N/A: Hola de nuevo!
Brick: el último capítulo me emocionó... (saca un pañuelo y se seca un par de lágrimas).
Yo: si eso te emocionó, te queda mucho más por ver. Los capítulos que se vienen serán emoción tras emoción! Sólo esperen!
Brick: seamos sinceros, estamos algo perdidos respecto a los apellidos de nuestros personajes de Yin Yang Yo, ésa es una verdad. Pensamos en tomar prestados algunos de los fics de Editorial El Patito Feliz, y desde ya agradecemos y nos disculpamos por cualquier error ortográfico que pudiera surgir.
Yo: pero si no me equivoqué esta vez! De qué rayos te quejas ahora?
Brick: francamente? Vamos a buscar más apellidos para el resto, mientras aún quede tiempo. En serio, por qué nadie se preguntó por la coincidencia entre el apellido de los conejos y el apodo del grandullón? O por el nombre de Yuki, también el apellido de uno de los nuevos guardianes de Karakura, Ryunosuke Yuki?
Yo: a quién le importa? Espera, no me mates! Con respecto a lo primero, supongo que las cosas estaban demasiado agitadas para preocuparse por eso. Por lo segundo, no me importa. Aunque puedo llegar a hacer un par de chistes malos con estas coincidencias, uh.
Brick: En renglón aparte, ¿qué le hiciste a Rukia? ¡Ella no era así!
Yo: Aunque tienes toda la razón, colega. Somos terribles y tenemos algunas deudas pendientes de escritura, inspiración y bla, bla, bla. Y sobre el cambio de Rukia?
Brick: explícate!
Yo: tú también estás escribiendo esto, así que ya deberías saberlo.
Brick: no lo sé.
Yo: mala suerte, entonces. Pero es algo que, a lo largo de la historia, irá cobrando sentido. Mientras tanto, disfruten de los nuevos personajes originales que iremos presentando en los siguientes episodios!
Brick: hay más? De dónde los sacas?
Yo: de mi cabeza, quizá? A ver, a ver, tengo este sombrero (le quita la gorra roja al pelirrojo y de ésta comienzan a caer personajes, todos en una silueta y con ? en sus caras, ya que aún son desconocidos). ¿Qué tal eso?
Brick: oye! Devuélveme eso!
Yo: lo que sea. Ya podemos ir al cap de hoy?
Brick: espera un segundo!
Yo: se puede saber qué pasa ahora?
Brick: tengo que hacer el anuncio del día!
Yo: OK.
Brick: prepárense! Más revelaciones en este capítulo!
Yo: y ése es todo el spoiler que haremos hoy (le cubre la boca al pelirrojo con una cinta). ¡Disfruten y comenten!
Capítulo 12
Ichigo Kurosaki, ¿dónde estás?
Lo primero que hicieron al regresar a la sociedad de almas, fue notificar su llegada al Capitán Comandante en su oficina.
Renji se encargó de sujetar a la fugitiva la mayor parte del tiempo que duró el trayecto hasta la oficina, en parte por la seguridad de sus escoltas y en parte por seguridad de la propia Yuki, ya que Rukia no paraba de lanzarle miradas de muerte. Lo más llamativo era que, justo al entrar en el Seireikei, había recuperado su apariencia original, pero su gigai seguía con ella, lo que en parte aseguraba que no pudiera utilizar ninguna técnica ni hechizo, pero para el teniente pelirrojo la situación no era menos preocupante. Todo lo hacía regresar, de manera inevitable, a cuando él y el capitán Kuchiki habían cargado con la obligación de escoltar a Rukia al Sogyoku, la misma Rukia que, justamente ahora, caminaba a su lado como una shinigami libre, incluso de su mismo rango.
-hemos vuelto, Capitán Comandante –dijo Shinto, el más a gusto en esa oficina.
Syunsui Kyoraku hizo a un lado su sake y se levantó para recibirlos. Su querida teniente, Nanao Ise, no se encontraba por ninguna parte, cosa que Renji agradeció en este momento, debido a que consideraba que, así las cosas, una persona más sería multitud.
-Misión cumplida –dijo Renji simplemente.
Había soltado el brazo de Yuki, ahora una chica pelinegra casi tan menuda como Rukia, hacía rato, debido en parte al hecho de que, según la misma detenida le había señalado, no le sería posible escapar de ninguna manera.
-De acuerdo –Kyoraku parecía haber envejecido en cuestión de segundos. En dirección a su oficial capturada, agrego-: ¿Yuki Minamoto? ¿Serías tan amable de contarnos por qué has infringido la ley?
-Varias leyes, de hecho –apuntó Shinto
Su postura y tono eran tan estrictos que Renji pensó que Byakuya Kuchiki quedaría como un rebelde a su lado.
-No he hecho nada malo, lo juro. Por favor, capitán, tiene que creerme.
Rukia fue a gritarle, pero por suerte, Shinto salvó la situación, aunque lo que estaba a punto de decir no era menos preocupante.
-Si puedo, CapitánCOmandante, me gustaría ser quien le informe a nuestra recién llegada todas y cada una de las leyes que ha infringido. –Ante un asentimiento de Kyoraku, prosiguió-: Gracias. Minamoto, permíteme enumerarte las leyes que has roto: en primer lugar, desaparecer de la sociedad de almas sin avisar, robar artículos de importancia capital de la oficina nada más y nada menos que del Capitán Comandante, matar huecos en lugar de purificarlos, sin contar el peor de todos tus crímenes: transferir tus poderes shinigami a civiles del mundo de los vivos, en una dimensión inexplorada.
-¡Espere un momento! ¡le avisé de mi partida para investigar esta dimensión a Taiga Ruroshiki, oficial de la Tercera división. Además, ¡nunca robaría las insignias! ¿Apareció de la nada entre mis cosas!
-¿Cómo que apareció? Primero hablas en plural y luego en singular, explícate –renji fue quien le hizo la petición.
-Yin y Yang Chad me ayudaron a combatir unos huecos que atacaban una escuela; les di la insignia de shinigami sustituto como último recurso, y ésta se duplicó. No tuve nada que ver en ese sentido.
-pero ¿admites que la robaste? –Kyoraku habló con suavidad, no pretendía asustarla más de la cuenta.
Renji pensó que no había conseguido el efecto deseado esta vez.
-¡No! ¡Nunca haría tal cosa! ¡Admiro a la leyenda de ichigo Kurosaki!
-En todo caso, no puedes probar que no las robaste tú, directa o indirectamente –dijo Shinto, amonestándola.
-Con respecto a eso, ¿dónde están? ¿Las insignias de shinigami sustituto? Las trajeron con ustedes, ¿verdad?
Los cuatro se miraron, confundidos.
Shinto se aclaró la garganta, nervioso de pronto.
-Uh, en medio de toda la pelea, como que se nos pasó...
-¿Pelea? ¿Qué pelea?
Los ojos acerados de Kyoraku no iban dirigidos a la detenida, sino a su cuarto oficial.
-Desaparecieron cuando vencimos a los conejos. Discúlpeme, Capitán Comandante, pero no es mi costumbre saquear a los enemigos caídos –dijo Renji, intentando zanjar el asunto.
Pero Kyoraku no les permitiría irse por la tangente.
-Se suponía que traerían a yuki Minamoto sin armar un escándalo.
