El comienzo

Aphrodita (Hessefan)


Dislciamer: SS es de Kurumada.

Nota vieja: Este es uno de esos fics viejos que me da pena reconocer (hijo mío, no te reconozco), en especial porque no soporto ese cliché del violado enamorado de su violador. Contrario a lo que muchas piensan eso no es romántico, es una atroz pesadilla. Una persona que es violenta al inicio de una relación, con seguridad lo será después. No fantaseen con pelotudeces, pendejas de mierda (y esto me lo digo a mí, cuando escribí este fic tenía 17 años). Odio este fic con todo el poder de mi cosmos, pero me hago cargo.

Advertencias: Rape/Non con.

Notas nueva: Me faltan muchos fics de Saint Seiya por traer. Espero que me tengan paciencia. Iré subiendo de dos a cinco por día, para no agobiar a los fanfickers nuevos. ¡Gracias por su comprensión! Si tienen sugerencias para darme, adelante… no me ofendo.


TWO SHOT


Faltaba poco para llegar a destino. Solo un último trecho en coche hasta la cabaña que habían alquilado para festejar su aniversario. A pesar de ser ya hombres con sus vidas realizadas, nunca habían dejado de lado lo que una vez y hacía ya varios años había nacido entre ellos.

—Ya, Seiya —el mentado buscaba con pesada insistencia una transmisora de radio más interesante, pero en esa ruta se dificultaba sintonizar algo medianamente pasable—, deja de jugar con eso que vas a romperlo. —Se molestó Ikki, ya que ese era su auto, su querido e intocable auto.

Tsk —se quejó el Pegasus lanzándole una mirada de fastidio. El Phoenix desvió la mirada y la posó en él conteniendo la risa, se veía tan adorable en su eterno papel de niño.

—¡¿Qué haces?! —increpó asombrado por una mano juguetona en la entrepierna— Seiya, estoy manejando.

—Quiero que me prestes atención —reprochó.

—¡Pero estoy manejando! —exclamó divertido por semejante petición en semejante momento.

—¿Falta mucho para llegar? —preguntó Seiya lanzando un suspiro de aburrimiento.

—No, no falta mucho.

—Tengo hambre y estoy caliente. —Siempre tan directo, pero en parte era culpa del Phoenix, pues él lo había convertido en eso.

—¡Ja, ja, ja! Así que estás con hambre y caliente. —Ikki le dedicó otra mirada y vio su sonrisa.

—Más estoy con hambre que caliente, pero una vez que tenga el estómago lleno podré concentrarme en lo otro —dijo el Pegasus con naturalidad y acercó el cuerpo al del otro para comenzar a morderle el lóbulo de la oreja.

—Seiya, vamos a chocar si haces esas cosas —se quejó el Phoenix con una sonrisa, pues pese a todo le gustaba—. Compórtate como una persona adulta. Como lo que eres.

—No quiero. Quiero llegar —espetó harto de seguir viajando; hacía más de dos horas que habían salido.

Cuando el Pegasus terminó de decir eso Ikki dobló adentrándose a una pequeña calle de tierra, frente a sus ojos se pudo apreciar una cabaña y un lago. Seiya no sonrió por la belleza del lugar, pese a que era de noche, sonrió por haber llegado de una bendita vez.

—Ya llegamos. Por todos los dioses, eres peor que los niños, Seiya. No te saco más a pasear —dijo el Phoenix con falso enojo.

—Qué malo eres.

—Pero no puedes quedarte quieto —volvió a reprochar estacionando el coche—, ¿tienes hormigas en el culo o qué?

—En este momento nada, pero me gustaría tener algo —respondió el Pegasus con una pícara sonrisa y el Phoenix no pudo con eso.

—Ay, Seiya —suspiró—, a veces eres realmente molesto.

—Gracias. Yo también te amo, Ikki Kido —dijo el Pegasus con sarcasmo.

Bajaron del coche y una vez dentro de la hermosa y equipada cabaña, lo primero que hizo Seiya fue ir en busca de comida. Por Zeus, tres horas sin comer era demasiado para él. Su pareja se preguntaba dónde demonios metía tanta comida en ese cuerpo tan pequeño. Luego de una agradable cena decidieron sacar algunas mantas afuera y recostarse sobre el suelo para poder mirar las estrellas, algo que adoraban hacer juntos.

—¿En qué piensas? —preguntó el Phoenix con curiosidad, le resultaba extraño no escuchar la voz de Seiya por más de un minuto. Lo atrajo de un brazo para que descansara sobre su pecho.

—Estaba pensando...

—¡Oh, por todos los dioses! ¡¿Desde cuándo?! —exclamó con falsa sorpresa.

—¡Qué malo eres! —El Pegasus arrugó la frente y con dolor agregó—: Ya sé que no soy muy inteligente, pero...

—Tonto —retó abrazándolo—, era un chiste y sabes lo que pienso. Sí, eres inteligente, solo que eres vago para usar la cabeza.

—No sé si tomarlo como un cumplido o un insulto —murmuró para recibir de inmediato un cálido beso.

—¿En qué pensaba?

—Pues... en que estamos festejando nuestro aniversario ¿no?

—No —negó y como siempre ocurría la discusión comenzó.

—Ya sé que para ti no es esta fecha, pero para mí si lo es, ya que en esta fecha comenzó algo entre nosotros —argumentó Seiya con firmeza.

