Capítulo 4
Heridos y salvados
Aunque la noche era espléndida, el conejo azul sentía que algo andaba mal.
¿Era el clima? No, era una noche templada y con luna llena.
¿Qué podía ser esta sensación?
Se dijo que todo estaba en su imaginación, y prefirió ignorar el presentimiento en su estómago mientras intentaba prestar atención a la película en la enorme pantalla del cine.
-¡Hay que repetirlo!
-...Sí.
Mientras caminaban de regreso a la casa de Lina, Yang seguía sintiéndose intranquilo.
-¿Está todo bien?
-¡Oh, todo bien! ¿Por qué preguntas?
-Te pasaste todo el día rascándote las orejas y mirando en todas direcciones cuando pensabas que no te prestaba atención.
-Solo es el aniversario, supongo que me afectó más de lo que esperaba.
Aunque Lina no se lo tragó, consideró que lo mejor sería dejarlo tranquilo, y lo despidió con un ligero beso en la mejilla.
-Tómate un café o algo, ¿de acuerdo?
Yang se vio a sí mismo asintiendo, pero en cuanto la puerta se cerró y volvió sobre sus pasos para regresar a casa, de pronto olvidó lo que estaba haciendo.
-Uh, estúpida amnesia –se dijo para sus adentros, mientras se detenía en mitad de un parque.
Serían pasadas las nueve, pero la noche ya comenzaba a abrumarlo.
-De acuerdo, Yang, solo respira profundamente.
Después de que su padre murió, Yang experimentó una serie de altibajos psicológicos. Fue a un par de psicólogos, pero ninguno le dio resultados. Su hermana acabó por preocuparse un día.
-En otras noticias, una familia entera de mapaches murió en un accidente. Vamos a la escena...
Yang intentó presionar el botón del control remoto, listo para cambiar de canal, pero en cuanto la imagen del hecho apareció en la pantalla, sintió que las fuerzas lo abandonaban. Trató de cerrar los ojos, pero estaba paralizado.
Mostraron dos automóviles aplastados. Nada más.
-¿Yang? ¿Has visto mi libreta de notas?
En cuanto su hermana entró en la sala de estar, corrió hacia el conejo azul, antes de comenzar a sacudirlo.
-¡Yang! ¿Estás bien?
Sin respuesta. Sus ojos, mientras tanto, seguían pegados a la pantalla del televisor, su mente fija en un recuerdo pasajero de un ruido fuerte en la calle una semana atrás.
-¡Oh, por el amor del foo!
Yin le arrebató el control remoto, apagando el televisor y corriendo a la cocina, antes de regresar con un vaso de agua en una mano.
-Ten, bebe esto.
Yang seguía con su mirada pegada en la pantalla en negro, completamente ausente de la realidad.
-¡Despierta, por favor!
Sin otra advertencia, la coneja acabó por tirarle el vaso en la cabeza, sacándolo del trance y haciéndolo gritar.
-¿Qué te pasa? ¿Quieres darme un resfriado?
-Es suficiente.
Antes de que Yang pudiera levantarse para tomar un libro de su biblioteca, ubicado donde antes estuviera el sillón de su tercer miembro desaparecido, su hermana lo agarró por el anterazo, arrastrándolo lejos de su objetivo y llevándolos al patio.
-Oye, no quería tomar aire.
-Siéntate.
-¿Dónde? No veo que hayas traído sillas.
-Solo usa el suelo, ¿quieres?
-Bien.
Resoplando, el conejo hizo lo ordenado, mientras su hermana se sentaba frente a él, en posición de loto.
-Ya no hay villanos, hermana. ¿para qué son los ejercicios?
-Meditamos.
-¿Qué?
-ya me escuchaste. Cierra los ojos, respira profundo y relájate. Deja la mente en blanco por un segundo.
-¡pero no quiero! ¡Ni tengo tiempo para tonterías como esto de meditar! ¡Es para niñas!
-¡Siéntate y relájate, o te obligaré a hacerlo!
