Disclaimer: los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es RMacaroni, yo solo traduzco con su permiso.
Disclaimer: The following story is not mine, it belongs to RMacaroni. I'm only translating with her permission. ¡Gracias, Ronnie, te adoro! ❤️
Capítulo 12
La Hija del Policía
Regreso a nuestra cabaña después de mi almuerzo con Edward para encontrar a Rose planificando nuestros atuendos para la fogata. Es nuestro tercer domingo en Costa Rica, y ella parece especialmente emocionada al respecto. No puede decidir qué ponerse, lo que es raro. Ella siempre sabe.
El vestido que Rose eligió para mí es verde—tiene un diseño de bambú. Es ligero, amplio, y cómodo. Es un poco revelador en la zona del pecho y hombros, pero no tanto como el vestido blanco, y me gusta porque aunque parece un vestido, de hecho es un enterito.
A pesar que dudo que vea a Edward esta noche, aún así intento lucir bien. Dejo mi cabello suelto en ondas que llegan a la mitad de mi espalda y, de acuerdo con Rose, enmarcan y halaga mi rostro.
—Y bien... —Rose se sienta sobre la cama una vez que hemos terminado, sus manos sobre su regazo, sus dedos enlazados—. No le des mucha importancia, pero Emmett vendrá con nosotras a la fogata.
—Oh... —Le sonrío, sentándome a su lado en la cama, esperando que ella finalmente me cuente lo que está pasando entre ellos—. ¿Vendrá con nosotros o contigo?
Después de que se arreglaran el fin de semana pasado, él se quedó con ella durante toda la fiesta, y entonces volvimos a las cabañas juntos. Ellos fueron perfectamente respetuosos con el otro, a pesar de que todos habíamos estado tomando. Pero no lo podrías decir por la manera en que se miraban—ellos no podían esperar a tener las manos sobre el otro. Pero no lo hicieron. Al menos, no mientras yo podía ver.
Durante la semana, actuaron de manera profesional, y estaba contenta de que las cosas hayan vuelvo a la normalidad en el laboratorio.
—Él viene con nosotras —dice, poniendo los ojos en blanco—. Él también puede divertirse, ¿cierto? No es un viejo decrépito, Bella. Solo porque sea un profesor no quiere decir que...
—Rose, lo sé. Tiene treinta y dos. ¿Cierto? Eso no es muy viejo. —Le guiño un ojo, pero ella está mordiéndose el labio, mirando sus manos—. Oye, está bien. Estoy completamente a favor de que el Prof. McCarty se divierta.
—¿No lo harás raro?
—Bueno, eso a veces está fuera de mi control.
—Maldita... —Me codea juguetonamente, dejándose caer sobre su espalda en la cama.
La sigo y ambas observamos al ventilador girar en el techo por un rato. Cuando ella suspira por segunda vez, volteo a mirarla.
—Rose, puedes contarme. No voy a decir nada. Y dudo que a alguien de aquí le importe.
—Bella, no puedo. —Cuando ella gira para mirarme, hay una angustia clara en sus ojos.
—Vamos. Yo te cuento todo.
—Tú no haces cosas que podrían hacer que te echen del programa. —Su labio inferior está atrapado entre sus dientes, casi como si deliberadamente intentara contener las palabras—. O hacer que lo despidan.
Asiento con comprensión e intento mantener mi rostro libre de reacción. Hay un reglamento estricto de no fraternización en nuestra universidad. El Prof. McCarty fácilmente podría perder su empleo por follar a una estudiante. Y aunque tiene sentido que exista, dudo que aplique para Rose y Emmett. Rose es una mujer adulta, y lo que sea que haya podido pasar entre ellos, sé que ella lo hizo voluntariamente.
—Él no será despedido por un romance de verano, Rose. Nadie lo sabrá. Yo no diré nada. Y a nadie de aquí le importa.
—No es un romance de verano, Bella. —Ella parece molesta conmigo, como si debería haberme dado cuenta de esto—. Ha estado pasando por más de un año.
—¡¿Qué?! —Me pongo de pie, girando hacia ella.
Intento buscar en mi memoria alguna señal o algo sobre sus interacciones que no sean normales, que hayan sobresalido. Hubo varias veces donde recuerdo haber atrapado al Prof. McCarty observando con anhelo a Rose, no necesariamente de una manera no profesional, pero quizás hubo algo allí. Aunque de nuevo, Rose parece tener siempre ese efecto en las personas.
—¡Oh, vamos, tenías que saberlo! —Rose se sienta en la cama, observándome—. ¡Coqueteaba con él todo el tiempo!
—¡Tú coqueteas con muchas personas! —Y todos le siguen el coqueteo, todos menos el Prof. McCarty.
