería de que aquello no era malo.
Así que ahí se encontraba, esperándola.
Escuchó unos pasos y visualizó a Karín —Ella tardará un poco, ya sabes, cosas de chicas, acaba de levantarse.
Boruto asintió —No se preocupe, la esperaré.
Karin puso un rostro serio y echó un vistazo hacia arriba.
—¿Podemos hablar un momento?
Boruto asintió con seriedad y ambos se dirigieron a la sala, tomaron asiento y Boruto prestó toda su atención.
—He sido testigo de toda la infancia de Sarada hasta ahora. Debido a su condición y lo que es ella desde pequeña ha presentado complicaciones en su salud, por ser solo una humana y al ser suprimido su instinto Súcubo, su cuerpo humano ha tenido consecuencias.
Boruto le miró preocupado —¿Qué sucede con ella?
—Siempre ha presentado síntomas de asma y ataques de adrenalina que luego terminan por dejarla agotada y cuando cumplió los quince años ella solía desmayarse con frecuencia, su debilidad aumentó y es porque…
—Necesita de mí —Afirmó Boruto.
—Logré controlar su estado son unas pócimas, como sabes, si hubiera crecido con total normalidad en su hogar con sus padres nada de esto le pasaría, pero no tuvo esa oportunidad. Ahora que has aparecido, aquello le sucede con más frecuencia. Si vas a salir con ella debes estar muy al pendiente. Estas últimas dos semanas han sido agotadoras para ella aunque ella no se da cuenta de eso. Lo que te quiero pedir es… que por lo menos la beses, a ella realmente le haría bien esto.
—Entiendo —Boruto sonrió —Haré lo posible por convencerla.
—No es necesario que lo hagas, ella lo aceptará, ya lo verás —dijo más relajada.
Los pasos apresurados de las escaleras se escucharon y ambos se levantaron al verla parada al pie de la sala.
—¿Cómo has estado? —preguntó el rubio al acercarse a ella.
Ella asintió —Bien…
Karin sonrió —Yo me retiro, no llegues muy tarde Sarada —dijo al salir.
Sarada no le contestó, estaba perdida en la mirada del rubio.
—¿A qué se debe tu visita? —preguntó ella de pronto.
—Quería verte.
—Ya me viste —dijo con diversión.
—Salgamos —dijo mientras le extendía la mano.
Aquella acción la hizo sentir muy familiar y ella no dudó en tomar su mano.
Ambos caminaron por las calles y ninguno hizo el esfuerzo por soltarse.
—Sarada —habló Boruto. Ella le miró —Acéptame como tu pareja.
Ella se detuvo abruptamente y le miró, Boruto se colocó frente a ella.
—¿Así de repente?
—Ya no somos desconocidos y me gustaste desde la primera vez que te vi, mis intenciones fueron claras desde un principio. Quiero que seas mi pareja.
A medida que él hablaba, la Sonrisa de Sarada era más notoria, por alguna razón, a ella le encantaba que él le dijera esas cosas, que expresara lo que quería con ella.
Ella bajó la mirada un tanto avergonzada —También me gustas Boruto —El rubio sonrió— Y… si, acepto ser tu pareja.
Ambos se acercaron dispuestos a darse un beso pero un pequeño empujón hacia Boruto le hizo darse vuelta para ver lo que había pasado.
Se sorprendió de ver a un pequeño mirándole con miedo mientras su helado yacía tirado en el suelo. Boruto se percató que el pequeño miraba una mancha que había dejado por accidente en su gabardina.
—lo siento… —dijo con ojos llorosos.
Sin embargo, aquello le importó muy poco a Boruto y se inclinó para sonreírle —¿Estás bien?
—No quería ensuciarlo, por favor no me acuse…
El rubio negó —Eso no importa —miró el helado —te compraré otro.
—Si! —celebró el niño.
Sarada sonrió ante aquello y ambos se acercaron al carrito que estaba a unos metros.
Boruto había comprado uno para él y otro para Sarada también y unos segundo después, una joven se aceró a ellos.
—Haru! ¿Porqué tardas tanto?
—Lo siento…
—Vámonos ya! —dijo tomándole de la mano.
Antes de irse, el pequeño volteó a ellos y se despidió con la mano —Adiós señor!
Boruto se despidió al igual que Sarada. Por otra parte, aquella acción no fue extraña para la joven que se llevaba al niño, pues ya lo conocía y sabía que tenía la costumbre de hablar con extraños, cosa que le preocupaba porque por más que se lo advirtiera, al niño parecía olvidársele, tal vez era porque aún tenía cinco años.
Boruto se retiró la chaqueta y la colocó en uno de sus brazos.
—¿Te apetece que hagamos algo?
Ella le miró apenada —Aún no he desayunado —dijo mordiéndose el labio.
Boruto asintió —Entonces vamos, yo tampoco lo he hecho.
Cuando ingresaron a una cafetería y tomaron una mesa, Sarada se dio cuenta de algo:
Todas las mujeres observaban a Boruto.
Y eso no le agradaba.
Ella bajó la mirada a la mesa y con algo de incomodidad comenzó la conversación —Y… ah… ¿Has conocido a otras chicas antes?
Boruto sonrió —Si te refieres a una relación formal, no. Solo eran salidas y luego, cuando comprobaba que no había una posibilidad para más… —negó —no volvía a verlas.
—¿Las ilusionabas?
—No, siempre fui sinceros con ellas, sabía que no había atracción así que les decía que probablemente no volveríamos a vernos, si aceptaban, salíamos pero si no… simplemente me alejaba.
—No hiciste lo mismo conmigo —dijo ella un poco más tranquila.
