Disclaimer 1: Fanfic sin ánimos de lucro. The Loud House es creación de Chris Savino, propiedad material de Nickelodeon Intl, y está bajo licencia de Viacom International Media y Jam Filled Entertainment.
Disclaimer 2: Los materiales referidos y/o parodiados son propiedad intelectual y material de sus respectivos creadores.
Advertencia: clasificación M por situaciones de desnudos.
Moras, banana y chocolate
IV
No tan crecidas
Royal Woods, Michigan
8 de julio de 2034
6:27 am
La recámara de las mujeres Loud
Por experiencia, las cosas en un matrimonio suelen ser siempre una sorpresa agradable, una rutina tranquila o, en el peor de los casos, una de esas experiencias que definitivamente nadie le desea a su peor enemigo.
Para cualquier persona, sea hombre, mujer o de plano alguien de género fluido que quiera casarse con un Loud, es un poco de esas tres, y a Maggie la hallamos dormida en la recámara. Apenas vestida con una playera sin mangas bastante holgada, despierta con la mira al teléfono que tiene en la cómoda de su lado de la cama. El sol apenas despunta, no se arrepiente de haber pasado dos días seguidos a comida china y siente un tufo bastante peculiar, vivo…
¿Vivo?
Frente a ella hay un venado. Normalmente no le interesa si entra un mapache a robarles la despensa o un par de conejos hacen su madriguera en el tocón frente a su puerta trasera, pero un venado en la casa, y más específicamente en su recámara, rebuscando algo junto a ella.
-Luan… -agitó Maggie con un susurro-… ¡Luan!
-¿Qué? -preguntó esta en sueños.
-Tu hermana Lori volvió de sus vacaciones en México -miente la psicóloga-, y quiere que la lleves a Great Lakes City.
-Ve tú, floja -respondió Luan, volviendo a dormir.
-Es en serio -insistió Maggie-. Lori está aquí parada, y va a insistir hasta que te levantes.
-Ay, Maggie, ¿por qué no te…?
Mirando al animal, la sorpresa no podía ser menor, pues el alarido que soltó Luan provocó que el venado se pusiera en dos patas. El susto, evidentemente, es mutuo, y aunque Maggie temía que el animal marcara su territorio, la verdad es que saltó antes de darse la vuelta, dando de coces antes de irse.
Por el pasillo, todo se volvió confusión, y tanto Lois como Erika asomaron la cabeza por la puerta de la habitación de la chica.
-¿No estaban extintos en Michigan? -preguntó asombrada Lois.
-¡Genial! ¡Les dije que no estaba extintos! -chilló emocionada Erika, vestida con su pijama aunque sin su gorro.
Confundido, el venado entró al baño creyendo que era la salida. Encontró allí a Lincoln, con el cuerpo enjabonado y a nada de abrir la llave del agua caliente.
-¡Ya les dije que…! -protestó Lincoln, volteando en el proceso y con un "asunto incómodo" entre manos antes de gritar asustado.
En cuanto gritó, el venado se alzó rampante sobre sus cuartos traseros y empezó a orinar sobre él del susto.
Entre tanto, Luan había ido por una escoba para sacar al animal de la casa, y Lois hizo lo propio con la primera cesta de ropa sucia que encontró. Mala idea la de la mujer, pues en cuanto el venado saltó a la puerta del baño este empezó a seguirle el rastro.
Al inicio del pasillo, Lois le lanzó el contenido de la cesta, orivando por momentos de la vista al venado hasta que Maggie tomó un conejo de peluche.
Perdiendo el factor sorpresa, la exhuberante mujer hizo que el venado le siguiera el rastro con el juguete.
-No se muevan -dijo Maggie en voz baja antes de voltear al venado-. Ojos aquí, aquí -chasquea la lengua-. Ven… ven, amigo
Sin titubear, avanza hacia la puerta y sigue a Maggie y al juguete hasta que esta lo lanzó al patio. Persiguiendo al peluche, el venado saltó y rompió el seto que hacía las veces de vallado, empezando a sacudirse la ropa que le cayó y atacando al juguete.
Sin esperar a contar con público presente, la familia y agregados culturales vieron cómo un mensajero de DHL veía el espectáculo.
-Menos mal que no fue Bun-bun -dijo Lincoln, aliviado de ver que el peluche no era el suyo.
-Un problema termina -dijo Maggie, riendo para sí.
-¿De quién es ese conejo? -preguntó Erika.
-Era mío -respondió Lois, un tanto desdeñosa.
-Y uno nuevo empieza -continuó Maggie, borrando la sonrisa de su cara.
