Una tarde tranquila en la academia se convertía en un deja vu para nuestro joven guerrero. Yang se encontraba sentado en el sofá del living con la mente vacía. Era lo mejor que podía estar en medio de las atribulados días. Aquella sanguinolenta escena no era más que un recuerdo que le quitó las noches de tranquilidad.
Estaba tan absorto en sus pensamientos que no se percató que había un objeto sobre la mesa. Era la llave de todas las respuestas. Danzaba frente a sus narices sin que el conejo tan siquiera se percatara de su presencia. Un brillo; un milagro; el conejo alzó la vista. Pudo verlo. Eran unas gafas. De marco negro, cuadrado y plástico. Casi sin aumento. Era prácticamente vidrio con plástico barato. Pero las conocía. Eran las gafas de la sabiduría infinita.
Le llamó la atención el tenerlas frente a él. ¿De dónde habían salido? La última vez recordaba haberlas regalado. ¿Quién las trajo de regreso? No se había dado cuenta de que se había puesto de pie y ya las tenía entre manos. Sabía lo que causaban. La sabiduría llegaría a fundir su débil cerebro. Se volvería un usuario digno de Twitter, con el ego incluido. Le tentaba tanto como que le repelía.
Finalmente se las puso.
Lo primero que descubrió fue que en realidad tenía muchas interrogantes en su cabeza. La primera de ellas era el porqué de esos sentimientos por su hermana. No eran naturales, por no decir escabrosos. Le había acabado la vida. Una tentación lasciva que la marcó para siempre. Todo por un poco de placer. ¿Por qué? Ahora le parecía tan irreal como antes de aquellos sueños…
¡Los sueños! Llegaron de la nada. Se aprovecharon de sus ardientes hormonas de adolescente. Lo atraparon en su punto débil, confrontándolo a imágenes que no quería ver. Pronto, pudo recordar el punto de partida de todo esto.
¡Las galletas! La tarde del día en que sufrió su primer sueño se había comido aquel paquete de galletas. En ese instante pudo comenzar a sospechar de estas. Aparecieron de la nada, al igual que las gafas. Tenían un empaque extraño, sin marca reconocible. Recordó el sabor a la perfección, al punto de poder listarlo sin problema. Así, descubrió el ingrediente preciso que desencadenó esta historia.
Luego, recordó que no era lo único que había aparecido de la nada. El libro de hechizos también saltó de improviso en su vida. Libro que solo en un momento en particular le enseñó las palabras precisas para violar a su hermana.
Todo era muy sospechoso. Era como si alguien pusiera los elementos en su vida en beneficio de una trama macabra. ¿Qué clase de alienígena jugaba con su destino?
