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Fecha de edición: 22/08/2021


Capítulo 17.

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"Nunca se miente tanto como antes de las elecciones, durante la guerra y después de la cacería"

—Otto von Bismark.

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"Por fin algo de acción"pensó tratando de reír mientras se recostaba sobre la pared analizando los sonidos que la rodeaban. Los pasos en sintonía con los disparos y las explosiones que habían inundado el silencio de lo que pensó, sería una noche tranquila, explotó al igual que la ventana de su oficina quince minutos atrás.

La ola expansiva la hizo volar unos metros y la dejó totalmente confusa durante unos largos minutos antes de entender que era lo que estaba sucediendo.

La alarma de la base se disparó después de la explosión, el sonido había empeorado el dolor de cabeza provocado por el golpe que obtuvo al salir volando; pero no era el momento de rendirse ante eso.

Los pasos fuera de su oficina la alertaron, se arrastró hasta debajo del escritorio, sacó el arma que siempre la acompañaba de su funda y esperó hasta que la ráfaga de disparos cesara.

"Que recibimiento"pensó con sarcasmo, cuando una segunda ráfaga comenzó y una de las balas se incrustó casi rompiendo la madera de su grueso escritorio.

—Mayor Haruno, es mejor que salga de su escondite. Tendremos piedad y morirá de manera rápida y sin dolor junto a sus compañeros: los asquerosos rebeldes.—La risa inundó el lugar, mientras ella intentaba distinguir las otras voces en su oficina.

Eran seis o siete hombres, ninguno conocido por ella.

—¿No saldrá?—Se rieron nuevamente antes de continuar—. Entonces se hará como usted desee. ¿Qué les parece un bocado del postre personal del Mayor Uchiha?, el cual guarda con tanto recelo.

Los hombres se burlaron nuevamente junto a una sarta de vulgaridades. Los disparos se detuvieron; sin embargo, el sonido pesado de las botas que usaban comenzaron a sonar de manera continua, la estaban rodeando.

Si así querían jugar, ella los acompañaría.

La sombra de una bota se asomó por el borde del escritorio y ella tomó su decisión, era momento de entrar en la batalla.

Salió de su escondite y disparó sin vacilar. El primer hombre cayó aún con la mirada llena de sorpresa al recibir una bala directa en medio de su frente, los demás rugieron antes de abalanzarse sobre ella.

Trató de contener su risa ante lo que sucedía, y sin dudar un segundo, disparó al foco que había dejado prendido mientras trabajaba para quedar en la total oscuridad.

—Maldita perra rebelde. Vamos a follarte y estarás rogando para que te matemos en su lugar, a ver si jodidamente te limpias de la suciedad y el hedor de una traidora.

Definitivamente no eran los hombres que veía de manera regular en la base; pero lo que sí podía asegurar, era el hecho de que eran militares.

Una nueva ráfaga de disparos iluminó levemente el cuarto oscuro, «no tengo tiempo para más jugarretas» pensó, guardando el arma y sacando la daga escondida que siempre llevaba encima.

Se acercó hasta el primer hombre y realizó un simple corte sobre su garganta, para continuar con los otros cinco que aún estaban disparando a la nada. Cuando la oscuridad se apoderó del lugar, ella se escabulló con maestría hasta quedar detrás del grupo, esperando el momento ideal.

—Que gasto de proyectiles tan innecesarios—susurró por lo bajo, dejando el borde filoso rozar la piel sudorosa del sujeto.

—Tú...perra…

Sakura dejó escapar una risa y presionó un poco más, dejando el metal hundirse sobre la piel, un leve olor a sangre comenzó a flotar a su alrededor.

—¿Dónde están ahora sus agallas? —cuestionó con burla, sacando su arma nuevamente. Nunca estaba de más asegurarse.—¿Quién te ha mandado?

El hombre siguió callado en su posición.

—Responde.—La voz de Sakura se volvió más fría, mientras el filo se hundía otro milímetro más.

—Alguien con quien no debiste jugar, perra.

—Juego con mucha gente, idiota. Ahora dime: ¿cuáles fueron las últimas palabras que te mandaron a decirme?

El silencio volvió, dejando los disparos de afuera ahogarse entre los gritos de batalla durante unos segundos hasta que recitó el mensaje que habían preparado para ella, con una voz plana y automática.

