~Fase 16~
Falto de Cordura
«Lo siento mucho» Pensaba, por no ser de ayuda, y peor aún, sabiendo que Sanemi iría a la residencia.
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Salió de la habitación, informando a su hermana que ya había hecho lo que podía, aún así Kanae no se sentía tranquila, pero optó por fingir que todo ahora estaba en calma.
Pasaron las horas, y Shinobu decidió por encerrarse en su estudio ( con una buena reserva a la hora que su estómago comenzara a rugir) para evitar encuentros con el gruñón que iba a pisar su casa.
Cansada, soltó el libro que llevaba estudiando hacía rato, girando su mirada hacia la ventana que daba al extenso jardín, dando un espacio a su memoria.
FLASHBACK
Ya no lo soportaba, quería gritarle que se fuera de su casa, pero sabía que eso no funcionaría con Rengoku Kyojuro.
Pero algo en su interior, muy muy en el fondo, le impedía que lo intentara, si, en realidad, ella también lo necesitaba a él.
Tal vez, esa era la segunda oportunidad de oro que le brindaba la vida para compensar su error, aunque muy riesgosa, como todas.
La azabache soltó un gruñido, tanto por la insistencia del rubio como el lío que llevaba en su cabeza.
Kyojuro se reincorporó como si de un soldado se tratase, en silencio, la observaba.
—Está bien —Le respondió,hastiada por su insistencia, luego lo señaló —.Tomaré tus palabras, pero ten en cuenta, si por algún motivo llegas a traicionarme, hallaré la forma de hundirte conmigo.
—¡Lo juro! —exclamó éste, temblando por la mirada terrorífica de la azabache. Ya era tarde para retractarse.
—Tenemos que ser cautelosos —expresó ella, llevando una mano a su mentón, observó de reojo a su entusiasta compañero.
Con él sería imposible.
—Yo debo ser la cautelosa —corrigió —,ninguno de los dos la tendrá fácil, ¿Entiendes?
—¡Sí! ¡Tenemos que ser cuidadosos con tu hermana!
—¡Silencio! —Le reprendió en voz baja, mirando a su alrededor —.Las paredes tienen oídos aquí…
—¡Hasta ahora no he visto ninguno! —respondió el varón, viendo hacia las paredes.
—...¿Estás seguro que no te golpeaste la cabeza en el camino?
—¡Para nada! ¡Si no tuviera buenos reflejos ya me hubieras matado!
—Tienes razón —concluyó —.Lo que trato de decir es que debemos tratar este asunto con cuidado —Le susurró, obligando al pilar que se inclinase para poder escucharla —.Lo primero que hay que hacer es que vuelvas a tener comunicación con mi hermana
Éste afirmó reiteradas veces —¡Anhelo volver a escuchar su voz!
FIN DE FLASHBACK
—Hoy es un buen día para descansar… —dijo para sí, soltando un pesado suspiro antes de llevar un onigiri a su boca.
El día era perfecto.
El hermoso color celeste del cielo contrarrestaba con el blanco algodón de unas pocas nubes que transitaban con suma calma.
El pasto era adornado por pequeñas flores silvestres le daba un toque único al ambiente, sin contar el fresco aire que mecía las hojas de los árboles.
Kanae nunca había sentido tanta dicha, en compañía del albino que ignoraba lo que los rodeaba y se conformaba con seguirla en silencio.
Todo sería perfecto.
De no ser por un pequeño detalle.
— ¡Amo los días frescos! ¡Los lluviosos también! —exclamaba el rubio que los seguía de cerca.
Sanemi gruñó, Kanae lo ignoró, pero Rengoku estaba lejos de irse.
«Parece que el cuervo no llegó a tiempo… »Pensó la azabache, nerviosa por su presencia.
—Hey —Le dijo el chico dándose media vuelta, alertando a la joven ante cualquier movimiento —,estorbas así que lárgate.
—¿Hum? —Rengoku soltó una carcajada que irritó a Sanemi que amenazaba con brindarle un puñetazo. —.Entiendo, entiendo, pero debo hablar con Kanae antes de hacerlo.
La mencionada se tensó, sintiendo un sudor frío bajar por su rostro.
—Entonces díselo y desaparece —abordó el albino cruzado de brazos, observando el extraño comportamiento de la joven.
—¡Lo haría si no estuvieras aquí!
—¡¿Qué!? —chilló furioso —¡¿Qué le vas a decir!? —La pilar puso su mano en su pecho para hacer distancia entre él y el entusiasta cazador.
Rengoku la observaba, sus delicadas facciones y su cabello largo que se mecía por la velocidad a la que había acudido a su rescate, él solo la quería a ella, no entrar en una absurda discusión con su compañero.
—Hablaremos otro día —expresó cortante, el rubio solo miró al suelo y suspiró pesadamente —¿No ves que estoy ocupada?
—No estás en una misión.
