Fase 20
Forzada
Pasaron pocos días para que la pilar recuperara las fuerzas suficientes, en medio de los gestos de agradecimiento de los habitantes que le deseaban un pronto regreso la joven se retiró más calmada y orgullosa de su trabajo.
Luego de algunas horas cuando comenzó a sentir un mareo que se intensificaba a cada paso. Se detuvo bajo la sombra de un árbol y tomó agua pero eso no fue de ayuda.
Aún así decidió reanudar su caminata, con la esperanza de no colapsar por aquella ruta donde no pasaba ni un alma.
Lastimosamente, el destino no le concedió ese deseo.
POV Kanae
Abrí mis ojos con lentitud, sentía que todo daba vueltas, no sabía dónde estaba, mi ultimo recuerdo era estar caminando por un sendero estrecho.
La sensación en mi estómago me obligó a levantarme, vomité el agua que había tomado horas antes cuando me detuve a descansar, limpié los restos que habían quedado en mi rostro con la manga del uniforme.
Poco a poco mis pensamientos se fueron ubicando, la realidad me llegó de golpe y fue entonces cuando me percaté que estaba en una casa.
Ay no, había vomitado en casa ajena.
Me quedé mirando un rincón del lugar buscando en mi memoria el cómo había llegado ahí, pero no encontraba ni una mísera pista, me asusté al sentir los pasos dirigirse a la habitación, la señora que me había brindado su techo cuando iba hacía el pueblo me miraba con una sonrisa
—Bienvenida otra vez —saludó, se me acercó con una bandeja de comida y no dudé en agradecerle, mi estómago rugía a falta de alimento
—Tuviste suerte que una pareja de granjeros te encontraran; esta es la única casa cerca de la zona donde te hallaron; de seguro pensaron que vivías aquí —sonrió, como si le gustara la idea —,tampoco les hice creer lo contrario.
—Primero come, después me contarás qué paso —abordó al ver mis intenciones de hablarle, me sonrojé al notar que estaba mirando el sitio donde había hecho el desastre, de inmediato me imaginé que me botaría de su casa.
Pero no fue así, solo me sonrió y me dijo que después limpiaría ese desastre, no paso mucho cuando se retiró y pude comer en silencio, el dolor en mi costado era mucho menor que días atrás, pero todavía me sentía débil.
Me había precipitado y ahora sufría las consecuencias.
Luego de unas horas ella regresó, fue entonces cuando le expliqué lo que me había ocurrido, claro, omitiendo todo lo relacionado con los demonios, al final mi historia acabó como la víctima de un animal feroz mientras recorría las montañas; esperaba que fuese suficiente ya que no tenía mucha creatividad para inventar historias.
—Tuviste mucha suerte de salir con vida, ir a las montañas es cosa de valientes —expresó, yo sonreía nerviosa, esperando que no preguntara más —,me asusté cuando me había despertado aquella mañana y no la encontré —recordó, acomodando las cosas para llevárselas —.Cuando leí su nota me alivié, pero no sabe el susto que me dio ese día, veo que está cansada, la dejaré dormir un rato más.
—Muchas gracias, no sé cómo compensarle lo que está haciendo por mí.
Al soltar esas palabras sentí un cambio en la atmósfera, la señora miró al suelo unos segundos, como si debatiera en decirme algo.
« No deberías confiar tan fácil en las personas, niña » Las palabras de ese demonio llegaron a mi mente a la vez que un escalofrío recorría mi cuerpo
«¿Era otra trampa o ya estaba paranoica? » Deslicé mi mano con disimulo hacia mi katana hasta que la voz de la mujer me detuvo
—No es nada, un poco de compañía hace bien luego de estar sola tantos años —Su sonrisa era más suave, pero sus ojos reflejaban una profunda tristeza.
No me dio tiempo de responder, se había retirado y ahora estaba sola en la habitación, suspiré, llevando una mano a mi cabeza.
¿Por qué había recordado esas palabras? Esa señora tuvo muchas oportunidades de haberme matado, no debería desconfiar de ella, sin embargo, algo ocultaba.
Negué con la cabeza para liberarme de esos pensamientos, me desvestí y observé las vendas que cubrían mi torso, necesitaba cambiarlas.
