Capítulo 6
Caballeros woo-foo, ¿o segadores de almas sustitutos?
-Esto no tiene sentido. ¿Qué hace esta insignia de shinigami sustituto en mi equipaje?
Yuki volvió a meter su cabeza en su mochila, revisando su contenido por quinceava vez.
-Quiero decir, si me hubiera robado la imitación de la oficina del capitán de la original de ese chico de pelo naranja creo que lo sabría, ¿verdad?
Luego, arrojó el objeto contra la pared opuesta, donde se deslizó hasta caer sobre la montaña de cosas en el suelo.
-Ni siquiera una nota de advertencia, una orden, ¡nada! ¡El capitán Kyoraku me habría dejado una mariposa infernal, al menos!
-Yuki, ¿todo está bien ahí?
-¡Claro que estoy bien! ¿Qué te hace pensar lo contrario?
Yang decidió que ése era el momento de entrar en la que, por ahora, era su habitación de huéspedes. Bueno, fue alguna vez la habitación del Maestro Yo, pero la shinigami debía dormir en alguna parte, ¿verdad?
-¿Qué ocurre? ¿Y por qué hay un lío de todas cosas de la academia ahí?
-Eh, eso. Hmm, bueno, podría, ejem, haberme obsesionado con las cosas de este lugar. Ya sabes, no tenemos estas cosas en la sociedad de almas.
-¿Ésa es mi mochila universitaria?
Yang pareció horrorizarse, arrojándose sobre el montón como si se le fuera la vida en ello, siendo enterrado en el proceso.
Yuki no pudo aguantarlo más, y se echó a reír, rodando por el suelo, sin importarle su apariencia actual en su gigai.
-¡Está bien, deja de reírte! ¡No es divertido!
-¡Pero es que es muy gracioso!
-¡La academia abre en veinte minutos! ¿Cómo voy a ordenar todo esto tan rápido?
-No te preocupes, yo te ayudo.
Una vez pudo detener su risa, se pusieron manos a la obra. Entre ambos, reacomodaron todas las cosas que Yuki había amontonado en su nueva habitación en su lugar habitual: posters, perchas y colgadores de armas, un proyector polvoriento que los conejos habían compradon para las presentaciones de historia del Woo-Foo, sin contar algunos cachivaches que su padre y maestro había conservado por apego sentimental, los cuales sus hijos no habían tenido el corazón para tirar.
-¿Qué es esto?
Yang se detuvo, volteándose para ver lo que la shinigami estaba señalando.
-¿Eso? Es el parlante místico Woo Foo. Era de nuestro padre.
-¿Para qué sirve?
-Bueno, él tenía una banda cuando era joven, pero ahora sólo es un cacharro más.
Yang no estaba seguro si contarle de sus poderes mágicos todavía, ya que era algo tan personal.
Aprovechó para fijar su mirada en algo que la shinigami había dejado tirado en su cama.
-Oye, ¿qué es eso? ¿Un celular? ¿Tienen celulares en la sociedad de almas?
-Eso no es un celular. Es un dereishinki, lo usamos para comunicarnos de manera interdimensional.
-Tienen una empresa telefónica bien exclusiva, ¿eh?
-También sirve para detectar huecos en la zona. ¿Ves?
Yuki presionó una serie de botones, y la pantalla se iluminó a continuación, mostrando un mapa de la ciudad y algunos puntos en rojo y amarillo.
-¿Qué son todos esos puntitos de colores?
-Son firmas espirituales. Todos los puntos amarillos son las firmas habituales de energía, ves que hay miles, eso es porque casi todo este pueblo tiene un nivel de reiatsu mínimo. Las rojas –colocó un dedo en dos en la parte superior-, son posibles huecos que podrían andar sueltos todavía; sin embargo, parece que están inactivos, si no la alarma de esta cosa se hubiera activado.
-¿Y los puntos blancos?
-¿Qué cosa?
Yuki encontró lo que el conejo le indicaba, negando con la cabeza.
-Firmas espirituales de gran poder, pero que no son de huecos.
-Entonces, ¿qué son? ¿otros shinigamis?
-Puede ser, pero mi capitán me lo hubiese dicho. Actualmente soy la única segadora asignada a este lugar.
-¿Qué hay de mi hermana y yo? ¿Aparecemos en tu detector?
