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¡Hola! .o./ De alguna manera quería sacar un poco de la frustración que tengo de que este ship no sea canon y pues ¿qué mejor que un fanfic? Lol. Y por eso aquí tienen esta historia, para que combine con el título serán cuatro capítulos y aún no decido si será solo Rated T o subirlo a M, si quieren sugerir sobre si subir el rated o no, les agradezco que lo digan en los reviews. Otra cosa, aunque el fic está en el universo original, puede que no haya cosas que no encajen con la línea canónica, pero son pequeños cambios que hago por el bien de la historia y de la pareja, pero como siempre hago con mis fics, trataré de mantenerme lo más IC y apegada y respetuosa del canon que pueda.
¡Espero les guste, gracias por leer y agradecería de corazón sus reviews!
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Disclaimer: KNY y sus personajes pertenecen a K. Gotouge. La historia es de mi autoría.
Referencias de Lectura :
Narración.
Diálogo.
«Pensamientos»
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I
Heridas En Verano
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Miraba por la ventana con la mirada perdida.
Su mente llena de pensamientos aún más oscuros que esa veraniega noche sin luna.
Tres golpes sonaron contra la puerta, pestañeó para alejar sus malos recuerdos y los músculos en su rostro se tensaron de forma diferente, por eso; cuando deslizó la puerta, y aún con la luz que daba la lámpara de aceite que traía en la mano, el joven auxiliar no notó nada diferente en su rostro.
Ahí solo estaba su usual expresión.
Su sonrisa.
―¡Shinobu Sama, lamento molestarla a estas horas pero la necesitan de urgencia!
―¿Heridos? ―el auxiliar asintió ansioso.
―Un hashira está en estado crítico y si usted no puede hacer algo es muy probable que... ― la joven asintió, salió y cerró la puerta tras ella.
Estaban por perder a otro aliado.
Un pilar.
Como su hermana.
Shinobu sintió los músculos de sus manos tensarse y para evitar que esa tensión siguiese subiendo por su cuerpo y se transformase en una expresión diferente en su rostro, sonrió aún más jovialmente y soltó en un dulce y cantarín tono:
― Entonces será mejor ir.
El joven se dio la vuelta para liderar el camino ya que él llevaba la lámpara mientras trataba de controlar el estremecimiento que sintió.
No entendió de donde vino.
Al fin y al cabo la noche era cálida y tranquila, casi tanto como la sonrisa que vio en la joven hashira que caminaba detrás de él.
Su poca experiencia no le permitía ver lo que esa expresión risueña ocultaba realmente.
Una expresión aún más peligrosa que los venenos que ella creaba.
Por su parte, Shinobu lo siguió en silencio y a su paso, no necesitaba realmente de la luz de la lámpara ni mucho menos de la guía del joven para llegar al lugar donde debía, ella podía ir con los ojos cerrados a cualquier estancia de la compleja edificación dentro de la finca de las mariposas, pero quería usar ese tiempo extra para calmarse internamente, su enojo y sus nervios podrían causar algún error en su revisión médica o peor aún, podrían llegar a adueñarse de sus emociones y romper la promesa que le hizo a su hermana.
La de sonreír.
Siempre sonreír.
Así que dejó que su mente vagara en las figuras que la luz de la lámpara creaba, generalmente figuras deformadas que le recordaban a los demonios que había cazado en sus largos años en la organización, recordar que ya estaban en el infierno la hacía sentir mejor, especialmente cuando la luz daba forma contra la pared a su haori y hacia parecer que una enorme y deforme mariposa caía como una depredadora sobre esas sombras demoniacas.
Devorándolos por completo.
«Tal vez yo sea más como una polilla...» pensó, al fin y al cabo ella era muy diferente a su difunta hermana, no era tan hermosa, no era tan fuerte y por supuesto no era tan amable y compasiva como ella lo fue, solo se forzaba a serlo, en honor a su hermana; así que, si su hermana Kanae era representada por la belleza gentil de la mariposa, ella, quien solo pensaba en destruir y devorar no podía ser más que eso, una polilla que buscaba siempre hambrienta su próximo alimento.
Todos esos demonios que destruían la felicidad ajena.
Especialmente, al demonio que le robó a su hermana.
―Shinobu Sama ―el joven abrió la puerta y la volteó a ver, de nuevo sintió un escalofrío inentendible, trató de devolver la dulce sonrisa de ella con otra un poco torpe debido a los nervios sin explicación, cuando la pilar le agradeció y cerró la puerta dejándolo solo en el pasillo, los nervios desaparecieron.
