Los personajes de Saint Seiya no me pertenecen, son propiedad de Masami Kurumada.
Toda su mañana había sido una maraña de nervios. Por lo general ella no era así, siempre se había mostrado como una chica segura de sus ideas y acciones, tenía sus momentos de duda pero siempre lograba impulsarse.
Lo nerviosa que se sentía en esos momentos, mientras el auto la llevaba a su destino, le recordaba a cuando era adolescente, una adolescente insegura a la que le costaba trabajo incluso hablar con chicos de su edad. Por supuesto había tenido que adoptar otra postura cuando sus padres comenzó a ganar reconocimiento por su trabajo como biólogo marino, pero eso no significaba que ella ya lo había superado todo.
— Llegamos — el chofer bajó la ventana que lo separaba del asiento trasero y miró a la rubia que temblaba como un perrito en medio de la lluvia — ¿se encuentra bien señorita?
— Sí, sí, gracias.
Thetis bajó del auto después de darle las gracias al chofer y decirle que también le agradeciera a Baian por prestarlo, y miró el enorme edificio frente a ella, el edificio de uno de sus amigos más cercanos, el edificio que si tenía suerte sería su lugar de trabajo.
Se colocó su bolsa y comenzó a caminar hacia él, nerviosa, sus manos le sudaban y era probable que caminara más lento de lo acostumbrado pero estaba bien, había llegado media hora temprano y no tenía mucha prisa.
Ella nunca había entrado a ese lugar así que cuando pasó las puertas no tardó en mirarlo sorprendida. El edificio parecía por completo de mármol y estaba adornado con bellas decoraciones marinas en toda la arquitectura, era hermoso e impresionante, digno de la sede de Empresas Solo.
Admiró el lugar un poco más hasta que un grupo de personas llamó su atención, eran su competencia. La mayoría eran chicas que susurraban entre ellas lo lindo que era Julián Solo, eso provocó que rodara los ojos cansada, si tuviera una moneda cada vez que alguien dijera eso habría juntado menos que con Kanon pero aún así podría sencillamente dejar de trabajar por cinco años.
Después de registrarse con una malhumorada recepcionista, tal vez igual que cansada que ella de los cuchicheos, caminó hacia el elevador. Su entrevista sería en el décimo piso, según el papel que le habían entregado sería la décima persona en pasar, la última antes de la pausa para comer; eso no sería tan malo, tal vez para ese momento los entrevistadores estarían cansados de tantas personas pero ella sabía que ese era el momento de impresionarlos con respuestas perfectas. Justo cuando estaba por llegar sintió que alguien la agarraba del brazo y la jalaba con dirección a las escaleras; sorprendida, Thetis miró con cierto temor cómo Julián la arrastraba hacia otro lugar seguramente para hablar con ella.
— Julián, no tan fuerte, me estás arrugando la chaqueta — se quejó cuando estuvieron a un lado de las escaleras.
—¿Qué estás haciendo aquí? — preguntó él mientras trataba de arreglar su arrugada manga.
—Vine a verte — Thetis respondió rápidamente mientras con la mano derecha tapaba el pequeño gafete que tenía en su pecho con el número que le había tocado y el letrero de visita.
— ¿Por eso tan formal? — cuando vio a la rubia asentir Julián suspiró mientras la agarraba del brazo para que lo bajara — Sorrento me dijo que vendrías por una entrevista.
— Lo repito, son peor que un grupo de señoras chismosas — al verse descubierta ella agarró un mechón de su cabello perfectamente peinado y comenzó a darle vueltas — este empleo es justo lo que estaba buscando, ¿sabías que Empresas Solo gasta millones en cuidado marino? Pero la estrategia no está bien implementada, tengo la idea de que podrían ahorrarse un par de millones si nos aseguramos de que las especies…
— Thetis, sé todo eso, no olvides que esta es mi empresa — interrumpió él poniendo una mano sobre la boca de ella, quién no tardó en darle un manotazo.
— ¡Estoy usando brillo labial! — gritó sacando un espejo de su bolso — ¡espero que no me hayas despintado!
— ¿Por qué no me dijiste que vendrías a una de las entrevistas? — preguntó el empresario ignorando las quejas — pude ahorrarte todo esto e incluso conseguirte un puesto mejor.
