Hey!
Día 10! en 16! XD ejem, sí...
#Drunk Confession
En fin, síganme en el viaje y finjamos que esto es fluff y una confesión de Adora estando borracha.
Enjoy!(?)
Capítulo Único
"Idiota"
Catra todavía podía sentir como se le erizaba el pelaje completo al recordar a She-ra totalmente vuelta loca, con una mirada que jamás pensó que su vieja amiga podría generar.
Además del azul de sus ojos perdidos en el rojo de la infección. Ya no era más su amiga, ni siquiera era She-ra, era una máquina de matar, que no reconocía de amigos ni enemigos.
Con la debida seguridad y distancia, ésta She-ra infectada sería la perdición de la Rebelión y de toda Etheria. Muy en el fondo, sabía que también era su llave final para deshacerse de Hordak y de Shadow Weaber. Y ahora ¿Dónde estaba Scorpia? Necesitaba hacer todo un nuevo plan y no podía esperar. Pero no podía dejar sola a Adora, aunque ella tuviera la espada, Entrapta no sabía explicar cuáles eran los efectos en Adora.
Un sonido hizo que las orejas de Catra se movieran hacia su procedencia y con los nervios todavía a flor de piel, Catra saltó esquivando a Adora. Tenía que poner más atención, no la había escuchado levantarse, ni moverse hasta que la tenía prácticamente encima. Anotó que la Adora normal jamás la atacaría por la espalda, pero está Adora también podría estar afectada igual que She-ra. Y justo eso estaba pensando, cuando sin previo aviso, Adora de nuevo arremetió en silencio hacia ella, y cuando volvió a esquivarla, un sonido de frustración salió de los labios de la rubia para volver intentar atraparla.
Catra se sorprendía de su inusitada agilidad. Por lo regular Adora era más lenta, pero ahora giraba sobre sí misma sin perder el tiempo, casi descuidadamente. Hasta que en el cuarto intento, la atrapó a medio salto, de los muslos y las dos cayeron. Catra se retorció fieramente unos segundos hasta que escuchó las risas tontas de Adora.
—¡Te atrape, deja de arañarme!— Le decía sin dejar de reírse.
—¿Qué te pasa, Adora?—
—Siempre has sido tan escurridiza...— Una sonrisa enternecida sacó de sus pensamientos a Catra, ésta no era una Adora intentando capturarla o matarla. Tenía mucho tiempo de ver un semblante tan dulce o siquiera amigable en el rostro de su ex amiga —¡Estás muy suavecita! Oh… No eres tú… ¡Quítatelo!— Y le empezó a intentar sacar la chamarra semisentandose sobre la gata, que seguía sin entender lo que estaba pasando.
Dentro de las instalaciones no hacía mucho frío, pero seguía sin gustarle. Estaba tan pasmada, que no encontró qué objetar. Adora logró desabrocharle la chamarra y ahora iba por las mangas. Catra al fin reaccionó y se la sacó de encima con una patada y un movimiento de caderas.
Adora se sostuvo de las solapas de la chamarra y se volvió a reír estúpidamente. Por la fuerza de su propio movimiento, Catra quedo ahora encima de Adora. Era una posición natural para ellas. Catra le saltaba encima todo el tiempo antes de que la rubia decidiera que su tiempo valía más la pena con un puñado de princesas. Al menos ahora Catra se sentía un poco más en terreno firme, aunque sin comprender todavía lo que estaba pasando. Parecía que el disco de los Primeros que volvía a She-ra un arma sin control, le quitaba también ese control a Adora.
La rubia la miró desde abajo con cierta divertida arrogancia y Catra se sonrojó sin saber por qué.
—¿A qué demonios estás jugando, Adora?—
—¡Quiero sentir tu pelaje! Es tan suavecito… Me encanta como se siente entre mis dedos— Y con ambas manos, sostuvo las mejillas de Catra y empezó a acariciar desde su cuello hasta el nacimiento de las orejas. La gata seguía tan pasmada, que rápidamente se derritió en las caricias tan familiares y añoradas. —Eres tan bonita— Ante las nuevas palabras, el dolor de la herida se reavivó y azotó lejos las manos de la rubia.
