Not set in Stone
By: HybridVirus

Disclaimer: Sailor Moon y sus personajes son pertenencia de sus respectivos dueños, no obtengo ninguna ganancia con esto, más que darle amor a la parejita más linda de todas en esta serie; solo soy una fan que escribe para fans.

Pd: Se aceptan donaciones en PP :La descalabran:

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El suave murmullo del viento meciendo el follaje y las ramas de los árboles, resuena en el silencioso jardín. Una pequeña sonrisa se dibuja sobre los pálidos labios de la rubia platinada, al mismo tiempo que continúa caminando sobre el blanco empedrado, que es bañado por el gentil resplandor de la luna. La mirada cerúlea se encuentra clavada en el cielo, vislumbrando el sinfín de estrellas que se encuentran en la extensión de la bóveda celeste. Este lugar… es simplemente… hermoso. Este presente que existe ante sus ojos, repleto de risas, alegría, felicidad y calidez. Dispara por completo el palpitar de su corazón, en una taquicardia que no puede ser controlada; Porque a pesar de estar consciente de todo lo que ha ocurrido, para que este mundo exista ante sus ojos… igualmente puede decir que es realmente feliz.

Desde su nacimiento, Serena Tsukino ha estado unida a la Princesa Serenity. Ambas son la misma, pero al mismo tiempo… son distintas. Son la misma alma, la misma gentileza, la misma princesa heredera del reino lunar, y la misma portadora del legendario cristal de plata. La dos comparten un aciago destino que las llevaría hacia su muerte. Pues el amor de Endimión y Serenity estaba simplemente destinado a perecer, sin importar cual fuera la situación que se encontrara ante ellos. Le había costado aceptarlo, porque se supone que el amor lo vence todo ¿No es así? Pero en cada uno de sus enfrentamientos contra los enemigos, tanto ella como Endimión habían perecido ante el enemigo, su única salvación había sido el legendario cristal de plata.

En esta vida donde todos los miembros de la corte lunar, habían podido renacer gracias al poder del cristal de plata, y a la voluntad de su madre la antigua reina Serenity. Ella había heredado de su antigua vida ciertos sentimientos, que irradiaban una fuerza que parecía dictar su destino. Encontrarse con Darién Chiba había sido obra de semejante fuerza o quizás… ¿Eso sería obra de la casualidad? Sería bastante complicado discernir que era la verdadera obra de los sentimientos de Serenity, y que era el resultado de aquello dictado por el verdadero destino. El hecho de que ambos se enamoraran el uno del otro, bien podría ser el resultado de ese eco del pasado, que en algún momento compartieron.

–¿Mama, que haces aquí a esta hora?

La mirada celeste se posa sobre la alta silueta de la jovencita, que camina lentamente hacia ella. La reina se mantiene atenta en los firmes movimientos, que le hablan de una seguridad en sí misma, que a ella le habría encantado poseer cuando era una adolecente, una recién iniciada Sailor Scout, o incluso cuando había sido nombrada como monarca del segundo milenio de plata. El viento mece gentilmente las largas hebras rosadas de su heredera, consiguiendo que la neo reina Serenity centre toda su atención sobre el traje de Sailor Scout, que porta con orgullo su no tan pequeña Rini. Hay algo agridulce en saber que… en este futuro, en este presente, en esta realidad. Sailor Chibi Moon no existe, pero en su lugar existe una nueva Sailor Moon.

–Rini, simplemente doy un paseo antes de la cena.

Responde gentilmente la dueña de los resplandecientes topacios, asegurándose de ver con cuidado a la Sailor guardiana de este presente, que se había visto alterado gracias a sus decisiones. El traje de Super Sailor Moon que Chibiusa lleva con orgullo, es ligeramente diferente al que ella porto cuando era la guardiana del planeta celeste. La verdad no hay gran diferencia, pues apenas han cambiado unos cuantos colores, ya que hay un tono azul que se mezcla con algo de negro en el final de la falda. También el hecho de que el compacto de corazón ahora porta en su centro, una insignia con la forma de una estrella alada.

