N/A: Aquí estamos de vuelta con otro capítulo!

Antes de continuar, dos cosas que debería haber dicho antes, pero bueno, dicen por ahí que es mejor tarde que nunca, no? XD

1. No hay epílogo de la Guerra sangrienta de los mil años para esta historia.

2. Yin, Yang y sus amigos tienen quince años. El Boogeyman es mayor y los conejos no lo conocen.

Con eso aclarado, sigamos adelante!

Brick: ejem, ejem. ¿No te estás olvidando de algo?

Yo: no lo creo. ¿Qué sería eso?

Brick: qué día es hoy?

Yo: oh, acabo de acordarme!

Ambos: feliz día del niño para todos!

Capítulo 5

Reglas de la muerte

-Bien, hay algo aquí que no entiendo –dijo la coneja rosa, mirando a la paloma blanca con recelo mal disimulado-. ¿Se supone que solo nosotros dos podemos verte en esta... forma tuya?

-¡No entiendo! –su hermano seguía conmocionado-. ¿Qué se supone que hagamos con todo esto?

-Bien, verán...

El último suceso con Yuki, la shinigami, seguía fresco en su memoria.

Al día siguiente de su encontronazo con los hermanos del primer hueco, la shinigami les había dado una nueva... sorpresa, aunque algo escalofriante.

Ella estaba terminando su turno matutino en la clínica cuando recibió la urgente llamada de su gemelo.

-¡Yin, ven rápido! ¡Es una emergencia!

-Es Yuki otra vez, ¿me equivoco?

-¡Sí! ¡Por favor, apresúrate! ¡Estoy muy asustado!

Era una suerte que la mañana hubiese transcurrido sin contratiempos, al menos hasta ese mismo momento. También que su última paciente, Orihime, acabara de irse con uno o dos de sus consejos hacía media hora.

-En serio, ¿qué pasa con esa chica? –se dijo para sus adentros mientras guardaba sus instrumentos en un botiquín y cerraba la clínica con llave-. Algo en ella me preocupa.

Pero debía priorizar. Por el momento, dejaría este tema ARCHIVADO en su mente para otra ocasión. Ahora mismo, su hermano LA necesitaba.

Cuando llegó al parque, donde su gemelo la había dirigido con tono apremiante, la escena que la saludó la dejó casi tan abrumada como a su hermano.

-No me extraña que estés asustado. ¿Qué le pasa?

Mientras se acercaba con cautela, la coneja miró en todas direcciones, comprobando que la costa era segura. Al mediodía, todo el mundo se iba a almorzar al centro comercial o a casa, y el parque estaba prácticamente vacío.

Frente a ella, un Yang yacía arrodillado con las manos temblorosas. Sus ojos lagrimeaban, y tuvo que armarse de valor ella misma para no imitarlo. En cambio, colocó una mano gentil sobre su hombro, antes de unirse a él en su contemplación.

Frente a ellos, la paloma yacía ingrávida, aunque parecía serena. Sin embargo, cuando la coneja colocó dos dedos en su cuello para tomar su pulso, sus ojos se abrieron como platos por el terror.

-¿Ella estará bien?

-¡No lo sé! –no quería asustar aún más a su gemelo, pero incluso a ella le estaba resultando difícil no asustarse-. ¡No está respirando!

Sin otra palabra, la coneja se abalanzó sobre la shinigami, comenzando con RCP en la pequeña figura, pero la desesperación le subió por la garganta al no obtener resultados.

-¡No está funcionando!

-¡ya sé! ¡necesito pensar!

-¿Y si llamamos a Lina? ¿O una ambulancia?

-¡No lo sé!

Un minuto y medio sin recibir respuesta, la coneja tomó su decisión. Sacó su teléfono y comenzó a marcar el número de su mejor amiga, cuando algo en la esquina de su visión la detuvo en seco, y dejó escapar un grito mientras su celular se le escapaba de las manos, cayéndose al suelo, aunque sin llegar a romperse. A su lado, su hermano también gritó, y ambos estaban sufriendo su segundo ataque de pánico desde el incidente en el cementerio, cosa que, por suerte, no progresó.

Una silueta familiar se deslizó a gran velocidad por detrás del cuerpo caído, antes de que la misma paloma se reincorporara de repente, abriendo los ojos y estirándose como si no acabara de resucitar ante los ojos de los conejos.

-¿Qué pasa? ¿Tengo algo en el diente? Vamos, es como si acabaran de ver a un fantasma.