—Disfrutaré con placer de lo que nunca quisiste, Haruno. Mientras Sasuke se retuerza debajo de mi llevado por el éxtasis, estarás a tres metros bajo tierra mirando desde el infierno.

—Gracias por el mensaje.—Fueron las últimas palabras de Sakura, mientras cortaba el cuello sin más ceremonias.

Cerró los ojos durante unos segundos y trató de contener las ganas de reír que crecían paulatinamente en su garganta. Mei Terumi estaba totalmente fuera de sus cabales, mandar a siete soldados para asesinarla por Sasuke.

—Ridícula.—Alzó su mirada buscando la luz intermitente de las cámaras de seguridad; pero todo estaba apagado. La onda explosiva había dañado los generadores y las cámaras estaban irreparables. Caminó hasta la puerta y prendió el resto de las luces intactas del lugar, no había tiempo que perder.

Otra mirada a los cuerpos sangrientos que adornaban el suelo volvió hasta su escritorio y rebuscó entre todos los cajones el pequeño compartimiento donde había escondido un pedazo de plástico de color negro: una memoria, con toda la información de su investigación. Las notas que había dejado y los espacios vacíos que tenían sobre el papel, estaban completos dentro de ese pedazo de plástico y ahora tenía que sacarlo de ahí.

Corrió hasta el laboratorio adyacente, sacó el mechero que siempre la acompañaba, la luz entre tanta oscuridad, y lo tiró en medio del lugar, dejando que los papeles se cubrieran de fuego.

Volvió hasta su escritorio y rasgó todo, su arma disparó a la computadora y sin perder más tiempo, la azotó contra el suelo mientras ésta se deshacía en pedazos y el disco duro salía volando. Dos balas más sobre él y corrió a la entrada de su oficina al tiempo que el fuego consumía todo a su paso.

Nunca miró atrás, sabía lo que estaba ocurriendo, el sonido repetitivo de las explosiones volarían todo y nadie nunca encontraría nada.

Ahora su misión era llegar donde Naruto.

Se ocultó detrás de un vehículo de ataque, habían dos grupos a unos quince metros de ella en medio de una pelea, desde su lugar podía ver un segundo equipo de soldados llegando a su posición para atacar al grupo de rebeldes.

Miró nuevamente el arma en sus manos y se aseguró de las municiones que aún tenía antes de salir corriendo en dirección a la guerra. Comenzó a disparar a la resistencia, observando cómo caían uno a uno. Las heridas estratégicas en piernas y brazos, para despistar a los militares y poder ganar tiempo para que huyeran.

Atacar la base era lo más estúpido que pudieron haber planeado, y con Madara Uchiha en el lugar todos corrían peligro.

Disparó dos veces más, dando demasiado cerca de una arteria principal para su gusto; pero era eso, o recibir un disparo directo en la cabeza.

Había visto por el rabillo del ojo al soldado preparado para asesinarlo de espaldas y había actuado lo más rápido posible, evitando más pérdidas innecesarias.

—¿Qué está haciendo Mayor Haruno?—gritó uno de los soldados delante de ella, al ver cómo ella disparaba a un grupo completo por su cuenta; pero sin víctimas mortales.

—Enseñarles como se pelea en una guerra. Tantos soldados contra 15 niños y aún así tienen más bajas que ellos. —La respuesta de Sakura fue fría, la habían rodeado de un momento a otro y solo el líder de ese grupo le estaba plantando cara.

—Parece que los está ayudando.

Sakura rió antes de disparar la última bala que le quedaba, sin despegar sus orbes verdes del hombre que la estaba acusando.

Un grito de dolor sonó en conjunto con el golpe seco del metal contra el suelo.

—Debería estar haciendo su trabajo en este momento, en lugar de buscar culpables donde no los hay.

El sujeto dejó escapar una risa, dando un paso hacia ella, el metal frío se posó sobre su frente y Sakura miró al soldado a los ojos con la burla en ellos.

—La recompensa sigue siendo totalmente tentadora, Mayor Haruno.—Su título era una total burla en la boca de aquel y no tenía que hacer mucho esfuerzo para saber a quién le era fiel.

