Disclaimer: Kioto Teramachi Sanjou no Holmes y sus personajes son propiedad de Mai Mochizuki y Yamōchishizu
Hola, gracias por entrar n.n
Hace mil quinientos años que no publico nada, me desconecté completamente y no estoy segura de regresar, pero ahora que estoy en un momento del año más relajado de pronto advierto que tenía un shot sin publicar y me dije, ¿por qué no? De todas maneras hay tan poca circulación por estas páginas que no se pierde nada con pasar XD
Esta serie la vi hace mucho ya, también me he desconectado bastante del mundo del manga/animé, aunque la lista de series para ver todavía está por aquí y con ganas de refregarme en la cara todo lo que quería ver XD Espero poder retomar esa afición, la extraño T.T
Estudio en escarlata es la primera novela donde aparece Sherlock Holmes, esa maravillosa creación de Arthur Conan Doyle, y Aoi significa "azul". De aquí el título de este shot que, como siempre aclaro, no tiene otra pretensión que colaborar con el fandom y canalizar alguna idea que me haya dejado la serie.
Disculpen por la cháchara y los posibles fallos que puedan encontrar. Gracias por leer :D
Estudio en azul
Había tenido que resolver los enigmas más intrincados, se había enfrentado a las emociones humanas más funestas, se había dedicado a trazar la problemática línea entre lo auténtico y lo fraudulento en las situaciones más apremiantes… Pero el misterio que capturaba ahora toda su atención amenazaba con empañar cualquiera de sus grandes logros pasados.
Aoi había hecho un mohín luego de probar el café…
Estaba recién hecho, se lo había preparado con el cuidado y la parsimonia de siempre, incluso con la delicadeza que le merecía la sensibilidad de la joven. Desde que había aprendido a beberlo sin leche, Holmes se esforzaba por hacer un brebaje digno de ser saboreado por ella, disfrutado, paladeado y apreciado hasta en sus más recónditos matices.
En el fondo sabía que exageraba, ¡pero el café para Aoi era el café para Aoi!
Ella acababa de probarlo y la comisura de su graciosa boca había hecho aquella imperceptible declinación… Pero a los ojos de un tasador de su calibre, ni la más ínfima reacción podía pasar desapercibida. Menos que menos si se trataba de Aoi.
¿Le había parecido demasiado fuerte? ¿O, por el contrario, aguado e insulso? ¿Demasiado caliente tal vez? Las opciones gustativas desfilaron por su mente con toda suerte de aterradoras perspectivas.
Sin embargo, ella sonreía. El mohín había sido breve, leve, y ahora en su rostro resplandecía una de esas maravillosas y generosas sonrisas, pero a él ese gesto no lo convenció ni lo distrajo de sus recelos.
-¿Acaso no te gustó? ¿Te pareció desagradable? –indagó sin poder contenerse más.
A la joven le sorprendió esa repentina preocupación.
-¿A qué te refieres, Holmes-san?
-Al café.
-¿El café?
-Sí. Hiciste un mohín ni bien lo probaste, Aoi-san. ¿Sabía extraño? ¿Había algo fuera de lugar en la taza?
Aoi volvió a sonreír.
-Al contrario. Estaba delicioso.
Esa respuesta no condecía con el gesto que había observado.
-Pero la mueca…
Aoi lo detuvo con un simple ademán.
-Fue por un recuerdo que tuve –le aseguró-, tal vez haya sido eso. De súbito me vino a la mente cierta situación y habré reaccionado a eso, Holmes-san. Te aseguro que el café estaba delicioso.
El joven suspiró con alivio. Casi había colapsado ante la sola idea de haber hecho algo que pudiese disgustarla. Y por fin cayó en la cuenta de lo absurdo que había sido.
Pero entonces, ahí mismo, se generó otro misterio, uno más grande y abrumador. Había algo allí que todavía no acababa de descifrar, la verdadera equis matemática impresa en su alma: ¿por qué le preocupaba tanto lo que pensase o sintiese Aoi con respecto a él o sus acciones? Un misterio que lo ligaba a ella, una pregunta a la que todavía no había respondido porque ni siquiera le había puesto palabras aún.
-¿Puedo saber qué situación recordaste, Aoi-san?
-Algún día te lo contaré, Holmes-san –fue la evasiva contestación de la chica, algo ruborizada por alguna clase de razón.
Más misterio…
Él cambió de tema discretamente. Siguieron hablando de cierto artesano decimonónico, comentando sus creaciones y analizando sus técnicas. Pero por dentro Holmes seguía experimentando desasosiego, incertidumbre.
Hay pequeños misterios dentro de cada persona, lugares oscuros, baches, grietas, detalles insospechados y tal vez imposibles de descubrir. Para Holmes Aoi seguía siendo una pregunta que se hacía, un sentimiento sin nombre, una posibilidad que todavía no alcanzaba a dilucidar. Y ese interrogante se replicaba adentro suyo, se ensanchaba y lo dejaba boyando en la incertidumbre.
Quizás ese día, en ese momento y ante ese café, todavía no fuese oportuno tratar de resolverlo. Quería disfrutar de la compañía de Aoi, del misterio que eran Aoi y los sentimientos a ella conectados sin anclajes racionales ni afirmaciones reveladoras. Sólo el misterio, el pequeño e íntimo misterio que lo embargaba.
Para saber había tiempo, iría paso a paso. Quería descubrir lo que significaba Aoi para él como si tuviese que desenredar a placer una extensa y espléndida madeja, avanzar día por día, develar la incógnita instante por instante. Ya llegaría el momento de la verdad. Mientras tanto, disfrutaría del proceso, de la expectativa.