-¡Bien, bien! ¡No te enojes!
Yang volvió a sentarse, imitando la postura de su hermana, mirando al cielo gris en lugar de cerrar los ojos. Ella, que ya los había cerrado, no podía verlo, por lo que no sabía que estaba haciendo trampa.
-Esto es tonto –dijo después de dos minutos.
-Yang, ¿qué es lo último que recuerdas?
-Me arrastraste aquí.
-Antes de eso.
-Estaba... mirando la televisión, creo.
-¿Qué transmitían?
-Un accidente. –El conejo azul tembló-. Oh, no quieres ir allí.
-Yang, volviste a tener un ataque de pánico. O al menos algo parecido... ¿Cómo lo llamó ese psicólogo?
-¡No es verdad!
-¡Sí lo es!
-¡No pasó nada!
-¡Sí, y no puedes negarlo!
-¡No estoy loco!
-Sí... Oye, esto otra vez. –Yin reabrió los ojos, mirándolo con cansancio, mientras su gemelo sonreía con diversión-. Nunca dije eso, ya.
-¿Ya puedo volver adentro? Hace frío.
-No hasta que no resuelvas tu problema.
-Olvídalo. Esos idiotas no pudieron, y pasé meses yendo a terapia. Si incluso espero más, me congelaré.
-¡Resolveremos tu problema aunque te conviertas en una estatua de hielo!
-Ja, suerte con explicarle a mis fans que su ídolo se transformó en una estatua. Pero oye, tal vez tendrías suerte. ¿Quién sabe? ¡Podrían coleccionarme!
-Está bien, no quería tener que hacer esto, pero, Yang, perdóname.
-Nah, no es para tanto...
-¡Mente foo!
Yang gritó de miedo, mientras su hermana se abría paso sin esfuerzo por su mente.
-Uh, aquí falta limpieza. ¿Cuándo fue la última vez que viniste por aquí?
-¡Oye! ¡Voy allí todo el tiempo!
-Tu mente es... complicada. Uh, creía que estaría vacío aquí, quiero decir, todavía recuerdo cuando el Maestro Yo nos leyó la mente... ¡Ajá!
Yang se cubrió la cara, gritando de miedo.
-¡No la familia de mapaches en ese accidente!
-¡Yang, contrólate! ¡No pueden hacerte daño!
-¡Claro que no, están muertos! ¡Yin, todos están muertos! ¡Todos menos yo! ¿Por qué no me dejas en paz? ¡Eres sádica!
-Uh, eres insufrible.
Yin salió de su mente, al tiempo que Yang se derrumbaba a su lado.
-Y pensar que nos habituamos a luchar contra villanos peligrosos en el pasado. En ese entonces, no tenías estos ataques.
-En ese entonces, el Maestro Yo seguía con nosotros.
-Lo que sea. Aquí, déjame ayudarte a levantarte.
Yin le dio la mano, y enseguida volvieron a estar en la posición anterior.
-Respira profundo. Cierra los ojos. Diez segundos.
-Está bien, uh.
Repitieron esto al día siguiente, y al siguiente, y así durante las siguientes dos semanas. Hasta que, un buen día, Yang volvía a estar frente al televisor, cambiando de canal al azar.
-¡Último momento! ¡Masacre en el sur!
-Tú puedes hacerlo, Yang, solo cierra los ojos y respira profundo.
-pasaron meses de eso –se dijo el conejo una vez se hubo serenado-. Entonces, veamos... No estoy mirando la televisión. No hay monstruos o villanos alrededor. Entonces, ¿por qué me siento tan atrapado?
-¡Ayuda!
Una voz a su espalda lo sobresaltó, y la poca calma que había conseguido reunir tan dificultosamente se fue en un segundo.
-¿Hola? ¿Quién está ahí?
-¿Aquí arriba!
El conejo miró en dirección de la voz desconocida, y un pájaro diminuto saltó de un árbol, haciéndolo saltar.
-¿Estás bien?
-¿Tú eres ese conejo! ¡Conocí a tu hermana!