–Entonces… ¿Por qué camina papá detrás de ti?

Los orbes cerúleos se abren desmesuradamente, al percatarse de que a su costado no se encuentra su usual compañía. Lentamente las pálidas manos de la rubia platinada, toman la vaporosa tela de su blanco vestido. Para empezar a girar el rostro sobre su hombro, esperando toparse de ese modo con el silencioso consorte, que la acompaña siempre durante sus pequeñas caminatas por los jardines del palacio. El insistente eco de pequeños y apresurados pasos resuena en los alrededores, llamando así la atención de ambas mujeres hacia la entrada del jardín, por donde pueden apreciar como se acerca corriendo a toda velocidad, una pequeña niña de cabellera rosada y ojos azules, muy parecidos a los de la soberana del segundo milenio de plata.

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Un gesto de preocupación se apodera de las pálidas facciones de la reina, al ver la forma en que la pequeña con un par de coletas y cuatro alargados odangos bastantes parecidos a los de Rini, se tropieza y se acerca rápidamente hacia la superficie del empedrado del jardín. Antes de siquiera poder dar un paso en la dirección de la niña, Serenity se percata de la fuerte corriente de aire que pasa a su costado, la misma por la que su cabello termina completamente alborotado y hace que la tela de su vestido, se mueva insistentemente gracias a la fuerza del viento. La sensación de que algo ha pasado a toda velocidad a un lado de ella, la hace dirigir su mirada hacia la silueta del caballero vestido con una armadura negra que ha conseguido detener la caída de su segunda hija.

–¡Te tengo!~

Un aliviado suspiro escapa de la madre de la pequeña, al mismo tiempo que dirige una divertida mirada a su hija mayor. Es realmente adorable ver la forma en la que Rini, mira con tal indignación como su padre alza a la más pequeña de las princesas entre sus brazos, para después elevarla en el aire y así conseguir un sinfín de risas de la despistada niña. La reina coloca una mano sobre la espalda de su hija, para acariciar gentilmente a la celosa jovencita. La ojiazul admitiría que hace mucho tiempo atrás, ella sintió algo parecido cuando su hermanito menor nació. Pero con el paso del tiempo, Rini se daría cuenta de que esos sentimientos no tenían la más mínima razón de ser.

–Kousagi ¿No te paso nada?

Pregunta la dueña de las hebras platinadas, al mismo tiempo que se acercaba rápidamente hacia el caballero y a su pequeña princesa. '¡Estoy bien!' chillo con alegría la niña, mientras extendía los brazos en la dirección de la mujer vestida de color blanco, pidiendo insistentemente ser cargada por su madre. Una pequeña sonrisa se apodero de ambos adultos, mientras la reina Serenity se permitía cargar a la pequeña ojiazul. La sensación de una mano acomodando algunas de las alborotadas hebras blancas, llamo la atención de la soberana para posar su mirada sobre el hombre, que había evitado que su niña callera contra el suelo. La caricia de los pálidos dedos acomodando las rebeldes hebras detrás de su oreja, dispara de nuevo esa agradable sensación que conocía de sobra en su abrumado corazón.

–No te preocupes bombón, la niña está bien.

Los orbes celestes de Serenity se mantuvieron fijos, en el suave resplandor de esos encantadores zafiros que se mantenían firmes sobre su persona. La mirada de Seiya siempre conseguía hacerla perder el control sobre su corazón, el mismo que latía como un desbocado tambor fuera de ritmo y control. La frente del pelinegro se presionó contra la de la mujer, que había jurado proteger a costa de su propia vida. Los cuerpos de ambos adultos se acercan lentamente el uno al otro, conscientes de que la menor de sus hijas se encuentra entre ellos, y deben de ser realmente cuidadosos de no aprisionarla lo suficiente. El eco de un indignado '¡Hey!' llega a los oídos del trio, haciéndolos percatarse de la forma en la que la mayor de las princesas se acerca a toda velocidad, para intentar hacerse un espacio entre ambos adultos.