— Julián, no — Thetis dejó de mirarse al espejo y lo corrido que se veía su labial — esto es algo mío y quiero hacerlo por mi cuenta, y si no lo obtengo al menos sabré que lo intenté y no estoy adentro sólo por ser la amiga del dueño.
Él suspiró, desvió la mirada y después se revolvió el cabello, un gesto que había imitado de Kanon, quedando por completo despeinado.
— ¿Por qué?... De todos los malditos días… — comenzó a decir en voz baja.
— ¿Hay algún problema?
— … ¿de verdad quieres hacerlo? — preguntó él ignorando de nuevo su comentario, ante la afirmativa de ella Julián sonrió — siempre todo a tu manera, ¿cierto?
— Puedo hacerlo yo sola.
Ambos intercambiaron una mirada. Por un momento Thetis sintió que sus mejillas comenzaban a calentarse pero lo controló con maestría, cómo siempre lograba hacerlo. Como se había hecho costumbre desde que todos habían pasado tres aterradores días en una isla desierta, ambos se abrazaron en una señal de apoyo; al menos eso era lo que significaba para ella cuando abrazaba a cualquiera de sus otros amigos, abrazar a Julián equivalía también a una mezcla de sentimientos inconclusos sobre los que prefería no profundizar.
— ¿Interrumpo algo?
Thetis se separó de Julián rápidamente en cuanto reconoció esa voz, no podría olvidarla ni aunque quisiera. Casi a lado de ellos estaba una mujer con las manos en la cintura y mirándolos con una ceja levantada que Thetis comprendió, ella tenía el labial embarrado y Julián estaba despeinado, un ligero temblor la atravesó y un recuerdo se filtró en su mente, uno que tenía como protagonista a esa mujer.
— Madre… yo… — Julián miró a su progenitora, él también había entendido lo que su madre podría estar pensando — ¿recuerdas a Thetis?
— Un placer volver a verla señora Solo — dijo la rubia dando un paso hacia adelante y estirando la mano.
La mujer la vio de arriba a abajo, como si mirara una cucaracha, antes de ignorar el saludo y dirigirse a su único hijo.
— Julián, las entrevistas no pueden iniciar sin el dueño de la empresa y tú estás aquí perdiendo el tiempo con una de tus… amiguitas — dijo despectivamente — tienes responsabilidades, no lo olvides, regresemos al trabajo.
— Claro, sólo deja…
— Ahora Julián — dijo la mujer dándose la vuelta y pasando por la puerta que un empleado mantenía abierta.
Julián suspiró antes de darle una sonrisa rápida a Thetis y levantar el pulgar, cosas que se borraron apenas se dio la vuelta para seguir a su madre. Estando sola la rubia dio un par de respiraciones, no cualquiera veía al mismo demonio y vivía para contarlo.
La señora Solo, de soltera Ilyn, era una mujer de carácter fuerte, no aceptaba un no por respuesta y siempre estaba al pendiente de su hijo; su carácter se había endurecido después del fallecimiento del señor Solo, quien había dejado tras de si toda la compañía. Era una mujer admirada por muchos, a pesar de sus poco más de cuarenta años seguía apareciendo en portadas de revistas donde remarcaban lo bella que era y lo bien que se veía. Para Thetis la mujer era sinónimo del mal; manipuladora, cruel y sumamente metiche.
Cuando logró controlarse se ajustó su bolso y caminó de vuelta al elevador, la presencia de esa mujer en las entrevistas no la detendría, ella iría y daría su mejor esfuerzo o moriría en el intento. Al llegar al piso se percató de que las entrevistas ya habían comenzado, el hombre número dos estaba hablando con los jefes justo en ese momento.
Con cuidado la chica se sentó en una de las sillas disponibles y se apresuró a sacar su libreta para revisar sus apuntes. El puesto para el que aplicaría no era de los más importantes, pero era un paso para consolidar su carrera cómo sus padres lo habían hecho en su momento; no había esperado que el mero jefe de la empresa estuviera en las entrevistas, hubiera sido mejor para ella que Julián se enterar algún día cuando se encontraran en el edificio, si eso llegaba a pasar, pero no podía hacer nada, de cierta forma que él estuviera ahí le daba algo más de confianza, confianza que esperaba fuera suficiente para atravesar al enorme demonio que era la señora Solo.
Thetis entrecerró los ojos cuando recordó que la mujer no respondió su saludo, de nuevo.
