Capítulo 20

1

Proctor había llevado una prolífica carrera como médico hasta ahora. Cientos de horas de servicio médico, docenas de vidas salvadas gracias a su destreza, recomendaciones que llenaban su currículo, el cual decía que había estado en casi todos los hospitales a lo largo de la región de Kanto y dos ocasiones en Johto. El doctor Proctor, era muy bueno, y todos sabían de aquella cualidad en el gremio de médicos.

Recién había entrado a los cuarenta años y todos podían jurar que no aparentaba tenerlos. Era alto y de apariencia delgada, su rostro mostraba pocas arrugas y ninguna bolsa bajo los ojos por la falta de sueño, nada a como se pudiera esperar de un médico con muchas horas de trabajo al día como él lo hacía. El estrés del trabajo no le había afectado. De vez en cuando pensaba en retirarse como medico y dedicarse a la docencia, algo más tranquilo.

Su nivel académico y reconocimientos profesionales lo avalaban como uno de los médicos más capacitados para situaciones de emergencia. Su habilidad para mantener la calma en todo momento, era algo de esperar en un médico cirujano, pero al tratarse de Proctor, se podría decir que tenía nervios de acero pues nada lo perturbaba, se podría jurar que ni siquiera parpadeaba en una operación. Fue por eso que lo llamaron, para atender la cirugía de Ash Ketchum.

—¿Saben a quién tenemos que operar? —dijo uno de los enfermeros, un tanto emocionado, era joven y tan alto como Proctor, pero un tanto obeso— Uno de los Ketchum, el menor de ellos al parecer—

—¿el que recién había ganado un trofeo? Ha sobresalido más por ser el único del linaje que no había ganado nada, a diferencia de los demás— dijo el técnico quirúrgico, un sujeto encorvado y de lentes, su cabello estaba revuelto, se oía un poco más molesto que el otro.

Proctor estaba preparándose para entrar a la sala de operaciones donde intervendría al chico por huesos rotos y el interior de su cuerpo. Junto a él se encontraban los enfermeros y enfermeras, y los técnicos correspondientes, ellos habían iniciado una conversación, cuando se trataba de conversaciones sobre los pacientes, Proctor procuraba no participar. Tomaba muy enserio su trabajo, y para él, los pacientes merecían cierto respeto por su parte, y esta vez, el chico tenía mucha importancia para los tres doctores, y para él, no por su apellido, sino por lo que significaba para él.

—he escuchado muchas cosas sobre él— dijo una enfermera, de edad avanzada pero delgada y de baja estatura— muchos rumores. Mi sobrino estaba en medio del incidente de ciudad LaRousse, y dijo que este chico Ketchum estuvo allí, lo reconoció de inmediato cuando se anunció su triunfo—

—se supone que fue quien salvó a Hoenn cuando Groudon y Kyogre casi destruyen la región—

—todos esos son… ¡rumores! Solo eso— respondió el enfermero encorvado, pareciera que todo lo que se decía le molestaba.

—al parecer también ha tenido sus aventuras—Proctor se metió en la conversación, pero solo para defender la reputación del chico— se dice que estuvo implicado en el incidente de pueblo Álamos— su voz era la más calmada de entre todas.

—y yo escuché que por las tardes monta en el lomo de Giratina, el amo del mundo inverso. Pero son solamente rumores, cosas sin comprobar y que podrían ser falsas. Nadie sabe, puede que él mismo haya esparcido para elevar su fama como la de su padre y hermanos—

Hubo un pequeño debate entre los presentes, y las opiniones eran muy diferentes. El técnico encorvado parecía no creer en nada de lo que se decía del paciente, procuraba desestimarlas—ni siquiera podría darle mérito al chico por ganar la Liga Pokémon en Sinnoh, pudo haber sido algún movimiento por parte de su padre para arreglar los combates. Después de todo, es solo por lo importante que es, que estamos aquí—

