Capítulo 13
¡Entra a la sociedad de almas!
Yang rememoró su casi muerte mientras atravesaban el Senkaimon.
FLASHBACK
Vio cómo su alma dejaba su cuerpo atrás, junto con su aura. El conejo fue a pedirle ayuda, cuando su aura acabó por darle una patada, quedándose con su cuerpo.
-¡Oye! ¿Qué clase de ayuda es ésa?
Yang cayó en un pozo negro, donde la sed y el hambre eran abrumadores. Si ya estaba muerto, ¿no se suponía que ya no debería sentir necesidad alguna? ¿era éste el comienzo de un largo camino hacia el infierno? Después de todo, estaba muy abajo.
Un agujero se formó en su pecho, donde su cadena del alma sobresalía, siendo tironeada por una fuerza invisible. La sujetó con todas sus fuerzas, mientras un dolor terrible lo asfixiaba. Una máscara de hueso con colmillos apareció sobre su rostro, mientras una furia ciega lo atrapaba.
-¡Recuérdalo, Yang! ¡Como te conviertas en un hueco, tendré que matarte, otra vez!
Yang se preguntó qué se suponía que debía hacer. ¿Cómo frenar la huecyficación?
Una salva de imágenes asaltaron su mente, como cuando ves tu vida pasar ante tus ojos, al momento de morir. Recordó a su padre y a su hermana, a sus amigos, a los que alguna vez fueron sus enemigos...
Una imagen se destacó entre las demás. Era la cara de Yuki, sonriéndole como una estrella lejana.
-¿Estás bien? –Yuki sujetaba su mano, tras haberles salvado la vida de un hueco monstruoso la primera vez.
-¡No, no se lleva así! ¡Debes ponerla en tu cintura! –Yuki lo regañaba por contradecirla una y otra vez al momento de llevar la insignia de shinigami sustituto.
-¡Qué hermosa zampakutou! ¿Cómo se llama? ¡Yang, no me dijiste que tenías una zampakutou!
-¿Desde cuándo escribes poesía?
-¿No te importaría que una shinigami algo torpe anote sus pensamientos?
Los momentos atesorados con la shinigami, que los había tratado como una hermana mayor que nunca tuvieron... Había sido especial. Ella, sin importar de qué la acusaran, se había convertido en una persona invaluable en sus vidas, irremplazable. Ni siquiera una imposible resurrección del Maestro Yo podría devolvérsela.
-¿Qué estoy diciendo? ¿Qué idiota eres, Yang! ¿Cómo puedes pensar así? ¿Cambiar a tu padre y maestro por una desconocida? ¡No, no una desconocida! ¡Yuki, no te dejaré ir! ¡No me importa si tengo que ir al infierno y patearles el trasero a un millón de demoños, huecos o lo que sea! ¡No puedes pedirnos que no te sigamos! ¡No renunciaré a intentar salvarte!
Soltando su cadena, sin importarle cuánto estuviese tirando de su pecho, se aferró a su máscara, apretando el hueso blanco. Tenía que seguir adelante sin importar el precio.
De repente, su cadena comenzó a brillar, antes de que su máscara también lo hiciera. Poco después, sintió cómo ésta se partía en pedazos, mientras el agujero en su pecho se cerraba.
-Chiwa.
De golpe, fue rodeado por una luz azul, lo que lo obligó a cerrar los ojos con fuerza. Cuando pudo volver a abrirlos, se hallaba nuevamente en aquella selva.
Esta vez, sin embargo, notó que sus habitantes pululaban por todas partes, aunque eran invisibles a su vista. Todos parecían estar llamándolo por alguna razón.
-¿Qué significa esto? ¡Espera, lo tengo! ¿Debe ser mi prueba para recuperar mi Zampakutou!
Empezó a saltar de árbol en árbol, mientras una voz se iba elevando por encima del resto.
-¿Quieres vivir? ¿O...?
-¡Claro que quiero vivir! ¡No quiero morir todavía!
-Idiota. Si sólo quisieras vivir, ya estarías muerto. Uf. A menos que quieras algo más. ¿Quieres rescatar a esa chica? ¿Quieres darles una lección a sus captores?
-¿Qué eres, La Lección?
-¿Para qué me anoté en esta prueba estúpida?
-¡Espera, espera! ¡Claro que quiero hacerlo!
-Entonces, adivina qué soy. Entre todas estas especies, soy diferente de todas. ¿Podrás encontrarme?
-¡Claro! ¡Chi-foo-wa!
Confiando en sus instintos, cerró los ojos, concentrándose para aislar un sonido en particular del resto. A pesar de todo el ruido, había algo diferente. Un sonido que se destacaba.
-¡Ahí estás!
Había una cotorra, que en realidad no era su Zampakutou. Sólo consiguió asustarla cuando pudo alcanzarla en la copa del árbol más alto que vio, y ésta salió volando, mientras él se caía de cara al suelo.
-Es una suerte que esté en mi propia mente, si no me habría echo papilla.
Fue cuando, ya perdida toda esperanza, descubrió algo asombroso. Una sola pluma de aquel pájaro yacía en la raíz del árbol del que se acababa de caer. En su centro, una luciérnaga lo miró, con algo similar a la irritación.
-Espera, ¿eres tú? ¿tú eres mi Zampakutou?
Yang estaba a punto de tirar la pluma al aire, cuando el bicho alumbró su cara, iluminando la selva entera en cuestión de segundos y dejándolo casi ciego.
-¡OK, OK! ¡No hay necesidad de enojarse!
De repente, la luz se desvaneció, permitiéndole volver a abrir los ojos. Tanto la pluma como la luciérnaga se habían ido, y en su lugar una espada ahora familiar se posó en su mano: mango azul, hoja blanca y guarda turquesa en forma de una diminuta esfera con los dos extremos en forma de pequeñas alas.
