Nuestra primera cita

Aun le parecía increíble que después de todo ese tiempo, desde que oficialmente iniciaron su relación de noviazgo, apenas hubiera logrado invitar a una cita a, no solo la chica más encantadora de la orden, sino también a la única que hacía que su corazón latiera con una intensidad que nunca había sentido en toda su vida.

Fjorm no pudo evitar apenarse ante ese pensamiento, con meses de relación era una verdadera vergüenza que en todo ese tiempo, no se hubiera atrevido a invitar a Sharena formalmente a una cita y, si bien las cosas habían estado algo complicadas en el reino, lo cierto era que habían gozado de largos periodos de paz en los que, fácilmente pudo haber logrado tal acción.

-¿Fjorm, te encuentras bien?-cuestionó Sharena un poco preocupada, sin soltar la mano de su novia, paseando en uno de los pueblos más cercanos al castillo.

-Sí, solo mi mente ha estado un poco distraída-aclaró Fjorm bastante apenada, no necesitaba arruinar su primera cita.

-¿Segura qué no es nada grave?-insistió Sharena preocupada, ya que Fjorm se veía algo mortificada desde hacía un rato.

-Es solo que…-comenzó a decir Fjorm apenada, tratando de reunir todo el valor que podía para hablar-Debí de haberte pedido esto desde hace mucho tiempo-continuo sintiendo que su rostro hervía-Perdóname por no haberlo hecho mucho antes-susurró Fjorm aun bastante apenada.

-No hay nada que disculpar-aseguró Sharena con ímpetu, atrayendo la atención de su novia-A decir verdad yo también había querido pedírtelo desde hace mucho-admitió Sharena algo sonrojada-Supongo que las dos tenemos que aprender a ser menos tímidas-terminó de decir volteando hacia otro lado en un intento de ocultar su notable sonrojo.

Para su sorpresa, la respuesta de su novia fue darle un cálido beso en la cabeza que solo incrementó su sonrojo, la miro aun apenada, encontrándose con una mirada llena de adoración y cariño que logró robarle el aliento, estaba tan embelesada en esa mirada que, apenas logró captar lo que le dijo su amada novia.

-Quizás, pero la verdad, no te preferiría de otra manera-aseguró Fjorm con sinceridad, regalándole una de sus mejores sonrisas, Sharena se limitó a asentir, sonriéndole con el mismo cariño con el que la veía.

Las dos princesas continuaron tomadas de las manos, aunque ahora Sharena se encontraba acurrucada en el hombro de su novia, sintiendo una felicidad y una paz que jamás había sentido en su vida.

Genuinamente en esos momentos, se sentía como la persona más feliz que hubiera existido no solo en Askr, sino también en cualquier otro mundo, y no podría estar más agradecida de que aquella persona que le brindaba tanta alegría, se sintiera de la misma forma a su lado.

En el castillo que era la sede de la Orden de los Héroes de Askr, la mayoría estaba haciendo lo posible por disfrutar el tiempo libre que se habían ganado luego de tantos combates en las regiones sagradas de Askr, algunos utilizaban el tiempo para descansar, otros para pulir sus habilidades y otros estrechaban sus lazos con sus compañeros.

Sin embargo, un pequeño grupo de la orden estaba dedicándose a un trabajo de extrema importancia que de fallar, causaría un terrible daño a dos de las personas que genuinamente, se merecían un momento agradable a solas.

-¡Es increíble que nos tengan encerradas como criminales!-bramó Lissa indignada, en una de las salas de buen tamaño del castillo.

-¡Exigimos que nos liberen inmediatamente!-exclamó Est igual de molesta que su compañera.

-No hagan más difícil esto de lo que ya es-aconsejó Catria indiferente leyendo un libro, en una silla a lado de la puerta.

Como una precaución para que cierto grupo, no arruinara la cita de las dos princesas, algunos héroes decidieron dejarlas en un "arresto domiciliario" hasta que tanto Fjorm y Sharena regresaran tranquilas de su cita.

-Aun no entiendo que hago aquí, no soy tan descarada como para irlas a seguir a ver como les va-argumentó Lene algo molesta, mientras intentaba entretenerse leyendo un libro.

-Si lo eres-expresaron al mismo tiempo Camilla, Catria, Maribelle, Olwen y Phyria.

