NADA DE ESTO ME PERTENECE, LOS PERSONAJES SON DE DISNEY, SOLO ME DIVIERTO ESCRIBIENDO HISTORIAS
¡Hola a todos!
Hace poco subí mi primer fanfic de Star Wars, llamado "Fachada", y me animó ver que tuvo un buen recibimiento. Así pues, decidí compartirles esta otra idea que había estado trabajando, esperando que les guste.
Es un AU muy drástico, ubicado en nuestro mundo, y también es Anidala. Está basado en la película Hombre de familia, la de Nicolas Cage (una de las tantas películas que he visto estos últimos días por la cuarentena, yupi) esta historia pretende ser más reflexiva, y dulce, no esperen dramas muy intensos ni problemas severos, esos los dejé para otros fics. Aquí quise desquitar mi lado romántico y cursi.
Nota.-Solamente sé las cosas básicas del gobierno y política estadounidense, y algunas de esas cosas las ignoré por el bien de la historia, espero no les molesten esos detalles.
¡Disfruten!
VISTAZO
por
Nefertari Queen
I
Padmé Amidala Naberrie debería sentirse orgullosa. En realidad, sí estaba orgullosa, tenía 28 años de edad y era la senadora más joven del país, su carrera política era envidiable y al fin tenía los recursos para ayudar a las personas más necesitadas. Todas las mañanas, se vestía con elegantes y bellos trajes para acudir al Congreso y trabajar con sus compañeros en las mejores formas de servir a su gente, a su país, y crear las bases de un futuro mejor. Estaba contenta, en verdad que sí, todo su trabajo duro había rendido frutos. Sus interminables estudios, sus campañas, sus pequeños puestos locales que fueron escalándola para conseguirle un peldaño en la máxima institución legislativa de la nación. Todo gracias a su dedicación, a su perseverancia e inteligencia. Estaba orgullosa de sí misma.
Pero…
"Pero ¿qué?" se recriminó mentalmente, negándose a pensar más allá.
Tenía una pequeña copa de champagne en la mano, un elegante vestido negro entallado y una sonrisa en los labios, pero, aunque físicamente era la imagen del éxito, su mente seguía causándole esas malas jugadas, atormentándola con preguntas e ideas que no valía la pena explorar. Esto solía ocurrirle sobre todo cuando estaba aburrida, como ahora, rodeada de un montón de burócratas fastidiosos haciendo lo posible por congraciarse con amistades influyentes.
A Padmé nunca le gustaron las galas y fiestas políticas, pero parte de su trabajo era acudir a ellas. Era domingo por la noche, y Padmé deseaba con todo su ser estar recostada en la cama viendo alguna película en la televisión, pero ahora estaba en la casa de la senadora Mothma –una de las pocas compañeras legisladoras que realmente apreciaba– a la que nunca insultaría con el desaire de faltar a una de sus reuniones… aun cuando estaba siendo casi acosada por un montón de políticos menores que buscaban su amistad para sacarle provecho.
—¿Todo bien, Padmé?—preguntó Rush, su novio, colocando una mano sobre su hombro—Estás muy callada.
—Solo estoy un poco aburrida—admitió.
Bebió un trago de su copa, disfrutando el agradable sabor, y miró disimuladamente su entorno. Todos vestían elegantes, todos hablaban con esas voces moduladas y contenidas, sonriendo con ángulos estudiados para verse auténticos, aunque no lo fueran. Tanta falsedad le causaba náuseas, y el repentino tirón de su estómago hizo que acabara su bebida de un solo trago; la sensación del ardor que dejaba el alcohol sobre su garganta la distrajo un momento, en el cual, un amigo de Rush se acercó para hacerle conversación.