–¿También quieres que te cargue bomboncito?

Pregunta en un tono divertido el pelinegro, consiguiendo que las mejillas de la joven adulta se inflen en un gesto que es una mezcla entra la molestia y la vergüenza, mientras continúa intentando acomodarse entre ambos adultos y su hermana menor. Es después de algunos cuantos intentos, y varios movimientos entre todos los miembros del abrazo colectivo, que los brazos de Seiya se encuentran finalmente envolviendo a las tres mujeres que representan toda su vida. Una suave sonrisa se apodera de los labios del dueño de los orbes azul índigo, al mismo tiempo que mantiene sus zafiros sobre la forma en que ambas pelirosas, se encuentran abrazándose la una a la otra. Chibiusa se encuentra en su costado, mientras que Kousagi se encuentra en el costado de Serena. Los orbes cerúleos se encuentran indiscretamente, por encima de las acurrucadas chiquillas entre sus brazos, dejándolos verse el uno al otro y compartir con una simple pero igual honesta mirada, la felicidad que los embriaga desde lo más profundo de su corazón.

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Un suave silencio se apodera de la atmosfera entre ambos adultos, mientras miran a sus hijas alejarse tomadas de la mano. No hay forma alguna en la que los adultos puedan disimular la sonrisa que se apodera de sus facciones, al escuchar el sinfín de preguntas de la menor hacia la mayor, mientras es llevada de la mano por Sailor Moon hacia su habitación. Pronto será la hora de la cena y ambas princesas deben de prepararse para dicho evento. Un suave suspiro escapa de la rubia, para después posar su mirada en el dueño de los resplandecientes zafiros. A veces se pregunta si este tipo de vida, le resulta desagradable a su estrella guardiana ¿Quizás esto es muy diferente… a lo que Seiya pensó que sería su vida juntos?

–Lo estás haciendo de nuevo bombón…

La mirada celeste se enfoca en el pálido rostro de su esposo, intentando comprender la razón de semejantes palabras. Una divertida sonrisa escapa de la estrella fugaz convertida en caballero, mientras coloca su mano contra la mejilla de la reina del segundo milenio de plata. Lentamente los dedos del ojiazul acarician la piel de la antigua sailor guardiana de la tierra. Seiya sabe que es complicado ser el monarca de un planeta, hay muchas cosas que llevar acabo para conseguir que dicho mundo pueda mantenerse en calma y paz. Tiene sentido que, por momentos su esposa se pierda en sus propios pensamientos, siempre a la expectativa de algo nuevo para brindar bienestar a los habitantes de la tierra.

–Cuando piensas o te preocupas, haces ese gesto en el que frunces tu nariz.

Una de las delicadas cejas de la mujer, se arque en un gesto lleno de incredulidad, mientras su nariz se arruga de una manera adorable. Una suave risa escapa del más alto, para colocar uno de sus dedos contra el puente de la nariz de Serena, haciendo que las miradas de ambos se encuentren de nuevo. 'Si, ese mismo' una gentil sonrisa se acomoda sobre las facciones de la ojiceleste, era bastante raro el ver que a pesar de que eran una de las familias reales en este lugar, Seiya simplemente se rehusaba a cambiar su forma de ser con ella. El hombre aun la hacía reír, justo como cuando eran unos adolescentes e iban juntos a la escuela. La acompañaba a todos lados como su guardaespaldas, la mantenía lo suficientemente cerca para protegerla y le permitía el suficiente espacio en caso de que necesitara un respiro.

–¿Qué sucede?

Las pálidas manos de la monarca se aferran a la capa roja de Seiya, intentando asegurarse de que no hay forma en la que esté presente, que ha forjado con tanto cariño y esmero junto a la estrella fugaz, escape de sus manos como la escurridiza arena de la playa que se desliza entre los dedos de las personas. Haber elegido a Seiya como su futuro, en vez de haber elegido a Darién. Era una decisión completamente de Serena, aunque Serenity se había reusado a aceptarlo en un principio, pues la idea de perder a Rini le había rasgado por completo; sin embargo, Serena era realista ante la inminente verdad. Endimión y Serenity se habían amado con locura… pero su destino no era el de estar juntos.