—¡Deja de jugar, Adora! Ahora haré que tú y tus amigos rebeldes paguen todo lo que me han hecho—
—Pero solo quiero sentir tu pelaje— Adora hizo un puchero y casi empezaba a llorar. —Glimmer quiere golpearte, pero yo solo quiero acariciarte— Intentó llevar de nuevo sus manos hasta las orejas de Catra, que otra vez era presa de la sorpresa ante las palabras de Adora.
—Déjame en paz, Adora ¿Qué demonios te pasa?—
—¡Te extraño! ¡Te quiero abrazar!— Y la rubia demostró su fuerza al lanzarse aún sentada sobre Catra, quien se resistió y las hizo acabar en el suelo.
Catra giró hasta quedar boca abajo y empezó a reptar, pero Adora se le pegaba como una sanguijuela, se agarró de la chamarra, y entre gruñidos y jadeos, Catra prefirió perder la chamarra para arrastrarse fuera del alcance de Adora, que se enrrolló sobre sí misma en el suelo con la chamarra, frotando su cara contra el esponjoso forro interior, que olía y se sentía casi como Catra. La gata tuvo celos de la tonta chamarra y siseó.
—NO. Adora! aagh! ¿Qué está pasando?¡Entrapta!—
—Ah. Este es el tipo de comportamiento errante que presentó Adora la última vez en mi castillo—
—¡Ah! ¿De dónde demonios saliste? ¿Ya sabías que Adora se iba a poner así?—
—En general, sí. Poca coordinación física, cierta dificultad para articular ideas complejas, repentinos y agudos ataques de sueño. En lo particular, no. Ella no quería abrazar y acurrucarse con Glimmer, ni conmigo, lo que quería era destruir a los robots que nos estaban atacando, pero como dije, no tenía ninguna coordinación o idea fija—
Efectivamente, Adora ya estaba dormida sobre la chamarra de Catra, abrazándola y usándola de almohada al mismo tiempo.
—Necesito que lo arregles—
—Si me das la espada puedo correr algunos análisis y ver si es susceptible de mejoras el estado de Adora y el de She-ra—
—Bien— Catra le entregó la espada que traía en la mano todavía y se quedó vigilando a Adora —¿Dónde fue Scorpia?—
—Fue a preparar el chocolate—
—No puede ser...— Trató de no sacarse los ojos —Apurate con esos análisis, no quiero que las princesas nos sorprendan sin estar preparadas—
—A la orden, jefa— Y Entrapta le guiñó el ojo, porque así era como le llamaba Scorpia.
Una vez que Entrapta se alejó a donde estaban todos sus equipos preparados y Catra vio como ponía la espada en un pedestal y le conectaba unos cables para empezar a analizarla, agachó la mirada a la Adora que roncaba ruidosamente en el suelo, sin enterarse de nada.
La gata sabía que los amigos de la rubia seguían afuera en la tormenta y que no se irían sin ella, así que necesitaban estar listas.
Jaló a Adora hasta donde estaban las pantallas que transmitían lo que las cámaras capturaban en el exterior y le amarró los brazos a la espalda. Al ver las manos, se sonrojó. Solo de recordar las caricias suaves de esas manos callosas, se derretía de nuevo.
¡Y le había dicho bonita! Esa no era una palabra usual en la zona del Terror, aunque entendía a lo que se refería. Debía ser un término común con las tontas princesas. ¿Acaso Adora pensaba que Brillitos era bonita, o la princesa acuática?
Escuchó una risa desmedida de Entrapta, por lo menos estaba segura que eso significaba que iba por algún camino interesante. Adora se retorció en su sueño y sus manos rozaron las de Catra. Decidió ya no hacerle caso y solamente se puso a monitorear y planear sus siguientes movimientos teniendo en cuenta a She-ra.
Cuando a los pocos minutos Adora se volvió a despertar, Catra logró mantenerla ocupada moviendo su cola de un lado a otro, mientras seguía pensando. El problema era que su mente no dejaba de desviarse a la rubia soporífera y bobalicona tras ella.