-¿Eh? ¿De qué hablas? ¡Oye, espera!
Yang comenzó a perseguir al niño pájaro, que volaba ahora a algunos metros frente al aturdido conejo.
Antes de que pudiera alcanzarlo, Yang tuvo que frenar para tomar aire, mientras un camión pasaba justo frente al niño, y el conejo sintió que el aire se le escapaba de los pulmones. Ni siquiera tuvo el tiempo para gritarle que se detuviera.
Cuando el camión pasó, sin embargo, el niño había desaparecido, y Yang sentía que algo era extraño.
-¿Eh? ¿Qué pasó?
Cruzó la calle hasta llegar a la siguiente vereda, pero aunque miró en todas direcciones, no vio rastro de sangre. No había un cuerpo, tampoco la señal inequívoca y horrible de un accidente.
Ni ruido de choque, nada.
-¡Estoy aquí!
Yang saltó cuando la voz infantil lo sorprendió sobre su cabeza, recordándole que podía volar.
-¿Te doy miedo? ¡Tu hermana no reaccionó igual! Bueno, se asustó un poco al principio, pero ¡oye, está bien!
Yang estaba tan furioso de repente, ofendido por su especie de broma, que alargó la mano, listo para abofetear al niño imprudente, cuando su mano se encontró con el aire.
Un grito se congeló en su garganta.
-¡No te quedes ahí parado! ¡Tu hermana está en peligro!
Solo escuchar esa extraña secuencia de palabras en la boca de lo que ahora sabía era un fantasma lo sacó del trance, y no necesitó respirar hondo para calmarse.
-¿Qué quieres decir?
-¡Muere, monstruo del abismo!
Yuki pateó al hueco en su horripilante cabeza, pero la criatura solo pareció enojarse más, en vez de lastimarse. Envió a la palamoa contra una lápida de piedra del fondo en represalia, mientras volvía su mirada a la coneja rosa, que observaba todo con miedo.
-¡Corre! –gritó la shinigami a su espalda, arrastrándose mientras intentaba ponerse de pie.
Pero Yin estaba congelada, paralizada por un terror indescriptible.
Fue cuando un nuevo grito la sacudió, y volteó su mirada hacia la fuente, ya que la nueva persona acababa de romper el trance.
-¿Yang? ¿Qué estás haciendo aquí?
-Sacándote de un ataque de pánico, ¿quizás?
El conejo azul arrastró a su hermana, mientras el árbol bajo el cual acababa de esconderse era arrancado de un mordisco.
-¡Toma esto! –Yuki disparó un rayo con su dedo índice, pero en lugar de golpear al monstruo, cortó el tronco en su boca, y la criatura sonrió-. ¡Oh, maldición! ¿Por qué no terminé mi curso de técnicas mágicas?
La criatura continuó avanzando, ignorándola por el momento. En cambio, cerró la distancia entre él y los conejos indefensos.
-¿Dónde está tu espada?
Yang se tocó los bolsillos, sacando un lápiz en su lugar.
-¡Lo siento, no hay espada!
-¿Qué piensas? ¿Vas a recitarle hasta que nos coma?
Yang no llegó a responderle, porque el hueco saltó hacia él, cerrando sus fauces sobre su brazo y arrancándole un grito mortal.
-¡Oye, deja de comerte a mi hermano!
Yin intentó golpearlo, pero el monstruo simplemente la arrojó al suelo con un cabezazo, mientras volvía a hundir sus dientes en el pobre conejo azul, esta vez en su pecho.
Yin fue a levantarse, pero ver la sangre y ya carne expuesta bajo la luz de la luna en una escena grotesca digna de una película de zombis la detuvo, haciéndola vomitar y sintiendo que comenzaba a marearse.
El hueco arrojó al adolescente moribundo al lado de su hermana, y prosiguió hacia ella, tal vez pensando que sería un buen postre.
Yuki estaba demasiado atónita como para hacer algo, completamente horrorizada.
