Disclaimer: Ninguno de los personajes me pertenece. Son parte del mundo de Hetalia Axis Powers y pertenecen a Hidekaz Himaruya. Sin embargo, la trama y el desarrollo de estas me pertenecen.
POV: Lituania
La luz apenas entraba en el dormitorio, atenuada por largas cortinas oscuras, el ambiente era bastante tranquilo, calmo y sereno para el lituano que acababa de despertar, aún somnoliento se dio la vuelta, solo para encontrar a cierta polaca durmiendo al lado suyo.
Oh, no. ¡En qué momento se metió! De seguro, van a hablar mal de nosotros en cuanto lo descubran… pensó con horror. Claro que no se avergonzaba de ella, pero tenía miedo de arruinar su reputación, aun cuando a ella ni siquiera le importase. Aunque no era como que los miembros de la corte no quisieran juntarlos, al menos diplomáticamente, después de todo, de eso trataba la mancomunidad entre ambos. Aun cuando él estuviese en un rango por debajo de ella.
Observó un rato su silueta, llegando a la conclusión de dejarla descansar otro rato. Parecía estar muy cansada y quería que la rubia pudiese estar satisfecha. Ya sabía que además de tener el sueño pesado, podía ponerse de mal humor si la despertaban, así que era mejor no arriesgarse, o tendría que prepararse mentalmente para debates sobre lo que Felicija consideraba correcto y lo que no.
¿Algún día le revelaría su secreto a ella? Depende. Felicija sabía que Taurys había estado enamorado de una niña que se la pasaba golpeándolo, sin embargo, a diferencia de la historia de amor entre Austria y Hungría, lo suyo ni siquiera dio frutos, ya que Natalya solía ser bastante conflictiva con él. Incluso podría decir que se había dado cuenta de que lo que sentía por ella, no era algo más que superficial. Pero con Felicija pasaba ocurría algo distinto. A Taurys realmente le encantaba pasar tiempo con ella, incluso cuando parecía superficial o distante. La conocía la suficiente para saber que detrás de esa confianza y vanidad, también existe timidez y vulnerabilidad, aun cuando no lo expresaba explícitamente. Ella fue bien conocida por defenderlo y al mismo tiempo por causar peleas, en las que él tuvo que involucrarse. Incluso con ello, sabía que podía confiar en ella.
Igualmente descubrió que, en ciertas ocasiones, ella parece no escucharlo por hacer alguna tontería fuera de contexto, pero esa era la forma en que podía escucharlo y demostrar la confianza que tenía hacia este.
La polaca era bonita, inteligente y espontánea a sus ojos. Sobre todo, dulce. Tan genuina. Tan atractiva. Pero había un problema… Eran mejores amigos. Sabía bien que, si ella no sentía lo mismo que él, podría arruinar su amistad y peor aún, la Mancomunidad. Quien sabe cuánta desgracia podría caer sobre ambas naciones solo por un impulso.
Colocó la mano sobre su cabellera rubia acariciando su cabeza como forma de demostración de afecto, la más cercana que se podría permitir, dadas sus circunstancias.
Un ojo esmeralda fue descubierto, examinando lo que ocurría y al ver quien era el causante de su despertar, se abrió también el otro, y pronto se hizo aparecer un ceño fruncido.
−¿Qué estás haciendo, Taurys? −Exclamó la polaca en un tono bastante alto, visiblemente molesta− ¿Y qué haces en mi cama?
El lituano se sonrojó con nerviosismo al escuchar lo último.
−¿Cómo que en tu cama?, no estoy en tu cama. Esta es mi habitación, Felicija. Mi cama tiene cortinas verde oliva. Un color que dudo mucho termines usando.
−Si, pero se te olvida que esta es mi casa, así que esta es mi habitación. Por cierto, tienes mal gusto en colores.
−¿Qué? −Exclamó el lituano con incredulidad.
No lo puedo creer, Felicija. Otra vez vienes a discutir sobre quien está por encima del otro −pensó sin expresar nada para no discutir con ella.
