¡Atención!

Este One-Shot contiene lemon.


Milán, Italia.

Con muchas, muchas dificultades, Shingo había logrado poner la llave en la cerradura. Definitivamente la fiesta de cumpleaños de un sujeto tan célebre para la ciudad como lo era Giovanni Conti había hecho estragos en su humanidad, acabando el joven japonés en un estado lamentable. Afortunadamente, siempre había alguien cuidando de él.

Detrás suyo una joven resoplaba con fastidio, pues esperaba desde hacía ya diez minutos a que el futbolista lograra abrir la puerta. Aoi sintió el pesado suspiro y volteó, ofendido.

-Está al revés.- Dijo ella, girando sus ojos, al notar que la llave no daba la vuelta.

-¡Entonces hazlo tú!- Se hizo a un lado, dándole lugar para que lo intentara. La chica dió dos pasos, quitó la llave, la colocó en su posición correcta y giró, liberando la cerradura en un instante. Al lograrlo, volteó y lo miró con aires de suficiencia. Shingo hizo un mohín y murmuró. -Presumida.

-Te dije que no bebieras tanto. No tolerás muy bien el alcohol.- Dijo, adentrándose a su departamento, directo a la heladera.

-No bebí tanto.- Respondió, logrando una mirada divertida posarse en él.

-Tu nariz roja como Rodolfo dice lo contrario.- Le sonrió. -Te conozco desde hace bastante y hace seis meses que salimos. Sé que, cuando te emborrachás, tu nariz se pone colorada. Además de ponerte más molesto de lo usual.- Murmuró lo último. Aoi rió, dejándose caer en el sofá. Luján le alcanzó un sandwich de pollo, el cual él tomó con gusto. -¿Te divertiste hoy?- Le preguntó, con una sonrisa tierna. Él asintió, devorando su sandwich. La chica sabía que, luego de tal noche, Aoi necesitaría bastante alimento, por lo que no le sorprendió que acabara con su sandwich al instante y mirara el suyo, deseándolo. Sin dudar, se lo dió, siendo retribuída con una linda sonrisa.

Luján lo contempló por unos momentos mientras él continuaba en lo suyo, prestando especial atención a su nariz respingada, sus gruesas pestañas y sus cejas, las cuales no pudo evitar acariciar un poco. Aoi cerró los ojos, disfrutando tanto del sabor del pollo saborizado con jengibre, albahaca y limón como de las sorpresivas caricias de su novia. Al terminar, él suspiró satisfecho y la miró, para luego dejarse caer en su regazo, cosa que la sorprendió.

-¿Sueño?- Preguntó, con suavidad. Aoi, acurrucado en ella, asintió. Luján comenzó a acariciarle el rostro y el cabello, sonriendo al verlo sonreír por ello.

-Lamento no poder cumplir con lo que te prometí.- Murmuró, adormilado.

-¿Hm?

-Cuando te pedí que fueras mi novia y aceptaste, te prometí que te daría todo lo que quisieras y necesitaras. Lo he estado haciendo mal. Soy como un chiquillo y te he hecho renegar más de lo debido.

-¿El alcohol te sensibilizó, mi amor?- Se burló ella.

-Ni siquiera he podido darte... eso. Eso que tu has querido y buscado tantas veces y que yo me las he arreglado para esquivar por lo inseguro y cobarde que soy.- Continuó. A la chica le dió un poco de pena en tono en el que él habló.

-Te dije que iba a esperarte el tiempo que necesites.- Dijo Luján, sintiendo una leve punzada de decepción, tal como todas esas veces en las que él, discretamente, la había rechazado.

-No tienes que hacerlo más.- Shingo habló en un tono más fuerte y convencido, quizás envalentonado por el alcohol, reincorporándose y mirándola a los ojos. -Si tú prometes guiarme y ser paciente conmigo, prometo que haré lo mejor posible.

-¿Se... ¿Seguro?- Abrió grande los ojos, sorprendida. Aunque en varias oportunidades había intentado (en vano) persuadirlo para algo sexual, realmente tal propuesta la había sorprendido de tal modo que se había tornado sonrojada y nerviosa.

-Sí.- Asintió, serio, para luego sonreír. -¿Por qué te pusiste tan roja?

-¿Porque estás proponiéndome tener nuestra primera vez juntos?