—Pero nos enamoramos mucho después o, mejor dicho, asumimos esto mucho después —contradijo el Phoenix y luego recordó que discutir con el Pegasus era tiempo perdido, así que siguió indagando—. Bueno, pero ¿en qué pensabas exactamente?

—En que tendríamos que invitar a Shiryu a nuestros festejos ya que todo fue gracias a él —respondió divertido.

—Ah —concedió el Phoenix—, tú lo que quieres es un trío, degenerado.

—Puede ser. —Ambos sonrieron ante la idea.

—¿En eso pensabas?

—En todo. En cómo fueron las cosas y en lo extraña que era nuestra relación.

—A mí no me gusta recordar el principio —reconoció Ikki con tristeza—. Me trae malos recuerdos.

—A mí no. A mí me gusta recordar cómo comenzó todo, desde ese dichoso juego hasta esa tarde que te enojaste por lo que pasó con Shiryu —dijo Seiya acariciándole la mejilla; no le gustaba verlo triste por el pasado.

—Te acuerdas de todo ¿eh? —pronunció el Phoenix con debilidad; a decir verdad él también recordaba cada hecho con una frescura que por momentos lo abrumaba. Aquello sería difícil de olvidar.

—Sí. ¿Tú no recuerdas todo?

El Phoenix asintió varias veces aletargado. Era una noche agradable aunque comenzaba a hacer frío. Seiya se recostó sobre su pecho y comenzó a recordar, ambos comenzaron a hacerlo.

(…)(…)(…)

—Hermano —reprochaba el niño—, vamos, ¿qué te cuesta? Juega con nosotros. —Shun insistía con esos ojos tiernos a los que su hermano nunca podía negarse.

—Hermanito, ese juego... —Quiso quejarse, porque ese juego le parecía una niñada. A pesar de no haber mucha diferencia entre ellos, dos años, a esa edad, se notaba abismalmente y el Phoenix con sus quince años no estaba para jugar con sus amiguitos— Está bien —aceptó a lo último, recostado en el sillón. Jugaría con esa parda de niños solo porque su pequeño hermano se lo pedía.

—El juego es sencillo —recalcó Shiryu—; si uno de nosotros pierde, el resto debe elegir una prenda para ese que perdió.

—Listo —sentenció el Phoenix sentándose en la alfombra, no era tan difícil y podría engañarlos con facilidad, era un sencillo juego de cartas.

La cuestión es que finalizada la ronda quien había perdido no era nada más ni nada menos que Ikki, quien se tuvo que tragar su orgullo y esperar con paciencia a que niños de trece años decidieran su suerte. Enojado con el destino se cruzó de brazos y plantó una cara de pocos amigos, mientras los otros cuatro planeaban algo divertido para hacerle. Todo estuvo en calma hasta que se escuchó la exclamación del más pequeño de todos.

—¡No! ¡Eso no! —Se quejó Seiya negándose rotundamente.

—¡Ah, Seiya! ¡Vamos! No seas así. Será divertido. Después cuando pierdas de nuevo —dijo Hyoga refiriéndose, por supuesto, a que era el Pegasus quien siempre perdía— seremos buenos contigo.

—Sí. Además tú perdiste la ocasión pasada y no cumpliste con la prenda —sentenció el Dragón señalándolo con un dedo—. Esta es la misma o parecida, solo que en vez de Shun, es su hermano.

El Phoenix al escuchar esa conversación se le heló la sangre. ¿Qué prenda tenía que hacer el ponny con su hermanito? Pronto lo sabría, por el momento se quedó inmóvil en el lugar. Desde que habían finalizado las batallas, en donde debieron asumir responsabilidades, los niños se habían abocado a tener una vida más acorde a su edad, sacando a flote toda la niñez truncada por la guerra. Y a veces eran crueles.

—Ikki no va a aceptar —objetó Seiya intentando escapar.

—No. Si es un cobarde seguro que no va a aceptar —vociferó el Cisne con toda la intención de ser escuchado por él.

—¡Ey! ¡Ganso de cuarta! —amenazó Ikki con un puño— Vengan aquí con esa maldita prenda y verán de lo que es capaz el Phoenix —dijo por completo decidido y una sonrisa maliciosa se instaló en el rostro de Shiryu mientras que en el Cisne era una sonrisa de triunfo por haber logrado su cometido.

Shun comenzó a reír echándose hacia atrás en la alfombra y agarrándose del estómago, mientras el Pegasus ocultó el rostro surcado por la vergüenza. ¿Qué era tan terrible? Se preguntó el Phoenix.

—Bien, Seiya. Ven aquí —dijo Shiryu arrastrando al Pegasus de un brazo para colocarlo frente al Phoenix, quien notó las mejillas sonrojadas del más chico.

—Bien, Ikki. Elegimos al ideal para esto. Por un lado porque sabemos que Seiya te hierve la sangre por momentos —dijo el Cisne de pie y descalzo. Eso era tan cierto; sí que lo hacía rabiar como ninguno de sus amigos, pues Shiryu era bastante centrado, con Hyoga eran más peleas y discusiones de su nivel, Shun era su hermanito querido, pero Seiya, siendo el más chico... era una auténtica jaqueca por momentos— Y por el otro... —continuó el Cisne con una sonrisa maliciosa en el rostro.

