Capítulo 20: Reunión.

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Sarada gemía con fuerza cada vez que Boruto la embestía con mucho entusiasmo, en los rostros de ambos sobresalía una sonrisa de satisfacción mientras continuaban emitiendo sonoros sonidos de placer. La energía luminosa que sobresalía de ambos se encontraba mezclada y emergiendo en sintonía. Eran ya las cuatro de la mañana pero ninguno tenía la intención de parar. No cuando ella recién despertaba y él se había vuelto aún más posesivo con ella después de su primer intercambio sexual.

Incluso el poder de Boruto había aumentado en segundos.

Sarada había bebido de él incontables veces y no pudo ocultar el hecho de que el sexo se había convertido en algo que no se cansaría de experimentar cada vez que quisiera, porque sí, ella no se molestaría en pedírselo a Boruto, ella simplemente lo tomaría cada vez que quisiera.

Cuando por fín terminaron y ambos se dejaron caer en la cama mientras intentaban regular la respiración, Boruto miró con interés a Sarada quien comenzaba a reír mientras se cubría la cara.

—¿Qué sucede? —preguntó con una sonrisa.

—¿Es normal que no me sienta avergonzada? —dijo divertida.

Boruto se incorporó un poco y negó —Por supuesto que no, es lo que somos, es nuestra naturaleza.

Ella le miró después de soltar un suspiro —Que bien, porque no pasará mucho para que quiera repetir —le dijo mientras se abrazaba a él subiendo medio cuerpo para aferrarse mejor y enterrar su nariz en su pecho.

Boruto la abrazó igual mientras apagaba la lamparita y quedaba a oscuras.

—¿Cansada? —preguntó de pronto.

Ella negó sin emitir palabra alguna —¿Tú?

—Tampoco, eres grandiosa.

—Tú también… y será mejor que te calles y dejes que duerma o será lo que menos hagamos.

—¿Me retas? —indagó el rubio con diversión.

Ella le encaró con los ojos rasgados —Algo le sucede a mi cuerpo Boruto, no puedo controlar los deseos que tengo sobre ti… quiero más —demandó lo último.

Al rubio le excitó de sobremanera aquello y no dudó en corresponder el ardiente beso que la pelinegra le había dado de repente mientras se acomodaba mejor sobre él.

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Cuando despertó estaba sola en la cama, a su lado había una nota de Boruto el cual decía que debía ir a la empresa a hacer unos arreglos. Ella sonrió y se incorporó mientras miraba a su alrededor. De pronto se perdió en sus pensamientos pensando en lo que haría después de haber despertado, ahora se sentía diferente, sus sentidos estaban súper desarrollados y su salud estaba mejor que nunca, como si lo único que hubiera necesitado en todos esos años fuera solamente a Boruto, su medicina.

Recordó lo que habían hecho hasta hace un par de horas y se mordió el labio al recordar el cuerpo desnudo y bien proporcionado de su hombre.

—Mi hombre… —repitió ella —Nada mal… —dijo mientras sonreía.

Definitivamente, se sentía diferente.

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Nea estaba ya de pié aunque aún débil, sin embargo, después de despertar había permanecido en la habitación mirando a la ventada por largos periodos de tiempo. Para Itachi era algo preocupante que él no hablara mucho pero ya estaba completamente convencido de que era su hijo, pues habían tenido una conversación en donde él le demostraba que sus recuerdos estaban intactos.

El mayor dejó la charola con comida en la mesita cerca de la ventana y se dirigió a él.

—¿Está todo bien? no has dicho nada…

El joven le miró con una sonrisa y asintió —Estoy bien papá… solo… tengo que pensar bien en cómo hacernos cargo del Conde… hay muchas opciones… pero solo una debe ser la definitiva… la segura… —murmuró.

Itachi asintió mientras se sentaba con él para acompañarlo.

—Quiero apoyarte en todo lo que necesites, tal vez no soy más que un viejo simple y humano pero, yo realmente quiero ayudarte en algo, aún te vez débil de salud y no quiero que resultes afectado —dijo el mayor con preocupación.

—Entiendo… —luego de meditarlo unos segundos más, el joven accedió —Puedes apoyarme como creas que es conveniente, no estoy acostumbrado a las atenciones de alguien preocupado por mí pero, sé que como tu hijo, es completamente normal.

Itachi sonrió —juro que cuando digas que es peligroso, no te estorbaré. Solo… pretendo que me dejes mantenerme a tu lado el tiempo posible.

Nea asintió.

Un sonido en la puerta y Naruto ingresó segundos después.