-¿Qué no es eso lo que querías?- Preguntó, apenado.

-¡S-Sí!- Exclamó Luján, lamentándose al haber sonado tan desesperada. Se calmó un poco. -Sí, lo quiero.

-Entonces... ¿podrías empezar tú? Yo te seguiré.- Sonrió, sonrojado.

-Eh...- Se ruborizó con intensidad. No sabía porqué, pero se había tornado muy nerviosa. Quizás por lo inesperado de la propuesta. Sin embargo, poco tardó en tranquilizarse. Ella era la de la experiencia y él contaba con que ella supiese llevarlo. No había lugar para dudas o nervios si quería que la primera vez de su novio, y con su novio, sea memorable.

Miró a Shingo, quien lucía aún muy cansado, somnoliento y un poco borracho aún. Él simplemente le sonreía.

-¿Por qué no te das una ducha rápida para despabilarte? Quisiera que estés al cien por ciento en tus sentidos.

-Es una buena idea. Procuraré apresurarme.- Respondió, levantándose. -¿Quieres esperarme en la habitación, mientras tanto?

-Quizás es mejor que te espere en este sillón.- Sonrió ella, reposándose, viéndolo ingresar. Ciertamente, en varias oportunidades, había soñado con Shingo en una situación así, y en la mayoría de sus sueños el asunto se llevaba a cabo justamente en ese mullido sillón. -Sé que no es un gran sueño cumplido como el suyo de jugar en la Serie A, pero es importante para mi y es un sueño cumplido al fin.- Se dijo, palpando a su alrededor.

Luego de unos minutos, Shingo salió del baño con su cabello mojado y revuelto, luciendo el cambio de ropa que había llevado, el cual consistía en unas bermudas del Inter y una remera azul Nike. Dentro del departamento de Luján no solía llevar calzado, tal como era su costumbre, la cual ella también había adquirido gracias a él. Al verlo la joven, se sonrojó inmediatamente.

-¿Estás despabilada o necesitas ducharte también?

-Quizás una ducha rapidita.- Respondió, ingresando para minimizar al máximo el tiempo desperdiciado.

Probablemente no hubo día en el que Luján Olmedo se haya duchado tan rápido, pues todo aquel que la conocía siempre acababa fastidiado de tener que esperar a que la joven se duchara para algún evento o salida. Incluído el mismo Shingo, quien se sorprendió al oír la puerta abrirse luego de, tan solo, cinco minutos. Cincuenta y cinco minutos menos de lo que solía acostumbrar ella para ducharse.

Al voltear y antes de soltar algún comentario burlón respecto a su excesivamente breve ducha, Aoi enrojeció y quedó paralizado. La chica estaba parada frente a él y solo llevaba una toalla puesta, mirándolo con un pequeño sonrojo de vergüenza que causó que se viera aún más hermosa a ojos del futbolista.

-Olvidé mi ropa.- Dijo, apenada. Él asintió, sin quitarle la vista de encima. Sabía que ella tenía un lindo cuerpo. No era tonto, lo había notado apenas la había conocido. Sin embargo, envuelta en una ajustada y excesivamente corta toalla, notó la diferencia entre ella y las jóvenes europeas, pues no conocía mujer que pudiera llenar esa toalla como ella lo hacía.

-"Ya me estoy poniendo nervioso pensando en estas cosas. ¡Cálmate, idiota!"- Se regañó mentalmente, echándose para atrás, reposándose en el respaldo del sofá. Al hacerlo, oyó una nueva puerta: la de la habitación. -"Vaya que tiene prisa."- Pensó, sintiéndose un poco inseguro. ¿Habría sido buena idea llevar el asunto a esto? ¿No habría sido mejor solo dormir arropado a ella? -"Yo y mi gran bocota."

-Shingo...- Lo llamó. Al voltear Aoi, todas sus dudas se disiparon inmediatamente, logrando que se enderezara y observara atento todo su ser.

La chica llevaba puesta una pijama de razo negro tipo vestido corto y de tirantes. Su cabello húmedo estaba ligeramente despeinado y su mirada lo veía con una timidez rara en ella.

-Acabo de comprármelo. ¿Te gusta?

Aoi asintió varias veces. Ella se acercó a él y se sentó a su lado, notando cómo su novio se forzaba a ignorar su escote.