—En definitiva, Mei Terumi les tiene muy poco aprecio. —Sakura negó con la cabeza, tirando el arma sin balas al suelo. El sujeto sonrió más, pensando que había ganado.—, morirás a manos de tu propia Teniente Coronel el día de mañana, si hoy sales vivo de este infierno.

El susurro fue bajo; pero suficiente alto para que el hombre delante de ella, la entendiera.

«Idiota» era lo único que podía pensar en esos momentos, estaban rodeados y la mitad de los soldados ahí no seguían órdenes de Mei Terumi.

—Unas últimas palabras, Mayor Haruno...—El hombre calló abruptamente al sentir el frío característico del arma sobre su propia sien, sus ojos miraron al costado para encontrarse con otros soldados que le apuntaban sin vacilación.

—Hirazawa—llamó por lo bajo hundiendo un poco más la boca en la piel sudorosa—. El Mayor Uchiha quiere recordarle a su Teniente que el asesinato sin razón de un alto rango, sin el consentimiento del General Uchiha... Es Alta traición.

—Tú-

Los hombres de Mei Terumi elevaron sus armas dispuestos a disparar, «Genial, era una maldita loca» pensó, se había metido con una mujer obsesionada, totalmente dispuesta a matarla por un hombre que no la quería.

—No tiente más su suerte, sus hombres caerán y su Teniente morirá si sigue. Estamos en medio de una batalla con los rebeldes y ustedes quieren asesinar a la Mayor Haruno, si eso no es traición, no sé qué se considere. ¿Entendió?

Hirazawa la miró con odio antes de retirar el arma de su frente; sin omitir la oportunidad que tenía de dispararle.

El dolor atravesó su brazo derecho y el olor de la sangre brotó con fuerza sin más espera, era una herida limpia, todos sus años de experiencia se lo podían asegurar. El disparo fue demasiado cerca y en un ángulo abierto, la entrada y salida había sido casi perfecta.

Un grito retumbó en sus oídos; pero no había sido ella. Hirazawa estaba en el suelo con una herida similar a la suya; pero menos limpia, en el muslo derecho. La sangre corría con prisa y pese a la oscuridad sabía que la herida tenía que ser tratada con prontitud o de lo contrario podría morir.

—Llévenlo a la zona que se ha habilitado por la emergencia, mañana sabremos qué lo ha llevado a la tumba.

El hombre de Sasuke miró a Hirazawa una última vez, antes de volver a ella.

—Mayor Haruno.—Saludó, seguido del pequeño grupo que aún quedaba alrededor. Con un leve movimiento de cabeza, todos descansaron.

El silencio se estaba volviendo incómodo; pero ella no iba a hablar aún, ¿qué querían los hombres de Sasuke?

—Acompáñenos, Mayor Haruno. —Dio un paso atrás sin despegar sus ojos de ella. Sakura lo miró con duda ¿acompañarlos?

—¿Qué es lo que realmente quieren?—No tenía tiempo para esto, debía encontrar a Naruto lo más pronto posible. La herida en su brazo era mucho peor de lo que creyó y no podía correr el riesgo de desmayarse por la pérdida de sangre.

El soldado dejó escapar una pequeña risa y negó con la cabeza.

—El Mayor Uchiha lo sabe, Mayor Haruno. La Teniente Coronel Terumi está buscando asesinarla y en situaciones como esta, tendría la excusa perfecta. Si nos acompaña, podemos-

—Madara Uchiha está en la base. Huir o esconderse es la peor decisión que se puede tomar. Si Mei Terumi quiere matarme, bien puede intentarlo.

Sakura miró al soldado y extendió su mano derecha, él la miró con confusión. Antes de dar un suspiro, dejando sobre su palma extendida el arma y algunas balas que aún le quedaban.

Analizó por unos minutos el peso de esta y la cantidad de municiones que aún le quedaban, algo le decía estaba adentrándose en el corazón del infierno y tenía que prevalecer hasta que pudiera encontrar a Naruto.

La Haruno dio un paso atrás y giró sobre si para dirigirse a la sección de infectados; pero detuvo su carrera volviendo un poco el rostro al grupo de hombres detrás de ella.

