Tokyo Game Show

Nota del autor: Una pequeña historia que hice como contribución al mes de historias RinSayo. Espero que les guste. Usé como inspiración el recuerdo de la vez que me enamoré de mi esposa :3 Muy parecido a lo que le pasó a Rinko y Sayo en esta historia. Espero les guste.


Cómo cada año, Ako y Rinko esperaban con muchas expectativas la más importante convención de videojuegos de todo Japón y probablemente de todo el mundo, al menos así es como ellas lo ven.

Era la segunda ocasión en la que acudirían juntas aunque en esta ocasión, habría una variante.

De alguna forma, en una de las misiones que habían estado teniendo en NFO en donde Sayo se unía a su guild, le habían hecho la invitación y pasó lo impensable, Sayo aceptó acompañarlas.

Rinko sintió una especie de nerviosismo anidando en su interior, pero supuso que era por la ansiedad que precedía todo aquel evento en el que sabía que estaría rodeada de gente. Aunque algo de eso no era verdad. El año pasado a pesar de su personalidad tímida, lo disfrutó muchísimo, pero ahora, los nervios se sentían diferentes, casi como mariposas revoloteando en su estómago. Aún así, no se amedrentó y continuó con los preparativos para el evento.

Habían acordado que irían con cosplay. Ese era de los pocos días en el año en que podía sentirse como una persona diferente y el disfraz era indispensable para lograrlo. Por unas horas, se vestiría como alguien más y también podría comportarse como alguien más: una poderosa hechicera que no tenía miedo de enfrentar los obstáculos frente a ella, alguien tan poderosa que con uno sólo de sus hechizos podía hacer que sus enemigos se arrodillaran, o alguien capaz de enfrentar sus emociones sin temor al rechazo… alguien que no era Shirokane Rinko.

Controlando sus nervios, terminó los preparativos, se había esmerado bastante pues quería verse deslumbrante.

Tal como el año anterior habían acordado verse en la estación de trenes más cercana al evento. En las afueras de la convención se cambiarían para evitar llamar la atención el mayor tiempo posible.

Rinko odiaba sentirse observada por toda la gente aunque era un poco contrastante con el objetivo de hacer cosplay, pero prefería no pensar demasiado en ello.

Todo el guild había acordado verse en el mismo lugar a las 9 de la mañana, sin embargo, dos de ellos habían cancelado de último momento, así que finalmente sólo se reuniría con Ako y Sayo.

Al llegar pudo ver a un grupo de gente turnándose para tomarse fotos con un cosplayer. No se le hizo extraño pues era algo común estando a unas cuadras de la convención. Al acercarse, se dio cuenta que era una cosplayer, una muy conocida (al menos para ella) cosplayer.

Al hacer contacto con los ojos de aquella persona, no le quedó duda de quién se trataba. Su cabello turquesa se encontraba levantado en una coleta alta enmarcada por un listón. Cubierta con una brillante armadura que se veía bien trabajada aunque algo tosca, empuñando una gran espada con una mano y sosteniendo un escudo con la otra.

Con la mirada, la mujer trató de pedir ayuda a Rinko, pero en ese momento, su cerebro había decidido hacer un cortocircuito del que no podía salir, la información se procesaba muy lentamente.

La cosplayer era Sayo. Una muy galante, guapa, valiente Sayo vistiendo con gallardía la armadura de caballero. Y no era cualquier armadura, era aquella que Rinko le había ayudado a ganar dentro del último evento que estuvieron juntas, la misma que la había salvado en incontables misiones y a la que había ayudado en otras tantas, aquella caballero con la que había soñado más veces de las que estaba dispuesta a reconocer, y estaba ahí, parada frente a ella… rogando por su ayuda.

—¡Rinrin, por aca! —Ako jaló su brazo, sacándola de su shock—.Tenemos que apresurarnos, es tarde y tienes que ayudar a cambiarme.