—Ya, ganso, apura… —apremió el Phoenix.

—Porque él no cumplió la misma prenda impuesta anteriormente. Todo por cobarde.

—¡Ey! No fue por cobarde —se quejó Seiya arrodillado en la alfombra y frente al Phoenix.

—Dijiste que no querías porque Ikki iba a matarte si se enteraba que hacías eso con Shun. ¿Eso no es miedo? —increpó Shiryu con una sonrisa.

—Fue por hombre —se defendió el Pegasus ocultando la mirada.

—Pero tú no eres cobarde, ¿verdad, Ikki? —preguntó el Cisne muy divertido.

En ese momento a Ikki la seguridad se le fue al piso, miró a su hermano quien estaba con una sonrisa de maldad jamás vista y se preguntó qué demonios era lo que tenía que hacer con el Pegasus.

—¡P-Por supuesto! —afirmó el Phoenix con falsa seguridad— ¡Pero ya! ¡¿Qué tengo que hacer?! —Comenzaba a impacientarse. Por Athena, y pensar que esos cuatro venían jugando a ese juego desde hacía algún tiempo ¿En qué estaba metido Shun?

—¿Se lo dices tú Shiryu? ¿O se lo digo yo? —preguntó el Cisne aun de pie, cruzándose de brazos.

—Bien, Ikki —pronunció el pelilargo disfrutando de las pausas largas— debes darle un beso a Seiya —dijo al final.

—Un beso que dure por lo menos diez segundos —aclaró Shun.

¡Por todos los dioses! Tanto escándalo por un mísero beso, pero a decir verdad a esa edad y siendo ellos, quienes no habían vivido una infancia normal, un beso era algo prohibido, extraño y en algunas ocasiones hasta desagradable. ¡Y eran hombres!

Ikki quiso echarse atrás, pero al ver la sonrisa molesta que tenía Hyoga miró a Seiya, quien se encontraba con los ojos fijos en el suelo, arrodillado y con las manos sobre las piernas, y se dio cuenta que al negarse no solo el Cisne, sino todos, tendrían con qué burlarse por un buen tiempo.

Con nerviosismo el Phoenix se arrastró por la alfombra hasta donde estaba el Pegasus, quien levantó la vista con confusión, vio como el rostro de su amigo comenzaba a acercarse con lentitud y tratando de darle fin a esa tortura, fue el Pegasus quien impactó con un beso la boca del Phoenix. Todos comenzaron a gritar y a reír fuerte, mientras Shiryu remarcaba las condiciones de la prenda.

—¡Diez segundos! ¡No se olviden!

El corazón de Seiya palpitó con violencia. Abrió los ojos sorprendido cuando sintió una mano en la nuca que intensificó el beso. Si bien no se había hablado de incluir la lengua, Ikki se encargó de que lo fuera, irrumpiendo furtivamente en la boca virgen de su amigo.

Su primer beso. El primer beso del Pegasus y se lo estaba dando un hombre, se lo estaba dando un amigo, ¡se lo estaba dando Ikki! Quien no escuchaba lo que el resto decía, mantenía los ojos cerrados mientras saboreaba a su amigo. Era tan interesante y le generaba una emoción tan distinta y única que no quería desprenderse de esos labios.

—Ey, ya está —dijo Shun muy divertido, acostado boca abajo en el sillón de dos cuerpos.

—Chicos, ya pasaron los diez segundos. —Shiryu buscó llamarles la atención mientras miraba el reloj comprobando que de hecho habían pasado más de quince segundos.

—Parece que les gusta —dijo Hyoga con asombro.

Escuchar la voz del Cisne fue lo que el Phoenix necesitó para separarse con brusquedad de la boca de Seiya. Un sabor metálico le dio la pauta de que había lastimado sin querer al Pegasus, tal vez lo había mordido sin darse cuenta. El Phoenix se levantó triunfante de la alfombra y se fue, dejando a todos sorprendidos.

El Pegasus, ante la mirada atónita de todos los presentes quienes habían notado que algo extraño había ocurrido en ese lugar, se puso de pie y caminó hasta el baño. Una vez en el lugar, Seiya se dejó caer sentado en el suelo para luego llevarse los dedos a los labios y palparlos con sutileza.

Acariciaba con las yemas de los dedos la suave y cálida piel que se encontraba lastimada por ese beso, su primer beso. Sonrió emocionado y un sonrojo se instaló en su cara.

(…)

Los días pasaron luego de ese juego. La vida transcurrió sin demasiadas emociones, salvo para Seiya, quien a partir de ese beso comenzó a sentir que todo cambiaba vertiginosamente entre él y su amigo Ikki.

Si bien los días siguieron con normalidad, una mañana en la que el Pegasus se levantó de dormir se cruzó con la mirada del Phoenix. Nada de importancia, un saludo correspondido y aún ese recuerdo en la mente. El Pegasus se preguntaba si su amigo recordaba ese beso de la misma manera, si había sentido lo mismo que él.

Seiya salió del baño luego de cepillarse los dientes y de lavarse la cara sorprendiéndose gratamente con la presencia de Ikki. Por lo visto lo estaba esperando, quizás para hablar o decirle algo.