Scorpia ya estaba regresando cuando los elementales atacaron y la princesa de Luna Brillante se apareció dentro de sus instalaciones principales. La pelea fue dura y rápida. Catra no quería perder ninguna ventaja.
—¿Entrapta, lograste algo?—
—Creo que solo puedo lograr "apagar" a She-ra sin necesidad de quitarle la espada—
—Excelente—
Catra se acercó hasta el pedestal, y Adora, que seguía entretenida persiguiendo su cola, la siguió entre risas, divertida por el reto de atraparla sin poder usar las manos. Catra tomó la espada con la cola y se puso al lado de Adora.
—Es hora de que tus amigos sientan lo que yo sentí— Scorpia apenas mantenía a raya a uno de los elementales, mientras Bow, Glimmer y Seahawk se distraían con los otros dos.
—Ahora, pelearás por mí, princesa— Aún sosteniendo la espada con la cola, se inclinó con Adora y con las garras cortó las cuerdas de sus muñecas. Adora le tomó la mano antes de que la retirara y se la apretó cariñosamente.
—Te extraño, Catra— Le dijo suave y con una media sonrisa tonta. La gata no supo reaccionar —Eres tan mala… —
—Y vamos a ver cuánto, princesa— Sonrió segura de sí de nuevo —¿Quieres tu espada de vuelta?—
—No… A ti no te gusta She-ra— Adora se alejó de la espada con un puchero. Catra no se esperaba esa respuesta.
—Vamos, tómala—
—Pero… tú siempre te enojas cuando soy She-ra, no quiero que te enojes más conmigo—
—Entonces solo toma la tonta espada—
—¿No te enojarás?—
—No— Se estaba desesperando. Solo por Emily y Entrapta estaba logrando hablar tan tranquilamente como si no hubiera unos monstruos enormes peleando a su alrededor.
—¿Lo prometes?—
—Sí, Dora, lo prometo—
—Está bien, Gatita bonita— Y Adora se le echó encima en un abrazo brusco y torpe, pero tomando la espada.
—¡No, Catra! ¿Qué hiciste?— Le gritó Glimmer cuando al fin logró abrirse paso hasta la esquina donde estaban, pero muy tarde.
En cuanto Adora tomó la espada, un fulgor rojo la envolvió y se convirtió de nuevo en una mole furiosa e incontrolable.
Scorpia saltó junto a Catra y se la llevó lejos de She-ra, mientras Glimmer intentaba que no los mataran.
Todos se alejaron entre sí en cuanto vieron a She-ra atacar con malvado regocijo a los ciempiés elementales. Era una visión de brutal poder, y las únicas que parecían disfrutarlo eran Entrapta y Catra. Glimmer intentó una vez más acercarse a su amiga y hacerla razonar, pero solo una muy oportuna maniobra de Bow logró salvarla. She-ra golpeaba, pateaba, saltaba y embestía sin cansarse y los tres monstruos ya tenían piezas faltantes, un ojo sin funcionar, patas rotas y arrancadas.
She-ra saltó después de que un coletazo la mandara a volar y sostuvo la espada con ambas manos para de un solo undercut destrozar la cabeza del elemental. Las otras dos bestias se retiraron en medio de chillidos metálicos y chirridos de sus cuerpos semidestruidos.
La siguiente víctima de She-ra iba a ser Glimmer, que intentaba que la escuchara.
—¡Rápido, hay que tomar la espada!— Le gritó Catra a Scorpia, quien asintió y corrió junto con su oficial al mando hacia She-ra.
En un movimiento coordinado, Catra saltó sobre las tenazas de Scorpia, y ella la lanzó, Catra dio una vuelta en el aire, y pateó a She-ra en la espalda, para sorpresa de Glimmer. Bow usó una flecha de red para intentar apresar a la gata, pero Scorpia la cortó en el aire y la lanzó lejos. Catra logró patear lejos de la mano de She-ra la espada y Entrapta la tomó mientras usaba sus largas coletas para columpiarse entre la instalación. Scorpia arremetió contra Glimmer y Seahawk que había llegado como refuerzo.
