Disclaimer: los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es RMacaroni, yo solo traduzco con su permiso.
Disclaimer: The following story is not mine, it belongs to RMacaroni. I'm only translating with her permission. ¡Gracias, Ronnie, te adoro! ❤️
Capítulo 14
El Balde de Agua Fría
Edward y yo caminamos en silencio hacia las cabañas, mi mano en la suya y nuestros dedos enlazados. Cada tanto, su pulgar frota círculos en mi palma, pero rápidamente se detiene, como si él estuviera teniendo una batalla interior consigo mismo.
Cuando entramos al patio del centro de investigación, él suspira, y volteo a mirarlo, una sensación de temor creciendo en mi estómago. Él parece distante, como si su mente estuviera a miles de kilómetros, sus hombros tensos, su mandíbula apretada.
—¿En qué estás pensando? —Finalmente junto el valor para preguntar.
Él gira hacia mí, la farola junto a la verja brillando sobre nosotros, iluminando sus rasgos, sus ojos, y su pecho desnudo.
—¿Honestamente? —pregunta, e intento concentrarme.
—Sí.
Él estira una mano hacia mi mejilla y entonces aparta un poco de mi cabello por detrás de mi oreja. Su mano permanece cerca de mi rostro, sus dedos rozando mi piel. La sacudida de su cabeza es mínima, pero está allí, cuando da un paso hacia atrás, soltando mi rostro y mi mano de inmediato.
—James —dice, su rostro contraído con culpa.
—¿Qué? —Frunzo mi nariz, haciendo una mueca—. ¡¿En eso estabas pensando?!
Él se ríe por la nariz cuando ve mi expresión pero recompone su rostro rápidamente.
—Solo... quiero hablar con Jacob, y si estás de acuerdo, con tu jefe también. Creo que la seguridad en la playa debería ser incrementada porque dudo que JAmes esté encerrado por mucho tiempo, si acaso.
—¿Crees que él se vengará de mí? —Miro a nuestro alrededor con paranoia, echando un vistazo al guardia de seguridad, quien se encuentra sentado en la silla de la entrada al centro, dormido.
—Espero que no. —Se rasca la parte trasera de su cuello, su expresión adolorida cuando nota la expresión en mi rostro—. No fue mi intención asustarte, pero solo tendría cuidado. —Juega con su gorra, pasándose los dedos por el cabello—. Solo como una precaución extra. Las cosas están tensas entre los cazadores y los ecologistas, y a James le gusta buscar problemas. Solo no quiero que tú, o tu amiga, queden atrapadas en eso.
—Entonces, ¿piensas que no estamos seguras aquí? —Juego con mis manos, extrañando la seguridad de sus dedos enlazados con los míos.
—Sí, lo están. En gran parte —se retracta—. Solo no salgas a caminar sola por la noche o algo así. —Me da una sonrisa suave, su tono juguetón con esperanza de tranquilizarme, supongo—. O trae tu gas pimienta si lo haces. —Voltea en dirección a mi cabaña, y seguimos con nuestra caminata.
—¿Qué hay sobre nuestras sesiones nocturnas de vigilancia durante el período de anidación? —pregunto junto a él, mi cerebro repasando todas las actividades diferentes para mi proyecto—. Eso comenzará pronto.
—Lo sé —él dice con confianza, recordando nuestra conversación cuando le conté sobre mi investigación—. Pero, no estarás sola para eso, ¿cierto?
Llegamos a mi cabaña y volteo hacia él juguetonamente, poniéndome frente a él, los escalones de mi porche detrás de mí.
—¿Te estás ofreciendo a mantenerme compañía? —pregunto en broma, bajando la mirada.
—Bella, lo digo en serio.
—Yo también. Podrías venir con nosotros. No sería raro. Siempre estamos buscando voluntarios. Para nuestras vigilancias nocturnas, las salidas en barco —enumero—. Tendremos una mañana, de hecho, podría...
—Bella, no es eso. —Se pasa una mano por su rostro con exasperación.
—¿O planeas desaparecer de nuevo? —Las palabras salen de mi boca antes que pueda evitarlo, porque es lo que he estado temiendo toda la noche, que algo será demasiado y él desaparecerá.
—No iré a ninguna parte —dice, dando un paso contradictorio lejos de mí—. Pero aún pienso que no deberíamos...