Una sutil sonrisa se plasmó en la cara del Pegasus, pero contrario a lo que pensaba, el Phoenix no le habló. Miró con nerviosismo el descanso de la escalera y se acercó con prisa a él para arrinconarlo contra la pared. Lo besó en los labios como aquella vez en ese maldito juego, solo que con violencia o torpeza.

El Pegasus sintió esa cálida y húmeda invasión en la boca y los sentidos se le nublaron. Tal vez por eso no pudo saber a ciencia cierta si lo que estaba pasando le agradaba. Sí, en parte era lindo besar, era cálido, pero no así, no de esa forma.

Si bien Seiya no era un romántico empedernido deseaba por lo menos unas palabras antes de un beso, un "te voy a besar", algo que le indicara lo que iba a pasar. No exigía nada meloso ni melodramático, solo saber para decidir si quería hacerlo o no. ¡Eso! Que le diera la oportunidad de elegir.

Ikki, por su parte, se despegó un efímero instante de la boca de su amigo para estudiar con nerviosismo la escalera; al ver que nadie andaba cerca volvió a lo suyo. ¿Qué sentía Ikki con ese beso? Pues, era raro para él, muy raro. Quizás lo idóneo sería decir que no sintió nada, ya que no le gustaban los hombres, menos ese niño caprichoso, pero Seiya era el único que se dejaba besar o por lo menos que el Phoenix veía un tanto fácil. Hubiera preferido una chica, pero estaba bien para practicar.

El beso no era como el Pegasus esperaba, todo lo contrario. Ikki parecía enojado con él, pues lo tenía arrinconado con un brazo por el cuello. Por eso intentó que fuera más suave y trató de quitarse ese brazo de encima para llevarlo con timidez hasta su cintura mientras se aferraba, temblando, al cuello del Phoenix.

Ahora sí, era un poco mejor. Seiya comenzaba a sentirse más seguro y a distenderse. Se atrevió a jugar con la lengua, imitando un poco a Ikki. Eso estaba bien, sin embargo el Phoenix lo aferró de la cintura al punto del dolor y el Pegasus dejó escapar un quejido.

Antes de que el Phoenix pudiera hacer algo más se escuchó una voz femenina a lo lejos, la única voz femenina del lugar. Asustado, dejó a Seiya y se alejó con prisa sin pronunciar palabra alguna.

(…)

Seiya comenzó a sentirse muy confundido. No sabía bien lo que estaba pasando, deseaba hablar del tema con Ikki, pero por un lado estaba la vergüenza de aceptar los hechos y, por el otro, que el Phoenix escapaba siempre cuando el Pegasus quería decirle algunas palabras.

Se podría decir que la primera vez que el Phoenix habló del tema no fue precisamente lo esperado por el Pegasus, ya que luego de robarle un beso en la cocina cuando se vieron a solas, Ikki lo amenazó con el terror pintado en el rostro.

Si le cuentas a alguien de esto te mato, ponny.

El Phoenix temía que Shiryu se enterase de todo lo ocurrido o, mejor dicho, de lo que venía pasando entre ellos en ese último tiempo, ya que el Dragón era el mejor amigo de Seiya. Sin embargo para el Pegasus, lo que estaba pasando entre ellos dos, era algo como para ir gritándolo a los cuatro vientos. Ni siquiera podía hablarlo con su mejor amigo, era algo muy importante para él, algo que atesoraba con profundo recelo y que no pretendía compartir con nadie.

Su primer beso había sido algo especial debido a las circunstancias, pero fue en uno de esos tantos robados que pudieron entablar un diálogo, o bueno, si cruzar dos palabras se puede considerar como tal. A Ikki le costaba horrores hablar del tema, era como asumir algo que él creía no ser.

Estaban recostados en el pasto, lejos de las miradas curiosas y ocultos por los árboles. Esa tarde el Phoenix había llegado a la conclusión de que para conseguir un silencio absoluto por parte de Seiya, debía ser más delicado con él.

—Seiya, ¿tú le contaste a alguien de esto? —preguntó con nerviosismo y al ver que su amigo negó con la cabeza agregó preocupado— No se lo cuentes a nadie. —Otra vez Seiya negó dejando en claro que no se lo diría a nadie y se aferró del cuello del Phoenix para dejar besarse.

Ikki no era precisamente delicado, pero los besos que le daba le gustaban. Sin saber lo que era un beso, para el Pegasus su amigo besaba estupendamente bien. Sin embargo la situación logró ponerlo más que nervioso en esa ocasión, pues era la primera vez que el Phoenix recostaba el cuerpo sobre el suyo.

Seiya se sentía prisionero debajo de ese moreno cuerpo, quizás por eso su corazón palpitaba con violencia, aun así no interrumpió el beso, pero debido a lo incómodo que se sentía con las piernas apresadas, buscó una posición mejor, consiguiendo quedar con las piernas abiertas e Ikki entre medio de ellas. Grave error.

El Pegasus no necesitó interpretar los cambios rotundos en el beso que el Phoenix había vuelto más apasionado, pues una dureza en su intimidad le indicaba que colocarse de esa forma lo motivaba por demás.