No tenía respuesta para eso.
Dejó una plegaria para el hashira herido en la puerta y se dirigió al comedor, no ganaba nada pensando en cosas innecesarias, su deber era el de retomar fuerzas y estar listo para la próxima misión, las personas que podían hacer algo ahora por la persona herida estaban todas en esa habitación, en especial la siempre gentil y sonriente Kocho Shinobu.
La misma que con ojo crítico y sin perder su sonrisa leía el informe médico de una de sus subordinadas, cuando terminó se dirigió a la camilla del herido, y tras pasar los biombos que daban privacidad a la camilla, se sorprendió al ver al paciente.
―Tomioka-san... ―murmuró extrañaba, él era uno de los menos esperados para encontrarse en una situación así, el pilar del agua siempre era efectivo, prudente y cuidadoso en sus misiones, solo en una ocasión lo había atendido antes, y su reporte médico era uno lleno de heridas menores, pero ahora era diferente, apenas respiraba, sudaba profundamente y la complexión de su piel era pálida y enfermiza.
Se estaba muriendo.
Sin darse cuenta frunció un poco el ceño.
No lo iba a permitir.
Sin perder más tiempo se acercó a él, colocó la mano en la frente del joven y sintió el ardor atravesar su propia piel, de cierta manera era bueno saber que su cuerpo todavía generaba calor y no estaba cediendo al frío de la muerte, pero de todas formas ese mismo exceso de calor podía matarlo.
Los humanos podían ser tan frágiles.
Abrió con cuidado los párpados de su compañero de armas con su índice y pulgar para revisar sus muy dilatadas pupilas, revisó el pulso en su cuello y muñecas, retiró la ligera sabana de su sudoroso cuerpo desnudo y observó la cicatriz de la herida que él demonio le había hecho con sus garras envenenadas desde el hombro izquierdo hasta la mitad de su pectoral y comprobó la extraña y rápida cicatrización que estaba ocurriendo, una cicatrización que estaba colaborando en la muerte de otro de sus aliados.
«No permitiré que eso pasé...»
―Mei ―después de taparlo de nuevo, llamó a una de sus ayudantes y ella se acercó con una mesita móvil llena de herramientas médicas, algunas eran tan extrañas que la misma ayudante no sabía para que servían, sin embargo sabía muy bien para que era la que tomó su superior en ese momento―. Necesitamos bajar la temperatura de golpe, preparen dos bañeras y agua lo más fría posible, y necesito que traigas la caja verde de mi laboratorio ―mientras daba sus órdenes, Shinobu presionó la filosa herramienta en sus manos contra la parte inferior de la cicatriz, de inmediato sangre espesa y oscura comenzó a brotar del pectoral del herido, Mei trató de evitar respirar por la nariz para no vomitar por el olor―. Necesito mucho bálsamo y polvo de Glicinias, este veneno debe ser purgado y purificado pronto.
―Entendido ―la joven salió de inmediato a cumplir las órdenes, tanto porque la situación lo requería como porque el olor se estaba volviendo insoportable en tanto más la hashira hacia sangrar la herida.
Olía a putrefacción y muerte.
―Me pregunto si algún día yo oleré igual... ―susurró mientras con un trapo limpiaba un poco la sangre sucia―, al fin y al cabo me estoy llenando de veneno... ―casi suelta una pequeña carcajada irónica, porque día con día su cuerpo se convertía en una trampa para demonios, no solo por la toxina de las glicinias que se inyectaba, sino también por sus pensamientos de venganza―. Espero no llegar a pudrirme sola...
Al menos esperaba que ese demonio se pudriese junto a ella.
A pesar de sus pensamientos llenos de venganza, Shinobu terminó pronto de hacer sangrar y limpiar la herida, el balde a sus pies estaba lleno de trapos casi negros y las sabanas de la cama estaban casi igual, no se preocupó mucho pues para ella un veneno ya consumido era inofensivo y al herido estaban por darle un baño helado, lo que serviría tanto para bajarle la temperatura como para limpiar toda esa sangre sucia.
―Tienes suerte ―le dijo al joven que seguía inconciente, si estaba en lo correcto en sus deducciones al ver el color y textura de la sangre, cuando aplicara el tratamiento de glicinias y lo mezclara con otras hierbas depurativas, el joven en la camilla se salvaría si tenía la fuerza de voluntad suficiente, y ella conocía lo suficiente de Giyuu Tomioka para saber que la tenía, no solo por lo que había demostrado todos estos años como hashira; sino por lo que demostraba aún ese momento, a pesar de la herida, el veneno, la apertura de la cicatriz que ella hizo y la perdida de sangre, en ningún momento el pilar del agua había perdido el control de su respiración; de hecho, si seguía vivo a pesar de todo eso, era porque él había mantenido esa respiración, solo muy pocas personas podrían lograr algo como eso en tales circunstancias, aún entre los hashiras era algo admirable.