-¡P-pero no respirabas! ¡pensamos que estabas en problemas! ¿Que estabas...!

-¿Qué, muerta? Vamos, Yang, ya te lo dije antes, soy una shinigami.

-No estabas respirando. ¿Cómo...?

La coneja rosa fue la que dio el primer paso adelante, exigiendo explicaciones con los ojos entrecerrados.

-¿Te refieres a dejar mi cuerpo?

-No soy médica, pero sí sanadora. Sin embargo, no hay que saber medicina para extrañarse de esto.

-Es mi gigai.

Yuki se encogió de hombros, sentándose en el banco a su lado. Luego, cuando los conejos no la siguieron, suspiró.

-Está bien, quizás debí decirles sobre esto... pero no es como si me vieran todo el tiempo.

-¡Pero dijiste que los huecos regresarán! –el conejo azul apretó las manos en puños, alterado.

-No es como si no pudieran defenderse. Ayer lo hicieron muy bien.

-Sin embargo –se apresuró a agregar Yin, parándose frente a ella para detenerla-, pareciera que somos los únicos que podemos ver a estos huecos. Y llámame loca, pero ayer, durante la pelea, tuve la impresión de que te costaba utilizar tus poderes.

-Me tienes allí –admitió la shinigami a regañadientes, sentándose. Esta vez, los conejos se sentaron a su lado-. Miren, aunque no lo parezca, ser una segadora de almas no es exactamente la vida más despreocupada y emocionante que puedan pedir.

-Bueno, te la pasas destruyendo a estos huecos –apuntó Yang.

-Y dijiste que ayudas a la gente a llegar al otro lado cuando muere –terminó Yin.

-Está bien, eso también. Pero es peligroso. Y no matamos huecos, al menos no a menudo. Hay un equilibrio que mantener entre los mundos.

-¿Cómo es eso? –ambos conejos preguntaron al unísono.

-¿Podemos ir a otra parte? No creo que éste sea el mejor lugar para hablar de mi... trabajo.

Veinte minutos hacían del susto en el parque. Yin lo sabía; dio un vistazo pasajero al reloj de su celular, antes de volver a centrarse en la shinigami. Estaban en el dojo, y la paloma se encontraba saboreando un helado de vainilla en la mesa de la cocina, mientras sus anfitriones permanecían de pie.

-¡Waw! ¡Me habían dicho que la comida en el mundo de los vivos era una cosa diferente, pero esto es increíble! ¿Y tienen más gustos de este helado?

-Hay muchas más cosas: hamburguesas, jugo, postres... –Yang sonrió, relajándose un poco-. ¿Qué clase de cosas comen en la sociedad de almas?

-Bueno, a ver... Si tienes suerte, arroz, lentejas y leche; aunque si perteneces a alguna de las familias nobles, dicen que incluso llegan a probar la carne de pollo y cerdo. Pero soy una persona... simple; un momento, ¿qué otras cosas tienen aquí?

Así que, bueno, estaban aquí. Pero Yuki parecía reacia a hablar sobre lo que los había conducido allí en primer lugar. Eso estaba bien, pensó la coneja; estaban cocinando para comer durante la siguiente media hora, ella y su hermano; una persona más no sería un problema, eso si el helado no arruinaba su apetito. Después, tendría que volver a la clínica a las tres, y sólo podría regresar a casa a las diez de la noche.

-Yin, ¿qué hay de la comida? ¿Ya está lista?

-Sí... Un momento, ¿dijiste pollo y cerdo?

-Sí. ¿Eso está bien?

-Espera un segundo.

Ambos conejos corrieron hasta el baño, turnándose para vomitar.

-Uh, supongo que no tan bien. Bueno, la gente aquí tiene formas animales... supongo que debí omitir los detalles.

-Si te vas a quedar con nosotros hasta nuevo aviso, será mejor que sepamos todo lo posible sobre esta... sociedad de almas –estaba diciendo la coneja.

Los tres se hallaban almorzando; la sopa llenaba sus platos. Yuki comía su ración lentamente, saboreando cada bocado con deleite.

-¡Esto está delicioso! ¡Muchas gracias!

-Ejem... –ambos la miraron, y su sonrisa desapareció.

-Está bien, sería injusto que los dejara en la oscuridad, además de que ya saben algunas cosas. Bueno, pero será mejor que comencemos enseguida.

Habiendo acabado su plato, se levantó, mirando a su alrededor.

-¿Adónde vas? –Yang vocalizó la pregunta colectiva.

