Rias observaba como su peón a pesar de estar rodeado de mujeres viendo porno ni se inmutaba, estaba segura de que ni siquiera ponía atención al video en la computadora, y es que en toda la semana se había comportado raro, sin embargo, ni él ni sus padres le habían dicho algo al respecto. Vio como con gracia Akeno paseaba delicadamente su mano por la pierna del chico hasta casi llegar al sitio prohibido, porque ninguna podía tomar ventaja de maneras ruines como aquella, sin embargo, él apenas y despegaba la mirada de donde sea que estuviera fija, porque era obvio que en la pantalla no.

Issei por otra parte, pensaba en la plática que había tenido con Vali, esa misma le había tocado una fibra sensible que hace mucho ignoraba y había creído haberla superado: «No soy un error o una carga, ¿o sí?» se preguntaba intentando convencerse de que no era así, ya hacía tiempo había aprendido a quererse un poquito... hasta que Reynare apareció con si ridículo teatrito lleno de sables de luz y trajes de dominatriz, por fin, luego de mucho tiempo reaccionó bajando la mirada e intentando no temblar para no alarmar a la chicas.

—Esto... tengo que ir al baño —susurró y de inmediato Akeno centró su mirada en él.

—¡Vaya, vaya! —soltó con su tan característico tono alegre—, es acaso que al pequeño Issei le gustó lo que vio —intentó llevar su mano a la entrepierna de Issei, pero él la detuvo.

—No —saltó saliendo de su lugar y alejándose lo más posible de la chica que tenía intenciones de meter su mano en el pantalón del chico, no solo acariciar por encima de la tela—. He estado sentado mucho tiempo, necesito hacerlo en verdad —susurró y salió corriendo de la habitación.

Entre todas las chicas se miraron confusas.

—¿Qué le pasa a Issei? —se aventuró a preguntar Asia.

—Quizá no es el tipo de contenido que le guste —le respondió Xenovia.

—Usualmente Issei no se comporta así de raro, algo le ocurrió —divagó Rias ganándose la mirada de todas.

El joven quien aún escuchaba por detrás de la puerta se alejó, era mejor que ellas no supieran nada, ni el hecho que Vali había aparecido en la casa, ni lo que pensaba sobre su persona. Bajó con cuidado y sin hacer ruido para salir de la casa.

"Es obvio que pienses eso de ti" escuchó a sus espaldas.

"No eres otra cosa más que un estorbo. Debiste morir cuando tenías oportunidad" dio la vuelta con la intención de encontrar a la dueña de la voz y también espero de pronto sentir otra vez el interior de su ser quemándose gracias a una lanza de luz, pero no había ninguna persona a su alrededor.

"No eres otra cosa más que un estorbo" oyó de nueva cuenta, sin razón, por más que daba vueltas intentando encontrar a Reynare no aparecía.

«Calma ella ya no existe.»

"Yo sigo aquí" habló cuando intentó convencerse de que su voz era producto de su imaginación, exhausto y aterrado corrió con todas sus fuerzas hacia delante sin pensar ni mirar.

Las piernas le dolían y el respirar hacía que sus pulmones quemaran. Su cuerpo se detuvo de súbito, escuchó el gemido de dolor de alguien e incluso él mismo había retrocedido un poco con dolor en su hombro.

—Lo siento —estaba dispuesto a marcharse de allí lo más rápido posible sin embargo fue detenido por alguien.

—¿Qué haces aquí Hyoudo? —su mirada se encontró directamente con la de Vali quien le miraba con curiosidad.

—Creo... creo que acabo de sufrir un ataque de pánico, ya... estoy mejor —relató tratando e respirar con calma, después miró por sobre su hombro y alcanzó a notar la silueta del ángel caído que lo había matado. Inmediatamente invocó su Sacred Gear con el fin de acabar con ella, pero apenas un parpadeo bastó para que ella misma desapareciera.

—¿Seguro que te encuentras mejor? —Issei volteó a ver al Dragón Blanco.

—¿Por qué todo se está poniendo borroso? —Vali inmediatamente tomó al chico y lo sentó en la banca que estaba a un lado de ellos e inclinó su cuerpo hacia su rodillas.

—Mantente así —le dijo con tono neutro—, evitará que te desmayes.

—Pero yo no siento que me desmayaré —gruñó con terquedad. El rostro de Vali permaneció impasible por lo menos un minuto cuando le soltó el cuello para que se incorporase.

—Estoy bien —susurró de nuevo al chico. Vali lo miró directamente sin apartar ni un segundo. La intensa mirada que le dirigía le molestaba, empero le lograba transmitir un poco de paz.

—Vamos a mi departamento —le dijo levantándose, Issei le miró cómo si le hubieran crecido dos cabezas más—. Bueno, ¿Vienes o no? —le preguntó al castaño, dudativo asintió y le siguió deprisa.


