Hola, reaparezco nomás para dejar está historia que recién me enteré que no había subido aquí . Este fue mi primer fanfic de Skyward Sword, el cual hasta hace poco pude jugarlo después de 10 anos. También aprovecho a decirles que estoy en proceso de hacer un Zelink medio picante, gracias a un fanart de una artista me dió permiso de usarlo de referencia/inspiración. En cuanto lo tenga listo lo voy a subir tanto aquí como en AO3 y Wattpad.
Antes de continuar, unas aclaraciones:
-Los sucesos ocurren ANTES de los eventos del juego.-Es libre de spoilers.-Esto lo escribí en conmemoración del lanzamiento de Skyward Sword HD (y siendo más precisa antes de jugarlo por primera vez) , así que puede haber algunas cosas distintas al canon.Y ya sin más, los dejo leer. ¡Que lo disfruten!
Eran las 7 de la mañana. Una linda y joven rubia de 16 años se encontraba en su habitación arreglándose para ir a la escuela, mientras se miraba en el espejo. Su reflejo era tranquilo y sereno, tal y como casi siempre lo estaba. Su vista se desvío involuntariamente a una figurilla de madera que tenía de decoración, la cual tomó e hizo que sus labios dibujaran una pequeña sonrisa.
—Link...
La chica sostenía el regalo de su mejor amigo de la infancia. Era su Neburi azul tallado por Link, el cual fue un regalo de su cumpleaños número 16 que le dio hace unos meses. Le parecía muy lindo y tierno, ya que no solo estaba bien hecho, si no que era algo creado con las propias manos de su querido amigo.
Luego recordó que no había hablado con él desde hace casi dos semanas, cosa que cambió repentinamente su expresión a una triste.
Ellos casi siempre estaban juntos, hasta el punto de parecer uña y mugre (aunque solo estaban separados cuando Link tenía que entrenar o por otras actividades que le encargaban como aprendiz de caballero). Nunca se aburría de su compañía y sentía un vacío cuando el castaño no estaba a su lado. Pero por como estaban las cosas, parecía que el si se habría enfadado de estar con ella por mucho tiempo.
Y eso le dolía a la pobre chica.
Alguien tocó la puerta de su habitación, lo que la sacó de su pequeño trance. Zelda dejó la figurilla en su lugar y fue a abrir.
—Hola, Zelda ¿Estás lista? -saludó una chica de coletas pelirrojas, llamada Gracielle.
La susodicha sonrió y asintió. Tomó sus cosas y se fue con su mejor amiga a la escuela.
Durante el camino, Gracielle notó que Zelda iba muy callada. Ella era la que casi siempre iniciaba la conversación y le era difícil dejar de hablar, algo qué no le molestaba a su amiga que se había acostumbrado. No obstante, ahora estaba distinta y de inmediato se preocupó.
—Zelda... ¿Qué te ocurre? estás muy seria.
—¿Uh? N-no es nada, ¿por qué lo dices?
—No has dicho ni pío en lo que va del trayecto... -La chica detuvo su paso poniéndose frente a ella bloqueando su camino, decidida a ayudarle. —Dime que es lo que tienes.
Zelda suspiró. Ella era su amistad más íntima, así que no podía esconderle su pesar. Le contó su situación y Gracielle fue analizándola mientras ella hablaba.
—Así que... tu príncipe te ha estado evitando. -La rubia se puso nerviosa respecto al comentario de la pelirroja, quien sonreía burlona.
—E-él no es mi príncipe, es mi amigo... pero si, me ha estado evadiendo. Y no sé por qué...
—Bueno, si no te dice el por qué, entonces... ¿por qué no vas y lo descifras por tu cuenta? -la de coletas puso sus manos en posición de jarra y le miró expectante.
—¿Qué? ¿A qué te refieres?
—Hablo de que lo busques. ¿O acaso crees que sin hacer nada vas a saber que le sucede?
—No lo sé... no creo que deba hacer eso. ¿Y si de verdad está haciendo algo muy importante? ¿Y si se enoja? Yo...
Las palabras de Zelda se vieron cortadas por unos murmullos de unas chicas que llamaron su atención.