Muchos años en el pasado, cuando sólo era una niña que pasaba sus tardes jugando en la playa cuando sus padres tenían investigaciones, tuvo su primer encuentro con la señora Solo. En ese entonces el padre de Julían vivía y la pareja había visitado a sus padres para contratarlos en una investigación más grande que sería financiada por su empresa; después de días de discusiones sus padres se trasladaron a Grecia y Thetis pasó de jugar sola en las playas frías con nubes casi todo el día al agua tibia y un Sol tan brillante que la obligaba a usar un sombrero más grande que el de exploración que solía usar, acompañada de un joven Sorrento que siempre estaba tocando la flauta y un Julián que se escapaba de sus clases de chino.
Cada vez que los padres de Julián visitaban la zona de estudio la señora Solo la miraba hacia abajo cómo si estuviera viendo a cualquier animalito y nunca le contestaba sus saludos; la madre de Thetis siempre se molestaba por eso y la pequeña rubia sólo le restaba importancia, mientras la dejaran seguir jugando con sus nuevos amigos ella no le tomaría importancia a mujeres groseras.
El timbre de su teléfono la sacó de su ensoñación, todos la voltearon a ver y una de las mujeres le hizo una señal al letrero que decía que debían de guardar silencio. Thetis se disculpó en voz baja y contestó sin molestarse en revisar quién era.
—¿Ya te entrevistaron? ¿cómo te fue? ¿te dieron el puesto? — del otro lado, Baian se mostraba desesperado por saber lo que estaba pasando.
— No — susurró para no seguir molestando — soy la número diez y apenas van en el cuatro.
— Bien, ¿cómo estás? — dijo Baian suspirando aliviado — estas en altavoz por cierto.
— ¡Hola Thetis! — la rubia cubrió su celular cuando el grito de Krishna fue demasiado alto.
— ¿Todos están ahí?— preguntó sorprendida.
— Casi — habló Kanon — Isaac tenía escuela…
— Sí, dijo que esperaba que te fuera bien, que eres genial y si no te contratan todos vamos a golpear a esos sujetos que no vieron tu genialidad — interrumpió Kaza.
— Chicos… no tenían por qué reunirse — susurró Thetis conmovida.
— ¿Bromeas? Tengo que regresar al trabajo en dos minutos pero esto es más importante, queríamos darte apoyo Thetis — dijo Io con seguridad.
— La madre de Julián está aquí — susurró ella después de un par de segundos.
Del otro lado de la línea todos guardaron silencio, sabían lo que significaba, todos habían tenido un encuentro con esa mujer que no había sido nada agradable. La mujer no le prohibía nada a su hijo pero su mirada lo decía todo, si las miradas mataran el único que seguiría con vida sería Sorrento, y lo sería a medias, la señora Solo se había mostrado muy decepcionada con su elección de carrera pero siempre era agradable escucharlo así que Sorrento se salvaba por poco.
— ¿Ya la viste? ¿Cómo lo sabes? — preguntó el músico.
— Estaba con Julián y ella apareció de la nada…
— Ven, les dije que era una bruja — Thetis no pudo evitar sonreír al escuchar el comentario de Kanon, probablemente el único capaz de decir eso frente a la mujer.
— No hables de ella así, me dan escalofríos — Kaza intervino — podría estar escuchando, debe de tener ojos en todos lados.
— Dicen que si dices su nombre tres veces frente a un espejo a media noche se te aparece para observarte con esa mirada… tal vez intente matarte o sólo te juzgará en silencio, un muy pesado silencio — dijo Baian.
— Tranquila Thetis, esa mujer no puede hacerte nada mientras estés cargando tu rosario — Krishna rio suavemente, uniéndose a las bromas.
— Sólo es un obstáculo más, la superarás, eres una mujer inteligente y apuesto a que eres la mejor preparada de todos los que están ahí — las palabras de Io le dieron un poco más de confianza a la rubia, al igual que todas las afirmaciones que siguieron después de eso.
— Thetis — dijo Sorrento cuando todos se callaron — no dejes que vuelva a decirte que hacer.
Thetis asintió, repitiendo mentalmente las palabras de su amigo.