Aunque Proctor procuraba darle mérito al muchacho de gorra roja, tenía que estar de acuerdo con el enfermero solo en ese punto. El hospital tenía muchos pacientes por atender, pero lo habían buscado a él y a un equipo quirúrgico completo, de urgencia, para atender al último de los Ketchum. Todos estaban en lugares diferentes pero cerca de la ciudad, su traslado hacia la ciudad fue de inmediato, pues el chico estaba grave. Proctor se encontraba en ciudad Celeste, lejos de ciudad Plateada, pero era el único doctor disponible en las ciudades cercanas, tuvo que interrumpir su hora de sueño y sus vacaciones cuando le llamaron para pedirle sea el doctor encargado en la sala de operaciones.

—sea quien sea. Es una vida, y nuestro deber es salvar esa vida— volvió a decir aquella enfermera de edad avanzada, queriendo terminar con la conversación.

—¿aunque igual podríamos estar salvando otras más vidas que han estado esperando por su turno por mucho tiempo? — volvió a decir el técnico, fastidiando a la enfermera.

—de todas formas. Nos pagarán bien por este trabajo. Es una urgencia repentina y nos sacaron de nuestros trabajos y descansos solo para él, de seguro la recompensa de salvarlo será grande— dijo el enfermero más joven.

—¿Eso es lo que parece? ¿El chico es un gran cheque en blanco? — dijo Proctor.

El técnico lo miró—¿y por qué no pensar en ello? Buena familia, campeón, y si todos esos rumores son ciertos, hasta es un héroe de la humanidad— había cierto sarcasmo en sus palabras.

Proctor se molestó, pues había un motivo por el cual aceptó atender al chico, y no era la remuneración que obtendría, sino porque lo conocía.

—¿alguna vez han conocido a ese muchacho, más allá de todo lo que se dice de él? —no tuvo respuesta alguna —bien. Yo sí, hubo un accidente y los únicos heridos fueron Pokémon. Y ese chico Ketchum estaba allí. Les juro que nunca vi a nadie con tanta preocupación por todo un grupo de Pokémon que no le pertenecían, me insistió y me insistió hasta que acepté a atenderlos, aunque nunca había atendido a Pokémon en mi vida, y no conforme con eso, estuvo todo el tiempo ayudándome a curar a esos Pokémon—

—¿Y eso que? —interrumpió el técnico— un adolescente con anhelos de ser un héroe—

—o quizá, un adolescente con el corazón más noble que alguna vez haya existido. Capaz de ver más allá de su egoísta existencia y solo pensar en el bienestar de todos los demás a su alrededor, humanos o Pokémon, conocidos o no— Proctor tenía la atención de todos, hasta del técnico que había estado quejándose en toda la conversación—este muchacho se ha preocupado por todo mundo toda su vida, ya es hora que alguien se preocupe por él—

—¿Vas a decir ahora que solo aceptaste por una obra de caridad y buena fe? —

—eso estoy diciendo. Porque Ash Ketchum también merece un acto desinteresado. Acepté porque está en riesgo, y es momento de ayudarlo— y con eso, la conversación terminó.

Proctor salió de la sala, realmente ya no quería seguir junto a todos los demás del equipo quirúrgico hablando sobre el paciente y los rumores a su alrededor, aquel técnico solo hablaba sobre lo justo para los demás pacientes, como una forma de disfrazar el simple hecho que le disgustaba el chico y todo lo que se decía de él.

Proctor solo quería dedicarse a su labor, a hacer todo lo posible para salvar a su amigo, porque se lo prometió a sus hermanos, y porque el corazón más noble del mundo lo necesitaba.

2

Apenas llegaron a ciudad Plateada, lo primero que hicieron Delia y Kimberly, fue dirigirse al hospital a donde habían llevado a Ash y sus hermanos y amigos estaban esperándolas. Fue por insistencia de Delia, pues ya no podía pasar más tiempo sin ver a su hijo.