-Eh, bueno... –los tres responsables de dicho encargo dijeron al unísono.
-¿Y qué se supone que le diremos a la Cámara de los 46? Esto es un desastre, pero seré yo quien va a tener que dar la cara por el Seireikei, no ustedes.
Un incómodo silencio descendió en la oficina, y cuando su superior volvió a mirarlos, con una de las miradas más serias que jamás le habían visto, fue como experimentar la liberación del Shikai del capitán.
-¿Y bien?
-¡Tenemos a la culpable, Capitán Comandante! –saltó Rukia la primera, siendo silenciada por la acerada mirada del shinigami mayor.
-¡No quiero oírlo, teniente Kuchiki! –su voz retumbó por todo el lugar, y los cuatro shinigamis se encogieron por toda respuesta-. ¿Qué creen que pensarán los 46? ¿Creen que se conformarán con apresar a una oficial a prueba? Quieren ver las insignias, nada más les importa a esos hipócritas.
-Las podemos seguir buscando –se apresuró a decir Shinto, su voz flaqueaba por primera vez en toda la conversación-. Usted mismo ha enviado una comitiva completa del Escuadrón 2 por todo Rukón, ahora ya no tendrán que seguir perdiendo el tiempo y, si los envía a la nueva dimensión que acabamos de descubrir, estoy seguro de que...
-¿Enviar una veintena de los Ejecutores a una dimensión prácticamente inexplorada a recuperar las insignias de shinigami sustituto? ¿Qué estás buscando, Kirisame, una masacre? ¿Por quién me tomas?
Fue el turno de su cuarto recién ascendido oficial de quedar silenciado, comprendiendo que su idea no había sido bien recibida.
-Pero ¿qué pasa si Ichigo Kurosaki se encuentra allí? –la repentina sugerencia de Renji los tomó por sorpresa a todos, y recibió toda su atención-. Hemos estado buscándolo por, hmm, ¿cuánto tiempo? ¿Tres meses ahora? Quién sabe, tal vez podría estar perdido o en problemas, y no sería mala idea buscar allí, si quieren mi opinión.
Kyoraku recuperó su porte tranquilo, volviendo a sentarse en su escritorio y mirando al techo pensativamente.
Un instante después, dijo:
-No. –Todas las miradas que recibió eran de asombro o confusión, así que continuó-: Escuchen, si ése fuera el caso, habríamos detectado su particular reiatsu al momento en que supimos de la existencia de este nuevo mundo. Este mundo, sin importar los peligros que presente, no parece tener pistas de Kurosaki. Antes de que comiencen a gritarme –elevó las manos en el aire, ante las miradas aprensivas de los tenientes-, deben comprender la situación actual. Tengamos en cuenta todos los aspectos de la cuestión: Urahara y Shihoin están desaparecidos, al igual que Kurosaki; las entradas a Hueco Mundo están cerradas, por alguna razón inexplicable, y ni siquiera el capitán Kurotsuchi ha podido dar con el motivo. Karakura está sumida en la confusión por las desapariciones de nuestros amigos, acaecidas en las circunstancias más raras imaginables. Sumemos a todo eso el que no sepamos qué o quién está causando esta perturbación, y que incluso la Guardia Real esté en silencio al respecto. ¿Le vamos a agregar más problemas? Uh, si el viejo Yama estuviese aquí, probablemente me estaría jubilando, y no podría culparlo. Si él siguiera vivo, todos ustedes ya habrían perdido sus rangos, y serían afortunados si eso no incluyera una estancia de vacaciones indefinidas en el Muken.
-Bueno, no tenemos que preocuparnos de esos conejos –dijo Renji, incómodo-. Cuando nos íbamos, ni siquiera eran capaces de levantarse. Si siguen vivos o no, no importa.
-¿Estás seguro, teniente Abarai? Si no me equivoco, ahora la sociedad de almas y esa dimensión están conectadas, aunque haya una barrera que separe la vida de la muerte, Dios gracias. Si algún shinigami no aparece allí para conducir sus almas a la otra vida, ¿qué crees que sucederá?
-¿A qué se refiere? –Renji se veía totalmente confundido.
-¿Se convertirán en huecos? ¿En Plus? ¿Quién puede decírmelo? Ustedes, supongo, no pueden. Y no tengo tiempo para mandar a nadie allí. Si los amigos de Kurosaki estuvieran por aquí, me patearían el trasero, pero que Dios me perdone si algo sale mal y todo esto nos lleva a una nueva guerra. No necesitamos otro Aizen o Yhwath.
-Pido permiso para ir a recuperar las insignias –Rukia volvió a hablar, pero la mirada que recibió la silenció una vez más.
La mirada de Kyoraku denotaba más cansancio que ira, y era comprensible.
-Es una suerte que todavía nadie, fuera de nosotros, sepa de la desaparición de la insignia de Kurosaki, o tendría a medio Seireikei en mi espalda ahora mismo. Muy bien, escúchenme todos ustedes. Esto es lo que haremos. Hasta que podamos aclarar lo que pasó, todos guardaremos silencio. Nadie, ni siquiera sus capitanes o compañeros de las demás Divisiones, deben saber que todo este lío está ocurriendo. Todavía no es demasiado tarde. Debo entregar mi informe a la Cámara de los 46 mañana por la noche, así que, hasta entonces, quiero que todos se calmen. Los llamaré de a uno a partir de ahora, ¿está bien? Y deben hacer exactamente lo que les diga.
Todos asintieron.
-Comenzaré con la oficial Minamoto. Todos ustedes, esperen afuera.
Incluso al otro lado de la puerta, Renji fue capaz de captar la mayor parte de la conversación. Para sus adentros, agradecía que fuesen los únicos por allí a esas altas horas de la madrugada.
-¿Sabes que va contra las reglas escuchar una conversación privada de uno de tus superiores, Abarai?
-No te pongas pesado conmigo, kirisame, yo soy superior a ti en rango, y un mero oficial no está por encima de un teniente, sin importar que ocupes la cuarta silla del Primer Escuadrón.
-Mi consejo sigue en pie.
-Renji tiene razón, Kirisame –Rukia lo defendió-. Además, si Minamoto es culpable, debemos estar lo mayormente informados que podamos sobre sus acciones, quién sabe lo que podría estar tramando esa chica.
Shinto refunfuñó algo sobre las personas que rompían reglas a menudo, pero renji había dejado de escucharlo hace un buen rato.
-Siéntate, Yuki. ¿Qué tal ha sido el último mes?
-Cree que soy culpable, ¿verdad? No me mienta. Entenderé que piense eso, después de todo, me he acostumbrado a que desconfíen de mí.
-No negaré que tengas que responder por tus actos. Todo lo que hacemos deja alguna huella en el mundo, si no supieras eso, te hubiera negado unirte a nuestro escuadrón en primer lugar.
-¿Así que piensa que soy inocente?
-No sé qué pensar en este momento. ¿Es verdad que robaste la insignia de Kurosaki? Lo entenderé si fuera cierto.
-¡Claro que no! ¡He admirado a Ichigo Kurosaki, el shinigami legendario, desde que su cara apareció por primera vez en las noticias del distrito Rukón! ¡Lo juro! ¡Nunca haría nada para deshonrar su imagen!