Pov:Narrador
Mientras la pilar estaba centrada en tratar sus heridas la dueña de la casa deja los utensilios ya limpios en una mesa.
Salió de su hogar y respira el aire puro que la rodea, el comentario de esa chica le había desbloqueado unos recuerdos de hace muchos años, sin pensarlo más tomó una pequeña hoz y se dispuso a arrancar la hierba mala cerca de su casa.
No pasaron muchos minutos para que la pobre mujer se quejara del dolor en su espalda, era difícil hacer estas tareas una vez que se llega a cierta edad.
Como si el cielo respondiera a sus peticiones, en medio de su lamento observó cierta figura por el camino, se asustó, no era común ver personas transitar por ahí.
Frotó sus ojos para asegurarse que no era una jugada pesada de su vista deteriorada, para su provecho no era así, un joven caminaba a paso rápido, de seguro había captado las segundas intenciones de la ancianita que no paraba de mirarlo.
—Muchacho
No hizo caso, como si jugara a ser un sordo, pero la mujer volvió a llamarlo con un tono más alto.
Paro en seco.
Frunció el ceño ante su mala suerte mientras se daba media vuelta con lentitud.
La anciana sonreía, imaginándose su patio libre de hierba mala.
El chico puso un semblante serio, aguantando las ganas de huir o inventar una patética excusa difícil de creer.
Hizo una seña con su mano para que se acercara.
Arrastraba sus pies, no quería ir, veía la pequeña hoz que ahora se la extendía para que la agarrara.
—Jovencito, haga este mínimo favor a esta pobre anciana… —soltó ella, tomando el papel de víctima lo mejor que podía, el chico balbuceó cosas que ni él entendía, pero ya era tarde, había perdido.
Asintió con desgana, soltando una pequeña bocanada de aire con la esperanza de que su alma escapara y hallar por fin el descanso eterno.
No fue así, ahora solo tocaba agacharse y comenzar la pesada tarea que la anciana desconocida lo obligó a hacer.
Se sorprendió de lo cómoda que se sentía, era como estar en su propia casa o mejor.
La señora le contaba diferentes historias de cuando estaba casada o de su niñez, Kanae estaba sentada observándola preparar la cena mientras el sol despedía sus últimos rayos de luz.
—¿Por qué hay tanto ruido afuera? —cuestionó fijándose en la ventana, pero no observó nada debido a la distancia.
—Ah, tuve la suerte de encontrar un ayudante en el momento indicado —habló preparando los platos —,un joven me está quitando la mala hierba que crece alrededor.
—Ehh… —soltó de la impresión, sabía que el sitio no era transcurrido, y el único lugar al que conectaba ese camino era el deplorable pueblo donde había estado unos días.
Frunció el ceño al recordar el enfrentamiento contra ese maligno ser, por instinto llevó una mano a su costado, notó que la señora la observaba así que fingió una sonrisa.
—Entiendo, si no le molesta necesito estirar las piernas un rato
—No te preocupes; la comida estará lista pronto
La satisfacción de sentir el viento recorrer por su rostro era inexplicable, como si se llevaran todas su preocupaciones, daba la impresión de libertad.
Estiró sus brazos y cerró los ojos por unos momentos,centrándose en el momento y escuchar los sonidos de la naturaleza.
Olvidó el sentido del tiempo, de no ser por el sonido de alguien quejándose mientras ingresaba a la casa no habría despertado de su mundo.
Ahora que lo pensaba, de seguro esta noche ese misterioso muchacho cenarían con ellas, ¿Sería un habitante de aquel pueblo? Era la opción más lógica que corría por su mente
Pero antes de que más hipótesis la bombardearan, aquella figura desconocida se asomaba desde la puerta, sus ojos se abrieron a la par al tiempo que pronunciaba su nombre.
—….¿Kanae? —La mirada triste del joven se iluminó al notar la presencia de su compañera que no podía creer lo que sucedía
—¿Tomioka? —Corrió hacia él, pero una punzada en su cabeza la hizo tambalear, antes de perder el equilibrio sintió los brazos del varón rodearla, sorprendiéndose por su rapidez —.Tranquila, se nota que estás débil así que no te muevas mucho
—G-gracias, ¿Pero cómo? —Le cuestionó, alzando su mirada hasta encontrarse con la de él.