—No hace falta; estoy aprovechando el poco tiempo que tengo para mí —Por primera vez en mucho tiempo ambas miradas se enfrentaron, una silenciosa coalición que desató un escalofrío en ambos.
—Te lo pido por última vez, por favor retírate —Dijo ésta, esquivando su mirada —.De lo contrario no me interpondré si Sanemi te da una golpiza.
—¡¿Puedo hacerlo!? —exclamó el otro, preparando sus puños.
—Todavía no —Le ordenó, viéndolo de reojo.
—¿Así que no te importa lo que tengo que decir?
—Pudiste habérmelo dicho en otro momento —Le respondió ella.
—¿Cómo? Cuando nos encontramos en la sede me ignoras y tampoco respondes los mensajes que envío con mi cuervo —Ella quedó en shock, soltar toda esa información frente a Sanemi no era bueno.
—¡Ah! Y-yo...T-tengo mis motivos —Se excusó —.Hablaremos otro día —enfatizó aquellas palabras, dirigiendo una mirada cómplice al albino para que la siguiera, pero éste no le hizo caso.
Él la miraba, cruzado de brazos cerca del otro hombre que no despegaba su mirada de la chica, el pilar del viento habló
—Me estoy hartando de esto —Se dirigió a Rengoku —.Si te has tomado todas esas molestias debe ser algo demasiado importante. Mi presencia debe ser lo de menos, ¡Solo habla y déjanos en paz! —exclamó, apretando los dientes de la furia.
Kyojuro lo miró de reojo, meditó unos instantes y observó a Kocho, ella estaba aterrada, un pequeño error y la situación se iba a desbordar de su control.
—¡Detente! —chilló ella al ver que su novio tomó sin previo aviso a su compañero del cuello de su chaqueta —.Si es una broma será mejor que te detengas.
—¡Sanemi basta!
—Dijiste que la próxima podía molerlo a puñetazos —Le recordó, sin dejar de observar a su compañero que apretaba su muñeca con una increíble fuerza
—Escucha...Si no te has enterado, Kanae es mi novia y no quiero que ningún idiota se le acerque o le esté enviando mensajes ridículos, o lo dices ahora o prepárate para hacer esa sonrisa estúpida con cuatro dientes menos —Le amenazó.
—¿Si tanto la amas entonces porqué la haces sufrir? —Le replicó, insinuando la angustia que ella cargaba al ver que su cita estaba propensa a convertirse en una violenta disputa
—Debo protegerla de imbéciles como tú —Habló el otro, preparando su otro puño que iría directo al rostro del rubio.
—¡Basta los dos! —Gritó la azabache que se había colocado en el medio, estirando sus brazos logró empujar a cada uno a un extremo, ya no estaban solos, varios aldeanos se habían acercado curiosos por la escena.
—Ambos son unos idiotas —Reclamo ella, apretando los bordes de su manga para soportar la vergüenza por la que pasaba —.No quiero ser el centro de atención, me voy
Los varones miraron a su alrededor, estaban tan centrados en su discusión que se habían olvidado del mundo, el rostro pasmado de los civiles era un terrible recordatorio de eso.
—¡Kanae! —La llamó el albino que corrió hasta llegar a su lado —.Fue el otro idiota el que comenzó…
—Y tú rápidamente le continuaste el juego —Le reclamó, haciendo un puchero, evitando contacto visual. —.Si vas a actuar así mejor vete, prefiero estar sola
Sanemi llevó una mano a su nuca, pensando en cómo habían terminado en esa situación, chasqueo su lengua y respiró hondo para luego añadir —N-no importa —Tomó la mano de la chica que lo miró confundida —.Aprovechemos este día, v-vamos a comer algo
—¿Me prometes que no te meterás en una pelea?
—¡¿Ah!? Claro, ¿¡Por quién me tomas!? —replicó furioso, ella levantó una ceja.
—Bien, hay un restaurante del pueblo. He escuchado que sirven buena comida
—¡Vamos por comida deliciosa, claro que sí! —exclamó una conocida voz detrás de la pareja, Sanemi giró su rostro y le dirigió la mirada más terrorífica que podía.
Como siempre, Rengoku supo ignorar el aura asesina del albino, mientras, Kanae soltaba un sonoro suspiro.
—¡Voy a matarte!
—¡Me lo acabas de prometer!
—¡Te prometí que no me metería en peleas no en asesinatos!
—¡Eso es peor! —Se quejó la chica.
Así, en un extraño giro de la vida, la pareja tuvo su momento, claro, con cierto rubio siguiéndolos a la distancia, por fortuna, Rengoku no volvió a proferir palabra, solo observaba el ambiente, en especial, a la hermosa Kanae.
El sol comenzaba a declinar, desprendiendo unos hermosos colores que la niñas de la finca no dudaron en apreciar.
Pero ese relajo llegó a su fin cuando sintieron la presencia de Shinobu, ella les hizo un gesto para que no se fueran, había pasado toda la tarde en su estudio y ameritaba compañía y aire fresco.