Ella se ríe a carcajadas, tomando una almohada y golpeándome con ella.
—Le costó un año ceder —confiesa, orgullosamente.
—Hemos estado ocultándolo todo este tiempo, Bella. —Abraza la almohada contra ella—. Cada vez que he vuelto a casa sin ti. Cada conferencia a la que él ha ido solo. Hemos estado juntos.
—Cielos... —Mis manos están en mi cabeza mientras me doy cuenta lo que ha estado sucediendo bajo mis narices. ¿Cómo he podido ser tan poco observadora?
—Estoy enamorada de él. —Cuando sus ojos se llenan de lágrimas, mis sospechas se elevan.
—¿Qué pasó ese primer domingo? —Me siento a su lado en la cama, envolviendo su hombro con un brazo—. Estabas devastada, y luego no se hablaron durante toda una semana.
—Él trató de terminarlo. Dijo que estaba volviéndose muy difícil fingir que no estamos juntos. —Se sorbe la nariz, mirándose las manos.
—¿Y ahora qué? ¿Cambió de parecer? ¿El último domingo, para la fiesta?
Rose asiente, secándome las lágrimas.
—Él dijo que me ama. Y que encontraremos una solución.
—De acuerdo —digo, tomándome un segundo para pensar—. ¿Y eso está bien?
Ella toma aire profundo, recomponiendo su rostro y asintiéndome con una sonrisa.
—¿Entonces qué pasa cuando volvamos? Sigues siendo su estudiante.
—Encontraremos una solución. —Se pone de pie, arreglando su vestido, lo cual es una indirecta para que lo suelte.
—No puedo creer que no me lo dijeras, ¡que lo hayas mantenido un secreto todo este tiempo!
—Honestamente, pensé que lo sabías, pero que eras demasiado santurrona como para siquiera mencionarlo. —Camina hacia el espejo y se seca las lágrimas, arreglando su maquillaje.
—Oye, yo rompo las reglas —digo desde la cama.
—Ja, ja. Está bien, Bella.
—Quizás me encontraré un profesor cuando volvamos a casa.
—¿Qué hay de Surfie? —Voltea para mirarme por encima de su hombro, sus cejas alzadas.
—No lo sé —bufo, levantándome de la cama también—. Él huyo de mí de nuevo hoy.
—Quizás está esperando a que tú des el primer paso. Quiero decir, estamos en el siglo 21.
—Realmente dudo que sea eso. —Me acerco a ella, mirándome en el espejo—. Creo que él le tiene fobia a los gérmenes.
—Bella... —Se ríe, sacudiendo la cabeza.
—¡No lo sé entonces!
—¿Le dijiste que ya dormiste en su cama? —Voltea para mirarme, abriendo un brillo labial y tomando mi barbilla.
—No...
—¡Cielos, Bella! —Desliza el brillo en mis labios con un suspiro—. ¿Quizás comienza por eso?
—Él no lo recuerda, y es... vergonzoso... No lo sé... —Me encojo de hombros cuando ella se aleja de mí.
—Tienes que decirle. —Toma nuestras carteras, me tiende la mía, y se dirige hacia la puerta—. Esta noche.
—Ni siquiera sé si ella estará allí. —Cruzo mi cartera sobre mi hombro, y la sigo hasta que cruzamos la puerta.
—Oh, confía en mí. Él estará allí.
~BW~
La playa está llena cuando el Prof. McCarty, Rose, y yo llegamos a la fogata. Varias personas están bailando, y el bar está abarrotado. Decidimos pedir unos tragos primero, y Emmett los busca para nosotros tres. Bebo el mío en tragos grandes, tratando de evitar sentirme como el mal tercio.
Parece que todos y sus madres están aquí. Incluso veo a Sue, en una mesa, en lo que parece ser un juego serio de domino. También se está jugando un partido de fútbol, donde localizo a Leah, Jacob, y Seth.
No hay señales de Edward. Por supuesto.
Un trago después, y miro hacia el otro bar, donde lo conocí en mi primera noche aquí, pero está oscuro y desolado. Al principio, creo verlo, sentado en el rincón del bar, encorvado, apoyado sobre sus codos. Pero debe ser una ilusión porque cuando vuelvo a mirar, él no se encuentra allí.
Dos tragos después, y ahora hay un grupo de personas alrededor de la fogata, e incluso aunque nadie está tocando la guitarra esta noche, puedo verlo. Puedo ver. La imagen de él, tocando la guitarra junto a la fogata, ardiendo en mi memoria. Casi puedo sentir sus ojos sobre mí. Casi puedo escuchar la canción. Pero de nuevo, es solo mi cerebro, engañándome.