—Ako chan… hola —saludó Rinko, aun procesando todo lo que estaba pasando—. Tenemos que… es Hikawa san —señaló Rinko hasta donde estaba Sayo.

—¿Qué? —Ako volteó hacia donde estaba señalando—. Oh… es Sayo san… pero ¿qué está haciendo? —entrecerró los ojos para ver con mayor claridad.

Las personas alrededor de Sayo parecían hacerle peticiones y aunque se veía apenada, estaba accediendo a todas ellas, aunque sus movimientos se veían un tanto robóticos.

—Tenemos que… ir… —dijo Rinko, luchando contra sus nervios.

—Oh claro que si, esta mujer va a hacer que nos corran de aquí —concluyó Ako jalando a Rinko para abrirse paso entre la multitud—. Disculpe…disculpe… si si, déjenme pasar —dijo mientras sorteaba a la gente con destreza, llevando a Rinko con ella—. ¡Sayo san!

—Udagawa san, Shirokane san… por fin llegan —dijo Sayo, aliviada al verlas—. Pero… ¿No íbamos a disfrazarnos?

—Ash Sayo san, ¿no viste el mensaje que te dejé en privado? Te dije que nos cambiaríamos en el lugar de la convención —explicó la chica mostrando la mochila en la que estaba guardando su cosplay.

—Oh… eso no lo vi —dijo Sayo, apenada—. No sabía que esto era así de complicado —dejó caer sus brazos que ya se veían agotados por estar tratando de mantener la estoica pose—. Cargar la armadura es difícil, y además, ¿en dónde se supone que iba a guardar una espada y un escudo?

—Debiste pedirle ayuda a Rinrin, ella tiene las mejores ideas.

Sayo volteó a ver a Rinko quien hasta el momento, no había levantado la mirada, parecía muy entretenida buscando algo en el piso.

—¿Shirokane san? ¿Se te perdió algo? ¿Necesitas que te ayude a buscarlo?

—¿Qué? ¡Eh! No… yo... —las orejas de Rinko se pusieron rojas al darse cuenta que era el centro de atención—. Creo que… deberíamos irnos… no creo que esa gente deje de… pedirte fotos.

—Si, tienes razón Rinrin, además, ya vamos tarde, si no nos damos prisa, nos perderemos el primer evento —Ako tomó la mano de Rinko y la jaló para guiar el camino—. Agarra a Sayo san Rinrin, si se pierde sería un problema.

—No me voy a perder —reclamó Sayo—. No soy una niña pequeña.

—Podrás no ser una niña pequeña pero eres una neófita en cuanto a convenciones, te recomiendo que no sueltes a Rinrin o podrías ser arrastrada por el mar de gente que hay en la entrada —concluyó Ako cruzándose de brazos.

—¿Es verdad? —preguntó Sayo en voz baja a Rinko, quien solo asintió en respuesta—. Oh… ya veo, entonces, estoy a tu cuidado.

—Esperen —Rinko sacó una especie de lazo de su bolsa, tomó la espada y el escudo de Sayo y les hizo algunos amarres para colocarlos en la espalda de la caballero—. Así te será más fácil moverte.

—Gracias —respondió Sayo, dándole su mano para que Rinko la tomara—. Creo que es hora de irnos.

—Si… si… —con nerviosismo, Rinko tomó su mano y comenzaron la aventura.

El lugar fue la locura que esperaban que sería. Gente por doquier, los vestidores a reventar, pero las emociones al límite. Con antelación habían marcado las exposiciones que querían ver, y los eventos en los que participarían.

Después de largos minutos de hacer fila para poder cambiarse, finalmente Ako y Rinko estaban listas.

—Oh… wow —dijo Sayo al ver a Ako y a Rinko saliendo del vestidor—. Te ves… quiero decir… se ven —atropelló sus palabras, tratando de corregirse.