Cuando tenía doce años le había pedido a Sorrento que la besara, todas las niñas en la escuela se habían reído cuando ella admitió que nunca había besado a algún niño; Sorrento se había negado diciéndole que ella no le gustaba y no quería besarla, en su lugar le dijo que lo hiciera con Julián ya que pensaba que él sería más receptivo. Thetis lo pensó mucho tiempo, su amigo le causaba un nudo en el estómago y sentía que las palabras se le olvidaban cuando estaba cerca así que prefería alejarse y llevaba tanto tiempo haciéndolo que a veces pensaba que ya no eran amigos.
Después de darle vueltas decidió que se lo diría, no sabía por qué pero la idea la emocionaba hasta el punto en que quería saltar y reír. Julián había aceptado, después de reclamarle su alejamiento.
Fue un toque rápido, apenas y lo había sentido, pero ambos terminaron por completo rojos y en un silencio de varios minutos, escondidos en el cuarto de música mientras Sorrento vigilaba afuera, sentados uno al lado del otro, jugando con tomarse de las manos. Julián le había preguntado si podían volver a hacerlo pero justo en ese momento Sorrento abrió la puerta diciendo que el maestro de música iba para allá a vigilar el progreso de los muchachos.
No lo volvieron a hacer hasta cuatro años después, en la celebración de Pascua. Como todos los años la mansión Solo era la protagonista de la reunión más grande de Pascua; la fiesta iniciaba desde temprano y casi al anochecer los jóvenes se enfrascaban en el tsougrisma, cada uno tenía un huevo rojo que debían de golpear con el huevo del contrincante hasta que uno de los dos se rompiera, en años anteriores Baian había llevado el juego a los jardines de la mansión y todos se separaban para buscar un contrincante, a veces terminaban por arrojarse los huevos y no había ningún ganador, pero ellos se divertían a lo grande.
Esa tarde Thetis había saltado exitosamente a Kaza, quien traía consigo toda una canasta preparada con huevos llenos de harina o confeti para arrojarle a sus amigos, y estaba corriendo cerca de una de las fuentes cuando se encontró frente a frente con Julián, que tenía la chaqueta llena de harina.
— ¡Thetis! — gritó el adolescente alzando su huevo rojo — ¡te reto!
La rubia aceptó, toda la tarde la había pasado viéndolo hablar con las chicas y coquetear con ellas, mientras a ella la trataba como siempre. Él le gustaba, ahora lo sabía, pero Julián era tan idiota que no se daba cuenta.
Estando parados uno frente al otro chocaron sus huevos, él lo había hecho suavemente mientras ella había sido agresiva, moviendo el brazo con fuerza. Chocaron cuatro veces hasta que el huevo de ella tuvo una pequeña fisura; Julián miró la grieta y lanzó un pequeño silbido.
— ¡Creo que esta es otra victoria para mi! — celebró el adolescente.
— ¡Pues felicidades! — dijo ella antes de romper su huevo justo en el rostro de su amigo, más arriba no alcanzaba.
Julián la miró con la boca y los ojos abiertos cuando sintió el golpe y todo el contenido del huevo en su rostro.
— ¡Oye! ¡¿se puede saber qué ocurre contigo?! — preguntó fastidiado, había tenido que pasar el día rodeado de niñas molestas y un imbécil que quería acercarse a Thetis como para ahora tener que sobrevivir un desplante de ella.
— ¡Estoy cansada! ¡Llevo esperando cuatro años! — gritó ella.
Después de haber explotado Thetis fue por todo y agarró a Julián de la corbata para jalarlo hacia ella. No había dado otro beso después del primero, pero había visto muchas películas románticas y creía saber lo que debía de hacer; una vez había intentado practicar pero le había dado tanta vergüenza que lo dejó de lado.
Ese podía ser su segundo beso pero no necesitaba experiencia para saber que Julián estaba muy receptivo, le respondió después de los segundos de sorpresa iniciales con pasión mientras la sostenía de la cintura. Thetis soltó la corbata y lo sostuvo por el cuello; estuvieron así hasta que él le rompió su propio huevo a ella en la cabeza, provocando que la rubia se separara mientras lo miraba sorprendida.
— ¡Julián!
— Eso es por lo de hace rato — dijo él entre risas antes de acercarse a ella y tratar de abrazarla, ya que ella lo estaba empujando, tratando de parecer molesta — Thetis, ¿puedo besarte? — preguntó al ver que ella se seguía alejando.
La rubia se sonrojó recordando lo que había pasado antes de que él rompiera el mágico momento.