-Conejo descerebrado. Uh, espera, no, eso no estaba en el guión. A ver, a ver, ¿cómo era? ¡Ah, sí! ¿Podrás blandirme para alumbrar tu camino? ¿sabrás deslumbrar a tus enemigos con mi luz? Yo soy Hotaru, la Luciérnaga que iluminará tu camino incluso en la más oscura de las noches.
-¡Chiwa! ¿Claro que sí, compañera!
La hoja de su espada empezó a brillar intensamente, igual que la luciérnaga antes, y el conejo fue expulsado de su paisaje mental instantes después.
FIN DEL FLASHBACK
Todos consiguieron llegar al otro lado, y saltaron al notar cómo Uryu, Chad y Orihime cambiaban. Dejaron de tener la apariencia de un perro, un oso y una coneja, y los tres adquirieron aspectos humanos, como los shinigamis que se habían llevado a Yuki. Fue precisamente este sobresalto lo que sacó al conejo de su rememoración.
-Wow. ¿Más sorpresas? ¡Avísenme primero! –Vinnie saltó.
-Vete acostumbrándote –dijo Uryu-. Verán que aquí casi todo el mundo tiene este aspecto. Su mundo es simplemente extraño.
-Qué raro –señaló Yin, sin detenerse-. Considerando la cantidad de animales antropomórficos como nosotros que pueblan nuestro mundo, pensarías que este lugar estaría repleto de seres con nuestra apariencia.
-Uh, me duele la cabeza –admitió Yang, exasperado.
Una vez hubieron atravesado el Senkaimon, éste se cerró a sus espaldas. Frente a ellos, se extendía un horizonte despejado, campo abierto por doquier, hasta que el camino se interrumpía abruptamente.
-¿Dónde está todo el mundo? Si hay tanta gente aquí, ¿dónde están todos? ¿Durmiendo la siesta? –Lina hizo la pregunta.
-EN las diferentes áreas del distrito Rukón –dijo Chad, sin dejar de correr a su lado-. Estamos a pocos kilómetros de las puertas del Seireikei.
-Pero ¿eso no alertará a los que se llevaron a Yuki? -Yin habló con inquietud.
Cuando se detuvieron, estaban a menos de un kilómetro de las altísimas puertas. A su lado, Chad fue quien eligió responder su pregunta.
-No hay de qué preocuparse, conocemos al portero. Por eso sabemos que no nos delatará –dijo el chico, cuya altura ahora superaba a Roger por al menos dos cabezas-. Eso si sigue todavía en el cargo.
-Es nuestra única alternativa sin Yoruichi cerca –dijo Orihime, con un tono apremiante en su voz-. Si no conseguimos entrar por aquí, nos perderemos en la sociedad de almas buscando la entrada trasera.
-Esperen, ¿hay una entrada trasera? ¡Chiwa, debí traer mi cámara! –dijo Yang.
Los tres humanos se miraron, compartiendo una conversación silenciosa.
-Bueno, no es exactamente una entrada trasera –concluyó Orihime, nerviosa.
-¿Qué debemos hacer, tocar la puerta y esperar a que nos abran? ¡eso será pan comido! –dijo Yang, con una gran sonrisa que delataba su extrema confianza.
Pegó un salto mortal en el aire, dándole una sonora patada al centro donde se cruzaban ambas puertas, antes de aterrizar nuevamente en sus pies, agarrándose sus extremidades y saltando por el dolor.
-¿De qué rayos están echas esas puertas? ¿Piedra? ¿Acero?
-Mejor preocupémonos por eso más tarde –su hermana lo silenció.
De repente, las puertas comenzaron a abrirse, despacio al principio. Cuando al fin quedaron abiertas, un ser inmenso, ocupó el espacio de la entrada, mirándolos con disgusto.
-¡Intrusos!
El mastodonte extendió dos enormes hachas en el aire, plantándose con firmeza ante ellos. Mediría alrededor de diez metros de altura y su mirada fiera no dejaba lugar al diálogo.
-¡Espera, Jidanbo! –Orihime tuvo que gritar para ser escuchada-. ¡Somos nosotros!
-¿Quiénes, las personas que están invadiendo este mundo? A menos que vengan a traerme mi almuerzo, no puedo pensar en nadie más.
-No puede ser –Orihime dio un paso hacia atrás, horrorizada, como si alguien acabara de abofetearla-. ¡No nos reconoce!
-¡Somos tus amigos, Jidanbo! ¡Los amigos de Ichigo! ¡Te salvamos la vida cuando Ichimaru intentó matarte! ¿Que ya no te acuerdas? –Uryu intentó probar suerte esta vez, pero obtuvo el mismo resultado que su amiga.
-¿De qué están hablando? –Dave preguntó al aire, pero nadie supo darle una respuesta.
-¡No podrán engañarme! ¿Soy el portero del Seireikei, y no permitiré que nadie sin autorización entre aquí! A menos que sean shinigamis o almas perdidas, ¡me veré obligado a enseñarles el camino de regreso!
-No queda de otra –Yang dio un paso adelante, enseñando su Zampakutou, aún enfundada-. Mira, amigo, necesitamos pasar. Si no te importa...
-¡Oh, me importa mucho!
-¿Por favor? –Yin probó con la táctica pacificadora.
-¡Claro que no!
-¿Lo ven? No va a dejarnos pasar –Roger sonrió, intercambiando miradas con Jobeaux y Vinnie-. ¿Qué tal si lo jubilamos por anticipado?
-¡Apruebo esa idea! ¿Chi-foo-wa!
-¡Espera! –los humanos fueron a detenerlo, pero su advertencia se perdió en el aire.
Yang se colocó frente al enorme portero, quien se echó a reír al verlo bien.
-¡Pero miren nada más! ¡Un montón de animalitos de peluche intentando doblegar a Jidanbo!
-Oh, no somos de peluche, idiota. ¿Ven aquí!
-Lo siento, ¡no puedo atacar a unos animalitos tan pequeños y locos!
Yang perdió la paciencia finalmente, y saltó hacia el leviatán, pateándolo en el pecho y rebotando para volver a sus pies en un segundo. Jidanbo interrumpió sus risotadas, y lo miró con renovada ira.