-Bueno, ten cuidado, hay quienes no creen lo mismo. En fin, escúchame: ve a tu habitación por la noche. Aún no estás acusada oficialmente de ningún delito. Tengo que encontrar algunas respuestas antes de poder tomar una decisión.
-gracias, Capitán Comandante.
-Una última cosa. Mencionaron a un par de conejos. ¿Son ellos quienes están actualmente en posesión de las insignias?
-Sí. Pero ignoro si sobrevivieron a la batalla.
-Ya veo. En fin, no te preocupes. Puedes irte.
Vieron salir a la shinigami, aún en su gigai cambia formas, con la cabeza gacha y sin decir una palabra.
-Kirisame, entra.
El oficial cerró la puerta, consciente de que su conversación sería escuchada por los tenientes, pero no le dio mayor importancia.
-En pocas palabras, ¿podrías contarme, desde tu perspectiva, qué fue lo que pasó?
-Claro.
Cinco minutos después, Shinto acabó su narración.
-De modo que, visto lo sucedido, tenemos nuevos problemas. Así que conejos con una considerable presión espiritual, ¿hm? ¿Y Zampakutous especiales?
-Intenté hacer un reconocimiento de la Zampakutou de la coneja. No pude, y se supone que mi carta de identificación es infalible. Tiene un registro completo de todas y cada una de las Zampakutous existentes en la sociedad de almas.
-No saquemos conclusiones ahora. ¿Qué opinas de todo esto?
-Creo que todo está relacionado con la desaparición de Kurosaki, Urahara y Shihoin –dijo el oficial, sorprendiendo a todos sus oyentes.
-¿Qué te ha llevado a pensar eso?
-hace tres meses, Kurosaki y los alguna vez exiliados ex capitanes desaparecieron de Karakura sin dejar rastro. Incluso los niños y el grandullón de la tienda de Urahara se esfumaron. Los miembros de la familia Kurosaki también desaparecieron, y lo mismo pasó con sus amigos fullringers y quincy. Dos meses después, reclutamos a Minamoto, una extraña que se graduó de la academia hace décadas pero que, extrañamente, nunca captó el interés de nadie en todo el Seireikei. Hasta que fue llamada por usted hace tan poco tiempo, sólo sabíamos que Yamamoto presenció sus exámenes finales cuando se graduó, pero al parecer, nunca sintió una gran atracción por el trabajo de los shinigamis. Me atreví a preguntarle por qué su gigai tenía el aspecto de un animal, más concretamente una paloma blanca.
-¿AH, sí? No lo sabía. ¿Y qué dijo ella?
-Respondió no saber la causa. Y haberse despertado con ese aspecto en esta dimensión.
-¿Y tu punto es?
-Creo que está escondiendo algo. O a alguien.
-¿Y qué más?
-¿Puedo decir algo grave?
-¿Qué se supone que significa eso?
-SI puedo decir algo por lo que podría ser ejecutado.
-Oh, adelante. No voy a ejecutar a nadie por decir lo que piensa.
-Creo que ella es responsable de todas las desapariciones. Pero ¿sabe? Cuando estuve allí, capté brevemente tres reiatsus familiares: dos pertenecían a fullringers y uno a un quincy. También habían dos más, pero no pude identificar a qué raza pertenecían exactamente. Habían más por toda la ciudad, pero eran débiles en comparación con estos tres.
-¿Podrán ser ellos? ¿Inoue, Sado e Ishida?
-Si ellos están allí, ¿por qué todavía no han revelado su ubicación? ¿O la razón para estar allí? ¿Por qué no se han reportado a la sociedad de almas? ¿Podrían estar orquestando un ataque?
-menos mal que te dije que no pienso ejecutar a nadie por decir lo que piensa, uh. No saquemos conclusiones todavía. Quiero que investigues en secreto con la capitana Sui-Feng y sus subordinados de la Segunda División todo este asunto. Mientras, le pediré una actualización a Mayuri. ¿Está bien? Nadie debe enterarse del robo de la insignia de Kurosaki hasta que estemos seguros de lo que está pasando. ¿Y Kirisame?
-¿Qué?
-¿Qué piensas de Minamoto? ¿Crees que sea culpable?
-Pienso que primero debemos probar que lo es, lo que amerita una investigación rigurosa y, en cualquier caso, un juicio justo.
-Tienes mi permiso para investigar. Ve y métete en tu amada biblioteca por el resto de la semana, si eso te ayuda. Puedes irte.
Shinto salió de la oficina, perdiéndose tras un Shumpo.
-Kuchiki, entra.
Renji se quedó solo en mitad de la penumbra, con su oído atento a la conversación en el interior. Mientras nadie lo echara, no se iría.
-¿Qué tal los últimos días, Rukia?
-Eh, bien, supongo. Lo de siempre, ya sabe.
-Ha sido duro para ti, más que para el resto, supongo. Tras tres meses sin saber nada del paradero de Ichigo Kurosaki...
Una pausa. Renji apretó los dientes, compartiendo ese sentimiento de angustia.
-No, aún no hay novedades sobre él o el resto de tus amigos, pero ¿sabes? Kirisame dijo que fue capaz de detectar tres reiatsus que, según parece, podrían pertenecer a Inoue, Ishida y Sado.
-¿Ichigo podría estar en esta nueva dimensión, Capitán Comandante?
-Fui sincero antes, Rukia. Lo lamento, pero no es probable.
-¡Por favor, Capitán Comandante! ¡Permítanos a Renji y a mí ir a investigar!
-Mi decisión es definitiva, y no voy a cambiar de opinión. Mira, no quiero sonar desalmado, pero recuerda la crisis actual. Esto, se relacione con las desapariciones de Kurosaki y compañía o no, es mucho más grande de lo que pensábamos. Y ahora, con Ukitake ausente, que en paz descanse, eres la oficial de mayor rango en el Escuadrón 13. Lo que menos necesitas ahora mismo es más incógnitas.
-¿Y el capitán Hirako...?
-Él tiene que verme hoy mismo, pero la última vez, no tenía pistas sobre los alguna vez llamados Vizards que quedaron en Karakura. Sólo los fullringer de Xcution siguen por aquí, pero incluso con su ayuda, no hemos tenido mejores resultados. Una cosa más. ¿Qué piensas de la oficial Minamoto?
Renji se esperaba una respuesta contundente, similar a la de Shinto, pero más dura. En su lugar, lo que Rukia dijo a continuación lo descolocó por completo.
-No la conozco lo suficiente como para formarme una opinión al respecto que no sea parcial en extremo.
-Sin embargo, tienes que tener alguna. Sabes que no compartiré esto con nadie, Rukia, y ella jamás lo sabrá.
-Pienso que es una novata creída. Es todo lo que puedo decir de ella. Testaruda. Mentiría si dijera que no me recuerda a mí de joven. Nada más puedo decir.
-Eso es... razonable.
-¿Le dijiste la verdad?
-No. No he roto mi promesa. Mientras siga bajo observación, no tiene por qué saber que tu escuadrón no tiene un capitán. O que ordené expresamente a los demás capitanes que no la admitiesen, y que la observen en todo momento. Ella tampoco recuerda muchas cosas de su pasado, excepto su paso por la academia y bueno, su infancia. Pero todos los años posteriores a su graduación están en blanco para ella, y esto es algo que me pesa, pero que también resulta preocupante. Es un milagro que no tuviera que sufrir las consecuencias de las últimas dos guerras con Aizen e Yhwath de ninguna manera.