Tres tragos después, y miro por encima de mi hombro hacia la playa, y el tronco donde lo encontré la otra noche, todo lastimado de lo que sea que estuviera haciendo cuando desapareció la última vez. Cuando él me dijo que no deberíamos ser amigos. Casi puedo verlo allí también. Sentado, fumando marihuana. Casi puedo sentirlo, mirando por encima de su hombro, directamente a mí. Pero no hay nadie allí.
Después de cuatro tragos, estoy cansada de mirar a Emmett y a Rosalie intercambiar miradas apasionadas mientras que mi cerebro enfermo pinta ilusiones ópticas de Edward por toda la playa.
Me bajo del taburete, sintiéndome un poco mareada, y me acerco hacia el partido de fútbol, donde Leah abiertamente humilla a Jacob y Seth. La aliento, silbando entre mis dedos.
De camino a los baños, no puedo dejar de sentir que alguien me está observando. Mis ojos estudian a la distancia, detrás de las palmeras, pero no hay nadie a la vista.
La bombilla afuera del baño, donde se encuentran los lavabos y los espejos, se deben haber quemado mientras estaba allí adentro, porque está completamente oscuro cuando salgo.
Me lavo las manos en la oscuridad, tratando de echar un vistazo a mi reflejo en el espejo.
Es entonces que lo veo, sonriéndome a través del espejo.
—Hola, muñeca.
Al principio, estoy sorprendida, sabiendo que posiblemente esté borracha y aquí en la oscuridad con su figura oscura, pero entonces los rasgos en su rostro se aclaran —los ojos azules, cabello rubio atado en una coleta— lo reconozco.
James, el tipo espeluznante que estaba tirando los perros a Rosalie en nuestro primer fin de semana aquí.
—Disculpa —digo, tratando de pasar por su lado después de voltear a verlo, pero él se mueve y levanta un brazo para bloquearme.
Siento pánico, la adrenalina me espabila, mientras discretamente busco mi cartera, esperando que el gas pimienta siga allí. Mi mano tiembla mientras intento revolver dentro de ella, aún en el lavabo, esperando pasar desapercibido, mis dedos suavemente rozando la solapa tejida.
Antes de poder abrir la solapa, él cierra una mano alrededor de mi muñeca, sujetándome al lavabo.
—No me toques —digo entre dientes, sintiendo asco de sus dedos, mientras su mano asciende por mi brazo—. Gritaré.
La mano de James aferra mi mandíbula, bloqueando mi rostro en el lugar, mientras se inclina, su aliento apestando a alcohol.
—Apuesto a que tienes un grito chillón. No puedo esperar a escucharlo —me susurra al oído.
—¡Apártate de mí! —Intento zafarme de su agarre y levantar mi rodilla con fuerza, pero él se aparta así no logro lastimarlo.
—Mmm... con carácter, me gusta eso.
El grito se me atasca en la garganta y solo sale un gemido cuando él presiona su rostro contra mi cuello, inclinando mi cabeza hacia atrás. Siento su aliento contra mi piel, un temblor recorriendo mi espalda ante su proximidad.
—Arruinaste mi diversión con tu amiga el otro día, muñeca, así que ahora tendré que divertirme contigo.
—¡Suéltame! —Empujo su pecho en vano, él es el doble de mi tamaño.
Continúo luchando, golpeándolo con mis puños cerrados, tratando de embocar en los lugares sensibles que Charlie me enseñó. Estoy a punto de ir por la nariz, cuando de repente su cuerpo es apartado de mí, y escucho su espalda estrellarse contra la pared de ladrillos. Giro para ver al cuerpo de James sujetado a la pared, con un antebrazo presionando su cuello, manteniéndolo atrapado.
El antebrazo de Edward. Él está aquí.
—Creo que ella fue bastante clara —dice Edward debajo de su aliento, conteniendo a James. Mientras que James es más musculoso, Edward es más alto y usa su altura como ventaja para sujetarlo.
Edward me mira entonces, buscando mi rostro. Su gorra al revés. Su cabello escapándose de esta.
—¿Estás bien?
Solo logro asentir.
—¡¿Qué mierda, Cullen?! —James empuja a Edward con fuerza, ambas manos sobre el pecho de Edward, apartándolo—. Oh, he estado esperando a tener una oportunidad de hacerte mierda, perra. ¡Vamos!
—No pelearé contigo, James —dice Edward en un tono tranquilo, pero sus jadeos y su nariz dilatada me hacen pensar que está todo menos tranquilo—. Pero no la tocarás de nuevo.
—Veremos eso después de que termine contigo. —James comienza a dar vueltas frente a Edward, quien se ubica entre James y yo.
Edward mira por encima de su hombro, a mí.
—Bella, vete.
—¿Qué? —De ninguna manera lo dejaré aquí para pelear con James. Busco dentro de mi cartera, y el valentía sale de mí inesperadamente, y cuando James se lanza hacia Edward, vacío la lata de gas pimienta en sus ojos.
