Extensión: Viñeta.
Temporada 1, capítulo 22. [ANIME]
II. Amigos
—¡¿Lo vamos a hacer?! —La pregunta desgarradora resuena en la mente de todos, martillándoles como si fuera una maldición—. ¡¿Realmente lo vamos a hacer?!
¿Cómo empezar a definir a los amigos? Gente a la que has conocido desde… ¿siempre? Quizás desde nunca, pero ahí han estado, poco o mucho, lo han hecho. Han vivido una risa contigo, o tal vez han vivido una lágrima, y, en el caso de los habitantes de las aldeas asediadas por Titanes, también han vivido la muerte de otros, la decepción, la impotencia de ver a quienes amas ser… devorados. Pero, a este tiempo de la vida, cuando has visto tanta desolación a tu alrededor, ¿es posible que seas capaz de botarlos por la borda como si fueran un montón de abono? Como un costal de papas secas.
Cierras los ojos con fuerza porque las lágrimas, la decepción, la ira, la tristeza y el duelo que no puedes vivir te ciegan, te lastiman y no hay absolutamente nada que puedas hacer. Todo es una maldita mierda. Al rededor huele a muerte y a desesperanza.
Huele a malditos Titanes.
—¡Ya no nos queda otra opción!
Y el primer cuerpo cae. Cada rebote de su peso inerte quema en las mentes de los vivos que están luchando por sobrevivir un poco más, con la muerte segura pisándoles los talones. Desesperados, vuelven la vista hacia el siguiente cadáver. Ese tiene un destino todavía más cruel y es aplastado por la torpe bestia que corre detrás de todos. Escuchan cómo truenan los huesos, como se dispara la sangre, los intestinos… como se deshace cada membrana al ser acabada por el pie gigante.
Y todos lloran. Es imposible no hacerlo. Ni siquiera has podido darles una maldita despedida a tus semejantes, contrario a eso, los has echado al infierno como un montón de basura.
La culpa quema.
» Anteriormente, hubo muchas personas cuyos cadáveres quedaron atrás; estos cuerpos no tienen nada de especial.
Y ves en cámara lenta, por última vez, su rostro bello que ha sido manchado por la sangre de su deceso. Pareces no inmutarte, pero tu alma sangra por dentro. Sabes que ella se ha ido para siempre y que, para colmo, has ordenado que sea echada de aquella manera. Por tu bien, por el bien del resto. Por el bien de la humanidad.
¿No es así, Levi?
Cada rebote de su cuerpo contra el suelo duele y deja huellas en el cerebro. El corazón parece querer salirse del pecho y no puedes hacer más que seguir mirando al frente.
—Esta es la prueba de que estuvieron vivos.
¿A qué le lloras? ¿A qué estás mostrándole tu afecto y tus respetos por la pérdida? ¿Ante qué acabas de mostrar tus lágrimas y el temblor de tu cuerpo? ¿Hacia una maldita insignia? ¿Es que ni siquiera has conservado la dignidad para la memoria de quienes ya no están? ¡¿Cómo demonios puedes llorarle a una insignia?! ¡¿Entiendes esto?! ¡¿Lo entiendes?! ¡No puedes siquiera tener una tumba o un cuerpo qué llorar! Ahora solo queda lo que recogió tu mente con el paso del tiempo y la convivencia.
Mojas el suelo con tus lágrimas.
No puedes mirar a los familiares de quienes has dejado atrás porque… ¿Qué vas a decirles mientras te sonríen, orgullosos, esperando buenas nuevas de sus parientes? Tragas duro y afrontas la realidad. Cierras los ojos y no puedes hacer más que maldecirlos.
Malditos, malditos todos. ¡Malditos sean todos!
Malditos Titanes.
Gracias a Gabriela Jaeger, kariim.