—¡Senadora Amidala!—saludó el amigo de Rush—Es un placer al fin conocerla, ahora entiendo perfectamente porqué este hombre decidió sentar cabeza…
Ese comentario la incomodó, porque ni ella ni Rush habían hablado nunca del matrimonio y era una de esas preguntas que no deseaba abordar pronto. Rush debió notar su reacción, porque cambió el tema de inmediato y mantuvo una conversación política normal.
Normal y aburrida, en un parpadeo, Padmé pensó que iba a quedarse dormida. Miró la copa vacía en sus manos y un tirón, ahora en su pecho, la hizo sentirse mal de repente. Ocupaba espacio.
—Iré al bar por más—le dijo a Rush, señalando su copa vacía.
—Está bien, yo iré por ti.
—No, gracias—le sonrió—Quiero caminar un poco, y detestaría interrumpir su conversación.
Rush sonrió, medio complacido por su considerada novia, y medio molesto ante la idea de que ella anduviera sola en la fiesta, aunque fuera por unos momentos. Padmé no le dio más tiempo de pensarlo, se despidió encantadoramente de su amigo y prometió volver pronto, desplazándose hacia la preciosa escalera de caracol que conducía a la planta baja, y al bar.
Padmé bajó los escalones despacio, tomándose su tiempo para admirar el elegante decorado, Mothma tenía excelente gusto y sabía organizar buenas veladas, de hecho, sus fiestas y las del senador Organa eran las que más disfrutaba. Pero este era un evento oficial auspiciado por el partido y eso significaba un montón de invitados incómodos y un ambiente demasiado formal.
Llegó a la barra del bar y pidió otra copa de champagne, una vez la tuvo en sus manos, se reclinó sobre la barra descansando un poco. Quería darle más tiempo a Rush de hablar sobre sus propias opiniones políticas con su amigo, además, nunca lo diría en voz alta, pero en este tipo de eventos Rush era una compañía muy aburrida. "Debí venir con Dormé" pensó ella, recordando con añoranza a su asistente particular y mejor amiga.
Rush Clovis era un subsecretario joven, de 30 años de edad, carismático y amable con un fuerte sentido de la justicia social. Padmé lo conoció desde su candidatura en el Congreso Estatal, un par de años atrás, y llevaban dos años de relación. Era por mucho el noviazgo más adulto que había tenido en su vida, ambos se cuidaban mutuamente y se apoyaban en sus trabajos, formando un equipo. Ambos aspiraban a tener carreras políticas notables y a cumplir con su gente con diligencia, pero mientras Padmé consideraba que los métodos debían ser escrupulosos, Rush era maquiavélico. Las intensas discusiones que tenían podían ser grabados como debates políticos. Padmé quería a Rush, le encantaban sus galantes atenciones, sonrisas genuinas y esa mirada tranquila que siempre conseguía calmarla, le gustaba mucho que tuviera su propio criterio y lo defendiera, pero en algunas ocasiones, sobre todo en este tipo de eventos, llegaba a pensar que su relación era más una alianza política que un noviazgo apasionado.
Era un pensamiento que desechaba con rapidez, antes de que pudiera echar raíces, así como todas esas preguntas que atormentaban su mente en sus momentos de ocio, como ahora, sentada frente a un bar, con una copa en su mano y mil conversaciones de fondo, sola con sus pensamientos, con preguntas que tambalearían sus cimientos. Padmé tenía miedo del resultado que podría acarrear impulsar esas ideas; tenía una carrera exitosa, un buen novio, amigos y familia ¡todo estaba bien! Entonces…
¿Entonces por qué sentía que quería más?
—¿Padmé?—la llamó alguien—¿Padmé Naberrie?
Volteó buscando a quien la llamaba con el ceño ligeramente fruncido, en este tipo de eventos siempre la llamaban Senadora Amidala, a no ser que fuera un amigo muy cercano. Detrás de ella vio a un hombre demasiado apuesto y alto como para ser un político, y que le sonreía con una calidez auténtica, todo lo opuesto a las sonrisas de fábrica a las que estaba acostumbrada.