—"¿Viste a Link el otro día? Estaba muy raro... cómo si estuviera ocultando algo."
—"¿De veras? Vaya, pero si se la pasa todo el tiempo dormido, en clase nunca lo he visto despierto. Y aun así es el mejor de la clase. ¿Tú crees que lo que este ocultando tenga que ver con eso?"
—"Ni idea...sinceramente ese chico no me da buena espina."
El resto de la conversación fue ignorada por Zelda, quién se molestó y quiso darles una buena regañada a esas chismosas. Sin embargo, Gracielle la detuvo sujetándola fuerte del brazo.
—¡Espera! ¿Qué crees que haces?
—Están diciendo cosas indebidas de Link, ¿Cómo quieres que reaccione?
—Ay, no te pongas así. Sé que no te va a gustar lo que diré, pero... ¿no crees que es un buen motivo para que hagas lo que te sugerí? Es más que obvio que lo que dijeron tiene que ver con el por qué te ha estado ignorando
Zelda se tranquilizó y lo pensó un poco. Ella sabía que Link no hacía algo malo, él no era esa clase de persona, pero... Gracielle tenía razón. Tal vez si era necesario verificar que tanto hacía su mejor amigo que no se lo contaba.
El timbre sonó. Las jóvenes fueron al aula, dejando el tema de conversación para después. Zelda normalmente era muy atenta a la clase, no por nada era la más inteligente (por delante de Link, obviamente) pero ahora en su cabeza rondaba la idea de cómo iba a ver a su amigo, quien, por cierto, ni se había presentado a la escuela. Tenía que ingeniárselas para hacer eso sin ser descubierta, pero su planeación mental fue interrumpida por el profesor Buhel que le habló varias veces.
—¡Señorita Zelda! ¿Puede decirme de que estaba hablando hace unos momentos?
—¡Ah! Eh, ¡L-lo siento! Estaba distraída...
—Eso es raro en usted. Aunque se lo pasaré, porque es la primera vez que le pasa. -advirtió el maestro. —Lo que estaba comentándole a sus compañeros era que las vacaciones son este viernes y el fin de semana iniciará la semana de preparación del Festival Anual de Skyloft. Por favor, no se distraiga.
La chica asintió penosa y se puso a oír las palabras del maestro. El festival del que hablaba era un evento que se celebraba año con año, en conmemoración de la fundación de dicho lugar. Y, por ende, los jóvenes tenían un receso de dos semanas (una para ayudar en la organización del evento y otra de descanso como tal).
En dicha celebración, había de todo: muchos platillos típicos de Skyloft, juegos, dinámicas, concursos y al final había un baile, tanto general como para las parejas. El lugar se decoraba de formas muy creativas y coloridas y el ambiente se ponía alegre y emotivo. Era la fiesta que nadie quería perderse.
Zelda hizo un pequeño puchero. Ella adoraba ir con Link, acudía al evento desde que eran unos chiquillos. Pero esta vez dudaba mucho que fuera a asistir por la situación con su amigo.
La jornada de clases transcurrió con normalidad. Gracielle le dijo a Zelda que iba a comprar unas cosas que le habían pedido para el festival, así que Zelda se quedaría sola. Aprovecharía el tiempo libre para ir en busca de Link y descubrir de una vez por todas que es lo que hacía.
Salió con prisa de la escuela hacia el pueblo, pero se paró en seco al recordar que no tenía un destino fijo.
—Aguarda un segundo, ¿a dónde voy? Ni siquiera sé por dónde empezar... -analizó las posibles opciones en su mente, hasta que escuchó la voz familiar de alguien.
—¿Cocu? -se volteó y efectivamente, era el mejor amigo de Link hablando con un aldeano. Fue en dirección a el cuando finalizó su charla.
—Hola Cocu, qué casualidad vernos de nuevo después de clases, je.
El susodicho observó a Zelda y le saludó cordial.
—¡Hey, Zelda! Si, no ha pasado ni una hora... ¿qué te trae por aquí?
—Uhm, bueno... lo que pasa es que... He estado buscando a Link porque no vino a clases y...-un ligero color rojo pintó sus blancas mejillas. —¿S-sabes tú qué le pasó? ¿Por qué no vino a clase?