La mirada de Sayo estaba completamente fija en Rinko. La miraba de arriba a abajo. El sombrero que llevaba estaba perfectamente detallado con un gran moño rojo, su vestido entallado, era una copia exacta de aquel que había visto un millón de veces con su personaje, pero es que además, Rinko parecía sacada directamente del juego, incluso sentía que sus ojos tenían algo malo por qué podría jurar que había una luz envolviendo su silueta. Sentía que estaba viendo a una persona completamente diferente y por un segundo, su corazón dio un salto.

—Ya la mataste Rinrin —Ako le dio un codazo a su amiga.

—¡Ako chan! —se quejó Rinko, ocultando su sonrojo.

—Te lo dije —Ako se cruzó de brazos—. Rinrin hace los mejores trajes —dijo con suficiencia—. Tal vez el próximo año replantees en quien depositar tu confianza.

—En eso te doy toda la razón —Sayo ofreció su mano a Rinko—. Estoy lista para dejarme guiar, sensei.

Con nerviosismo, Rinko tomó su mano y lo primero que Sayo notó es que estaba bastante sudada.

—¿Estás nerviosa? —le preguntó acercándose a su oído—. Pensé que yo era la única.

La piel de Rinko se erizó al sentir el aliento de Sayo tan cerca, pero de las arregló para responder con coherencia. —Es por que… hay mucha gente.

—Umm… sí, es verdad, pero la hechicera que yo conozco, no le teme a nada, y por ella, yo daría la vida —dijo esto último en tono solemne, para infundir confianza en ella.

—Hikawa… san… sí… tienes razón —Rinko apretó su mano con fuerza—. Hoy soy la hechicera del guild y… no… no temeré —dijo con seguridad, haciendo que una enorme sonrisa se dibujara en el rostro de Sayo.

La primera parada la tenían programada en la presentación de la nueva actualización para NFO. Aparentemente estaban por lanzar una totalmente renovada versión y querían estar en primera fila para verlo.

Después de eso pasarían a dar un recorrido por los stands. Rinko había advertido a Sayo que debía llevar una buena cantidad de dinero pues en ese tipo de eventos podían encontrar mercancía exclusiva y podría arrepentirse si no iba preparada. Sayo agradeció el consejo. Parecía que Rinko y Ako se desplazaban como peces en el agua. Moviéndose de un lugar a otro. El nerviosismo inicial se había disipado y todo iba bien para todas.

El evento de media tarde era el que más expectativa había causado en Sayo: el concurso de cosplay. Siempre había escuchado sobre ellos, pero ni en un millón de años había siquiera considerado asistir a un evento como este y mucho menos participar en él, pero ahí estaba, inscribiéndose junto con sus amigas.

—¿Qué es lo que tenemos que hacer? —preguntó Sayo en voz baja después de que Ako terminó el registro y las dejaron pasar a la sala de espera.

Se trataba de un salón enorme en donde había al menos una centena de personas esperando su turno. Habían magos, guerreros, caballeros, princesas, ogros y demás personajes de tantos juegos que ni siquiera estaba segura de haberlos visto alguna vez.

—¿Todas estas personas participarán? —preguntó Sayo asombrada.

Rinko no pudo reprimir la sonrisa que le provocaba la reacción de Sayo. De alguna forma, su rostro de asombro se le hizo tierno.

—Si… todos son participantes —afirmó la chica, guiando a Sayo hasta el lugar que les habían asignado.

—Pero, ¿Qué es lo que tenemos que hacer? ¿Qué hago cuando suba al escenario?

—Ahh… Sayo san, ya te dije. Tienes que lucir tu disfraz, convencer al público de que eres un verdadero caballero, tal como en el juego —respondió Ako un tanto exasperada, ya era la quinta vez que Sayo preguntaba lo mismo—. Sólo así ganarás. Tu disfraz es bueno, pero si hubieras dejado que Rinrin lo hiciera...

Sayo giró los ojos. —Esa parte, ¿Cómo lo hago? ¿Cómo puedo convencer al público?

—Recuerdas… ¿Cuál es tu principal ataque? —preguntó Rinko.

—Sí claro.

