¡YAHOI! Pues nada, otro capítulo más. Me gustaría dejar entre hoy y mañana hasta el día 20 completados. A ver si puedo (y si cae alguno más, mejor; que queda poco para terminar el reto y quiero cumplirlo sí o sí xD).

Disclaimer: Naruto y sus personajes no me pertenecen, son propiedad de Masashi Kishimoto.

Prompt de hoy: ronroneo omega.

¡Espero que os guste!


18. Melodioso


Naruto llegó a su casa cansado, cabizbajo. Estaba mental y físicamente agotado. Todas las medidas y propuestas de ley que intentaban llevar a buen término eran frustradas de una u otra forma. Como si sus rivales fuesen un paso por delante de ellos. Tal vez era que el diablo es más sabio por viejo que por diablo, pero tampoco descartaba que hubiese alguien espiándolo.

Había mandado hacer una registro total y absoluto de sus oficinas y de su casa. Habían logrado encontrar varios micros y algunas cámaras, lo que desató el caos en la empresa. Ahora, Shikamaru y él estaban investigando minuciosamente a todos sus empleados, buscando a alguien que pudiese ser un topo. De momento no habían dado con ninguna pista sólida y aunque eso alegraba en parte a Naruto―de que ninguno de sus empleados le estuviese siendo desleal―también creaba un poso de incertidumbre, de ir dando palos de ciego cada vez que había una reunión o tenía que dar un comunicado importante.

Por eso a Shikamaru se le había ocurrido dar un comunicado falso. Algo lo suficientemente alarmante como para que despertara la avidez y la codicia del topo, pero no tan dañino que hiciese a la compañía zozobrar.

A Naruto no le gustaba para nada ese plan. En su opinión, no estaba bien mentir, ni siquiera para un bien mayor. Pero Shikamaru había sido firme y a él no le había quedado más remedio que claudicar.

Tal vez lograrían una pequeña victoria si todo salía bien. Pero seguía sin gustarle un pelo el plan de su consejero delegado.

Se dejó caer en el sofá como un fardo, con el traje arrugado y el cabello corto y rubio revuelto. Enseguida oyó unos pasos apresurados que salían de la zona de la cocina en su dirección y sonrió. Su alma se aligeró un poco en cuánto sintió los cálidos brazos de su mujer rodearlo, acurrucándose a su lado en el sofá.

―La cena estará enseguida―le dijo, con su voz suave. Naruto se limitó a abrazarla con fuerza contra él, buscando consuelo en la única persona que tal vez podía comprenderlo y amarlo en esos momentos que se sentía tan derrotista. Hinata le pasó los dedos por el flequillo, tratando inútilmente de peinárselo―. ¿Quieres hablar de ello?―Naruto negó con la cabeza, apretándola más fuerte contra su pecho y hundiendo el rostro en pecho, recostándose sobre ella y obligándole con ello a tumbarse en el sofá, con él encima suya.

Hinata le acarició la nuca y él dejó salir un suspiro satisfecho. Por fin, estaba dónde debía estar. En su casa. Con su preciosa esposa omega. La única capaz de disipar los nubarrones oscuros de su corazón.

Estuvieron un buen rato así, abrazados, con Hinata mimando a Naruto. Hasta que el pitido de algo en la cocina hizo suspirar a Naruto y, con gran esfuerzo, consiguió separarse de su mujer, quien se levantó rauda para ir a apagar lo que fuese que estuviese cocinando antes de su llegada. Estirando los músculos agarrotados y algo más reconfortado, subió las escaleras hasta el piso superior, dónde se internó en la que sería su habitación para cambiarse el atuendo de trabajo por algo más cómodo. Normalmente, lo hacía en la habitación de Hinata, ya que allí era dónde tenía la gran mayoría de sus ropas. Pero no le gustaba invadir el espacio personal de su omega si ella no estaba. Le parecía que sería como ultrajarlo sin su permiso. Así que procuraba no entrar allí a menos que ella también estuviera.

Una vez cambiado, recogió las piezas del traje y las echó en el cesto de la ropa sucia que había en el baño, con una mueca. Esa otra de las cosas que odiaba: el tener que dejarle todo el peso de la casa a Hinata. Le había insistido para que contrataran a alguien que viniese al menos un par de días de la semana a ayudarla con la limpieza, pero ella se había negado en rotundo. Decía que así, al menos, tenía algo que hacer, en vez de pasarse el día mano sobre mano.

Suspirando, bajó nuevamente las escaleras y se dirigió hacia la cocina, dónde Hinata terminaba de preparar la mesa. Vio que ponía en el centro una bandeja de horno y se le hizo la boca agua al oler el delicioso aroma del pollo asado a las finas hierbas acompañado de patatas. También se fijó en que Hinata había puesto una botella de vino al lado de la comida. Amplió su sonrisa. Su mujer siempre pensaba en todo.

La abrazó por la espalda y ella sonrió, subiendo una mano para acariciarle el rostro. Naruto le giró entonces el rostro y la besó. Hinata le correspondió y luego se separaron, con un último beso, sentándose cada uno en su lugar a la mesa para dar buena cuenta de la cena. Naruto cogió cuchillo y tenedor y cortó un muslo de pollo enterito para él solo. Hinata, más comedida, decidió hacerse con un pedazo de pechuga. Se sirvieron patatas y el vino y luego comenzaron a comer. Estuvieron unos minutos en silencio, paladeando el sabor de la riquísima cena que Hinata había preparado, hasta que esta rompió el silencio.

―¿Fue muy malo hoy en la oficina?―Naruto terminó de masticar una patata y tragó, seguido de un sorbo de vino, antes de contestar.