-Shingo... ¿seguro que querés hacer esto?

-Sí.- Dijo, serio y rojo como tomate. Se sintió extraño, pues más que asustado, luego de verla primero en ese precioso vestido color bordó, luego en toalla y ahora en esa sexy pijama negra, se encontraba ansioso. Muy ansioso. -Estoy seguro.

-Shingo.- Sonrió, conmovida, tomándolo del rostro y plantándole un beso que inició suave y se fué intensificando. Al instante, ella ya estaba sobre él.

-Nunca te habías subido así a mi.- Su sonrisa había indicado que al japonés le gustó el movimiento.

-Tampoco habías estado tan cerca de mi.- Sonrió ella, aunque su sonrisa fué un poco lasciva. Shingo la miró y luego miró al frente, notando que su escote estaba justamente frente a su cara. Enrojeció.

Luján, al ver su reacción, lo abrazó y apretó su cara en su pecho. Sintió una pequeña chispa encenderse dentro suyo al él acurrucar su cara allí y rodearla con sus brazos, la cual se intensificó al él comenzar a plantar besos en la parte superior de sus senos, para luego meter la cara nuevamente.

-Parece que te gusta.- Se alegró la chica, quien, al removerse un poco por comodidad, notó algo duro bajo suyo. -Sí, definitivamente te gusta.

-No vas a poder sacarme nunca más de aquí.- Habló Shingo, aún con la cara hundida allí.

-¿No te gustaría ver un poco más que solo escote?- Preguntó, en un tono sugerente, captando su atención. Él, con expresión aún inocente, asintió. Como única respuesta, la chica tomó las tiras y las dejó caer, bajando ella misma la tela que cubría sus senos, pues estos eran lo suficientemente grandes como para evitar que la tela se cayera sola. Aoi abrió enorme los ojos al ver tal espectáculo. -¿Qué te apetece?

-Mmm... pues...- De nuevo, se sintió nervioso, incapaz de reaccionar. Sabía lo que quería, pero temía un rechazo si ella llegara a creer su movimiento apresurado.

Luján, notando su duda, abrazó de nuevo la cabeza de su novio y la colocó en sus senos, removiéndose para que las sintiera y sintiera además la dureza que le estaba provocando en los dos botones rosados que coronaban las grandes montañas.

Sorpresivamente, Aoi abrió su boca y degustó un poco de la carne de su novia, encontrando uno de sus pezones y dedicándole tiempo a él, jugueteando con su lengua. Tales movimientos causaron que la chica suspirara del gusto, aunque éste último hizo que soltara un suave gemido que despertó la líbido de Aoi. Él utilizó ambas manos y comenzó a masajear, saborear y mirar, de vez en cuando, los senos de su novia.

-"¡¿Cómo me privé tanto tiempo de esto?!"

-¿Listo?

Negó, frunciendo el ceño.

-Tengo otra cosa que podría gustarte más.- Le dijo, en el tono justo para endulzar el oído del mediocampista, quien la miró y la soltó. -¿Te gustaría saber qué es?- Preguntó y él asintió. -Solo quedate quieto ahí.

-Pero, si me quedo quieto, ¿cómo voy a...- Se detuvo abruptamente al ella echarse para atrás y arrodillarse entre sus piernas. -¿Lu? ¿Qué haces?- Quiso saber, en extremo apenado. Ella simplemente sonrió, comenzando a frotar la erección de su novio, quien se dejó caer en el respaldo, con cara asustada. La chica liberó la erección de su prisión, viendo con gusto cómo prácticamente saltó del boxer. -Lu, ¿segura que quieres hacer esto? No quisiera que mi primera vez fuera porque me masturb...- El cambio de expresión del chico causó una sonrisa divertida en ella, quien lo había interrumpido pasando la punta de su lengua desde el inicio del tronco hasta el prepucio, culminando acariciando la punta. -¿Segura que quier...- Una vez más, Luján hizo lo mismo. -¡Déjame hablar!- Exigió, con un mohín.

-¿No te gusta?- Preguntó, con ligera decepción.

-¡Me encanta! Pero... déjame acostumbrarme a la sensación, por favor.- Pidió, sintiéndose ligeramente sobrepasado. -Es... demasiado para mi.

-¿Te gusta?