-¿Puedo preguntar qué pasará con ella si no se han aclarado las cosas para mañana?
-No pienso rebajarme a ceder a la presión de la Central 46, aunque sus chillidos se escuchen hasta el infierno. Podrán ser quienes deciden si alguien va a prisión o es ejecutado cuando incumple la ley, pero no representan la justicia del Seireikei, ni por asomo. Ellos la hacen y la ordenan, pero nosotros seguimos siendo quienes hacemos cumplir esa misma justicia, sin importar cuántas tonterías salgan de las bocas de esos idiotas.
Una nueva pausa, ésta más larga que la anterior.
-En fin. –Kyoraku rompió el incómodo silencio-. No podemos preocuparnos por recuperar esas insignias ahora mismo.
-Pero creía que...
-En todo caso –la cortó, severo-, tendrá un juicio justo, como todo shinigami. Tú no tuviste esa opción, Rukia, y eso es algo que jamás podré perdonarme, sin importar que tu condena haya quedado en el pasado. Fue el mayor error que pudimos haber cometido, y no pienso repetir.
-Entiendo, Capitán Comandante.
-Si Minamoto fuese detenida oficialmente, haré todo lo que esté en mi mano para evitar su ejecución. La encerrarán en el Muken, sí; pero ¿ejecutarla por robar una reliquia? Robar, y nada menos el símbolo de mayor esperanza en la sociedad de almas de que se tenga memoria, es algo terrible; pero ¿penar con la muerte a alguien por eso? ¡Sería ridículo! En ese sentido, hay algo aún peor, y me temo que, a pesar de mis deseos, los 46 jueces no hagan una segunda excepción. Puede que los predecesores estén muertos, todos asesinados por la mano de Aizen. Pero el recuerdo de su manera de pensar y de actuar, el recuerdo de lo que ellos dejaron, su legado... Eso es algo que no se olvida sin más. Estos nuevos jueces, me temo, son incluso peores que los anteriores. Que tú sobrevivieras a su decisión de ejecutarte, más aún, que el Sokyoku no alcanzara a matarte y sellara tu destino, sin contar el que te acabaras convirtiendo en teniente, todo eso ya les irritaba a los jueces anteriores; los actuales harían lo que fuera por ejecutarte, no importa cuán equivocado es eso. Tú te escapaste, según ellos, de la justicia de la sociedad de almas, pero estamos hablando de alguien que permitió el surgimiento literal de Ichigo, hoy un héroe. ¿Qué crees que harán con Minamoto? No lo dudes, Rukia, ellos no dudarán en condenarla a la ejecución si se les presenta la oportunidad. Alguien se les escapó; Minamoto, en cambio, no se les escapará.
-Pero capitán, usted y Ukitake destruyeron el Sokyoku; Ichigo colaboró. ¿Qué está sugiriendo?
-Créeme, rukia, puede que el Sokyoku como herramienta de ejecución haya quedado en el pasado, junto con sus espectáculos de estilo medieval, como dirían en el mundo de los vivos. Pero los jueces tienen sus maneras de conseguir lo que quieren, y lo que quieren es un cordero para sacrificar a su amada justicia. O mi dimisión, para el caso. Lo que les cause mayor satisfacción, maldita sea.
-¿Qué piensa hacer al respecto?
-No te preocupes por mí, esos jueces serán astutos, pero yo no me quedo atrás. No pasarán por encima de sus atribuciones. Además, Minamoto ignora la mitad de su vida, es ingenua y audaz. Mientras yo siga por aquí, no permitiré que esos idiotas le pongan un dedo encima.
-Parece haberse vuelto protector con ella, Capitán Comandante.
-Nah, sólo hago mi trabajo. Puede que no lo parezca, pero, incluso si nadie confía en Minamoto, yo confío en ella. Tiene un gran potencial, y un largo camino por recorrer. Hemos visto partir a demasiada gente, Rukia, no podemos permitirnos perder a nadie más.
-Seguramente que no.
-Bien, puedes retirarte. Dile a Renji que pase.
Rukia salió por la puerta, con una expresión de tristeza en su rostro, una que borró enseguida, y le indicó a su compañero pelirrojo que entrara.
-Bien, teniente Abarai, ¿qué tal la semana?
-Todo bien, claro.
-Bien, debo preguntarte, ¿qué piensas de todo esto?
-¿De todo?
-¿Qué piensas de tu última misión? ¿De Minamoto?
-No fue nada. Esos conejos entrometidos fueron pan comido. Uh... ¿Minamoto? No la conozco. Parecía afligida, también debilitada por alguna razón. En todo el trayecto de regreso aquí, no pudimos conseguir que saliera de su gigai defectuoso. Francamente, no creo que esos amigos suyos murieran. Eran demasiado testarudos para hacerlo, como Ichigo la primera vez que peleamos.
-Pero entonces el capitán Kuchiki te ayudó, ¿no es así?
-Rukia y Kirisame fueron de gran ayuda, ese oficial incluso desenvainó su Zampakutou, si es que a eso se le puede llamar así. No sabía que su arma fuera un mazo de cartas con poderes mágicos.
-De hecho, no recuerdo haberlo visto usándola. En la academia, fue uno de los estudiantes sobresalientes, graduándose medio siglo después de Ukitake y yo. Por alguna razón, se dedicó a estudiar la historia de la sociedad de almas después de eso, y sólo recientemente deseó unirse a mi escuadrón. Mi nuevo escuadrón, como sea. Llegó a encargarse del equipo de Kido tras el exilio de Tsukabishi, pero sabemos poco más que eso. Yamamoto me confió que, gracias a él, pudieron evitarse diferentes crisis en el pasado, pero aún estoy poniendo en orden los archivos del viejo, cosa que tomará tiempo, tiempo que no tenemos.
-¿Sospecha de él?
-No. Si el viejo Yama le tenía tanta confianza, ha debido de ser por algo. Confío en él plenamente, no lo dudes. ¿Qué opinas de la oficial Minamoto?
-¿Más allá de lo que vi durante nuestra batalla contra esos conejos? No lo sé, creo que la compadezco. Rukia me mataría por decírselo, pero durante nuestro trayecto de regreso, estuvo furiosa. Como si creyera que la chica fuese culpable no sólo del robo, sino de algo más.
-Renji, Minamoto le transfirió sus poderes shinigami a esos conejos. ¿Entiendes lo que eso significa? Es un crimen grave, penado con la ejecución.
-Lo sé. Pero les dimos su merecido. No merece la pena que sigamos preocupándonos por todo esto, si quiere mi opinión. ¿Cuál sería la diferencia? Esos idiotas probablemente estén de camino a la sociedad de almas, como cualquier alma que muere y viene aquí a descansar.
-Ojalá fuese así de sencillo. ¿Escuchaste todas las conversaciones?
-¿Qué? ¡No! ¿Por qué dice eso?
-Vamos, Renji, sé que te preocupas por todos, y confío en ti para que rompas las reglas por una vez, mientras esto quede entre tú y yo, claro.
-Eh, está bien.
-¿También sospechas de Minamoto? ¿Como Kirisame?