—Bueno… tienes que… hacerlo —dijo Rinko—, tan sólo dejarte llevar y… hacerlo.

—Aja… hacerlo… —Sayo no estaba convencida.

Rinko desató la espada y el escudo, colocándolos en sus manos.

—Tu postura tiene que ser un poco más recta —Rinko la acomodó, colocándola en posición de ataque—. Tienes que partir de aquí —colocó su espada dentro de su funda—, y con un fuerte movimiento tienes que moverla hasta acá —la llevó por delante de ella—, no olvides mantener tu escudo arriba, cubriendo tu torso —Rinko lo colocó más cerca de su cuerpo. Sin darse cuenta, sus rostros habían quedado demasiado cerca, tanto que por un segundo pudieron sentir la respiración de la otra.

—Ajá, ajá así es como se tiene que ver —interrumpió Ako, ajena al momento que estaban viviendo sus amigas—. Vamos a pasar por equipos, así que tendremos que hacer una demostración, supongo que con un ataque combinado bastará.

—¿Cómo? ¿Tengo que decir algo? —fue Sayo la que dió un paso atrás, dejando a Rinko aún presa del momento.

Ako golpeó su frente.

—Escuchen, creo que podríamos emplear el ataque que hicimos para vencer al último jefe, solo que yo seré quien reciba el ataque y ustedes dos se unen para lanzarlo. ¿Te parece bien eso Rinrin?

—Emm… si… eso está… bien, así se vería convincente —Rinko seguía pensando en lo bien que se sentía al tener a Sayo tan cerca pero en ese momento requería que su mente estuviera enfocada en otra cosa o terminaría cayendo en el escenario. Este era posiblemente el peor momento para estar pensando en lo mucho que disfrutaba la compañía de Sayo y sobretodo que el día estaba siendo aún más memorable que el año anterior.

—Entonces… ¿Qué es lo que haremos? —Sayo miraba a Rinko y a Ako quienes parecían tener una conversación con la mirada de la cual ella no se sentía parte y eso la hacía sentir excluida.

—Tú sólo haz el ataque especial —le dijo Ako finalmente—. Rinrin hará lo demás.

—¿Eh? —Sayo miró a Rinko quién se veía apenada—. ¿Shirokane san? ¿Estás segura? —era cierto que ella era demasiado inexperta cuando se trataba de estas cuestiones, pero no dejaba de preocuparle lo nerviosa que se ponía Rinko frente a las multitudes, y lo que las esperaba en ese concurso, eran al menos 500 pares de ojos fijos en ellas.

—Yo… si… puedo hacerlo —respondió Rinko, titubeante.

—Bien, está resuelto entonces —dijo Ako emocionada—. Iré a ver un poco a la competencia, ¿Quieren venir?

Rinko negó con la cabeza. —Yo… me quedaré… —dijo mientras se acomodaba en el suelo, escondiendo su rostro entre sus piernas—. Vayan ustedes.

Ako volteó a ver a Sayo, esperando su respuesta.

—Yo también me quedaré —dijo Sayo, viendo como estaban las circunstancias, algo en su interior se sentía intranquila viendo a Rinko encogida en el suelo.

—Bien, cuida a Rinrin, no dejes que se escape —bromeó Ako, aunque a Sayo no le parecía una idea tan disparatada.

Se acercó hasta donde estaba Rinko pero después no supo qué hacer. Generalmente sus interacciones surgían de manera natural, pero en ese momento no sabía qué podía decir para hacer que Rinko se sintiera mejor.

Dio algunas vueltas sobre el mismo lugar hasta que Rinko se apiadó de ella.

—Puedes… sentarte… —dijo sin levantar la vista del suelo.

—¿Sí? Oh, bueno, está bien — respiró Sayo, aliviada. Colocó su espada y escudo recargados en la pared, y con cuidado se sentó a un lado de Rinko—. ¿Estás bien? —le preguntó con algo de inseguridad. Era lógico que la chica no estaba bien, pero de alguna manera tenía que romper el hielo.