Luego de días de angustia, habían encontrado a Ash, pero cuando Red le dijo que estaba herido, no pudo disfrutar ni un solo momento de entusiasmo, pues rápidamente sintió el miedo invadiendo su cuerpo, pues todo su ser comenzó a temer que su hijo estuviese realmente grave como para haber sido ingresado en un hospital, de hecho, nunca antes había sido hospitalizado por más heridas que había sufrido en sus aventuras anteriores.

Cuando llegaron al hospital, solo quedaban Red y Brock esperando por noticias en la sala de espera, habían enviado a Crystal y a Gold al hotel para ducharse y descansar, aunque hubo un poco de resistencia por parte del chico, como se había esperado, sobre todo por lo poco que había dormido así que estaba irritable, pero cuando él mismo estaba armando un escandalo en la sala, gritando a Red que iba a quedarse, la enfermera tuvo que intervenir para calmarlo y el chico de ojos dorados se convenció que debía irse a descansar, aunque estaba seguro que volvería pronto.

—¡Red! ¡Hijo! —

Red fue quien recibió a su madre a la entrada del hospital, sus ojos se veían irritados y ojerosos. Su semblante se mostraba triste y preocupado. A Red le impactó esta imagen de su madre, realmente, nunca la había visto de aquella forma. Delia siempre era alegre y optimista, su rostro siempre reflejaba la más dulce mirada y su boca esbozaba la más sincera de las sonrisas. Pero en aquel momento, aquella bella mujer se veía desesperada.

Delia parecía haber pasado por los peores momentos de su vida, de hecho, con los pocos días que pasaron parecía que no se había preocupado en lo absoluto en ella y su apariencia. Había unas manchas oscuras debajo de sus ojos, no eran tan oscuras, pero denotaban su falta de sueño. Su radiante piel ahora se veía opaca y pálida, Red no podía decir que había perdido peso pero era evidente que comía poco desde que salieron de casa. y su mirada, sin duda, completamente triste, mirándolo con un poco de esperanza pero Red temía que, de pasar lo peor, podía ver el alma de su madre quebrarse a través de sus pupilas.

Era deplorable el estado en el que Delia se presentó, y Red pensó que jamás la había visto así y era obvio que era porque estaba preocupada por Ash. Siempre pensó que, gracias a la confianza de su madre en ellos, en sus habilidades y capacidades para resolver problemas, ella podía estar sin desanimarse nunca pues contaba con que volvería a verlos sanos y salvos, pero esta vez, pareciera que no descartaba perder a su hijo, y que ese pensamiento la tenía completamente aterrada.

—¿Cómo está tu hermano? No digas que está bien, sabes que eso no lo está, sino, no estaríamos en el hospital o al menos estaría aquí abrazándolo—

Red debía pensar sus palabras realmente, por primera vez, no sabía que decir para tranquilizar a su madre, pues no podía encontrar que decirle cuando él tampoco estaba tranquilo, pues igual que Delia, Red tenía miedo que ese día pudiese ser el último día en la vida de su hermano, y todos solo lo estuvieran esperando. Pero, para su fortuna, ante su parálisis, Brock fue quien intervino entre él y su madre.

—Ash ya fue llevado a la sala quirúrgica, empezarán dentro de poco. Estará bien—

—lo estará. El muchacho es fuerte, ya lo ha demostrado— dijo Kimberly. Su aptitud era tan seria como siempre, su voz no temblaba, quizá estaba tan conmocionada como el resto pero no lo aparentaba.

—conozco al doctor, y sé qué hará todo lo que pueda para salvarlo. Es un amigo. Él también conoce a Ash—

Red miró al moreno de su misma edad y agradeció que haya dicho lo que a él no se le ocurrió. Brock siempre había estado, no solo junto a Ash, sino junto a él y a toda su familia en todo momento. Su primer batalla juntos, en el gimnasio de ciudad Plateada para obtener la medalla, fue emocionante, pero no nada pasó entre ellos más allá que el respeto mutuo por sus estilos de combate, tampoco servía el hecho que Brock fuese un chico demasiado serio la primera vez que se vieron y que solo le interesaba cumplir con su rol de líder de gimnasio, aunque esta aptitud fue fácil de comprender por parte de Red, pues recién había tomado la responsabilidad del gimnasio y a una corta edad, no quería perder la concentración en aquella nueva responsabilidad.