-Buenos días, señora Loud -saludó el mensajero, de tez bronceada y bastante regordete-. ¿Ese no es su sostén?
Señalando al venado, este logró sacudirse uno de los sostenes de Luan, pequeño y de color amarillo canario con un broche central de flor rosa.
-Lo es -respondió escueta Maggie, dejando el puño del mensajero colgado mientras Lincoln salía con una bata y una toalla encima.
-Oh, que pena -suspiró decepcionado el mensajero.
Una hora más tarde, las cosas se habían calmado lo suficiente como para que Luan y Maggie recuperasen la ropa desperdigada, los restos del peluche y Lincoln se vistiera para ir al supermercado con Lois. Ya con el servicio de paquetería habiendo entregado las cajas que a este le faltaban de Alaska, desayunados y con todo en orden -dentro de lo posible-, aparentemente nada podría salir mal.
Con Maggie yendo a su consultorio, Luan decidió consentirse un poco en la heladería. Las cosas no podían más que buenas cuando se encontró con que los amigos de Lincoln se encontraban en un taller mecánico.
Viendo al quinteto tontear como en sus mejores tiempos -a pesar de la ausencia de su hermano-, vio cómo una llanta del tractor de los Hunnicut era empujada por Zach -hasta donde supo, un vecino de Shannon- con Rusty dentro.
Saboreando su cono -bola doble de arándanos azules y banana con cubierta de chocolate-, ve cómo el grupo se va tras la llanta con el intento de sastre. Aquella chica que los acompañaba, Stella, le dio alcance y le sorprendió la fuerza con que le gritó "mentiroso" antes de patearlo. Sonriendo al morder la cubierta, decidió ignorar a ese grupo y se centró en una cosa.
Con el cumpleaños de Maggie cerca, era evidente que lo que iba a ser un regalo para Lois le ganó muchos puntos para su vida marital. Ha tenido oportunidades varias de agradarle, desde su primer aniversario, de las formas más creativas posibles. Recordó especialmente el séptimo, en que tuvo que convencerla con un show con Lola que ni el Cirque du Soleil en sus mejores años antes de su disolución por problemas fiscales pasando por una crisis que casi las orilla al divorcio, el décimo con una pantomima recreando una animación de unas chicas con ropa y acto de mímica que tuvo resultados sexuales, y el último, tratando de ganarle un auto a pesar de que no duró mucho… no, ese último era más bien para el olvido.
Pensando en ello, Luan siguió con su postre hasta que terminó.
Mirando alrededor suyo, ve a algunas personas más. Entre chicos pasándola bien con sus hermanos en la zona de juegos o en un partido de soccer, ancianos alimentando a las aves y padres paseando a sus hijos, le recuerda un poco todo lo que pasó antes de llegar a este punto de su vida.
De la nada, Lincoln se sentó junto a ella. Al parecer, el peliblanco sigue viendo lugares donde un soltero como él a sus veintinueve puede rentar sin problema de tener vecinos un tanto conflictivos.
-¿Todo bien? -preguntó Lincoln, un tanto abatido.
-Pensaba en un regalo para Maggie -respondió Luan.
-¿Y cómo te ha ido con eso?
-Trato de hacerlo sin morir en el intento -respondió Luan-. Desde que nos casamos lo primero que he pensado en el día es que verla feliz lo vale.
-¿Y cuál es el problema, entonces?
-Que desde que Lisa nos ayudó a tener a Lois no he podido hacer algo que lo iguale -dijo Luan, haciendo una pelota con el cucurucho del helado-. Trato de divertirla, nos hemos peleado, y a veces me lleva la contra, pero siempre quiero verla feliz.
-Lu, eso es tierno -razonó Lincoln, mirando a la nada-. Si le das lo mejor de ti diario ¿no la estarás abrumando?
-No entiendo.
-¿Recuerdas cuando hablamos por hablar esa vez que quisiste renunciar a la comedia? -cuestionó nostálgico el peliblanco.
-Eso dolió.
-Ok, si. Fuimos unos idiotas. Trataste de dosificar cuando te hicimos volver y te controlaste un poco.
-Y…
-Luego entraste al club de drama, el tiempo en la universidad, pasaste por, bueno… él… -añadió Lincoln, sintiéndose un poco culpable por el incidente de la fallida boda de su hermana-… y ¡mírate! Sigues en la comedia, tienes tu negocio, una familia… ¡rayos! Hasta yo mataría por tener tu estabilidad.
-¿Y qué me dices de Lori o de Lynn?
-Oye, no quiero una controladora como Lori, y entre menos hablemos de Lynn, mejor. Ella ya tiene bastante con Fern como para hacerme su muñeco de prácticas.