Ikki gimió excitado y comenzó a mover la pelvis de manera acompasada, haciéndole sentir el pene duro por encima de la tela de los pantalones. Seiya tuvo miedo de que la situación se le fuera demasiado de las manos, de hecho se le estaba yendo de las manos, así que colocó las manos en el pecho de su amigo para intentar quitárselo de encima. Contrario a lo esperado ,el Phoenix lo tomó por los hombros y lo jalándolo para situarlo encima de él cambiando los roles. Ahora era el Phoenix quien estaba debajo del Pegasus, este permaneció sentado sobre la dureza de ese miembro. La respiración de los dos estaba agitada. Seiya quiso decir algo, pero Ikki se le adelantó.

—Tócame. —Fue más una orden que un pedido. Tomó una mano del Pegasus y la guió hasta el pene enhiesto.

—No —susurró apenado por semejante pedido, sin embargo su amigo no lo escuchó y forzó el contacto.

De costado y con la respiración más agitada que antes, el Phoenix le aferró la mano para que el contacto fuera más directo. Cerró los ojos y lanzó un gemido estrepitoso. Quiso más que un simple roce por encima de la tela, así que bajó el cierre del pantalón e intentó sacar el miembro afuera, pero el Pegasus fue más rápido y poniéndose de pie con pánico en los ojos salió del lugar para ingresar a la mansión y refugiarse.

Shiryu había visto a su mejor amigo entrando como un tornado a la mansión con el terror pintado en el rostro y muy acalorado.

—¿Qué sucede, Seiya? —El aludido negó varias veces con la cabeza y para evitar más cuestionamientos subió los escalones de dos en dos camino a su cuarto.

El Dragón se quedó extrañado, desde hacía algún tiempo que su mejor amigo andaba más que raro, como aislado y reticente a unirse con el grupo. Seiya no era así. El pelilargo no sabía qué le ocurría ni siquiera podía suponerlo, pero sin dudas le preocupaba.

Para colmo, detrás del Pegasus, Ikki había entrado de la misma forma, con prisa y agitado. ¿Qué demonios estaba ocurriendo en ese lugar? Shiryu frunció el ceño analizando la situación; el Phoenix lo notó y por eso huyó de la mirada inquisidora del Dragón.

(…)

Ikki percibió que por culpa de su arrebato Seiya se había distanciado un poco de él, no era para menos, el Pegasus solo tenía trece años y esas actividades eran demasiadas apresuradas para alguien que apenas comenzaba a vivir la vida. En cambio el Phoenix, ya con quince años, podía asimilar mejor algunas de ellas, y digamos que sabía lo que hacía porque durante ese tiempo se había masturbado más de lo usual por culpa de esos contactos.

Una tarde, mientras miraban todos televisión, el Phoenix quiso aprovechar cuando se quedaron a solas por unos minutos para intentar hablar con él. Estaba recostado boca abajo en el sillón, así que Ikki se estiró para susurrarle en el oído.

—Seiya, ¿estás enojado conmigo? —preguntó y un calor inundó al Pegasus, quien solo pudo negar desesperadamente con la cabeza y luego bajar la vista—. Lo siento. Yo no quise molestarte.

—Está bien —susurró Seiya tan bajito que el otro tuvo que adivinar lo que dijo.

—¿Quieres venir hoy en la noche a mi cuarto? —Ikki se relamió los labios, pero al ver que su amigo negaba inquirió asombrado—: ¿Por qué no quieres?

—¿Vamos a besarnos nada más? —preguntó preocupado.

—Sí, pensaba hacerlo. En mi cuarto estaremos más cómodos... cuando todos duerman.

El Phoenix no supo interpretar los temores de su amigo, no imaginaba que temía que sucedieran otras cosas más allá de un simple beso. Él solo quería llevarlo a su cuarto e intentar ir más allá y probar algo distinto.

Ikki volvió a su lugar con rapidez cuando escuchó la voz de Hyoga muy cerca de la puerta que comunicaba a la cocina, traía consigo un recipiente repleto de pochoclos. Detrás del Cisne Shiryu traía las bebidas y Shun las películas.

(…)

Llegada la noche, luego de la cena, Ikki no le quitó la mirada encima, parecía decirle con los ojos que no se atreviera a fallarle. Al fin llegó la hora de dormir y de a uno fueron despidiéndose.

Ya en su cuarto, el Phoenix lo esperaba recostado en la cama. Estaba tan ansioso que el miembro estaba un poco entusiasmado anhelando caricias; pensó en masturbarse, pero ya tendría tiempo para eso. Sin embargo Seiya nunca llegó, ya que se había acobardado a último momento temiendo lo peor. Así que, sin más opciones, Ikki fue en su búsqueda.

Frente a la puerta del Pegasus pensó en golpear, pero no quería que escucharan el llamado, por las dudas. Sin dar demasiadas vueltas se metió en el cuarto encontrándolo dormido. Se recostó a su lado despertándolo. Giró en la cama con prisa, algo asustado.

—Ikki —exclamó Seiya, pero el Phoenix lo calló con un impetuoso beso.

Intentó mantener la calma, pero la situación de por sí lo ponía más que nervioso, pues ambos se encontraban acostados en la cama, solo en ropa interior. Ikki tenía algo que al Pegasus lo privaba de palabras, era como que no podía decirle que no, y por eso temía un pedido demasiado libidinoso por parte de él.

El Phoenix estrechó el pequeño cuerpo de su amigo sintiendo por primera vez el contacto cálido de pieles. Siempre que lo había abrazado se encontraban vestidos, en cambio en el presente podía sentir ese calor y esa suavidad.