En su momento, no pudo conocer bien al chico oriundo de aquella ciudad, pero quizá fue lo mejor, porque fue bueno volver a encontrarse con Brock pero como amigo de su hermano menor, y como el protector y tutor de este en su primer viaje.

Brock podía fungir, para Ash, en el mismo rol de un hermano mayor, y Ash podía tenerle a Brock el mismo respeto que le tenía a él, y eso era importante para Red, pues le daba a alguien a quien confiar, y era en situaciones similares a esta que notaba que Brock podía estar tan preocupado por Ash como él lo estaba, sin duda, si había alguien en quien toda su familia podía confiar era en el entrenador y criador Pokémon.

—Pero ¿Cómo fue? ¿Cómo pasó esto? —

—Será mejor que no hablemos de eso ahorita mamá. Deberían mejor descansar—

—No puedo hacerlo Red. No puedo tranquilizarme sabiendo que mi hijo está aquí, en este lugar y que en cualquier momento podría empeorar su estado—

—Red tiene razón Delia, deberías relajarte antes—

—¡no me pidas que me relaje Kimberly! —contestó Delia, estaba alterándose poco a poco— no puedes sentir la angustia que siento ahora. ni siquiera eres de su familia solo eres su tutora—

Kimberly miró a Delia, extrañamente, no se veía sorprendida por su arrebato o enojada, seguía con la misma seriedad de siempre.

—desde que esto inició, no has mostrado ni un solo signo de preocupación. No puedes entender el miedo que tengo de estar lejos de mi hijo y de repente recibir la noticia que haya muerto mientras yo no estaba. No quiero solo venir a reclamar su cuerpo, quiero estar junto a él y parece que no puedes entender eso—

Finalmente, Kimberly habló—sí. Quizá tengas razón—

La relación entre Delia y Kimberly era inusual. Podrían aparentar llevarse bien, y Delia podría tratarla con la misma amabilidad que trataba a todo mundo, pero realmente, la relación entre ellas dos era solo de tolerancia y respeto, más no de afecto. Todo era debido a la insistencia de la señora mayor de entrenar a los hijos de Delia con la misma dureza con la que entrenaba a todos los que solicitaban su ayuda. El que golpeara a sus hijos con su bastón, que los obligara a sobrecargar sus cuerpos en cada entrenamiento, y que tomara tantas libertades para tratarlos como la anciana quisiera, nunca fue del agrado de Delia quien educó a sus hijos de una forma más bondadosa que Kimberly. De no ser por la confianza que su esposo tenía en la señora, y en el afecto que sus hijos le tenían a ella, quizá no le hablaría siquiera.

Kimberly no era ajena a la indiferencia de Delia, pero no le importaba, porque para la tutora Pokémon, Delia era muy importante para ella y para el linaje Ketchum, linaje del cual Kimberly se encontraba muy orgullosa de haberlos visto evolucionar generación con generación. Delia era la esposa del hombre que crío como a un hijo, y madre de los chicos que tanto quería en la vida, Delia era la coyuntura principal de la actual generación de Ketchum, y era lo único que necesitaba para tenerle respeto y afecto, aunque Delia pudiese no sentir lo mismo por ella.

—solo sé que…—Kimberly continuó— tu hijo también es hijo de mi muchacho, y su padre es fuerte, y también su abuelo. Ash sobrevivirá porque es un Ketchum y ellos nunca se dejan vencer por más difícil que sea la situación—

Kimberly se había encariñado con toda la familia Ketchum, no solo por haber entrenado junto a tres generaciones de ellos y haberlos visto triunfar uno a uno, no solo le habían llenado con ese orgullo, sino que igual le llenaban del amor y afecto que solo una familia proporcionaba.