-Ajá. Mira.
Dos puntos blancos titilaron en la parte inferior de la pantalla, y dos ventanas con información aparecieron debajo, indicando sus nombres y una barra pequeña que sugería reiatsu en crecimiento.
-Sin embargo, hay más aquí. Qué raro, me pregunto por qué no me di cuenta antes.
-¿Problemas?
-Aún no, al menos eso espero.
-Bueno, tengo que irme ya, Yin me dio esto. También hay uno para ti sobre la mesa del desayuno.
-¿Eh?
Yang bajó las escaleras rápidamente, siendo seguido por Yuki, quien acababa de recordar que seguía en su pijama. Volvió corriendo a su habitación, y regresó al vuelo, vestida como una colegiala.
-Debí suponerlo –dijo el conejo, cruzado de brazos en la mesa.
-Es bueno que Lina pueda cubrirme por la mañana. Oye, Yang, ¿ya estás listo?
Yin salió de la cocina, ya lista para el día, vestida de manera formal, camisa y pantalones grises, con una falda rosa.
Depositó un plato de panqueques en la mesa, ante un Yang irritado y una Yuki sonriente.
-¿Por qué la cara larga? ¡Es un día soleado!
-Yin, ella lo sabía –la cortó su hermano, y su gemela borró su sonrisa ensayada, mirando a la paloma con su medida justa de irritación.
-Disculpen, no entiendo nada. ¿de qué están hablando?
-¿AH, sí? Entonces, ¿por qué estás vestida así? –Yang entrecerró los ojos, claramente disgustado-. ¿Adónde vas con esa ropa?
-¿Qué, esto? –la paloma se miró a sí misma por un momento, sonrojándose al verse descubierta-. Pues, verán...
-Es cierto –Yin se sentó a la mesa, compartiendo la observación de su gemelo-. ¿O es que acaso la sociedad de almas te envía a matar huecos en una escuela secundaria?
-Uh, está bien, me atraparon.
-¡Fuiste tú! ¡Tú fuiste quien nos inscribió en esa escuela del barrio oriental!
Yang fue a abalanzarse sobre la shinigami, pero había olvidado que una pila de panqueques bloqueaba su camino en medio de la mesa, y acabó por tirar su ración al suelo, quedando con la cara pegada en el plato.
-¡eso es tan gracioso! ¡Hazlo de nuevo!
-¡Tengo que estar de acuerdo contigo, amiga!
Ambas chicas se echaron a reír a su costa, mientras el conejo azul luchaba por levantarse y limpiarse la comida de la cara.
-¡Chiwa, la falta de entrenamiento me está pasando factura!
-¡Yo diría panqueques, hermano!
-¿Qué es una factura?
-Un impuesto, pero también es un postre –explicó Yin, aún riéndose-. Sin embargo, él tiene razón, Yuki. ¿Por qué nos tenías que inscribir en esa estúpida escuela?
-¡Tengo una buena razón!
-¡Será mejor que la tengas! –Yang seguía bastante molesto, aunque la diversión del momento acababa de quitarle el enojo.
-Boogeyman –dijo apresuradamente-. Es alguien misterioso. No confío en él.
-¿El profesor de música? ¿El que se hizo pasar por médium? Sí, es un idiota, ¿y eso qué? Gente como él abunda y sobra –acotó Yang, sin comprender a qué se debía su desconfianza.
-Pero Yang, ¡lo de médium era verdad! –lo acusó su hermana, evidentemente sin apreciar su sarcasmo-. Además –agregó en dirección a la paloma-, parece inofensivo.
-No estoy de acuerdo. ¿Cómo puede estar vivo si es un zombi?
-Es un zombi –Yang se encogió de hombros-. Bueno, también es algo feo, pero eso podría ser un plus.
-Tiene una presión espiritual enorme. Sólo quiero asegurarme de que no esté planeando nada divertido.
-Si sus clases son como su actitud, nos moriremos de aburrimiento –objetó Yin, terminándose su desayuno.
-¡Me estoy aburriendo hasta la muerte! ¡Chiwa!
-¡Shh! –su hermana le dio un ligero golpe en el cuello-. Que estemos en el fondo del salón no impedirá que nos oiga. ¡En serio, ese hombre tiene oídos hasta en el suelo!
-Se dice tener oídos en las paredes, hermana –la corrigió él, aunque ella dejó de prestarle atención.