—¡Mierda! —Casi instantáneamente, James se dobla de dolor y cae al suelo, retorciéndose frente a nosotros con sus manos en su rostro.
Parece que también le rocié un poco a Edward, y él se inclina frente a mí, jalando del cuello de su camiseta sobre sus ojos.
—Mierda... —Lo arrastro hacia el lavabo, abriendo el grifo, y suavemente vertiendo agua sobre su rostro—. Lo siento. Lo siento. Lo siento.
—¿Estás bien? —le pregunto, y él asiente con un gruñido, juntando agua en sus manos y llevándola a sus ojos.
Mis ojos arden un poco también, por lo que vierto agua sobre mi rostro, mientras James llora de dolor en el suelo. Una parte de mí se siente mal por él, pero la otra está eufórica.
Una hija de un policía, después de todo. Charlie estaría tan orgulloso.
—¡Qué demonios, Bella! —Edward se ríe-llora desde el lavabo, aún vertiendo agua en su rostro—. ¿Por qué tienes gas pimienta contigo?
—Mi papá es policía. —Me río, sintiéndome en las nubes—. ¿No lo sé?
—Cielos... —Edward inhala, sus manos aferradas al lavabo, pero cuando me mira, con ojos entrecerrados y rojos, también está sonriendo—. ¿Estás bien?
—Sí —digo con una risa sin aliento, mis emociones por todos lados.
—Bien. ¡Mierda! —Se endereza, jalando del borde de su camiseta para secar su rostro. Parpadea varias veces, deslizando sus dedos por debajo de sus ojos, mientras James gruñe detrás nuestro.
—¿Qué hacemos con él? —Señalo a James, mis ojos aún en Edward.
Edward parece pensar en ello brevemente, observando a James antes de voltear hacia mí.
—¿Puedes buscar a Jacob? Él sabrá qué hacer. —Edward da un paso en mi dirección, sus dedos agitándose como si fuera a tocarme antes de cambiar de parecer—. ¿Estás segura de que estás bien?
—Lo estoy. Gracias. —Doy un paso más cerca a él—. ¿Cómo supiste que me encontrarías aquí?
—No lo sabía. Yo...
James comienza a retorcerse de nuevo, soltando obscenidades.
—De acuerdo... Primero Jacob —digo y entonces corro.
Estoy volando, la adrenalina corre dentro de mí. Encuentro a Rose y a Emmett primero, quienes lucen preocupados cuando les cuento. Entonces corro en busca de Jacob, que sigue jugando al fútbol. Le cuento lo que sucedió mientras nos apresuramos hacia los baños, donde Edward ahora tiene a James de pie, sosteniendo sus brazos tras su espalda.
Jacob llama a la policía local, y lleno un informe. Edward permanece a mi lado todo el tiempo. Él apoya mi versión de los hechos y me ayuda a traducir cuando no sé cómo decir algo. Él se tensa cada vez más mientras describo lo que pasó antes que él llegara.
Todos estamos de vuelta en la playa después que la policía se lleva arrestado a James, y todos vuelven a sus actividades previas, excepto por Rose, Emmett, y Edward que se quedan conmigo.
Espero que esta sea la última vez que veamos a James.
No sé si estoy en shock, o si sigo un poco ebria, pero me siento bien. Contenta incluso. Que Edward esté aquí, que él de alguna manera supo dónde encontrarme, pero lo que más me pone feliz es que, al final del día, yo me defendí de James.
—¿Quieres volver a la cabaña? —Rose me pregunta, con una mano en mi hombro.
—Estoy bien —digo, por centésima vez se siente—. Podemos quedarnos un rato más.
No es tan tarde, y quiero quedarme, pero todo depende, por supuesto, del hombre parado incómodamente en silencio a mi lado.
—¿Te quedas? —le pregunto sin rodeos, y él me arquea una ceja.
—No lo sé. —Su tono es suave, igualando a sus ojos.
—¿Quizás podemos caminar para aclarar nuestras mentes? —sugiero valientemente, aprovechando mi oportunidad.
—¿Quieres ir a caminar?
—Sí. Contigo. —Él está aquí ahora; vino a la fogata y me ayudó a lidiar con James. Si él cree que lo dejaré huir de mí de nuevo sin una pelea, entonces le espera una sorpresa.
—Okey. —Asiente, sorprendiéndome.
—Okey. —Siento mis mejillas arder y mis labios se estiran en una sonrisa que es solo para él. Tenemos la noche por delante, y la promesa de pasar tiempo con él de nuevo hace que mi corazón lata más rápido. No sé qué quiere decir que él esté aquí, pero no puedo esperar a descubrirlo.