Por supuesto que le preocupaba Ash, ya se lo había dicho antes, era su chico favorito, porque estaba dotado de una bondad que no podía ser comparada con la de sus hermanos o su padre, era el único que podía mirarla a ella, o a cualquier otra persona sin considerar sus acciones pasadas buenas o malas, nunca nublaba su juicio hacía los demás, él solo se fijaba en el valor humano de todo el mundo y ese era el valor de Ash Ketchum.

—Oigan, ¿y papá? —preguntó Red.

Delia procuraba calmarse, algunas lágrimas casi salían de sus ojos y ella procuró limpiárselas— yo le avisé. Viene de camino, pero tardará en venir. Ya sabes cómo es él, siempre es el ultimo en volver a casa—

Delia había informado a su esposo, el padre de sus hijos, es realmente difícil encontrarlo, nadie sabía dónde estaría o como comunicarse con él, ni siquiera Kimberly, dejándola a ella como la única persona que podía localizarlo cuando lo requería.

Su esposo prometió volver con ellos, pero demoraría en llegar. Detestaba eso de él, sus ausencias y demoras cuando se trataba de atender a su familia, como debía hacerlo siendo él el patriarca de su familia.

En más de una ocasión le había llamado para apoyar a sus hijos en situaciones riesgosas, aquellas situaciones en las que siempre terminaban involucrados tanto voluntaria como involuntariamente, pero él siempre llegó tarde. Sus hijos podrían haber salido ilesos de cada situación, pero aquel historial nunca logró tranquilizar a la señora. Aunque se mostraba despreocupada y confiada en ellos, era solo una apariencia para no preocupar o molestar a sus hijos, la realidad era que siempre temía por ellos y se preocupaba, casi llegando a la angustia cuando se demoraban en comunicarse, por eso le había pedido a su esposo que dejara sus viajes, aventuras y entrenamientos en lugares distantes, y se reestableciera en Kanto, cerca de su hogar para cuidar de sus hijos cuando fuera necesario, pero él no lo había hecho. Pero esta vez, teniendo a su hijo menor en la sala de urgencias y él lejos, podría ser la gota que colmaba el vaso.

Ahora, solo estaban los cuatro en la sala de espera, donde solo cuestión de esperar por las noticias que llegarían sobre el estado de Ash. Mientras tanto, deberían mantener la calma en todo momento.

3

Crystal y Gold iban en dirección al hospital luego de haber descansado en el hotel. Gold tenía planeado que solo iban a ser un par de horas que él dormiría, se suponía que se despertaría de inmediato, se cercioraría que Crystal estuviese dormida en su habitación y saldría del hotel hacía el hospital nuevamente. Pero no fue así. Gold estaría frustrado y molesto consigo mismo, pero en aquella noche pasó algo que, actualmente, confundía sus sentimientos.

Detrás de él, iba Crystal, tomando cierta distancia entre ellos. Tenía la cabeza agachada y mirando hacía los pies de su amigo, sobre sus mejillas tenía un fuerte sonrojo, como si estuviese avergonzada, y pareciera que, si algo más la llegaba a apenar, el sonrojo cubriría toda su cara.

Al llegar al hotel en la noche, Crystal no confió lo suficiente en Gold y decidió acompañarlo en su habitación hasta cerciorarse que quedara dormido completamente, a veces se decía que Crystal podía leer la mente del chico de pueblo Paleta, y eran casos como esos que se podía confirmar, pues ella parecía saber su plan de huir durante la madrugada hacía el hospital. Pero en la habitación, ella igual se quedó dormida. Ambos quedaron profundamente dormidos, y al despertar, se miraron fijamente uno al otro, acostados juntos sobre la misma casa.