-¡No te mataría defenderme un poco Olwen!-exclamó Lene indignada por la respuesta de su amiga.

-Una caballera de Friege jamás debe mentir-respondió Olwen secamente, restándole importancia al asunto.

-¿Por qué se toman tantas molestias cuando les dijimos que solo las seguiríamos a una distancia respetuosa?-cuestionó Est con cierto aire demandante.

-Porque su definición de "respetuosa" deja demasiado que desear-suspiró Camilla en tono cansado, sentada en un sofá a lado de Phyria.

-Además véanlo de esta manera, a ustedes tampoco les gustaría que las siguieran en su primera cita-señaló Phyria en tono tranquilo, mostrándole algunos juegos a Camilla de su consola portátil.

-Bueno, siempre me hice a la idea de que cuando tuviera mi primera cita, Maribelle me estaría vigilando desde las sombras-expresó Lissa en tono seguro… la reacción de Maribelle fue ahogarse con el té que estaba bebiendo.

-¿¡Insinúas que yo sería capaz de hacer algo tan reprobatorio como eso!?-exclamó Maribelle indignada y, por la mirada que le arrojaron todas, estaba claro que Lissa no era la única que pensaba eso…

-De todas maneras, solo intentemos llevar esta convivencia lo más pacíficamente que sea posible-aconsejó Olwen al notar cierta tensión en el ambiente.

Desgraciadamente, toda esperanza de que las cosa se mantendría en calma, se acabó en el momento que unos desesperados golpes a la puerta, las hizo espabilar a todas, apenas Catria abrió la puerta, un guardia de la orden llamado Noah, entró apurado y con la mirada más aterrada que le habían visto, balbuceo algo que nadie fue capaz de entender debido a su nerviosismo.

-Noah cálmate, ¿Qué está sucediendo?-cuestionó Phyria tomándolo de los hombros, en un intento por calmarlo.

-¡TROPAS!-exclamó Noah aterrado, apenas articulando palabra-¡HORDAS DE MUERTOS ESTÁN ATACANDO EL PUEBLO Y SE DIRIGEN AL CASTILLO!-bramó casi fuera de sí, dejando en claro que lo que sea que vio, había sido demasiado para él.

Ninguna de las ocho chicas termino de procesar la información antes de salir corriendo de la habitación en busca de sus armas, mientras se alistaban para lo que sería una terrible batalla, más de una solo rezaba porque el pueblo que estaba siendo atacado, no fuera en el que Fjorm y Sharena se encontraban…

Y si fuera ese el caso… que fueran capaces de aguantar hasta que llegaran los refuerzos…

Corriendo en el bosque que tanto amaba y que, ahora se había tornado en un espantoso paraje llenó de gemidos guturales, bramidos y el paso de criaturas salidas de las peores pesadillas que habían tenido, Fjorm y Sharena se internaban más en busca de perder a sus tétricos perseguidores.

Habían logrado desviar la mayoría de las tropas enemigas a ese lugar, dándoles el tiempo suficiente a los soldados del pueblo de evacuar a la población, sin embargo, con lo que no contaban era que el bosque en el que tantos momentos y paseos habían compartido, no solo se encontraba sumergido en una gruesa niebla que apenas les permitía saber hacia dónde se dirigían, sino que también la tierra cada vez se volvía un espeso pantano en el que apenas podían moverse.

Ambas llegaron a una zona de arboles relativamente cerca del lago que significaba tanto para ellas, apenas recuperando un poco el aire luego de esa frenética carrera.

-¿Qué está sucediendo?-murmuró Sharena temblorosa, no solo por el repentino frio del ambiente, sino también por toda aquella bizarra situación.

-N-No lo sé-Fjorm apenas pudo responder chasqueando los dientes-P-Pero tenemos que llegar rápido al castillo a dar aviso-susurró apenas manteniendo cierta calma.

Unos pesados pasos las obligo a mantenerse en silencio, usando como mejor podían los arboles como refugio, ambas estuvieron muy cerca de gritar cuando aquellos seres hicieron su aparición.

Debido a la cercanía, ambas pudieron identificar los distintivos uniformes no solo de los soldados Embla sino también de los de Múspell, los ropajes y las armas que usaba estaban no solo manchados de sangre, sino que tenían una variedad de daños que les dejaba claro como murieron.