—Mañana tendremos una reunión muy importante, las reinas estarán ahí, sé que puede ser muy pronto para ti pero el Conde ya ha declarado la guerra, por lo que debemos organizarnos cuanto antes.

—De acuerdo —dijo el joven con voz tranquila.

Naruto recordó lo que Itachi la había comentado horas atrás sobre el hecho de que Nea se la pasara pensativo todo el tiempo.

—Y… no tienes que preocuparte mucho sobre alguna estrategia, mañana mi hijo estará aquí y juntos podrían idear algún plan mejor.

—¿Su hijo?

Naruto asintió —Ya lo conocerás mañana, créeme que te será de gran ayuda.

Después de decir aquello, el rubio se despidió cortésmente y salió de la habitación.

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Bajó del auto y se dirigió al interior del edificio en donde vivía, Boruto había estado pensando mucho en cómo le diría a Sarada que tendría que irse por unos días para resolver el asunto de las personas que la habían atacado.

Ahora que había despertado esperaba que no reaccionara tan mal, después de todo, él había sido testigo del carácter de su madre cuando no podía tener a su padre con ella.

Tomó el ascensor, y cuando ingresó al departamento el aroma de ella le envolvió haciéndole sonreír. Ese día estaba siendo el mejor de su vida.

Caminó hasta donde sentía su presencia y la encontró en la cocina, en donde ella comía un sándwich.

—Oh, ¿Quieres que pida algo más? —preguntó recordando que no había hecho el pedido de la semana.

Ella negó y Boruto se sentó cerca de ella.

Ella le miró —¿Quieres uno?

—Mejor salgamos a comer —dijo con ánimos el rubio, tenerla ahí a ella le daba una completa satisfacción y lo ponían de buen humor.

Ella dejó las sobras de su sándwich en el plato y se levantó cuando él lo hizo acercándose a él, le rodeó el cuello con sus brazos y le robó un corto beso —No quiero salir de aquí, sus ojos se volvieron rojos y rasgados.

Boruto sonrió mientras la sostenía con fuerza de la cintura —¿Qué quieres hacer entonces?

Ella sonrió —Quiero estar contigo.

Ambos desaparecieron de la cocina y llegaron a la cama con gran rapidez.

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Más tarde, ambos descansaban desnudos sobre la alfombra.

—Sarada… tendrá que irme unos días.

Ella se incorporó y le encaró con el ceño fruncido, Boruto continuó con extrema tranquilidad mientras le acariciaba su espalda desnuda —La mujer que te atacó, sus aliados quieren venganza por su muerte y es momento de enfrentarlos con todo.

—¿Te metiste en problemas por eso? —dijo preocupada.

Boruto negó —Este es un problema que involucra a nuestras familias Sarada, es de siglos. Hasta donde sé, esa mujer intentó matarte cuando eras una bebé, por eso el tío Sasuke y la tía Sakura sellaron tu parte demonio y te dejaron como humana al cuidado de karin para protegerte. Pero ella te encontró y quiso terminar el trabajo, ella y los suyos tienen ese objetivo, si nosotros caemos, cumplirán sus planes de acabar con la raza humana.

—¿Dices que he vivido ignorando todo esto?

—No es tu culpa amor, nuestras familias siguen trabajando en esto hasta llegar a una solución, verás, como venganza por haber matado a esa Noé, su líder atacó hace unos días un pueblo, se perdieron muchas vidas y las pocas, fueron protegidas por los nuestros.

—Ellos… ¿Mataron personas? ¿Por haber perdido a esa asesina?

El rubio asintió, Sarada parecía molesta por aquello.

—Convoqué a una reunión para mañana, estaré ahí porque tengo un plan de ataque.

—Iré contigo —dijo ella de pronto mientras se incorporaba para sentarse y cubrirse con las sábanas.

Boruto la miró con sorpresa, no esperaba que ella dijera eso.

—Pero dijiste que…

—eso fue antes de que despertara, Boruto, ahora soy capaz de ver y entender las cosas desde otra perspectiva.

Boruto se sentó igual y llevó una mano a su mejilla para acariciarla con suavidad.

—¿Qué hay de la Universidad?

—Lo pausaré por el momento —Sarada le miró con determinación.

Boruto le miró con seriedad —Sarada, ¿Estás segura? Tus padres estarán ahí.

—Entonces los veré y… hablaremos, o por lo menos dejaré que ellos digan lo que tengan que decir.

Él sonrió y de un momento a otro le robó un beso profundo y hambriento, introdujo su lengua luego de dar una mordida en su labio inferior y ella le dio batalla.