—Entonces, ¿de qué huías? —Issei miró la taza de cristal en la que el joven de cabello plateado le había servido un té de hierbas.

Había descubierto que vivía en una de las zonas más exclusivas de Kuoh, por lo cual casi estaba despierta a esas horas, su ciudad natal no era nada grande, sin embargo, había escuchado que unos cuantos empresarios de gran peso para Japón vivían por allí además de los ligeros rumores de que idols iban a relajarse, claro que aquellos rumores desaparecían tan rápido como se creaban, no sabía si era por la imposibilidad de que aquello ocurriera o la eficiencia de los equipos de aquellos idols.

Al parecer el chico vivía en un condominio muy exclusivo dónde los vecinos a penas y se conocían. Su departamento era bastante sencillo dentro de los términos de aquel lugar, de paredes blancas y piso de madera, con cinco habitaciones según había contado, tres de ellas estaban cerradas, la otra era una especie de lobby y la última era la cocina-comedor, misma donde estaban, además de tener una pequeña terraza.

—Yo también he sentido que el mundo se me cae encima, calma, no te pasará nada, solo debes relajarte, respirar y dejarte llevar por la música, ¡ah! Y disfruta del té —porque apenas llegaron colocó su teléfono (porque tenía uno) en los parlantes y con una lista de reproducción de música instrumental. Miró al Vali ¿Cómo a alguien como él se le caía el mundo encima? No lo imagina teniendo un ataque como el suyo.

¿Así es que se siente?

Aquellas palabras le llegaron con fuerza al recordar los acontecimientos de la semana pasada.

—Y... solo eso —Vali miró al otro chico, ¿cómo podría afirmar algo si él tampoco estaba seguro de que funcionaría? Aún con aquello en mente asintió sin dudar. Issei miró alrededor de la cocina-comedor con curiosidad—. Hay demasiadas sillas para que seas solo tú —Vali frunció el ceño.

Si, ya lo había pensado, incluso hasta su cama era más grande de lo que debería y normalmente terminaba durmiendo en el sofá de la sala, aún no entendía porque Azazel le había regalado un lugar así de... grande.

—Bueno, apareciste el día en que puedes caminar sin que haya libros de por medio —en su rostro apareció una sonrisa y él se ocupó de ocultarla tomando un poco de té.

—¿Libros? Entonces esos que están en la sala ocupando el lugar que sería de la televisión no son de adorno.

—Por supuesto que no, Hyoudo —el nombrado miró a un lado de él y tomó el libro que hasta antes de que llegaran estaba abandonado.

—¿Acaso has leído este libro? —Vali miró su copia de 1984 y negó.

—Acabo de comprarlo —respondió y volvió a tomar de su té.

—La curiosidad me pica así que lo preguntaré ¿Cuántos libros tienes aparte de los de la sala?

—No lo sé, las repisas de mi habitación y la invitados están llenas, también el alféizar de las ventanas y no dudo que en algún momento haya guardado unos pocos en el baño —a medida que hablaba sus mejillas se teñían de rojo por la vergüenza.

—Algún día morirás enterrado en libros.

—Ten por seguro que ese será el día más feliz de mi vida —ambos chicos rieron.

—Creo que esta vez es mi turno de marchar —susurro Issei, dejando la tasa vacía en la mesa.

—¿Por qué tan rápido? —preguntó llevando las tazas al fregadero, realmente no entendía por que le preguntaba aquellos, se odiaban un poquito por ser rivales predestinados, pero, aun podían preocuparse por la integridad del otro, o era bastante hipócrita eso.

—No es como si todos nuestros encuentros fueran excesivamente largos —susurró—, además... Se supone que fui al baño —Vali aguantó una carcajada.

—Pues ya deben de estar buscándote por todas las cloacas.

—¡Lo sé! Siento pena por los familiares de todos porque asumo que ellos irán a buscarme —el joven de cabello castaño se levantó y acomodó las sillas de forma adecuada en la mesa—. En fin, nos vemos luego —Vali asintió y lo guío hasta la puerta.

—Nos veremos pronto Hyoudo.


—Volví —anunció entrando a la casa con un paso relajado.

—Ise ¿Dónde te encontrabas? —preguntó Rias con los brazos en jarras, pero un rostro preocupado.

—Fui a la tienda de 24 horas por unas papitas —respondió como si nada mostrando el envase cilíndrico azul rey—, lamento no decirle, presidenta, pero necesitaba un poco de aire libre—. En la cara de Rias se pintó una hermosa sonrisa de oreja a oreja.

—Mientras te encuentres bien, no hay problema donde estés —le dijo y después lo abrazó.


20-09-2020