El Pegasus tembló como una hoja, aún más cuando sintió el miembro de Ikki endureciéndose de manera amenazante. La fina tela de la ropa interior facilitaba el contacto, pero Seiya no podía conseguir una erección plena a causa de los nervios.

El Phoenix comenzó a gemir y a jadear en el oído de su amigo de manera entrecortada. Seiya sabía que pronto escucharía el pedido y así fue.

—Tócame, por favor.

—No, Ikki —suplicó apenado.

—¿Por qué no? —preguntó con enojo, luego lo besó con ímpetu y llevó las manos al trasero de Seiya para aferrarlos.

El Pegasus se sobresaltó con ese brusco y directo contacto, se desorientó e Ikki aprovechó eso para tomarle una de las manos y guiarla a su entrepierna.

—No, Ikki... no —se quejó entrecerrando slos ojos a causa del dolor, pues ante su reiterada negativa el Phoenix le aferró con más fuerza el glúteo.

—¡Vamos, Seiya! ¿No somos amigos? No seas así conmigo —dijo forcejeando con él y consiguiendo que la mano llegara a destino— ¡Ah, así! Tócame así —gimió cerrando los ojos y masajeando sin cuidados el trasero de Seiya.

El Pegasus sintió esa tibieza, conocía la suave textura de un pene, pues él tenía uno, pero jamás había tenido otro miembro en las manos. Aquello era raro, muy raro. No sabía si en verdad le agradaba lo que estaba sucediendo. El Phoenix le tomó con más energía de esa mano para ejercer presión y así masturbarse.

—Ikki, me haces daño —gimoteó cuando Ikki le aferró de nuevo el trasero con brusquedad, pero comprendió los motivos de ese rudo apretón cuando la mano se le llenó de un cálido líquido blanco y espeso que, supo poco tiempo después, era semen.

—¡Ah, sí! Dios —gimió el Phoenix mordiéndose los labios, cuando pudo regular la respiración cayó en la cuenta de que había eyaculado con un hombre. Con culpa y remordimiento por lo que había hecho, guardó el miembro y salió con prisa de la cama, pero no se fue del cuarto sin antes amenazarlo con nerviosismo—. ¡Cómo le cuentes esto a alguien te asesino!

Cuando Ikki por fin se fue, Seiya volteó sintiéndose más perturbado que antes. No entendía por qué lloraba, pero las lágrimas descendían con amargura por las mejillas. ¿Le había gustado eso? Tampoco lo supo, todo era tan raro, quizás si su amigo fuera un poco más suave con él pudiera disfrutarlo mejor.

(…)

El chico alegre que todos conocían había dejado de serlo. Algo le pasaba a Seiya, era evidente, pero ¿qué? Shiryu intentó hablar con él, pero cuando le preguntaba el Pegasus respondía siempre con una sonrisa y un "no me pasa nada".

Por otro lado, las visitas nocturnas de Ikki continuaron y si bien ya no lo amenazaba de muerte, ni siquiera le dirigía la palabra. El Pegasus no sabía qué era peor, si el silencio del Phoenix mientras se masturbaba frente a él o las amenazas. No obstante, todo cambió un día cuando el Phoenix rompió ese habitual silencio.

—No aguanto más... necesito más —jadeó, pero Seiya ignoró esas palabras y siguió masturbándolo con las dos manos. Sin embargo, Ikki se incorporó en la cama y escaló hasta el rostro del Pegasus. Estaba cambiando el repertorio habitual de caricias—. Pásale la lengua —exigió con la voz ronca por el deseo y respirando con dificultad.

Al ver que Seiya se negaba asustado, aceleró la masturbación para llegar al orgasmo entre gemidos. El semen salió disparado, un chorro que dio directo en la cara del Pegasus, asqueándolo notablemente.

Cómo siempre ocurría, Ikki guardó el miembro y salió del cuarto con prisa sin decir palabra. Lo acosaba ese ese sentimiento de culpa, se daba asco a sí mismo por todo lo que hacía con su amigo.

Con profundo dolor y bronca por lo ocurrido, el Pegasus se limpió la cara sucia de semen con brusquedad usando las sábanas. Intentó no llorar y, consiguiéndolo, se quedó profundamente dormido.

¿Por qué Ikki le hacía eso? Acaso ¿no lo quería? ¿Y él qué sentía por su amigo? ¿Era su amigo?

(…)

Seiya intuyó que desde ese día la relación cambiaría y por eso se volvió más reticente con Ikki; sin embargo el Phoenix se las ingenió para quedar a solas con él o, mejor dicho, para arrastrarlo hasta el lavadero de la mansión y así conseguir la tan anhelada privacidad que le negaba.

El Phoenix dirigió una fugaz mirada a la puerta para asegurarse de que no había nadie cerca y cuando estuvo seguro, se bajó el cierre del pantalón y sacó el miembro ya erguido. Los ojos, que expresaban deseo, se fijaron en las pupilas nerviosas y confundidas del Pegasus.

Como era la costumbre de Ikki, sin decir palabras, lo jaló de un brazo con urgencia para arrodillarlo ante él. Sin saber qué tenía en mente ese sádico, el Pegasus se quedó mirándolo desde el suelo; hasta que el Phoenix, cansado e indignado por la tardanza, lo apremió.