-Esto es un lugar de entrenamiento, ¿verdad? Entonces, ¿dónde podemos entrenar?

Yin y Yang se sentaron en canasta frente a su visitante. Habían despejado la sala, y ahora tenían espacio más que suficiente.

Yuki permaneció de pie, tomándose uno o dos minutos para pensar en sus próximas palabras, a la vez que utilizaba los adornos y mobiliario del lugar como distracción.

-Bien. Verán, hay algunas cosas que una segadora de almas como yo puede y no puede hacer.

-Claro. Dijiste que tú y los demás segadores se encargan de conducir a las almas fallecidas a la otra vida –aportó Yin.

-¡Y luchan contra estos monstruos, huecos, y les dan su merecido! –Yang completo su idea.

-En eso último, te equivocas. Bueno, no es del todo mentira, luchamos regularmente con huecos para defender tanto la sociedad de almas como el mundo de los vivos de su influencia. Pero lo de ayer fue una excepción; un segador de almas de verdad no debe matar huecos.

-¿Qué? –dijeron ambos conejos al unísono.

-Es una de las reglas de todo segador de almas: no matas huecos, los purificas. Cortas su cadena del alma, escondida dentro de la máscara, y así todo el mal se va. No es habitual que los matemos, se supone que sólo con... algunos, los más peligrosos, puede hacerse.

-Eso me suena a hipocresía –olfateó el conejo azul, contrariado, cruzándose de brazos.

-Son las reglas. Yo no las hice, sólo las sigo.

-¿Y eso en el parque? ¿Qué pasó allí?

Yin seguía intentando determinar lo que había sucedido.

-Mi gigai. Es un cuerpo físico para trabajar de forma encubierta. Es decir, para que las personas sin la habilidad de ver espíritus puedan verme.

-¿Por eso te hiciste pasar por una guardia el otro día? –la coneja se levantó del suelo, con los ojos bien abiertos.

-Sí.

-No sé. Como que tuve la sensación de que nuestros amigos pudieron sentir tu presencia ayer durante la pelea –apuntó Yang, pensativo-. Digo, no que pudieran verte, sino que sintieron que estabas allí, de alguna manera.

-¿En serio? ¿Y por qué crees eso?

-Pudieron ver a los huecos –Yin se cruzó de brazos-. Deberían ser capaces de reconocerte y de verte directamente en tu forma espiritual.

-¡Sí, deberías conocerlos! –se animó su hermano.

-Oh, no. Sólo me estoy quedando aquí para vigilar que no queden huecos en esta zona.

-Espera, ¿te estás quedando aquí? –ambos conejos saltaron.

-Y para desviar su atención de personas como ustedes –continuó la shinigami, ignorando su pregunta-. Es por eso que les estaré enseñando a evitar a los huecos los próximos días.

-¿Eso significa que te estaremos acompañando en tus misiones? ¡Genial! ¡hace años que no peleamos con los malos!

-Bueno, no será lo mismo, Yang. Pero supongo que podríamos aprender algo. ¿Quién sabe? ¡Podría profundizar mis habilidades mágicas!

-¡Niños, niños! –los interrumpió, alzando las manos en el aire-. Esto no es un juego.

-no somos niños –dijo Yang.

-Bueno, tengo su edad diez veces, así que eso los hace unos niños.

-¿En serio? Pareces de nuestra edad –dijo Yin, asombrada.

-en fin. La otra noche, hicieron eso con sus... ¿cómo lo llamaron?

-Auras –dijo la coneja, reacomodándose junto a su gemelo.

-Sí, eso. Bueno, eso era energía espiritual. Es lo que tiene todo ser vivo y está en todas partes.

-¿Energía espiritual? –preguntaron al unísono.

-Sí. Cada ser vivo tiene energía espiritual, energía que los shinigamis podemos sentir; pero que también pueden percibir los huecos, y mientras mayor tenga una persona, más fácil será que un hueco la huela, atraído por su aroma.

-¿Los huecos pueden oler nuestra energía? ¿Cómo? –Yin estaba fascinada por este descubrimiento y deseaba saber más al respecto.

-Como seres espirituales, ustedes existen en dos planos, aunque los shinigamis no necesitamos un cuerpo físico. Ustedes, en cambio, tienen cuerpo y alma. Podemos sentir cosas como el miedo, la alegría, el dolor o el amor a través de la energía espiritual que nos rodea, que está en el ambiente. Cuando la captamos, se llama Reiatsu o presión espiritual. Todo en la sociedad de almas, además, está hecho de esta energía, y nos da nuestros poderes; cuando está dispersa, la llamamos reishi, partículas espirituales. Cuando canalizamos reiatsu para una técnica, se llama Reiryoku, poder espiritual.