— No sé hacerlo — dijo en voz baja, avergonzada porque apenas reparaba en el hecho de que tal vez había estado babeando el rostro del chico.
Julián rió en voz baja y se acercó, puso ambas manos en el rostro de ella y lo alzó.
— No importa — respondió también en voz baja — yo tampoco sé hacerlo.
— Aún estoy molesta por lo de hace rato — susurró, sintiendo los labios de Julián posarse suave y brevemente sobre los suyos antes de alejarse un par de milímetros.
— Puedes vengarte más tarde.
Intercambiaron una mirada antes de que Thetis volviera a acercarse. El beso fue menos salvaje que el anterior pero siguió estando lleno de pasión adolescente.
Ignorando el hecho de que todavía sentía el huevo en la mejilla de Julián, Thetis pasó la mano por ella antes de enterrar ambas manos en el cabello de él y acariciarlo, Julián bajó las suyas para dejarlas en su espalda. Conforme el beso aumentaba de ritmo ella sentía que sus piernas no resistirían más, ambas estaban temblando, aunque no sabía si era por todas las emociones que sentía o porque estaba parada de puntitas.
— ¿Quieres que nos movamos? — preguntó Julián al separarse para tomar un respiro.
Ella asintió y él los guió a la fuente, dejando que ella se sentara mientras él se arrodillaba frente a ella; debido a que la fuente era un poco baja ambos terminaron frente a frente.
Pasaron parte de la tarde y del anochecer besándose, por momentos eran demasiado frenéticos y por otros se besaban lentamente, como si tuvieran todo el tiempo del mundo. También habían hablado, no mucho pero tuvieron una charla que se enfocó en cualquier cosa menos en lo que estaba ocurriendo entre ellos; Thetis estaba esperando que Julián le pidiera que fueran novios pero como el chico no dejaba de preguntarle si se sentía feliz o lo que haría en los próximos días así que ella decidió dar ese paso también.
— Julián, ¿qué pasará ahora? — preguntó mientras él, sentado a su lado, trataba de quitarle los rastros de huevo de su cabello con el agua de la fuente.
— Bueno… mañana tengo que acompañar a mi padre a la empresa, pero trataré de verte el martes… podríamos salir y dar una vuelta — dijo él tomando su mano — y después creo que lo correcto sería hablar con tu padre.
Thetis le había sonreído sonrojada, saber que el chico sí tenía un plan le hacía sentir que ambos estaban comprometidos con la posible situación.
— Thetis, ¿puedo besarte de nuevo? — preguntó Julián acercando su rostro al de ella.
— No tienes que preguntarlo todo el tiempo — la chica le dio un suave beso al chico antes de sonreír.
— Estoy siendo caballeroso, en algún momento no querrás que lo haga y es mejor saberlo de antemano antes que en lugar de un beso me des un buen un golpe.
Ella rió de nuevo, pensando en lo difícil que sería que eso sucediera, sin imaginar lo mucho que se equivocaba.
Cuando la novena persona pasó, Thetis sintió que toda su confianza se iba por un tubo, no su confianza en sus conocimientos, sino en que manejaría la situación con maestría. La madre de Julián era grosera y en un par de minutos podía destrozar a cualquiera, Thetis lo sabía por experiencia y porque había visto a un par de chicas llorar después de la entrevista y a otros sujetos con un rostro que reflejaba que seguirían buscando empleo.
— ¿Número diez?
— ¡Sí! ¡Soy yo!
Thetis se tapó la boca después de gritar, a pesar de que cuando miró alrededor se dio cuenta de que estaba sola. A su lado pasó la chica que habían entrevistado antes, quien le dio una mirada de arriba a abajo que le recordó lo que le esperaba.
— Buena suerte señorita.
Antes de entrar le sonrió al hombre que había preguntado por ella, lo conocía de casi toda su vida, era el mayordomo de la familia.
— Gracias Alfred.
La oficina a la que entró era grande, la pared derecha era por completo una ventana y frente a ella había una mesa con cuatro personas; Julián y su madre estaban en medio, el primero viendo su reloj y la segunda mirándola con el ceño fruncido.
— Buenas tardes — saludó sin entrar del todo a la habitación.
— Adelante señorita Strand — dijo uno de los hombres a su lado — tiene un breve historial en la materia del puesto, pero su apellido me parece conocido, ¿Es acaso familiar de los biólogos Strand? — preguntó el hombre hojeando lo que tenía sobre su escritorio.