Boruto le sonrió y se recargó un poco más en la mesa sin apartar la mirada de ella —Porque cuando te vi…. Supe que eras especial. Realmente no te imaginas cuanto.
Ella se sonrojó. Los cafés llegaron y la mesera se retiró luego de darle una rápida mirada al rubio.
Sarada centró su vista en el café —Yo nunca he tenido mucho contacto con las personas excepto por mi mejor amiga Chou y… un imbécil que hasta hace varios meses era mi novio.
A Boruto no le gustó escuchar aquello pero se controló.
—Así que… ¿Tu si tuviste una relación formal?
—Al menos así lo creí —se encogió de hombros mientras revolvía el café con la cuchara —Lo conocí cuando era niña… tía Karín me mandó a clases de defensa personal y él era el mejor de la clase, era muy fuerte. Me gustan mucho las peleas… no lo sé, pienso que en otra vida hubiera sido un gran guerrera.
Boruto sonrió al escuchar aquello.
Ella continuó —el punto es que, me impresionó que fuera muy hábil, todos le tenían miedo, nadie se metía con él. Ahora sé que lo que creí un estúpido enamoramiento no era más que admiración, él siempre fue amable conmigo pero con el tiempo me di cuenta de que era engreído, sin embargo no tenía problema con eso porque pensaba que mientras no fuera grosero conmigo a mi no me afectaba su comportamiento, unos años después de conocernos me pidió que saliéramos y aunque al principio dudé… al final acepté pero… sentía que no era suficiente, no lo sé… era extraño porque podía jurar que me gustaba pero.
—Sentías un extraño vacío en tu interior y el no lo llenaba —dijo él con una sonrisa.
Ella asintió levemente —Y luego, se acostó con una de mis amigas…
Boruto frunció el ceño —¿Él te engañó?
Ella asintió —Y en lugar de sentirme lastimada… ahora sé que me decepcionó.
—¿Cómo lo sabes? —preguntó el rubio aunque ya sabía la respuesta, lo que pasaba con Sarada aunque ella no supiera exactamente lo que era, a él le sucedía cuando ninguna mujer lograba aguantar un encuentro con él y terminaban inconscientes antes de que él se viniera, era tan frustrante.
—Porque te conocí Boruto —ella le miró directamente y Boruto esperó a que continuara —Contigo estoy… sintiendo cosas que desconocía.
—Yo también Sarada —ella miró como le sonreía, sentía su corazón latir con fuerza —¿Ahora comprendes mi insistencia? Los dos fuimos atraídos, nuestro encuentro estaba destinado.
Ella sonrió mientras le miraba, se sentía un poco más relajada.
—Lo entiendo… —dijo ella.
Una vez salieron ambos caminaron por las calles tomados de la mano. Llegaron al parque y de un momento a otro, Sarada comenzó a sentirse mal, sentía que perdía fuerzas en los pies pero Boruto la sostuvo antes de que callera. Ella se aferró a sus hombros mientras que él la sostenía de la cintura.
—Sarada —dijo preocupado mientras la ayudaba a sentarse en una banca. Ella respiraba con dificultad y trató de sonreírle.
—E… estoy bien… en mi bolso… —no podía sostenerse aún sentada, sentía que en cualquier momento perdería la consciencia —Hay… hay unas vitaminas…
Sin embargo Boruto no la escuchó y la tomó del mentón —Sarada mírame… —dijo con cautela.
Ella negó —Boruto… espera, yo…
Y la besó.
Por fin lo hizo.
Movió sus labios sobre los de ella con suavidad logrando que ella se repusiera y terminara correspondiéndole con la misma tranquilidad y lentitud.
Sarada sintió como se recuperaba con facilidad poco a poco y cuando Boruto se separó ella quedó deseando un poco más. Parpadeó cuando se dio cuenta que estaba normal.
Ella le miró sorprendida —Me siento…
—¿Estás mejor? —preguntó él y ella asintió.
—Si… —ella llevó sus dedos a sus labios —Me besaste.
—Pensé que serviría para… calmarte…
—Parece que… funcionó —dijo ella con algo de incredulidad —¿Qué hiciste?
—Un beso mágico —Boruto sonrió —es el efecto que causo.
Sarada comenzó a reír —Pues gracias por su ayuda señor —ella le siguió el juego.
Boruto asintió y miró con curiosidad como ella de pronto comenzaba a rebuscaren su bolso y sacaba un frasco.
—¿Qué haces? —preguntó sin poder creer lo que hacía.
Sarada tomó un par de cápsulas y luego le miró con seriedad —Estoy enferma Boruto, suelo pasar por esto… en ocasiones, debo tomar mis vitaminas, el que se me pasara ahora fue suerte pero pude haber perdido la conciencia.
Boruto le miró con seriedad, Sarada no se había dado cuenta que solo necesitaba de sus besos ¿Pero cómo iba a saberlo? Ni siquiera sabía lo que era.
Asintió sin más, ya podría él mismo convencerla después.
—No te preocupes, yo te cuidaré
Ella le miró preocupada —¿No te… molesta que tenga esto? Porque todavía estás a tiempo de…
—Me gustas toda tú, no importa lo demás ¿Lo comprendes hermosa? —le habló con suavidad mientras se acercaba más a ella. Sarada tragó y comenzó a sentirse nerviosa, quería que la besara pero no iba a pedírselo, no quería parecer tan… necesitada.
Se levantó rápidamente y le miró con una sonrisa —¡Vamos al cine!
Boruto parpadeó —¿Al cine?
—¿No te gusta?
—No es eso… nunca he ido a uno —dijo sin más encogiéndose de hombros.
Sarada comenzó a reír.