-¿Por qué nos estás diciendo esto? No entiendo nada –dijo Yang.

-Porque tendrán que aprender a canalizar su reiatsu si otros huecos intentan atacarlos. Sus auras tienen un poco, pero he notado que la última vez no pudieron usar esa técnica, me pregunto por qué.

-Bueno, las auras son la manifestación de nuestras emociones. Una técnica woo-foo avanzada –instruyó Yin, sonriendo. Su sonrisa, sin embargo, se desvaneció un segundo después-. Hm, Yang, ¿por qué no pudimos usar nuestras auras ayer?

-¿Quieres intentarlo ahora?

-A la cuenta de tres. Tres, dos, uno...

-¡Aura Woo-Foo!

Pero como en la batalla del día anterior, los halos rosa y azul en cada conejo los rodearon un par de segundos, apagándose poco después. No solo eso, esta vez apenas eran visibles bajo la luz eléctrica.

-¡Yin, volvió a ocurrir lo mismo!

-¡Chiwa! –dijeron al mismo tiempo.

-Bueno, entonces será mejor que aprendan a canalizar su reishi. Comencemos por algo simple. Quiero que cierren los ojos y se concentren. Y quiero que intenten sentir sus alrededores.

Yin lo hizo. Sentada nuevamente en posición de loto, cerró los ojos y se concentró. Aunque era leve, poco a poco el aire a su alrededor comenzó a sentirse más y más vibrante por segundo.

Se dejó llevar por la sensación. Pronto, todo lo que la rodeaba tuvo una imagen cada vez más definida en su mente. Las plantas en las macetas, Yang, Yuki, ella misma, una polilla en alguna parte de la pared...

-Puedo sentirlo –dijo-. Es... extraño. Siento como si todo tuviera un sonar, una música propia; como si todo vibrara en armonía. Uh, Yang, estás por quedarte dormido.

-¿Eh? ¡Yo no!

-Me siento... en paz.

Intentó ir más hacia adentro, más hacia la oscuridad en su cabeza...

Había algo allí, algo que tironeaba de ella. Comenzó como una sensación casi imperceptible, hasta que su volumen fue aumentando, primero poco a poco, luego con mayor intensidad.

Pum..., pum..., pum... Tuc, tuc, tuc.

¿Era eso su corazón? ¿Latidos? Espera, el sonido de su corazón latiendo fue dejando paso a un ruido más abrumador, lejos pero cerca, ahí, ahí, muy cerca.

-Yang, debes calmarte. Vuelve a comenzar. Hmm, a ver... Repite conmigo: soy un pequeño conejito, y estoy volando. En una nube blanca, muy esponjosa, estoy volando.

-Eso suena tonto.

Las dos voces a su lado sonaban cada vez más distantes, perdiéndose rápidamente en un calor brumoso.

-Sólo hazlo, ¿quieres?

-Está bien. Soy un pequeño conejito y estoy volando.

-En una nube blanca.

-Soy un pequeño conejito, y estoy volando.

-Muy esponjosa y muy blanca.

-Estoy en una nube esponjosa... volando... chiwa...

-Bien, bien. ¿Cómo vas tú, Yin?

Yin no respondió. Había dejado la habitación muy atrás. Sus miembros se sentían ligeros, y de repente se sintió levitar en un nuevo lugar; el calor dejó paso al frío, aunque el toque húmedo permaneció.

Abrió los ojos, y entonces lo supo.

Ya no estaba en el dojo, con Yang y la shinigami.

No, estaba en otra parte.

Vio montañas y montañas cubiertas de nieve blanca aquí y allá, sin fin aparente. Sobre su cabeza, una lluvia fría la estaba empapando. Intentó crear un campo foo para evitar el agua fría, pero ésta sólo continuó mojándola, atravesando su campo como si fuera un trapo viejo y roto.

-¿Dónde estoy?

Descendió, Dando un salto por el frío que la recibió.

Se puso de rodillas, sintiendo que todo se sentía mal. Cuando imaginaba nieve y montañas, pensaba en castillos y princesas, dosnicornios y navidad; pero esto era deprimente. Era como si todo lo que alguna vez viviera aquí hubiese muerto hace tiempo, dejando lugar a este páramo.

