Las pequeñas cosas
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A veces y solo a veces, te gusta despertar temprano y por propia voluntad. Siempre te han dicho que eres una persona mañanera, la verdad, odias levantarte temprano. Pero la rutina y los entrenamientos siempre hacen que te levantes antes que el sol, con el odioso sonido del despertador.
Pero hoy, hoy es tan diferente.
La luz del sol se cuela por entre las cortinas, iluminado pequeños espacios de la habitación. Ahí, en donde lo opaco de las cortinas no alcanza a cubrir.
Agradeces a quien sea que les cuide desde lo alto del cielo, algunos lo llamas "Dios", a ti te gusta llamarlo "algo", de que te permita compartir ese lugar y momento con él. Hoy no sonó la alarma del odioso despertador, así que esta vez no hay necesidad de levantarse temprano, por hoy, no hay ninguna obligación más que adorar el cuerpo de tu ahora amado esposo.
Amas como se escucha eso.
Amas ese cosquilleo que se queda en tus labios cuando dices que ese hermoso hombre se ha convertido en tu esposo.
¿Quién lo diría? Después que él te entregara ese "amuleto de la buena suerte" tantas cosas cambiaron. Él se mudó a San Petersburgo a seguirte y entrenar junto a ti y contra ti…
Cuanto no ha pasado desde entonces.
Te acercas al espejo de cuerpo entero de la habitación, y te observas minuciosamente. A tus 31 años te sigues manteniendo en forma a pesar de que llevas un año fuera de la pista de manera competitiva. No eres viejo, eso lo puede asegurar tu esposo después de la divertida noche que tuvieron. Peinas tu cabello con las manos, quedo hecho un verdadero desorden, y la verdad no era para menos, tratas de aplacar esos mechones rebeldes que no puedes acomodar y buscas la manera que se vea decente. Yurio miente, no te estas quedando calvo, aunque hay que aceptarlo, tu frente es amplia, pero eso algo que jamás aceptaras en voz alta.
Tampoco eres feo, de hecho puedes asegurar que eres lo que la mayoría de la población mundial acepta como "hombre apuesto". Aunque, lo que no terminas de entender es como él, de entre tantas personas, pudo fijarse en ti. A su lado, tu esposo es resplandeciente, es delgado, con una mata de cabello tan oscura y tan brillosa como ala de cuervo. Su piel tan blanca y fina sin imperfecciones, sin la abundancia de vello corporal que tú tienes, es… perfecto. De verdad tú tienes tanta suerte de que haya aceptado pasar el resto de su vida junto a ti.
Oyes a tu estomago rugir, tienes hambre. La verdad es que con todo el ajetreo de la noche anterior apenas y alcanzaron a comer un pedazo del pastel de bodas, pero el champán fue lo que termino por llenar sus estómagos. Ríes, recuerdas como tu hermoso esposo se medió desnudo para ponerse a bailar en medio de los invitados, agradeces que estuviste medio sobrio para evitar que se sacara los pantalones, aunque la camisa tuvo un final diferente.
Vas a la cocina y revisas tu alacena y nevera. Quieres asaltar la cocina comiendo lo que encuentres, realmente no importa, pero la verdad es que tampoco han hecho la despensa y te encuentras solo un triste paquete de galletas, un jugo frio y café soluble… nada saludable debes admitir. La verdad no importa, abres la ventana de la cocina, y sientes como el aire aun frio de marzo, combina a la perfección con la tibieza del sol de la mañana. Tu piel desnuda se eriza, agradeciendo estar vivo en ese preciso momento.
Enciendes tu teléfono móvil, y no tardas en recibir una lluvia de notificaciones, tanto de tus amigos, de tu familia y de los fans de ambos, felicitándolos por su matrimonio.
Sueltas una risa cantarina al ver las fotos que Pichit ha subido a Instagram, agradeces que nada de las fotos comprometedoras hayan sido subidas a la red.