Los cuerpos que se acercaron a su escondite casi las hicieron gritar de pavor, viéndose obligadas a ahogar aquel sonido con sus propias manos, los cadáveres que se acercaron les dejaron claro que, debieron haber muerto en manos de sus compañeros que usaban hacha… porque la mayoría tenía cortes tan profundos que casi estaban abiertos a la mitad, dejando a la vista los huesos, carne de un color verdosa y algunos órganos putrefactos que emitían un terrible hedor que, apenas fueron capaces de aguantar.

Para empeorar la situación, uno de los pútridos soldados comenzó a acercarse a su escondite, su estado estaba tan deplorable que en algún punto, en un ligero giro que hizo, uno de sus ojos cayo de su cuenca, cayendo extremadamente cerca de las dos princesas, ambas contuvieron el aliento rezando que no fuera capaz de ver por aquel ojo caído.

El grupo de muerto pronto comenzó a retirarse al no encontrar nada, alejándose a un tortuoso paso que solo crispaba más los nervios de las dos princesas, apenas se aseguraron de que estaban lo bastante lejos, empezaron a respirar agitadas, sintiendo que en cualquier momento el corazón se les saldría.

¿Cómo aquel día que, debía ser el más feliz de sus vidas, se estaba convirtiendo en esa pesadilla de la que no podían despertar?

-T-Tenemos que llegar al castillo-murmuró Sharena temblorosa, sin ser capaz de retener sus lágrimas.

Fjorm la miró sintiendo un terrible dolor en su pecho… ¿Qué estaba haciendo? Se suponía que ella había jurado antes su diosa y su madre que protegería la sonrisa de Sharena y sin embargo…

No importaba si más de esas criaturas las asediaban o si otras peores las esperaran más adelante, ella protegería Sharena sin importarle las consecuencias.

-Todo saldrá bien-expresó Fjorm en el tono más calmado que pudo, abrazando a Sharena con fuerza-Sin importar lo que suceda, estaré a tu lado protegiéndote-aseguró Fjorm con convicción.

-No…-comenzó a decir Sharena correspondiendo el abrazo, sorprendiendo a Fjorm por sus palabras-Nos cuidaremos juntas, sea lo que sea que pase lo enfrentaremos juntas-afirmó Sharena con energías renovadas, mirando a su amada con determinación.

Fjorm descubrió que incluso, podía enamorarse más de su amada Sharena.

Tan compuestas como la situación se los permitió, continuaron su huida por el bosque, cada vez les faltaba menos tramó para llegar al castillo y si lograban llegar con sus amigos pronto, podría darle la vuelta a la situación.

Un gutural bramido, hizo reaccionar a Sharena casi por reflejo, logrando interceptar y empalar a un cadáver andante que, se había arrojado hacía ellas… finalmente las habían encontrado…

Pronto fueron rodeadas por un grupo de soldados que, aunque muchos parecían no estar en condiciones para pelear, el número de ellos era demasiado preocupante como para confiarse.

-Sharena, sin importar lo que suceda, no te separes de mi-aconsejó Fjorm tomando su lanza con firmeza, apareciendo una gruesa capa de hielo al final de esta.

-No pensaba alejarme, porque no permitiré que ninguno de ellos se atreva a lastimarte-aseguró Sharena con cierta ferocidad, preparándose para una batalla que, estaba segura que sería comparable con las que vivió en Múspell.

El eco del choque de armas y gruñidos guturales empezó a llenar lo que alguna vez fue aquel pacifico bosque, las dos princesas apenas se daban abasto no solo peleando, sino también defendiendo la espalda de la otra, estaban tan enfrascadas en aquel combate que, ninguna de las dos se percató de que, un enorme y demacrado manakete, al que se notaba que había perdido una garra en batalla, concentro su rayo para poner fin a aquella batalla.

Sharena fue la primera que se dio cuenta de ello y solo atino a usar su escudo para cubrirlas a ambas, rezando que aguantara el devastador rayo, el impactó dio de lleno en este y generó una enorme explosión que termino de despedazar a los maltrechos soldados y arrojo a las dos princesas por los aires.

