Desde la ventana del edificio del Club vigilaba a la mayoría de sus siervos, Kiba rechazando a cuánta señorita le invitará a salir e incluso alguna vez vio a un chico de su clase ser rechazado, aquello le dio gracia ya que las mejillas de chico de cabellos rubios se tiñeron de un gracioso color carmesí, no sabía si por vergüenza de aquella declaración o por algo más, luego estaban Koneko y Gasper junto con los chicos de su misma clase charlando amenamente y comiendo dulces.

Un poco de ira se instaló en su pecho cuando vio de la misma manera a Issei compartiendo su hora de descanso con Katase y Murayama las cuales recientemente se habían vuelto muy cercanas a él, claro también estaban Xenovia, Asia, la chica de coletas cuyo nombre desconocía y los dos amigos pervertidos de Issei el cual se encontraba relativamente lejos de todos a excepción de los momentos en que picoteaba la comida de Katase.

—Podríamos ir al karaoke el fin de semana —sugirió Murayama y el trío pervertido negó.

—Hay maratón de hentai —celebró Matsuda, pero Issei negó.

—De hecho... en el centro comercial encontré un volante con un curso de música... —susurró robando un poco de la zanahoria que ese día llevaba Katase—... y me inscribí.

Todos se miraron entre sí y luego al chico, Rias también le miró, todos se encontraban impávidos observando al autoproclamado Rey del Harén con una sola pregunta inundando sus mentes: ¿por qué diablos querría entrar a clases de música? Issei notó que todos le miraban impresionados, todos lo habían notado su raro actuar, no era la primera vez en esos días en los que declinaba hacer alguna actividad con su grupo de amigos o con el mismo Club de Ocultismo. Las dos recientes amigas del chico imaginaban que se trataba de aquel asuntillo que el chico tenía con su exnovia y lo hacía en respuesta para evitar ese tema o algo que se lo recordase.

—¿Por qué? —se limitó a preguntar Xenovia con cara de pocos amigos, Issei asumía que se las débiles habilidades sociales que tenía la hacían sonar bastante... malintencionada y causándole una sensación de terror que recorría cual serpientes por todo su cuerpo.

Imagine Dragons. No, no. Mejor Coldplay —respondió sin mirarle, ella lo escudriñó con la mirada, hace tiempo que no solía hacer eso con nadie, no desde que la iglesia le había excomulgado.

—Últimamente tus gustos musicales han cambiado —le dijo fríamente y él involuntariamente se fue alejando del grupo, se sentía atacado y a nada de ser herido.

—Yo...

—¿Qué nos ocultas? —apenas dijo aquello y el chico dejo que sus nervios le traicionaran, salió corriendo como alma que lleva el diablo (vaya ironía).

«¡Cálmate, maldita sea! ¡Es Xenovia!» a lo lejos alcanzó a ver a un grupo de personas reunidas y dos cabelleras rubias sobresalían de la multitud. Sin importarle el barullo alrededor de ambos se abrió paso y jaló a ambos chicos hasta el almacén de la escuela.

—Issei —soltó sorprendido una vez dentro del cuarto.

—¡Hyoudo que mierda hacemos...! —la oración de Sagi fue cortada por un hipidos de parte de Issei.

—No puedo —soltó entre lágrimas, de un segundo a otro no sabía si se debía a que estaba aterrado gracias al inminente ataque de pánico al que se dirigía o la rabia e importancia que sentía al no poder escapar de las garras de la difunta Reynare.

—Oye Issei, de verdad no sé qué es lo que te pase, pero...

—¡Reynare! El recuerdo de Reynare cada vez se mete más en mi cabeza —cuchicheo respirando con la mirada puesta en el suelo—, y yo... yo-yo he intentado hacer de todo para estar lejos del Club... Y de cualquier mujer en general y parecen abejas atraídas a la miel —tomo aire evitando que las lágrimas salieran de nuevo.