El hueco mostró sus fauces llenas ahora de la sangre y partes de su hermano a la coneja, que observó su boca abierta cual si fuera el mismo infierno. El monstruo hundió sus dientes en una de sus manos extendidas como inútil intento de protección ante la muerte, y se las habría arrancado, si no fuera porque la criatura se retiró al milisegundo de tocarla, mientras la conejita rosa se hundía en el suelo, saludando la inconsciencia.
A su lado, el aura de Yang acababa de patear al hueco hacia un árbol, que se partió con el choque.
El ruido fue estímulo suficiente para que la shinigami saliera de su shock propio y corriera para proteger a los conejos, rezando porque continuaran con vida.
No había llegado aún al par, cuando lo que vio la dejó sin palabras.
Dos auras con forma de conejo, una azul y otra rosa, habían aparecido sobre los conejos inconscientes, con sus patas unidas en una especie de posición defensiva.
El hueco volvió a levantarse, rugiendo de ira, deseoso por terminar con su cena.
Ambas auras se dispararon frente a los conejos de carne y hueso, pateando al monstruo repetidamente, aunque sin muchos efectos. El hueco acabó por hartarse y los golpeó de vuelta a sus dueños, donde comenzaron a desvanecerse antes de aterrizar en sus cuerpos.
"¡Rápido! ¡Si las auras se desvanecen ahora mismo, ellos morirán!"
-¿Eh? ¿Quién está en mi cabeza?
"¡No hay tiempo para explicaciones! ¡Ayuda a los conejos! ¡Antes de que sea tarde!"
Apegándose únicamente a su instinto, la paloma saltó sobre los conejos, concentrándose en el único hechizo que pensó que los ayudaría.
El cuerpo de la shinigami brilló en blanco, antes de disparar millones de rayos de energía a los conejos, mientras el hueco se detenía a observar el extraño espectáculo.
Habría continuado mirando, si no fuera porque una nueva figura desconocida, vestida de blanco, negro y amarillo, con un sombrero y alguna clase de arpa saltó sobre su cabeza de la nada, metiéndole la cosa en plena máscara y provocando su final con un chillido espantoso.
Cuando Yang despertó, sintió como si su alma se le hubiera salido del cuerpo antes de volver a entrar. Sentía que el mundo era una gigantesca manta de confusión y fiebre.
-No intentes moverte, todavía no estás bien –dijo una voz femenina a su lado.
Abrió lentamente los ojos, encontrándose con una escena algo fuera de sus parámetros.
Estaba en una camilla, con el torso y un brazo lleno de vendas, en un lugar que le parecía familiar de alguna manera.
-Un momento. ¿Qué hago en el consultorio de Yin?
Fue cuando los últimos recuerdos los golpearon. El niño fantasmal; un monstruo horripilante en el cementerio, intentando comerse a su hermana; Yin gritando...
-¡Yin! ¿Dónde está ella?
Yang intentó reincorporarse, gritando por el espantoso dolor en su pecho, mientras una figura desconocida lo obligaba a recostarse.
-¿Qué, intentas morir? ¡No seas tonto!
Yang parpadeó varias veces, antes de ver a una paloma blanca vestida de una manera casi familiar; como si fuera una guerrera de alguna arte marcial o algo.
-¿Dónde está mi hermana? ¿Quién eres tú? ¿Qué le hiciste?
-¡Wow, wow! ¡Cálmate! Está justo ahí –tomó su mano buena, señalando con ella a una camilla a un metro a su izquierda.
Yin parecía dormir tranquilamente en ella, con las manos cubiertas de vendas, aunque en su mayor parte estaba intacta.
-Uh, gracias a todos los espíritus y deidades que existan.
-Como digas –dijo la chica a su lado.
Yuki soltó su mano de golpe, y fue cuando el conejo recordó su presencia.
-¿Tú fuiste quien nos salvó?
-Oh, bueno, más o menos. Evité que tú y tu hermana fueran comida de hueco.
-¿Un agujero fue lo que intentó comernos vivos?