—¿No me reconoces, verdad?—preguntó él, riendo con suavidad
Padmé lo miró a detalle, esa sonrisa con guiño de burla le era muy familiar, sus perfectas facciones bien podían aparecer en la portada de una revista, pero estaba segura de que no era una celebridad. Ninguna persona famosa podía tener una mirada tan sincera. Y esos ojos azules eran honestos, proyectaban un cariño y bondad que llevaba mucho tiempo sin ver, uno que era genuino y la hacía sentirse cómoda. Por alguna razón, este hombre frente a ella la hacía sentirse segura.
—¿Nos conocemos, verdad?—preguntó ella con cautela, reprendiéndose a sí misma por no poder dejar de ver esos hermosos ojos azules.
Él sonrió con más entusiasmo, la alegría de su sonrisa iluminando toda su mirada, este hombre definitivamente debía salir en portadas de revista, era guapísimo.
—Soy Anakin—respondió—¿Me recuerdas? ¿Tu vecino?
Padmé jadeó por la sorpresa y volvió a verlo de pies a cabeza ¡tenía que ser una broma! El Ani Skywalker que ella recordaba era un niño.
—¿Ani? ¿Anakin Skywalker?
Él asintió, y Padmé olvidó donde estaba e inmediatamente se acercó a él para darle un abrazo, él la sujetó con cariño, tal y como lo hacía cuando eran niños, tantos años atrás.
—¿Qué haces aquí?—preguntó, separándose de él—Dios, Anakin ¡estás altísimo! Tengo que doblar el cuello para verte a ojos.
—Me di un par de estiradas justo después de que te mudaste—respondió—Creo que será mejor sentarnos, o podrás lastimarte el cuello—dijo lo último con tono jocoso, haciéndola reír por primera vez en toda esa larga noche.
—Veo que no has cambiado nada.
—Tú tampoco—replicó él—Te ves igual de hermosa… bueno, más hermosa—vio un sonrojo en sus mejillas, y ella apretó los labios, recordando los halagos que le hacía cuando eran pequeños.
—Siempre serás ese lindo niño de la casa de al lado—remató con burla, ambos sentándose en la barra del bar.
—Si me hubieran dicho que te vería aquí, no me hubiera quejado tanto—admitió Anakin, pidiéndole una bebida al barman—No te veo hace… ¿qué? ¿unos diez años?
Padmé hizo la cuenta mental.
—Doce, en realidad.
—Doce años… que rápido pasa el tiempo.
Asintió, sintiéndose mayor de repente. Eso le pasaba más a menudo de lo que le gustaba admitir, porque a sus 28 años de edad había concretado muchos proyectos. A su mente, vino el lejano recuerdo de cuando tenía 16 años de edad y se mudó a Washington D.C., había conseguido una beca para entrar a una academia privada con Programa Legislativo para Jóvenes, ideal para sus aspiraciones políticas. Sus padres lloraron lo mismo de orgullo y tristeza cuando la acompañaron al aeropuerto, y aunque Padmé estaba feliz por su hazaña, también estaba triste por dejar atrás a muchos de sus amigos.
Uno de esos amigos era su vecino, un niño cinco años menor que ella llamado Anakin Skywalker. Habían jugado juntos miles de veces en los patios de sus casas y, como Padmé era mayor, ella acostumbraba ayudarlo con su tarea o le daba algunos consejos para la escuela. Anakin era un niño atento, amable y muy generoso, a pesar de su corta vida nadie le había dado abrazos tan sinceros como aquel niño de ojos azules, y verlo ahora frente a ella, convertido en un hombre, le generaba lo mismo nostalgia como alegría.
—La verdad, me da mucho gusto verte—dijo Anakin—Recuerdo que siempre fuiste presidenta en tu clase y que no parabas de hablar de política. No me sorprendió en absoluto que te convirtieras en senadora.