−Oh, no te preocupes, nunca es tarde para cambiar las cortinas y escoger colores más apropiados…
−¡No me refiero a eso! −La interrumpió− Me refiero a que esta casa es de ambos. La compartimos por igual. Ya lo sabes.
−Bueno, en ese caso, esta sigue siendo mi habitación y mi cama. O debería decir "nuestra casa, nuestra habitación, nuestra cama". ¿No es así, Taurys? −completó esto último con un tono bajo bastante sugestivo que hizo sonrojar y poner nervioso al lituano.
−En realidad, sí −mencionó con bastante firmeza, intentando ocultar la emoción que sintió por lo que dijo la chica− Legalmente, lo mío es tuyo y lo tuyo es mío. Que no estemos casados por la iglesia es algo distinto.
-¿Apoco si te gustaría?
−¿Qué?
−Ay, mírate. ¡Tu cara es muy graciosa en este momento −Soltó una carcajada mientras tocaba una de las mejillas del castaño!
−Felicija…
−Calma, solo estoy bromeando. No deberías ponerte así, ya sabes cómo es mi humor.
Taurys suspiró aliviado. La realidad era que sentía emoción, no solo por el hecho de haber dormido tan cerca de ella, también por el hecho de que le preguntase, daba igual si era en broma, si quería que se casaran. Le hacía sentirse ensoñado. Había pasado tanto a su lado, que se le hacía difícil mantener distancia, hasta el punto en que la separación podía ser dolorosa para él.
Felicija acercó su mano hacia el cabello castaño, enroscando un mechón de pelo en su dedo índice, dejándole suaves rizos. Conociendo ya su forma de ser, sabía que pronto saldría una idea loca de sus labios. Esperaba que fuese algo coherente y que no pusiera en riesgo ni su vida, ni su dignidad.
-Sabes, Torys. Soñé algo. Adivina qué soñé…
−Feli, ya hablamos de esto. No puedo leer tu mente, ni adivinar el futuro y mucho menos comunicarme a través de nuestras mentes.
La rubia hizo una mueca demostrándole que se sentía decepcionada por no haber hecho lo que ella pensaba.
−Está bien, te contaré…
Tomó la mano de Torys, llegando a ponerlo nervioso una vez más. Casi llegó a tener la esperanza de que su bonita mejor amiga le dijera que soñó con él y le dijera que quería casarse con él.
−¡Soñé con una profecía!
El lituano estaba bastante decepcionado por lo que escuchó. Al parecer sería otra idea loca de Polonia y que pondría en riesgo tanto su vida como su dignidad.
−¿Debo besar un sapo o debo andar en calzoncillos para evitar que el rey salga mientras haya una revuelta?
−¡NO! Soñé con estrellas. Te explico. Sobre el cielo del castillo de Varsovia había tres estrellas acechando. Estas a su vez estaban delimitadas por un brillo verdoso. Yo estaba bajo la luz de estas. Tú estabas en lo alto con tu traje de hierro y una espada. Te veías muy bien, ¿sabes? Deberías usar el plateado más a menudo -Le guiñó un ojo en un modo bastante cercano al coqueteo.
Obviamente Lituania notó sus intenciones.
−¿Quieres que haga algo por ti?
−Si. Necesito que me acompañes a ver alguna vidente o bruja que interprete esto…
−¿Desde cuando eres supersticiosa?
−Desde nunca, Liet. Solo lo hago por curiosidad y diversión. Ya sabes, estoy muy aburrida.
−No deberías estarlo. Los otomanos han invadido Hungría, cada vez están más cerca de tu frontera y deberías preocuparte. No querrás que Turquía te anexe.
−Pues que mal, primero debo atender este asunto.
Por un momento, se sintió frustrado por la terquedad de la polaca. Como siempre descuidaría algo importante, en favor de algo que se le apetecía por hacer. Sin embargo, no podía negar que así la quería. Obstinada, egocéntrica, orgullosa y vanidosa. Pero también generosa, leal, divertida y comprensiva.
De la nada, la rubia empezó a chasquear los dedos para atraer su atención.
−Bueno, ¿entonces te piensas bajar de mi cama? −soltó de la nada.
−Felicija, no…
Spoiler: Feliks terminará usando verde oliva en la guerra.