La escuela era terrible. A pesar de sus mejores intenciones, los problemas los seguían como el pegamento. Solamente en el primer recreo, Yang se había metido en una pelea con unos matones, unos gorilas enormes que estaban molestando a dos ciervos de primer o segundo año.
Yin, por su parte, había tenido mejor suerte, pero su hermano no tenía ganas de averiguar qué había estado haciendo mientras él era obligado a quedarse suspendido en la dirección, regentada por el director, un buitre malhumorado que parecía tener unas tremendas ganas de echarlo a patadas de su escuela. Ahora eran las once de la mañana, y ambos conejos no veían la hora de que el calvario terminara.
-Tuviste suerte de que no te echaran a la primera –susurró su hermana cinco minutos después.
Tenían matemáticas, pero Yang estaba teniendo dificultades para entender los problemas.
-¿Trigonometría? ¿Qué es esto? ¿Quién mide trigo con triángulos?
-Ejem. –Alguien detrás suyo golpeó su silla, sobresaltándolo-. Entendí la mayor parte, ¿te ayudo?
Para sorpresa de ambos conejos, no era otra que Lina y, a su lado, Dave y Jobeaux.
-¡Lina! ¿Qué estás haciendo aquí?
-Sí, ¿quién está atendiendo la clínica mientras estás aquí?
-Tranquilos ustedes dos, me llegó mi libreta de horarios esta misma mañana. Además, Yin, no te preocupes, ya dejé a alguien más en mi puesto.
-¿Quién, exactamente?
-Orihime Inoue, ¿te acuerdas de esa chica que nos invitó a su casa el otro día? Bueno, al parecer tomó un par de cursos sobre primeros auxilios y RCP, y bueno, dijo que quería devolvernos el favor ayudando en la clínica, así que le hice un par de preguntas y, uh, está allí ahora.
-No sé de qué están hablando ustedes –se apresuró a decir Yang, enfocándose en su novia, repentinamente contento-, pero necesito ayuda con esta trigometría o lo que sea.
-Por cierto, ¿y ustedes? –Yin miró a sus otros amigos ahora-. ¿Qué están haciendo aquí?
-A todos nos llegaron estas inscripciones. Al parecer alguien nos anotó para venir aquí –dijo Roger, encogiéndose de hombros-. No lo sé, pero mi nota decía que era por algo importante.
-Espera, ¿eso significa que Coop también está por aquí?
-Uh, sí –apuntó el ogro-, creo que lo veremos en la próxima clase.
Cuando terminó la clase, los cinco se encaminaron hacia un banco en una esquina del patio arbolado, a petición del tocón.
-¡finalmente los encuentro! –Yuki apareció a su lado instantes después, con los brazos repletos de comida de la cafetería.
-¿Qué pasa ahora? –Yang quería gritarle, pero con sus amigos y novia a su lado, se obligó a contenerse.
-¿Quién es su nueva amiga?
Dave fue el primero en reaccionar, y la shinigami encubierta se apresuró a sentarse en el sitio que quedaba a la derecha de los conejos, devorando su almuerzo.
-¿Ella? No es nuestra amiga –dijo Yang, cortante.
-¡Soy una estudiante de intercambio! –dijo Yuki, antes de un segundo bocado de su sándwich-. ¡nadie me dijo que la comida de este mundo... de este país era tan deliciosa!
-Dame eso –Roger le arrebató varias cajas de jugo, abriendo una para él y bebiéndose el contenido de un solo trago.
-Soy Yuki Minamoto, por cierto.
La hora siguiente, sin embargo, fue la que se llevó el premio del día. LEra clase de música, y les tocaba, oh sorpresa, con Boogeyman.
Urdu, el chico del otro día, se sentó en su misma fila, al otro lado del salón, echándoles una que otra mirada cuando creía que los conejos no lo estaban mirando. Sus amigos, por su parte, ni le prestaron atención.
-Tú. –Yuki se sentó a su lado, y tuvo que dejar de hacerse el desentendido-. Sé lo que eres. No te atrevas a acercarte a los conejos, o lo lamentarás.
-¿Nos conocemos?
-No –dijo ella, y fue a levantarse para ir a sentarse junto a Yin, pero se volvió en el último segundo y, con una mirada gélida, agregó-: no me provoques, chico bonito.