—Vamos, ¿qué esperas? Pásame la lengua por ahí. —Volvió a exigir como hacía varias noches atrás.

—Pero... —intentó rehusarse sin saber bien qué decir— eso me da asco.

—Vamos, Seiya —dijo con impaciencia y nervioso, sin dejar de mirar hacia la puerta—. No te cuesta nada. Solo dame algunos besos ahí. Acaso ¿yo no te beso?

—No en ese lugar —respondió el Pegasus arqueando las cejas, entre las manos tenía el pene erguido de su amigo.

—Ya lo sé —admitió lanzando un suspiro de fastidio y sin más paciencia acercó el miembro al rostro del Pegasus—, pero somos amigos, ¿verdad? ¿No me quieres ni un poco? Por favor, Seiya, lo necesito.

Las últimas palabras dichas por Ikki fueron una confesión; era cierto, necesitaba cuanto antes esa caricia tan particular que exigía. El Pegasus vaciló por un instante, con el pene a escasos centímetros de los labios, tan cerca, podía sentir la nariz impregnada por ese varonil perfume.

—Pero…

—Por favor —volvió a suplicar el Phoenix al ver que el otro dudaba, pero al borde de aceptar—. No me quieres. No me consideras tu amigo.

Al escuchar eso Seiya se sintió mal; nunca había querido decir eso o dejar por sentado algo semejante, por supuesto que lo quería. ¿Lo quería? Sí, claro, habían compartido juntos la infancia e incontables batallas. ¿Cómo no quererlo? Era un hermano.

Con nerviosismo y hasta cierta aprensión, el Pegasus acercó la boca con lentitud, escuchó un gemido cuando besó con reparo la punta redondeada.

—¿Así?

—Bésame bien. Todo. Ahí —pidió Ikki cerrando los ojos y entregándose a ese placer desconocido. Las piernas comenzaron a fallarle y eso que aún no se lo había metido todo en la boca. Seiya intentó dejar de lado el asco para obedecer el pedido; besó con parsimonia el pene en toda su extensión, subiendo a través del tronco hasta llegar a la punta. Eran besos pequeños, hasta inocentes, por eso el Phoenix se impacientó de nuevo—. Pásale la lengua. Vamos... no es feo, verás que te gustará.

Con más asco que antes, el Pegasus asomó tímidamente la lengua, cuando entró en contacto con la suave y cálida piel, descubrió lo salado que era. No estaba tan mal, si se ponía a reflexionar, era una extensión más del cuerpo.

—¡Oh! ¡Ah! ¡Sí, Seiya! ¡Uh! —El Phoenix gemía con plena libertad pues el ruido de la lavadora encendida opacaba oportunamente la voz.

Sentir esa lengua húmeda recorrerle el pene lo enloqueció. Sin pensarlo dos veces, lo tomó con una mano del rostro para obligarle con los dedos a que abriera la boca, y ejerciendo un poco de presión lo consiguió.

—Ikki —quiso quejarse Seiya, pero al hacerlo el pene le invadió la boca de manera furtiva y violenta.

A Ikki no le importó el dolor que los dientes del Pegasus le causaban ni las lágrimas del mismo, mucho menos su propia conducta lasciva. Solo tenía en la mente eyacular, largar el semen que tenía reservado.

Se movió con ímpetu aferrándole la cabeza y violándolo por la boca, entre sonidos guturales, eyaculó con estrepito. El miembro continuó arrojando semen por unos cuantos segundos, mientras sentía deliciosos espasmos y temblores en todo el cuerpo; poco a poco dejó de ejercer presión con las manos.

Cuando el Pegasus se vio liberado, se arrastró asustado hasta una de las máquinas del lavadero para ocultar las lágrimas escondiendo el rostro entre las piernas. Ikki notó la situación y no supo bien cómo reaccionar.

Concluyó que lo mejor sería dejarlo solo. La actitud de Seiya, las lágrimas y el lastimero sollozo, le demostraban el daño que había causado. Sintiéndose tan turbado como él, el Phoenix se alejó del lugar dejando a su amigo recostado en el suelo frío.

Ese sabor salado y penetrante en la garganta le provocaban arcadas. Con todo el asco que la situación le había dado, el Pegasus se puso de pie para ir al baño a vomitar. En el camino, antes de entrar, Seiya se cruzó con Shiryu quien salía del. Quiso ocultar las lágrimas y la cara de repugnancia, pero no pudo.

—Seiya, ¿qué te ocurre? —preguntó el Dragón muy preocupado mientras lo sostenía con una mano por la espalda y con la otra por el vientre.

—N-Nada, Shiryu. Déjame solo. —Sin decir más, el Pegasus se metió al baño y trabó la puerta quedándose en el lugar por varias horas.

El pelilargo se quedó de pie mirando la puerta del baño, pero se dio por vencido cuando transcurrió media hora y el Pegasus no mostró intenciones de salir, y bajó las escaleras para reunirse con el resto.

Con apenas catorce años Shiryu no sabía bien cómo debía actuar, juzgaba que lo mejor era dejarlo solo, porque quizás si lo forzaba a hablar era peor.

(…)

Ikki reconocía su error, sin embargo no sabía cómo afrontar la situación. Lo que hacía con Seiya le agradaba, podía descargarse de otra manera, pero se había comportado mal y temía perder todo eso.