— Son mis padres, sí — contestó ella con seguridad.
— Charles, ¿por qué no me dejas hacer las preguntas? — intervino la señora Solo con la voz tranquila, alertando a los más jóvenes del posible peligro — señorita Strand, en el pasado mostró un gran compromiso a seguir lo correcto, cosa que rompió con el tiempo, ¿qué le hace pensar que confiaría en usted de nuevo?
Los hombres en la oficina miraron a las dos mujeres sin comprender, Julián le dio a Thetis una mirada interrogante que ella ignoró.
La tarde del lunes la rubia la había pasado encerrada en su habitación buscando el vestuario adecuado para su cita, había pasado todo el día sintiendo mariposas y no podía esperar a que llegara el día siguiente. Si cerraba los ojos y se concentraba aún podría sentir los mágicos labios de Julián sobre los suyos; pudieron haber pasado toda la noche juntos sino hubiera sido porque Kaza había aparecido sorprendiéndolos, su amigo se la había paso pidiendo respuestas y no había dudado en contarle a Baian, Sorrento y Krishna lo que había visto hasta que Julián lo mandó a callar.
La adolescente dejó de ver qué vestido le quedaba mejor cuando alguien llamó a su puerta; pensando que era su madre la abrió y se encontró frente a frente con la madre de Julián, quien se adentró a la habitación y miró todo el desastre de ropa con una mueca de desagrado.
— Se-señora Solo… yo… ¿qué hace…? Buen…
— Ahorrese la palabrería señorita Strand — dijo la mujer parándose derecha, siendo imponente y elegante — yo no disfruto estar aquí y usted no disfruta de mi presencia, seamos honestas.
— Eso no es…
— Los vi — volvió a interrumpir la mujer, dejando que Thetis se sonrojara — sí, debo decir que no fue de mi agrado ver a mi hijo en un acto indecente señorita Strand, si es que aún puedo decirle señorita, no me quedé ante lamentable espectáculo.
Thetis había dejado su sonrojó de lado para mostrarse molesta, no le gustaba el tono ni las insinuaciones que la mujer estaba haciendo, Julián le gustaba mucho pero aún con eso había límites que ella no estaba dispuesta a pasar en ese momento de su vida. Estaba por contestarle cuando la mujer levantó la mano derecha, mandando a callar cualquier réplica.
— La he estado observando señorita Strand, es una chiquilla simple, ¿sabe quién es mi hijo? Algún día Julián se convertirá en dueño de la mitad de Grecia si es lo suficiente inteligente y necesitara a una chica igual de inteligente que él, con un apellido de peso y no cualquier hija de pesquero que se junta con puros muchachitos de dinero.
— ¡Señora Solo! — interrumpió la adolescente, su mirada estaba borrosa por las lágrimas contenidas pero eso no la detendría — no sé qué es lo que piense de mí pero le aseguró que estoy a la altura de las expectativas y... estoy enamorada de Julian.
— Claro — la mujer soltó un bufido — enamorada… te diré algo niña, lo que sientes no es amor, sólo eres una muchachita calenturienta, igual que mi hijo, son adolescentes, ¿qué van a saber del amor si ni siquiera saben de la vida?
La señora Solo la había mirado directo a los ojos antes de dar una vuelta y caminar por la habitación desordenada.
— Vengo a evitarle un mal sabor de boca — siguió hablando la mujer, antes de detenerse frente a una foto que Thetis tenía de ella como sus amigos pegada en su tocador, la señora Solo agarró la foto, frunciendo aún más el ceño al ver a su hijo y la rubia sentados tan cerca — ¿Cree que esto es un cuento de hadas señorita Strand? ¿Qué ustedes se harán pareja y estarán juntos toda la vida? ¿Qué se casarán y él le será fiel para toda la eternidad? Eso nunca sucederá, no, él no es para usted señorita Strand, es un chico de oficina, dueño de la mayor empresa del mundo, usted debe buscar alguien a su medida, un chico al que le guste chapotear en el agua… o a otro con millones que quiera tocar.
— ...No — susurró Thetis mirando al suelo, temblando por la manera en la que estaba siendo atacada — eso no es verdad.
— Entonces demuéstrelo señorita Strand — la pequeña rubia dio un paso hacia atrás cuando la mujer se acercó, mostrándole la foto que rompió justo por la mitad, separándola a ella y a Julián — seré directa, quiero que se aleje de mi hijo.