Urdu se limitó a sonreírle, burlonamente.
-No tienes ni idea de lo que estás diciendo –le susurró-. No soy quien tiene que permanecer lejos de ese grupo de tarados, eres tú.
Yuki maldijo en voz baja, pero regresó a su lugar, siendo observada atentamente por el grupo de los conejos, hasta que su atención se desvió hacia un pollo que se sentaba junto a Yin, obligándola a reuvicarse detrás del conejo azul.
-¿Ese tonto te estaba molestando? –Roger, a su lado, le sonrió, tronándose los nudillos-. Porque puedo darle una paliza aleccionadora.
-Olvídalo. No necesito que nadie pelee mis batallas.
Roger iba a decir algo más, justo cuando el misterioso y excéntrico profesor ingresó en el aula, con un maletín tan grande como su cuerpo a cuestas.
-Me presento, clase. Soy Boogeyman del Hueso, y seré su profesor de música este semestre.
A mitad de la clase, había comenzado a sacar instrumentos de su maletín, distribuyéndolos entre los adolescentes y pidiéndoles que formaran grupos.
Dave, Coop y Roger tomaron cada uno un charango; otros alumnos tomaron flautas y trompetas. Lina y Yuki –esta última con ayuda de la primera-, sendas armónicas.
-¿Qué elijo? ¿Qué elijo?
-¡Oye, tonto! ¡No eres el único que está buscando uno, así que apresúrate!
Una liebre furibunda, Tatsuki se llamaba, se encontró en una lucha de miradas con el conejo, y acabaron siendo separados por su profesor, que les arrojó sendos Picus y los obligó a formar un dúo, ante sus protestas infantiles.
Yin era la única que quedaba, y para su mala suerte, se encontraba sola. Todos los demás ya habían formado grupo con alguien más, y un organillo era lo único que quedaba, un isntrumento patético que nadie quería.
-Disculpa –dijo Urdu a su espalda-, ¿quieres formar grupo?
Yang fulminó al perro con la mirada, pero el chico lo ignoró por completo, mientras desaparecía con su hermana en un rincón. A su lado, Yuki acariciaba su armónica, nerviosa.
-Oye, ¿no estás con Lina?
-¿Y tú con Tatsuki?
-Esa chica es insufrible.
-Bueno, sus gritos hacia ti se escuchan hasta la sociedad de almas en este punto –se burló la paloma, y ambos se rieron.
-Por cierto, ¿me ayudas a abrir mi caja de jugo la próxima vez que almorcemos?
-claro. ¿No tienen de ésas de donde vienes?
-No.
Más tarde ese día, Yuki volvía a ser, como en el último recreo, el centro de atención del grupo. Aunque todos eran nuevos, Yuki parecía ser la que más había llamado la atención del estudiantado.
-¿Ya nos vamos? ¡Yuki! –Yin tuvo que arrastrarla lejos de un grupo de animadoras formadas por gatas multicolores.
-¡Está bien!
En cuanto estuvieron a una cuadra del establecimiento escolar, sin embargo, el dereishinki de la shinigami comenzó a sonar estruendosamente, sobresaltándolos a todos.
-¡No es nada, no es nada!
Apagó el aparato, guardándoselo en un bolsillo, no sin antes mirar la pantalla, obligándose a sonreír como antes.
-¡Me esperarían un momento?
-Tengo que ir a otra parte –dijo Lina-. Adiós.
Todos se fueron yendo, hasta que sólo quedaron los conejos y un Dave algo nervioso.
-Yo tengo que esperar a mis padres. ¡Puedo esperar!
Mientras tanto, Yuki volvió corriendo a la escuela, se metió en el baño de chicas y, cuidando de que estuviera vacío, se encerró en uno de los cubículos, antes de salir de su gigai, con su túnica blanca y negra y su zampakutou desenvainada.
AL girar por una esquina, su mirada de determinación dquirió el tono del papel, chocando con una escena de pesadilla.
-¡Auxilio! –Tatsuki había sido acorralada por no uno, no dos, sino cinco huecos, contra una pared llena de casilleros vacíos.
-¡Grazna como la muerte, Cheibukai Karasu!
Con un golpe a gran velocidad, apartó al grupo de la chica indefensa, que no tardó en salir corriendo. Para su desgracia, se dirigió a esconderse en los baños, donde sabía que se horrorizaría al encontrar su cuerpo sin su alma.