-¿Hola? ¿Hay alguien aquí?

-Yin... Yin...

Un escalofrío le recorrió la columna, y se abrazó a sí misma ante esa voz. Venía de más allá de las montañas nevadas, y sonaba gélida y siniestra.

-¿Quién anda ahí? ¡Seas quien seas, no te tengo miedo!

-Ven a mí... Ven conmigo...

Una mano roja emergió de golpe del suelo metros más allá, arrastrándose por la base de la colina más cercana, y sintió que el corazón se le paraba.

-¿Yin? ¡Yin! ¡Despierta!

Cerrando los ojos, gritó con todas sus fuerzas, sintiendo que todo a su alrededor se rompía en mil pedazos.

-¡Despierta!

Yin abrió los ojos, suspirando de puro alivio al ver a su gemelo a su lado. Frente a ella, una Yuki muy preocupada la miraba con los ojos entrecerrados.

-No te dormiste ahí, ¿verdad? –su hermano la sacudió, antes de alejarse de su lado, no sin una última mirada.

-¡No estaba dormida!

-Pues yo creo que sí. Mira, no tienes por qué ocultarme una pesadilla, soy tu hermano.

-Espera, ¿qué?

-Gritaste –aclaró la paloma, sacudiendo su cabeza-. Uh, suficiente de esto por hoy.

De repente, sonó una alarma, y los tres se sobresaltaron.

-¿Un hueco? ¿Tan pronto?

-No, es mi alarma –dijo Yang, con una sonrisa culpable en su cara-. Lo lamento, se supone que debo estar mirando mi agenda en este momento.

-Y yo tengo que regresar a la clínica. ¡Oh, no! ¡Se me va a hacer tarde!

Sin otra palabra, la coneja corrió fuera de la sala, subió y bajó las escaleras como un torbellino, y reapareció en la puerta, ya vestida para el trabajo.

-Nos vemos luego. Hasta pronto.

Y con eso, salió trotando hacia su destino.

Más tarde ese día, Yin volvió a probar sentir el reishi en el aire. Mientras revolvía su café, cerró los ojos por un instante, permitiéndose vagar por su mente inquieta.

¿Qué había dicho su amiga sobre el último cliente?

Todo a su alrededor se sentía bien, como al principio, para su alivio. Un grupo de niños al otro lado de la calle corrían y jugaban a pasarse una pelota de papel; un par de adolescentes, dos mapaches, estaban pagándole a Lina por un par de caramelos curativos mágicos. Lina, tan despreocupada como siempre, parecía sonreír.

Fue entonces cuando una nueva presencia, que no estaba allí un segundo antes, llamó su atención. Tenía una considerable presión espiritual, o lo que sea. No podía decir cómo lo sabía, pero era fuerte; emitía una mezcla de inquietud y sospecha, pero también había algo cercano al aburrimiento ¿y... una... sonrisa?

-Disculpa, ¿puedo preguntarte algo?

Yin fue devuelta a la realidad sin otra advertencia, y tuvo que alejarse de la mesa de la cafetería de la clínica para evitar un desastre con cafeína.

-¿Eh? ¡Por supuesto!

Yin estaba a punto de pedir su consulta, cuando, al voltearse, su mirada se encontró con la de ese chico del otro día. Ropa blanca, anteojos, cabello oscuro y una pequeña sonrisa de suficiencia.

-No es gran cosa, sólo iba a preguntarte si tenías algo para los músculos.

-Eh, bueno...

Mirando a su alrededor, intentó probar una escapatoria a la extraña situación; pero Lina seguía charlando con las dos clientas, y ella era la otra única dependienta que quedaba.

-Soy yo, ¿me recuerdas? Tú eres Yin, creo.

-¡Oh, claro! –sonrió, sonrojándose un poco; en serio, ¿qué le andaba pasando estos días?-. ¿Te llamabas Fabricio o Ur...?

-Uryu está bien.

-Sígueme.

Yin terminó su café, al tiempo que se levantaba y los conducía al área de suministros, una sala diminuta, casi tan pequeña como el baño de la academia.

Comenzó a rebuscar entre los cajones de un escritorio de acero algo descascarado, hasta que su mano se topó con una caja, donde guardaban los medicamentos no mágicos.

-Ten, pero yo que tú le preguntaría a mi médico primero.

-Eres una sanadora, ¿no es así?

-Uh, sí, pero...

-Eso me basta.

Se guardó el medicamento, aunque la coneja lo miró con sospecha, desaprobando el acto.