Cocu puso una cara confusa. Él no tenía certeza de por qué había faltado, incluso había pensado en preguntarle a Zelda antes de que ella lo hiciera.
—La verdad no tengo ni la menor idea, creí que tú lo sabrías.-se rascó la nuca con pena. —De hecho, hace rato fui a su habitación, pero estaba vacía.
Zelda suspiró e hizo una mueca. Se despidió del chico y se fue hacia el gimnasio del instituto. Cuando iba acercándose, escuchaba ruidos de espadas de madera chocando entre sí y unas voces masculinas. Eso la hizo apresurarse y abrir la puerta para darse cuenta de inmediato que ahí no estaba el castaño.
—¿Malton? ¿Corvy
—Ah, ¡Zeldaaaaa!~ -Malton arrojó su espada (que, sin fijarse, le cayó a los pies de Corvy, lo que lo hizo quejarse de dolor) y fue corriendo hacia la chica que tanto le atraía. —¿Viniste a ver cómo entreno estos músculos que mueren por cargarte como la princesa que eres? -El pelirrojo le presumió su trabajado cuerpo. Zelda por su parte ignoraba eso.
—¿Sabes dónde está Link? No vino a clase y... me preguntaba si tú sabes algo. -aunque ella estaba consciente de que no se llevaban muy bien, tenía la mínima esperanza de que pudiera resolver su duda.
A Malton le dió igual la preocupación de la rubia, sólo sonrió con malicia. Ese tonto no había venido, había dejado por fin a Zelda sola y esa oportunidad no iba a desaprovecharla.
—¿El niño dormilón no asistió a clases? ¡Genial! Digo -carraspeó y fingió pesar. —Qué mal, te ha dejado solita. Pero no te preocupes, yo te haré compañía, y será mucho mejor que la de ese enano.
Malton quiso tomar su mano, pero Zelda fue más rápida y le apuntó con los ojos con el dedo índice, lanzándole una fría y amenazadora mirada.
—No digas esas cosas de él. Mejor sigue entrenando, yo tengo asuntos más importantes que atender. -Zelda se alejó de ahí y siguió buscando en dónde más se le podría ocurrir.
Acudió a más sitios como el bazar, la gruta de la cascada, a la Efigie de la diosa, a la Torre de Luz, incluso al cementerio, sin embargo, no lo encontró. También fue preguntando durante su búsqueda a los habitantes, pero nadie supo responder.
Ya era casi de noche. Zelda ya estaba cansada y se fue a reposar a su habitación. Su esperanza de encontrarlo no moría, ya mañana continuaría con su labor.
Los días transcurrieron lento. Link siguió marcando su ausencia en la escuela, hasta que por fin llegaron las vacaciones. Sin embargo, la búsqueda de Zelda vio sosegada porque ya eran días de hacer los preparativos del festival. Aunque ella no tenía ni las intenciones de asistir en el día festivo, no podía no cooperar, ya que era su deber, tanto como estudiante, como hija del director Gaepora y como habitante de Skyloft. Además, eso le ayudaría a relajar el estrés, frustración y sobre todo la tristeza que cargaba porque no daba con Link.
El festival ya era mañana. Todo mundo estaba alterado y con prisas, moviéndose de allá para acá. Estaban ansiosos de que estarían de fiesta de nuevo, gracias a las diosas.
Zelda estaba checando las cosechas que se usarían para hacer los platillos. Tenía que asegurarse de que no faltaba ni una sola fruta, verdura, pedazo de carne... absolutamente nada. Mientras contaba las calabazas, alguien le llamó y ella se alejó de ahí para atender a quién la necesitaba. Después de unos segundos, volvió a su tarea, pero algo le llamó la atención.
—Espera... ¿Por qué hay 14 calabazas? Si hace un momento había 15.
El ruido de un golpe contra una mesa con un mantel que estaba cerca se escuchó fuerte. Zelda captó eso y fue a ver de qué se trataba. Alzó la tela, pero no había nada debajo. Sin embargo, el ruido de unos rápidos pasos le hicieron mirar hacia el frente, dónde logró ver un pie dando la vuelta detrás de unas casas. Ella no lo pensó y fue tras esa persona, la cual sospechaba que se había robado la calabaza.