-No, un hueco. Son almas perdidas que se convierten en estos monstruos para subsistir. Se alimentan de almas vivas para sobrevivir.
-¿Almas vivas? ¿Quieres decir que esa cosa... que esa cosa... estaba muerta?
-No exactamente. No era un zombi, si eso es lo que estás pensando. Un hueco es un espíritu que ha perdido el rumbo de camino a la otra vida, morando por toda la eternidad hasta ser consumida por sus peores inclinaciones: odio, miedo, envidia, lo que sea. El alma que es consumida no muere, porque ya está muerta. En cambio, se convierte en un hueco.
-Bueno, gracias por evitar que fuéramos su cena.
-No me agradezcas.
-Oye, no sé qué rayos está pasando, pero hasta yo sé que, si no fuera por ti, ahora...
-¡No me agradezcas! En serio, yo solo evité su muerte, no que el hueco nos comiera vivos.
-¿A ti también te habría comido?
-Soy una shinigami. Oh, es cierto, no nos hemos presentado correctamente. Soy Yuki Minamoto.
-¡La loca del cementerio! ¡Claro que te recuerdo!
-Tampoco podría olvidar a un par de conejos ruidosos.
-Entonces, ¿qué es un shinigami?
Cuando Yin volvió en sí, experimentó una sensación similar a su hermano. La experiencia, sin embargo, fue menos aterradora, debido en parte a que, a excepción de sus manos, se hallaba casi completamente indemne.
Se encontró mirando a su hermano hablando con esta paloma con superpoderes.
-Entonces, ¿eres una guerrera Woo-Foo?
-¿Qué es eso?
-Es el arte marcial que practicábamos en la academia. Con nuestro padre. Espera, si estabas allí... ¿qué estabas haciendo allí?
-Lo llamarías husmeando. Estaba buscando huecos.
-¿Yang? ¿Qué pasó? ¿E-estamos vivos?
-Ah, mira, tu hermana ya está despierta. Tú también, mantente abajo.
Yin obedeció sin muchas protestas, pero permaneció atenta a la conversación.
-Entonces, ¿eres inmortal?
-Para ustedes, soy algo así como la muerte. O una deidad de la muerte. Bueno, no doy la muerte, tampoco puedo decidir cuándo muere una persona. Simplemente, cuando alguien muere, los shinigamis somos requeridos para llevar al alma al otro mundo, donde las almas descansan: la sociedad de almas.
-Suena complicado. ¿Qué clase de empresa es? Quiero decir, ¿cómo me asocio? ¿Puedo ser inmortal como tú?
-¡No seas tonto, Yang! –Yin intervino por primera vez-. No es una sociedad anónima, claramente está hablando de un lugar donde permanecen las almas después de la muerte.
-Vaya, ¿también sabes sobre los espíritus ahora? –su hermano la miró con sospecha.
-Soy una sanadora. Curo cuerpos, no almas.
-Escucha a tu hermana, es sabia.
-¿Y tú? –la coneja la interrumpió, mirándola con una mezcla de curiosidad y esperanza-. Estabas en el cementerio el otro día. ¿Puedes localizar a nuestro padre?
-No lo sé –dijo ella, pero al ver que sus miradas decaían, agregó-: Pero puedo intentarlo.
-A todo esto, ¿cómo estamos vivos? Me arrancaron carne y sangre, ya sabes –dijo el conejo azul.
-utilicé mis poderes para salvarles la vida. Bueno, al menos en términos espirituales. Las heridas físicas son otro tema.
-¡Un momento! –Yin abrió los ojos de repente a más no poder-. ¡Es lunes! ¡Tengo que atender este lugar! ¡Pero no puedo si tengo las manos en este estado!
-No te preocupes, amiga, tu hermano llamó a su novia, ella se hará cargo.
-¿Qué le dijiste a Lina?
-Uh, le dije que un monstruo infernal intentó comernos, como en una versión retorcida de la Caperucita roja.
-¿Estás loco?