—Yo… si… —con el bullicio del lugar, apenas y fue audible la respuesta para Sayo.

—Umm, no, es que… no te ves muy bien —titubeando, Sayo tomó la mano de Rinko y la colocó en su rodilla, cubriendola con su mano—. Estás muy fría.

La acción tomó a Rinko desprevenida, y de inmediato, su rostro se tiñó de rojo.

—Yo… lo… lo siento —quiso retirar la mano, pero Sayo no se lo permitió.

—No, está bien, déjala aquí, déjame calentarla por ti —frotó con suavidad su mano, manteniéndola entre las suyas.

—Hikawa… san, esta bien así —repitió Rinko, sintiéndose abochornada.

—¿Cómo fue la convención del año pasado? ¿También participaron en el concurso? —preguntó Sayo, en un intento para desviar la atención.

Rinko negó con la cabeza. —No, el año pasado no… me atreví…

—Oh, ya veo —Sayo soltó esa mano y le pidió que extendiera la otra, repitiendo el procedimiento—. Decidieron participar este año— Rinko asintió en respuesta.

—Ako pensó que si eramos un grupo grande tal vez yo… bueno —se encogió de hombros—, es que no pensé que fuera tan… difícil —una solitaria lágrima surcó el rostro de la chica.

Al ver esto, el corazón de Sayo se encogió. Soltó su mano y volteó el rostro de Rinko suavemente hacia el de ella, quedando muy cerca los rostros de ambas, pero aun así, no desvió la mirada.

—Tú eres fuerte Shirokane san, sé que es difícil enfrentar a tanta gente, pero no es algo que no hayas hecho antes. Te he visto brillar con la luz más hermosa que mis ojos han podido contemplar, en el escenario, cuando te fundes con la música y dejas que ésta te transporte a otro mundo… y ¿quieres que te diga un secreto?

Las palabras de Sayo tenían al corazón de Rinko latiendo tan rápido, que pensó que en cualquier momento podría salir de su pecho. Asintió para que Sayo siguiera hablando.

—A veces, puedo ir a ese mundo contigo y es… hermoso —finalizó, dibujando una enorme sonrisa en su rostro.

Rinko sintió que en su interior algo se encendió, pudo sentir la calidez que emanaba Sayo y no había nada más que quisiera que agradecerle por sus palabras. La mano de Sayo aún seguía en su rostro, y Rinko sentía que cada segundo que pasaba ahí, era como si su piel se fuera a incendiar, pero no quería retirarla, quería que ese momento se prolongara por siempre.

—Si hay alguien que puede convertir todo esto en fortaleza, eres tú, y tengo la plena confianza en que lo harás.

—Gra… gracias —dijo Rinko, tratando de controlar su bochorno.

—Les tengo buenas y malas noticias —dijo Ako, nuevamente rompiendo la burbuja que se había formado entre ellas, quitando a Rinko las palabras que aún no era capaz de decir—. Oh rayos… creo que… vine en mal momento, ¿no es así?

—No no, por supuesto que no —Sayo se puso de pie de prisa, sintiéndose de alguna manera descubierta por Ako.

Rinko hizo lo mismo, levantándose demasiado apresurada.

—Somos el número 3 en pasar.

—Oh rayos… —dijo Sayo, volteando de inmediato a ver a Rinko, cuyo rostro había palidecido un poco —. ¿Y cuál es la buena noticia?

—Esa es la buena noticia —aclaró Ako—. La mala noticia es que el grupo número 2 está ahora en el escenario, así que, es la hora.

Sayo buscó la mano de Rinko para tranquilizarla, y pudo sentir cómo la chica estaba casi temblando.

—Tranquila —le dijo sólo con los labios—, tú puedes hacerlo —inhaló profundo, invitando a Rinko a hacerlo con ella. Lo hicieron un par de veces juntas hasta que pudo sentir que la chica estaba más calmada y sólo entonces la soltó.

—Gracias… yo… lo haré, lo haré —finalizó decidida.