-¡Pues parece que a ti tendré que sacarte el relleno!
Jidanbo corrió hacia el conejo como una locomotora a toda marcha contra una hormiga, pero Yang lo esperaba. Se hizo a un lado, saltó y, sin desenvainar su espada, lo golpeó con precisión en su muñeca, haciéndole perder una de sus hachas.
-Wow. ¡Es como Ichigo la primera vez! –Orihime parecía emocionada, aunque también estaba inquieta.
-de nuevo, amiga, ¿qué pasa con este tal Ichigo?
Lina fue silenciada por Yin, que extendió su propia Zampakutou enfundada para estar lista en caso de que su hermano acabase siendo partido por la mitad.
-¡Oh, me sorprendiste allí, conejo! ¡Pero no me sorprenderás dos veces!
El enorme guerrero intentó asestarle un hachazo mortal al conejo, pero éste volvió a aprovechar su tamaño mucho más pequeño y su mayor velocidad. Esquivó una y otra vez sus intentos de rebanarlo.
-Es bueno que no estés cansado, amigo –Yang ni siquiera sudaba.
-¿Cómo puede estar pasando esto? –Jidanbo retrocedió, irritado y algo impresionado, a su pesar.
-No lo entiendo –Orihime se giró hacia sus amigos humanos-. ¿Por qué no nos reconoce? ¿Qué pudo haberle pasado?
-No me gusta esto. Y algo me dice que los problemas apenas están comenzando –Uryu se cruzó de brazos, sin despegar su mirada del combate.
-¿Por qué tengo la sensación de que las cosas están a punto de empeorar? –Chad gruñó, exasperado.
Finalmente, Yang consiguió saltar por encima del gigante, quien intentó rebanarlo una vez más, a punto de decapitarse a sí mismo. Perdió el equilibrio por un segundo, y el conejo aprovechó su distracción para terminar el combate. Siguió girando en el aire, golpeando la muñeca de su otra mano con el lado romo de la hoja, y cuando Jidanbo insistió con un puñetazo, el conejo volvió a esquivarlo, dándole un golpe final en el pecho, que lo obligó a retroceder. Un hilillo de sangre goteó por su boca y su pecho, y el enorme mastodonte tuvo que sujetarse para evitar desangrarse.
-¡Imposible! ¡Jamás habían vencido a Jidanbo! Yo... recuerdo algo...
Jidanbo sujetó su cabeza, gritando de dolor. Se arrodilló frente al grupo, con los ojos cerrados.
-¿Estás bien? –Orihime intentó correr hacia él, pero Uryu la detuvo-. ¿Qué estás haciendo? ¡Tenemos que ayudarlo!
-Espera un poco más.
Todos observaron al gigantesco adversario, ahora derrotado, sacudirse por sus fuertes jaquecas.
-¡Ahora me acuerdo! ¡Chicos! –volviendo a abrir los ojos, éstos brillaron con reconocimiento en dirección al trío conocido-. ¡Orihime!
-¡Sí! ¿De alguna manera, su pelea le hizo recordar a cuando luchó con Ichigo! –Orihime saltó, eufórica.
Jidanbo les sonrió, sin dejar de sujetarse la herida, y volvió su mirada al grupo nuevo.
-¡Bueno, me han vencido! ¿Así que no puedo negarles el paso!
Extendiendo un brazo, abrió una de sus enormes manos, mostrándoles la entrada a sus espaldas.
Fueron a agradecerle, cuando todos sintieron una nueva presencia acercándose desde el interior.
-Esperen –Yin los detuvo, y todos se pararon en seco-. ¿No sienten eso? Hay una presencia inquietante muy cerca.
Yang no quería admitirlo, pero incluso él se estremeció por este repentino acontecimiento. A su lado, Uryu, Orihime y Chad se pusieron tensos, alerta ante la nueva presencia.
-¿Quién es? –Dave les preguntó a los humanos, pero éstos negaron con la cabeza.
-No se siente familiar –admitió Chad, preocupado.
-E-es una presencia muy oscura –admitió Orihime, una sombra cruzó su mirada anteriormente alegre.
-¡Detrás de ti, Jidanbo!
Uryu intentó advertirle al leviatán, pero éste pareció quedarse en blanco, confundido por todo.
-Eh, ¿qué ocurre?
Fue a darse la vuelta, pero sus movimientos se ralentizaron por su herida.
-Y se supone que eres el portero, ¿eh, Jidanbo? Qué lástima que Ichimaru no terminara el trabajo. Bueno, puedo arreglar eso.
-¿Quién está ahí?
-Tu deber es detener a los intrusos, no dejarlos pasar.
-¡Pero perdí! ¡Es justo que pasen!
-No. Si no puedes cumplir con tu deber, no tienes derecho a estar aquí. Los perdedores no deben abrir las puertas, deben morir.
Cuando Jidanbo consiguió darse la vuelta por completo, fue rápidamente atravesado por un arma, cayéndose hacia atrás, produciendo un estruendo en toda el área.
Todo el mundo gritó, agarrándose como pudieron al suelo para evitar ser arrojados por la fuerza del impacto.
Jidanbo gritó de dolor, justo antes de desmayarse, mientras la sangre que desprendía su cuerpo iba creando un charco a su alrededor rápidamente.
-¡Jidanbo! ¡No!
Orihime se soltó del agarre de Uryu, llegando al lado del gigante y comenzando a apretar un agujero del tamaño de su puño en su vientre.
-Orihime Inoue, interesante –dijo el desconocido, oculto aún por una capucha-. Bien, veo que todo va de acuerdo al plan.
Su arma, una especie de lanza de al menos dos metros de largo, colgaba a su lado, emanando un aura amenazante. La Zampakutou parecía estar cubierta por un velo de seda verde, pero su punta asesina era bien visible, terminada en forma de una garra blanca. Un objeto que quedaba oculto por la seda, del tamaño de un puño, dibujaba una suerte de S que seguía a la punta de aquella especie de lanza.
