Era una noche terrible para Izuku Midoriya, no solo estaba a punto de morir desangrado por culpa del mismo bastardo que mató a su madre sino que también estaba a punto de tomar una decisión que cambiaría su vida para siempre.
—Chico, si quieres vivir tendrás que ser firme y tomar una decisión. ¿Quieres caminar en la noche al igual que mi maestro y yo? ¿Ser un lobo entre ovejas? ¿Repudiar el Sol y abrazar a la Luna?
—Yo...
Pero te preguntarás, ¿cómo llegó aquel chico a aquella situación? Bien, todo comenzó tras un día ordinario de colegio, al menos para el chico de pelo verde, en el que este era víctima de bullying por parte de su "mejor amigo" Katsuki Bakugou.
Aquel día era peor que de costumbre porque su maestro había decidido abrir el pico y mencionar que Izuku quería asistir a U.A, la más prestigiosa academia de héroes de Japón, pese a no tener quirk. Cosa que molestó tremendamente al chico de pelo rubio cenizo porque él quería ser el único en ir a aquella institución; y su quirk explosivo era el mejor, según él.
—Por favor Kacchan, déjame en paz —lloriqueó el peliverde al recibir de lleno una explosión de su "mejor amigo"— ¿Qué hice para merecer esto?
—¡No me digas así, nerd de mierda! ¡Deku! —le respondió Katsuki— Y para responder tu pregunta, lo que hiciste fue ¡nacer sin quirk!
—Estoy seguro de que algún día tendré un quirk Kacchan —el peliverde de buen corazón aún veía a Katsuki como aquel chico con el que era amigo hace años. Pero lo siguiente que diría Bakugou rompería todo eso.
—Sí claro, sé cómo puedes conseguir un quirk —se acercó al oído de Izuku—. Lánzate de un edificio y ruega renacer con un quirk en tu próxima vida —susurró venenosamente.
Al oír aquello, el joven Midoriya no pudo contener las lágrimas y corrió hacia su casa. Sin imaginarse la horrible escena que encontraría al llegar.
En aquel momento, por el dolor y las lágrimas que nublaban su vista, no se dio cuenta pero la puerta de su casa estaba abierta de tal forma que se habían roto las bisagras y se notaba un ambiente tenso con aroma a muerte.
Cuando entró y vio lo que habia pasado solto un grito desgarrador. Frente a él yacía su madre desangrándose a través de un enorme tajo en su cuello, pero aún con vida.
Esta al verlo abrió los ojos y trataba de advertirle de algo con la mirada ya que por la pérdida de sangre no podía moverse y por el corte no podía hablar: quien le había hecho eso seguía en la casa.
Izuku se daría cuenta de eso tras oír los pesados pasos de alguien tras él.
Cuando se volteó, el joven observó a un sujeto muy alto y musculoso, debía medir al menos 1.90 y que al parecer su quirk era de transformación, puesto que su mano derecha estaba transformada en un machete, del cual aún chorreaba sangre.
—¿Oh? Con que tú eres el mocoso de las fotos —dijo este mientras avanzaba hacia Izuku.
—¿Por qué lo hizo? —preguntó el muchacho retrocediendo, apenas ocultando el miedo y la furia
—Estarías sorprendido de lo que un hombre despechado puede hacer chico —sonrió tenebrosamente.
—¿De qué habla? ¿Quién es usted?
—Mi nombre es irrelevante, soy un sicario y tu padre me contrató. Eso es todo lo que debes saber.
—¿Mi padre?
—Si, me dijo que quería matarlos a ambos. A ella —señaló el ahora cadáver de Inko—, por escoger quedarse contigo y no abandonarte en un tacho de basura. Y a ti, por haber nacido sin quirk y haber ocasionado el problema en primer lugar.
Al escuchar eso, Izuku sintió una gran ira e impotencia puesto que sabía que sin quirk no podía hacer nada, por no tener quirk le hacían bullying, por no tener quirk su padre los abandonó y por no tener quirk ahora su madre estaba muerta.