-Sí. Imposible no hacerlo. Pero, tras enterarme de que ella no recuerda su pasado... Siento pena por esa shinigami, aunque claro, tendrá que ser juzgada. Lamento no poder ser de ayuda.
-Tal vez puedas serlo, aunque no de la manera que piensas. Ahora, ve y descansa, Renji. Los mantendré informados a todos de las novedades. No hagas nada haste que te lo diga.
En la mañana, recibió una mariposa infernal. Pero cuando consiguió correr a la oficina de Kyoraku, él no estaba allí. Salió corriendo, siendo superado por un Shinto alterado.
-¡maldición! ¿Fuiste tú, Abarai?
-¿De qué estás acusándome?
Ambos pararon en seco, lanzándose sendas miradas asesinas.
-¡Oigan! ¿ustedes también recibieron una mariposa infernal de Kyoraku?
Rukia apareció tras ellos, compartiendo su mirada de ira y confusión.
-Sí, ¿leíste las noticias? –Renji apretó los dientes, irritado.
-Sí, y no puedo creerlo. ¿Quién delató a Minamoto?
-¡Tú! –Shinto detuvo a un shinigami en particular, que pasaba corriendo a su lado-. ¡Detente!
-¡Quién, yo?
-¡Teniente Hisagi! –Shinto lo señaló, ofuscado-. ¿Cómo lo supo?
-¡Oh! ¡las noticias vuelan como mariposas infernales, y las mejores caen como rayos! –el teniente estaba eufórico, pero al ver sus caras, borró su sonrisa, temeroso de haberlos ofendido-. ¿Qué pasa? Una fuente anónima me trajo la información esta mañana a primera hora, ¿qué hay de malo con eso?
Renji parecía estar a punto de explotar, pero Rukia lo detuvo.
-¡Éramos los únicos que sabíamos sobre esto hasta esta misma mañana, Hisagi! ¿Quién podría habértelo dicho, si ninguno de nosotros ha sido tan tonto para revelar información secreta?
-¿Eh? No lo sé.
-¡No tenemos tiempo para esto! ¡Vamos!
-¡Oye! ¡No te atrevas a adelantarnos, Kirisame! ¡Yo no tengo tu Paso Flash!
Hisagi se les quedó viendo, sin saber qué hacer.
Kyoraku se encontraba en la Central 46, y una Yuki Minamoto esposada con cuerdas de reishi estaba sentada en un rincón de la sala, ambos taladrados por los despiadados ojos de los jueces. Sólo faltaba el último, el que presidiría la reunión, y comenzaría aquel martirio.
Cuando Shinzo Hiyumi entró, un hombre bajo y calvo, ojos verdes de acero y una mirada de pocos amigos, los murmullos cesaron. Al igual que el resto, vestía un traje azul marino, la moda del juzgado, por encima de la túnica negra del shinigami ordinario. Destacaba sobre el resto por agregar a su atuendo una banda blanca con una flecha en llamas en su centro dentro de un círculo, que representaba su clan.
Estaba a punto de tomar asiento en la fila superior, cuando las puertas volvieron a abrirse de golpe, y Renji, Rukia y Shinto las atravesaron, empujando a varios guardias inconscientes en su carrera.
-¿Qué significa esto, Capitán Comandante?
-EH, no estoy seguro. Chicos, ¿qué están haciendo aquí?
-¡Usted nos pidió reunirnos cuanto antes! –renji gritó.
-Debe ser por esto, entonces.
El líder de la cámara extendió un número de Seireikei Comunications, antes de arrojarla en el aire, para que todo el mundo pudiera verla. Al caer al suelo, se deslizó hasta tocar la silla donde Kyoraku se hallaba sentado. Recogió la revista, antes de leer su contenido.
-Según esto, señorita Minamoto –siguió aquel hombre de hierro, tras tomar asiento-, usted ha robado la insignia de shinigami sustituto del desaparecido Ichigo Kurosaki, transferido sus poderes a civiles, se escapó de la supervisión de sus superiores y ha conspirado a espaldas de todo el Seireikei.
-¡Chismes! –exclamó Shinto, furioso-. ¡Rumores! ¡Calumnias!
-¡Silencio! –Hiyumi golpeó su martillo sobre la mesa, y todos se callaron-. Señorita Minamoto, responda. ¿Ha cometido estos delitos, sí o no? Se suponía que ésta sería una cesión informativa sobre el estado de la investigación de los héroes desaparecidos. Me despierto esta mañana, ¿y qué es lo primero que encuentro al salir de casa? ¡Noticias alarmantes de violaciones de la ley bajo nuestras propias narices! ¡El público piensa que los 46 somos unos payasos!
Otro hombre habló, un anciano de pelo entrecano.
-Su mayor señoría, todos somos conscientes de que hoy asistimos no ha una cesión informativa, sino a un proceso. Debemos procesar a Yuki Minamoto, criminal que ha de recibir un juicio justo. Debemos determinar su castigo en las próximas dos semanas. La prisión perpetua o la ejecución, me temo.
-Estoy de acuerdo contigo, colega Matsubara. Señorita Minamoto, todos seguimos esperando tu respuesta.
-Minamoto, no tienes por qué decir nada –Kyoraku saltó en su defensa-. Este asunto era secreto, y soy responsable por cualquier perjuicio que su revelación, haya sido causada por quien sea, provoque una crisis. Yo responderé por ella.
-No tiene un año en su puesto, Capitán Comandante. A menos que esté a punto de anunciar su renuncia, mi pregunta seguirá en pie. Señorita Minamoto, no pienso repetirme.
Yuki alzó su cabeza por primera vez en todo el griterío. Tenía los ojos rojos por haber estado llorando por horas. Sus muñecas presentaban magulladuras. Se la habían llevado a la fuerza a primera hora de la mañana, y de eso hacían ya tres horas. Si no fuera por Kyoraku, que había aparecido hacía una hora allí, dispuesto a defenderla, se hubiera hundido definitivamente en la desesperación.
Le tocaba devolverle el favor, y la sinceridad sería el primer paso.
-Sí, su mayor señoría –dijo en un susurro lastimero-. Pero hay algo de lo que no soy culpable. No robé la insignia de Kurosaki. ¡Apareció de la nada entre mis cosas!
El líder de los jueces hizo un gesto con su mano, y sus ataduras brillaron, antes de golpearla con una descarga eléctrica, que la silenció.
-¡Basta! –dijo Shinto, ahora asustado-. ¿Qué pretenden con este interrogatorio?
-la verdad. Y la justicia –dijo otro de los jueces-. Hasta que se decida tu castigo, serás conducida por nuestros guardias a una celda en el Muken. Permanecerás allí hasta nuevo aviso. ¡Su mayor señoría?
-¡Concluyo esta cesión!
-¡Pero...! –Los dos tenientes y el cuarto oficial gritaron, pero los jueces se levantaron y comenzaron a salir por unas puertas laterales.
Dos guardias aparecieron por un costado, desatando a Yuki de la silla pero sin quitarle las esposas.
-Aunque no tengas acceso a tus poderes, hasta que lleguemos a tu celda, te dejaremos puestas las esposas. Es sólo por seguridad –dijo uno de ellos, sin parecer enojado con la chica.
-¡Hiyumi! –Kyoraku lo atajó en la salida-. ¡No hemos terminado!