—La zona donde se encuentra el Mayor Naruto Uzumaki-

—Han derribado las paredes, la batalla se ha concentrado en ese punto...

Sakura maldijo por lo bajo y comenzó a correr, definitivamente no había tiempo que perder. Los rumores debieron haberse extendido como pólvora, ya entendía un poco la razón del porqué habían decidido atacar aún con Madara Uchiha en el lugar.

Escuchó la directriz distante del hombre que había hablado con ella y sabía, la estaba siguiendo. Bien, que fuera como ellos quisieran, lo único era que no se metieran en su camino.

Sentía sus pulmones quemándose, la carrera había sido larga y difícil. El camino estaba lleno de peleas y sangre; pero eso no la había detenido, finalmente había llegado y ahora tenía que buscar a Naruto.

Su habitación era la más alejada de todas, bastante estratégico a su parecer; no obstante la situación actual, le facilitaba su tarea, todos estaban en el extremo contrario luchando contra los miembros de la resistencia que querían entrar por esa fisura en la enorme base.

Siguió corriendo pese al dolor y la fatiga, podía hacerlo, había sido entrenada para esto y más. Eran casi el sinónimo de superhumanos, de lo contrario años atrás no hubieran tenido éxito alguno.

Los días enteros en medio del campo de batalla, las noches en vela y las mañana salvando la vida de sus camaradas en medio de la nada.

La determinación se fijó sobre su rostro y aumentó su velocidad al ver el lugar donde mantenían recluido a Naruto. Abrió la puerta de golpe y se lanzó dentro de la habitación para encontrar a su amigo sentado sobre la cama, observando con atención la entrada.

—¿Sakura, qué...?

—Rápido, Naruto. No hay tiempo...

—¿De qué estás hablando? ¡Sal ahora mismo Sakura! No puedes entrar sin protección…

—¡Cállate y escúchame Naruto! No tenemos tiempo para esto, afuera están peleando: la resistencia y los militares, en algún momento los primeros van a entrar por ti y te van a sacar de este lugar. ¿Comprendes?—Sakura tomo un respiro y el rubio asintió invitándola a seguir.

La Mayor Haruno sacó el pedazo diminuto de plástico que podía dar o destruir la ventaja sobre un grupo, lo mantuvo delante de ella y miró a Naruto.

—Tienes que sacar esto de aquí, Naruto. Contiene la información completa de mi investigación, si cae en manos equivocadas...—Negó con la cabeza—. La única razón por la que Madara Uchiha me mantiene viva esta en ésta pequeña memoria, pondré tu vida y la de millones en tus manos, entrégaselo a quien creas es la persona ideal que lo usará con sabiduría o bien, toma la decisión que más te parezca respecto a ello.

El Uzumaki la miró perplejo, ¿ahí estaba lo que podía ayudar a Madara Uchiha a gobernar el mundo o hacer la diferencia? En ese pequeño pedazo de plástico negro.

—¿Por qué a mí? Yo nunca…

—Confío en ti, Naruto. Sé que harás lo ideal por todos, puedes sacrificarme a mí si te parece lo mejor, yo te culparé por ello...

—Sakura-

—No hay tiempo, Naruto. Escucha bien lo que te diré: El virus se activa cuando entra directamente en contacto con el cuerpo humano; pero necesita un cuerpo líquido por el cual se transmita o de lo contrario los agentes en el aire lo oxidarán y acabaran con él.

—Entonces…

—Sí Naruto, eres la única persona que tiene el virus en este momento, una segunda dosis eliminará todo y te hará inmune. Los otros han sido solo...Vitaminas—Los ojos verdes de Sakura observaron fijamente a Naruto, esperando cualquier reacción de él.

Pero nunca esperó verlo sonreír y reírse, pese a la situación tan difícil por la que estaba atravesando.

—Naruto...

—Realmente eres un genio.

—Pude hacerlo mejor; pero era la única salida. Ahora escúchame bien, hay cámaras por todo el lugar, se supone que los generadores han volado y no creo que exista audio; pero, es mejor prevenir, así que es posible que puedan ver todos nuestros movimientos. Necesito inyectarte la segunda dosis y estoy de espaldas a la cámara, tengo la solución lista en mi mano izquierda; pero necesito que me ataques para que no se vea muy obvio, yo me defenderé con la mano del costado izquierdo y cuando termine golpéame dos veces: en el abdomen y en la pierna...Acuérdate de tomar el chip, trágatelo y no confíes en nadie.