-¿Quién eres tú? –Yin dio un paso adelante, colocándose frente a Orihime y al leviatán inconsciente-. ¿Eres otro segador de almas?
-Oh, soy alguien que no conviene hacer enojar, niña. Pero ¿insistirán? ¿O se rendirán ante su fatal destino? La muerte más terrible, la destrucción misma del alma, sigue a aquellos que se atreven a desafiar la ley de la sociedad de almas. Vuelvan por donde han venido, o conocerán el verdadero significado del miedo.
-¿Ah, sí? ¿Tú y cuántos más? –Roger preguntó, intentando poner un frente estoico.
-Si Ichigo estuviera aquí, ¡te haría picadillo! –dijo Orihime, furiosa.
El hombre encapuchado se echó a reír, produciendo un ruido similar al que harían dos trozos de vidrio rechinando entre sí al chocar.
-¿Quién, Ichigo Kurosaki? Él está muerto. –Ante el silencio del grupo, continuó-. Es una verdad que nadie quiere enfrentar. El segador de almas sustituto de pelo naranja está bien muerto.
-¡Cállate! ¡Deja de decir mentiras! –Orihime comenzó a gritar entre sollozos.
-Pero lo que importa ahora es saber quién lo asesinó.
Yang fue a insultarlo, pero aquel desconocido se volvió al interior, y las puertas se cerraron en sus narices.
Tras curar Orihime a Jidanbo con sus poderes, el grupo consiguió que algunos habitantes del distrito Rukón los recibieran en una taberna cercana.
-¡Miren todos, Orihime y sus amigos han vuelto!
Mientras algunos se llevaban a Jidanbo, aún inconsciente, les hicieron un lugar en la barra.
-No sabía que los muertos necesitaran beber o comer –dijo Jobeaux.
-Pues claro que necesitamos seguir realizando las necesidades básicas, muchacho –dijo el tabernero, un hombre panzón con una gran sonrisa-. ¿Qué los trae por aquí? No parecen almas perdidas.
-Bueno, estamos perdidos, pero aún no hemos muerto –admitió Yin, sinceramente.
-Ese tipo tenía un reiatsu muy fuerte –dijo Uryu, hablando con Chad y Orihime en un rincón-. ¿Quién será?
-Nunca había visto esa Zampakutou antes, pero supongo que todavía quedan sorpresas por ver –dijo Chad, cruzado de brazos.
-Sus palabras me recordaron a la vez que Ichimaru casi mata a Jidanbo, cuando vinimos a salvar a Rukia.
Orihime apretó los puños, consternada.
-Sí, quizás nos estemos enfrentando a un nuevo enemigo –acotó Uryu, pensativo-. Me pregunto si alguien ya sospecha algo en el Seireikei. O si han detectado la apertura del Senkaimon, para el caso.
-Esperemos que no lo hayan echo todavía –dijo Chad, preocupado-. Ni siquiera Rukia o Renji saben que dejamos Karakura y que estamos ahora aquí.
-Sigo sin entender por qué no podemos decirles –Orihime se puso tensa-. Podríamos haber evitado todo esto desde el principio. Me siento muy culpable.
Sus amigos la miraron, compartiendo su expresión afligida.
-No lo creo –dijo Chad, intentando consolarla-. Sólo hubiéramos empeorado las cosas. Sin conocer el paradero de Urahara o Yoruichi, y con la conducta que Rukia presentó la última vez que la vimos... Odio decir esto, pero lo más probable es que hubieran intentado detenernos, acompañando a Yuki a la prisión.
-No confío en esa shinigami –dijo Uryu, cambiando de tema-. ¿Por qué ese extraño insinuó que ella mató a Ichigo? Obviamente, no creo ninguna de sus mentiras. Ichigo sigue por ahí, sólo intentaba asustarnos.
-¿Por qué desconfías tanto de Yuki? Apenas la conocemos –dijo Chad, contrariado.
-No lo sé, ¿quizás porque apareció de la nada?
-¡Oigan! –Roger llamó su atención, tocando el hombro de Chad desde atrás-. ¿No se sentarán con nosotros?
El trío fue a contestarle, cuando Yin intervino.
-¿Qué debemos hacer ahora?
Los tres humanos se miraron, pensando.
-Tenemos que usar el plan B –dijo Uryu, simplemente.
-¿Plan B? ¿Qué plan B?
Dave apareció a su lado, acompañado por los demás. El grupo les regaló una mirada colectiva de expectación.
-Encontrar la casa de Kukaku Shiba, ése es el plan B –dijo Chad, antes de que los tres se levantaran.
-Cantinero, ¿sabe algo de Ganju? –Chad se adelantó a la barra.
-Eh, ¿Ganju? ¡Oh, sí! Pero últimamente, ha dejado de venir. La última vez, hace una o dos semanas, Se lo veía triste.
-Hm, está bien, ¿podría recordarnos el camino a su casa?
-¡Claro! –el hombre sacó lápiz y papel de alguna parte y garabateó algo, antes de entregarle el resultado a Chad-. Sólo recuerden no perderse.
-Muchas gracias.
-¿Es cierto? –otro hombre se les acercó y, a su alrededor, los demás crearon una barrera para impedirles llegar a la salida-. ¿Es cierto que esa shinigami mató a Ichigo Kurosaki?
-¿Cómo se llamaba, otra vez? ¿Yuki cuánto?
-Yuki Minamoto –atajó Yang, dando un paso hacia la patota-. No sé qué está sucediendo aquí, pero no permitiremos que difamen su nombre.
El conejo intentó abrirse paso entre el gentío. Al mirar por la ventana, Orihime llamó su atención.
-¡Están intentando acorralarnos! ¡Allá afuera hay más!
-Los tres amigos de Ichigo Kurosaki pueden irse –dijo el que parecía liderar el asalto en la taberna-. Pero tendremos una conversación con los demás.