Kiba y Sagi decidieron recurrir a la ama de este último con el fin de buscar un poco de ayuda para su amigo. Y ella lógicamente recurrió al Líder de los ángeles caídos y su hermana, la Reina Leviathan, quién se había mantenido al margen después de que le relatara cómo habían ocurrido los dos ataques de pánico anteriores, se había abstenido de contar sus encuentros con Vali, sin embargo, aun así, le contó a Azazel acerca de a ayuda que le brindó pidiéndole que no le dijera a nadie.

—Quién diría que tienes un corazón de pollo, muchacho —Vali saltó asustado al ver al caído en la sala de su apartamento. No es que realmente le temiera o que imaginara que se había unido al grupo de personas que querían su cabeza en una bandeja de oro, pero lo había tomado por sorpresa después de que acabará de despertar de su siesta.

—Y tengo corazón de pollo por qué... —alargó la "e" y Azazel soltó una risilla a la vez que negaba con gracia.

—¿Por qué ayudaste a Issei? —abrió los ojos con sorpresa—, me dijo que hace como dos meses sufrió un ataque de pánico y por casualidad se encontraron.

—Debió mencionar que corría como poseso y chocó mientras yo iba alegremente a la tienda de hierbas —soltó graciosamente como burlándose de la desgracia del chico, pues no admitiría con facilidad su altruismo.

—¿Responderás mi pregunta?

—Recuerdas que yo también tuve problemas de ese tipo, no iba a dejar que ninguna persona se hundiera en esa mierda.

—No en todas las personas son iguales.

—Lo sé, aun así, no es gratificante pasar por eso solo. Quizá tu trataste de entenderme, pero yo sé realmente cómo se siente ahogarse de esa forma.

—El altruismo no suena mucho a ti, Vali —la pétrea mirada del Lucifer se clavó en la de Azazel, quizá por la enorme diferencia de edades uno de los dos viera algo que el otro no.

—¿Eso es todo? —preguntó entrecerrando los ojos.

—Por ahora sí.

—Te oyes tan convencido que me aseguraré de cerrar con doble seguro todas las puertas y ventanas de la casa.


Con delicadeza entró en la habitación del club de la Princesa Carmesí y tomó asiento en la silla frente a ella.

—Podría disponer de tu caballero y tú peón este fin de semana, Rias —preguntó sin rodeos Sona, había sido elegida la coartada para llevar a Issei al inframundo a una de las tantas clínicas de su familia como paciente de psicología y ella no había tenido ningún problema en hacerlo, no después de que se ocupará de resanar varios de los destrozos que su pervertidos compañeros habían hecho con el único fin de apartarse de cuanta mujer se atravesara en su camino.

—¿Con qué intención? —preguntó Rias cruzando sus brazos por debajo de su pecho. De inmediato noto como el humor de la chica cambiaba totalmente.

—Mi peón necesita entrenar y quiénes mejor para enseñarles que el Emperador Rojo y El Portador de la Espada Sacro Demoníaca —soltó sin alterar su voz o las facies en su rostro. La chica suspiró, tal vez Issei necesitaba un poco de compañía masculina de vez en cuando. No entendía cómo es que las soportaba a todas durante sus períodos, si definitivamente necesitaba un descanso.

—¿Solo el fin de semana? —pregunto con voz trémula. De no ser por qué se conocían desde pequeñas Sona ya la habría golpeado olvidando todos los protocolos de la realeza que tenían que seguir ambas, de ponto Rias se había vuelto estúpidamente insegura y había desarrollado una fuerte dependencia a Issei, rogaba a sus abuelo que nada raro pasara en el futuro.

—Por ahora sí, si Sagi gusta de practicar con ambos de nueva cuenta, mandaré un horario específico —acomodó sus gafas y se levantó para salir de la misma forma en que había entrado, no tardaría más de lo necesario con Rias pues aflorarían sus instintos asesinos en contra de ella o la voluntad de ayudar a Issei disminuiría.


21-09-2020