—No me des el discurso «No quiero ser amigos», Edward. Porque, noticias de último momento, no creo que quiera ser tu amiga tampoco. —Me cruzo de brazos, sintiendo la ira. Quizás solo estoy cansada y frustrada. Es tarde, he bebido un poco, y ha sido una noche larga.
O quizás simplemente estoy harta de sus idas y vueltas y señales confusas.
—¿Entonces qué quieres de mí? —Respira fuerte por la nariz, observando sus pies.
—¿Honestamente? —Le lanzo sus palabras de vuelta pero no espero a que realmente me responda. Solo porque temo que no querrá escucharlas. Que él me dirá que no quiere hacerlo—. Solo quiero llegar a conocerte. —Doy un paso más cerca de él, sorprendida cuando él no se aparta—. Ver adónde va esto. —La manera en que su respiración se atora en su garganta me hace sentir como si estoy al borde de sus límites—. No tiene que ser algo importante.
—Bella, no puedo. —Su voz sale en un susurro torturado, mientras que su rostro sigue agachado.
—¿Por qué no? —Mis dedos ansían tocarlo, abrazarlo, colocar mi mano en su rostro de nuevo así él puede sentir algo.
—Ya te lo dije, ¿de acuerdo? —Finalmente me mira. Su voz ligeramente más fuerte y sus ojos bien abiertos—. Soy un fantasma. Estoy en tiempo prestado. No debería estar aquí.
—¿Qué quiere decir eso? —Mi frustración me pasa factura, mis manos golpeando mis costados—. ¿Estás enfermo? ¿Estás muriendo?¿Qué es?
—Bella...
—No. Por favor, dime. Porque simplemente no lo entiendo. Si no quieres nada que ver conmigo, está bien. Pero entonces no vengas a buscarme en la fogata. No me lleves a almorzar. No me des esperanzas.
—Eso no es lo que estoy haciendo. —Suspira. Su mano se eleva antes de dejarla caer—. Eso no es lo que quiero hacer. Pero...
—¿Entonces qué estás haciendo aquí? ¿Por qué me estabas buscando?
—Esa es una excelente pregunta. —El sarcasmo en su tono no me tranquiliza en absoluto; si acaso, me enfada aún más.
—¿Por qué quieres hablar con Jake y con Emmett sobre la seguridad?
—Solo quiero que estés segura. —Su mirada no revela nada. Él mantiene su tono suave y controlado.
—¿Por qué? ¿Por qué te importa?
—Vamos, Bella... —Gruñe, pellizcándose el puente de la nariz.
—No. Dices que no quieres ser amigos. Lo has dejado claro que no quieres nada más conmigo.
—Jamás dije que no quería ser amigos... o más... dije que no deberíamos.
—¡Para con la mierda confusa, Edward! —Mi tono lo pone nervioso, pero no me retracto—. ¿Dices eso y entonces apareces en la playa buscándome? Todo alto y taciturno y hermoso y bronceado. Y eres gracioso, y encantador, y sostienes mi mano y... Simplemente no sé qué hacer conmigo misma o cómo interpretar todo eso.
Cuando un temblor recorre mi cuerpo, maldigo por debajo de mi aliento, envolviendo mis brazos alrededor de mi torso, aún con la camiseta mojada de Edward.
—Creo que deberías entrar —dice él suavemente, su rostro ahora libre de emoción, me está dejando afuera—. Es tarde. Tienes frío, y estás mojada.
Su rostro ahora compuesto, su cambio de conducta, se siente como un balde de agua fría siendo vertido sobre mi cabeza. Y no puedo creer que después de la noche que compartimos, él aún así huirá de mí.
—Edward, vamos. —De repente, mi garganta se cierra con emoción; por él, por esta noche, por sentir que esto está a punto de terminar incluso antes que comience.
—Confía en mí, no quieres nada conmigo —dice entre dientes, sus palabras frías.
—¿Realmente quieres que me vaya? —No puedo creer que mis ojos se llenen de lágrimas cuando todo me pasa factura.
—No. —Le lleva un tiempo poder decir las palabras, pero entonces sus ojos se cierran con un gesto de dolor—. No, pero realmente necesito que lo hagas.
Lo observo por un segundo mientras las lágrimas siguen acumulándose en mis ojos, pero antes que puedan caer o él pueda notarlo, le doy la espalda, y esta vez soy yo la que huye.