-¿Qué está pasando? –Dave susurró.
-Parece que acabamos de convertirnos en enemigos públicos sin querer –dijo Jobeaux, en voz baja.
Sin otra opción, los conejos se pusieron al frente. Sus amigos crearon una defensa a su alrededor, cubriendo sus costados y retaguardia.
-¡Aquí no, gente! Si van a pelear y destrozarlo todo, ¡que sea afuera!
Todo el mundo salió fuera de la taberna, sabiendo lo que les esperaba.
-¡Ichigo nos salvó! ¡Destruiremos a quienes sean cómplices de su asesina!
-¡Vengaremos su muerte!
-¿Se hará justicia!
-Chiwa –el grupo dijo al unísono.
El líder dio el primer golpe, siendo atajado por Yang, quien se limitó a defenderse con sus brazos. Tanto él como su hermana habían guardado sus armas, debido a que sus oponentes eran demasiado débiles como para verse obligados a usarlas.
Yang esquivó el siguiente golpe, pateando al grandullón en su cara. Dos más se abalanzaron hacia él, pero el conejo se deslizó hacia un lado, antes de saltar sobre sus cabezas, agarrarlos por el cuello y hacer que se golpearan entre sí.
Yin esquivó tres golpes que venían de tres direcciones diferentes, se hizo a un lado y barrió a sus oponentes con dos rápidas patadas. Cinco más saltaron sobre ella, pero la coneja saltó alto en el aire, cayendo sobre ellos con una lluvia de rodillazos y patadas.
Lina evadió a dos atacantes, se agachó bajo un tercero y utilizó el impulso de este último para obligarlo a estrellarse contra sus compinches. AL volver a ponerse recta, se protegió de los siguientes puñetazos con sus antebrazos, y cuando vio que tres sujetos sacaban cuchillos, convocó su espada y les quitó sus armas en tres rápidos movimientos, que acabaron con los oponentes desarmados y varios dedos cortados.
Roger ni siquiera se inmutó por el golpe de un tipo de al menos tres metros de altura. Cuando el grandullón fue a aplastarlo con su pie, el chico ogro sonrió, enfrentando su pie con su cuerno y atravesándolo, lo que lo hizo retroceder, antes de que Roger le lanzara una lluvia de puñetazos. Dos más desenvainaron espadas, pero el ogro se cruzó de brazos, mientras esperaba su movimiento. Lo atacaron por ambos lados, pero él se limitó a saltar hacia delante, girar en medio del salto y regresar con los pies por delante en una patada de bicicleta que los arrojó lejos.
Jobeaux aprovechó su tamaño, ya que era un poco más bajo que sus amigos, siendo el más rápido de todos. Saltó para patear a uno de los atacantes en su mandíbula, y el hombre se estrelló contra sus compañeros. Cuatro más intentaron aplastarlo, pero el goblin saltó hacia atrás, antes de saltar varias veces en el aire, hundiendo sus pies en dos de las cuatro cabezas de sus oponentes. Los dos restantes sacaron navajas, pero el goblin los miró con una sonrisa.
-¡Pequeño monstruo, ya ríndete!
-Oh, ¿será que ya están cansados?
Ambos tipos rugieron y se abalanzaron sobre él, pero desapareció de su vista y reapareciendo un segundo después detrás de ellos y pateándolos en sus pelvis, lo que les hizo perder el equilibrio, antes de ser derribados por una serie de puñetazos bien colocados en sus columnas.
Vinnie no tuvo problemas en apalear con sus puñetazos a un trío de matones, sorprendiéndolos con técnicas bastante inesperadas. Cuando un grupo intentó abrumarlo lanzándole rocas, él las detuvo en mitad del aire, antes de comenzar a hacer malabares con ellas, y arrojárselas cuando intentaron repetir la acción con cuchillos. Los proyectiles chocaron y se dispersaron, mientras el oso saltaba más allá de una lluvia de botellas de vidrio rotas, mientras hacía levitar algunas sillas que se habían olvidado fuera del bar, lanzándolas contra los atacantes, pero ellos continuaron insistiendo. Vinnie acabó por hartarse y, convocando más de sus poderes Woo-Foo, creó dos puños gigantes de energía, que recogieron a los casi veinte oponentes para lanzarlos por los aires.
-¡Defiéndete, Dave!
-¡Pero no sé cómo hacerlo!
Coop protegió al tocón asustado de al menos unos ocho oponentes. Suspirando, el pollo adolescente se dispuso a acabar con todos él solo.
-¡Miren, amigos! ¡Alguien está deseando convertirse en pollo asado!
-¡No te burles de los pollos!
Coop se rodeó de energía multicolor, destruyendo los cuchillos y demás armas cortantes que le arrojaron con rayos que salieron de sus manos. Entonces, todos se abalanzaron sobre él, intentando aplastarlo; grave error. Coop simplemente los dejó venir, y todos acabaron por rebotar contra él y salir desprendidos como torpedos ardientes por los aires.
-¡Eso es lo que, coo, obtienes por, coo, pensar en mí como comida!
-¿Saben? No lo hacen tan mal –a lo lejos, Uryu comentó esto a sus amigos.
-¿Deberíamos darles una mano? –Orihime observaba la pelea monumental con la preocupación surcando sus rasgos.
-No. Mira –Uryu le señaló el montón de contendientes inconscientes que, cual una montaña, crecía a cada segundo.
-Estarán bien, escucha a Uryu –Chad estuvo de acuerdo.
Menos de cinco minutos después, quedaba un único oponente, un hombre gordo con una maza en sus manos. A pesar de que sabía que no podría ganar, rugió y dio todo lo que tenía en su golpe.
Esto fue inútil. El hombre fue detenido por Yin con su mano abierta, quien consiguió frenar su avance cual un muro. A pesar de las espinas del arma, ella no flaqueó; su mano ni siquiera sangraba.
-¿Cómo?
-Así –Yin lo golpeó con un solo dedo de su otra mano, sonriendo.