Suspirando, Luan imita a su hermano y mira al vacío del cielo.
-Tal vez, digo, solo tal vez -dijo Lincoln, un tanto pensativo-, lo hagas más simple. Si las dos son felices, aceptará al menos que lo recordaste.
-¿Crees que sirva de algo? -preguntó Luan, inquieta- ¿Lo dices por experiencia?
-Pues no lo saqué de una galleta de la suerte -respondió Lincoln, sacándole a su hermana una risa.
Cerrando los ojos, Luan se imagina un poco cómo habrían sido las cosas si Maggie no hubiera entrado como poseída a la iglesia y gritara a todo pulmón "yo me opongo" antes siquiera de leer la letanía. Lincoln no la habría pasado con una férula por medio año, sería probable que ambos tendrían hijos y, dulce ironía, tanto su hermano como Benny igual acabarían compartiendo una infidelidad entre esposas. Habrían acabado igual, juntas, pero las discusiones, los pleitos, las separaciones… esos inexistentes hijos, de existir, habrían llevado una vida miserable al ver separados a sus respectivos padres, y más porque las burlas en la escuela serían como si vinieran de los niños de cualquier época. Tontas, crueles y muchas veces malintencionadas.
-¿No tenías a dónde ir? -preguntó Lincoln.
-No, la verdad no quería ir a ningún lado -respondió Luan sin quitar la vista del cielo-. Solo quería un rato para mi.
-Entonces te dejo, Lu -dijo el peliblanco, dejando sola a su hermana-. Seguro aquí siempre salí sobrando.
-No sales sobrando -contestó Luan, más para sí-. Para nada.
Pasó el resto de la tarde sentada en esa banca del parque. De cuando en cuando se vio con algún conocido que le dio algunas noticias. Así, fue enterándose de que Rex fue detenido por faltas a la moral hace dos semanas porque Amy lo echó del departamento donde vivían, Shannon al fin se animó a imitar a Luan y salir con un chico menor que ella, o que Lyberti se casó el mes anterior con un chico de Nueva Orleans y ahora presume su Luna de Miel en Maui.
Con algo de flojera, Luan se levantó y miró la hora. Avergonzada de sí misma, se dio cuenta de que Maggie casi salía. Peor todavía, ni siquiera sacó nada del congelador para la cena.
~o~
Al otro lado de la ciudad, tanto Maggie cono Lois están en el hospital con Lincoln. La razón de esto es que el peliblanco, un tanto aburrido junto a la chica, habían decidido salir un poco de su zona de confort para pasar el tiempo.
La pregunta obligada en todo el asunto es esta. ¿Qué se obtiene con una chica y un joven de veintinueve años nada atléticos jugando con un balón de soccer?
Aparentemente nada. Pero sumen a la ecuación un aspersor del sistema de riego y a Lincoln queriendo patear desde once pasos, y tenemos un fuerte accidente.
-Entonces… -titubea Lois-… en realidad la pierna no está fracturada, ¿eh?
-Hum, no -respondió el doctor Kazinsky, un hombre maduro, rubio y seco, con voz bastante amable para su aspecto-, si está fracturada aquí.
-Es solo una fisura superficial -dijo disuasiva Lois.
-No, es una fractura limpia -confirmó el doctor Kazinsky.
-Pero ligera.
-¿Ligera? -insistió el rubio- No. Está rota.
-¿Fracturada, fracturada o solo… fracturada?
-Es una pierna rota.
-Lo que era un hueso completo ahora son dos -secundó una enfermera, rubia como el doctor Kazinsky pero con un tono más bien fastidiado.
-Claro -admitió Lois, volteando a su madre-. ¿Hay algo que usted pueda hacer para que mi mamá deje de mirarme así?
-Ah, no -bromeó Kazinsky- porque no soy psiquiatra.
-¿Está diciendo que mi mamá está loca?
-Oh, no. Era broma.
-¿Cómo cuando dijo que tiene rota la pierna?
-Escuche -dijo contundente el doctor-. Su tío va a tener puesto ese yeso durante todo el verano. Si no le importa -sacudió su bata-, no he dormido en 68 horas.
-Así que está atarantado por la falta de sueño y ese no es el hueso de mi tío sino una rama de apio que rompió, ¿correcto?
-¡Lois! -explotó Maggie, más preocupada por la idiotez de ambos que por la preocupación de su propia hija- Le rompiste la pierna. ¡Está rota! Hecha pedazos, ¡pulverizada! -gesticula como si rompiera un haz de ramas- Esto no lo puedes corregir y me mentiste. Ahora, vas a pagar por eso.