-¡Ja, es broma! Le dije que algún animal salvaje se metió en nuestro patio anoche. Que fui a tratar de echarlo y nos atacó, pero esta chica escuchó nuestros gritos y, bueno, aquí estamos.
-¿Qué le digo a mis pacientes? Está bien, aún no llega nadie, pero siempre aparece alguien con alguna fractura o algo leve, ¿qué hago?
-Vamos, los llevaré a casa.
-Qué raro –estaba diciendo su amiga por el teléfono-. Quiero decir, nosotros somos animales. Debió ser alguien realmente malvado.
-Bueno, las cosas malas ocurren.
-¿Ya hiciste la denuncia en la policía?
-¿Qué? ¡Olvídalo! ¿Si resulta ser un futuro paciente?
-No pienso atender a un invécil que quiso lastimarlos, amiga.
-De todos modos, nadie dirá nada. Ya sabes cómo es la gente, nadie confesaría algo así. ¿Podemos dejarlo?
-¿Qué dijo ella?
-Sospecha. Pero no importa, no creo que pudiera hacerlo si le contara la verdad.
-¡Oigan, este té está delicioso!
-Oh, ¿te gusta?
Yin levitó una segunda taza para ella misma, usando magia incluso para beber de ella.
-Lo bueno es que ahora no tengo excusa para postergar mi entrenamiento en magia.
-Lo malo es que yo soy el que tiene las heridas graves.
-Bueno, creo que me iré.
-¿Así nomás? –Yin la miró, contrariada-. ¿Qué se supone que hagamos si aparece otra de esas cosas?
-Puedo, hmm, darles algunas indicaciones de protección si eso los hace sentir mejor.
-¿Qué, como qué hacer si una criatura horripilante sale de debajo de mi cama? –Yang se rió con evidente sarcasmo-. Hay una enorme diferencia: eso está en mi mente, no me matará si no existe.
-Bueno, considerando que hay un mundo de fantasía en tu cabeza, eso no me sorprendería –dijo Yin, pero Yuki no comprendió a qué se refería.
-¡mírame! ¡Tengo el manual del shinigami! ¡Aprenda a defenderse de los seres infernales que comen almas en dos horas! –continuó su hermano, y esta vez ambos conejos se echaron a reír.
-¡Aprende a domar a tu hueco en un día!
-¡Y si tiene rabia, solo grite!
-¡Satisfacción garantizada, o te devolvemos tu alma! ¡Oh, lo sentimos, no aceptamos reembolsos!
-¿Está bien, ya entendí! –dijo Yuki, con las alas en el aire en señal de derrota-. Pero podría funcionar.
De repente, la paloma desapareció, sobresaltándolos. Entonces, ella gritó, desde algún lugar en el piso superior:
-¿Dónde estoy?
-¿En el primer piso? –dijeron a coro.
Yuki reapareció en un segundo, resollando.
-Oh, recuérdenme no volver a hacer eso hasta que haya perfeccionado mi paso flash.
-¿Qué cosa? –inquirió Yin, perdida.
-Pero me dijeron que pueden ver espíritus. ¿No pueden sentir su presencia?
-No sé nada de eso, pero obviamente, no estamos a tu nivel –dijo Yang.
-¿Te importaría iluminarnos?
-Pues... –Yuki sonrió, pero su sonrisa se borró en un instante, mientras algo en su muñeca parpadeaba-. ¡Oh, lo siento! ¡Quizás otro día!
-¿Qué? ¿Por qué? –Yang expresó su indignación.
-¡Tomen esto! –les lanzó una especie de llavero en forma de una pequeña mariposa roja-. ¡Llámenme si necesitan ayuda de nuevo!
Yuki salió corriendo, antes de saltar por la ventana y desaparecer.
-¿Es en serio? ¿Dónde está el tuvo de esta cosa?
-No creo que funcione igual que un teléfono, Yang.
De repente, el celular de Yin comenzó a sonar, y la coneja vio que era su novio.
-¿Hola, Coop? No puedo verte en este momento, escucha...