En todo el tiempo que Sharena llevaba peleando desde que comenzó sus aventuras en la orden, era la primera vez que, no solo había sida arrojada por los aires con tal violencia, sino que también su escudo y brazo colapsaron con una aterradora facilidad…

Aun le sorprendía el hecho de que su brazo aun siguiera pegado a su cuerpo luego del terrible impacto…

Sharena aterrizo en un lodazal que atentaba con devorarla, en su forcejeo por salir noto varias cosas alarmantes, la primera fue cuando reconoció la zona como el lago que era su lugar secreto, lo siguiente fue darse cuenta de que Fjorm estaba tan herida como ella en una zona más cercana a la orilla del pantano y, lo que casi le hizo helar la sangre, fue percatarse que la razón por la que ambas se hundían… era porque unas manos cubiertas de lodo, las estaban jalando hacia el fondo.

Forcejando con todas sus fuerzas, fue capaz de liberar su brazo bueno, pero había perdido su lanza en el proceso, desesperada trato de socorrer a Fjorm cuando súbitamente una mano la tomo del cuello de su capa, levantándola con una fuerza y velocidad tal que Sharena, de verdad pensó que perdería su brazo roto.

Encarando a la misteriosa presencia, Sharena soltó un grito ahogado al ver quien la había sacado de ahí, una mujer increíblemente alta con una apariencia que aterró a Sharena, la mitad de del rostro de aquella mujer parecía una máscara fría blanca y negra con unos penetrantes ojos amarillos que le calaron hasta en el fondo de su alma.

De la mandíbula para abajo todo su cuerpo era un color morado transparente que dejaba a la vista sus huesos, dándole una apariencia aterradora y que por alguna razón denotaba un terrible poder, notó que usaba una ropa muy similar a la de Eir, pero dudaba que alguien con una presencia tan mortal y aterradora estuviera asociada con su amiga.

La mujer la miró con fastidio examinando cada detalle de ella, mientras escuchaba los gritos desesperados de Fjorm de que la dejara en paz, finalmente la mujer la miro a los ojos antes de hablarle.

-¿Dónde está la invocadora?-exigió saber en tono demandante, tomando desprevenida a Sharena-¿Acaso no me has escuchado?-cuestionó mirándola con helada ira-¿Dónde está la invocadora de Askr?-continuo en tono autoritario.

Sharena no se consideraba la más lista de la orden, de hecho ella está segura que debía estar entre los menos listos del grupo, pero incluso ella fue capaz de notar las intenciones de aquella siniestra figura… y sin importar en que desventaja estaba en esos momentos, no iba a permitir que lastimara a una de las persona que no solo era su mejor amiga, sino también alguien que veía como una hermana mayor.

-No sé de quién estás hablando-respondió Sharena con firmeza, la respuesta de la mujer no se hizo esperar.

Fjorm contemplo impotente como ese monstruo con su mano libre, de un solo apretón destruyo por completo el otro hombro de Sharena, haciéndola gritar y llorar de dolor… no importaba que era o lo que tuviera que hacer… ¡Mataría a esa desgraciada por lastimar a Sharena!

La helada sangre en sus venas respondió a su ira, generando una onda fría que comenzó a aletargar a las tétricas manos, logrando por fin abrirse camino en aquel pantano, entre más avanzaba, más manos intentaban hundirla y a pesar de que tenía más de la mitad del cuerpo dentro del viscoso barro, Fjorm siguió adelante con el único propósito de salvar a Sharena.

-Te lo preguntare una última vez-bramó la cadavérica mujer sujetando con fuerza a una débil Sharena-¿¡Donde se encuentra Phyria!?-exclamó esta vez tomándola del cuello, apretándola con cierta fuerza.

Perdiendo rápidamente lo que le quedaba de aire, Sharena intento forcejear con las pocas fuerzas que le quedaban, pero todo su esfuerzo era inútil, desesperada Sharena hizo lo único que podía hacer, escupió directamente a la cara de esa tipa, logrando que finalmente la soltara, mientras bramaba unos terribles insultos.

Sharena aterrizo en el barro sin fuerza para moverse, notando inmediatamente como aquellas manos retenían sus brazos y piernas, impidiéndole moverse ni un centímetro, una sensación helada que recorrió su cuerpo, sumado al grito desesperado y lloroso de Fjorm le dejó en claro su situación… estaba acabada.