No se dio cuenta que en su sonrisa falsa había un poco de una sonrisa de admiración real.
―Shinobu Sama ―Mei volvió, esta vez cubría la mitad de su rostro con un trapo sumergido en esencia de lavanda, Kocho, que había empezado a abrir de nuevo la herida que comenzaba a cicatrizar por acción del veneno que seguía dentro del paciente, entendió que eso sería lo normal en cualquier persona, pero ella estaba tan acostumbrada a tratar con venenos, heridas y muerte, que ese tipo de aromas los cancelaba sin problemas―. En un momento traerán las bañeras y el agua ―colocó la caja que traía en otra mesilla móvil―, todo lo que me pidió está aquí y traje más trapos limpios, ¿le ayudo a limpiar la herida?
―No, lo seguiré haciendo yo ―a pesar de que ella podía ser increíblemente estricta no tenía tan mal corazón como para dejar a la pobre chica morirse del asco con ese aroma, además, los hedores del veneno podían causar ciertas enfermedades menores en personas poco acostumbradas como esa joven asistente―. Solo lleva este balde afuera ―le alcanzó el que estaba lleno de sangre sucia, y trapos―. No toques lo de adentro, déjalo al aire libre, yo me desharé de todo después de manera apropiada ―la chica asintió aliviada de saber que podía salir de ahí― Puedes irte por el momento, pero mantente cerca por si necesito algo más.
―Como ordene, Shinobu Sama ―con el balde lo más lejos posible de ella, la joven abandonó la habitación.
―Pues bien... ―con el mismo cuidado anterior, la joven volvió a abrir la herida, limpió la sangre, y revisó los signos vitales unas tres veces más, al final de la tercera notó como la cicatrización era ya casi inexistente, así que satisfecha con eso, tomó una jarra de agua, echó una mezcla de polvos que sacó de la caja verde que le trajese su asistente, y la echó sobre la herida poco a poco, solo en ese momento la respiración controlada del joven cambió un poco, se detuvo preocupada y revisó de nuevo los signos, colocó una mano en el abdomen entrenado del hombre y corroboró que su respiración había vuelto a la normalidad antes de seguir vertiendo más de la pócima en la herida, cuando terminó de hacer esto, el suelo estaba encharcado y sus medias empapadas.
Suspiró.
Odiaba tener las medias mojadas.
―Por eso todos te odian, Tomioka-san... ―soltó medio en serio, medio en broma, en realidad ella sabía que eso no era cierto, al menos ella no lo odiaba, se lo había dicho hacía un tiempo para fastidiarlo porque él la hacía sentir fastidiada muchas veces, y aunque no entendía porque él la hacía sentir así y sabía que él no tenía la culpa, Shinobu no podía evitar sentirse molesta de que él tuviese la capacidad de hacerla casi perder el control de sus expresiones.
Nadie debía hacerle perder su sonrisa.
Se lo había prometido a su hermana.
―Shinobu-sama ―cinco asistentes entraron mientras uno más retiraba el biombo de privacidad, todos con un trapo con olor a lavanda en el rostro, uno colocó las dos bañeras de madera en el suelo y los otros llenaron una con los enormes baldes de agua que traían―. Nos tardamos porque necesitaba el agua muy fría ―ella asintió, por las pequeñas esquirlas de hielo que veía flotando en la bañera sabía que habían usado una de las curiosas máquinas traídas de la capital, si se ponía agua adentro, se congelaba por el efecto de un gas que traía por dentro, una de las ventajas de la organización de cazadores de demonios era que podían adquirir ese tipo de curiosidades y avances de la mecánica―. Está listo.
―Bien, ayúdenme a colocarlo allí ―señaló al paciente con la cabeza ―, yo ayudaré con la parte de arriba, ustedes con las piernas, traten de evitar tocar la sangre, aunque estoy segura que fuera del cuerpo es inofensiva, prefiero prevenir ―ellos asintieron, Shinobu colocó una sábana más sobre el pilar del agua para darles una mejor forma de sujetarlo sin tocar la sangre mezclada con agua, cuando lo colocaron en la bañera vacía, la médico observó como su respiración se descontrolaba por una fracción de segundo debido al choque de temperaturas, de nuevo sintió admiración al ver cómo, aún inconciente, pudo volver a la respiración controlada en un pestañeo, sin embargo, gracias al remedio ahora la herida no estaba completamente cicatrizada y sangre seguía saliendo de ella.