-ya sabes, no qiero que alguien venga aquí, denunciando que tú, o cualquier otra persona a mi cargo, murió por mi culpa. Iría a la cárcel, y eso sería horrible.

-Créeme, eso no ocurrirá. En serio, simplemente le pregunté al hombre de la farmacia de la otra calle, y como no enían de éste, me dijo que viniera aquí y preguntara. Gracias.

Sacó un villete de cinco dólares, dejándoselo sobre el escritorio, y procedió a darse la vuelta y marcharse.

-Espera.

Yin le colocó una mano sobre el hombro izquierdo, y se le saltó un latido.

-¿Qué, encuentras algo interesante sobre mi ropa?

-Eh, yo no pretendía...

Dejó caer su mano, mirando para otro lado. ¿Qué estaba haciendo?

-Está bien, supongo que no importa. Ah, me crucé con el profesor Boogeyman ayer. Me dijo que les diera esto. Dale el suyo a tu hermano cuando lo veas.

-¿Eh? ¿Qué es esto?

El chico canino deslizó una hoja de papel en sus manos, y enterró su cara en él, confundida.

Había un montón de garabatos, pero pudo distinguir un par de palabras: algo sobre una clase de música y un horario.

-Un segundo.

¿Un horario? ¿Clase de música? Esto...

-¡No pienso ir a un estúpido colegio para adolescentes tontos!

-Uh, no es tan importante, en serio. Quiero decir, también me inscribieron en este instituto en el barrio japonés, ya sabes.

-Pero creí que habías dicho que ya terminaste tus estudios secundarios, ¿verdad?

-Karakura, las cuatro esquinas, lo que sea. Me importa un comino la escuela. –Se cruzó de hombros, quitándole importancia-. Si me preguntas, es una tontería, sí, pero fueron sus condiciones. No me preguntes por qué siquiera dejé que ese idiota descerebrado me metiera en esto. Uh, incluso eso no es una metáfora en su caso.

-No estoy tomando clases de música. Ni ninguna clase de nada, para el caso. ¿Ese hombre está chiflado?

Pero se detuvo. Aunque se resistía a la idea, era cierto que el zombi sabía algo. Qué era eso, bueno, lo averiguaría lo suficientemente pronto.

-Ah, otra cosa. Vi a algunas otras personas siendo obligadas a jugar este juego estúpido. No me preguntes, pero podemos dejarlo en cualquier momento, estoy seguro. Y si llega a molestarte, siempre puedo darle una parte de mi mente a ese idiota.

Yin le devolvió una débil sonrisa, escéptica.

Bueno, al menos no estaría sola. Entre toda esa gente extraña, y perdida en un colegio extranjero, al menos tendría a su hermano con ella. Y al parecer, Uryu también estaría allí.

-Sólo me pregunto por qué hizo esto –se animó a pronunciar un minuto después, mientras el chico se retiraba.

-Créeme, las cosas extrañas suelen seguirme adondequiera que voy.

Yin lo acompañó hasta la puerta, con la mirada fija en la periferia de la entrada.

-Ah, se me olvidaba. El otro día, no te dije que me alegraba de conocerte. Dile hola a tu hermano cuando lo veas.

-Lo haré. Gracias, Uryu.

Sólo cuando el chico hubo cruzado la calle, cuando las puertas de vidrio aún resonaban instantes después de su partida, la coneja se animó a mirar nuevamente al frente, ocultando su sonrisa. ¿Qué era este sentimiento?

-Ejem.

Yin dio un salto, volteándose para ver a Lina, riéndose a sus expensas.

-¿Qué es tan gracioso?

-Creo que te gusta ese chico nuevo.

-¿Qué? ¡claro que no! ¡Coop es mi novio!

-Sí, lo que tú digas. Ja, ja, ja.

La sonrisa de Yin se desvaneció poco después, mientras volvía a la recepción.

-Qué cosas absurdas dices, Lina.

Sin embargo, mientras esperaban a que algún otro cliente apareciera por las puertas dobles, no pudo evitar preguntarse, una vez más, qué era este sentimiento. Y no, esta vez no se trataba simplemente de la sonrisa engreída de Uryu.

Porque antes, justo cuando se sacudía el sentimiento del reishi de la mente, y justo cuando tiraba su vaso descartable en el basurero de la esquina, justo antes de conducirlos a ella y al chico al lugar de suministros, juraría que esa increíble presión espiritual que acababa de percibir provenía de él.

También podía ser su imaginación, ¿verdad?