-Claro que no, Capitán Comandante. Espero honre su puesto acompañándonos en dos semanas, cuando la condena de su oficial esté decidida. Nos veremos allí.
Renji acompañó a los tres a la oficina de Kyoraku, donde su teniente, Nanao Ise, ya se encontraba allí, esperando a su capitán, así que se sorprendió de verlo acompañado.
-Capitán, ¿qué está pasando? ¿Las noticias son ciertas?
-Me temo que sí, Nanao, aunque estamos en la oscuridad sobre la mayor parte. Hazme un favor, llama al teniente Hisagi.
El teniente de la Novena División apareció junto con Nanao, sonriendo al principio, pero al ver a lo que se enfrentaba, su mirada acabó por ensombrecerse.
-Lamento lo que está ocurriendo. Es mi culpa.
-Tu deber es informar, no te sientas culpable por ello. Dime, ¿quién te dio la información que publicaste esta mañana?
-Una fuente anónima. A ver... Los chicos me dijeron que era alguien del Escuadrón 13, pero la fuente no quiso revelar su identidad.
-Kuchiki, es tu deber encontrar al responsable. Creo que alguien nos está espiando. Podríamos tener traidores una vez más entre nosotros.
-Lo haré, cuente conmigo.
Rukia se fue corriendo.
-Los demás ya pueden retirarse.
Renji comenzó a caminar por el camino que conducía a su escuadrón, furioso. Mientras, los eventos de hacía tres meses acudieron a su mente una vez más. La desaparición de Ichigo y compañía.
FLASHBACK
Había sido un día como cualquier otro, llevando almas y purificando huecos de aquí para allá. Aunque fuera un teniente, nada lo eximía de su trabajo, y más aún con el aumento de huecos más reciente.
Habiendo terminado por el día, se dispuso a tomar un descanso por la tarde. Entonces, cuando iba entrando en su departamento de teniente, le llegó una mariposa infernal de SOS. Alguien la había mandado desde e el centro de Karakura.
Cuando salió corriendo, curioso por saber lo que sucedía, se topó con Rukia, y ambos enfilaron al Senkaimon.
Llegaron para toparse con un millar de Menos atacando la ciudad pero, para su desconcierto, Ichigo no se hallaba por el lugar. Ambos desenvainaron sus Zampakutous, atacando con sus shikais y derrotándolos en pocos minutos.
-¿Dónde rayos está Ichigo?
-¡No lo sé, Rukia!
Ambos corrieron por la ciudad, llegando rápidamente a la casa y clínica Kurosaki.
Uryu, Chad y Orihime estaban parados allí, mirando a su alrededor con miradas de estupor. Todos se veían cansados, obviamente acababan de venir de luchar con más Menos.
Renji estaba a punto de preguntar por qué estaban todos allí, quietos como estatuas, cuando el centro de atención del grupo lo atrapó también.
Su boca se abrió increíblemente, mientras Rukia daba un paso adelante, con un nudo en la garganta, y eso era algo que él podía adivinar sin necesidad de leer su mente.
-Con razón Ichigo no vino a apoyarnos contra los huecos –dijo finalmente.
En lugar de la casa Kurosaki, un lugar de cemento vacío era todo lo que sus ojos podían ver. Las demás casas seguían en su lugar, como si, de la nada, a algún loco se le hubiese ocurrido borrar la casa de su amigo, así sin más en la gran pintura de las cosas.
-¿Ya han intentado localizarlo? ¿O a a sus hermanas? ¿O a su padre? –Rukia les regaló una mirada que compartía su desazón.
-Sí. Pero nadie ha podido encontrarlos –dijo Uryu, desganado-. Ayer fue la última vez que Ichigo y su familia fueron vistos. No vino esta mañana a la escuela, pero supuse que se habría quedado dormido.
-Acabamos de venir aquí, tras vencer a varios huecos que aparecieron de la nada –continuó Chad.
-Y esto es todo lo que hay –concluyó Orihime.
-¡Miren eso! –Rukia llamó su atención.
Recogió del suelo el único vestigio que testimoniaba la existencia de Ichigo anteriormente a aquel extraño suceso: su insignia de shinigami sustituto. Rukia la apretó contra su pecho, envolviéndola con su mano protectoramente.
-¡Tenemos que ir de Urahara! ¡Él debería saber qué rayos sucede!
Renji pensó que su idea era buena, pero cuando fueron de Urahara, su tienda estaba cerrada. Alguien había colocado una especie de sello en las puertas y ventanas del establecimiento, impidiendo el paso a los incautos.
-¡Kisuke! ¡Jinta, Ururu! –gritó Renji.
-¡No están! –Uryu pateó la puerta con impotencia.
De repente, los amigos normales de Ichigo, Tatsuki, Keigo y Mizuiro, aparecieron por la esquina. Detrás de ellos, una lluvia de objetos los perseguía: llaves y cruces de hierro multicolores, que los apuraron hasta donde ellos estaban.
-¡es el fin del mundo! –Keigo gritó de pavor.
-¿Dónde está ichigo? ¡ese cabeza hueca nos sería de gran ayuda ahora mismo! –Tatsuki lo siguió.
Chad liberó su Brazo Derecho del Gigante, protegiéndolos a todos de la lluvia. Instantes después, ésta se detuvo.
-¡Miren! –Orihime dio un paso hacia los objetos-. ¡Miren todo esto!
No sólo eran llaves y cruces, habían también monedas cuadradas raras, pétalos de flores, incluso la pluma de un cuervo blanca y negra. Renji la recogió, pasándosela a Uryu, quien la pasó a su vez entre los demás.
-¡Qué bellas monedas chinas! –Orihime recogió al menos una docena, pasándole un par a Tatsuki-. ¡Mira!
-No sé si quedarnos con estas cosas sea una buena idea. ¿de quién son todas estas cosas?
Pese a su reticencia, Tatsuki se guardó algunas.
De pronto, una de las cruces, de color rojo, brilló en la palma de Chad, y una voz familiar resonó de su interior.
-Si están escuchando esto, es porque acabamos de ser alcanzados por una nueva crisis –dijo aquella voz familiar.
-¡Urahara! –exclamó el grupo al unísono.
-Bueno, eso significa también que nuestro querido amigo, Ichigo Kurosaki, ha desaparecido de manera inexplicable de Karakura, junto con toda su familia, casa incluida. De hecho, ha desaparecido del mundo de los vivos, quién sabe si incluso del radar de la sociedad de almas. Fuimos Tessai y yo a explorar una extraña perturbación en el centro de Karakura, pero no pudimos encontrar nada fuera de lo común. Sin embargo, ordené a mi buen amigo que preparara un SOS, que probablemente hayan recibido hace poco, para que fueran advertidos si algo nos pasaba. Acabo de volver corriendo a la tienda, y he tomado todas las precauciones posibles para protegerla. Nos hemos llevado a los niños, pero no podemos revelar nuestra ubicación actual, ya que el enemigo podría estar escuchando.
-¿Qué enemigo? –Renji preguntó, pero recordó que Kisuke no estaba realmente allí, sino que se trataba de un mensaje grabado.