—No puedo creer que estuvimos así de cerca de ganar —dijo Ako aún llena de adrenalina por las emociones vividas en ese día—. Tan sólo nos faltaron 10 votos para quedar en primer lugar.

—Lo podemos volver a intentar el próximo año, ¿no lo crees, Shirokane san?

—Si… sí… me gustaría volver a intentarlo —dijo Rinko quien no podía creer todo lo que había pasado.

Las palabras que Sayo le había dicho minutos antes de subir al escenario, le dieron toda la confianza que necesitaba para hacer lo que tuviera que hacer para impresionar al público. Y lo hizo.

Prácticamente actuaron la batalla final entre las tres. Fueron tan realistas, que el público se quedó mudo hasta que se dieron cuenta que el acto había terminado. Fue increíble que un grupo de novatas se llevara tal cantidad de votos, incluso poniendo a temblar a los mejores de la competencia.

Sayo había disfrutado cada minuto de ello. Ver a Rinko actuar con tal seguridad, despertó algo dentro de su interior. La admiraba desde antes pero ahora, sentía que la admiración no era suficiente para describir sus sentimientos por ella. Era increíble cómo en tan sólo un día, las cosas habían cambiado tanto dentro de ella.

Aunque viajaron en el mismo tren, Ako se bajó un poco antes que ellas. Y Sayo sentía la necesidad de acompañar a Rinko hasta que estuviera en casa. En verdad se sentía como un caballero de brillante armadura.

Rinko no dijo nada cuando notó que Sayo no se desvió en donde usualmente lo hacía, pero notó que el nerviosismo de ambas iba en aumento conforme se acercaban a su casa.

Hablaron casi sin parar durante todo el trayecto sobre todas las cosas que vieron en ese día. Al llegar a su casa, Rinko no sabía si invitar a Sayo a pasar o si la chica solo estaba siendo amable con ella.

—Quería asegurarme que llegaras a casa sana y salva, después de todo, yo soy tu caballero —bromeó Sayo.

—Hi… Hikawa san… yo quería agradecerte… bueno… —por más que lo intentaba, los nervios dificultaban su hablar—. Si no fuera por ti…

—No tienes nada que agradecer, todo lo hiciste por ti misma, yo solo… digamos que soy tu admiradora —al decirlo, ahora fue el turno de Sayo de sonrojarse, sintiendo que de alguna forma se había expuesto ante la chica frente a ella.

—Hay algo… bueno… antes de que el hechizo de la noche mágica se vaya… yo… hay algo que quiero hacer —Rinko jugaba con los lazos de su vestido, pero no estaba dispuesta a dejar ir el momento—. ¿Puedo?

Sayo asintió, sintiendo como su corazón se aceleraba al mismo tiempo que los nervios también se apoderaban de ella.

Rinko dió un paso al frente, colocó una mano sobre la cintura de Sayo, y con la otra retiró uno de los mechones rebeldes que enmarcaban el rostro de su caballero, y sin pensarlo más, se acercó a robar un beso de sus labios.

Fue un toque apenas, pero sintió como la electricidad recorría cada parte de su cuerpo.

Estaba por alejarse cuando sintió que Sayo le correspondía, acercándola un poco más y prolongando el contacto.

Fue como si por un momento, todo el mundo a su alrededor se detuviera y toda la magia en su interior explotara sobre ellas. Se sentían poderosas pero sobre todo, se sentían unidas por algo que no podían explicar.

—Gra… gracias… —dijo Rinko, al separarse—. Creo que…

—Emm… sí… yo… —Sayo se encontró sin palabras para responderle, pero podía sentir toda clase de colores en su rostro—. ¿Shirokane san? Yo… también quería hacer eso… esto… — fue Sayo ahora quien la tomó de la cintura y en esta ocasión profundizó un poco más el beso, moviendo sus labios con lentitud, disfrutando el sabor de la chica frente a ella, la emoción que en ese momento las inundaba, pero sobretodo, disfrutando el mejor día de su vida.