No importaba que tanto forcejeaba o que tanto congelaba aquellas manos, otras aparecían y la retenían en su lugar, impidiéndole acercarse más a Sharena, Fjorm contuvo el aliento cuando aquel ser levanto con fuerza una especie de guadaña, con el único propósito de terminar con la vida de Sharena.

Ambas se observaron a los ojos con miedo, Fjorm no era consciente del daño que estaba recibiendo de las manos que, estaban haciendo todo por retener a la princesa de hielo, Sharena comenzó a llorar sabiendo que todo lo que deseo, todo lo planeo y que… aquel futuro que deseaba vivir junto a su amada Fjorm no sería posible.

Mirando al amor de su vida por última vez, fue capaz de expresar un sincero: Te amo, antes de que su voz fuera callada por el corte de aquella guadaña, Fjorm observó impotente como el golpe atravesaba limpiamente a Sharena, casi cortándola por la mitad y… como aquellos brillantes ojos que tanto amaba se apagaban… para jamás volver a brillar.

Fjorm ni siquiera fue consiente cuando las manos había desaparecido, ni siquiera se percató cuando aquel monstruo las miro con desdén antes de marcharse del lugar, ella solo avanzaba hacia adelante intentando llegar hacia su amada.

Cuando finalmente llegó Fjorm sintió que algo dentro de ella había muerto, la enrome herida no dejaba de sangrar, manchando el lodo y los ropajes blancos de Sharena, con sus débiles y temblorosas manos tomo a Sharena acercándola a ella en un intento de ayudarla, negándose a creer que ella… que ella…

La mirada de Sharena la devolvió a su terrible realidad… Sharena había muerto… y ella no había podido hacer nada para protegerla…

Desde el fondo de su alma, algo dentro de Fjorm reptaba… un sentimiento que había guardado ahí durante mucho tiempo… algo que experimentó el día que Surtr atacó su hogar tomando la vida de su madre antes sus propios ojos…

Aquella desesperación, frustración, odio, rabia y tristeza que había acumulado en el fondo de su ser por fin había encontrado su camino hacia el corazón de Fjorm… congelándolo por completo…

Las tropas de la Orden de Askr apenas habían podido desterrar a los invasores, sin estar seguros de cuánto tiempo disponían antes de que un nuevo ataque se llevara a cabo, pero en esos momentos su única preocupación era encontrar a Fjorm y Sharena lo más pronto posible.

Gracias a la ayuda de los aldeanos que, fueron capaces de ver hacia donde las dos princesas dirigían a los invasores, para darles la oportunidad de escapar, el grupo fue capaz de seguirles la pista hacia uno de los bosques más cercanos al castillo, justo cuando estaban cerca del lugar lo que les pareció un grito y una explosión helada los tomo por sorpresa frenándolos en el acto.

La cortina de un aire que se libero de la explosión era tan helada que, por unos instantes creyeron que se congelarían hasta los huesos, pero aquel grupo conformado por varios miembros de la Orden, no fueron capaces de emitir palabra alguna cuando aquella fría neblina se disperso, revelando que el bosque estaba completamente congelado.

El grupo avanzo con precaución, siendo Alfonse, Anna y Phyria quienes los lideraban, notando en el camino soldados no-muertos completamente congelados, transformándose en estatuas cubiertas completamente de hielo, avanzaron más en el congelado paraje hasta finalmente encontraron a las princesas.

Justo en medio de lo que pareció ser un pantano congelado, Fjorm estaba en el suelo cubierta de escarcha, sosteniendo a Sharena en condiciones similares con fuerza, los tres empalidecieron al notar la enorme cantidad de sangre congelada que tenía Sharena en su espalda, la mirada completamente apagada y desgarrada de Fjorm confirmo sus peores miedos…

Alfonse y Phyria colapsaron en el suelo a la vez, siendo Alfonse quien comenzó a gritar desconsolado, mientras Phyria no dejaba de llorar y golpear al suelo, maldiciéndose por no haber podido llegar a tiempo.

En cuanto a la comandante de Askr, no se percató que había comenzado a llorar en cuanto se dio cuenta de lo que estaba pasando y, del terrible sentimiento de culpa que sentía por no haber protegido a esa niña de radiante sonrisa y corazón amable que había visto crecer durante tantos años…