Marcho hacia mi cabaña, azotando la puerta detrás de mí sin voltear a mirarlo.
¿Por qué siquiera estoy llorando? Se supone que esto sería insignificante. Divertido. Bueno, es todo menos eso.
Mi atuendo para la noche, aún arrugado en mis manos, es lanzado a la cama de Rose con un gruñido. Me deshago de su camiseta mojada y de mi ropa interior, reemplazándola con bragas de algodón y la sudadera de Edward, porque al diablo con él, me la quedaré. Ni siquiera me molesto con un sostén, recojo mi cabello en la coleta más desarreglada.
A la mierda con esto.
A la mierda los hombres.
Especialmente surfistas deliciosamente torturados que no quieren nada que ver conmigo.
Me acerco al espejo, tomando el estuche de los lentes de contacto y quitando los malditos de mis ojos.
Estoy harta.
Harta de fingir ser alguien que no soy.
Harta de perseguirlo.
Seco mis lágrimas y fulmino con la mirada hacia las cortinas de la ventana, en su dirección o dónde sea que se encuentre. Cuando eso no se siente suficiente, le muestro mi dedo del medio, con ambas manos.
Doy vueltas por mi cuarto, puños cerrados a mis costados, recordando nuestra noche y cómo posiblemente pudo haber terminado de esta manera, después de la playa brillante, después de flotar juntos, después de todo.
Estoy lista para marchar afuera y encontrarlo y decirle una cosa o dos, cuando mi teléfono comienza a sonar en mi mesa de noche, con una videollamada de Charlie. Es tarde para él, pero entonces recuerdo que se suponía que hablaríamos esta noche, ya que estaré sin señal o WiFi durante toda la próxima semana. Debato en contestarle o no, temiendo no ser capaz de ocultarle los eventos de esta noche.
No quiero que él se preocupe, y probablemente tenga otras llamadas perdidas de él, por lo que tomo el teléfono en mis manos. Su rostro apareciendo en mi pantalla ya me hace sentir mejor, más segura.
—Hola, papá. —Mantengo mi tono suave, o al menos eso creo, pero ni bien me ve, él frunce el ceño.
—¿Qué pasa? —Entrecierra los ojos, acercando su rostro aún más.
—Estoy... Está bien, ¿de acuerdo? —digo rápidamente. Demasiado rápido—. No te preocupes.
—Bella...
Entonces, le cuento sobre James y el gas pimienta y todo lo que sucedió. Una versión suprimida, de todos modos. Él sigue preocupado. Maldice. Hace muchas preguntas.
Después de un rato, y una vez que le he contado todo lo que él quería saber, está en silencio—procesándolo.
—¿Me pausaste? —pregunto cuando mi pantalla se congela mientras sigo escuchando el ruido de fondo de su televisor.
—Sí...
—¿Qué estás haciendo?
—Reservando mi vuelo a Costa Rica, obviamente.
—Papá...
—Bueno, Bella... —dice él, volviendo a la pantalla—. Por la manera en que lo describiste, me hace querer verlo con mis propios ojos. ¿Y quién sabe? ¿Quizás pueda hacer mierda a un cabrón o dos?
—¡Papá!
Él se ríe sinceramente y me relajo.
—Está bien. Lo prometo —digo, intentando sonar convincente—. El Prof. McCarty dijo que la seguridad en la playa sería incrementada, y Jake, el ecologista a cargo de aquí, dice que estará bien.
—¿Jake, dices? —Menea sus cejas juguetonamente, pero puedo ver que intenta tranquilizarme; él sigue tenso—. ¿Un chico tortuga?
—Sí, el que está en una relación seria. —Le doy a Charlie una sonrisa y él sacude su cabeza.
—¿Mmm? Qué lástima.
Charlie entonces habla un poco más sobre seguridad y defensa personal y sobre encontrar la manera de enviarme más gas pimienta. Brevemente menciono a Edward, pero solo en relación a James y haberle rociado a él. Al menos Charlie cree que es gracioso. Nos reímos por un rato hasta que él no parece tan preocupado y finalmente lo suelta. Sin comprar billetes.
No le digo nada más sobre Edward, porque no quiero tener que pensar en él más de lo que realmente tengo, y entonces Charlie y yo colgamos. Apago las luces y me escondo debajo de mis mantas, donde me muevo de un lado al otro hasta que llega la mañana.