-Sí.

-Entonces disfrutá.- Dijo ella, volviendo a hacer el mismo movimiento, moviendo su lengua de arriba a abajo, recorriendo todo el largo de su pene. Aoi presionó sus labios y se acomodó en el respaldo, intentando tolerar aquella deliciosa tortura que Luján estaba llevando a cabo.

La chica recorrió con su lengua cada centímetro de la virilidad de su novio, quien soltaba suspiros y jadeos cada tanto, preso del placer que ella le estaba causando. Una acción sorpresiva de la joven causó que el futbolista soltara un gemido ruidoso.

-Lu...- Finalmente la miró, aunque apenas pudiendo abrir un solo ojo, encontrándola con todo su glande dentro de su boca, succionando y lamiendo a la vez. -L-Lu... N-No... Hm...

-¿Hm?- Ella levantó su mirada, succionando un poco más fuerte mientras que con su lengua masajeaba la punta. Shingo cerró con fuerza sus ojos, intentando tolerar. Luján comenzó a introducirse más a fondo el miembro del japonés, intentando romper la barrera que él intentaba poner entre él mismo y la lujuria.

Al oír los gemidos escapársele a Shingo de su boca, comprendió que había logrado su objetivo. Sonrió con gusto y levantó la mirada un poco, sin dejar de chupar aquel erecto, duro y palpitante pene. Su excitación incrementó increíblemente al ver la expresión en la cara de su novio. Lo soltó y procedió a lamer sus testículos, robándole otro gemido escándaloso. Sin embargo, regresó rápido a su mojado glande.

-¡Me encanta, Shin!- Jadeó ella, de una forma tan desesperada que al chico le encantó. -¡Es tan delicioso!

-Lu... por favor...

-¿Hm?- Lo miró, y ambos intercambiaron una suplicante mirada. Inmediatamente lo soltó. -¿Estás listo, mi amor?- Le dijo, cambiando el tono lascivo por el dulce que solía acostumbrar con él.

-S-Sí.- Sonrió débilmente, aún procesando aquel mar de sensaciones que la chica le causó solo con su boca. ¿Qué tanto le depararía con la penetración? Dudaba que existiera placer superior al que acababa de hacerle sentir Luján. -Comienza tú, por favor.

-Sí.- Sonrió, quitándose primero la ropa interior y luego el pijama, subiéndose de nuevo sobre él. Aoi la miró embelezado, apoyando sus manos en las caderas de la latina. -¿Te cuento un secreto?

-Dime.- Dijo, sin dejar de verla con ojos de enamorado.

-Muchas veces soñé que te hacía el amor justo acá, y justo de esta manera.- Le dijo ella, dulce, removiéndose para que la dureza de Aoi resbalara con su húmeda femineidad.

-Y... ¿por qué no lo haces?- Sugirió, sonriéndole. Como nunca, ansiaba saber cómo se sentiría estar dentro de ella. Cómo se sentiría ella al estar él dentro suyo. Sin decir más y sin quitar su vista de esos lindos ojos caoba, él mismo posicionó su pene, permitiendo que ella se uniera a él. Una sensación extraña y un poco de resistencia al principio, pero, al cabo de dos segundos, ambos estaban unidos. Luján se abrazó a él y lo miró, analizando su expresión para saber cuándo comenzar a moverse. Shingo, por su parte, sintió un delicioso calor al momento en que se unió a ella, acompañado de una ligera presión que le resultó irresistible. Comprendió entonces que había sido apresurado con sus conjeturas, pues apenas y se habían unido carnalmente y ya estaba que vagaba por las nubes de la hermosa sensación.

-¿Todo bien?- Preguntó ella, un tanto divertida, al verlo perdido en otro mundo.

-Mi pene te ama.- Soltó, provocándole una suave risa. Luján lo contempló un momento, para luego abrazarlo.

-Te amo.- Susurró, sin separarse, abriendo de inmediato sus ojos, en claro pánico. Todo su líbido se había ído al demonio, y todo por una frase desafortunada en un momento, sabía, inadecuado.

Aoi reaccionó de igual forma a su confesión, tomándose un momento para procesarlo. Nunca le había dicho cosa semejante, ¿se le habría escapado?