—La sede, estábamos preocupados —explicó vagamente evitando el contacto visual, la poca distancia le desató un ligero calor en sus mejillas pero rezaba para que ella no se percatara.
—¡Ah! —La mira con atención, ella tapa su boca con ambas manos al percatarse que no ha redactado el informe —.Lo siento. Prometí que lo haría lo más pronto posible pero se me presentó-
—Lo importante es que estás bien —La interrumpió, paso una mano por su espalda y muslos y la alzó, Kanae se aferró ante la inesperada acción mientras veía como se acercaban hacia la casa.
—Fuiste muy amable por ayudar a la señora —comentó al notar las gotas de sudor que bajaran por el rostro ajeno.
—Lo siento —habló sin despegar la vista del camino —,debes estar asqueada por sentir mi ropa cubierta de sudor —Ella negó.—He estado en situaciones peores —Una sonrisa mínima adornó el rostro del azabache, escuchar que no le tenía asco ni aún en esa penosa situación lo cautivó
—La misión tuvo que ser muy difícil para terminar en este estado —comentó para cambiar el tema, ella asintió con lentitud, no quería recordarlo pero las escenas se repetían en su cabeza dando como resultado una extraña mezcla de emociones.
—Estaré esperando —comunicó Giyuu una vez dentro de la casa, refiriéndose a lo que había sucedido en la misión, no quería obligarla a hablar, pero viendo el estado decaído de su compañera sabía que debía desahogarse.
Y no había nadie que supiera escuchar mejor que él.
—Entiendo, ya me parecía extraño ver a otra persona tan seguido —habló la anciana al saber que los jóvenes se conocían —.Dime jovencita, ¿este chico es tu marid-
—Amigo —irrumpió ella, mientras Tomioka comía en silencio.
—Oh...¿Estás segura querida?
Giyuu se ahogaba con el bocado de arroz mientras Kanae reía nerviosa.
—Señora por favor, él es un buen amigo además yo… —juntó sus labios, observando un punto en la mesa, ¿Por qué no se sentía feliz? ¿Por qué le costaba decir que Sanemi era su novio?
La anciana se sintió culpable, sin querer había tocado un tema delicado —Ya veo, los jóvenes de ahora no pierden tiempo, muchacho, ¿acabaste con toda la mala hierba?
—Sí —respondió cortante, viendo de reojo la mirada perdida de la azabache, algo no estaba bien.
—Gracias, perdón por ponerte un trabajo pesado de repente, pero con gusto te compensaré —respondió mientras le servía un enorme plato de comida. A este punto el cazador no estaba seguro de poder devorarlo todo pero era imposible negarse a la amabilidad de la mujer.
Una vez que la cena finalizó no pasaron muchas horas para que la dueña de la casa se fuera a descansar, los pilares también lo hicieron, pero ese encuentro con Tomioka despertó muchas dudas en la fémina que se movía por el pasillo con suma delicadeza.
Se sorprendió de ver a su compañero despierto, no podía culparlo, dormir en el comedor no era lo más cómodo.
—¿Estás bien? —Se adelantó al ver que Kocho no salía de su asombro.
—Me sorprende verte despierto —abordó mientras se sentaba a su lado —,con todo el trabajo que hiciste imaginé que deberías estar en el quinto sueño
—Cuando me convertí en pilar me acostumbré a no dormir por las noches. —Felicidad. La emoción recorría por su cuerpo al sentir la figura de la pilar tan cerca de él, no necesitaba dormir, ya pareciera que estuviera en un sueño.
Ella soltó una leve risa, acomodó unos mechones de su cabello mientras pensaba qué decir, pero el varón volvió a tomar la palabra
—¿Qué te paso en la cena? —Kanae miró al suelo, ni ella sabía qué le estaba pasando.
—No lo sé, todo es muy confuso últimamente…
—Aún no lo entiendo, comprendo que no le quisieras decir que Sanemi es tu pareja pero ni siquiera le mencionaste que tienes novio.
—Lo sé —llevó una mano a su pecho, soltando un pesado suspiro —.Escucha Tomioka, por ahora necesito pensar, solo quiero un poco de aire fresco —Se levantó y se acercó a la puerta —.Que duermas bien —dijo a modo de despedida, el chico solo asintió hasta ver su figura desaparecer.