Mirando al doctor Kazinsky, Lois acepta que ahora sí lo echó a perder. Todo por pretender una salida y no ver a tiempo un tubo aspersor con el que Lincoln tropezó sobre ella, los giró y ocasionó que su propia rodilla aplastó la pierna de su tío.
-Doctor, ¿usted sabe si hay una cura para el enojo? -preguntó Lois, apenada.
-La hay -respondió el doctor Kazinsky, bostezando mientras sacaba de su bolsillo una pequeña licorera de acero con whisky-. Se llama William Lawson's.
-Hum… ¿otra de sus bromas?
-Ojalá.
Como si nada, el viejo médico dio un trago a la licorera.
Unas horas más tarde, ya con todos sentados a la mesa, Maggie se sorprendía de que Luan tuviera poco tiempo para hacer una cena a tres tiempos en tiempo récord. Entre unos macarrones con queso que Lincoln devoró con avidez, unos chuletones gratinados con ensalada y un cobbler de moras que, en su opinión, es algo que a su esposa jamás le saldría bien bajo presión.
Con el evidente mutismo en el ambiente, Luan decidió hacer una jugada arriesgada, misma que, en su lugar, solo un loco o un optimista intentaría.
-¿Cómo les fue hoy? -preguntó Luan.
-Le rompí la pierna al tío sin querer -respondió Lois.
-Lo que dijo Lois -confirmó Lincoln.
-Tuve que hacer de niñera para tu hermano el resto de la tarde -añadió Maggie, molesta.
-¿A qué hora fue eso? -dijo preocupada Luan.
-Una hora después de dejarte en el parque Ketcham, más o menos -dijo Lincoln.
-¿Y qué hacías en el parque?
-Había quedado de verme con Jordan McCann, pero el abogado de su marido la citó para la lectura de sentencia -respondió Lincoln, un poco desilusionado.
-¿Sentencia?
-El idiota de Chandler McCann, ¿recuerdas? Pelirrojo, creído, un poco imbécil….
-Vuelvo a escuchar de personas desagradables -advierte Maggie- y la siguiente persona que toque a la puerta sabrá lo que es bueno.
-..., el muy idiota se atrasó con sus impuestos y
-Suficiente -cortó Maggie, oyendo tocar la puerta-. Ojalá que nadie reciba visitas.
Tomando su vaso con cola, Maggie fue a la puerta, para horror de Lois. Esta recordó que Heather o Erika vendrían hoy para recogerle e ir al cine las tres solas, y bien puede ser una de ellas.
Con toda la ansiedad del mundo, la terapeuta abrió la puerta y encontró al hermano de Vivianne, Axel, vestido de chaleco morado y camiseta blanca sin mangas.
-¿Cómo está, señora Loud? -preguntó Axel, haciéndose el fresco- Su vecina me mandó por su hija.
Sin miramientos, Maggie le vació a la cara su vaso. Agitado, el chico se limitó a inhalar por la sorpresa.
-¡¿Quéeeeee? -respondió el chico.
Una cosa es segura para Maggie. Esta noche, aunque le rueguen, Lois no saldrá ni de broma.
~o~
Día 4, servido.
Siento la demora. De hecho, este fue el último capítulo que tenía listo. A partir de mañana será a contrarreloj. No fue mi culpa esta vez, como tampoco lo será si por algún covidiota me contagio o algún familiar lo hace.
Un detalle técnico. En fechas recientes, IA mediante, se está explorando la posibilidad de que los actores de doblaje sean cosa del pasado. Es decir, que el software en desarrollo realice justo lo aquí descrito. Tomar una muestra de un actor de voz incluso de una película vieja, partir en procesos que se escapan de mi comprensión y ¡sorpresa! Lipsync con la voz de los actores originales hablando en el idioma en cuestión... sinceramente, me quedo con el doblaje pese a ños modismos.
Empecemos, pues...
J0nas Nagera, si. Premio doble por decirlo. Si, tenía que dejar el recordatorio de Lois y su concepción en claro (contrario de Louis, su genderbent, que tengo entendido sí fue adoptado). Lo malo, ni Maggie venció (dato curioso: desde que el hot dog se popularizó en Coney Island cada 4 de Julio es tradición en todo EU un concurso de comer salchichas, aunque aquí me decidí a darle un pequeño giro) ni mucho menos Lincoln fue su mentor. ¿Evolución convergente, podemos decir? Digo, a Linc le gustan los plataformeros y de pelea, pero el gore está fuera de discusión... ¿Sword Art Online? Dejad que estreche vuestra mano, hombre de cultura y porte...
Mañana, bueno... va a estar bastante explosivo.
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Sam the Stormbringer