Izuku dejó de retroceder y miró desafiante al sicario.
—¿Oh? ¿Ya no tienes miedo? —preguntó divertido.
—Si tengo miedo, pero debo hacerle frente y sobrevivir, por mi madre.
—¿Y qué haras? ¿Rogar? ¿Llamar a un héroe?
—Esto —dijo Izuku para luego correr hacia el tipo y tras esquivar el machete le dio una patada en las bolas.
—AHHHHHHH — el asesino a sueldo gritó de dolor y cayó de rodillas —¡ESTÁS MUERTO GUSANO! —exclamó furioso mientras se volvía a levantar.
Izuku aprovechó el bug... digo, la confusión y huyó con el sicario tras sus pasos. Tras varios minutos de persecución llegó a un callejón sin salida.
—Esa me la pagarás, pedazo de mierda —dijo el asesino mientras avanzaba un poco adolorido hacia el joven.
El peliverde trató de esquivarlo pero esta vez el sujeto logró darle con el machete y le hizo un corte profundo en el vientre.
No, esto no puede terminar así. Pensaba Izuku mientras se desangraba. Nunca podré ser un héroe, bueno, al menos veré de nuevo a mi mamá.
—Oye, tú, si tú, el de las bolas inflamadas —dijo alguien en la entrada del callejón —. Deja a ese brócoli y nadie saldrá herido.
—¿¡QUÉ MIERDA DIJISTE!? —gritó el sicario volteandose para ver al próximo que moriría.
—Lo que oíste maricón —respondió el ahora visible hombre de 2.10 m vestido con una gabardina roja, lentes naranja, sombrero fedora a juego y botas negras de jinete.
—¡No me das miedo imbécil!
—¿Eh? Pero no deberías temerme a mí sino a la chica que está atrás tuyo —replicó el de rojo con una sonrisa llena de filosos dientes.
El sicario se dio vuelta, pero para cuando ya vio a dicha chica, esta ya le había arrancado la cabeza.
—Boom, headshot —dijo el hombre —. Estás mejorando, Seras Victoria.
—Gracias, maestro —respondió Seras, una chica rubia de mediana estatura con enormes atributos y vestida con un uniforme de color rojo, con una sonrisa con también filosos dientes y ojos color sangre.
—Por favor Seras, ya no soy tu maestro. Solo llámame Alucard.
En eso Seras se percata de Izuku y cómo se desangra.
—Maestro, el chico se desangra, ¿qué hacemos? —preguntó preocupada.
—A mi no me importa, además, aún si quisiera ayudarlo como yo te ayudé a ti hace tantos años, no podría. Pero tu, draculina, sí que puedes.
Seras se acercó a Izuku y se arrodilló junto a él para verlo más de cerca. Mientras que Alucard se fue a dar una caminata.
—Chico, podría salvarte —al muchacho le empezaron a brillar los ojos de alegría— pero primero... responde, ¿Eres virgen?
—¿Qué? —Izuku creía haberla escuchado mal.
—Que si eres virgen —repitió Seras impasible
—¿Eso que...?
—¡Responde!
—Sí, sí soy —respondió sonrojado
—No te sonrojes, perderás más sangre
—Ok, ¿por qué?
—Chico, si quieres vivir tendrás que ser firme y tomar una decisión. ¿Quieres caminar en la noche al igual que mi maestro y yo? ¿Ser un lobo entre ovejas? ¿Repudiar el Sol y abrazar a la Luna?
—Yo... espera ¿de qué...?
Y entonces Izuku entró en shock por la pérdida de sangre.
—Mierda —dijo Seras volteando a ver a Alucard—. Maestro, ¿qué...? —y ver que no estaba—. Chico, no mueras y responde, ¿cuán fuerte es tu voluntad por vivir?
Izuku no decía nada, pero Seras pudo ver en sus ojos su determinación por vivir.
—Ojalá esté haciendo lo correcto —dijo Seras acercando sus dientes al cuello del muchacho.