Giyuu miró al suelo, era notorio que la jugada sucia de Shinobu había dado frutos, solo que ella no lo notaba.
—¿Tomioka? —susurró desde la ventana, el mencionado la abrió un poco para verla —Dime
—¿Enviaste la carta a la sede? —cuestionó avergonzada por haberse olvidado de algo tan importante, el azabache sonrió para sus adentros, verla de ese modo no era común.
—Sí, luego de comer
—Ya veo, ¿te sobró papel?
—Sí, ¿Tienes algo que agregar?
—No,es solo que quiero decirle a Shinobu que estoy bien, a este punto no me imagino la angustia que debe estar sintiendo.
—Entiendo, te lo dejaré sobre la mesa, yo trataré de dormir.
La joven asintió —Que descanses… —Luego de ello cerró la ventana y se dispuso a dejar las dos hojas que le habían sobrado, sin pensar en nada más se acostó y luego de muchas horas cambiando de posición el pilar logró conciliar el sueño.
El desayuno fue silencioso, nadie quería hablar, Kanae pensaba mientras saboreaba cada bocado.
Al principio no tenía otra opción más que quedarse unos días hasta que se recuperara, pero ahora que Tomioka estaba con ella la situación había cambiado.
Con su ayuda era probable que la llevara mínimo a una sede de descanso para cazadores, aunque la más cercana estaba a días de allí, al menos estaría en un lugar más seguro y próximo a su hogar.
Por su parte, el varón comía en silencio, observando de reojo a su compañera, estaba delgada y pálida, aún si la llevaba cargando en su espalda no creía tener la fuerza suficiente para llevarla hasta su residencia.
Más que sentir impotencia el temor era el factor principal de sus dudas, si en medio del camino sufría un colapso sus vagos conocimientos médicos no servirían.
Si llegaba a su hogar y Shinobu la viera en ese pésimo estado sería su fin, sí, era ilógico pero ella siempre buscaba una mínima excusa para matarlo.
Aún si lograba sacarla de allí era probable que los agarrara la noche, en el peor de los casos no sabría si podría dar frente a un enemigo estando ella tan débil que ni siquiera podría escabullirse.
Muchas dudas atormentaban al pilar, era la primera vez que vacilaba tanto en su vida, solo quería protegerla, la había pasado difícil en su misión y la confusión que cargaba no la ayudaba.
—Tomioka…
—No creo que sea lo correcto —habló la anciana mientras tomaba té —¿Piensas que el muchacho podrá cargarte hasta el pueblo?
Ambos cazadores se espantaron, ¿Desde cuándo esta señora podía leerles la mente?
—Estás demasiado débil para ese viaje señorita —Le habló, colocando más verduras en su plato —,necesitas comer más para recuperar fuerzas, además… —observó al azabache que se asustó por estar en su rango de visión.
—Hoy me ayudaras a atender mi huerto ¿verdad? —Sonrió, Tomioka forzó una leve sonrisa al tiempo que asentía con mucho esfuerzo.
Kanae susurró un "Lo siento" mientras la anciana se paraba a lavar sus platos, éste le hizo un gesto de que no se preocupara
—Te estoy devolviendo el favor —murmuró, a lo que ella respondió con una cálida sonrisa.
El trabajo no era fácil, pero consideró que era bueno tomarse un descanso de sus entrenamientos; no todo en la vida era sobre matar demonios.
La señora le hablaba sobre el cuidado de las plantas y otras cosas que él ignoró, fijándose en los retoños y las hojas verdes a su alrededor, tener las manos llenas de tierra era muy incómodo al principio pero solo necesitó tiempo para acostumbrarse.
Se limpió el sudor con un paño que cargaba en los hombros, se levantó y lavó sus manos con el fin de ir a la casa y tomar un poco de agua.
—¿Qué mierdas haces? —El comentario lo sacó de lugar, no reconocía aquella voz grave que escuchó a sus espaldas.
Se giró y su semblante permaneció serio a pesar del asombro, el albino lo miraba como si fuera un bicho raro.
—Lo mismo digo —respondió, el hombre no dudó en agarrarlo por el cuello de la camisa pero este sujetó su muñeca para que no pasara a mayores.
—¿Pasa algo joven? —La señora se acercó al sitio, sus ojos se maravillaron al ver la escena…un ayudante más había aparecido.
