El funeral

La procesión de guerreros que llego al castillo luego de detener el misterioso ataque de los muertos vivientes, les dio una idea muy clara no solo a los guardias sino también a los demás miembros de la orden de que algo muy malo había pasado y… a pesar de que muchos estaban de alguna manera mentalizados para lo peor… nada los preparó cuando observaron entrar a Fjorm con la mirada más muerta que le hubieran visto… ella… llevaba en sus brazos el inerte cuerpo de Sharena…

Nadie podía creer lo que estaba sucediendo, algunos estaban en una terrible negación, curanderos como Elise, María y Sakura hacían inútiles esfuerzos cubiertas en lágrimas, tratando de reanimar a Sharena mientras que el resto, no eran capaces de contener sus lágrimas por la incalculable pérdida que acaban de tener.

Los reyes de Askr no tardaron en aparecer una vez que se corrió la noticia, la reina Henriette estaba simplemente desconsolada y el rey Gustav maldecía a viva voz por lo sucedido, culpándose por haber dejado a su suerte a la orden…

Si tan solo se hubiera molestado en mandarles una parte de su ejército… su hija no hubiera pagado con su vida su necedad…

Alfonse no estaba mejor, desde el hallazgo del cuerpo de su hermana, había estado llorando destrozado y, en cuanto sus padres llegaron al castillo, prácticamente de rodillas les suplicó perdón por no haber podido proteger a su hermanita…

Era demasiado triste ver que, tuvo que ser una tragedia de aquella proporción para que finalmente el rey de Askr, intentara reconciliarse con su hijo.

Los que aun no habían perdido la esperanza miraron a Phyria, ya que, gracias al poder de su arma legendaria, quizás tendría la capacidad de resucitar a Sharena, pero la explicación de la comandante Anna y las afirmaciones del rey de Askr dejaron en claro que eso no era posible.

Sharena no fue asesinada por alguien cualquiera, sino por la mismísima Hel, la soberana del reino de los muertos, alguien que tenía la patria y potestad de quienes vivían y quienes no, sumado a eso al parecer debido a su presencia en su mundo, el arma de Phyria había perdido la capacidad de resucitar a los miembros de la orden…

No importaba que tan poderosa fuera el arma de Phyria… ella… no podía hacer absolutamente nada para traerla de vuelta…

La mayoría de los héroes de la orden y guardia, rompieron en llanto al darse cuenta de que no había forma de recuperar a su amiga, incluso aquellos que eran considerados los más rudos del grupo no pudieron evitar llorar ante la noticia…

Los días que siguieron a las preparaciones del funeral de la princesa de Askr fueron los más largos, tortuosos y deprimentes para todos los miembros de la orden, toda la alegría había desaparecido por completo en aquella edificación, la mayoría de los héroes se dedicaban a las tareas de preparación de manera casi mecánica, sin poder comprender porque sucedió todo eso.

Las más jóvenes apenas llevaban a cabo sus tareas entre lágrimas, resentidas por la injusticia de toda la situación y que, justo el día que Sharena les había hablado con tanta ilusión que sería, el mejor día de su vida, acabara siendo su ultimo día en la tierra.

La ceremonia se llevó a cabo en la gran catedral de Askr, donde la asistencia fue la más grande que se hubiera visto desde hace más de un siglo, gente de todas las partes de Askr fueron a darle su ultimo adiós a la princesa más querida de esa tierra, incluso la presencia de gente de otros reinos no se hizo esperar, llegando desde las lejanas tierras de Nilfl y Múspell para honrar a la fallecida.

La sorpresa más grande fue cuando Bruno y Verónica hicieron acto de presencia en la ceremonia que, pese a los problemas que habían causado a Askr, incluso la caprichosa emperatriz se veía genuinamente afectada por la muerte de Sharena… ni siquiera fue capaz de ocultar sus lágrimas desde que llegó al sagrado recinto.

El cuerpo de Sharena yacía en un féretro abierto, luciendo un hermoso vestido blanco que, llegaba a confundirse con la palidez de su piel, sosteniendo en sus manos la flor de hielo que Fjorm había hecho para ella con tanto esmero tiempo atrás.

A pesar de que los curanderos habían hecho un excelente trabajo conservando el cuerpo, eran pocos los que podían contener sus lágrimas al dejar sus ofrendas y darle una última mirada a la princesa… no importaba si parecía como si estuviera durmiendo… la palidez de su tez no dejaba dudas sobre su verdadera condición.

Luego de que todos terminaran de dar sus ofrendas, Phyria se dirigió al podio para dar unas últimas palabras antes de cerrar el ataúd y que, junto con la procesión, llevaran a Sharena a su lugar de descanso.