-¡Oye, tú! –para su alivio, escuchó al par de conejos cerca.
-Bueno, también podría tener suerte por una vez.
-¡Un momento! –el hueco más voluminoso, de casi quince metros de altura, probablemente un menos grande, hizo retroceder a su grupo, dirigiéndole una mirada de furia y reconocimiento a la vez-. ¿Así que la historia es cierta?
-eres el jefe, por lo que veo. Váyanse de aquí, y podrían vivir un día más, escoria infernal.
La risa de los huecos le hizo dar un paso hacia atrás, sintiendo las vibraciones en todo el lugar, apretando los dientes por el esfuerzo de mantenerse en su sitio.
-Así que somos escoria, ¿eh? ¡Chicos! ¡es hora del almuerzo!
Para su pesar, dos de ellos comenzaron a transpasar las paredes del patio, atrapando a los estudiantes rezagados en la salida, comenzando a arrancar almas. Los gritos de puro terror y agonía llenaron el lugar, y Yuki resistió el impulso de vomitar.
-El sonido. Son tan idiotas, ustedes los huecos. ¡Mi zampakutou se alimenta del sonido!
-¡Chica tonta! –rugió el más cercano, mientras los tres que quedaban frente a ella se reían con ganas-. ¡Tú pronto acompañarás sus gritos!
-¡Eso no pasará! ¡lamento nocturno!
Para su horror, sin embargo, su onda supersónica se desvaneció a metros del hueco jefe, antes de que Cheibukai misma expulsara un gemido de agonía, disparándose en el aire de sus manos y desapareciendo frente a su rostro, desencajado de asombrado horror.
-¿Qué? ¿Qué está pasando? ¡Hadou número 33, Soukatsui!
Su hechizo, al igual que su ataque anterior, también falló. Mientras tanto, los huecos continuaron riéndose, con el eco de gritos y pedidos de auxilio de fondo, comenzando a paralizar su corazón.
De repente, sus carcajadas se detuvieron, y los tres se dieron la vuelta, fijando sus ojos vacíos en dos conejos cubiertos por sendas auras, una rosa y otra azul, avanzando hacia ellos.
-El que enviaron fue pan comido –dijo Yin, dando un paso hacia delante.
-¡Malditos! ¡pagarán por esta ofensa! ¡Acaben con ellos!
Los dos huecos que avanzaron, hombro con hombro, sonrieron al par de conejos, pero se detuvieron por un momento.
-¿Qué les pasa? ¿Nos tienen miedo ahora? –Yang se mofó.
-¡No volverán a robar más almas!
Sin embargo, ambos huecos, en lugar de avanzar, se miraron entre sí, asintieron y luego les dirigieron sendas miradas de depredador, concentrándose y reuniendo energía en el interior de sus bocas dentadas.
-¿Qué están haciendo? –Yin gimió, desconcertada.
-¡Oh, no! ¡Cuidado! ¡Están creando un Cero!
-¿Un qué? ¿Más matemáticas?
Pero en lugar de disprar contra los conejos, cuando abrieron sus fauces, los huecos escupieron sus rayos mortíferos a alguien más a sus espaldas.
Era Dave, quien tuvo el tiempo justo de agacharse, mientras el lugar a su alrededor estallaba en pedazos.
-¡Nooooo! –gritaron al unísono.
-¡No fallaremos la próxima vez!
Los conejos dieron un paso hacia los monstruos, pero en ese momento sus auras se desvanecieron, y cayeron al suelo, anonadados.
-¡Genial! ¡Y pensar que nos hiceron gastar nuestro Cero!
Sin embargo, Yuki se colocó detrás del hueco de la derecha, desatando un pequeño pero efectivo rayo blanco, decapitándolo al instante.
-¡Yo soy tu oponente, no ellos!
-¡No! –su jefe bramó, y su subordinado volvió a centrarse en los conejos-. ¡Ella es mía!
-¡Chicos! –Dave salió corriendo de su escondite, llamándolos con urgencia.
-¡Dave, corre! ¡Vete de aquí! –Yin le gritó, intentando ponerse de pie, pero fallando miserablemente.
El hueco que se dirigía en su dirección se detuvo de golpe, saltando sobre ellos y llegando al tocón indefenso en segundos.