―Este... Shinobu Sama... ―la joven dejó de observar el pálido y calmado rostro de Giyuu para ver a su asistente―. ¿No podemos hacer contacto con la sangre, cierto?
―No, ya les dije, es mejor prevenir.
―Entonces... ―Shinobu observó extrañada como al joven se le ponían las orejas rojas―, entonces... ¿usted bañará a Tomioka-sama? ―los ojos de todos los asistentes se pusieron sobre ella, y hasta ese momento entendió porque Mei había enviado a auxiliares de hashira y no a sus asistentes.
Era porque tenían que bañar a un hombre, y sus asistentes en la finca de las mariposas eran todas jóvenes señoritas.
Por un momento Shinobu casi pierde su expresión usual al entender.
Pero ella también era una hashira, y por eso con su control de respiración perfecto, controló los capilares en su rostro.
―Así es, soy la única inmune a esa sangre envenenada, y además soy una médico ―dijo mientras se levantaba, se quitaba su apreciado haori y se coloca un delantal de enfermería, admirados de su profesionalidad ellos asintieron aún con la cara roja bajo el pañuelo, no deberían, pero por dentro sentían ciertos celos del joven que estaba por ser bañado por la hermosa y siempre sonriente pilar de los insectos―, pueden quedarse fuera y cerca del pasillo, el olor de la sangre puede enfermarlos ―de nuevo asintieron y dejaron la habitación―. Que problemático, Tomioka-san... ―Shinobu soltó un suspiro y acercó uno de los baldes con agua, con un tazón de madera comenzó a verter agua desde la cabeza del joven, cada tanto se detenía a limpiar la sangre con una toalla y aplicar un bálsamo especial de glicinias, poco a poco la herida dejó de sangrar y a cicatrizar, pero esta vez en lugar de verse purpurea, la costra de la cicatrización tenía un color normal.
Señal de que el veneno estaba casi completamente extraído.
Ella sabía por experiencia que ese tipo de venenos se concentraba en los alrededores de la heridas, ensuciaba el tejido y la sangre de su alrededor para expandirse en el cuerpo lentamente mientras creaban costras para evitar que la sangre saliese libre expulsando el veneno con ella , era por eso que destruir la costra era tan importante para sanar al paciente.
Tomioka Giyuu iba por buen camino.
Shinobu tomó un nuevo trapo, lo empapó en un líquido ambarino y limpió los alrededores de la herida, luego vertió agua y tomó un trapo más para limpiar el resto del torso manchado con sangre, fue allí que una pequeña marca en la parte superior del pectoral derecho le llamó la atención, a diferencia de las otras cicatrices que había en el cuerpo de Giyuu, probablemente debido a entrenamientos y otras batallas contra los demonios, esa parecía un símbolo, pero no pudo pensar en que significaría, o si de verdad significaría algo ya que unos golpes en la puerta la sacaron de su observación.
―Adelante ―dijo después de revisar que la húmeda sabana siguiese bien puesta sobre Giyuu, al fin y al cabo aunque estaba herido era un hashira y merecía discreción.
―Quería avisarle que alisté una habitación nueva para Tomioka-sama ―Mei colocó ropa en una de las mesas del lugar mientras Shinobu seguía echando agua fría sobre Giyuu.
―Bien pensado ―Shinobu asintió, su iniciativa era muy buena, él no podía dormir en una habitación llena de agua con sangre sucia.
―Le traje también medias y zapatos secos para usted. ¿Necesita algo más, Shinobu-sama? ―la joven colocó lo que traía en los brazos en una silla y Shinobu agradeció con un gesto.
―¿Trajiste ropa para Tomioka-san?
―Así es, tuvimos que romper el uniforme de Tomioka-san ―la chica que miraba hacía un momento la cara de Giyuu se sonrojó de pronto y desvió la mirada, esta vez Kocho no tardó en entender el por qué.
La finca de las mariposas estaba llena de jóvenes señoritas de corazón puro.
Pero de mente un poco menos pura.
―Entiendo, puedes ir a descansar, solo dile a los del pasillo que necesito que me ayuden a pasar a Tomioka-san de bañera.
―Cl-claro... de inmediato ―la chica tartamudeó, aún roja se dirigió a la puerta.