La princesa Escorpión logró picar al pirata, echarse al hombro a una desmayada Adora y echar a correr, mientras Catra gruñía y peleaba contra Glimmer para abrirse paso hasta el transporte donde Entrapta ya la tendría que estar esperando.
Bow usó una flecha viscosa y logró parar a Scorpia, que cayó cuán larga y pesada era, lanzando a una feliz Adora por el suelo frío.
—Wiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii!— Catra gruñó, pero una parte de sí, la que la Adora inocente y feliz estaba tocando desde hace un rato, estaba despertando. Se estaba divirtiendo. Cada toque cariñoso de Adora, cada risa tonta, cada palabra amable, estaba trayendo sentimientos en ella, que sabía que existían, enfocados ahora desde el ángulo luminoso, no desde el derrotero oscuro que había estado siguiendo en espiral. Bow hasta pensó que ya estaba demasiado estresado cuando vio sonreír divertida a la gata después de que gruñera de exasperación al ver a Scorpia en el suelo y a Adora deslizarse sin problema.
Catra corrió hasta la princesa del poder, agitó la cola y Adora se levantó para intentar atraparla otra vez.
—Eso es, princesa, es hora de largarse de aquí—
Glimmer miraba sin creerlo como las dos viejas enemigas, estaban haciendo de su pelea mortal, un parque de juegos. Catra corría y saltaba lo suficiente solo para que Adora la pudiera seguir, y parecía ser para ella lo más sencillo y lógico del mundo seguir a la gata. Lo que Adora nunca les había contado a sus nuevos amigos, es que este era uno de los usuales juegos de Catra y ella de pequeñas, muy pequeñas, y Catra ya casi no lo recordaba.
—Adora, por favor, ¿qué estás haciendo?—
—¡Hola, Glimmer!— Le sonrió Adora mientras se alejaba —¡Jugando con Catra! ¿Quieres jugar también?—
—Lo siento, Brillitos. Pero no hay espacio para más princesas— Afuera la tormenta seguía resonando y Catra había perdido su chamarra.
—¡¿Qué tal un maestro arquero entonces?!—
—¡Y un experto y salvajemente bien parecido marino!—
Bow y Seahawk aparecieron volando con una cuerda, Bow logró sostener a Adora y Seahawk pateó lejos a Catra, que cayó pesadamente en el suelo ante la mirada atónita de la rubia y su semblante relajado y alegre vario en un segundo. Peleó contra Bow para soltarse y ante la sorpresa el arquero no logró retenerla. El pìrata intentó pararla y Adora derrapó y lo golpeo en la espinilla con el pie, y corrió hasta Catra y se puso a su lado, con toda la alegría fuera de su rostro, ahora solo una mueca molesta se veía.
—¿ADORA, QUE HACES?— Gritó Glimmer.
—Sí, Adora ¿Qué haces?—
—Viniendo por ti. Eres mía—
Todos se quedaron de piedra al escuchar las palabras de Adora, hasta Catra, que le estaba aceptando la ayuda para ponerse de pie.
—Nadie te va a hacer daño. Lo prometo— La puso detrás de sí misma. La cara de sorpresa de Catra era recreada en todas las demás.
—¡No sabes lo que estás diciendo! Todo esto es culpa de ese disco de los Primeros, no eres tú de verdad— Argumentó Glimmer acercándose hasta ellas con cuidado.
Adora parpadeó confundida un momento, tratando de hilvanar las ideas. Como nadie hacía nada más, se relajó y dejó que Glimmer se acercara bastante, para el gusto de Catra, que seguía desconcertada pese a todo.
—Pero yo me siento bien, Glimmer— Y se aventó para adelante y caer con descuido en los brazos de la princesa y reírse sin motivo aparente. Catra siseó y le gruñó a Glimmer. Adora solo acababa de decirle que era suya, y la tonta princesa tenía que venir a arruinarlo.
—Chispitas, me temo que no tenemos tiempo de quedarnos a jugar contigo. Adora, vámonos— Dijo casi gruñendo.
Adora se incorporó a medias en los brazos de la frustrada princesa y le sonrió a Catra, que agitaba a propósito la cola para llamar su atención. Sin esperar en realidad, empezó a avanzar y Adora la iba a seguir para sorpresa de todos, que se vieron entre sí pero Glimmer la retuvo.