Colocas tu aplicación de música por streaming, oyendo como la palylist describe el buen humor con el que has despertado. Ya no lo resistes más, necesitas compartir esos momentos con él, porque por más que amas verlo dormir, necesitas ver el café de sus ojos para poder sentirte más despierto, más vivo…
-Yuuri~ despierta bello durmiente-
Un quejido por parte de él se deja escuchar, pobrecillo, de verdad está cansado.
-Despierta dormilón… ¿o es que acaso quieres que te sea infiel con el sol?- lo escuchas rezongar palabras inaudibles en su propio idioma. Te causa gracia, Yuuri de verdad es lo suficientemente egoísta como para no compartirte ni con el propio sol que tan escaso es en la fría Rusia.
Vas a la cocina, y te paras justo en frente de la ventana que hace poco abriste, en uno de los cajones de la gaveta, muy bien escondidos, sacas un paquete de cigarrillos. Un gusto culposo que sabes que no deberías hacer, pero Yuuri no tiene por qué darse cuenta, tardara en levantarse y en todo ese tiempo el olor se habrá ido.
Apenas le estas dando la primera calada, cuando escuchas la voz de Yuuri.
-¡Viktor, deja eso!- ups, has sido atrapado justo en el momento del crimen. Giras a verlo, trae tu camisa puesta, y las marcas de los mordiscos y chupetones en su piel. Aún se está tallando los ojos, y un ligero puchero adorna su cara, sabes que odia verte fumar.
-¿Quieres?- preguntas de la manera más cínica posible, a este punto es imposible ocultar la evidencia. Camina decidido hacia ti. Te quita de la mano el cigarro tirándolo a la tarja de la cocina, abriendo la llave para mojarlo y dejarlo inutilizable.
Ahora puedes predecir su regaño usual "Ya sabes que no me gusta que fumes porque hará que tus pulmones se enfermen y después te cueste trabajo respirar o hacer ejercicio"
-Viktor, ya sabes que no me gusta que fumes porque hará que tus pulmones se enfermen y después te cueste trabajo respirar o hacer ejercicio- lo sabias, siempre es el mismo discurso, pero a estas alturas no importa si es el mismo discurso una, dos, mil o un millón de veces, lo amas, y amas que lo haga.
No te resistes al sermón que sigue y solo lo dejas ser y lo abrazas para saberlo ahí contigo. Es tan perfecta esa mañana.
Yuuri, el sol y coincidir.
El hecho de verlo y ser testigo del momento en que su piel se eriza a causa del pacer que recibe y como su cuerpo se contorsiona cada vez que tu boca tibia se desliza por aquellos rincones que no son bañados por la luz del sol, recibiendo un fiero contraste con lo frio de la habitación; sentirlo y que el suave roce de tus dedos viaje por los valles y llanuras de su cuerpo; abrazarlo y sentir el loco palpitar de su corazón cuando el placer sobrepasa el límite de lo humano; olerlo y sentir la esencia natural de su piel se confunde con el perfume que suele usar y convertirlo en la fragancia más erótica que el humano nunca ha conocido jamás; y saborear lo salado de su piel una vez que el sudor baña cada rincón de su superficie, hace que cada minuto de cada instante valga la pena vivirlo, mas aun cuando ya lo sabes tuyo ante la ley y ante los demás. Es tan avasallante ese sentimiento que daría lo que fuera por vivir por siempre en brazos de su Yuuri.
Lo besas, jamás te cansaras de esa boca suya. Quieres reclamarle en un beso la pertenencia de su alma y al mismo tiempo entregarle la tuya.
Esas son las pequeñas cosas, lo mínimos detalles que tu estarías dispuesto a vivir cada mañana de cada día.
Wolas~ Queridos~ he vuelto!
Ya fuera de bromas, valla que me he desaparecido mucho tiempo de estos lugares, pero que les digo mis pequeños Irquens, la vida es mala...
Este bonito fic, todo diabético es parte de un pequeño reto del grupo de whats de la pagina de face de Clowns on Ice. Somos una linda familia disfuncional y demasiados activos en el chat para nuestra propia salud mental.
Pero bueno. Esto es un pequeño regalito. Y esperen un nuevo fic mío mas adelante.
Saluditos (^0^)/
