Cosas de Pareja
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Los personajes del "Castillo Ambulante o Vagabundo" son propiedad de Diana Whynne Jones y la animación es obra de Miyazaki. Los cuales tomé prestados para desarrollar las ideas que se formaron en mi imaginación.
Esta historia participa del desafío lanzado por la Página #EsDeFanfics. La cual es la vigésima octava entrega del #Flufftober.
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Día 28: Comprar juntos
Hay días en los cuales tienes el presentimiento de que va a suceder algo importante. Sophie Hatter no se consideraba como alguien supersticiosa, sin embargo, al terminar de descender las escaleras, comenzó a replantearse la situación.
La repentina ausencia de los demás miembros, fue la primera alerta que su subconsciente le lanzo, pero el ver a Howl sentado cómodamente en el sofá leyendo un libro, solo aumento la sensación de vértigo en su estómago.
—¿Dónde están todos? —cuestionó al acercarse para que el azabache notara su presencia.
—Creo que salieron—respondió sin despegar la vista del libro—Ese trío seguramente deben estar haciendo de las suyas.
Sophie solo asintió, esperando que no los utilizara nuevamente como blanco de sus travesuras. Estaba tan absorta en sus pensamientos que no se percato del momento que el azabache la contemplaba con incredulidad.
—¿Adónde vas? —preguntó al verla enfundada en el vestido amarillo que el mismo le regalo cuando comenzaron a ser una pareja real. Sophie iba más arreglada de lo normal.
—Compras. Nos veremos más tarde.
—Voy contigo.
Sophie salto en su puesto ante el susto que recibió por el repentino grito lanzado por su prometido, sin mencionar la rapidez con la cual llegó a su lado.
—¿Estás seguro? —indagó con incredulidad, pues era de conocimiento público que el azabache no era muy dado para salir a hacer esa clase de actividades.
—Absolutamente.
—Te vas a aburrir.
—Lo dudo—aseguró al ofrecer su brazo como invitación.
Sophie exhalo un suspiró cansado antes de aceptar, rogando que el comportamiento del azabache no le ocasionará inconvenientes. Así comenzaron la marcha por las transitadas calles de Ingary.
Una hora más tarde, Sophie sentía como su cabeza comenzaba a palpitar ante el inminente dolor que no demoraba en aparecer, mientras su acompañante se quejaba por milésima vez.
—Puedes guardar silencio—murmuró entre dientes codeando de manera disimulada a su pareja, quien no tenía la mínima delicadeza ante los comentarios que lanzaba " magia, gratis y calidad "era lo único que repetía cada vez que escuchaba los precios que los vendedores mencionaban sobre los productos que ofrecían, ganándose de paso varias miradas molestas de parte de ellos.
—Solo digo la verdad, si embargo, eres tan obstinada que…
Sophie ofreció una disculpa, mientras se llevaba a rastras a un mago que había detenido su argumento ante la repentina acción de su prometida.
—No sabes que debes comportarte—gruñó a medida que avanzaba lo suficiente para alejarse de la zona del puerto—Te avise que te ibas a aburrir, de todas maneras, quisiste acompañarme.
—No es eso—musitó al soltarse del agarré femenino. Sorprendido del dolor en su muñeca, su amada posiblemente le habría dejado una marca por la fuerza empleada. Era vergonzoso saber que su mujer tenía más fuerza que el, si un verdadero golpe para su orgullo.
—¿Entonces que es? —cuestionó confundida, sin embargo, dudaba que la respuesta que recibiría excusar el infantil comportamiento del azabache.
—Esto—respondió dejando la cesta en el suelo sin cuidado y de un movimiento rápido encuadro con sus manos el rostro femenino, chocando sus labios contra la boca de Sophie, no había sutilezas, ese beso era diferentes a los que normalmente compartían. Sus lenguas se movían a la par, ambos se conocían lo demasiado para saber cómo manejarse—Necesitaba besarte—expresó con la respiración agitada cuando se tuvieron que separar por falta de aire.
—Sabes que no es correcto—susurró Sophie avergonzada, pues varias personas veían con gesto reprobatorio esa clase de muestras de afecto en público.
—Ignóralo, no estamos haciendo nada malo, solo cosas de pareja. Además, te informó que, a partir de este día, me convertiré en tu acompañante cada vez que tengas que ir a comprar.
—Estás loco—comentó divertida ante las ocurrencias del azabache.
Howl sonrió, sin embargo, sus palabras eran serias, por nada del mundo iba a permitir que su amada ande por la calle a la merced de miradas poco decentes de algunos comerciantes. El era su pareja y estaba dispuesto a que respetaran su lugar. Prefería mil veces tener que soportar las tediosas compras que dejar a su pareja sola.
F i n.