―Mei ―aunque sabía que la chica necesitaba irse, la detuvo un poco antes de que saliese, una duda importante había llenado su mente―. ¿Sabes qué pasó con el haori de Tomioka-san? ―dentro de ella sintió algo de pena al hacer su siguiente pregunta― ¿Lo rompieron también? ―ella no sabía mucho de Giyuu, pero sabía que la mitad de su haori estaba formado por el de un antiguo compañero de entrenamiento, e imaginaba que por eso, para él ese haori era casi tan importante como era el que ella usaba en memoria de su hermana, si lo habían roto tal vez podía mandarlo a arreglar, o al menos guardar los retazos.
―No lo traía cuando llegó ―le informó la chica ―, ¿desea que lo busque?
―Por favor... ―su petición salió directo de su corazón, por eso Mei la miró algo extrañada, a pesar de que la expresión en el rostro de su superior no había cambiado, algo le había parecido muy inusual en la forma en que lo dijo.
Pero ni ella, ni la misma Kocho podrían decir que fue.
Luego de que la chica se fue, los auxiliares entraron a ayudarla, a pesar de que la herida estaba cicatrizada y ya no derramaba sangre, Kocho prefirió continuar ella con el baño de su compañero, cuando comprobó que su temperatura y su signos vitales se normalizaban, pasó una suave toalla con esencia de glicinia por su cuerpo para purificar cualquier rastro del veneno en su piel, luego lavó su cabello, se sorprendió de lo largo y suave que era ya que Giyuu siempre solía llevarlo atado de manera descuidada, y de cierta manera su oscuro color que reflejaba los destellos de las velas debido a la humedad, le recordó a las noches de verano cuando las luciérnagas hacían un espectáculo en el lago del territorio de la mariposa.
Un lugar que solía visitar con su hermana.
Peinó con cuidado las hebras con sus dedos y enjuagó con más agua fría, cuando terminó limpió el tranquilo rostro del ―admitió de mala gana, apuesto―joven con un toalla nueva, nunca había observado al pilar del agua de tan cerca, y en ese momento, con sus ojos incapaces de mostrar su usual mirada llena de su extraña calma intensa, le pareció el rostro de una persona increíblemente noble.
No pudo encontrar en sus facciones las marcas de odio o vicio.
Solo marcas que reflejaban tristeza.
―Me pregunto si tu... ―susurró, sus ojos fijos en él y luego movió la cabeza de lado a lado.
Los secretos de los demás no eran de su incumbencia.
Pidió ayuda de nuevo, esta vez dejó que los hombres se encargaran de secarlo y cambiarlo, sin embargo ella decidió quedarse con él toda la noche para darle gota a gota una pócima que había hecho mientras lo secaban y vestían.
Las horas pasaron entre signos vitales normales y pequeños episodios de fiebre alta debido a que el veneno que se filtró antes de llegar a recibir el tratamiento empezaba a hacer efecto, al punto de que en más de una ocasión los delirios lo hicieron hablar dormido, casi nunca se le entendía nada, y Shinobu no hacía más que aplicar trapos fríos y darle más gotas del antídoto, pero en el último delirio de la noche, las palabras que dijo fueron tan claras para Shinobu que no solo las entendió, sino que las sintió en su corazón.
Palabras que abrieron heridas mal cerradas en ella.
Kocho perdió su sonrisa en ese momento.
Y en algún momento, mientras observaba la expresión de tristeza de Giyuu tras esas palabras, se sentó a su cama, limpió la lágrima que recorría su propia mejilla y tomó su mano.
Para consolarlo a él.
Para consolarse a sí misma.
Ahora entendía porque Tomioka Giyuu la podía hacer sentirse fastidiada.
...Y eso era, porque le recordaba a ella misma...
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Gracias por leer.
Sus reviews son muy agradecidos.
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Rincón de la Autora:
Si me preguntan en donde se ubicaría esto, tal vez sea poco después de que Tanjirou y Nezuko fuesen aceptados por los pilares, pero antes de que Rengoku muriese, podría quedar en las semanas en las que Tanjirou y compañía estuvieron entrenando en la Hacienda de la Mariposa, pero como les dije al inicio, puede que esta historia calce o no calce perfectamente con el canon, y lo más probable es que no. Lol.
¿Qué fue lo que dijo Giyuu en su febril estado que conmovió a Shinobu? Lo sabrán en alguno de los otros caps. :x
Y sí me preguntan que tanto vio Shinobu de Tomioka, la respuesta es todo. TODO. Después de todo ella es médica y tiene curiosidad científica. :x Y yo les pregunto, ¿qué habrían hecho ustedes? 7v7r
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¡Hasta el próximo cap!
Adieu!
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