—¿Y tu herida?

—Estaré bien, solo hazlo. No queda tiempo y los hombres de Sasuke me estan siguiendo.

La mirada de Naruto se oscureció antes de mirarla fijamente por unos segundos y abalanzarse sobre ella. Sakura inyectó la dosis en su costado derecho, y susurró un: listo por lo bajo.

Ocultando la jeringuilla entre su ropa, Naruto vaciló unos segundos antes de decir: Lo siento, Sakura.

El primer golpe en su abdomen la dejó sin aire, y el segundo movimiento la lanzó unos metros quedando cerca de la cama. La herida en su brazo comenzó a sangrar nuevamente y vio a Naruto vacilar.

Ella lo miró con odio. Tenía que huir, sabía que la información ya estaba con Naruto, quien había tomado el pequeño material y ahora lo apretaba en su palma, tosió un poco de sangre para el espectáculo y cerró los ojos cuando el Uzumaki le dio la espalda y corrió entre el caos.

Sakura mantuvo sus ojos cerrados hasta que escuchó unos pasos y sintió la boca del arma presionarse contra su frente.

—Pero si tenemos a la zorra Haruno aquí.—Fue la voz llena de burla que la despertó de su pequeño trance, el golpe de Naruto no había sido tan fuerte; pero la pérdida de sangre le estaba pasando factura y el mundo estaba comenzando a girar para ella.

—¿Qué mierda quieres, Deidara?—Sakura lo miró con odio, no tenía tiempo ni las fuerzas para enfrentar al idiota en ese momento.

El recién llegado rió con satisfacción, algo en sus ojos le aseguraban que lo que vendría a continuación sería todo menos bonito y sabía, tendría que luchar antes de dejarse llevar por el cansancio.

La mano libre de él se apretó contra su brazo herido y gritó de dolor. Deidara continuó burlandose, mientras guardaba su arma y presionaba más fuerte su lesión.

—Jodido enfermo.

—Cállate, Haruno. No estás en posición para decir nada, ahora date la maldita vuelta que te haré pagar la paliza que me dieron hace meses atrás por tu culpa. Voy a follar el maldito coño que Uchiha protege tanto...

—Así que esto es por el Mayor Uchiha, dime Deidara ¿qué se siente saber que llegamos más alto que tú? Despertarse cada día, y saber que tienes que recibir órdenes. Que nos debes respeto...

Un golpe en seco atravesó su rostro y seguido el dolor constante en su brazo, la sangre parecía brotar sin límites y su lucidez se perdía a cada segundo.

—Todo lo que tienen es un maldito nombre, zorra. ¿Dónde estás ahora? Debajo de mí, y mientras estés gritando, dentro de ti. Nadie te salvará porque a nadie le importas, Sasuke Uchiha está afuera y no hay poder en este mundo que le dirán lo que sucedió hoy, las cámaras se pueden borrar y tú...Tú estarás en el lugar que te mereces.

Deidara terminó su pequeño discurso antes de voltearla, «maldita sea» pensó mientras intentaba luchar nuevamente, acostada sobre el suelo helado; pero era en vano. Sentía la fuerza y la conciencia dejar su cuerpo a cada segundo que pasaba, junto a la sangre que perdía, Sasuke no estaba era cierto, y todos los demás estaban demasiado ocupados peleando con la resistencia.

Si salía de esto, mataría a Deidara lentamente, lo escucharía pedir misericordia y lo ignoraría para cortar lo que con tanta arrogancia presumía.

Escuchó el sonido de la cremallera y sintió la parte baja de su uniforme siendo removido.

—Suéltame ahora, Deidara. De lo contrario, lo que te hizo Sasuke será un juego de niños a comparación de lo que haré yo.

La fuerza en su brazo aumento y no puedo evitar gritar.

—Si es que sales de esto, querrás decir. Disfruta, Haruno. Que te irás de este mundo conociendo el placer realmente de tener un hombre dentro de ti. Sakura se burló y siguió retorciéndose debajo de él. Sus piernas estaban atrapadas y no podía moverlas, la cabeza le dolía a horror es al igual que su brazo; pero aún así rió.