—¡Oye, tú, ladrón! -Él era muy veloz y ella con mucho esfuerzo podía ir tras él. En un momento inesperado, esa persona había dado un gran salto esquivando unos obstáculos que había en el camino. Zelda por desgracia no contaba con las mismas habilidades físicas y tuvo que rodear para poder seguirlo. Para su poca suerte, ya lo había perdido de vista... hasta que escuchó a un Neburi gritar, y no era cualquier Neburi, era el ave roja que le pertenecía a Link. Zelda corrió a la orilla más cercana y se arrojó a la nada, dio un fuerte silbido llamando a su ave y en cuestión de segundos fue atrapada por su Neburi azul. Se guio con el sonido del ave carmesí, lo que la terminó conduciendo a una pequeña Isla con una infraestructura similar a la de una calabaza.
—¡La isla Calabia! -Exclamó Zelda dándose cuenta del destino al que estaba siendo guiada. No vio al Neburi ni al ladrón por ningún lado, suponiendo que debió haber dejado al ave en algún sitio donde no pudiese mirarla. Aterrizó y fue corriendo a la entrada del lugar. Una música estaba sonando ahí, pero ella ignoró eso. Empujó la puerta de madera con fuerza y con dificultad logró abrirla. Cuando por fin entró, se quedó pasmada por lo que sus grandes ojos azules miraban.
Era Link, quien estaba en posición de baile con una joven de cabello negro con mechones plateados. Le tomaba la cintura con una mano, mientras que con la otra, sus dedos se enlazaban con los de ella. La música paró repentinamente y Link, quien también se sorprendió, se alejó de la chica para ir con la rubia que se miraba completamente confundida.
—¿Z-Zelda? ¿Qué haces aquí? ¿Cómo es que...?
La ojiazul no lo dejó hablar más. Repentinamente se arrojó hacía él, ocultando su cabeza en su torso. Lo abrazó tan fuerte, como si no quisiera que se volviera a ir.
—¡Link...! ¡¿Dónde rayos te habías metido?! ¡Me tenías enormemente preocupada! -declaró emotiva entre lágrimas. Link por su parte se puso muy rojo, pero pudo corresponder su abrazo. —Te extrañé...
—Ze-Zelda...
Así se mantuvieron unos momentos. Link la separó de él con suavidad y colocó sus manos sobre sus hombros. Los ojos de Zelda estaban vidriosos y sus mejillas eran coloradas. Miró a Link con alivio, pero también confusa, necesitaba respuestas ahora mismo.
—Ah... lamento mucho haberte preocupado... pero yo... no quería que te enteraras hasta que fuera el momento adecuado.
—¿Qué quieres decir?
—La razón por la que me ''desaparecí'' todo este tiempo fue porque he estado asistiendo a clases de baile a este lugar. El dueño de este bar, el señor Ruperto y su hija Calabelle, me han estado ayudando en eso. Y me las he tomado tan en serio que tuve que dejar de asistir unos días a la Academia.
Calabelle, quien era la chica con la que estaba practicando hace unos momentos, se acercó y se presentó ante la fémina con amabilidad.
—Un gusto, señorita. Soy Calabelle y sí, yo le he ayudado al joven Link a aprender a bailar. Nos conocimos cuando me vio danzar con un amigo mío que vive en Skyloft. Me pidió que le enseñara, a cambio de que nos trajera calabazas todos los días para el bar. Es algo difícil para mí padre seguir volando en un Neburi a su edad, y yo sinceramente tengo miedo de andar en uno, por eso llegamos a ese acuerdo.
En seguida, el padre de la chica, Ruperto, un señor de bigote grande y con una coleta alta, llegó cargando la calabaza que había tomado Link, ajeno a todo lo que estaba pasando.