Al separarse él le miró con una sonrisa divertida —Entonces prepárate porque también conocerás a mis padres.

Ella le miró con miedo pero el rubio solo soltó una carcajada limpia.

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Día de la reunión…

Como se había acordado el día del ataque, ya las reinas y sus maridos estaban en la sala de reuniones en la sede del reino de Hinata, solo habían pasado algunos minutos y ya estaban todos algo inquietos.

—todos…

Los presentes miraron a Hinata, quien parecía tener intenciones de decir algo.

Ella continuó —en lo que mi hijo llega, quiero informarles que Nea ha despertado y… está de nuestro lado, dispuesto a cooperar con lo que sea que hoy lleguemos a pactar para la guerra.

Temari sonrió, lo había visto hace poco en su esfera de cristal.

Ino también parecía complacida —Esto es maravilloso, eso definitivamente nos dará una ventaja.

Hinata sonrió —Eso es lo que esperamos querida hermana.

—Sin duda es lo mejor que hemos escuchado por ahora —murmuró Shikamaru y Temari solo asintió.

Una pequeña punzada en su espalda baja le hizo removerse sin que los demás se percataran y pronto se concentró en la puerta, la cual estaba abriéndose.

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Sarada se había vestido con un vestido blanco veraniego de mangas cortas, cómodo y elegante a la vez y unas botas del mismo color que le llegaban a las rodillas.

Sus cabellos sueltos y largos caían como cascada por todos lados.

Ambos habían ido por Karín para irse juntos al lugar en auto.

Cuando llegaron al lugar y caminaron al interior del castillo, Sarada se sintió avergonzada de pronto por todas las miradas que recibía, incluso las de aquellas sirvientas que le miraban con recelo y la forma en que Boruto la mantenía aferrada de la cintura mientras ella hacía lo mismo con él.

Su instinto de hembra le decía lo que ellas pensaban y cuanto se deleitaban de la simple presencia de Boruto, por lo que se aferró aún más a él con fuerza sacando una sonrisa al rubio.

A su lado, Karin sonreía con diversión por aquello, necesitaba olvida que en minutos o segundos estaría frente a su reina y no sabía como la recibiría después del altercado con la Noé.

—¿Mi madre? —preguntó Boruto a Kurenai, quien se había colocado frente a ellos con gran rapidez para recibirlos.

—Están en la sala de reuniones, todos están ahí.

Boruto asintió y continuó con su camino. Kurenai no podía apartar la mirada de aquella chica con una belleza extraña, tan extraña como eran las reinas súcubos.

Tras ella, Amy miraba todo con tristeza, no pudo tener a alguien como Naruto, y cuando comenzó a criar y cuidar de Boruto hasta su madurez, se había aferrado a él. Estaba mal. Ella lo sabía pero no podía evitarlo, Boruto la trataba con respeto y cariño, y eso la había hecho pensar cosas equivocadas llegando a pensar en que podía tener alguna oportunidad pero verlo llegar con aquella chica le había abierto los ojos a la realidad. Ahora esperaba que solo fuera un capricho y cuando ella no pudiera complacerlo, que la dejara como a las otras.

Sarada se detuvo abruptamente y Boruto la observó —¿Qué sucede?

Ella llevó su mano a su corazón —Siento algo cálido aquí… y me inquieta —ella miraba a Boruto y luego pasó su vista a la puerta cerca de ellos —estoy… nerviosa…

Boruto sonrió —Debe ser porque tus padres están aquí, no es malo, es el lazo que comparten, ellos deben sentirse así por tu cercanía justo ahora.

A su lado, karín asintió dándole la razón al rubio.

El rubio la tomó ahora de la mano e ingresaron a la sala.

Cuando entraron, la atención de todos se fijó en ellos.

—Lamento el retraso —dijo Boruto con ánimo.

Hinata se levantó de su asiento y Naruto le imitó en el acto. Boruto se acercó con Sarada a su lado y la soltó para abrazarla.

—Madre.

Hinata se separó y miró a Sarada.

—¿Quién es la chica?

Sarada no podía creer que existieran mujeres tan hermosas e incluso alguien como la madre de Boruto, ahora comprendía de donde venía el encanto de Boruto.

—Madre, ella es mi pareja destinada.

Tras ellos, tanto Sakura como Sasuke se habían levantado de sus asientos para observar a la recién llegada.

—Sasuke —Sakura se aferró del brazo de su esposo. No podía creer lo que sospecha, y no fue hasta que Boruto dijo su nombre que lo comprobaron.

—Su nombre es Sarada Haruno.

Toda la sala quedó en completo silencio.