Bien podía jugar con su ego y ganar algo de tiempo.

—Los rumores se han quedado cortos, tu miembro es más pequeño de lo que decían. Realmente estás mal de la cabeza, Deidara. Mátame de una vez por todas, prefiero eso a la burla en el infierno.

—Tu maldita zorra, ya verás.

El sonido de su ropa interior rasgándose, el calor del cuerpo de Deidara contra el de ella, la alertaron, «maldita sea» se dijo antes de comenzar a luchar.

Sakura cerró los ojos e intentó que el pánico no la inundara, tenía que ser fuerte, pelear. Bien podía darle un golpe en la cabeza, podía intentar huir y ver si los hombres de Sasuke estaban alrededor.

—No aprendes, ¿verdad? Sasuke te lo dijo: No te acerques a la Mayor Haruno; pero aquí estás.

Sakura exhaló y dejó de moverse, el peso sobre sus hombros desapareció y una lágrima cayó libre. Se levantó tambaleante, dando la bienvenida a la mujer que la había salvado.

Karin, era la voz de Karin Uzumaki, salvándola.

—Quiero meterte dos balas en el cuerpo y castrarte; pero aún no es el momento. Ponte los malditos pantalones y sal de aquí, si no quieres que accidentalmente mi mano resbale contra el gatillo. No puedo matarte, pese a que es la mejor excusa que podamos tener.

Deidara rió con fuerza y Karin presionó más el arma contra los cabellos rubios de él.

—Los pantalones, ahora. De lo contrario ignoraré órdenes y este será tu último aliento de vida.

Deidara se mofó y comenzó a levantarse lentamente, con las manos en el aire y los pantalones abajo. Giró lentamente y quedó de frente con la Karin, quien lo miraba fríamente y el arma apuntando a él sin vacilación.

La burla nunca desapareció del rostro de él, al igual que la maldad demasiado obvia y no existía ninguna señala de qué deseará ocultarlo. Porque ambas sabían quién era realmente.

—No lo repetiré.—Un disparo resonó por la pequeña habitación y el rubio siguió en ese lugar, observándolas.

—Algún día el nombre de Sasuke Uchiha no las salvará—susurró por lo bajo, subiendo los pantalones sin despegar sus ojos de ellas. La sonrisa nunca desapareció mientras caminaba hacia la puerta.

Las piernas de Sakura fallaron y cayó de forma abrupta, Karin volvió hacia ella, tratando de entender que había sucedido cuando un sonido ensordecedor estalló en sus oídos.

Sakura se quedó muda en el suelo, mientras algunas gotas salpicaban sobre su piel blanca y observaba la sorpresa en el rostro de Karin, cómo su uniforme se iba tiñendo de color rojo.

—¡Maldito seas Deidara!—murmuró Karin por lo bajo, sintiendo el dolor por su cuerpo y la sangre corriendo libre.

—Que disfrutes el infierno, Karin. Y recuerda el día de hoy, Haruno. Que tu final tampoco está tan distante.

Sakura salió de su estupor y lo miró con frialdad, para advertirle con voz calma:

—Diez veces. Diez veces el dolor de lo que has hecho, Deidara. Marca mis palabras, si eres inteligente nunca más volverás a cruzarte en mi camino y tu mismo buscarás la muerte más tranquila.

El rubio carcajeó y negó con la cabeza antes de fruncir el ceño por las voces que venían de lejos.

—Ya lo veremos, Haruno.

Susurró por último antes de huir en dirección contraria, lejos de los hombres de Sasuke y de su crimen.

Sakura se quedó mirando al fondo vacío por unos segundos más y volvió a concentrarse en la situación cuando escuchó la tos de Karin. La sangre seguía saliendo y su piel pálida alrededor de su boca, estaba cubierta con rastros de una sustancia roja espesa.

—Karin, tienes que resistir tienes que…

—Cállate, Haruno. Sigues siendo fastidiosa. Maldito cobarde, disparar por la espalda. —Karin volvió a toser escupiendo más sangre. Sakura se arrastró un poco más hasta poder poner la cabeza de la Uzumaki sobre sus piernas temblorosas con los pantalones mal puestos, el dolor de su brazo parecía haberse esfumado al momento que en que vio a la mujer en su regazo caer.