-¿Yin, eres tú? ¡necesitamos ayuda, coo, por aquí! ¡Estoy con Dave! ¡Pero nuestro woo-foo es, coo, algo impotente contra estas, coo, osas!
Ambos conejos abrieron los ojos en shock, teniendo la horrible sensación de que lo mismo que los había atacado la noche anterior, o algo peor, estaba ahora atacando a sus amigos.
Yuki corrió entre los asustados peatones en el centro de la ciudad, mientras todo el mundo la psaba por alto, huyendo de al menos dos huecos, que estaban atacando un lugar en particular.
-¿Cómo le vamos a explicar al casero que el estudio fue, coo, convertido en mil pedazos?
-¡No lo sé! ¡Solo sigue disparando! ¿Dónde están los demás?
-¡Roger está fuera de la ciudad por algo familiar! ¡Lina está haciendo horas extras en la clínica!
-¿Y Yin y Yang?
-¡venían en camino!
Yuki observó, entre curiosa y exasperada, los valientes aunque infructuosos intentos de ambos chicos por detener a los huecos.
-¡No mi, coo, teclado!
A pesar de los rayos de Coop y de las enredaderas gigantes de Dave, los huecos apenas se inmutaron. No cesaron en su destrucción de instrumentos y muebles, mientras se iban abriendo camino hacia los adolescentes, que salieron corriendo.
-Ya era hora.
Yuki entró en acción justo cuando el pollo y el tocón se escondían en un quiosco abandonado en la esquina, enfrentándose a los huecos.
- Espera un segundo, ¿cómo esos dos pueden ver a los huecos? ¡Ah, no importa! –sin tiempo que perder, se centró en las amenazas-. ¡hasta aquí llegaron, abominaciones! ¡Cheibukai Karasu!
Sin embargo, cuando Yuki intentó desenvainar su zampakutou, ésta había desaparecido de su lugar habitual en su cintura.
-¿Qué? ¿Cheibukai? ¡Mi zampakutou! ¿Adónde se fue?
Esquivó por poco a uno de los dos huecos, saltando hacia atrás con una pirueta. En lugar de contraatacar con su espada, ahora repentinamente ausente, les disparó un par de rayos, haciéndolos retroceder, pero apenas dañándolos realmente.
-¿necesitas ayuda? –dijo alguien a su espalda.
-¿Qué hacen ustedes dos aquí? ¡Es demasiado peligroso!
Por distraerse, el otro hueco la golpeó, obligándola a alejarse y apoyarse en una columna cercana, mirando a los conejos que acababa de salvar poner sus vidas en riesgo, ahora voluntariamente.
-Nuestros amigos fueron atacados por estas cosas. ¡Y un verdadero caballero woo-foo no retrocede cuando un amigo está en peligro! –dijo Yin, cuadrando los hombros junto con su hermano.
-¡No son segadores de almas, no podrán hacerles ningún daño! ¡Vuelvan a casa!
De repente, ambos huecos la atacaron al mismo tiempo. Uno la tiró al suelo, mientras el otro se apoderaba de su pierna con una mordida mortal.
-¡No! ¡Déjala ir, monstruo!
-Vaya vaya, ¿qué tenemos aquí, hermano?
-Parecen una paloma y dos conejos, hermano.
-¿Estos dos son hermanos? ¿eso es siquiera posible? –se horrorizó Yin.
-¡Parece que son la comida que nuestro hermano mayor no pudo terminarse! ¡Bueno, opino que venguemos su muerte devorando a estos tres por él!
-¡yang! ¡Aura Woo-Foo, ahora!
-¡Entendido!
-¡Aura...!
Pero aunque las auras se manifestaron, permanecieron dos segundos, y luego volvieron a desaparecer, desconcertándolos.
-¿Qué pasa? ¿Por qué no puedo convocar mi aura?
-Sí pudimos, Yin; solo que duraron dos segundos.
-¡Yo voy por los conejitos! ¡Tú te quedas con la paloma!
El que estaba masticando la pierna de la shinigami asintió, mientras su víctima lo apartaba de una patada.