—Link, ¿Acaso robaste la calabaza? Es que no tardaste casi nada en llegar y... -el hombre mayor miró la escena y sobre todo a la chica estaba con Link. — ¡Ho-Hola, bienvenida al bar Calabia, lugar donde hay literalmente de todo hecho con calabazas. -Ruperto escondió la verdura detrás de su ancha espalda, nervioso porque pensó que ella escuchó lo de la calabaza robada.
Link se rascó la mejilla desviando la mirada por la respuesta que iba a dar.
—Eh, bueno, es que... no había calabazas a la venta porque todo el pueblo se tomó el día para preparar lo del festival.
Ruperto suspiró y negó con la cabeza. Puso la calabaza en una mesita redonda y se acercó al castaño para jalarle la oreja.
—¡Entonces no debiste haberla tomado sin permiso! -le regañó como si fuera él un niño. Link se quejó y se masajeó su oreja. — Aunque ahora que lo dices... debí haberme acordado también de ese detalle. Ay, diosas. -expresó con vergüenza.
A pesar de presenciar todo eso, Zelda todavía no conseguía explicación del porqué del distanciamiento de su amigo.
—Eh, Link... ¿Por qué tomaste clases de baile?
—Pues... -Link no pudo evitar sentirse nervioso y avergonzado. Sus ojos miraban a un punto ciego. —Porque quería...i-invitarte a bailar... el día de mañana...
Entonces fue cuando Zelda sintió que su corazón se iba a salir de su pecho. Desde un inicio pensaba reclamarle indignada por haberla ignorado, pero eso se esfumó en cuanto escuchó el motivo de Link. Y ahora que se lo mencionaba, nunca había bailado con él, mucho menos en ese festival. Siempre hacían de todo en la fiesta, pero jamás se habían dispuesto a bailar por el desconocimiento del joven a la hora de moverse en la pista. Y, a decir verdad, era algo que ella deseaba desde hace mucho, pero no sé atrevía a proponérselo a Link porque sabía que él se negaría por lo mismo.
Y él sin decirle nada, se había propuesto aprender con antelación y mucha dedicación, para que pudiera compartir una pieza con la persona que más quería en Skyloft.
Era simplemente algo tan... considerado y dulce de su parte.
—Link... -La ojiazul volvió a darle un abrazo más cariñoso, su rostro se coloreó con un bello escarlata mientras sonreía. —Eres todo un caballero...
El susodicho se sintió encantado con el gesto de su mejor amiga, quien le robaba el aliento desde ya hace mucho tiempo. Volvió a envolverla en su cálido agarre, mientras miraba que un padre y una hija le alzaron el pulgar, enternecidos y felices por ese momento.
El tan esperado Festival se hizo presente. Todos estaban contentos compartiendo de la regocijante celebración. Estaban orgullosos de lo que habían logrado una vez más, pues no había ninguna alma que no gozara de la ocasión.
Link y Zelda se encontraban paseando por los alrededores. La chica se sostenía del brazo del muchacho, cosa que le ponía nervioso, pero le hacía sentir muy feliz. Su caminata se vio interrumpida cuando el organizador, el director Gaepora, tomó la palabra para dar un anuncio.
—¡Hola, habitantes de Skyloft! Espero que estén disfrutando del evento que preparamos con mucha dedicación. Cómo saben, ya hemos hecho todas las actividades planeadas, excepto una... ¡el baile! Así que espero que estén listos porque se dará inicio de ello ahora. ¡Música, maestro!
El director de la banda asintió dio la orden a los músicos para empezar a tocar una balada movida, haciendo que casi todos los asistentes fueran a la plaza para bailar.
Link se puso frente a la rubia y le ofreció su mano derecha, regalándole una bella y dulce sonrisa.
—¿Me concedería el honor de bailar con usted, bella dama?
La susodicha se ruborizó por lo anterior y asintió maravillada.
—El honor será mío, amable caballero. -le correspondió el gesto y se unieron a la pista de baile, dónde se movieron al compás de la melodía mientras se olvidaban de todo, sintiendo que el tiempo no avanzaba y que solo ellos estaban ahí, disfrutando de tan lindo momento.
Todo eso se quedaría en un bonito recuerdo. Uno de los últimos que tendrían así, antes de que pasara lo que las diosas les tenían preparado.