—A mis padres tampoco—respondió, halagada de que él la recordara tanto—¿Y tú? ¿Qué has hecho? Con lo mucho que te aburría la política, me sorprende verte aquí.
—Aún me aburre la política, pero vine aquí porque mi amigo y socio me arrastró. Según él hay un potencial cliente aquí, en alguna parte.
—¿Cliente?—murmuró sorprendida—¿Te dedicas a la publicidad, o algo así?
—No, en realidad tengo una pequeña empresa con un amigo, Obi-Wan Kenobi—explicó—Hacemos sistemas operativos y esas cosas.
—Así que eres una especie de Bill Gates.
Anakin rio divertido.
—Si quieres visualizarlo así…—se encogió de hombros—Aunque yo hago más robótica.
—¿Así que desarmar todos los electrodomésticos de tu casa sirvió de algo?
—Aparentemente sí—replicó—Esos regaños de mi madre valieron la pena.
—¡Padmé, ahí estás!
La susodicha volteó para encontrarse con Rush, quien se acercó con una expresión extraña en el rostro.
—Disculpa, me encontré con un viejo amigo y me entretuve—explicó, mientras Rush se paraba a su lado y colocaba una mano sobre su cintura—Anakin él es Rush Clovis, mi novio. Rush, él es Anakin Skywalker, un amigo mío de la infancia.
—Encantado—murmuró Rush, teniéndole la mano.
Anakin regresó el saludo, pero Padmé notó que sus ojos se ensombrecían de repente, y que los músculos de Rush se tensaron.
—¿A qué te dedicas, Anakin?—preguntó Rush—¿Política estatal, o federal?
—Nada de la política en realidad. Solo vine acompañando a un amigo.
—Oh, entiendo. Bueno, la política no es para todos—dijo casualmente, pero a Padmé no le gustó el comentario—Querida, Mothma te está buscando ¿vamos?
—Sí, claro—volteó hacia Anakin, admirando una vez más sus bonitos ojos azules—Me encantó verte Anakin, me gustaría que nos pusiéramos al corriente después.
—Sería un placer.
Se puso de puntitas para darle otro abrazo y después se fue con Rush. Subieron las escaleras hasta donde estaba Mothma, pero Padmé puso poca atención, porque aún seguía rememorando su encuentro con Anakin. Haberlo visto fue como un respiro de aire fresco, que la llevó a sus momentos felices de la infancia, y acentuaba su innegable realidad: aunque su vida iba bien, no era totalmente feliz.
No tenía idea de por qué era así, su parte lógica le recriminaba que no podía desear algo más, pues lo tenía todo. Quizá hijos, esos dos lindos niños que siempre se visualizó teniendo, pero no, no… era muy pronto. Apenas estaba desenvolviéndose bien en el Senado y la carrera de Rush aún no terminaba de concretarse. Miró de reojo a Rush, y se lo imaginó sosteniendo a un bebé, a su bebé, y por alguna razón, la imagen no era muy natural en su mente.
"Ya basta, Naberrie" dijo mentalmente "Este no es el lugar para estos pensamientos"
Fingió un par de sonrisas más para los compañeros de Mothma y, de repente, deseó con todas sus ganas irse. Marcharse a su casa, recostarse en la cama y dejar que la negra noche disolviera sus dudas y la hiciera olvidarse del repentino vacío que sintió en su corazón.
—¿Todo bien, encanto?—preguntó una preciosa mujer a su lado—Te ves algo pálida.
Padmé miró el rostro de esa desconocida, pero por más que intentó, no pudo saber quién era. Seguro se trataba de la acompañante de alguno de los senadores, porque era muy hermosa, tenía el cabello pelirrojo y grandes ojos azules.
—Debe ser el alcohol—respondió, forzando una sonrisa—No es nada.
—Podrás engañar a esa bola de burócratas, pero no a mí.
Frunció el ceño ¿quién creía esa mujer que era?