—Crys…—Gold se detuvo, y en automático se detuvo Crystal también. Gold no volteó a mirarla, seguía dándole la espalda, se estaba preparando para recibir alguna repentina y fuerte patada por parte de la chica— no diré nada de lo que pasó esta mañana. De hecho, no importa—

Crystal había esperado algún tipo de burla o alardeo por parte del chico. Pero lo que hizo fue totalmente diferente. Después de tantas ocasiones que la abrazaba sin avisar, que le había dicho insinuaciones vergonzosas, ella había pensado que el hecho de haber dormido en la misma cama sería lo más emocionante para el adolescente y estaría haciendo comentarios sobre ello, pero en cambio, Gold no parecía interesado en el tema al respecto.

—No debes preocuparte por lo que diga… no pienso hacer alarde de esto— con esto, Gold continuó su camino.

Gold no tenía el mismo humor de siempre para hablar al respecto sobre lo ocurrido en su habitación de hotel. De hecho, no quería hablar ni pensar en nada, solo quería llegar al hospital y esperar a que todas las horas del día pasaran. ¿Quién podría culparlo? ¿Quién le pediría que gritara de emoción como regularmente lo hacía?

Crystal tardó un momento en volver a caminar, sentía lastima por su amigo. A veces ella quisiera que él fuese más abierto cuando a sus sentimientos se refería, así como era bueno para gritar sus pensamientos cuando estaba contento, debería hablarle también cuando se sintiese afligido, pero, lastimosamente, Gold procuraba contenerse lo más que podía que pudiese. Como se dijo, Crystal tuvo lastima de él porque estaba deprimido y se esforzaba por no mostrarlo, aunque eso lo hiciese verse peor, y esa lastima era lo que Gold trataba de evitar por parte de todos a su alrededor.

Crystal suspiró, ambos podrían ser una pareja muy unida y tenerse demasiada confianza, pero aun así, el chico aún la veía como alguien a quien debía impresionar y no mostrarle debilidad, era cuestión de orgullo para él, quizá, pero para Crystal era detestable.

La joven volvió a andar siguiendo al chico para ir a su lado, la pena que sintió al principio había desaparecido pues ahora solo le importaba estar a su lado por si él cambiaba de opinión y decidía hablarle al respecto.

4

Era la tercera noche en la que Dawn no dormía bien, pero al menos, esa mañana su cabello estaba siendo cepillado por su primo mayor, y lo hacía con tanta delicadeza que le hacía extrañar aquellos días que eran niños y se la pasaban jugando. Y en ese entonces, su juego favorito era quizá el cepillar el largo y sedoso cabello de la chica.

—Debo admitirlo Dane, has sido buena cuidando tu cabello—

—Claro. Aprendí de la mejor—

—se dice el mejor. Ya te he dicho que no me parezco en lo absoluto a una chica— Ruby sonó un poco molesto por el comentario, su prima disfrutaba molestarlo al compararlo con una mujer, y luego de varias comparaciones comenzaba a ser molesto.

—me refería a mi madre, tonto— Dawn se rio.

Ruby sonrió, finalmente la chica podría estar cambiando de humor luego de la terrible noticia que su amigo estaba mal herido. Cuando eran niños, siempre que Dawn se entristecía Ruby procuraba animarla, el chico hacía cualquier cosa para contentarla, y esto podía incluir: buscar Pokémon lindos, mostrarle sus rutinas para concursos y en especial cepillar su cabello suavemente.

—¿hace cuánto tiempo de esto? Creo que no he cepillado tu cabello en un tiempo—

—cinco años Ruby. Desde que te iniciaste tus viajes y cuando no eras egoísta— Dawn sonrió.

—cinco años. ¿Tanto tiempo? —

—casi no te veía Ruby, ni siquiera apareciste en la cena de navidad del año pasado y moría de ganas de verte una última vez antes de iniciar mi propio viaje—era más un reclamo por parte de la coordinadora

—No, me refiero. ¿Tanto tiempo tardaste en salir de casa? —

Dawn se molestó—eso no te incumbe. Eres un tonto, déjame en paz— dijo al tiempo que su rostro se coloró por la vergüenza.