-¡Váyanse!
Yin y Yang no replicaron esta vez, pero en cuanto corrieron un par de metros, el hueco los acorraló contra el quiosco donde sus amigos se habían escondido.
-¡Me dijeron que saben mejor cuando gritan!
-¡Eso no fue divertido! –gritó Yang, cubriéndose su pecho todavía herido con ambas manos.
EL hueco saltó hacia ellos, pero fue atrapado por una rama gigante antes de alcanzar a sus presas, siendo lanzado contra una columna en la otra calle, que se partió por la mitad.
-¡Finalmente! –dijo Dave, asomándose por el enrejado y abriéndoles a los conejos.
Yuki fue a disparar un rayo a su enemigo, pero descubrió que su dedo no era capaz de reunir la energía necesaria.
-¿Qué está pasando? Primero mi zampakutou desaparece; ¿ahora tampoco puedo usar kido?
-¡Saben mejor cuando se resisten en vano!
Yuki abrió los ojos de horror, girando para salir corriendo, cuando el hueco se le abalanzó por segunda vez, luchando como fieras en el piso, aunque la bestia real iba ganando rápidamente. Primero, atravesó su brazo izquierdo por el codo; después, su pierna buena, atravesándole la rodilla izquierda.
-¡Aaaahh!
-¡Mmmm! ¡Esto no sabe bien!
-¿prueba esto, monstruo!
Se metió una mano sanguinolenta en un bolsillo, sacando un objeto similar a una manzana púrpura, que le metió en la boca cuando fue a comerle la mano. Le dio una patada con su pierna buena, arrastrándose lejos de él, o al menos un metro, sangrando por todas partes.
-¿Qué, esperabas llenarme con esa fruta?
-Eso no era una fruta, enorme idiota.
De pronto, todo el hueco se puso púrpura, antes de inflarse y estallar. Su cabeza sobrevivió, y la miró con sed asesina. Ella se acercó a él, mirando con frialdad su boca abierta.
-Aquí tienes tu comida.
Con sus últimas fuerzas, hundió su puño en el agujero de su máscara, haciéndolo pedazos y borrando su existencia.
-Uh, estas heridas tardarán más en curarse.
-¡Por lo general no me gustan los árboles! ¿pero haré una excepción contigo!
-¡Soy muy duro y amargo! ¡Te causaré una indigestión!
El hueco tenía a los cuatro amigos en su mira ahora, y Yuki, al otro lado de la calle, estaba demasiado herida para llegar a tiempo.
-¡Lástima que mi hermano no haya sobrevivido! ¡Disfrutaríamos este festín en familia! ¡pero bueno, ya saben lo que dicen: más para mí!
-¿cómo lastimamos a este monstruo? –preguntó Yang, creando dos puños gigantes.
-¡Es un cabeza hueca! –exclamó Coop-. ¡pero, coo, también muy dura!
-¡Yang, eso es! ¡Su máscara!
Yin sonrió, y su gemelo esperó al bruto para un ataque combinado.
-¿Como en los viejos tiempos? –dijo el conejo.
-¡Por supuesto!
El hueco se abalanzó sobre su presa, pero Yang lo atrapó en su puño, antes de golpearlo con el otro y arrojárselo a su hermana.
-¡Yincinerar!
Con dos ráfagas de fuego bien dirigidas a su cabeza, el hueco estalló, antes de disolverse en polvo.
-Esos dos hacen mi tarea mejor incluso que mi capitán –se dijo una Yuki sangrante para sus adentros.
-En eso tienes razón –dijo una voz a sus espaldas.
-¿Eh? ¡es esa voz de nuevo! ¿Oye, espera!
Pero cuando consiguió darse la vuelta sobre su cuerpo espiritual magullado, solo pudo distinguir lo que la figura desconocida que se desvanecía llevaba en su cabeza: un sombrero rojo. Y, por un momento fugaz, el destello del dibujo de una calavera sobre la tela la dejó sin palabras.