-¡No! –Yuki esquivó una zarpa descomunal del hueco más grande y, a la velocidad de la luz, reapareció frente al perseguidor-. ¡Bakudou número 9, Geki!
Un pequeño escudo de energía, casi transparente, rodeó al tocón, rompiéndose por el impacto de la mandíbula del monstruo, que se volteó furioso hacia ella.
-¡Ahora estoy enojado!
El hueco arremetió contra ella, tirándola al suelo y arrastrándola con sus dientes en su brazo izquierdo, arrancándole un grito de dolor.
-¡hazles caso a tus amigos y huye!
Dave salió corriendo una vez más, pero se detuvo y se volvió hacia los conejos, que miraban la escena impotentes.
-¿No vienen?
-¡Sólo vete de una vez! –gritaron al unísono.
-¡Te dije que ella es mía, idiota!
El hueco jefe acortó la distancia entre él y su subordinado, arrancándolo de su presa con sus enormes zarpas y decapitándolo de un solo mordisco.
-¡Yuki! ¿Estás bien?
La shinigami escupió sangre, a pesar de que se suponía que era un espíritu..
-Si no sobrevivo, quiero que tengan esto –dijo entre estertores, sacando algo de su bolsillo. Era la insignia de shinigami sustituto, que de la nada se había duplicado-. Deben usarlas. Rápido, antes de que sea tarde.
Al colocárselas, ambas tomaron sus colores respectivos, una azul y la otra rosa y, parasu asombro, sintieron cómo sus almas, auras incluidas, se separaban de sus cuerpos, que quedaron en el suelo cual muñecos de tela descartados.
-¡Increíble!
-¡Chiwa!
-¡Súper! –dijeron al unísono.
Ambos tenían su propia túnica, Yang una azul y Yin una rosa, mientras que sendos cinturones Woo Foo brillaban en sus lugares.
-¡Esto es perfecto! ¡Ni siquiera tendré que arrancarles sus almas!
Pero en cuanto intentó dar un paso, el hueco quedó paralizado, ante los puños de fuego de Yang y dos esferas llameantes en las manos de Yin, ambas técnicas apuntadas a su cara.
-¡No volverás a hacerle daño a nadie más! –gritaron al unísono.
-Eh, bueno...
-¡Puños de fuego!
-¡Yincinerar!
-¡esperen!
Ambas técnicas impactaron de lleno en sus enormes zarpas negras, con las que había intentado protejerse. Tras el impacto, se descubrió que acababa de perder ambos brazos.
-¡Ustedes no lo entienden! –sollozó el hueco, de rodillas ante el par de conejos furiosos-. ¡Esto no tiene que ver con ustedes!
-¡Bueno, ahora tiene que ver con nosotros! –Yin exclamó, preparando un nuevo ataque.
Sin embargo, antes de que los conejos pudieran hacer algo más, n agujero negro se abrió en el cielo por encima de sus cabezas, absorviendo al hueco rápidamente.
-Volveré. Yuki Minamoto, volveré por ti... –fueron sus últimas palabras, antes de desvanecerse en el interior de la garganta.
Yin y Yang se apresuraron a saltar nuevamente a sus cuerpos, cayendo al suelo, exhaustos.
-¡Chicos! ¡Están bien!
Dave traía a un asustadísimo Coop, quien podía ver a la shinigami en su forma espiritual, al igual que el tocón.
-¡Necesito volver a mi gigai!
Yin utilizó su magia para levitarla por el aire, mientras ella los conducía al sitio donde había dejado su cuerpo. Cuando llegaron a la puerta del baño de chicas, Yin y la shinigami herida entraron solas, y la coneja mantuvo su agarre mágico sobre su espíritu hasta el segundo en que la otra chica volvió a su cuerpo, cayendo inconsciente por fin.
Lo último que supo la shinigami antes de perder la consciencia fue que Yin la tomaba en sus brazos y la arrastraba, con el mayor cuidado posible, fuera del baño, hacia algún lugar con implementos médicos.
La clínica era el único lugar cercano que se le podía ocurrir en esos momentos difusos.
N/A: no se preocupen, casi no hubieron bajas. Cuando antes Yin habló en singular fue por una buena razón, que se aclarará pronto, como quizás ya alguien pueda adivinar.