-¡Ja! ¡No puedes detenerme!
El dedo de la coneja se iluminó, y el gordinflón fue a coronar la montaña de almas inconscientes con todo el torso chamuscado y humeante.
-¿No crees que fuiste demasiado contundente? –el tono de Lina sonaba acusador, pero ella estaba sonriendo.
-No.
Ambas chocaron palmas, antes de que todos volvieran a reunirse.
Pero entonces, escucharon un nuevo rugido y, al voltearse, vieron a al menos un millar de personas subiendo por una colina tras su posición, todos con cuchillos, espadas y antorchas.
-No sabía que existieran las turbas furiosas en la otra vida –dijo Roger, nervioso.
-Me pregunto a quién irán a linchar –dijo Vinnie, secándose el sudor de la frente.
-¡Creo que a nosotros! –gritó Dave, siendo empujado a un lado por Coop.
-Bueno, no podemos echarnos atrás –dijo Yang-. ¡Este precalentamiento nos dará una idea de lo que nos encontraremos en el Seireikei!
-¡Esperen! –Orihime, Chad y Uryu se les acercaron.
-¿Qué pasa ahora? –el conejo les lanzó una mirada de irritación mezclada con confusión.
-¡No pueden masacrar a medio Rukón! –saltó Orihime.
-¿Y quién nos lo impediría? –el conejo se jactó, pero al ver la mirada aterrada de la chica, se arrepintió y se asustó de sus propias palabras-. Si no luchamos, ¿qué se supone que hagamos para salir de aquí vivos?
-¡Aaaaaaa-ltooo!
De repente, la marea de espíritus se detuvo, a tan solo una decena de metros del grupo. Frente a ellos, y entre ambos bandos recién formados, se paró un hombre sobre un enorme jabalí.
-¡Ganju! –dijo alguien entre el gentío-. ¿Vienes a ayudarnos a acabar con estos rufianes?
-¿Qué?
-¡Ellos son amigos de esa shinigami traidora! –dijo alguien más.
-¿De quién?
-¡Son cómplices de quien acabó con Ichigo Kurosaki! ¡deben ser castigados!
-Chiwa, ¿por qué es como si estuviéramos frente a una Rukia multiplicada por mil? –Yang se rascó la cabeza, no poco nervioso.
-¿Qué estás diciendo? –Chad le lanzó una mirada de advertencia.
-Ella era esta chica pequeña que venía con esos dos –explicó él, sin hacerle caso-. La que tenía esa espada con poderes de hielo.
-Ella parecía tenérsela jurada a Yuki –se apresuró a completar Yin.
-¡Rukia no es así! ¡Ella no sería capaz de ir tan lejos! –Orihime defendió a quien consideraba por lejos una de sus mejores amigas, junto con Tatsuki y Rangiku.
-¡Oigan, todos ustedes! ¡Cállense ya! ¡No puedo pensar! –Ganju gritó a todo pulmón al gentío furioso, arriesgándose a terminar afónico.
El tabernero acabó por salir a mirar más de cerca, y el hombre a lomos del jabalí acabó por saltar de su extraña montura para saludarlo.
-¡Ganju, amigo! ¿Tanto tiempo! ¿Qué haces por estos lares?
-¡Hola! ¡Sólo venía a saludar a unos amigos míos!
Ganju señaló a Uryu, Chad y Orihime, hasta que notó a los nuevos visitantes.
-Un momento, a esos no los conozco. ¿Quiénes son ustedes?
-Está en todas las noticias –le explicó el tabernero, antes de ofrecerle un periódico arrugado-. Ten, lee esto.
Ganju lo miró confundido, hasta que pareció hojearlo. Finalmente, negó con la cabeza y terminó por devolvérselo.
-Creeré en los rumores cuando pueda cerciorarme de que son algo más que rumores.
Luego, se giró hacia la multitud enaltecida y, volviendo a elevar la voz, les dijo:
-¡Basta! ¡No nos fiamos de las mentiras!
-¿De qué estás hablando? –alguien en el gentío gritó, indignado.
-¡Ichigo Kurosaki no está muerto! ¡Si miento, que me arrojen junto con mi colega a la parrilla!
Señaló al jabalí, que miró a la multitud con fiereza.
-¿Y cómo estás tan seguro de eso? –alguien más exigió.
-A ver, ¿cómo les explico esto sin que todos acabemos con el cerebro frito?
Sacó un objeto de su túnica, una cruz naranja y, lanzándola al aire, exclamó:
-Si no me creen a mí, ¡esto no puede fallar!
De repente, una voz masculina comenzó a emanar de la cruz flotante.
Orihime, Chad y Uryu retrocedieron, con los ojos abiertos como platos.
-¡Necesitamos refuerzos! ¿Alguien puede escucharme? ¡No pudimos utilizar las mariposas infernales! ¡Por favor, que alguien venga! ¡Soy ichigo...!
El mensaje se cortó tras la última palabra entrecortada, justo antes de que la cruz voladora explotara en un destello luminoso de reishi.
-¿Ichigo está vivo?
-¡Sigue vivo!
-¡Lo sabía!
-¡Nuestro héroe sigue vivo!
-¡Él no está muerto!
-¡Los rumores estaban equivocados!
-¡Podría ser una trampa! –dijo de repente alguien a sus espaldas.
El hostigador de la pelea anterior caminó hacia ellos, recién devuelto de su estado inconsciente. Miró primero a los animales, luego a Ganju y, por último, al gentío.
-¡Escucharon las noticias! ¡SI alguien está detrás de todo esto, debe ser detenido! ¡Este crimen tiene que ser castigado!
-Estamos con ellos –Uryu se adelantó ante el hombre furioso, con la esperanza de evitar un nuevo enfrentamiento-. Si creyéramos que Ichigo está realmente muerto, ¿por qué estaríamos aquí?
-No lo sé, ¿traición?
-¡Ya cállate, idiota! ¿Escucha a Uryu!
Ganju apuntó al hombretón con un dedo, y éste se hizo a un lado.