-Aún no sabemos qué o quién está causando esto. Como dije, fui a investigar. Poco después, registramos una especie de estallido de reishi masivo en la dirección de la familia Kurosaki, pero al llegar allí, nos topamos con la escena que, quizás ahora, ustedes también conozcan: un campo de cemento vacío. Miro afuera, y veo que, una vez más, están lloviendo objetos con características Fullring. Tomen lo que puedan, quizás alguien nos esté dando una mano, o se trate de otra trampa. En todo caso, algunas de estas cruces permiten grabar mensajes e incluso alterar almas de cosas normales. Las llaves son literalmente llaves de reishi para abrir puertas de lugares sellados, pero no tuvimos tiempo de comprobar qué hacen las monedas. Ururu aquí dice que son monedas de la fortuna, pero no tengo manera de probarlo. Por ahora, utilicen estos objetos lo mejor que puedan, y por favor, deben salir de Karakura cuanto antes. He dejado tres gigais para Tatsuki, Mizuiro y Keigo en un callejón cercano. Llévense a todo el mundo a la sociedad de almas, donde estarán seguros. Actualmente desconocemos el origen de la más reciente perturbación, e ignoramos sus alcances y efectos completos. Yoruichi nos acompaña, así que estaremos bien. Eso es todo. Urahara, fuera.
La cruz se silenció, antes de que comenzara a emitir una alarma, y Chad la arrojara al aire, donde estalló y se disolvió en energía.
-¿Qué debemos hacer ahora? –Rukia expresó el desconcierto general que los embargaba.
-¿Lo que dijo? No sé ustedes, ¡pero no quiero desaparecer también! –Keigo comenzó a entrar en pánico, pero Mizuiro lo abofeteó.
-Idiota. Debemos conservar la calma.
-A todo esto, ¿qué hay de los compañeros de Shinji? ¿O de los fullringers de Xcution que se quedaron aquí? Podrían saber algo –acotó Uryu.
El resto del día se lo pasaron buscando a los vizards y fullringers, teniendo suerte con los últimos, pero sin poder dar con los primeros.
-Encontré su antigua base –estaba diciendo Orihime más tarde, una vez se hubieron reunido una vez más, tomando el sitio de cemento vacío donde alguna vez había estado la casa Kurosaki como punto de encuentro-. ¡Es terrible! ¡El lugar está echo pedazos!
-¿Alguien los habrá atacado? –inquirió una Rukia desconcertada.
-No lo sé, pero puede –dijo la chica menuda, alarmada-. ¡Había escombros por todas partes! Intenté restaurar parte del lugar con mis poderes, ¡pero no pude! Es lo más extraño que me ha pasado desde que los conseguí, ¡y nunca fallan!
-Los Xcution estaban tranquilos –dijo Chad, más tranquilo-. Pero no saben qué está sucediendo. Le pedí a Giriko que utilizara su fullring para ir al pasado y ver lo que le pasó a la casa de Ichigo, pero al intentar detenerse en ese momento del tiempo, su fullring falla y se vuelve loco. Todo el mundo parece estar tan confundido como nosotros. Sólo me animé a contarles lo que está pasando aquí, pero ellos dicen que no tienen ni idea.
-Encontré a los oficiales Yuki y Madarame –continuó Rukia-. Tanto Ryunosuke como Shino estaban inconscientes y heridos. Era obvio que alguien los había atacado. Pero cuando despertaron, no recordaban qué o quién pudo haberlos sorprendido. Admitieron sentir una perturbación en la ciudad justo un par de horas atrás, cuando nosotros ya estábamos de vuelta en la sociedad de almas. Eso fue, se´gun ellos, durante esta madrugada.
-Pero el mensaje de Urahara es de esta misma mañana –atajó Uryu, disconforme-, y los ataques de huecos de hoy fueron del nivel habitual. Además, si algo anormal sucediera, algo para hacer desaparecer a Ichigo con su familia y su casa, nada menos, lo habríamos sentido. ¡Soy un experto en estas cosas, por lo que debería saberlo!
-Todos estamos igual –intentó tranquilizarlo Chad-. Nadie sintió nada, y acabamos con los huecos normales esta tarde temprano. Todo parece haber sucedido entre esta madrugada y el momento posterior a las tres de la tarde. Sentimos un repentino alubión de huecos justo a las cinco, y nos encontramos a las cinco y media. Ahora, son las siete.
-Las horas son precisas, pero no nos ayudan –dijo Renji, aflijido-. ¿Qué podemos hacer para ayudar a Urahara y Yoruichi?
-Sólo las mariposas infernales contenían un SOS –meditó Rukia-. EL mensaje largo estaba en la cruz que encontramos. Chad, ¿los amigos de Ginjo también presenciaron ese raro evento?
-Eso es lo raro, Rukia –dijo él, apesadumbrado-. No ocurrió nada fuera de lo común según ellos, y les creo. Yukio estaba igual, su consola no detectó nada fuera de lo común. Les entregué algunas de las cruces y llaves que encontramos, pero es como si fuesen fullrings raros, porque cuando intentaron sondearlos, sus propios fullrings se salieron de control. Yukio dijo que su consola se apagó, mientras que el reloj de Giriko simplemente se quedó en blanco. Sólo atinaron a decirme que investigarán los objetos.
-Debemos regresar a la sociedad de almas ahora –dijo Rukia, más alarmada que antes-. Si esto afecta directamente a Karakura, quién sabe qué más pueda suceder.
Tras informar del suceso a Kyoraku, se habían desplegado más de la mitad de las trece divisiones, buscando a Ichigo y a su familia por todas partes. Los más comprometidos eran los del Escuadrón 13, dirigidos por Kenpachi, deseosos de sorpenderlo entrenando fuera de la vista para pelear.
Pero pasaban los días, los días se hacían semanas, y de pronto, se vieron contando un mes y medio. Un mes y medio sin pistas del paradero de Kurosaki.
Al final, todos acabaron por regresar a Karakura, pero decidieron mantenerse alerta. Mientras tanto, la noticia, cada mes, era un nuevo aniversario de la desaparición de Ichigo, y la sociedad de almas había decidido honrar su memoria construyéndole un pequeño sitio conmemorativo situado a un lado de la oficina del Capitán Comandante, en sus mismas dependencias. Allí, además de una imagen de su héroe junto a su familia, habían colocado fotos de sus diferentes batallas y aventuras, que serían recordadas por siempre por el Seireikei y la sociedad de almas.
Rukia había accedido a dejar la insignia como parte de la muestra, protegida bajo varios hechizos de sello de seguridad, de modo que fuese prácticamente imposible robarla, cosa impensable debido al cariño y respeto que todo el mundo profesaba a Ichigo, de modo que dos oficiales de cada división se turnaban entre semana para hacer guardia, lo que volvía el robo un imposible.
-¿Dónde estás, Ichigo Kurosaki?
FIN DEL FLASHBACK
-¡Oye, teniente Abarai! ¿Volviste a quedarte en blanco?
Renji salió de su trance, observando al shinigami que acababa de sorprenderlo pensando. Era Yusei Kawashiro, un oficial recién ascendido al quinto asiento del Escuadrón 6. Un chico joven, graduado hacía una década, inexperto y torpe en sobremanera.
Y para su pesar, su mayor fan.
-Claro que no, Kawashiro. Oye, ¿no tienes un lugar donde estar? ¿Nada que hacer?
-¿Como qué?
-No lo sé, algo mejor que seguirme a todos lados como mi sombra. No te ofendas, pero a veces puedes llegar a ser molesto.