Era cierto, mientras la gran mayoría de novatos iniciaban sus primeros viajes a la edad de 10 u 11 años, Dawn esperó hasta los 13 para hacerlo. No iba a decírselo a Ruby, o por lo menos no ahora pues no era el momento idóneo, pero ella tenía mucho miedo de lo que llegara a pasar una vez saliera de casa, aunque siempre le entusiasmaba la idea de recorrer todo el mundo no solo Sinnoh, igual temía lastimarse o perderse.

—déjame adivinar ¿Acaso me necesitabas para recorrer la ruta 201 sin que te atacaran unos Starlies? —

Dawn sintió una combinación entre molestia y vergüenza pues, lo que le pasó al principio, fue casi exactamente como su primo le dijo.

—para tu información, solo extrañaba que cepillaras mi cabello, no tus comentarios—

—vamos. No está mal admitir que no podías hacerlo sola— Ruby notó la frustración en su prima— si te hace sentir mejor. Me conforta saber que estuviste acompañada, así me alivia de mi responsabilidad de haberme preocupado, había alguien más que lo hacía por mí—

No era una disculpa, ni tampoco se podía decir que era completamente agradable de escuchar, pero al menos fue un intento para distraerla y uno que funcionaba.

—está bien. Tienes razón… en lo de mis amigos. Me alegra haberlos conocido y viajar con ellos. Siempre me apoyaron y nunca me dejaron sola en ningún momento— le mandó una indirecta al chico.

—Te daré un punto por eso. No por nada pudiste llegar a la final del gran festival—

Dawn se sorprendió—¿Te enteraste? Tu nunca te enteras de nada—

Ambos chicos rieron, y finalmente Ruby terminó de cepillar el cabello de la chica.

—y listo, terminé. De seguro tu amigo no puede hacer un trabajo tan excelente como este—

—ni que lo digas. La última vez que lo intentó, terminó enredándome todo el cabello—

Ruby buscó la mochila de Dawn para guardar el cepillo, pero al abrirla fue cuando encontró una pequeña caja que llamó su atención, y la sacó.

—oye Dane, ¿Qué es esto? —

Dawn miró a su primo y a lo que tenía en la mano— dame eso. Es una caja muy especial— y tomó la caja.

—¿Y que tiene? —

Dawn iba a responderle, pero recordó que la pluma lunar había absorbido el aura oscura que rodeaba a Ash y ahora se veía completamente gris. El día que compró aquella pluma, pensó en su primo y en lo mucho que le gustaría verla, y cuando la pluma brilló hace pocos días, a Ruby le hubiesen brillado los ojos de solo verla. La pluma era la cosa más hermosa que ella tenía entre sus pertenencias luego de su aventura, pero luego de aquel incidente en el bosque Verde, parecía el recuerdo más triste.

—¿Y bien? —

—¿Esto? Bueno… son dos cosas que me gustan… pero ahora—

La chica abrió la caja, pero grande fue su sorpresa cuando vio la pluma, tan colorida como el día que la compró.

—¿Esa es una pluma de Cresselia? —

Dawn tomó la pluma en su mano, no podía creer que volvía a sus colores normales, como si nunca hubiese quedado gris en ningún momento. No sabía cómo, no tenía idea de que había pasado, pero ella pensó que la pluma quedaría opaca e inservible para siempre, y al parecer no iba a ser así.

—si. Lo es, pero…—

Ruby tomó la pluma— ¡es fantástica! ¿Dónde la obtuviste? —

Dawn solo podía mirar el objeto y se preguntaba qué tan fuerte era el poder de Cresselia que, una sola de sus plumas absorbió tanta oscuridad y se restauró a sí misma. Sin duda algo oportuno que haya recuperado su belleza para mostrársela a Ruby, ojalá, también fuese una buena señal y que las cosas pronto mejorarían.

Cresselia, para algunos, podía ser considerado un Pokémon, no solo para proteger tu sueño, sino igual un ser de milagros, y que un milagro sucediese y ayudara a Ash a despertar, sonreír de nuevo y volver a estar junto a ella nuevamente, fue lo que hizo que Dawn sonriera con esperanza en aquella sonrisa.