Ella reflexionaba, pensando en cuándo fue la última vez que sintió tanta paz en su propio hogar, las memorias la llevaron a los años en los que ni siquiera podía conciliar el sueño por la preocupación cuando su hermana se ausentaba.
Pero el tiempo pasó y Kanae fue recibiendo más y más reconocimiento hasta el punto de llegar a ser una cazadora de élite.
El tiempo había pasado tan rápido, indiferente a todo lo que atormentaba a la menor, sintiendo una fresca ráfaga de viento contra su piel.
Se dirigió a la cocina, con ayuda de una sirvienta comenzó a preparar todo para la cena, pero el sonido de la puerta la distrajo, a pasos pesados, Kanae se asomó encontrándose a su hermana.
La de hebras moradas le sonrió, un gesto que la invitaba a relatar su día, por más rechazo que sintiera por dentro, lo hacía para reparar el daño que había causado.
La cazadora la observó un rato largo, no sabía como descifrar las expresiones de su hermana, más bien, la chispa de inseguridad le gritaba que ella tenía algo que ver en lo ocurrido.
Pero la chica no quería creerle, razones no le faltaban pero sabía que para ella le era imposible vivir sin el apoyo de Shinobu, por ende, no iba a rechazar la invitación que ella le hacía
—Fue un completo desastre —Anunció, a la vez que tomaba un vaso con agua —¿Sabes quién nos siguió todo el día?
La contraria estaba confundida —¿"Nos"? —Repitió —¿Hablas de un tercero?
La mayor asintió —.El mensaje no ayudó en nada, Rengoku no quiso separarse de nosotros. Pensé que alguno de los dos iban a morir hoy —relató, sentándose sobre la mesa.
Shinobu cortaba los vegetales, imaginando dicha situación, era oficial, el pilar se había golpeado la cabeza esa noche.
—¿Y? ¿Te siguió hasta aquí? —preguntó sin dejar su labor.
—No, se fue sin darnos cuenta, jamás había sentido tanta paz como en ese momento.
—Ya veo.
—Se tomó en serio el papel que le diste…
La menor clavó el cuchillo en la madera de picar, el sonido alertó a la ayudante de cocina que la miró asustada.
—Vaya, ya me parecía raro que no mencionaras el tema —aclaró ella, con una inusual sonrisa mientras se dirigía a su hermana —¿Ahora me vas a decir que soy la autora de eso, verdad?
Kanae bajó la mirada —Solo quiero volver a confiar en ti —expresó —.Solo tómalo como un comentario sin importancia, hablé sin pensar, lo siento.
Se bajó de la mesa y observó a su hermana de reojo —Avísame cuando la cena esté lista, voy a cambiarme.
Y así, se retiró. Shinobu miró al suelo, conmovida por las palabras de la mayor, se sentía muy afortunada por tenerla como hermana, no obstante, la punzada de la culpa le recriminaba.
Ella había vuelto a su lugar como titiritera.
Reanudó su labor, soltando una risa cada cierto tiempo al imaginarse el desastroso escenario.
Rengoku tendría mucha suerte si a esas horas de la tarde continuaba con vida.
La noche ya era avanzada, habían pasado horas desde la cena y todas las mujeres de la residencia se hallaban en sus dormitorios.
A excepción de Shinobu, revolvía un líquido en un tubo de ensayo mientras leía unos documentos; estaba finalizando con la prueba de un nuevo veneno.
Tan absorta en su pensar que el graznido de un cuervo la sobresaltó, el líquido cayó al suelo y el animal por poco muere del susto cuando aquel fluido nauseabundo casi le roza las plumas.
—¡T-Traigo mensaje para Shinobu Kocho!
—¿Para mi? ¿De quién?
—El pilar de la flama, Rengoku Kyojuro
Ella alzó ambas cejas —Que curioso...a ver…
—¡Espera! —Le gritó el mensajero, batiendo sus alas —¡No te acerques con eso en las manos! —Dijo refiriéndose al veneno.
La azabache resopló y obedeció al animal, alzó ambas manos y retiró el mensaje de su pata —Eres muy cobarde teniendo en cuenta a tu dueño.
Pero el ave no le dijo nada, se retiró al sentirse libre de su carga y desapareció en la penumbra de la noche
Desdobló el papel, afirmando en su mente que en definitiva, el rubio si contaba con suerte, había sobrevivido para escribirle ese mensaje.
La nota comenzó con una disculpa, hasta él reconocía que había sido muy imprudente, Shinobu se sentó en la mesa, eran muchas hojas las que debía de leer.
Poco a poco el ambiente fue cambiando, tapando su boca para no despertar a los demás con sus risas, parecía un mal chiste que el pilar se molestara en relatarle su aventura estorbando la cita de su hermana.
—Rengoku perdió todo rastro de cordura —dijo para sí, guardando la carta en uno de los cajones.