―Horrible―dijo al fin, suspirando por enésima vez en lo que iba de día―. Encontramos dispositivos de escucha y de grabación de vídeo en algunas dependencias de la compañía. Sospechamos que alguien puede estar pasando información privada y confidencial, por eso parece que nuestros rivales van un paso por delante de nosotros, pero de momento nuestras investigaciones no han dado fruto. ―Hinata lo miró con pena.

―Lo siento mucho, Naruto. ¿Hay algo que yo pueda- ―Naruto la cortó con un movimiento de la mano.

―No, esto es una guerra. Pero no pienso rendirme. Nuestra sociedad necesita hacer cambios o se verá abocada al fracaso y al desastre más pronto que tarde. Las revueltas se están intensificando y además cada vez son más frecuentes. La fuerza bruta ya no sirve contra la gente, solo la provoca más. Y los discursos de Danzō y los suyos solo consiguen inflamar su voluntad de luchar, lejos de aplacarlos. Ellos no comprenden esa lógica retorcida, ya no. Los jóvenes quieren vivir, no solo sobrevivir. Pero esos viejos decrépitos tienen demasiado miedo de perder sus riquezas y privilegios, así que no van a mover ni un músculo salvo para proteger lo que creen que por derecho les pertenece. ―Hinata lo escuchó con honda pena y compasión.

―Lo siento―repitió. Naruto alzó una ceja.

―¿Por qué? No es culpa tuya.

―S-si yo hubiera tenido la fuerza antes para- ―Naruto se inclinó hacia ella y le cogió las manos por encima de la mesa, que temblaban a causa de la rabia, la tristeza y la impotencia.

―Tú sola no habrías logrado nada, Hinata. Corresponde a los líderes hacer las cosas bien por su pueblo, no empeorarlas. Si hay falta de alfas no es porque los omegas, los betas, los deltas o los gammas estéis haciendo algo mal, sino porque ha habido tanta criba de castas que prácticamente los alfas nos hemos extinguido. Y porque los genes omega son más prolíficos que los genes alfa. En una familia que tenga dos o más hijos lo más probable es que tan solo haya un hijo que sea alfa, el resto serán de otras castas distintas. Por eso ahora Danzō y todos sus seguidores quieren promover de nuevo lo de la limpieza de sangre, para ver si así consiguen darle la vuelta a la situación. Pero eso no servirá de nada, está científicamente comprobado. Pero ellos se empeñan por el miedo que tienen a perderlo todo. No se dan cuenta de que, si seguimos por ese camino, entonces sí que lo perderemos todo. ―Hinata lo escuchó hablar con el orgullo llenando su corazón.

Terminaron de cenar con una conversación más agradable. Hinata le contó lo que había hecho ese día y él la escuchó con la misma atención que ella había prestado a su apasionado discurso de cómo deberían cambiar las cosas.

―Mañana iré a comprarme algo de ropa nueva. Últimamente me están invitando a muchos eventos sociales a mí sola y no quiero dar una mala impresión. Necesito un guardarropa más adecuado… Aunque también puedo arreglar los vestidos que tengo y darles un toque diferente… Sería más barato y-

―¡Tonterías! Compra todo lo que quieras. Podemos permitírnoslo y además sé que te hace ilusión comprar cosas nuevas. ―Hinata se sonrojó ante sus palabras. Era cierto, amaba ir de compras. Le encantaba disfrutar de un pasatiempo tan banal porque, sencillamente, nunca había podido hacer algo así antes. Su padre la había mantenido encerrada entre las cuatro paredes de su habitación, sacándola para lucirla de cuándo en cuándo para no quedar mal ante sus amigos y colegas empresarios. Si no fuese por Hanabi, apenas y saldría de casa.

Al fin, acabaron el postre―helado de limón―y Naruto la ayudó a recoger la mesa y a fregar los cacharros. Hinata ya no protestaba por eso, sabía que era su manera de colaborar con las tareas del hogar, cosa que hacía inmensamente feliz a Naruto.

Cuando el último plato fue puesto en el escurre platos, se cogieron de la mano y subieron las escaleras para ponerse el pijama y meterse en cama. Naruto agradecería el sueño reparador que le depararía la noche. Por el rabillo del ojo, vio a Hinata quitarse con movimientos pausados y elegantes la larga falda, las medias y las dos camisetas que solía llevar para estar en casa―una larga y otra corta―y ponerse un cómodo camisón de manga larga hasta las rodillas.

Si no hubiese tenido un día tan pesado, tal vez la atraparía en ese momento y la seduciría con besos lentos y caricias ardientes, pero no tenía ánimos. Ese día no. Tan solo quería meterse en cama, acurrucarse junto a su omega y abandonarse a Morfeo.

Así que eso hizo. Una vez con la ropa de dormir puesta, se metió entre las cálidas mantas y esperó a que Hinata hiciese lo mismo. Luego se abrazó a ella, dejando su cabeza en medio de sus pechos, como a él le gustaba ponerse para que le diera mimos. Sonriendo, Hinata comenzó a acariciarle la nuca y el cuero cabelludo, empezando a ronronear de esa forma melodiosa que a él tanto le gustaba y lo relajaba.

Poco a poco, los ojos azules se fueron cerrando y con un suspiro final, Naruto se durmió. Hinata lo besó en la cima de la cabeza.

―Buenas noches, mi amor. Que descanses. ―Entre sueños, Naruto sonrió.

«Buenas noches, mi preciosa omega. Te amo».

Fin Melodioso


Pues nada más que añadir. Espero que os haya gustado mucho xD.

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Ja ne.

bruxi.