—Eso sonó rudo—la reprendió—Y no te conozco, así que por favor…
—Espera, espera, lo siento—dijo la pelirroja de nuevo—Es que aún soy nueva en estas cosas.
Una oleada de empatía recorrió a Padmé de pies a cabeza, y su expresión se suavizó. Recordaba lo que era sentirse perdida en este tipo de eventos, sin saber cómo hablar o a quién dirigirte.
—No hay problema—le dijo con una sonrisa tenue, intentando sonar más comprensiva.
—Gracias, encanto, pero enserio veo algo raro en ti. Como una especie de angustia… ¿todo bien?
Padmé suspiró, no le gustaba la forma en que esta extraña conseguía leerla tan fácilmente, cuando a veces incluso Rush no conseguía ver más allá de sus cuidadas expresiones públicas.
—No te enfades por favor—dijo la mujer—No eres tú, soy yo… tengo una especie de don. Eso es todo.
—Bueno, puedes calmarte, no es la gran cosa. Solo a veces me siento frustrada—admitió, cuidando que sus palabras no revelaran demasiado.
—¿Por tu trabajo?
—No, no, eso jamás… pero a veces me preguntó ¿cómo serán las cosas en el futuro? No sé, dentro de diez años ¿cómo será todo?—miró a Rush, a pocos pasos de distancia, evidentemente cómodo en esta fiesta donde ella se moría de aburrimiento—Es un poco tonto.
—Yo creo que es normal cuestionarse nuestras decisiones—una extraña sonrisa adornó el rostro de la mujer—Y sobre todo, replantearse nuestras metas.
—Quizá "replantear" sea una buena palabra.
—¿Y te sentirías mejor si pudieras echarle un vistazo al futuro?—preguntó—Teóricamente hablando.
—Desde luego—rio con buen humor—¿Quién no?
La mujer le sonrió, asintiendo, mientras Padmé iba al tocador. Definitivamente era nueva en estos eventos sociales, su comportamiento era algo torpe y su plática muy aleatoria, rio un poco cuando pensó que ella misma fue así no hace mucho tiempo atrás.
Aunque seguía aburrida, mantuvo su sonrisa política el resto de la velada, hasta que Rush al fin quiso irse. Los dos se despidieron de Mothma y caminaron hacia la salida, a solas en el auto, Padmé pudo dejar caer su cabeza y relajarse.
—Qué tedioso—murmuró ella—No me gustó esta fiesta.
—¿Enserio? Te vi muy a gusto con ese amigo tuyo.
Miró de reojo a Rush, que escribía algo en su celular.
—No veía a Anakin en mucho tiempo—respondió—Sería lindo volver a hablar con él, pero no me dio su número.
Se encogió de hombros, quizá un día de estos lo vería cuando visitara a sus padres en la temporada de fiestas o algo así.
—Ah, sí, Anakin… ¿de dónde lo conoces, Padmé?
—Éramos vecinos de niños—dijo, una sonrisa regresando a sus labios cuando recordó su infancia—Era un niño divertido y amable, y su madre un encanto. Ni siquiera sé si aún vive al lado de mis padres.
Raras veces visitaba a su familia en casa, era más común que sus padres viajaran a D.C. para verla, o que se reunieran con su hermana Sola en Nueva York.
—No me agradó mucho—continuó Rush—No sé por qué, pero no fue de mi agrado.
—Solo lo saludaste.
—Te digo lo que pienso, nada más.
Era una actitud inusual en Rush, pero Padmé estaba muy cansada como para seguirle el juego.
—De cualquier forma, no creo volver a verlo—admitió con un suspiro—No tenemos nada en común, salvo algunos recuerdos.
Rush sonrió y guardó su celular, pasando un brazo sobre los hombros de Padmé, quien no pudo contener más su cansancio y comenzó a dormitar.
Este fue el capítulo 1, gracias por darle una oportunidad a la historia y espero que lo hayan disfrutado. Saludos desde México.