—¡No, Adora! Ella es el enemigo. No tienes que ir con ella—
—Pero… Ella es cruel, pero es mi amiga— Dijo Adora en medio de un puchero.
La princesa no tuvo tiempo de seguir hablando porque Catra fue mandada a volar cuando del suelo entre ellas emergió otra vez uno de los ciempiés elementales, chirriando y crujiendo, pero mucho más enojado. Ahora todo su cuerpo estaba recubierto con las venas rojas del virus del disco.
Adora estiró su mano hacia la gata, que hizo maniobras en el aire para caer de pie. La cara de molestia volvió a salir, contra el insecto infectado y se abalanzó hasta él, cuando en un grito se detuvo sosteniendo su cabeza. En medio de un fulgor rojo se transformó en She-ra otra vez. Nadie entendía lo que estaba pasando, y Adora solo podía ver rojo.
En el transporte, Entrapta se estaba retorciendo los dedos porque había dejado que la espada y el disco entraran en contacto con la tecnología de los Primeros que había recolectado para Hordak y el disco rápidamente los había rapiñado como más energía para su infección.
She-ra, con los ojos rojos y furicos, los músculos reptando bajo la piel, cubierta de las mismas vainas y venas rojas que el elemental, se lanzó a atacarlo con las manos desnudas. Una sonrisa de fiero y maniaco gozo se puso en sus labios cuando el insecto se aplastó bajo sus puños sin mucha resistencia. La bestia, aún sin que los demás supieran si estaba viva o era alguna máquina de los Primeros, se retorcía en agonía, mientras su compañero también salía del suelo, arrasando con todo, intentando ayudar al otro.
Scorpia no lo pensó mucho y tomó a Seahawk y Bow para saltar lejos de la masacre. Glimmer corría entre el metal y la nieve tratando de evadir a los monstruos, en medio de una pelea entre titanes, que no pedían ni daban cuartel. Ahora contra dos bestias, cada cual la más enojada, She-ra tenía que tener cierto cuidado. Ya le habían abierto heridas en los brazos y las piernas, pero su gozo no decaía.
Catra había logrado esconderse tras unos escombros y veía pelear a She-ra, presa de un torbellino de emociones. Cuando la rubia saltaba y golpeaba, sus músculos se flexionaban con gran tensión, y por un momento, su cara dejaba traslucir el dolor que estaba sufriendo, para una vez dado el golpe, disfrutar la sensación. Scorpia llegó hasta ella, soltando a los otros dos.
—Catra, debemos destruir el disco, es lo único que puede parar a She-ra ahora. Ni siquiera tiene la espada y está furiosa— Le dijo Bow en un susurro apremiante, tratando de razonar.
—Estás loco si crees que voy a destruir lo único que me da control sobre Adora—
—¿Y esa es la Adora que quieres de vuelta?— Bow fue bastante asertivo.
Scorpia no disfrutaba nada de la situación, pero cuando vio el dolor y la duda en la cara de Catra, tuvo que intervenir. Por un momento, pudo entender la situación a un nuevo nivel.
—Gata salvaje, esto no es lo que quieres. Lo sé—
Un horrible alarido les avisó que She-ra había terminado de aplastar a uno de los insectos hasta la muerte. Y el otro apenas le podía plantar cara. Ya sin ningún brazo, solo le quedaba reptar y lanzarse directamente.
She-ra lo tomó de la cola y lo mandó a volar, y justo cuando iba a saltar para ir a terminarlo, Glimmer se le cruzó en el camino, tratando de pararla. Las vainas rojas crecían y entre cada paso, She-ra hacía una mueca de dolor, para regresar a la sonrisa de sádico placer. Miró con curiosidad un momento a la princesita frente a ella, como si intentara recordar algo.
Bow corrió y lanzó una flecha viscosa que empujó a Glimmer lejos del alcance del puño de She-ra, que volteó en su dirección y vio a Catra. Corrió hacia ellos y todos intentaron dispersarse.