-Sólo hay una manera de aclarar esto. ¿ir a preguntarle a Kyoraku! ¡hey, ustedes! –señaló al grupo de los conejos-. ¡A mi casa! ¡Ahora!
Sin otra palabra, Ganju volvió a montar su jabalí, y la multitud le abrió el paso.
-Si alguien intenta detener a mis invitados, ¡lo arrollaré! ¡ja!
Mientras su extraño salvador se alejaba en la distancia, Lina abofeteó a Yang, y todo el mundo salió del trance inducido por su inesperada aparición.
-¿Que no lo oyeron? ¡Vamos! –Lina los obligó a moverse.
-No podemos perderle el rastro –dijo Chad, poniéndose al día.
-Es verdad –acotó Uryu, sonriendo-. No hay necesidad de usar el mapa que nos dieron. Ni de perder a Ganju, no ahora.
Los tres humanos encabezaron la marcha el resto del camino.
En otra parte, muy lejos de allí, una persona encapuchada salía de un edificio conocido como la Central 46.
Al alejarse, se internó en una zona concebida como un bosque. Allí, una sombra se dio a conocer. Era otra figura encapuchada.
-Esto tiene que solucionarse –dijo la primera de las figuras, un hombre por su voz profunda.
-Se hará, no lo dude.
-Temo lo que pueda suceder a continuación. Estamos al borde de una nueva guerra, y Dios sabe que no podemos permitírnoslo.
-¿Sospecha de Jinzo?
-Me temo que sí. Algo anda mal con él. No juzgaré su posición como su mayor señoría. Pero, últimamente, siento que está tomando demasiadas decisiones apresuradas, y temo que la mayoría sean decisiones equivocadas.
-¿Quién más sospecha de él?
-Creo que casi toda la Cámara. Nadie puede oponérsele abiertamente, pero soy consciente de que podríamos conseguir suficientes votos para suspenderlo. ¿Qué sugieres?
-Sugiero paciencia. Todo se dará a su debido tiempo, como lo mandan los libros antiguos.
-El tiempo se agota –dijo la primera silueta, un tono de desesperación en su voz-. ¡No podemos seguir siendo pacientes!
-¿Qué hay del Capitán Comandante?
-No contaría con él. Obviamente, no nos ayudará.
-Tiene que intentarlo. Pero ambos sabemos que no deberíamos estar hablando de esto. Debo irme ya, o podría tener problemas –la segunda silueta habló con urgencia-. Ya nos veremos.
-Espera –suplicó el hombre, mientras su acompañante comenzaba a alejarse.
-Sabrá proceder con justicia, señor Matsubara.
La segunda silueta desapareció entre los árboles, perdiéndose en mitad del atardecer.
EL hombre suspiró, regresando al edificio poco después. Una vez dentro, y tras fijarse que nadie lo seguía, se quitó la capucha, revelando un rostro anciano, cabello corto y entrecano.
-¿Todo bien, Enzo? –una voz melodiosa dijo de repente.
Cuando el juez se fijó en su interlocutor, se descubrió frente a una mujer de cabello negro en un corte monástico. Ella llevaba una túnica de shinigami normal, pero el hombre frente a ella sabía que no era nadie corriente.
-Matsuko –dijo él, entrecerrando los ojos-. No recuerdo haber solicitado tu ayuda.
-Y yo no recuerdo que rechazaras la ayuda, incluso si esa ayuda viniera sin pedir permiso.
-¿Tienes lo que te pedí? Si no, ¿por qué otro motivo estarías aquí?
La mujer se echó a reír, su risa haciendo un eco que era a la vez melodioso y áspero, una mezcla entre una canción de cuna y dos cuchillos afilándose mutuamente.
-Eso tendrá un precio. ¿Qué me estás dando a cambio de la información privilegiada que he conseguido para ti?
El hombre mayor tragó saliva, lanzándole una mirada amenazadora, pero ella se limitó a sonreírle, simulando inocencia.
-¿Y bien?
-Lo que me pides es imposible. El acceso al Muken está prohibido a personal no autorizado.
-Oh, ¿es así? ¿Y si me permitieras el acceso? ¿Qué vale un simple pase de autorización frente a la invaluable información que puedo darte?
-Sé lo que estás haciendo –escupió él, indignado-. No dejaré que liberes a Aizen de su castigo.
-¿Aizen? –Matsuko se echó a reír una vez más, divertida-. ¿Y por qué iba yo a librar a ese traidor de su condena?
Enzo Matsubara se quedó en blanco, anonadado por esta información.
-Si no buscas liberar a Aizen, ¿qué quieres con el Muken?
-Eso no es asunto tuyo. ¿Quieres la información, sí o no?
-Sí –dijo él, pensativo. Tras una pausa, agregó, suspirando-: Pero no puedo darte lo que deseas. ¿no hay nada que pueda satisfacerte en lugar de la tentación del poder y del caos?
-Enzo, cariño –ella esbozó una sonrisa, al tiempo que comenzaba a alejarse de él-. Yo no deseo el poder ni el caos. Pero tú eres demasiado avaro, además de hipócrita.
-Entonces, ¿qué rayos quieres?
-Muchas cosas. Pero no, no deseo ni el poder ni el caos. EL poder ya es mío. Y yo soy el caos.
-¡Espera!
Pero ya era demasiado tarde. Para cuando el eco de su voz le respondió, la mujer había desaparecido de la Central 46.
-¿Qué he hecho?
N/A: algunas aclaraciones. Jidanbo, nuestro querido portero del Seireikei, que apareció al comienzo de la 2da temporada de Bleach, bueno, simplemente no podía dejarlo afuera! Él es descrito como un Leviatán por su altura y tamaño, o sea que lo comparan con una criatura mitológica conocida (si no conoce su aspecto, lo lamento, no podemos ayudarte XD). Sí, ya sé que todo suena repetitivo, pero no estoy repitiendo la historia de Bleach con el agregado de la participación de los personajes de Yin Yang Yo!