Recostado en la cama llegó a la cuenta de que necesitaba pedirle perdón a su amigo. Se puso de pie y caminó hasta el cuarto de Seiya, justo cuando Shiryu subía las escaleras encontrándose con esa escena.

No era raro que alguien entrara en el cuarto de otra persona, pero el Phoenix y el Pegasus no eran precisamente buenos amigos. La actitud le había llamado poderosamente la atención, pero el Dragón no tomó ninguna postura en especial; quizás Ikki solo quería decirle algo a Seiya.

En la habitación del Pegasus, este se puso a la defensiva. Estaba arrodillado en la cama, con los ojos llenos de furia.

—¡Vete de mi cuarto!

—Espera, Seiya —rogó el Phoenix acercándose a él, pero con rapidez el Pegasus se puso de pie alejándose de él con el temor y la ira pintada en el rostro.

—¡¿Qué quieres de mí?!

—Quiero hablar —dijo extendiendo una mano para tomarle el brazo y terminar arrinconados contra la pared. El Pegasus vio que no tenía escapatoria, por eso tragó saliva para tranquilizarse un poco y poder conversar en buenos términos, si es que eso era posible con su amigo.

—¿De qué quieres hablar?

—De lo que pasó. Yo... no quise hacerte daño. Ven... —Ikki lo estrechó entre sus brazos.

El Pegasus cerró los ojos entregándose a ese momento, le gustaba estar entre los brazos del Phoenix, se sentía seguro, protegido, era algo cálido y agradable. Con una suavidad desconocida hasta ese momento, Ikki le besó los labios llevándolo poco a poco hasta la cama. Lo hizo caer de espaldas y se acostó sobre él sin dejar se besarlo.

Seiya se aferró al cuello de Ikki, mientras este tanteaba con las manos, por primera vez, el cuerpo del Pegasus. Llegó hasta el pene y con caricias lo estimuló. Seiya lanzó un gemido porque una erección, la primera desde que comenzaron los juegos, asomó por el pantalón deportivo que llevaba puesto.

Sin ninguna emoción en la mirada, Ikki lo masturbó mientras Seiya se dejaba hacer, hundiendo el rostro en el cuello del Phoenix, avergonzado, desencajado.

—¡¿Qué...?! —Entre espasmos y temblores el Pegasus tuvo su primer auténtico orgasmo.

—Tranquilo, ¿ves qué lindo es hacer esto? ¿Ahora entiendes por qué te lo pido? —Le murmuró en el oído.

—¡Ah! ¡Ay, Ikki, ¿qué…?! —Solo podía gemir, no lograba formar una oración coherente —¡Ah! —Un último quejido grave que Ikki se encargó de acallar con un beso, y Seiya se derramó en esa mano que lo masturbaba.

El rostro del Pegasus era pura confusión. Lo que había pasado jamás imaginó que sería tan especial; con razón el Phoenix le exigía siempre que hiciera eso, era en verdad una sensancion hermosa.

La cara del Pegasus, que estaba transpirada y sonrojada, se vio invadida por un líquido blanco, al igual que parte de la boca entreabierta la cual intentaba atrapar el aire que escaseaba. Sintió ese sabor ya conocido y cuando abrió los ojos, vio el pene del Phoenix a escasos centímetros.

Pudo sentir ese penetrante aroma de nuevo, sin embargo por primera vez no le dio asco. Ikki terminó de masturbarse, pero seguía excitado y por eso se puso demandante.

—Pásale la lengua. Limpia la punta.

Sin saber bien por qué lo hacía, el Pegasus obedeció el pedido sin quejas. Pasó varias veces la lengua por el pequeño agujero hasta asegurarse que no quedaban rastros de semen. Con la cara manchada por ese líquido, se introdujo en la boca el miembro de Ikki el cual palpitó y se endureció aún más cuando llegó al fondo de su garganta.

El Phoenix gimió y movió las caderas con extrema lujuria, de costado como se encontraban, le aferró la cabeza con ambas manos, entrelazando los dedos en el cabello. En pocos segundos el semen salió disparado, semen que Seiya tragó sin dificultad.

No podía decir que le gustaba, pero tampoco le molestaba, además se sentía estúpida e inmensamente agradecido con el Phoenix por haberle enseñado a disfrutar. El Pegasus se arrodilló en la cama con una sonrisa, a la espera de un beso, y como no llegaba intentó ser él quien diera ese paso, pero Ikki lo apartó con cara de repulsión.

—¿Qué?

—¡Estás demente! ¡Tienes eso en la boca y quieres besarme!

—L-Lo siento —se disculpó el Pegasus y esa sonrisa se le borró de los labios. Con profunda humillación terminó por perder la mirada. Sin decir más, el Phoenix guardó el miembro y se puso de pie, Seiya supo que se iría por eso antes de que desapareciera por completo se lo dijo—: Gracias.

El Phoenix se sintió más que descolocado. ¿Gracias por qué? ¿Qué había hecho él de bueno para merecer el agradecimiento de su amigo? Sin responder nada, se alejó del cuarto. Esa noche, acostado en la cama, el Pegasus se masturbó agradeciéndole a Ikki que le hubiera enseñado el placer de disfrutar de a dos.