—No hables. Tienes dos heridas de gravedad, tus pulmones deben haber sufrido algún daño y necesitamos encontrar un quirófano para operarte-

—No te engañes.—La detuvo tosiendo nuevamente—Sabes mejor que yo, el tiempo que me queda, así que escúchame, Sakura Haruno. Porque no moriré en vano.

La Mayor calló inmediatamente y dio un leve asentimiento, ella lo sabía; pero aun así…

—Sigue luchando, Haruno. Sigue luchando por Sasuke, porque es un idiota y aunque no lo admitatiene miedo, sigue herido.

Se detuvo un momento, mientras intentaba recuperar el oxígeno que se agotaba con más rapidez, Karin tenía su garganta seca; pero no podía parar, sentía la muerte cerca y no moriría en vano sin decirle.

—Puede que no lo demuestre; sin embargo, lo sé mejor que nadie. Aún sigue herido y en este momento quiere venganza; pero al mismo tiempo te quiere devuelta.

Sakura se mofó, ¿Sasuke la quería devuelta? Por favor, era lo más…

—Actúa bien, ¿verdad? Pero él sigue queriendo eso, hay una foto de ustedes tres entre sus cosas, cuando sale lejos la guarda en su gabardina.

Ambas se quedaron en silencio, los disparos de Deidara habían sido en los lugares más críticos y en medio de una batalla, con su brazo herido tampoco podía operar. El lugar se estaba volviendo más frío, la muerte estaba llegando para visitar y llevarse un alma consigo esa noche.

—Me lo debes, Sakura. Prométeme que por lo menos intentarás hablar con él y después de eso tomarás tu decisión.

—Pero-

—¡Promételo!—La voz de Karin, quebró y Sakura presionó un poco más sobre la herida. La sangre no paraba de salir.

Los ojos rojos de la capitana la miraron, Sakura sabía que la muerte estaba cerca, y no había nada que pudiera hacer.

—Es mi última voluntad, Mayor Haruno. La voluntad de una mujer que dio su vida por la tuya, porque se lo debo.—Karin volvió a toser, y esta ocasión, la cantidad era alarmante.

—Ya no hables, no-

—Lo prometí hace tiempo, daría mi vida si eso significaba que él-él pudiera ser feliz... Y sé que eso te incluye...Mo-moriré sin remordimientos porque esta vida se la debo a Sas-Sasuke.—La Uzumaki cerró sus ojos, mientras su pecho subía y bajaba con menos fuerza.

—Karin.—La llamó suavemente, golpeando con su palma el rostro pálido de la mujer en su regazo, —Karin abre los ojos, maldita sea, no puedes…

Sakura calló al ver el esfuerzo que estaba haciendo por hablar, tenía los labios resecos y llenos de sangre, parecía que quería decir algo, pero la fuerza ya no le daba. Se acercó un poco más hasta ella, dejando su oído rozar los labios de la mujer moribunda.

—Cuí-cuídalo, Sakura.—Fueron sus últimas palabras, mientras expulsaba su último aliento de vida.

Sus propios latidos sonaron en sus oídos y observó cómo la mano de Karin cayó a un lado sin vida.

Sakura sabía que ya no había nada que hacer, Karin Uzumaki estaba muerta. Intentó erguirse en su posición; pero le fue imposible, la cabeza le dolía a horrores al igual que su brazo.

Trató de fijar sus ojos en un punto concreto delante de ella; todo le daba vueltas y sus orbes verdes estaban agotados, aún escuchaba los disparos y los gritos, la pisada de los hombres de Sasuke llamándola y después la oscuridad.

Una oscuridad fría y silenciosa con olor a sangre.

«Hasta que la muerte, nos reclame»


¡SORPRESA! ¿Me han extrañado? Aquí he vuelto a actulizar, lentooo; pero seguro :D Espero que les este gustando como va todo, como pueden ver, se viene el climax de una guerra (?)

Muchas gracias por su apoyo, me alegra que aún hayan personitas allá afuera que se dedican a leerme.

Dejen sus comentarios y nos estamos leyendo pronto.

Besos.

Zhang