— ¿Y si me niego? — preguntó Thetis retadora, haciendo que la mujer sonriera.
— Entonces Julián se alejará, su padre y yo creemos que una escuela en América le vendría bien.
— ¡No puede hacerlo! Este es su hogar, aquí están sus amigos … — trató de explicar la joven.
— Puede hacer más amigos, es un chico bastante sociable — remató la mujer — además, no sólo enviaré a mi hijo a otro continente lejos de sus insinuaciones indecorosas, sus padres todavía trabajan para mí señorita Strand, no olvide que gracias a mi dinero usted puede ir a una escuela decente y aparentar que es una chica de alta cuna.
Thetis dejó que las lágrimas aparecieran, sintiéndose imponente ante lo que estaba sucediendo y todo lo que implicaba.
— No puedo — susurró antes de sollozar. Estaba por limpiarse las lágrimas con la manga de su camisa cuando sintió que la mujer le levantaba el rostro con una mano, mientras que con la otra sostenía un pañuelo.
— Claro que puede, como dije, he estado observándola y si algo he de admitir es que usted tiene una capacidad innata para no darse por vencida y salirse con la suya — dijo la mujer en tanto le limpiaba las lágrimas — sólo tiene que romperle el corazón a mi hijo y verá cómo solito él se aleja — cuando terminó de limpiar las lágrimas de la rubia le dio el pañuelo y caminó hacia la puerta — piénselo señorita Strand, no quiere que Julián abandone el país y sus padres se queden sin empleo, ¿o sí?
La rubia respiró profundamente y se enderezó aún más en su silla antes de mirar a la mujer a los ojos, había una muy alta probabilidad de que perdiera el empleo pero no lo perdería sin luchar.
— Yo cumplí con lo que se me asignó — dijo con voz tranquila — y si somos exactas hice lo que usted esperaba de mí, aún lo sigo haciendo, no es mi culpa que las relaciones que tenemos en común nos lleven a encontrarnos.
— Por supuesto, todo es gracias a sus relaciones en común — la señora Solo sonrió, un gesto que la chica no supo cómo interpretar.
La tarde del martes, cuando Julián pasó a recogerla, ella no sabía cómo debía de actuar ni siquiera había terminado de arreglarse y no quería salir, toda la emoción del día anterior había desaparecido con la retirada de la señora Solo. Sumamente callada y un tanto indiferente dejó que Julián la llevara a lo que quedaba de las fiestas de Pascua, un par de puestos en algunos lugares, algunos juegos todavía en funcionamiento y pocas personas.
Él había intentado tomarle la mano en algunos momentos, pero Thetis siempre fingía que se acomodaba la ropa, el cabello o sostenía algo. La rubia había sentido su corazón encogerse al ver la expresión confundida de él, aunque rápidamente el chico se reponía y fingía que no había sido rechazado.
Caminaban por el muelle, con la tarde aún avanzando, en un paseo que ella habría considerado romántico si no hubiera sido porque tenía algo que hacer, algo sumamente difícil. Esa era la última parte de la cita; casi a mitad del camino de vuelta a través del muelle Julián se había detenido.
— ¿Está todo bien? Has estado inusualmente callada — preguntó preocupado.
Había considerado hablar con él apenas se presentara en su casa pero sabiendo que sería la última vez que podría verlo Thetis decidió salir y pasar un momento más a su lado, escucharlo reír o simplemente verlo. Apenas reparaba en el hecho de que había estado tan concentrada pensando en cómo se lo diría que no había disfrutado de su presencia.
— Es la escuela — mintió — ayer fue un día lleno de tareas y aún no he terminado.
— Pudiste haberme dicho — Julián había dicho aliviado al saber que no había hecho algo malo — nos habríamos quedado en tu casa a terminar esas tareas, no soy tan malo en matemáticas.
Thetis sonrió levemente ante la broma, el momento había llegado, lo supo cuando él le agarró ambas manos y se acercó a ella.
— Thetis, ¿puedo besarte?
Preguntó Julián en voz baja; ella sintió sus mariposas revolotear por todo su interior, su corazón gritaba un contundente sí, pero ella dio un paso hacia atrás.
— Creo que ahora no es un buen momento — dijo ella mirando su hombro, incapaz de ver su rostro.