Scorpia era rápida y fuerte, pero no era rival para esta She-ra sin ninguna contención. Solo sirvió para que She-ra se distrajera un segundo y mandara a volar a Scorpia. Entrapta estaba lidiando con sus computadoras y el control que había logrado crear para "apagar" a She-ra para ajustarlo al disco y poder apagarlo también sin romperlo.
She-ra tomó de un tobillo a Catra cuando ésta intentaba escapar.
Entrapta logró una configuración diferente, y las vainas rojas se replegaron un tanto y chilló emocionada, ahora con más confianza en lograr controlar al virus del disco.
She-ra se detuvo un momento y gimió cuando su cuerpo resplandeció rojo y sus músculos dejaron de tener tanta tensión y las vainas que salían de su armadura se replegaban y adelgazaban.
Tomó a Catra por el cuello y ella no podía safarse, aunque la estaba arañando al punto que de las grandes manos escurrían hilos de sangre.
Entrapta logró un nuevo avance según iba entendiendo el algoritmo del disco. Las vainas se replegaron más, y cambiaron a un azul oscuro. Todo estaba pasando muy rápido.
El cuerpo de la gran guerrera ya no parecía estar sufriendo ninguna tensión. Retenía a Catra en lo más alto y alejado de su cuerpo que podía con el brazo estirado. Catra intentaba arañarla y patearla sin éxito, porque She-ra ni se inmutaba. La gata empezaba a lucir desesperada. Bow lanza una flecha, buscando distraer a la guerrera, pero solo logró molestarla, que atrapara la flecha en el aire, y la lanzara de vuelta, haciendo que todos se replegaran de la explosión que siguió. Scorpia iba a intentar alcanzar a Catra, pero She-ra saltó lejos llevandose a la gata, unas decenas de metros, lo suficiente para estar solas, aunque seguían a la vista.
She-ra bajó a Catra un poco, quien se quedo quieta con las orejas encogidas y la cola latigueando. Su cara estaba contraída en una mueca de temor, esta She-ra no era su amiga, lo sabía y hace un rato la había intentado matar.
—Adora, espera, soy yo… Catra—
—Sé quién eres— Le respondió con una voz oscura y grave la guerrera —Y sé lo que quiero— Ahora Catra sí se congeló.
Entrapta gritó de emoción cuando logró la configuración final para controlar el disco, y las vainas azules en la tecnología de los primeros y en la espada se volvían mínimas, igual que poco a poco en She-ra.
La guerrera no hizo caso de las princesas corriendo hacia ella. Primero bajó a Catra solo lo suficiente para que se vieran directamente a los ojos y después se le acercó lentamente. Catra dejo de pensar cuando sintió los labios de She-ra sobre los suyos y dejo de luchar. Las vainas azules en la armadura desaparecieron, y también la guerrera. Adora reapareció en medio de un resplandor y ante la conmoción, cayó de espaldas al piso.
Por sus mejillas rodaban un par de lágrimas, el cuerpo le dolía y la cabeza también, pero el pecho le ardía ante toda la pelea que había presentado en su interior contra She-ra, a veces la había sentido como una entidad aparte, como el primer día que le presto su determinación y conocimiento de los poderes de la espada para el combate. Pero ahora esa ligera entidad había hurgado en su corazón y en sus recuerdos, los había mezclado con su nuevo entendimiento del mundo y había determinado lo que el alma de Adora anhelaba en verdad.
Catra había caído sobre ella y para mayor sorpresa de Adora, y todos quienes corrían hacia ella, tratando de salvar a la gata, Catra la siguió besando.
Cuando al fin se separaron, Catra no se bajó de ella y la miró profundamente.
—¿Esto es lo que quieres de verdad? ¿Fueron solo She-ra y el virus?—
Adora le regresó la mirada con la misma intensidad, le acarició la mejilla y al fin entendió.
—Te quiero a ti—
—Eres una idiota— Catra también le sonrió y volvió a besarla, ante la mandíbula batiente de Glimmer, los ojos enternecidos de Bow y el pirata y el corazón roto de Scorpia.
¿Me siguieron en el viaje, verdad?
Carpe Diem