Aunque Phyria no era del todo ajena a esos eventos, apenas había podido mantener cierta fortaleza frente a los demás… no se sentía preparada en lo más mínimo…

Apenas… era capaz de lidiar con la situación… especialmente porque prácticamente… le habían asesinado a una hermana menor frente a sus ojos… y todo por culpa de su penalización por haber cambiado el destino…

-Sharena fue una persona extraordinaria en muchos sentidos-comenzó Phyria su discurso, sintiendo una ligera sensación de orgullo por haber logrado mantener su voz en calma-Fue una persona que siempre se mostró optimista, creyendo en la bondad de las personas sin importar su origen o historia y, sin embargo, sabía cuándo tenía que poner de lado sus ideales, para poder proteger a los inocentes-continuo su discurso, apenas manteniendo cierta serenidad.

-Quizás no fue la más fuerte o la más lista de la orden y… en sus propias palabras, nunca se consideró digna de su cargo de princesa-siguió su discurso, sin percatarse de la mirada de culpa del rey Gustav -Pero, aunque ella nunca se percató de ello, todos los que tuvimos la fortuna de conocerla sabemos que siempre mostró las aptitudes de una verdadera princesa; su compasión, su espíritu y el genuino altruismo que siempre mostraba sin importar la situación, a ojos de muchos de nosotros la convirtió no solo en la más capacitada para el cargo de princesa, sino también como alguien que superó con creces las expectativas de una-siguió Phyria mirando a la audiencia, sintiendo como el nudo en su estómago y garganta se apretaba con más fuerza.

-Fue una persona tan radiante como un sol, que siempre antepuso el bienestar y la seguridad de los demás por encima de la suya, ella… ella…-

Ninguno de los asistentes emitió ni el más tenue de los sonidos, mientras observaban sorprendidos como la legendaria invocadora de Askr… comenzaba a llorar…

Phyria había llegado a su límite, nunca estuvo lista para una situación como esa, jamás pretendió estarlo y mucho menos esperó que en algún momento tuviera que afrontar eso, mantuvo los dientes apretados, evitando que cualquier lamento saliera de su boca, mientras sus lágrimas se derramaban sobre el podio sin que pudiera hacer algo.

Dominada por una frustración que la torturaba desde que encontraron a Sharena, Phyria soltó un fuerte golpe sobre el podio en genuina desesperación, saliendo de su boca un susurro casi imperceptible, apenas conteniendo las ganas de maldecir al destino por lo que sucedió.

Nadie en la sala fue capaz de frenar sus lágrimas una vez que la invocadora rompió en llanto…

La procesión se mantuvo en un sepulcral silencio, la familia de Sharena, Anna y Phyria llevaban a cuestas el enorme ataúd hasta su lugar de descanso, el cementerio del gran castillo de Askr, la fila de persona que la seguía fue tan grande que, algunos podían jurar que se notaba desde las partes más lejanas del reino.

Luego del entierro todos dejaron una última ofrenda en la tumba, siendo Fjorm la única que se quedo frente a ella cuando todo había terminado, sus hermanos hicieron todo lo que estaba en sus manos para moverla de ahí, pero Fjorm simplemente se negó, alegando que quería estar más tiempo con Sharena.

La familia y los presentes respetaron su decisión, dejando que desahogara su pena a solas junto a lo que quedaba de la mujer que tanto amo.

Ya habían pasado un par de horas desde la ceremonia, los asistentes al funeral seguían en el castillo tratando de asimilar la perdida, narrando historias de la fallecida en un intento por mantener vivo los recuerdos felices de ella, no fue hasta que la sorpresa de algunas personas que, habían decidido salir a tomar aire que, se percataron de un fenómeno que los tomo a todos por sorpresa.

Afuera… estaba nevando…

A pesar de que se encontraban a inicios de otoño, una nevada fría había comenzado a cubrir las tierras, fue la más joven de la realeza de Nifl quien se dio cuenta de lo que pasaba, cuando señaló hacia la tumba de Sharena, donde yacía aun su hermana mayor.

En la tumba de Sharena, Fjorm estaba sentada al lado de la lapida, rodeada de una densa escarcha que, estaba comenzando a congelar parte de flores que se habían dejado, para cuando los hermanos de Fjorm llegaron, junto con Alfonse, Anna, Phyria y algunos miembros de la orden, nadie fue capaz de emitir ni un solo sonido cuando contemplaron a la princesa de Nifl.

Fjorm estaba prácticamente cubierta de hielo, incluso sus lágrimas estaban completamente congeladas, ella levantó la mirada, observándolos con una desesperación que rompió sus hermanos que, no dudaron en ir a abrazarla a pesar de que el frío del ambiente, había comenzado a calar hasta lo más profundo de su ser.

La princesa ni siquiera era capaz de sentir la calidez de su familia… ya no era capaz de sentir absolutamente nada en esos momentos…

Lo único que podía sentir… era el dolor y el vacío que había en su pecho que se congelaba a una preocupante velocidad… donde alguna vez estuvo su corazón…

Donde… alguna vez… estuvieron alojadas sus esperanzas y deseos de una vida feliz junto a la mujer que tanto amo…