— … Entiendo — dijo el chico en voz baja, con un leve rastro de decepción en su tono; después de un par de segundos y sosteniendo aún sus manos se recompuso — bueno, yo estuve pensando y… después de lo que sucedió el domingo me di cuenta de que me correspondias lo que de cierta forma fue un gran alivio porque pasé mucho tiempo pensando que me veías igual que a los demás — Julián lanzó una risa nerviosa — y yo… me gustas Thetis, me gustas mucho y sé que este no es un momento extremadamente romántico pero creo que cualquier lugar o situación puede serlo si estas conmigo y me preguntaba si... ¿te gustaría ser mi novia?
Ella se quedó en su lugar, tratando de memorizar la declaración de un adolescente inexperto que había tratado de armar una cita. Respiró profundamente y soltó las manos de él con cuidado.
— Es que yo también estuve pensando — dijo en voz baja para después subirla, aún incapaz de mirarlo — creo que estaba confundida y malinterprete lo que sentía… lo siento Julián.
Ambos se quedaron en un pesado silencio, hasta que el chico dio un par de pasos hacia atrás, aclarándose la garganta.
— Entiendo — dijo con voz rota — me alegra saber que ahora estas segura.
— Julián... — Thetis sintió que su corazón se rompía al escucharlo tan triste, se arrepintió de inmediato de sus palabras y quiso decirle la verdad.
— Se hace tarde y dijiste que tenías tarea — la interrumpió — te llevaré a casa.
El camino al auto y el viaje de vuelta estuvo sumido en un silencio aún más pesado, ella lo había mirado varias veces pero él no le había respondido, estaba lo más separado que podía de ella, mirando por la ventana. Cuando la limusina se detuvo frente a su casa Thetis se quedó en su lugar, Julián había bajado de la limusina para abrirle la puerta
— ¿Julián? — preguntó en un susurró cuando estuvieron frente a frente, él sólo mordió su labio inferior y movió la cabeza a la derecha.
— Está bien Thetis, tienes cosas que hacer.
Había pasado semanas llorando después de eso, tratando de hacer todo lo posible para no llamarlo; no lo había evitado en la escuela pero sabía que él sí lo hacía, la señora Solo no se había equivocado, sólo debía rechazarlo y él la sacaría de su vida, al menos al inicio, y eso dolía, le dolió por mucho tiempo.
— Estuve pensando las ventajas de dejarla trabajar en mi empresa — la señora Solo se acomodó en su asiento, dejando que cuatro miradas sorprendidas se posaran sobre ella — debo decir que encontré muy atractiva su trayectoria escolar y sus padres trabajaron para la empresa así que eso le da una ventaja sobre los demás candidatos, así que puedo decir que desde mi punto de vista usted ya tiene el trabajo, al menos que alguno de los caballeros aquí presentes quiera decir algo en contra — ante la negación de los hombres la mujer sonrió — me parece que fue una decisión unánime señorita Strand.
Thetis se quedó congelada en su lugar, eso no se lo esperaba y la mirada que intercambió con Julián le dijo que él tampoco lo esperaba. No podía ser tan fácil, debía de existir una trampa o alguna razón para que la mujer demonio la aceptara en la compañía sin exigir algo a cambio, como su alma. La rubia se levantó para estrechar las manos de sus nuevos jefes; por primera vez en toda su vida la señora Solo le daba la mano, justo en el momento en el que la puerta se abría.
— Señora Solo, ¿quiere que guíe a la invitada a su oficina?
— Claro que no Alfred, déjala pasar — dijo la mujer sin soltar a Thetis, la joven podía jurar que incluso había aumentado el apretón de manos — señorita Kido, un placer volver a verla.
— Buen día — saludó la joven con una reverencia, su rostro era serio y su postura rígida.
— Julián, ¿por qué no llevas a tu prometida a un recorrido por el edificio? Que conozca el lugar que pronto será suyo.
Thetis tenía todo el desconcierto pintado en su rostro, su boca ligeramente abierta, sin saber cómo reaccionar a la noticia, cuando volteó a ver a Julián este sólo miraba la mesa, antes de levantarse para acercarse a la recién llegada. En ese momento Thetis se dio cuenta de la razón de su contratación, tal vez era una venganza por seguir hablando con Julián aún después de todo o una reprimenda por no ser capaz de alejarse de él, o tal vez la mujer sólo quería hacerla miserable de una forma u otra.