Así que… era normal que ella y Darién tampoco estuvieran juntos, ese amor que creían sobreviviría a todo con la ayuda del cristal… no había podido sobrevivir a los estragos del tiempo, a sus diferencias, a sus personalidades. La realidad de que no sería feliz con Darién, había sido un golpe aturdidor para la guardiana de la luna y la tierra. El recuerdo de un futuro prometido a ella donde estarían juntos, no hacía más que hundirla en la incertidumbre y frialdad al pensar en la seriedad, que era bastante notoria entre la antigua pareja real que debió de existir para dar lugar a Tokio de Cristal. Así que dejar ir a Darién… la había dejado ser feliz.

–Seiya… ¿Eres feliz?

Pregunta la temblorosa voz de la mujer, mientras recuerda la frialdad en la forma de actuar de la familia real que conoció una vez. Recordaba cuando el rey Endimión había visto volver a su hija, la situación gritaba de propiedad y etiqueta. Pero le retorcía el estómago pensar en la crianza que tendría que pasar un niño, para formar parte de dicha familia. Ella había pensado que al quedarse con Seiya todo cambiaria, tendría una familia amorosa y discreta como esa en la que ella creció. Y de cierto modo la tenía, sus hijas eran propias y educadas según los estándares de la corte de la luna. Pero ellos siempre procurarían ser normales cada vez que tuvieran la más mínima oportunidad. El hecho de que Rini naciera ya era en si suficiente calma para Serena, pero la sorpresa vendría en la forma de Kousagi, una hija que no existía en ese antiguo lugar que alguna vez conoció como un futuro prometido y que ahora solo existía en sus recuerdos.

–Por supuesto que soy feliz Serena.

Susurro la voz del más alto, mientras se asegura de presionar su frente contra la de la mujer más bajita, los labios de ambos consortes se encuentran en un gentil beso que grita a los ojos de cualquier observador indiscreto, sobre la emoción que el caballero y la reina comparten abiertamente en sus corazones. Quizás esta es la forma en la que las cosas debían de ser… quizás su destino era el de erguir un nuevo futuro para la tierra. Quizás no fuera relevante quien la acompañara, en esta nueva aventura que aún se estaba llevando acabo. Pero no cabe duda que a diferencia de como el destino no se encuentra fijo en la piedra, sus emociones se encuentran talladas en lo más profundo de su corazón y en una extensión de su alma, pues ella no es Serenity y Seiya no es Endimión. Lo cual le permite decir con toda la seguridad del mundo, que este sentimiento que se desborda de su interior, es algo completamente creado por ellos y el mismo se siente como si fuera lo correcto.

–Te amo.

~Owari~

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Hybrid-Virus

Yo! Buen día lectores, es la primera vez que me animo a escribir algo de esta pareja. Me agrada la idea de suponer que no importa la decisión de Serena, siempre terminara convertida en reina de la tierra. Así que quise jugar un poco con la idea y modificar los posibles escenarios que podrían aparecer en dicho futuro. Uno de ellos es el hecho de que Rini es adulta y es Sailor Moon. Otro es la existencia de Kousagi, quien solo aparece en un manga como una extensión alterna.

No tengo nada contra Mamoru, pero simplemente siento que la historia de esos dos estaba hecha para sufrir y sufrir con el paso del tiempo. Haciendo un énfasis en que el destino siempre los va a separar. Así que decidí incluirlo aquí. Este es el primer fic que escribo de este fandom. No estoy segura de sí optare por escribir otros oneshots, pero siempre es bueno ver si existen las posibilidades de hacerlo.

Sin más por el momento, dejen un review y nos vemos en la próxima actualización.

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