-"Por cómo se tensó, diría que sí."- Sonrió un poco, apenado. -"Pero ¿qué debería decirle? ¿Debería decirle lo mismo? ¿Fingir que no la escuché? No debería mentirle. ¿Yo siento lo mismo por ella?"

-Perdón.- Susurró Luján, apenada, abrazándolo más fuerte.

-Yo también te amo.- Dijo él, y ella se apartó y lo miró. Sus ojos caoba destellaban debido al incómodo momento y a la incertidumbre de su silencio.

-¿De verdad?- Quiso saber, con una sonrisa que irradiaba felicidad.

-Sí, pero no te creas que te lo dije para que no te sintieras mal por habérsete escapado eso.- Rió un poco.

-Entonces... ¿no arruiné el momento?

-Pues... creo que el momento fué perfecto.- Dijo, sonriendo. Se movió un poco. -Además, aún sigue firme.

-Perfecto.- Sonrió ella, besándolo dulcemente mientras iniciaba sus lentos movimientos.

-Oh... Lu...- Jadeo él al sentirla, pues no era solo la sensación de Luján haciéndole el amor, era el sentirla en esa posición, tan pegada a él, sintiendo su respiración suave y excitada, sintiendo con sus manos su suave movimiento de cadera buscando devorar lentamente su pene. Casi como si supiera la sensación exquisita que le provocaba, la chica se abrazó a él y comenzó a gemirle suavemente al oído, mientras continuaba con su faena. Ambos estaban extasiados de placer, pero a ninguno parecía bastarle.

-S-Shin...- Gimió ella, al sentir cómo él presionaba su trasero y la traía con fuerza hacía sí, buscando sentirla mucho más.

-Lu... no tienes idea de cómo he deseado esto.- Masculló Shingo, deleitado, utilizando su fuerza para mover a su novia a su ritmo. Los gemidos de Luján comenzaron a intensificarse, dándole a entender que realmente estaba gustándole lo que le estaba haciendo.

-M-Mi amor...- Jadeó en castellano, tomando al futbolista desde atrás, por el negro cabello, obligándolo a mirarla. Aoi se vió sorprendido por ello pero se dejó llevar por el candente beso que ella inició, al tiempo en que aceleraba y violentaba su movimiento, logrando que soltara gemido tras gemido que fué acallando con su boca.

Aoi, quien hasta ese momento se había sentido a la altura de las circunstancias, comprendió la diferencia de experiencias, pues la intensidad que su novia mostró le resultó, además de sorprendentemente deliciosa, casi intolerable, robándole gemidos escándalosos e incluso leves gritos de placer.

Luján, lejos de cansarse, se mantuvo así durante largos segundos, devorando la boca de su novio y haciéndole el amor de la forma que siempre había deseado, intensa y cegada por los gemidos de su futbolista. Al suavizar sus movimientos, notó cómo el miembro del japonés comenzaba a palpitar como loco dentro suyo. Lo miró y, al igual que él, poco le importó.

Shingo lanzó un gemido ronco, fuerte y ruidoso. Sentía cómo su pene se hinchaba dentro de ella, una y otra vez, sintiendo también que el alma se le salía al eyacular, dejándolo exhausto. No pensó siquiera en soltarse fuera de ella para evitar cualquier problema. Preferiría afrontar lo que fuera a soltarla. Entonces observó a la chica que tenía encima y jadeó. ¿Acaso no se cansaría nunca?

-¡S-Shiiin!- Exclamó ella, luego de unos momentos, presionándose fuerte contra él, mientras Aoi sentía cómo ella le presionaba su virilidad. La línea entre delicia y tortura estaba cada vez más delgada. -¡Ohhh! ¡Príncipe del Sol!- Soltó la argentina, liberándose sobre él.

Aoi, muy sensibilizado por la reciente eyaculación, sintió una deliciosa presión en su miembro y solo atinó a aferrarse a ella y disfrutarla. Entonces, luego de algunos segundos y al haberse liberado por completo, la chica se dejó caer sobre él, exhausta.

-¿Estás bien?- Preguntó él, arropándola, pues se veía demasiado agotada.

-Perfecta.- Le sonrió, risueña y muy agitada, perdiéndose entre los brazos de su amado futbolista.

Como respuesta, Aoi le besó la nariz y la abrazó con fuerza, negándose a soltarla por el resto de la noche.