Brick: otra cosa, ya conocimos el aspecto general de Enzo Matsubara en el capítulo anterior, uno de los nuevos jueces de la Cámara de los 46. Excepto que ahora conocemos su nombre completo y algo más sobre su personalidad y perspectiva de la situación.
Yo: perdóname que te interrumpa, pero ¿quién es esta tal Matsuko? No recuerdo haberla incluido entre mis OCs.
Brick: digamos que iba siendo hora de que pudiera sacar mis propios personajes de la gorra, eh? Impresionado? Esta misteriosa shinigami, al igual que el que se metió en el papel de Ichimaru, sólo por un rato, en serio, digo a quién le queda un papel tan escalofriante? Ni siquiera Aizen era tan aterrador! bueno, será importante muy pronto (no, lo siento, ella no es la villana principal de ninguno de los arcos de esta historia, si eso es lo que estabas pensando, eso sería deponer al autor).
Yo: uh, no me hables de Ichimaru. EN fin, vi tu otro OC, interesante. Me pregunto si ya has imaginado cómo se verá cuando le quitemos esa capucha. Interesante la forma de la Zampakutou sellada, por cierto.
Brick: Qué puedo decir? Vete a volar sin control por un día entero, y sacarás ideas tan buenas como las mías!
Yo: en otras noticias, y hablando de volar sin control por un día entero, seguimos las elecciones en el hermano país de Chile. Amigo, no quisiera estar en los zapatos de los candidatos.
Brick: claro que no. Porque entonces, acabarías con una deuda de zapatos ultracaros de porvida.
Yo: por qué?
Brick: porque pienso ir a por el que gane las elecciones! Ninguno de los partidos me supo explicar por qué ninguno de mis votos entró en la votación! Además, tienen la culpa de que mi hamburguesa con queso se echara a perder!
Yo: veamos, veamos... Ajá! Tu problema es más sencillo de lo que piensas.
Brick: ah sí? Cómo?
Yo: es fácil. Mira, votaste a personas que no se postulan. Muchos de estos ni siquiera existen! Hmm, a ver... Ichigo Kurosaki para presidente, Rukia Kuchiki para senadora, Yuki Minamoto para consejera regional y Yin para diputada? EN serio, tienes que dejar de mirar tanta TV.
Brick: y dejar mi vida de fanficker, eso es lo que estás insinuando?
Brick se saca un pañuelo y llora.
Yo: eso no es...
Brick: Oh, no intentes engañarme! Sabes qué? Voy a cambiar de profesión! En lugar de escritor, seré político! A ver si así me valoras!
Yo: y déjame adivinar, ¿tu primera propuesta será deponer al alcalde de Saltadilla, soltar a todo el pabellón de villanos o que todo sea gratis por un día? ¡Oh, espera! Ese último proyecto era bueno!
Brick: no, mi primera propuesta consiste en hacerle un juicio político al autor jefe de esta historia! Cuando estés en mi lugar en la prisión, quizás comiences a valorar mi pluma.
Yo: pero tú no tienes pluma!
Brick saca una pluma enorme y sonríe.
Brick: ahora la tengo. Fírmese, comuníquese... y yo qué sé!
Yo: ay, por el amor del foo, Chapi Chapi y el arroz con leche!
Brick: oye, todavía tengo que pensar en una bandera adecuada para mi nuevo régimen. ¿Qué te parece una calavera pirata?
Yo: te sugiero un jinete sin cabeza. Oye, anota eso para alguna historia futura! Un país cuya bandera es un jinete sin cabeza? Genial...
Brick: no, nunca funcionará, ese clásico ya es propiedad de Disney.
Yo: que no vayan a oírte, podrían demandarte.
Brick: si el de la idea del jinete sin cabeza fue tuya! Lo ves? Tirano!
Yo: quizás sería mejor que le consultaras al pato Lucas. O al pato Donald.
Brick: oh, conozco una editorial a cuyo pato podría ir a pedirle asesoramiento.
Yo: no si puedo impedirlo.
Brick: qué, llamando a Mikel Mouse? Ja! No le tengo miedo al ratón de los dientes!
Yo: no estaba llamando a Mikel Mouse ni al ratón de los dientes. Sr Gato? Sí, necesito que me ayudes a tirar abajo a un rival... Cuánto? Oh, tengo todo ese dinero, pero le daré mi número de cuenta...
Brick: oye, mira! Mi primer cheque como presidente!
Yo: eso no es una ganancia, es una deuda.
Brick: Oh, no! Debo pagar esto?
Yo: eso depende, tienes una offshore?
Brick: no, qué es eso?
Sr Gato los interrumpe, mientras la policía se lleva al pelirrojo, colocándole esposas de Antídoto X.
Brick: tú otra vez? No hemos terminado! Regresaré!
Yo: Uh, ya se estaba empezando a poner pesado. Unas horitas en la cárcel y volverá a la normalidad. O eran unos electrochoques?
De repente, detrás de mí aparece una bandera con Sr Gato como emblema y una leyenda que dice "GATOS SÍ, HUMANOS NO! GATOS EXTRATERRESTRES, TODOS JUNTOS GOBERNAREMOS! LA TIERRA NOS PERTENECERÁ!" Y debajo, una inscripción que dice "República Popular de Gatolandia; límites geográficos aún no definidos".
Yo: Sr Gato, te pedí que derribaras a mi adversario, no que lo reemplazaras! Y el tirano soy yo?
Sr Gato susurra algo a un intercomunicador, y me arrojan a una celda junto a la de mi amigo pelirrojo.
Brick: parece que ya se te terminó la carrera en la política. Por mi parte, acabo de dar el siguiente paso. La revolución!
Yo: no podemos hacer una revolución.
Brick: quién lo dice?
Yo: nadie. Pero no hay gobiernos ni repúblicas. Los pueblos siguen por aquí, pero Sr Gato está invadiendo el planeta. Qué haremos?
Brick y yo: a hacer campaña!