-¡Oh! Lo lamento... En fin, ¡claro que tengo algo que hacer! ¡Nuestro querido capitán me mandó llevarle unos recados a la biblioteca! ¡Justo venía de allí, cuando te vi y me dije, oye! ¡Es el teniente Abarai!
-¿No es la misma que tiene los archivos de la Central 46?
-¡Ésa no, no estoy loco! ¡Es la biblioteca de historia antigua, del señor Kirisame! Un gran tipo, ¿no crees?
-Personalmente, creo que es un estirado.
-Uh, como sea. EL capitán Kuchiki me ordenó devolver un libro por él. ¡Es mi modelo a seguir!
-Pensaba que yo era tu modelo a seguir.
-¡Bueno, tú eres mi modelo a superar! ¡pero el capitán Kuchiki es el shinigami más genial de todos!
-Uh, que no te escuche decir eso, podrías avergonzarlo.
-No le dirás que dije eso, ¿verdad? ¡Por favor! ¡Sería el hazmerreír de todo el Seireikei durante siglos!
-No te preocupes, tu secreto está a salvo conmigo. Ojalá fuese un secreto, pero entiendes lo que quiero decir.
-¡Oh, no me digas que alguien además de nosotros lo sabe! ¡No me digas que es Madarame o Hinamori! ¡Nunca me dejarán en paz!
-Olvídalo. No soy de los intelectuales, pero si no te molesta que pregunte, ¿qué era el libro? ¿Y qué es ése que llevas ahí?
-¡Oh! ¡Era la Historia de la sociedad de almas y sus leyendas! ¡Y éste es uno aún mejor! ¿El Ramo de cristal!
-Espera un segundo. ¿Qué hace el capitán leyendo cuentos para niños? Y oye, ¿qué dijiste?
-No puedo creerlo. ¡Tú, el teniente más way de todo el Seireikei, no conoce el Ramo de cristal! ¡Es un clásico! ¡Miles de poemas de la más rica procedencia! ¿Sabías que el bisabuelo del capitán, además de ser un famoso guerrero, era además conocido por ser el capitán poeta de entonces? ¡Él escribió hace como tres o cuatro siglos!
-Uh, no me interesa.
Ambos se separaron, tomando rumbos diferentes, cosa que Renji agradeció. Yusei se despidió de él con la mano.
En otra parte del Seireikei, más particularmente en el infame Muken, se cerró la puerta de una celda recién estrenada. Los guardias que habían escoltado a Yuki a su nuevo hogar a partir de ahora habían desactivado sus esposas antes de irse, y éstas se desvanecieron, pero la shinigami a prueba no dudaba que, en cuanto diera un paso fuera de allí, reaparecerían en sus muñecas, impidiéndole cualquier uso de bakudou o hadou.
-Como si pudiera. Ni siquiera puedo salir de este estúpido gigai, ¿cómo se supone que podría realizar algún kido? Uh, esos tipos están locos.
-Coincidimos –dijo de repente una voz a su lado-. ¿No es así, Yuki Minamoto?
Un hombre de mediana edad, considerablemente atractivo, de porte regio a pesar de su estado demacrado, la miró, sonriéndole a través de su celda, situada al lado de la suya.
-¿Quién rayos eres tú y cómo supiste mi nombre?
EL hombre iba a contestarle, cuando alguien en frente de ambos comenzó a reírse locamente, señalándolos.
-¡Oigan! ¡miren todos, la nueva no conoce a Aizen! ¿Amiga, no durarás un día aquí! ¡Jaja!
-Ignóralo. Ese idiota ha perdido el juicio hace mucho.
-espera, ¿eres Aizen? –el hombre asintió, calmadamente-. ¿Sosuke Aizen?
-EL mismo en persona. Y tú debes ser Yuki Minamoto, la shinigami a prueba, la más reciente mascota de Kyoraku y la última enemiga pública número uno de la sociedad de almas.
-¿Cómo lo supiste?
-Las noticias llegan incluso hasta aquí abajo, niña. Cuidado.
-¿Eh?
El presidiario de en frente acabó por arrojarle una revista echa jirones, que resultó ser una de las millones de copias del último número del Seireikei Comunications del día. Aunque estaba irreconocible por la mugre en su mayor parte, la portada estaba intacta.
-¡Eres primera plana, amiga! ¡Qué suerte!
-No le hagas caso. Me hizo lo mismo cuando acabé aquí por primera vez. Pero se cansó tras una semana.
-No pienso escucharte, Aizen. Sé quién eres. Intentaste que ejecutaran a la teniente Kuchiki. Pervertiste a dos capitanes, masacraste miles de inocentes, experimentaste con tus propios colegas...
-Todo eso ya lo sabemos. Pero ¿realmente sabes quién soy? ¿O sólo crees eso porque te lo han dicho los demás?
Yuki se calló, encontrando más interesante un punto de la pared de su celda que la sonrisa engreída de Aizen.
-Por tu silencio, asumiré lo segundo –él siguió hablando, sin importarle que ella lo detestara-. Ahora, veamos, ¿qué hace una niña aquí?
-Di lo que quieras, Aizen. Hice lo que tenía que hacer.
-Hmm, así que tenías que transferirle tus poderes a unos simples ignorantes, ¿verdad? ¿Y robar la insignia de Kurosaki?
-Tú lo odias, ¿por qué te importa?
-Oh, te equivocas. Lo odiaba, era mi peor enemigo, hasta la invasión de Yhwath y el Wandenreich. Supongo que tuve mi propio minuto de fama, como dicen los vivos. Pero parece que eres mi reemplazo. Patético, si me lo preguntas. Esos jueces se vuelven más insensatos por cada día que pasa.
-Vete al infierno.
Aizen se echó a reír.
-Descubrirás que hay lugares peor que el infienro muy pronto.
-¿Estás intentando amenazarme? ¡Mira cómo tiemblo! ¡Aizen, el mayor villano de la historia, lanzándole amenazas a una shinigami recién reclutada tras unos barrotes!
-Oh, no necesito amenazar a nadie. Ése nunca ha sido mi estilo.
-¿Te callarás alguna vez?
-Entonces, supongo que no te importaría saber sobre tu pasado. ¿Quién eres? ¿Quién te trajo aquí?
-Eso no te importa. Púdrete.
-No recuerdas la mitad de tu vida, ¿quizás?
Yuki se estremeció, finalmente dignándose a mirarlo. Intentó expresar sólo ira, pero falló y el miedo fue el sentimiento que acabó por sobresalir.
-¿Cómo sabes eso? ¡E-eso no estaba en las noticias!
-Está en toda tu cara. No necesito a Kyoka Suigetsu para darme cuenta de algo así.
Yuki fue a abrir la boca para lanzarle una réplica mordaz, pero se le hizo un nudo en el estómago y acabó por cerrarla.
-¿No te intriga saber qué pasó con el famoso Ichigo Kurosaki? –dijo crípticamente-. Una historia interesante, si lo digo yo mismo.
-No me digas. ¿Y qué podrías saber tú?
Aunque odiara admitirlo, Aizen había conseguido llamar su atención.
-Ya sabes lo que dicen por ahí: "conócete a ti mismo. Conoce a tu enemigo."
Aizen se calló tras esas últimas palabras, dejándola en paz por el resto del día.
